Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .

Capítulo el corazón.

George y Candy iban de camino a su departamento. El moreno tenía la vista fija al frente mientras manejaba, pero podía observar de reojo la melancólica mirada de la jovencita, así que aventurándose a ser castigado con una severa y sincera respuesta decidió hablar.

—Me parece que no se siente del todo bien señorita Candy.

Candy dio un suspiro y luego le contestó.

—Tiene razón George no me siento muy bien que digamos.

—La plática con el joven William…¿no resultó como lo esperaba?

Le dije que es mejor estar separados George –Soltó desahogando su corazón—

El hombre sabía que no debía meterse en asuntos que no le correspondían, pero su muchacho lo había hecho partícipe desde el día en que le contó sobre su desliz, así que si él podía ayudar de alguna manera con gusto lo haría.

—¿Y realmente es lo que usted quiere señorita?

—Ay George… como me dice eso. Claro que no es lo que quisiera, pero tengo miedo de confiar en él otra vez.

—Quiere decir que ¿no cree que la ame de verdad?

—No George no es eso. Sé que en la nota de esta mañana le dije cosas muy fuertes como que no me importaban sus sentimientos, pero como le dije a él fue mi orgullo el que estaba hablando por mi, pero hace un momento que estuve con él y que lo vi tan afectado confirmé que no puedo dejar de amarlo y sí creo que me ame solamente tengo miedo de que alguien se vuelva a interponer entre nosotros en un futuro y me lastime, por eso le dije que no confió en el y que lo mejor era alejarnos.

—Señorita si me permite puedo darle un consejo.

—Claro George adelante, confió en su buen juicio.

—Conozco al joven William de toda la vida. Usted sabe que siempre he cuidado de él y puedo decirle honestamente que su amor es real y que cada palabra de su arrepentimiento es cierta. Durante estos días no ha hecho otra cosa más que pensar en la manera de acercarse para que regrese a su lado. Sabe que su error fue inaceptable pero está realmente afligido y es totalmente sincero cuando le dice que no hay ni habrá nadie más y que desea formar una familia con usted. Yo he sido testigo todos estos años de ese amor y cada una de las palabras que le he revelado han sido por confesiones suyas. ¿En verdad siente que sería tan difícil darle otra oportunidad?.

—Me muero por dársela George pero no sé como hacerlo.

—Si me permite señorita, le diré lo mismo que le dije a él. El amor verdadero solamente toca a nuestra puerta una vez y si no lo valoramos a su debido tiempo podemos perderlo para siempre y la vida es tan cruel que aunque nos esforcemos por volverlo a sentir lo más probable es que eso nunca pase.

—Entonces George…¿no tomaría a mal que quisiera regresar…?

George detuvo un momento el automóvil para darle la mirada más paternal que podía expresar y entones dijo.

—Yo perdí al amor de mi vida por no intentarlo…

Candy abrió grandemente sus ojos y entendió perfecto el sentimiento de desamor y nostalgia que invadía el corazón de aquel reservado caballero. No quería que a ella le sucediera lo mismo y en ese momento decidió que no dejaría que la vida le arrebatara de nueva cuenta el amor; era cierto, estaba dolida, pero amaba mucho más a ese hombre de eso estaba segura y si no le daba la oportunidad el jamás podría acercarse lo suficiente como para demostrarle que también la amaba y que todas sus palabras y promesas eran ciertas, así que jugándose su destino se dirigió a George para decirle decididamente.

—Regresemos George.

El bigotudo sólo atino a disimular una velada sonrisa. Sabía que ese par se adoraba pero había que hacerlos reaccionar de alguna manera y en este caso le tocaba a ella. William podía amarla inmensamente pero también podría decepcionarse.

—Muy bien señorita, vamos a las oficinas William debe de haber regresado ahí, lo conozco lo suficiente para saber que no ha de estar en la mansión para poder estar solo.

Se dirigieron al lugar. El gran edifico se erguía ante sus ojos y ella se sentía pequeñita. Mientras subían los pisos por el elevador las manos comenzaron a temblarle y los latidos de su corazón se hacían cada vez más fuertes dentro de su pecho. Cuando llegaron al último piso George le indicó que la puerta que se encontraba al final del pasillo era la de su privado.

—No tenga miedo señorita Candy, sólo haga lo que dicte su corazón. Yo estaré aquí afuera esperando por usted.

Cuando vio la figura de la enfermera perderse por el pasillo, se dirigió a su oficina, sabía que contaba con el tiempo suficiente y necesitaba analizar el reporte que había solicitado sobre el comportamiento y las diligencias realizadas por Nicolette los últimos días ya que más tarde se los entregaría a la señora Elroy y había un par de cosas que seguro querría discutir.

Candy golpeó suavemente la puerta, pero como nadie respondió decidió entrar. Entonces lo vio parado de espaldas a ella en el ventanal de su oficina. Albert necesitaba estar solo, no quería ver a nadie, por eso no respondió para evitar que lo interrumpieran pero al no lograrlo e imaginarse que George estaba ahí le dijo con voz serena.

—Ahora no George, por favor, necesito este tiempo para mi.

Escuchar su voz tan seria le resultó imponente, pero estaba decidida, entonces aunque las piernas le temblaban haciendo uso de todo su valor dijo.

—"Si quiero…"

Albert se sorprendió por la delicada voz que reconocía perfectamente y temiendo que su poca cordura lo estuviera orillando a escuchar voces se volteó lentamente para observar el lugar de donde provenía. Entonces la miró, aún traía puesto su uniforme de enfermera, pero para él lucía igual de hermosa que con el mejor de los vestidos. Ella pudo darse cuenta del nerviosismo que poco a poco se apoderaba de él porque sus ojos eran tan transparentes que no lo ocultaban. Él se acercó un par de pasos un tanto inseguro. Ella hizo lo mismo. Estaban parados frente a frente. Azul con verde, mirándose fijamente con todo el amor que los dos guardaban por el otro. Entonces ella repitió.

—"Sí quiero…"

Albert la miró con los ojos llenos de esperanza, aún se le hacía imposible verla ahí por su propio pie delante de él en su oficina. Entonces le preguntó.

—¿Qué quieres decir Candy…?

Ahora fue el turno de Candy de tomar todo el aire que pudo en sus pulmones para explicarse.

—Sé que hace un rato dije cosas terribles, que no quería hablar contigo y tomé de pretexto que no estaba sola para hacerte daño con mi comentario, discúlpame por eso. También sé cuánto te lastimé al decir que no podíamos estar juntos, pero mi corazón no piensa lo mismo. No puedo sacarte de mi vida como si fueras un extraño más. Has estado a mi lado todos estos años, tanto en los buenos como en los malos momentos, siempre me has apoyado en todo, hecho por mi todo, pero mi orgullo no me ha dejado admitirlo y valorarlo. No es lo mismo decirte que no a saberlo un hecho. Por eso vine, para abrir mis sentimientos y decirte si aún es tiempo que "sí quiero", sí quiero volver a confiar en ti, sí creo en tu amor, sí quiero amarte toda la vida, sí quiero ser tu novia, sí quiero ser tu prometida, sí quiero ser tu esposa, sí quiero ser tu amiga y compañera en ésta aventura que llamamos vida, sí quiero ser la madre de tus hijos y definitivamente sí quiero darle una oportunidad a nuestro amor. No quiero estar lejos de ti, ya no me importa el pasado porque confío en que construiremos un sólido futuro juntos. Te amo Bert, jamás he dejado de hacerlo.

Cuando Candy terminó de hablar las lágrimas corrían libres por sus mejillas. Lo había sacado todo y esperaba que él terminara con su sufrimiento y dijera algo, lo que fuera, pero sólo la miraba fijamente con sus profundos ojos azules. Por su parte, el rubio no podía creer que en verdad estaba escuchando esa confesión de los labios de la hermosa mujer que poco antes creyó perder, segundos después cuando notó que ella ya no hablaba acortó la distancia entre ellos y la abrazó. La encerró entre sus fuertes brazos y mientras recargaba su cabeza sobre la de ella le dijo.

—Hermosa yo también te amo. Perdóname por todo, te juro que dedicare mi vida para que seamos felices. No existe nadie más que no seas tú. Así será hasta el final de mis días.

Albert cortó el suave abrazo para dirigir su mano al interior de su saco, sacando de su interior la pequeña sortija de compromiso que tiempo atrás ella le había regresado. Desde ese día la cargaba consigo. Entonces tomó delicadamente la mano de Candy y mientras se la colocaba, le habló dulcemente.

—Hermosa, no te puedo prometer un cuento de hadas porque nadie es perfecto, pero dedicaré todos los días de mi vida para amarnos, procurarnos y seguir creciendo como pareja. Te amo Candy, te amo con toda el alma y corazón. Por favor acepta casarte conmigo.

Candy solo podía mirarlo con todo ese amor contenido en sus pupilas y al momento en que volvía a admirar el precioso solitario brillando en su dedo le contesto suavemente.

—Sí acepto Bert.

—Gracias hermosa no te defraudaré esta vez.

Entonces delicadamente y tan suave como quien tocara con temor el pétalo de una flor acarició con su mano la sonrojada mejilla de ella, luego se acercó a sus labios y al no sentirse rechazado depositó un tierno beso en los labios rosa de Candy. El contacto fue breve pero anhelado por los dos. Ella extrañaba el sabor de sus besos y él sentía que volvía a la vida cuando estaba cerca de ella. El roce de sus labios aunque tímido e inocente era exquisito. Pero después de unos segundos Albert fue retirándose lentamente mientras dejaba pequeños y cortos besos en su boca. Las cosas tenían que ser diferentes esta vez y empezaría por respetarla plenamente como debió ser desde que iniciaron su relación. Cuando terminó el momento el volvió a abrazarla para decirle.

—Gracias amor, gracias por regresarme a tu vida.

Candy correspondía a su abrazo, ella también lo amaba y lo necesitaba, lo había extrañado a mares todos esos días.

—En el corazón no se manda Bert.

Después de unos segundos más se separaron. Entonces le dijo amorosamente.

—Hermosa ya se está haciendo algo tarde, deberías de regresar a tu departamento.

Al instante a la mente de Candy volvieron algunos recuerdos un tanto bochornosos de sus encuentros en aquel departamento, pero estaba decidida a darse a respetar, por lo que le contestó.

—Sí creo que ya debo volver Bert, pero primero debo aclarar una cosa.

—Lo que necesites – Dijo atentamente—

—Necesito que nos comportemos correctamente y una de las cosas que van a cambiar entre nosotros son esos encuentros tan íntimos y nada propios entre una pareja de novios.

—Tienes toda la razón pequeña, no volveré a tocarte más allá hasta que nos casemos. –Dijo con una ligera sonrisa—.

—Pues quedando aclarado ese punto creo que es tiempo de que me marche, George está afuera esperando por mi.

—¿George te trajo? –Dijo asombrado—

—Sí Bert, tuvimos una plática muy interesante.

Albert ya imaginaba que el moreno no había podido aguantarse y metió su cuchara en el asunto, ya hablaría después con él, tenía mucho que agradecerle. –pensaba—

—¿Podría pasar a recogerte mañana después del trabajo? – Dijo al tiempo que jugaba con uno de los rizos que escapaban de su coleta—

—Pues si me prometes que no estaremos completamente solos por supuesto que puedes pasar por mi amor.

—No te preocupes preciosa le diré a Dorothy que nos acompañe.

—Siendo así puedo estar más tranquila. Entonces me voy.

Albert tomó una de sus pequeñas manos para despedirse, después la besó dulcemente al tiempo en que decía.

—Descansa mi vida. Te veo mañana.

Ella sólo mostró un ligero sonrojo y se despidió.

Cuando se encontraban camino a su departamento el moreno le preguntó.

—¿Todo bien señorita?

Entonces Candy se volteó para mirarlo y con una bella sonrisa sobre su rostro le contestó.

—Sí George todo bien.

—¿Entonces eso quiere decir que sí habrá boda?

—Habrá boda George. Lo amo y el a mi.

—Felicidades señorita – Dijo contento y sincero—

Llegaron al departamento de la enfermera y después de confirmar que ella entraba sana y salva a su hogar se dirigió a la mansión Andrew para tener una reunión con la señora Elroy, no sin antes dar una pequeña mirada al par de hombres que se encontraban estacionados afuera del edificio. Desde días antes sin que se diera cuenta la pequeña rubia contaba con la protección necesaria. Cuando llegó a la gran mansión la "Tía abuela" ya se encontraba sentada en el la silla del escritorio del despacho esperándolo. Cuando lo vio entrar con una carpeta en la mano le dijo.

—Llegas tarde George. Te esperaba desde hace casi una hora. Pero bueno, dime que noticias me tienes. ¿Encontraste algo por lo que tenga que preocuparme?. –Se pronunció seriamente—

George le entregó los papeles que traía consigo y le comentó.

—Ese es el itinerario que ha realizado en los últimos días la "señorita" y creo que cuando termine de leer el informe querrá tomar medidas al respecto. No creo que sus intenciones sean las mejores. Debemos proteger tanto a la señorita Candy como al joven William.

Continuará…