Capitulo 20
Shikamaru no quería ir, pero Kiba lo obligó. Discutieron durante todo el trayecto a Longbridge. Shikamaru empezó por protestar que según el juramento debían entrometerse en sus asuntos mutuos en el aniversario de la muerte de Yūra, y no de grado o por fuerza entre medio.
A esto Kiba replicó que habían jurado no permitir que otro de ellos cayera por la pendiente, y expuso el argumento, muy sensato, de que perder la vista, y en circunstancias dudosas nada menos, es ciertamente una situación desesperada, y que si eso no era suficiente para convencerla, le habían prometido a Uzumaki ir a dejarle las joyas de esmeraldas y diamantes que había mandado hacer para su esposa.
Puesto que no había ninguna réplica adecuada a eso, Shikamaru procedió a quejarse de las condiciones del camino, del tiempo, y de la muy irritable idea de que la desesperación de Uzumaki era consecuencia de haberse convertido en uno de esos condes rurales de tripa fofa.
Cuando tomaron el caminito que llevaba a Longbridge, Kiba exclamó enfadado:
-Pongo a Dios por testigo que jamás volveré a viajar contigo, ni para cruzar el Támesis.
-Por el amor de Dios, no me hagas promesas vanas -suspiró Shikamaru-. Puesto que me has obligado a acompañarte en más de una excursión inútil, te estaría eternamente agradecido si... ¡Maldicion, es Kurama!
-¿Qué? -preguntó Kiba.
Miró a la izquierda y al instante reconoció el preciado corcel de Naruto, que venía galopando en dirección a ellos. Los dos se asustaron cuando pareció que el jinete iba a lanzar el caballo sobre ellos, pero éste frenó en seco justo antes.
-Jesús, María y José -masculló Shikamaru en voz baja. Kiba miró atentamente al jinete. Tal como había sospechado, era una mujer, montada a horcajadas y ¡con pantalones de hombre!, los cuales, no pudo dejar de notar, le ceñían unos muslos muy bien formados. También llevaba un sombrero de hombre, bajo el cual asomaban unos rizos oscuros, y una camisa de linón que le ceñía unos pechos muy apetecibles. Le miró la cara: grandes ojos grises, tupidas pestañas negras...
-¿Quiénes son? -preguntó ella.
-Yo soy Shikamaru Nara, conde de Kage, y mi compañero...-contestó Shikamaru muy sorprendido.
-Lord Inuzuka, me imagino -terminó ella-. Lo sé todo de ustedes. ¿Naruto los espera, supongo?
Shikamaru y Kiba se miraron sorprendidos.
-Eh... bueno... no -tartamudeó Kiba, y la mujer clavó esos ojos en él, perforándole hasta el alma-. Eh... lo decidimos... eh... fue una decisión repentina -masculló, absolutamente intimidado por ese par de bonitos ojos.
La mujer se encogió de hombros, indiferente.
-Seguidme -dijo, y con un tirón de las riendas hizo girar al precioso semental de Naruto.
-Perdón, señora -se apresuró a decir shikamaru-, ¿puedo preguntarle su nombre?
La mujer giró la cabeza y clavó una mirada en Shikamaru que hizo encogerse hasta a Kiba.
-Hinata Namikaze -contestó entre dientes-, la señora de este lugar dejado de la mano de Dios.
Dicho eso, espoleó a Kurama y partió al galope. Shikamaru y Kiba se miraron boquiabiertos, incrédulos.
-¿Esa es lady Uzumaki? -exclamó shikamaru-. ¿La dulzura y la luz para quien Uzumaki mandó hacer esa delicada pulserita?
-No es exactamente lo que uno habría esperado -masculló Kiba.
Los dos hombres espolearon sus monturas en seguimiento de ella. Pero ella fue demasiado rápida para ellos.
Cuando llegaron al ancho camino circular, Hinata Namikaze, la señora de Este Lugar Dejado de la Mano de Dios, no se veía por ninguna parte.
Pero Kakashi estaba en las gradas de la puerta principal, muy nervioso, y cuando se apearon Shikamaru y Kiba, ordenó a dos jóvenes mozos que cogieran las riendas de los caballos.
Shikamaru se tomó un tiempo en sacudirse el polvo de los pantalones.
-Gracias Kakashi. Espero que no hayamos venido en un momento inoportuno -dijo, mirando a Kiba con una expresión que decía te lo dije.
-No, milord, de ninguna manera. Lord Uzumaki está fuera en estos momentos, pero llegará antes del anochecer. Él insistiría en que se sientan en Longbridge como en su casa.
¿Y cómo puede exactamente un ciego estar fuera?, pensó Kiba.
-Su señoría está con su administrador -continuó Kakashi, haciendo un gesto nervioso hacia el vestíbulo.
Aja, o sea que no estaba «fuera», sino acompañado por ahí cerca. Qué tragedia para un hombre como Uzuamki.
-Al parecer no han cerrado el ataúd con clavos -comentó Shiakamaru, sarcástico, cuando pasó junto a Kiba, y siguió a Kakashi.
Kiba lo siguió ceñudo.
Kakashi los hizo pasar a un salón decorado en suaves tonos dorados y verdes, en cuyas paredes colgaban unos diez o más cuadros. Ferviente admirador del buen arte, Kiba recorrió el salón admirando las pinturas. Eran francamente buenas: simpáticos paisajes, una divertida escena de baile campestre, un retrato de Uzumaki; ahí se detuvo, atónito: Uzumaki estaba montado en una mula.
-¡Nara! -siseó.
Shikamaru salió de la contemplación de un cuadro para mirarlo, y Kiba le indicó con el dedo el retrato de Naruto. Caminando despreocupadamente hasta ponerse al lado de Kiba, Shikamaru sacó unas gafas en montura de alambre, se las colocó en la nariz y ladeó la cabeza mirando el cuadro pensativo.
-La nariz está toda mal -comentó.
-¡Ah! ¡Veo que estáis admirando nuestros cuadros!
Los dos se giraron al mismo tiempo hacia la voz de lord Menma Namikaze.
-Estamos muy complacidos con ellos. Son bastante buenos, ¿no os parece?
Entró en el salón pavoneándose como un gallo, con la mano extendida y sonriéndole a los dos.
¿Estamos? Aja. Kiba no sabía mucho sobre lo ocurrido entre Naruto y su padre, pero a lo largo de los años había oído bastantes comentarios de Naruto y, lógicamente, estaba enterado de lo que había pasado entre los hermanos no hacía mucho.
Todo eso, sumado a la actitud demasiado alegre de Menma, lo hizo desconfiar al instante. Menma era el último hombre que habría esperado encontrar ahí, a excepción, claro, del propio lord Rasenrengan.
Miró de reojo a Shikamaru, que estaba saludando con una leve inclinación de cabeza.
-Lord Menma, qué placer.
-Ah, no, milord, el placer es nuestro. Qué casualidad que hayáis venido. Naruto estará muy complacido, diría yo. Pero mirad, mirad. Todos admiramos muchísimo los cuadros de Hinata.
Al decir eso hizo un gesto hacia el cuadro en cuestión, con una extraña sonrisa; no, una sonrisa afectada.
-¿Lady Uzumaki? -preguntó Shikamaru, algo cortado.
-Caramba, sí. Todos estos son cuadros suyos. Tiene un enorme talento, ¿no os parece?
-En efecto -repuso Kiba.
Menma le dio una palmada en el hombro a Shikamaru, con tanto entusiasmo que lo lanzó hacia delante.
- Shikamaru Nara, mi viejo tutor. ¿Todavía dando charlas en la universidad?
-De vez en cuando -contestó Shikamaru entre dientes.
-¿Y tus hermanas, están bien?
-Sí, gracias, están muy bien.
-Maravilloso. Y qué tal, Kiba, ¿supongo que el duque sigue en Italia?
-Ah... sí -dijo Kiba.
En ese instante entró un lacayo con una bandeja. Menma se precipitó hacia él a darle órdenes:
-Sí, sí, déjala ahí.
Una vez que la bandeja estuvo colocada a su satisfacción, miró a Shikamaru y Kiba por encima del hombro.
-¿Les apetecería un coñac? -les preguntó alegremente. Kiba asintió; Shikamaru masculló algo en voz baja. Con un rápido movimiento de la muñeca, Menma ordenó al lacayo que sirviera tres copas.
Era extraño, pensó Kiba, caminando hacia el centro del salón, que Menma actuara como si fuera el dueño de la casa. Tal vez había habido una reconciliación; cosas más extrañas habían ocurrido.
Cogió la copa que le pasó Menma y fue a sentarse. Shikamaru eligió un sillón que estaba directamente al frente, y arqueó una ceja con extrañeza cuando Menma pasó animadamente por entre ellos, como si fueran viejos amigos.
-Envié a un mozo a buscar a Naruto -les informó alegremente-. Sin duda cabalgará a toda prisa cuando sepa que habéis venido.
-¿Cabalgar? -preguntó Kiba.
-¿Mmm? Sí, claro -contestó Menma y se dejó caer en un sofá, cruzó las piernas y apoyó el brazo a lo largo del respaldo.
-¿Pero... cómo? -preguntó Shikamaru con cautela.
-¿Cómo? -repitió Menma arqueando las cejas-. Pues, como todo el mundo. Ay, Dios, no se han enterado, ¿verdad? -dijo, y se echó a reír.
-Supimos lo del accidente...
-Pero no de la milagrosa recuperación. -Menma volvió a reírse al verles las caras perplejas-. Es un maravilloso placer para mí deciros que Naruto recuperó la vista. El doctor asegura que nunca estuvo muy seguro, e insistió en que las posibilidades eran tan buenas como malas...
-¿O sea que ve? -interrumpió Shikamaru, incrédulo.
-Tan bien como tú o como yo -confirmó Menma alegremente.
-¿P-pero cuándo? -preguntó Kiba.
-Ah, ese es un tema algo polémico -contestó Menma sonriendo-. Algo así como el aspecto milagroso de todo esto. Al parecer, la recuperó bastante antes de decirlo. Eso fue causa de cierta disensión entre él y lady Uzumaki -continuó, con una risita-. Pero claro, parece que siempre ha habido ciertas riñas entre ellos.
Tengo entendido, por algunos comentarios de mi querida cuñada, que mi hermano tiene la muy molesta costumbre de ocultarle cosas. Pero he de confesar que eso me sorprende muy poco. Nunca ha sido muy sincero, ¿verdad? Y muchas veces he dicho que Naruto no es del tipo para estar casado.
Kiba miró ceñudo su coñac. ¿De qué demonios hablaba Menma de ocultar cosas, y tipos casados? Y la extraordinaria noticia de que Naruto veía. Ciertamente esa noticia aún no había llegado a Londres.
-¿Qué has dicho? ¿Ocultar cosas? -preguntó, sin poder evitar un tono impaciente.
-Simplemente me refiero al tipo normal de cosas que podría ocultar un hombre -contestó Menma, con una sonrisa salaz-. ¿He de recordarles la visita que hicieron los tres al salón de la señora Yakushi, la última vez que estuvimos en Londres? -Emitió una risita y bebió un trago de coñac.
-¿Cómo sabes eso? -preguntó Kiba tranquilamente.
-Lo supe en el White's. Lord Dalhurst se estaba quejando que no estaba disponible su dama favorita, porque llegaron los Libertinos y reclamaron a las mejores para ellos.
Volvió a reírse y alzó la copa hacia Kiba, en simulacro de brindis. Kiba miró a Shikamaru y vio la ira en sus ojos negros; dedujo que Menma era demasiado lerdo para verla; nunca había sido excesivamente inteligente.
-Pero Naruto no fue con nosotros -dijo enfáticamente. La copa de Menma se agitó ligeramente en sus labios, pero él se encogió de hombros.
-Bueno, tal vez no esa noche...
-Ninguna noche -interrumpió Shikamaru, fijando en él una glacial mirada.
El joven se puso rojo y bajó lentamente su copa.
-Les aseguro que no tengo la costumbre de vigilar a mi hermano. Pero antes de que lo defiendan con demasiado ardor, deben saber que no ha sido totalmente sincero con su esposa, y que esa es la causa de la fricción entre ellos.
«Extraordinario», pensó Kiba. El cabrón estaba aireando los trapos sucios de la familia para que ellos los examinaran. Menma estaba tramando algo, y nada bueno.
Pero Menma cambió astutamente el tema y se puso a hablar sin parar de unas empresas arriesgadas que había planeado en Cambridge. Nada de lo que decía tenía mucho sentido para Kiba, ni le importaba.
Nunca había tolerado muy bien a Menma para empezar; el niño lloron se había convertido en un hombre lloron. Y estaba a punto de ofrecerse para ir a buscar a Naruto, para librarse de la aburrida cháchara de Menma cuando entró Naruto en el salón con expresión amable.
-Nara y Inuzuka, como que estoy vivo y coleando –dijo con su voz arrastrada-. Me considero afortunado porque han venido. -Pasó su tranquila mirada a Menma-: Gracias, Men, por atenderlos hasta que yo llegara.
Sonriendo, Menma bajó la cabeza y bebió otro trago. Así estuvo un buen rato, hasta que se dio cuenta de que Naruto lo seguía mirando fijamente, como también Kiba y Shikamaru. Le subieron los colores a las mejillas y se levantó lentamente.
-Sí, bueno, si me hacen el favor de disculparme -masculló y salió de la sala.
Cuando se hubo cerrado la puerta, Naruto les hizo un gesto para que volvieran a sentarse.
-Cuánto me alegra que hayan venido -dijo en tono muy poco convincente.
-Gracias a Dios, Naruto -exclamó Kiba-. Tienes tu vista.
-Un viajecito bastante extraordinario -repuso Naruto, sonriendo levemente. A continuación se instaló en el puesto desocupado por Menma y miró por la ventana.
-Lady Uzumaki debe de estar inmensamente contenta.
-Pues sí, en efecto -contestó Naruto asintiendo.
-Nos encontramos con ella en el camino de entrada - comentó Kiba moviéndose inquieto en su asiento.
Naruto lo miró y en su mejilla se movió levemente un músculo.
-¿Ah, sí? Montada en Kurama, supongo.
Pudo haber sido pura imaginación, pero Kiba tuvo la clara impresión de que Naruto estaba al borde de un ataque de furia.
-Le ha tomado muchísima simpatía -añadió Naruto en tono despreocupado.
-A decir verdad... parece ser una excelente jinete -comentó Shikamaru.
-Sí, ¿Verdad?
-Y hablando de tu señora esposa, he traído las joyas -añadió Kiba con cautela.
Naruto se puso visiblemente rígido.
-Estoy en deuda contigo. -De pronto se puso de pie de un salto-. Salgamos a dar una vuelta La verdad es que nunca me había dado cuenta de lo grandioso que podía ser Longbridge.
Echó a andar a toda prisa hacia la puerta-. Pero no tan grandiosa como estará cuando haya acabado las obras.
Y así puso brusco fin a la conversación sobre lady Uzumaki.
Faltaba poco para la cena cuando Kiba golpeó la puerta de la habitación de Shikamaru. Éste le abrió la puerta a medio vestir.
-Ah, yo esperaba que fuera un buen ayuda de cámara.
Kiba entró sin hacer caso de la broma.
-Explícamelo, ¿quieres? ¿Qué demonios pasa en esta casa? Shikamaru se puso ante el espejo y empezó a hacerse el lazo de la corbata.
-A mí me parece que Naruto está haciendo lo que hace siempre: coger algo y convertirlo en oro.
-No me refiero a Longbridge -bufó Kiba exasperado, aunque tenía que admitir que Naruto había convertido en oro la propiedad.
-¿Entonces qué?
-¿Cómo que qué? ¿Empezamos por Menma, que se pavonea por todos lados como un gallo de pelea? O por su hermosa esposa, por el amor de Dios, ¡montada a horcajadas en Kurama! Me gustaría tener a esa mujer montada en mis ponies en Ascott -añadió irritado.
-Yo en tu lugar, estaría dispuesto a probar cualquier cosa en Ascott -bromeó Shikamaru -. ¿Cuánto perdiste la última vez, quinientas libras?
-Volvamos al tema, ves lo que quiero decir -insistió Kiba.
-No sé si lo veo -contestó Shikamaru tranquilamente, terminando el nudo de la corbata-. Tal vez se ha reconciliado con Menma. Tal vez su mujer es una entusiasta jinete.
Kiba se cruzó de brazos y exhaló un suspiro de impaciencia.
-¿No crees que es un poco raro que Uzumaki pareciera tan enamorado de ella cuando estaba en Londres, y que ahora uno casi no pueda mencionar su nombre delante de él?
-Yo sugeriría que tal vez la rosa ha perdido su lozanía -dijo Shikamaru, arreglándose los pliegues de la corbata-. Eso le ocurre a todos los hombres, Kiba. El amor juvenil se acaba rápido, y se instala la fría realidad del matrimonio.
-Eso ya lo sé -bramó Kiba, fastidiado de que Shikamaru no viera las cosas exactamente como las veía él-. Pero hay muchos matrimonios en que los cónyuges felices son muy corteses entre sí. ¿No te fijaste que evita hablar de ella? ¡Y ella no estaba de ánimo muy cortés!
-No estoy seguro de que evite tanto hablar de ella. La verdad, tú conoces a Uzumaki tan bien como yo. Si la dama no es digna de mención, él no habla de ella. Debería haberse buscado una amante, si quieres mi opinión. Desgraciadamente él optó por tu tontería sentimental.
-Ser sincero con la esposa no es necesariamente una tontería, Nara -repuso Kiba con dureza.
Shikamaru le dirigió una encantadora sonrisa por encima del hombro.
-Te preocupas demasiado, Kiba.
-Y tú no te preocupas lo suficiente, milord -replicó Kiba.
Y si Nara era demasiado... estúpido para verlo, él no, pensó. Algo estaba muy mal en esa casa.
Naruto se sentía como un animal enjaulado, obligado a conversar de intrascendencias con sus mejores amigos, encogiéndose por dentro cada vez que oía la ruidosa risa de Menma, y pensando si la princesa de la granja se dignaría hacer acto de presencia esa noche.
Puesto que casi no podía soportar mirarla, una parte de él deseaba que no. Pero a otra parte le preocupaba lo que pensarían sus huéspedes. ¿Que la atracción de su mujer por su hermano lo había castrado y por lo tanto no podía soportar estar en la misma habitación con ella?
-He visto que estás construyendo algo cerca del jardín, ¿un mirador? -comentó Kiba, interrumpiendo su tren de pensamiento.
-Sí -murmuró, y miró por la ventana hacia el establo.
-Yo diría que quiere construir uno que rivalice con el de Rasenrengan Park -comentó Menma riendo, y palideció un poco al ver tres pares de ojos fijos en él.
-Mi gran esperanza es que lo terminen a tiempo para el verano.
Todos pegaron un respingo al oír su voz. Al verla en el umbral, Naruto no pudo evitar la punzada de deseo que le oprimió el corazón cuando miró sus cabellos negros, su espectacular vestido verde apio, sus vivos ojos. ¿Cómo pudo haberla considerado fea alguna vez? Cuando Menma se levantó, él se apresuró a levantarse también; no quería ver a su hermano cerca de ella. Se obligó a salirle al encuentro.
Cuando él ya estaba cerca, ella lo miró a los ojos por un instante, evaluándolo recelosa, y luego se apresuró a desviar la vista.
-Ven a conocer a unos buenos amigos míos -le dijo él.
-Nos conocimos esta tarde -dijo ella amablemente, y colocó la manchen el brazo que él le ofrecía, casi sin tocarlo.
Naruto la condujo hasta donde estaba los hombres de pie en medio de un acogedor conjunto de muebles, cerca del hogar.
-Lord Kiba Inuzuka de las Sutherlands, y Shikamaru Nara, conde de Kage. Señores, permitidme que os presente a mi esposa, lady Uzumaki.
-Es un placer conoceros de nuevo -dijo ella recatadamente.
-El placer es ciertamente mío -musitó Kiba, con una inclinación.
-Y mío -añadió Shikamaru, sonriéndole admirado-. Permítame comentar que monta a caballo extraordinariamente bien, lady Uzumaki.
-En realidad me aferró bastante bien al lomo de Kurama -dijo ella sonriendo tímidamente.
Mientras Kiba y Shikamaru se reían, Naruto la llevó a sentarse lo más lejos posible de Menma.
-Ah, vamos, eres demasiado modesta, Hina -exclamó Menma-. Eres una jinete excelente. ¿Quieres que te traiga un jerez?
Una oleada de rabia fluyó por Naruto. Era un cumplido aparentemente inocente, un gesto inocente. Pero como le ocurría últimamente con todo los actos de Menma, le sentó como una bofetada en la cara.
Casi sin mirar a Menma, Hinata declinó el ofrecimiento y miró a Kiba con una encantadora sonrisa.
-Milord, he oído decir cosas maravillosas de su cuñada la duquesa de Sutherland. Su trabajo con los huérfanos es muy admirable.
-Ah, sí -repuso Kiba, con una auténtica sonrisa-. Rara vez he visto una caridad como esa.
-Hinata es muy caritativa también -dijo Menma con orgullo-. Los inquilinos la adoran, y me atrevería a decir que antepone el bienestar de ellos al propio.
¿Es que Menma tenía que elevar todo lo que hacía Hinata a la altura de la santidad?, pensó Naruto irritado.
-En efecto, es muy buena señora, Men, pero creo que eso no se compara con la labor que realiza la duquesa -dijo, imperturbable.
Eso le ganó un gesto enfurruñado de Menma y una mirada sorprendida de Kiba y Shikamaru. Hinata ni pestañeó.
-Bueno -se apresuró a acotar Shikamaru -, la caridad es encomiable en todas sus formas.
-Supongo que eso es cierto -dijo Naruto, encogiéndose de hombros con indiferencia.
Kiba pareció consternado. Naruto pensó que debía aclarar lo dicho, pero eso se lo ahorró la aparición de Kakashi, a anunciar la cena. Al instante se precipitó a ayudar a Hinata a levantarse, antes que lo hiciera Menma. Cuando salía con ella del salón, oyó a Menma detener a Kiba y Shikamaru para enseñarles otro cuadro pintado por la muy talentosa lady Uzumaki, y miró al cielo poniendo los ojos en blanco.
-¿Es necesario que me demuestres tan públicamente tu desprecio? -le susurró Hinata cuando iban por el corredor hacia el comedor, delante de los otros.
¿Y tenía ella que decirle eso? La miró de soslayo, provocativo.
-No demuestro ningún desprecio, Hinata, te lo aseguro - masculló con los dientes apretados.
Ella casi se atragantó con una risa amarga.
-Permíteme que disienta. Lo demuestras en toda oportunidad, pero esperaba que tuvieras por lo menos la decencia de no menospreciarme delante de tus huéspedes.
-¿Menospreciarte? -se mofó él-. Esto sí que está bien. Tú me menosprecias en mi propia casa. Había esperado que tuvieras la decencia de no demostrar tu afecto por mi hermano -dijo con rencor, y se detuvo para que ella entrara primero en el comedor. Hinata lo miró por encima del hombro al pasar.
-Mis disculpas, Naruto -le dijo, haciéndole una encantadora inclinación de cabeza-. Tontamente creí que habías recuperado la vista, pero ahora comprendo que estás tan ciego como siempre.
Naruto abrió la boca para replicar que ya no estaba ciego a nada de ella, pero no alcanzó porque Shikamaru y Kiba ya estaban detrás de él y Hinata giró la cabeza y continuó caminando.
Apretando los músculos de la mandíbula, se apartó para que sus huéspedes lo precedieran. Después se fue a sentar a la cabecera de la mesa, ansioso de que Hosho tuviera la sensatez de traer el vino enseguida.
Durante el primer plato todo transcurrió con normalidad, fuera de que Naruto bebió vino para dos comidas, sonriendo levemente cuando alguien le dirigía algún comentario y ahogando en silencio el patético deseo que sentía por la mujer que tenía al frente, en el otro extremo de la mesa. ¿Por qué demonios seguía deseándola? ¿Por qué no podía arrojarla al pozo sin fondo de su alma negra como hacía con todo lo demás? ¿Nuevamente había caído en el infierno?
Sólo cuando sirvieron el plato de carne en salsa de almendras su atención recayó nuevamente en Menma.
Kiba y Shikamaru estaban escuchando educadamente una farragosa disertación de su hermano sobre su vida, pero se fijó en que de vez en cuando intercambiaban miradas. Haciendo un gesto al lacayo para que le volviera a llenar la copa, se inclinó con el codo apoyado en la mesa y prestó atención a su hermano, que en ese momento estaba perorando acerca de Rasenrengan Park, como si Kiba y Shikamaru fueran sus viejos amigos.
« Rasenrengan Park.» De pronto las palabras resonaron en su conciencia, pinchándolo. Si Menma no estaba haciendo ostentación de su adoración por Hinata ante sus narices, hacía ostentación de Rasenrengan Park.
-Le dije a padre que no aprobaría otro molino. Tal como estamos producimos mucho más de lo que podemos usar - dijo Menma en ese momento, riendo-. Pero él está muy resuelto a sacar beneficios de eso y yo diría que puede. Tendré toda una empresa en mis manos algún día. Otra más.
En vista de que ni Kiba ni Shikamaru hacían ningún comentario a eso, se volvió hacia Naruto
-Dime que te parece esto, ¿quieres? Le he estado dando vueltas a la idea de poner una pista para carreras de caballos en la parte baja del lado oeste de la propiedad. No es un terreno muy bueno para cultivo, y es accesible desde varios caminos. Los meses de verano serían perfectos para divertirnos un poco haciendo apuestas, ¿no crees?
Naruto bajó lentamente su copa.
-Conoces Rasenrengan Park bastante bien, ¿verdad? Es decir, supongo que conoces la parte a que me refiero -añadió Menma, mirándolo con una sonrisita burlona.
Naruto entornó un tanto los ojos y contempló tranquilamente a su hermano, diciéndose para sus adentros que era un maestro en fingir indiferencia. Menma no podía provocarlo más abiertamente que ella.
-Menma -intervino Hinata-. Me parece que este no es el momento...
-Creo que una pista de carreras es una idea maravillosa - contestó Naruto, muy calmado-. Allí podríais hacer correr a sus rocines Minato y tú.
Un pasmado silencio descendió sobre la mesa; a shikamaru lo acometió un repentino interés por su carne, y Kiba pareció encontrar deliciosas las zanahorias.
Menma se echó a reír y alzó su copa hacia Naruto, en simulacro de brindis.
-Muy divertido, nuestros rocines, vamos. -Volvió a reírse, moviendo de un lado a otro la cabeza, y luego se volvió hacia Hinata-. ¿Te acuerdas de esa sala de estar de Rasenrengan que te gustaba tanto? -le preguntó-. Esa que esperabas hacer tuya.
Naruto sintió un escalofrío; Hinata palideció.
-Creo que le iría muy bien una nueva capa de pintura, sobre todo a las molduras del techo -continuó Menma alegremente-. ¿Qué color recomendarías?
Hinata bajó lentamente su tenedor y lo colocó con sumo cuidado en la mesa.
-No tengo idea -dijo.
-Ah, vamos. Te encanta esa sala, y tienes tan buen ojo para el color.
La ira de Naruto subió a un punto en que creyó no ser capaz de contenerla.
-Tal vez le gustaría visitarla antes de dar su opinión -dijo. Miró con toda intención a Hinata-. ¿No te gustaría verla otra vez, querida?
Shikamaru dejó escapar un gemido, cerró los ojos y se apretó el puente de la nariz entre el índice y el pulgar.
Hinata colocó las manos sobre la mesa, echó atrás la silla antes que pudiera hacerlo el lacayo, y se levantó.
-Milord, ¿tendríais la bondad de disculparme?, tengo un dolor de cabeza bastante fuerte -dijo, y echó a caminar hacia la puerta.
Shikamaru, Kiba y Menma se levantaron cuando ella pasó. Naruto continuó sentado, bebiendo y observándola avanzar hacia él, con los ojos fijos en un punto más allá de él.
-Dulces sueños -susurró, cuando ella pasó a su lado. Cuando se cerró suavemente la puerta, Menma se dejó caer pesadamente en su asiento. Shikamaru y Kiba también volvieron a sentarse, pero no continuaron comiendo.
Naruto volvió a llevarse la copa a los labios, e hizo un gesto al sentir una repentina punzada de dolor detrás de los ojos.
Shikamaru no veía la hora de marcharse de Longbridge. Eso le dijo a Kiba cuando los dos subieron a sus habitaciones después de esa horrorosa cena.
-¿Lo ves? -dijo Kiba, con una sonrisita satisfecha-. Esta gente está totalmente loca.
Shikamaru informó amablemente a Kiba que él no veía nada de eso. Su urgencia por marcharse sólo se debía a que tenía prisa por llegar a Whitten, donde lo esperaba un antiguo manuscrito histórico.
-Dios mío, Nara -comentó Kiba poniendo en blanco los ojos-. Eres condenadamente obtuso.
-Prefiero ser obtuso a ser una vieja entrometida -contestó Shikaamru, esquivándolo hábilmente antes que Kiba le diera un puñetazo en el hombro-. Nos veremos en Londres, amigo mío -se despidió riendo.
Kiba se quedó allí gruñendo que al parecer su triste misión en la vida era cuidar de todos.
Pero Shikamaru distaba mucho de ser obtuso. Para sus adentros estaba de acuerdo con Kiba: algo estaba muy mal en esa casa.
Pero a pesar de su enorme sentimiento de culpa por la muerte de Yūra, a él le resultaba muy desagradable entrometerse en los asuntos de otro. Y más aún si pensaba en su historial.
A su manera había intentado ayudar a Yūra, y había que ver en qué acabó eso. Pero claro. Naruto no era Yūra; Naruto no estaba desesperado, estaba pagando el precio de una decisión particularmente precipitada y mala. Estaba encerrado en el infierno del matrimonio.
La verdad era que no veía la hora de marcharse de Longbridge. Tan impaciente estaba, que llegó a la sala de desayuno recién salido el sol, una hora que rara vez veía.
Lo sorprendió ver que Naruto ya estaba allí, con una taza de té entre las manos. Sin dar señales de su presencia, se quedó en la puerta. Lo que estaba ocurriendo en esa casa no era de su incumbencia, pero había pasado una noche bastante inquieta, molesto por sentirse algo furioso por Naruto.
Habiendo observado a los residentes de Longbridge, la situación era clara como un cristal para él: se diera cuenta o no. Naruto permitía que su hermano hiciera estragos allí. Podía haberse equivocado en su decisión de casarse, pero eso no significaba que debiera permitir que Menma se aprovechara de eso de una manera tan descarada.
Curiosamente, cuando vio a Naruto apoyar la frente en la palma de la mano, le vino el recuerdo del juramento que hicieran después del entierro de Yūra:
«Que nada quede sin decir entre nosotros. Encargarnos de que ningún otro de nosotros caiga por la pendiente».
Bueno entonces, maldita sea. Lo había jurado sobre la tumba de Yūra, y ahí estaba, mirando a uno de sus más viejos y queridos amigos deslizarse por la pendiente hacia su infierno particular.
Menma, el acusica, estaba haciendo todo lo posible para que ocurriera eso. Sabía que debía decir algo, aunque sólo fuera porque se lo debía a Yūra. Vamos, qué orgulloso se sentiría Kiba de él en ese momento, pensó y, apartándose bruscamente de la puerta, entró en la sala.
-Parecería que nuestro buen amigo Kiba te ha llevado alvicio de la bebida, ¿eh? -bromeó.
Naruto hizo un gesto de dolor cuando Shikamaru le gritó un alegre buenos días; tenía una resaca monstruosa por sus excesos con el vino la noche anterior.
-Eso es un tanto histérico, viniendo de ti -dijo, quejumbroso-. Esta debe de ser la única noche en que te has ido a acostar un poco sobrio, ¿no?
-Por favor, me ofendes -sonrió Shikamaru -. Es como mínimo la segunda. Pero claro, yo no tenía a una hermosa mujer esperándome.
-Yo tampoco -dijo Naruto, cerrando los ojos. Al no oír ninguna réplica ingeniosa, abrió los ojos. Shikamaru ya no sonreía; sacó sus gafas del bolsillo de la chaqueta, se las puso y se quedó mirándolo pensativo. Condenadamente fabuloso, pensó; nada menos que Shikamaru Nara lo estaba mirando como si estuviera loco. Con un gruñido apartó la taza de té.
-Escucha-dijo Shikamaru, azorado.
Naruto ladeó la cabeza y lo miró sin expresión. Era muy impropio de Shikamaru entrometerse. Kiba, sí, Shikamaru, jamás. Desde la muerte de su hermana Rin hacía unos años, el hombre había estado demasiado ocupado con su vida como para fijarse en las de otros. Shikamaru se aclaró la garganta, incómodo.
-Ah, sé que no es asunto mío, pero soy tu amigo, Uzumaki y... bueno... nos hicimos un juramento.
-¿Un juramento?
-Lo recordarás -continuó Shikamaru, más azorado aún-. Juramos no permitir que otro de nosotros se deslizara por la pendiente.
Naruto sintió hervir la indignación dentro de él. Había tenido su buena cuota de dificultades ese último tiempo, pero sugerir que era tan cobarde como Yūra...
-¿Qué es exactamente lo que insinúas? -ladró.
Shikamaru hizo un leve gesto de pena y bajó los ojos a la mesa -Quiero decir que... tal vez... te encuentras en necesidad de un buen consejo.
-Consejo -gruñó Naruto. Shikamaru agitó una mano, impaciente.
-No me refiero a... escucha, piensa lo que quieras, pero debo decirte esto. Creo que tu hermano hace más daño aquí que lo que te das cuenta. Es demasiado atento con tu mujer, te provoca, con toda intención, aunque por qué lo hace, no tengo la menor idea, pero creo que podrías encontrar tu paz con ella si él no estuviera aquí. Ya está, lo he dicho.
Naruto parpadeó, sorprendido.
-Tal vez es ella la que es atenta con él -dijo, pasado un momento. Shikamaru negó con la cabeza.
-Es evidente que la hace sentirse incómoda. Demonios, sólo sé que intencionadamente persigue enemistaros a ti con tu esposa. No logro comprender por qué, pero sus intenciones son malévolas, estoy absolutamente seguro. Sigue mi consejo, Uzumaki, y envíalo a su casa. Ahora mismo.
Eso dejó sin habla a Naruto, que se quedó contemplando a su amigo mientras en su mente empezaban a hacer encajar las cosas. De pronto, Shikamaru se levantó.
-Perdona -dijo tímidamente-, esto no es asunto mío. Escucha, tengo que ir a Whitten, a ver un viejo manuscrito que podría ser de cierta importancia para mis estudios. Es mejor que me ponga en marcha temprano.
Dicho eso, giró sobre sus talones y se dirigió a la puerta. Naruto no había abierto la boca, su mente seguía girando en torno a lo que acababa de decirle Shikamaru.
-¿Nos veremos pronto en Londres, espero? -le preguntó Shikamaru mirándolo por encima del hombro.
Cuando Naruto asintió, le hizo un gesto de despedida con la mano y desapareció en el corredor.
Naruto continuó mirando fijamente la puerta, todavía atónito. No necesitaba que Shikamaru le dijera que Menma era un problema. Pero al parecer sí necesitaba que le dijera que Menma intencionadamente estaba creando enemistad entre él y su mujer.
De pronto todo adquirió sentido, y lo asombró no haberlo visto antes. Claro, eso era lo que estaba haciendo. Buscaba vengarse y utilizaba a Hinata para hacerlo. Ciertamente él se sintió provocado por la conversación de Menma sobre Rasenrengan Park, pero había pensado que eso no era otra cosa que un infantil intento de pincharlo. No había caído en la cuenta de lo que pretendía realmente Menma, hasta que Shikamaru se lo dijo en voz alta.
El cabrón lo estaba separando intencionadamente de Hinata. Y ella, tal vez sin darse cuenta, le seguía el juego. Ya era hora de tener una conversación con su hermano.
Glosario:
Rocín: Caballo de mala estampa y poca alzada. (Caballo de Trabajo)
