El resto ya se lo saben…
Los personajes no me pertenecen son creación de Rumiko Takahashi
Nota de la autora: Este fic no es apto para todo el público por lo que se recomienda su discreción.
Música en este capítulo:
"Venus in furs" de The Velvet Underground (música de fondo durante todo el proceso con Cologne)
"Lavender Blue (Dilly Dilly)" de Alvina August (música de fondo para la hora del té)
"God's Whisper" de Raury (música de fondo en última parte del capítulo cuando Akane mira a Ranma)
-Diosa-
Cuando la puerta de la oficina de Cologne se cierra lo primero que hace Kiema es soltar mi mano, ponerse de rodillas y luego extender sus brazos frente a la anciana mientras su cuerpo se desliza como una ofrenda hacia el oráculo que la mira con una ceja en alto.
-Cologne- susurra mi doncella.
-Cumpliste con tu trabajo ¿cierto niña?- pregunta la anciana.
Yo doy un paso al centro, molesta por esta extraña muestra de respeto y admiración por parte de Kiema hacia Cologne. Tanta familiaridad.
-¿Qué trabajo? ¿Acaso tú sabías algo?- pregunto a Cologne y ella no responde.
Se da media vuelta y busca una larga pipa de su escritorio.
-¿Sabías quien era yo desde la primera vez que vine con Ranma?- insisto, furiosa.
-No tenía la certeza- responde la mujer tratando de encender la pipa –a fin de cuentas solo eras una leyenda.
Me cubro la boca con las manos por la sorpresa. Siento nauseas.
-¿Ranma lo sabía? ¿Lo sospechaba?- pregunto con miedo a la respuesta.
Pero al segundo que empiezo a hablar la anciana niega la cabeza repetida y efusivamente –no niña, él no sospechaba nada porque no creía en que siquiera existieras. Lo he visto por años rechazando a cuanta mujer pueda estar en su cama por el simple e inexplicable hecho de que él te esperaba.
-¿Cómo?- me río cansada de todo –si dices que ni siquiera sabía de mí.
Cologne atraviesa flotando la habitación hasta donde estoy de pie y me toca el pecho con la palma de su mano por completo encima de mi piel -¿acaso no has tenido presentimientos alguna vez en tu vida humana?
Asiento.
-Esa sensación de que sabes lo que ocurrirá pero no puedes explicar cómo es que lo sabes.
Vuelvo a asentir.
-Eso, mi niña, es lo que Ranma sentía en su pecho. Algo le detenía de hacerse de alguna otra mujer porque en su interior siempre te ha sido fiel. Desde el instante en que te vio por primera vez en aquel prado.
-¿Cuál prado?
Cologne no responde y solo se dedica a sacar de la bolsa de terciopelo la mano dorada de Midas.
-Con esto recuperaremos a tu doncella- habla la anciana y yo no insisto en lo que dijo antes –levántate niña- le habla a Kiema, quien sigue aún con la cabeza abajo mirando el suelo.
Mi doncella se pone de pie y yo la observo con cautela.
La chimenea en la oficina se enciende cuando Cologne se acerca arrojando las cenizas de su pipa dentro. Un caldero típico de una bruja de cuentos aparece sobre las llamas y dentro el oráculo arroja la mano.
-Entonces ¿sabías que teníamos que traer la mano para poder retirar la maldición de Kiema?- pregunto cada vez sintiéndome más y más traicionada por la mujer.
-No a ciencia cierta- habla serena Cologne moviéndose ágil por el sitio, sacando frascos y hierbas de entre los estantes –siempre hay pistas en las visiones que no son del todo necesarias o reales.
-¿No habrá problema con Rey por lo que haces con su mano?- me río molesta.
Cologne niega –la mano de Midas es un objeto sagrado y como todo objeto de su clase no se destruye cariño. Volverá con él cuando todo esto acabe.
-Por esa mano murió Lychee- digo con los dientes apretados.
-Una lamentable perdida en esta lucha que van a librar. Sin duda hubiese sido de gran ayuda para tu amiga mal herida. Pero al menos está en un mejor lugar ahora la pequeña bruja de pociones.
-Shampoo- susurro al recordar la sangre goteando de la falda de su vestido mientras estaba en brazos de Mousse -¿ella estará bien?
Cologne lo medita –dependerá de que tan pronto recuperes tu divinidad- se detiene de lo que hace y me mira con los ojos entrecerrados -Kodachi no tiene lo necesario para sanarla, al menos no por sí sola.
Miro a Kiema cuando escucho que se mueve tras de mí y ella sonríe tímida –tienes el don de la vida Akane- alza las cejas con admiración y orgullo.
Trago saliva cuando la escucho.
-Listo pequeña- anuncia alegre la anciana mientras retira del fuego el caldero, luego toma una brocha que está sobre la chimenea y la empapa del líquido dorado.
Kiema camina hasta donde Cologne y yo la detengo del brazo –espera- digo de repente pensando que es lo que hará la vieja oráculo con ese oro líquido -¿qué pasará con eso?- señalo con la mirada la brocha que gotea el oro mezclado con todo lo que el arrojó dentro.
Cologne se detiene y me mira con los labios apretados –tengo que cubrirla con el oro de la mano de Midas- dice como si fuera lo obvio.
-Pero eso está ardiendo- muevo a Kiema tras de mí para protegerla –la vas a lastimar.
La mujer sonríe de lado –no hay duda que eres la reina del infierno, la diosa de las flores.
Un escalofrío me recorre cuando menciona esos títulos rimbombantes.
-El oro sagrado que cubre a la doncella solo se puede retirar con oro sagrado. Las hiervas que he agregado al brebaje ayudarán a que ella no sienta dolor alguno por el calor- Cologne baja su mirada con seriedad –te doy mi palabra.
Respiro pesadamente. Dudando entre creer o no. ¿Creer? o ¿no creer?
-Esta bien- susurro.
Creer.
-Vamos niña- toma a Kiema del hombro –colócate esto- le entrega un rosario –lo ha hecho especialmente Lychee para protegerte- comenta mirándome y yo siento un nudo formarse en mi garganta cuando me doy cuenta que la pulsera con salvia ha desaparecido de mi muñeca.
Kiema hace lo que la anciana le dice.
-¿Está bien?- pregunto esta vez pensando en la joven bruja de cabello pelirrojo.
-Sí- contesta Cologne –aunque tomará un tiempo que recupere su alma. Carga con mucha culpa y muchos miedos.
-Yo la buscaré- digo sin meditar mis palabras, pero la anciana solo asiente. Reafirmando lo que he dicho.
Un siseo, como cuando agua cae sobre aceite caliente. Así suena la brocha impregnada del oro derretido de la mano cuando la anciana da la primera pincelada sobre la piel de Kiema.
-Toma este paño- le entrega a la chica un trozo de tela blanca –y conforme avance yo con la mezcla tú retíralo.
-¿Necesitas ayuda?- pregunto a mi doncella y antes de que incluso pueda responder Cologne interviene.
-No debes tocarla hasta que terminemos de retirar todo.
Su seriedad no da pie a contradecirla. Así que solo me hago a un lado para darles mayor espacio.
Cologne rodea a la chica, con caldero en mano y la brocha dibujando la silueta de mi doncella. Kiema hace gestos de dolor de vez en cuando, su piel se ve rojiza conforme el oro se retira con la tela.
-Casi terminamos- le anima la anciana cuando es ella quien ayuda a Kiema con la espalda.
La doncella va quedándose desnuda frente a las dos. Comprendo porque no ha dejado que Ranma nos siguiera. Veo detalles de mi propio cuerpo en la chica. Lunares que reconozco como solo míos, cicatrices viejas, la curvatura de mis senos y la forma de mi vientre.
Kiema y yo chocamos miradas cuando el fino vestido por completo cae a sus pies, está avergonzada pero no por eso dejamos de mirarnos.
-Ahora el rostro- explica Cologne y Kiema se gira de nuevo, dándome la espalda para poder ver a la anciana frente a ella.
Las partes rojas de su piel ya van adquiriendo un color más pálido. En automático bajo mi vista para mirar mi tono de piel. Comparando. Mirando.
Ambas mujeres siguen trabajando en retirar lo último del oro sagrado. Y mi corazón no puede evitar latir más agitado. Empiezo a sentirme nerviosa y ansiosa.
-Ahora podemos proceder Akane- me llama la anciana cuando deja sobre una pequeña mesa de piedra el caldero con la tela que retiró el oro de la piel de Kiema dentro.
Camino dubitativa, tragando saliva o al menos intentándolo. Siento la garganta seca. Cologne toma mi mano y jala ligeramente mi cuerpo para acercarme más a ella.
-La bendición dorada- susurra mientras pasa su pulgar sobre mi frente –sellando el pacto con el diablo.
No puedo evitar recordar las palabras de Lychee, su compasión por mí. Había dicho…
-La bruja te dijo que estabas tocada por el demonio y no mentía- completa mi pensamiento Cologne, pero lejos de asustarme me siento comprendida.
-¿Lychee lo sabía entonces?
La anciana niega –nadie lo sabía niña, no tortures más tu memoria- susurra –este pacto que tienes con el príncipe de las tinieblas es una alianza, un romance, un destino. Algo lo bloqueo de todo recuerdo y tendrás que descubrir que y como o puede volver a suceder. Pero en dado caso no sé si serían capaces de reencontrarse una segunda vez.
-¿Qué hay del augurio que mencionó Akari?- pregunto pensando que tal vez ese fue el motivo por el cuál Ranma y yo tuvimos que separarnos.
Cologne ríe a carcajadas –los ángeles temen a todo porque ellos son a veces unos monstruos vanidosos que se divierten jugando con los humanos- la mujer me mira por entre sus pestañas -y temen admitir sus propias fallas por no saber como consolarlos o remediar sus penas.
Me quedo callada.
-Ahora quítate la ropa y colócate frente a Kiema.
Hago lo que me dice, es realmente escalofriante el parecido. La chica, ya sin todo ese oro, es un vivo retrato mío. La única verdadera diferencia es el cabello largo y un peinado elaborado. Pero quitando estos detalles soy yo.
Estiro mi brazo izquierdo y Kiema lo sujeta con su palma derecha.
Mi pecho sube y baja agitado -¿seguiré siendo yo?- pregunto a Cologne sin desviar mi mirada de los ojos de Kiema.
-Sí- responde la anciana y yo me aferro al pensamiento de mi familia, de mi padre y mis hermanas. No puedo, no quiero olvidarme de ellos.
Kiema asiente mientras coloca su índice y medio de la mano izquierda sobre su pecho. No sé porque pero hago lo mismo que ella con mi mano derecha.
Y presiono.
Y la sangre que bombea por mis venas se hace escuchar, puedo sentir como se mueve por mi cuerpo junto con un calor reconfortante. Como cuando hace mucho frío en invierno y tomas una bebida caliente. Esa clase de tranquilidad.
Escucho música, una tonada agradable y delicada que me reconforta. Sonrío como tonta abrigada por la calidez del momento.
La felicidad.
Y dejo que mis ojos se cierren conforme una sonrisa crece en mis labios.
Me siento en paz.
Siento mi cuerpo flotar.
Por debajo de las yemas de mis dedos puedo distinguir los pétalos de diferentes flores.
El aroma dulce y cálido de la primavera y el verano.
Mi piel con una agradable temperatura.
No quiero abrir los ojos.
-Despierta- escucho susurros –despierta- insiste con suavidad la voz cantarina –despierta- y mi corazón reconoce a mi madre en este sueño.
Cuando los abro estoy de vuelta en la realidad. Inspiro con fuerza el aire, el perfume de mamá sin duda alguna y entonces me incorporo.
-Bienvenida alteza- dice Cologne haciendo una reverencia cuando me levanto del suelo, envuelta con un fino vestido azul oscuro que acaricia mi cuerpo acentuando mis curvas a la perfección.
-¿Dónde está Kiema?- pregunto al no ver a la chica a mi lado.
-Aquí estoy mi señora- responde la mujer que está agazapada frente a la chimenea también cubierta con una prenda similar a lo que traigo puesto pero en color lavanda.
Camina hacia mí. Y mi rostro, dibujado en su piel se ha desvanecido. Ahora es ella, la chica de la visión. Ojos lilas, cabello blanco, piel más pálida que la nieve.
Me sonríe haciendo una breve reverencia cuando me entrega una taza de cristal –bebe Akane, es para que puedas recuperar tus fuerzas. Aún está en proceso tu divinidad de reformarse.
-Ok- confío totalmente en ella. Una sencilla acción que antes me podría haber hecho dudar pero ahora sé que le puedo confiar mi vida y ella hará todo lo posible por resguardar mi bienestar.
Mientras tomo el contenido miro curiosa, como si fuera la primera vez que estoy aquí, la oficina de Cologne. Veo vida en cada uno de esos frascos que se agrupan entre los tablones de gruesa madera. Las plantas se ven más verdes, las flores con más color, el aroma en general es más intenso y dulce. Muy dulce.
-Huele a…- busco entender.
-Magia- responde alzando una ceja Cologne –ahora la puedes oler- sonríe.
Inspiro, dejando que mi nariz absorba cada uno de los aromas nuevos. Sonrío, también me siento contenta. Como si ahora estuviera despierta.
Camino por el sitio, toco con cuidado algunas cosas que hay. Quiero beber más de este delicioso té con leche y miel así que le pido a Kiema que me sirva otra taza. Quiero sentarme, hablar con la anciana, que me cuente su vida mientras Kiema me trenza el cabello y coloca adornos en mi piel.
-Estoy tan contenta- susurro a mi doncella cuando me entrega la taza nuevamente mientras tomo asiento en una de las poltronas acolchadas que están junto a la ventana -¿no estas contenta?
-Sí mi señora- responde sentándose a mis pies, recargando su cabeza sobre mi regazo.
Paso mis dedos por su cabello, acomodando los mechones sueltos sobre su coronilla. Doy un sorbo a la bebida y mientras saboreo el líquido que empapa mi lengua veo como del arreglo floral que está al centro de la pequeña mesa frente a mí caen nueve pétalos simultáneamente rodeando el florero.
Un presagio.
La taza cae de mis manos, rompiéndose y derramando su contenido sobre la mesa, y toso con fuerza, asustada cuando mi mente recupera la lucidez. Siento una ansiedad que nace en mi pecho y se expande como hiedra por cada recoveco de mi ser –¡Shampoo!- grito cuando al parpadear la imagen de mi amiga domina mi razón –está herida.
Me levanto, Kiema ya se ha puesto de pie y me sigue casi pisándome los talones.
-Ya era hora niña- escucho la voz de Cologne tras de mí, pero no quiero averiguar a que se refiere.
Abro la puerta y camino por el largo pasillo, ahora totalmente oscuro, hasta encontrarme de nuevo en el área del restaurante. Completamente vacía.
-¿Dónde están?- pregunto girándome, la anciana se ha quedado en la puerta de su oficina recargando el peso de su cuerpo en el bastón que lleva.
-Están arriba- con su bastón golpea la pared que está a su derecha y una puerta oculta se desliza a un lado para iluminar una escalera de madera.
Camino de vuelta y miro con odio a la mujer.
-No podía despertarte- me explica –fue gracias a la bebida que tu humanidad logró regresarte la lucidez.
Aprieto los dientes –ya me contarás, supongo.
La mujer alza una ceja desafiante –si alteza- sonríe de lado –pero ahora tu amiga te necesita.
Tomo con las manos la tela del vestido para poder alzarlo y no tropezar con esta mientras subo cada escalón. Al final de la escalera hay una puerta de madera rojiza y cuando pongo una mano para empujarla la puerta se abre por sí sola.
Escucho voces al otro lado, pero lo primero que veo es un recibidor con una mesa al centro y un arreglo de hierbas de olor.
Lo ignoro mientras me adentro al sitio. Es como si los cuartos estuvieran uno tras otro, unidos por un solo pasillo central y divididos únicamente por cortinas de cuentas y flores.
-¡Ranma!- grito cuando llego al segundo espacio, totalmente vacío.
-¡Akane!- escucho su voz en respuesta y en un parpadeo ya está frente a mí.
Su expresión me intimida porque me mira con cautela y asombro al mismo tiempo. Con sus labios entre abiertos como si quisiera y no supiera que decir. Pero es el brillo en sus ojos y el rubor que nace en sus mejillas lo único que necesito para rodearlo con mis brazos y susurrar a su oído –he vuelto mi amor.
Ranma me lleva hasta donde Shampoo, mi amiga está recostada en un diván con el rostro sereno y tal como esta pareciese solamente dormida.
Analizo la escena, Mousse está sentado con el cuerpo de Shampoo entre sus brazos y acaricia su rostro sin dejar de mirarla. Cuando mis ojos pasean por la silueta de mi amiga veo que sobre su cintura hay un par de toallas que intentan frenar la sangre que brota de la vieja herida que sufrió a causa de una quimera luego de que escaparon de Shinnosuke.
¿Qué fue lo que sucedió en el casino para provocar esto?
En el piso hay aún más toallas, que alguna vez fueron blancas y que ahora se encuentran todas empapadas de sangre.
Me pongo en cuclillas junto a mi querida Shampoo, colocando mis dedos encima de su nariz y percibo su exageradamente lento respirar luego de no notar su pecho subir y bajar.
-¿Desde hace cuanto está inconsciente?- pregunto buscando entre todos alguien que me responda ya que ninguno se atreve siquiera a mirarme.
-Ha estado oliendo opio- responde Gosunkugi, traga saliva y agacha la cabeza –alteza.
No quiero cuestionar los motivos por los cuales han decidido usar opio, aunque imagino que la idea era evitar que se retorciera de dolor. Un calmante.
-No le queda mucho- responde Mousse sin dejar de mirar a su novia –ella me salvó- dice frunciendo su entrecejo -distrajo a los guardias de Rey para evitar que me mataran.
Me volteo y veo a mi doncella quieta ante la situación, angustiada también. De pronto siento una mano sobre mi hombro y cuando me giro Kodachi ya se ha puesto a mi lado.
-Alteza- dice con seguridad –te estaba esperando para que me ayudaras a curar a Shampoo.
Asiento con una falsa certidumbre –bien, dime que tengo que hacer.
Como si yo supiera que hacer, como si fuese capaz de retroceder el tiempo y evitarle este dolor tanto a ella como a Mousse.
-Como la diosa de la fertilidad que eres puedes ayudarme a restaurar la vida en Shampoo a través de mis conjuros. La combinación de ambas podrá darnos… una oportunidad.
-Un milagro- susurra Mousse –mi adorada Shampoo necesita un milagro.
Aprieto la mano de Mousse que sostiene la toalla encima de la herida y él por fin me mira, abriendo los ojos sorprendido.
-Tú puedes hacer ese milagro Akane- me dice con certeza en su afirmación.
Tomo aire –no dejaré que nada le pase.
Kodachi me toma de las manos y me mira a los ojos cuando me mueve para quedar frente a ella.
-Solo concéntrate, solo imagina que una semilla germina en el abdomen de tu amiga, solo piensa en la vida- dice con animo y luego una sonrisa de lado –deja que ese pensamiento fluya desde tu mente hasta la mía y prometo que con el conjuro de sanación ella estará bien.
Muevo la cabeza para afirmar y cierro los ojos, pero cuando los cierro una cálida sensación me llena.
-Recuerda lo que debes hacer Akane- dice la bruja apretando mis manos para ayudarme a concentrar –tus dones se están asentando todavía y todo lo que sientes es como si estuvieras…
-¿Drogada?- escucho que pregunta Ryoga a la distancia, chasquea la lengua y suspira –tan solo déjame darle de mi sangre, eso la ayudará.
-Está en el límite Ryoga, si haces eso Shampoo terminará convirtiéndose en alguien como tú- sisea Ukyo y yo abro los ojos.
Kodachi asiente –es verdad- me mira –así que tienes que concentrarte si quieres salvar a tu amiga.
Acomoda mis manos sobre las suyas y yo vuelvo a tomar aire con calma, dejando que inunde mis pulmones pensando en Shampoo, pensando en la vida.
Un milagro, necesito un solo milagro.
La energía aparece de la nada en mitad de mi cuerpo, siento como se crea. Es como si millones de burbujas llenaran mi pecho.
-¡Vamos Akane!- dice Kodachi con fervor –ya lo tienes, ya está ahí.
Aprieto en automático mis ojos y un par de manos se aferran a mis hombros –lo está consiguiendo mi señora- susurra Kiema –el milagro que la chica necesita.
Kodachi suelta una de mis manos y al hacerlo la energía estática entre ambas causa estallidos en mi palma –piensa en la sensación que tuviste cuando invocaste la llama en el infierno- me dice y yo asiento al recordar como la imaginé recorriendo un camino invisible hacia la bruja.
Siento como jala de mi cuerpo y entonces escucho un susurro, un cántico de brujas -sose benrenki, sose bluotrenki, sose lidirenki- es la voz de Kodachi, así que abro los ojos pero sus labios siguen casi sellados -ben zi bena, bluot zi bluoda, lid zi geliden, sose gelimida sin.
Busco la reacción de alguien más pero todos están concentrados en Shampoo.
Kodachi repite nuevamente esas palabras en un idioma que no reconozco. Cada vez que lo hace su voz comienza a ganar volumen.
-Sose benrenki, sose bluotrenki, sose lidirenki, ben zi bena- toma aire empujando más su mano libre sobre el cuerpo de Shampoo –bluot zi bluoda, lid zi geliden, sose gelimida sin.
De repente se queda en silencio y todos observamos esperando alguna reacción en Shampoo.
-No…- habla bajo Ukyo –acaso ¿no funcionó entonces?
Estoy por preguntar lo mismo cuando la bruja suelta mi mano y una ráfaga de luz azul se desprende, como si se trataran de tallos creciendo y retorciéndose entre si estos avanzan hasta donde mi amiga.
Rodean la diminuta cintura de Shampoo y entonces Kodachi vuelve con su cántico –sose benrenki, sose bluotrenki, sose lidirenki, ben zi bena, bluot zi bluoda, lidz zi geliden, sose gelimida sin. Sose benrenki, sose bluotrenki, sose lidirenki, ben zi bena, bluot zi bluoda, lidz zi geliden, sose gelimida sin. Sose benrenki, sose bluotrenki, sose lidirenki, ben zi bena, bluot zi bluoda, lidz zi geliden, sose gelimida sin.
Contengo el aliento, aterrada de lo que pueda pasar cuando Kodachi se queda en silencio luego de repetir tres veces el conjuro.
Me giro buscando a Ranma para que me consuele y lo veo rezagado en una esquina de la habitación. Con sus manos acariciando las mancuernillas de su camisa mientras no para de mirarme. Su expresión es… una tormenta que se debate en sus pensamientos, lo sé.
Nos observamos con seriedad y cuando mueve su rostro un poco noto algo brillando a la altura de su ceja izquierda. Estoy por dar yo un paso hacia él cuando de repente escucho un jadeo y los sollozos de Mousse.
Veo de reojo que Shampoo trata de sentarse. Pero por más que quiero atenderla no puedo mandar mi voluntad para dejar de esperar ese abrazo que tanto necesito por parte de Ranma.
Me quedo con un regusto desagradable al segundo que Ukyo jala mi cuerpo luego de que Shampoo me llamara.
Y Ranma sale del lugar, de vuelta por las escaleras que llevan hasta la oficina de Cologne.
Notas finales:
El cántico que recita Kodachi es un fragmento de Los Encantamientos de Merseburg. Son unos encantamientos de la época medieval escritos en alemán antiguo y pertenecen a la mitología germana pagana. Descubiertos en un manuscrito teológico de Fulda.
Como siempre gracias por sus reseñas!
Alexandravw,
Lapocho,
Rocio,
Gogoga,
Ross Bcc1 (muchas gracias hermosa por todos los bellos fanarts que has realizado de esta historia!),
Faby,
AkaneKagome (abrazos enormes mujer! Y besos a Maya bebé),
A.R. Tendo (guapa!),
Benani0125,
Andy-Saotome-Tendo,
FeriLiu,
Maryconchita (guapisima!),
MariaEsther,
Emiilu,
Akaneforever.
Gracias por leer y por todos sus comentarios, abrazos extra gorditos!
Próxima actualización finales de septiembre.
