* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 21

Sentimientos que no desaparecen

Mientras me dirigía a casa acompañada por mis queridos amigos Saru y Okowa me fue imposible no soltar una fuerte carcajada al recordar lo que había pasado ese día en la clase de deportes. Okowa adivinó el motivo de mi risa y me acompañó con sus escandalosas risotadas.

— Es suficiente…—Se quejó Saru con vergüenza, su rostro entero enrojeció—¿Es que acaso nunca van a dejar de burlarse de mí?

— Vamos Saru, debes admitir que fue muy gracioso. —Respondió Okowa sin poder calmar su risa.

— ¡Si! —Apoyé a mi amiga pasando un brazo alrededor del hombro de Saru, dedicándole una mueca burlona—Durante la clase de deportes el balón se te estampó de lleno en la cara mientras jugábamos a los quemados ¡Admite que fue muy gracioso!

— ¡Para mi cara no fue nada gracioso!

Nos reclamó apuntando a su rostro el cual aún tenía una leve marca del balón. Al escucharlo solo pudimos reír más fuerte que antes, Saru farfulló palabras molestas inentendibles, mirándonos a las dos con vergüenza y molestia mezcladas.

— De acuerdo Saru, lo sentimos, vamos, ya no estés molesto. —Se disculpó Okowa con una pequeña sonrisa asomando en sus labios.

— Disculpa por reírnos así. —Agregué con gesto arrepentido—¿Qué te parece si te invito una malteada a modo de disculpa?

— Bueno, creo que eso podría funcionar…

Saru trató de hacerse el duro, sin embargo, Okowa y yo sabíamos lo mucho que adoraba las malteadas. Le seguimos hablando con amabilidad para animarlo mientras nos dirigíamos a "Happy Food" cuando un muchacho alto salió de pronto de una esquina lateral de la calle, colocándose justo enfrente de nosotros, nos fue imposible continuar avanzando a causa de esto.

— Hey Akiyama, hoy te ves tan hermosa como siempre.

— Uehara…

Susurré con fastidio al ver la petulante sonrisa de mi superior frente a mí. A pesar de que ya había pasado una semana desde que lo había rechazado el idiota seguía insistiendo en que saliera con él.

— ¿Qué se trae entre manos la estudiante más hermosa de la escuela?

— No creo que sea de tu incumbencia. —Respondí con frialdad.

— Bien, entonces ¿Qué te parece si dejas a estos perdedores y vamos por ahí a dar una vuelta?

— ¿¡Qué no lo entiendes!? —Exclamé con voz fuerte comenzando a enojarme—Te he dicho que no estoy interesada en ti, así que por favor deja de molestarme.

La presencia de nuestro superior intimidaba a mis amigos, aun así, los dos se esforzaron por ignorar sus nervios y se colocaron uno a cada lado de mí en un ademan protector. Shirogane miró a los dos chicos con molestia para después dirigir su mirada a mí, en su rostro capté frustración y desesperación.

— Cualquier otra estudiante aceptaría mis invitaciones sin pensarlo dos veces, en cambio tú no dejas de rechazarme… ¿¡por qué no dejas de hacerlo!?

— Para empezar porque llamas a mis amigos perdedores. —Repuse mirándolo con desagrado—. Jamás sería capaz de aceptar los sentimientos de alguien que hace sentir menos a los demás. Eres un idiota Uehara, simplemente olvídate de mí. Vámonos, Okowa, Saru.

— ¡S-si!

Respondieron los dos sin poder ocultar el miedo en su voz, a pesar de lo intimidados que se sentían no se separaron siquiera un centímetro de mí.

— Ya lo verás, Akiyama. —Lo escuché susurrar con una voz sombría—. Serás mía lo quieras o no.

— Solo inténtalo, imbécil. —Le respondí sin volver la vista. Saru y Okowa me miraron preocupados, me suplicaron en voz baja que lo dejara por la paz y ya no lo hiciera enojar más—. No se preocupen, solo quiere asustarnos y hacerse el interesante. Ese idiota es solo palabras.

Por desgracia, días después iba a descubrir que Shirogane hablaba en serio. El día de ese tan terrible incidente me dirigí al departamento tras despedirme de mis amigos y compañeros de clase. A Okowa le tocaba el servicio y Saru tenía actividades del club de informática en el que estaba, por lo cual ese día me iba a tocar regresar sola a casa. Apresuré el paso mientras intercambiaba mensajes con Hyakkimaru por LINE.


Hyakkimaru: ¿Vas ya rumbo a tu casa?

Dororo: ¡Sí! Hoy no tengo actividades del club.

Hyakkimaru: Ya veo… Por cierto, hace unos días Taho y yo encontramos una tienda cuyos postres son deliciosos.

Dororo: Postres (º﹃º)

Hyakkimaru: Sé que Mio hoy sale tarde del trabajo, por eso estaba pensando que estaría bien comprar un rico pastel y luego esperarla juntos para comerlo entre los tres ( ̄∇ ̄)

Dororo: ¡Sí! ٩(^ᴗ^)۶ ¡Más te vale que compres el más delicioso de la tienda! o( -_-)9

Hyakkimaru: Lo haré, cuenta con ello d(^^*)


Bloqué mi móvil sin poder dejar de sonreír al darme cuenta de que ese iba a ser un buen día. Sin embargo, caí en cuenta de algo de pronto. Desde lo del asunto del demo Hyakkimaru ya no había ido a recoger a Mio a su trabajo, sino que por el contrario siempre que podía iba al departamento para esperarla.

Ahora incluso había salido con esa idea extraña del pastel. Si tantos deseos tenía de que su novia probara ese pastel ¿Por qué no simplemente pasaban por el después de que mi prima saliera de trabajar? Ahí estaba pasando algo extraño, había algo que no terminaba de encajar en todo ese asunto.

No me fue posible seguir concentrada en eso pues al pasar por el parque que estaba entre mi secundaria y el departamento vi como alguien se colocaba enfrente de mí con rapidez. Ahogué una exclamación de sorpresa al sentir como esa persona me tomaba fuertemente de los hombros. Levanté la vista y la ira me comenzó a invadir al darme cuenta que el idiota de Shirogane me quería molestar de nuevo.

— Hey, Akiyama…

— Uehara…—Lo llamé con fastidio—¿Otra vez tú? ¿Es que no entiendes?

— Te daré una última oportunidad. —Insistió tomando mi barbilla, mostrándome una sonrisa coqueta—. Me gustas mucho Akiyama, acepta ser mi novia.

— En serio eres un imbécil. —Exclamé apretando mis puños—¿En qué idioma debo decirte que no me interesas para que puedas entenderlo?

— ¿Es esa tu última respuesta?

— ¡Por supuesto que sí!

— Lástima, quería que fuera por las buenas.

Dijo con una voz baja y siniestra para después chasquear sus dedos. Contuve el aliento al ver como otros dos estudiantes de tercero salían de atrás de uno de los árboles del parque. Los dos muchachos me mostraron sonrisas perversas mientras reían cruelmente.

— ¿Qué significa esto, Uehara?

A duras penas me las pude arreglar para que mi voz sonara fuerte y segura, no quería que se dieran cuenta que me sentía nerviosa. Un mal presentimiento comenzó a invadirme al ver como los tres chicos se acercaban lentamente a mí.

— Lo siento, deberá ser por las malas. Pero lo voy a disfrutar como no tienes una idea.

Tras decir esto con una voz ansiosa Shirogane se acercó a mí y lamió mi mejilla. A pesar de que sentí a mi estómago revolverse pude reaccionar a tiempo y le solté una fuerte patada a su rodilla. El presumido muchacho se quejó y me soltó para en un reflejo automático sujetar su rodilla, aproveché esta distracción para intentar huir corriendo.

— ¡No dejen que escape!

Aceleré el paso al darme cuenta que los otros dos estudiantes comenzaron a correr detrás de mí. No sabía cuál era su intención, pero supuse que no era nada bueno dada su actitud de hace un momento. Era imposible, no podría huir por mucho tiempo, eran más veloces que yo, aun así, debía intentarlo, con algo de suerte podría llegar antes al complejo de departamentos y gritar por ayuda.

Corrí con tanta desesperación y fuerza que incluso uno de mis zapatos se salió, era incomodo correr así pero no podía detenerme, me vi obligada a dejarlo abandonado pues lo más importante era seguir intentado huir.

Por desgracia no me di cuenta que uno de los chicos acortó camino por un callejón y salió de pronto frente a mí justo en el momento en el que intentaba atravesar un canal de agua para despistarlos, me tomó rápidamente de las muñecas inmovilizándome.

— ¡Suéltame, orangután idiota! —Le grité con furia, esforzándome por no dejarme ganar por el miedo.

— Que lástima que solo seas de Shirogane-kun. —Me dijo con una voz excitada, mientras me examinaba de pies a cabeza—. Aunque si lo obedecemos en todo, tal vez nos deje probar un poco del pastel.

Este último comentario me desarmó y me hizo distraerme.

— "Yo debería estar comiendo pastel con Hyakkimaru justo ahora… ¿por qué está pasando esto?"

Pensé sumamente asustada, mis labios temblaron al ver como Shirogane y el otro muchacho llegaban a donde estábamos. Presa de los nervios y al seguir forcejeando resbalé a causa del agua que pisaba y caí de lleno en el canal.

— ¡Aprovechen eso!

Tras escuchar el grito de Shirogane sentí a ambos chicos ponerse de rodillas en el suelo lleno del agua del canal, me levantaron rápidamente y me sujetaron fuertemente de los brazos. Mi ropa entera había quedado mojada al caer, esto ocasionó que la blusa de mi uniforme la cual era enteramente blanca se transparentara, haciendo que mi sostén fuera visible.

Completamente humillada y sin poder moverme solo pude bajar la vista apenada para no seguir apreciando el rostro lascivo de Shirogane al mirarme.

— Creo que ahora estás en problemas, pequeña Akiyama.

— N-no te atrevas a decirme pequeña…—Me quejé entre titubeos. Sentí como se colocaba frente a mí y tomaba mi falda para levantarla lentamente—. Solo hay una persona que puede decirme así, y no eres tú, idiota.

— Vaya, quien diría esto de ti, Akiyama. —Me ignoró el presumido muchacho mientras las lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos al ver como mi falda estaba completamente alzada dejando al descubierto mis pantis—. En el exterior aparentas ser tan ruda, quien imaginaría que usabas esta ropa interior tan sexy.

Mis pantis eran lo más normal del mundo, eran completamente lisas y de color morado, pero tal parecía que ante los ojos de un quinceañero atravesando por plena pubertad esa prenda tan común era un deleite visual. No podía entenderlo, mi cabeza no podía procesar como era posible que muchachos con tan solo quince años de edad fueran capaces de hacer tal atrocidad.

Ahora que pienso sobre eso puedo darme una idea, creo que más bien se debía a causa de la realidad distorsionada en la cual vivía Shirogane Uehara. Él no quería abusar de mí porque me deseara tanto el punto de no poder contenerse, no, lo hacía más bien por una cuestión de poder y egocentrismo enfermo. Era uno de los chicos más ricos y populares de la secundaria, estaba tan acostumbrado a obtener todo lo que quería y a que todos le dijeran si de inmediato que mi negatividad había terminado por zafar algo en su cerebro.

A causa del miedo que me invadía al poder comprender cuales eran sus intenciones no fui capaz de responder nada, solo pude rezar esperando que ocurriera un milagro. Supliqué con la voz quebrada que se detuviera cuando sentí como colocaba una mano en mi entrepierna.

— Es tu castigo por rechazarme. —Me dijo con una voz excitada—. Ahora solo guarda silencio y siéntete afortunada por lo que te haré.

Sus dos compañeros que aún me sujetaban con fuerza rieron cruelmente. Cerré los ojos al sentir como su mano se dirigía a mis partes más íntimas cuando de pronto alejó su mano rápidamente y soltó una fuerte exclamación de dolor.

Abrí mis ojos con temor y mi corazón latió apresuradamente al ver como una guitarra en su funda daba de lleno contra la cabeza de Shirogane. Al sentir el impacto este se hizo hacia atrás continuando quejándose del dolor.

Era Hyakkimaru, él había golpeado a Shirogane en la cabeza con su amada Gibson. No podía reaccionar, simplemente no podía creer que lo que veía era real. Sin decir nada, Hyakkimaru se colgó su guitarra en la espalda y miró detenidamente a los tres muchachos con resentimiento.

— ¿¡Qué crees que haces, idiota!?

— ¿¡Cómo te atreves a golpear a nuestro capitán!?

Los compañeros de Shirogane finalmente me dejaron libre para levantarse rápidamente y dirigirse a Hyakkimaru. El joven guitarrista les respondió con una voz baja y furiosa:

— ¿Y ustedes como se atrevieron a meterse con Dororo?

Shirogane también se unió a los reclamos aun sobando su cabeza:

— ¡No te metas donde no te llaman, idiota! No importa que seas un estudiante de preparatoria, nosotros somos tres, te vamos a dar tu merecido por entrometido.

El temor volvió a mí al darme cuenta de que Shirogane tenía razón, no importaba que Hyakkimaru fuera mayor a ellos, en contra de una pelea con tres personas a la vez sus posibilidades eran escasas, además, no creía que él fuera de esas personas que gustaran de las peleas callejeras.

Mis sospechas se vieron confirmadas cuando Hyakkimaru sacó su móvil, estiró su mano hacia el frente y puso a reproducir un video. Los tres chicos palidecieron al verse a ellos mismos grabados en el móvil de Hyakkimaru, ahora había una prueba de que los tres habían intentado abusar de mí.

— Son unas escorias, a pesar de eso, pienso dejar que se vayan tranquilamente como si nada hubiera pasado. —Les explicó Hyakkimaru, mirándolos con frialdad—. Pero, si insisten en seguir con sus juegos tontos yo mismo iré a su secundaria para enseñarle esto al director.

No eran más que unos cobardes y habladores, pude darme cuenta de eso al ver como se dirigían miradas nerviosas y asustadas entre los tres. Sin siquiera responder se dieron la media vuelta para comenzar a alejarse del lugar casi corriendo, sin embargo, antes de que se alejaran más, Hyakkimaru le volvió a hablar a Shirogane:

— Hey tú, líder del grupo de depravados.

Shirogane se paró en seco y volteó a ver sumamente sorprendido a Hyakkimaru. Le siguió hablando sin dejar de mostrar su móvil:

— No pienso borrar este vídeo. Si me entero que sigues molestando a Dororo, puedes estar seguro que le mostraré este vídeo no a tu director, si no a la policía.

Shirogane solo pudo apretar los puños al saberse derrotado, le dedicó una mirada sumamente frustrada al guitarrista, no le quedó más remedio que morderse los labios con impotencia y continuar huyendo.

Vi a Hyakkimaru cerrar su mano libre fuertemente en puño, esta temblaba levemente. Le dedicó una última mirada llena de rencor para después dirigirse hacia donde estaba.

— Si no fuera porque soy guitarrista y temiera que algo le pudiera pasar a mis manos, me hubiera encantado molerlo a golpes. —Finalmente llegó frente a mí, se agachó para quedar a mi altura y me dijo mostrándome una cálida sonrisa—. Logré llegar a tiempo pequeña Dororo… ¿Cómo te sientes?

Una dulce sensación atrapó mi corazón al escuchar el "pequeña" salir de sus labios. Que diferente era que Hyakkimaru me llamara de esa cariñosa manera a que alguien más lo hiciera. Cuando Shirogane lo había hecho sentí unas terribles ganas de vomitar, ahora al escucharlo de Hyakkimaru, de cierta manera solo me bastaba escucharlo para saber que todo iría bien de ahora en adelante.

— Hyakkimaru, yo… yo…—Comencé a llorar, lo intenté, en serio que me esforcé, pero por más que lo hice no pude evitar que más lágrimas salieran de mis ojos—Gracias, muchas gracias por ayudarme, de no haber sido por ti…

Me fue imposible, no pude contenerme por más tiempo. Bajé la cabeza y comencé a llorar con desesperación en voz baja. Mis lágrimas de miedo cesaron en cuanto sentí como me tomaba suavemente de los hombros y me atraía hacia él para abrazarme.

— Está bien, tranquila, todo está bien ahora. Nunca dejaré que nadie te lastime, puedes estar segura de eso.

Cerré los ojos, dejando que el calor de sus brazos me consolara. Con tan solo sentirme cerca suyo mis lágrimas se habían desvanecido al instante, todo el miedo había quedado atrás, esos malos recuerdos se desvanecían mientras sentía como me aferraba con más fuerza contra él.

No importaba que tanto miedo hubiera tenido, ni que tanto hubiera sufrido, la simple presencia de Hyakkimaru me había tranquilizado al instante.

Me fue imposible no soltar un suspiro de tranquilidad mientras seguía cobijada en sus brazos, su pecho se agitó un poco al tiempo que un curioso sonido salía de su garganta ¿se había reído? Tal parecía que mi suspiro le había ocasionado que riera en voz baja con ternura. Esto me hizo reaccionar, sin importar las circunstancias no podía abrazar al novio de mi prima de esa manera tan cariñosa, era un error. Rápidamente me alejé de él, ocasionado que este me mirara y parpadeara varias veces con confusión.

— Muchas gracias, me siento mucho mejor ahora.

Le aclaré con una pequeña sonrisa. Por alguna extraña razón en un principio no pareció muy de acuerdo conmigo, a pesar de eso, su semblante se relajó tras unos segundos.

— Es verdad, Dororo, lo siento…

Me dijo con arrepentimiento mientras se hacía a un lado y volteaba hacia atrás. Seguí su mirada y me encontré con que varios metros a lo lejos había un pastel en el suelo, estaba completamente aplastado, había quedado inservible. Hyakkimaru continuó hablando mientras bajaba su vista con decepción:

— Me dirigía al departamento cuando vi a esos tres idiotas atacándote. Como corrí de inmediato en tu auxilio solté el pastel por inercia, solo reaccioné a lo que mis instintos me indicaron. Ahora el pastel se estropeó y no podrás comerlo, lo lamento mucho.

Mi corazón se derritió de ternura en cuanto escuché sus palabras. Era increíble pensar que tras la horrible experiencia que acababa de pasar pudiera hacerlo, pero así fue, comencé a soltar unas sonoras carcajadas para sorpresa de Hyakkimaru.

— Hyakkimaru tonto, lo que menos importa ahora es el pastel. —Dije aun sin poder calmar mi risa—. Evitaste que me pasara algo horrible, créeme que el pastel es lo de menos.

— Me da gusto que, a pesar de todo, seas capaz de seguir riendo. Dororo, eres admirable. Ver tu sonrisa me hace muy feliz.

Escuchar eso hizo que mi risa se calmara de inmediato. El silencio se extendió sobre nosotros mientras nos miramos fijamente a los ojos. La mirada profunda de Hyakkimaru se clavó en mi alma, de un momento a otro comenzaron a llegar ciertos recuerdos a mi mente, recuerdos del año pasado, para ser exacta, de cuando apenas lo conocía.

Recordé las miradas llenas de cariño y ensoñación que en más de una ocasión le dedicó a Mio, y sentí perder el aliento al darme cuenta que ahora me miraba a mí de la misma manera. Bajé la vista sumamente contrariada haciendo ésta loca deducción a un lado, no podía ser, era imposible. Lo más seguro era que a causa de todo lo que acababa de pasar había visto cosas que no eran.

Cuando bajé la vista y me di cuenta de mi aspecto, mi incertidumbre pasó a convertirse en una tremenda vergüenza en un abrir y cerrar de ojos. Había olvidado por completo que mi falda estaba alzada dejando mis pantis moradas al descubierto. Rápidamente la bajé para no seguir dando un espectáculo, por desgracia no era lo único que debía ocultar.

Mi blusa escolar la cual aún estaba mojada y transparente seguía mostrando perfectamente mi sostén. Maldije internamente al recordar que llevaba puesto uno de mis sostenes más infantiles, se trataba de un sostén blanco con estampados de fresas alrededor. No podía creer mi mala suerte de justamente haber decidido usarlo ese día.

Completamente apenada no pude más que abrazarme a mí misma en un vano intento por ocultar esto, desvié la vista sintiendo a mi rostro entero enrojecer. Todo había pasado tan rápido y me dejé embargar tanto por el abrazo de Hyakkimaru que simplemente olvidé mi aspecto.

Por más que lo pensaba no lograba encontrar una solución para ocultar esto, deseé como nunca que la tierra me tragara cuando sentí algo caer sobre mis hombros. Al levantar la vista me sorprendió ver que Hyakkimaru se había quitado la chamarra que traía puesta encima de la camisa de su uniforme para colocarla sobre mí. Se tapó sus ojos con la palma de su mano y me dijo con una voz tímida:

— Avísame cuando estés lista… ¿de acuerdo?

Me fue imposible despegar mi vista de él por unos cuantos segundos a causa de lo mucho que me había conmovido hasta que pude reaccionar. Sintiendo la ternura pasearse por mi pecho rápidamente tomé la chamarra de Hyakkimaru y me la puse, como era obvio me quedaba muy grande, motivo por el cual cubría todo mi torso y pecho a la perfección.

— L-listo…

Abrió sus ojos y me miró dulcemente, me fue imposible regresarle la mirada pues aun sentía mucha vergüenza, por lo cual desvié la vista concentrándome en el pobre cadáver del pastel reposando en el suelo.

— Debes estar cansada—opinó mientras se ponía de pie—, vamos al departamento para que puedas descansar un rato.

Me puse de pie de inmediato, este movimiento hizo que se percatara de algo.

— Dororo, falta uno de tus zapatos.

— ¡Ah, es cierto! —Exclamé con sorpresa—Olvidé que uno se me cayó cuando estaba huyendo. Yo… no puedo recordar donde lo perdí.

Admití con cierta decepción bajando la vista, apreciando a mi pobre pie adolorido. Hyakkimaru frunció sus oscuras cejas maldiciendo a lo bajo. No alcancé a escuchar muy bien lo que decía, pero las palabras "idiotas" y "si no fuera por mis manos" llegaron a mis oídos. Cerró los ojos y dio un hondo suspiro como en un intento para tranquilizarse, sin agregar nada más me dio la espalda, colocándose de cuclillas en el suelo. Tras dejar con cuidado su guitarra en el suelo levantó sus brazos hacia atrás y me dijo:

— Vamos Dororo, sube a mi espalda. Te llevaré así a tu departamento.

— ¿¡C-como dices!? —Exclamé incrédula. Comencé a mover mi cabeza de un lado a otro mientras seguía hablando con nerviosismo—¡No es necesario que lo hagas, en serio! Puedo caminar solo con un zapato, no es para tanto.

— Pero tu pie se ve muy hinchado, no creo que puedas caminar.

— Claro que puedo.

Dije con aire superior, por desgracia apenas di unos cuantos pasos cuando sentí a mi pie hormiguear y un dolor en la planta de este, al parecer mi pie si había resentido el correr completamente descalzo. No pude evitar que un leve gemido de malestar escapara de mi boca, al escuchar esto Hyakkimaru volteó un poco su rostro, mirándome con preocupación:

— ¿Lo ves? Si continúas caminando así te lastimaras más. Vamos, sube a mi espalda.

— P-pero…

— Dororo…

— No es necesario, yo…

— Por favor, no seas necia…

— Puedo caminar yo sola…

— Si no me obedeces no volveré a enseñarte ningún adelanto de mis composiciones nuevas jamás.

Fruncí mis labios al verme acorralada, el joven guitarrista por su parte entrecerró sus ojos con molestia. Sabía perfectamente que adoraba escuchar sus composiciones y verlas evolucionar hasta convertirse en las poderosas canciones de Rainbow Tears, me había chantajeado con mi Talón de Aquiles.

Dejé escapar el aire que instintivamente guardé en mis pulmones a causa de los nervios y con paso lento me dirigí a él. Cuando apoyé mis manos en sus hombros miré su guitarra reposando en el suelo y le pregunté:

— ¿Qué hay de tu guitarra? No puedes dejarla ahí…

— Es cierto, no pensé en eso. —Enarcó una ceja con semblante pensativo.

— Si quieres yo puedo colgármela en el hombro. Aunque, supongo que no te sientes seguro si cualquiera…

— Está bien. Hazlo, por favor. —Respondió en seguida.

— Eh… ¿en serio está bien?

— Por supuesto. —Agregó cambiando a una mirada dulce—. Sabes lo importante que es para mí, por eso estoy seguro que no permitirás que le pase nada.

Tras mostrarle una pequeña sonrisa la tomé con cuidado y la colgué sobre mi hombro. Una vez hecho esto apoyé mi cuerpo sobre la espalda de Hyakkimaru. Tras sentir mi tacto, colocó sus brazos por debajo de mis muslos y me cargó sobre su espalda con una facilidad sorprendente.

— ¿P-puedes con los dos? —Pregunté nerviosa—Es decir, ¿la guitarra y yo no somos muy pesados para ti?

— Si te digo que sí, apuesto a que me darías un coscorrón en la cabeza ¿oh no?

— ¡Hyakkimaru tonto, no hagas bromas acerca de mi peso!

El mencionado soltó una baja risa para después decirme con tranquilidad:

— No son pesados para mí. En serio eres muy liviana Dororo, no hay ningún problema.

Me aferré más a sus hombros al escuchar esto, incluso mientras pasaban los minutos tras asegurarme que traía bien colgada su guitarra en mi espalda me atreví a cruzar mis brazos por encima de su cuello.

— Es curioso…—Habló de pronto con una voz completamente relajada.

— ¿Qué cosa?

— Nunca creí que terminaría cargando al mismo tiempo a dos de las cosas más valiosas que tengo en mi vida.

Al escuchar este dulce comentario sentí el calor extenderse por todo mi rostro al comprender que se refería a su amada guitarra y a mí. El complejo de departamentos se encontraba cada vez más cerca, con cada paso que Hyakkimaru daba mi corazón se iba acelerando más y más.

— "Hey, hey, hey, espera…"—Pensé sintiendo como los latidos de mi corazón seguían acelerándose. Sumado a esto las malditas mariposas comenzaron a revolotear de nuevo por mi estómago—"No, no te atrevas, maldita sea…"

Le reclamé a mi emocionado corazón. Sumergida en todos estos agradables sentimientos, sucumbí a mis instintos y dejé caer mi cabeza sobre uno de los hombros de Hyakkimaru. Al sentir este tacto, observé de reojo como este volteaba un poco la cabeza, una pequeña pero tierna sonrisa asomaba en sus labios.

Cerré los ojos y me perdí en el agradable aroma que desprendía su cuello y cabello. Mi corazón seguía latiendo tan aprisa que sentía se saldría de mi pecho, una dicha inmensa comenzó a invadir cada fibra de mi ser. Sin importar que hace unas horas hubiera pasado por tan terribles momentos solo me había bastado la aparición de Hyakkimaru para tranquilizarme al instante y saber que todo iba a estar bien.

— "Así que después de todo, no pude olvidarlo ¿verdad? —Pensé mientras una triste sonrisa se formaba en mis labios—No puedo ignorarlo por más tiempo. —Mis brazos se aferraron con más fuerza a él, mientras una tímida lágrima escapaba de mi ojo—Sigo enamorada de Hyakkimaru, no importa que tanto lo intenté, mis sentimientos seguían enterrados en mi corazón, y con lo que sucedió hoy salieron a flote de nuevo".

No podía hacer nada contra eso, no podía pretender que las cosas cambiaran solo por ser consciente de mi realidad. En ese momento pude comprender una verdad que me acompañaría por el resto de mis días, y era que sin importar cuanto lo intentara, yo jamás sería capaz de dejar de amarlo.

Debido a esto, no me quedaba más remedio que aceptar los profundos sentimientos que tenía por él, abrazarlos y aprender a vivir con ellos. A pesar de todo, no era tan doloroso como antes, ese día me di cuenta que amarlo me hacía infinitamente feliz, verlo feliz me hacía sentirme dichosa y completa. Mi tonto enamoramiento de hace un año, el cual era tan superficial como cuando se veía a un ídolo por televisión se había convertido en algo más tranquilo, pero a su vez más profundo, ese día finalmente pude comprenderlo.

Era un amor intenso, que quemaba el alma y alteraba los sentidos, un amor sincero y puro que se entregaba por completo sin pedir nada a cambio, ese era el amor que sentía por él.

— "Hyakkimaru, te amo. Por favor, no importa que pase, nunca te alejes de mí".

Pensé con ternura al apoyar mi cabeza contra su espalda mientras este subía lentamente las escaleras del departamento. Me disculpé mentalmente con Mio por no ser capaz de dejar de amar a su novio, aun así no pensaba hacer nada al respecto, yo no era capaz de inmiscuirme en su relación. Además, sabía bien que era una lucha perdida, Hyakkimaru nunca se fijaría en mí y dejaría a Mio, sin embargo, pensaba aprovechar esos momentos de soledad a su lado para disfrutar lo más posible de su compañía y cercanía. Solo eso me bastaba para ser feliz.

Continuará