Hola!

Odio publicar cada dos semanas, pero tengo que hacer cosas como trabajar y eso. Bueno, eso y que a veces se me va la inspiración al demonio y me cuesta hilar una cosa con la otra.

July: Lo va a matar después de torturarlo lenta y dolorosamente. Ya veremos lo de Amaranta y Severus, pasa que él tiene miedo de acercarse mucho a ella.

Sakura: ¡Aleluya! XD

Christine: Hasta que se animaron.

Wolf: Bienvenido a Fanfiction, hombre XD.

Si, es Freyja, ya lo puse en el corrector, es que hay varias maneras de llamar a la diosa. Y sí, soy la maldita señora Dedazos, así, con respeto XD

Podría haberle dado un regalo mejor, pero se me ocurrió después, así que bueno, la carta.

La escena de sexo me salió espantosa, en mi opinión. Y el detalle del hombre lobo, bueno, está del punto de vista de un sanador.

Lo de "Lubricus" lo he visto en muchos fanfics, así que decidí subirme al tren y hacer lo mismo. Ay, sos terrible, cariño XD. Los látigos y cadenas quedan archivadas en mi mente, no van a trasladarse a mis páginas de Word XD

¡Disfruten!

Capitulo veintitrés

Sabotaje

Las clases empezaron poco después de Año Nuevo y la rutina volvió a la vida de Christopher. Todos los días iba a reunirse con Hooch y a hacer pruebas con la Saeta de Fuego. La escoba hasta ahora no presentaba ninguna anormalidad, pero no quería tomárselo a la ligera.

Malfoy fue a verlo en el despacho la noche en la que llegó al colegio para devolverle el libro.

—Lo leí hasta el final —dijo Malfoy, entusiasmado—. Fue muy interesante.

—Me alegro que le haya gustado —respondió Christopher, guardando

—¿Qué EXTASIS debería tener aprobado para ser sanador?

—Pociones, Encantamientos, Transformaciones, Herbología y Defensa Contra las Artes Oscuras —explicó Christopher—. Como un bonus, recomiendo también Cuidado de Criaturas Mágicas.

—Las veces que me he enfermado, trajeron sanadores a mi casa, pero nunca fui al hospital San Mungo. ¿Hay muchos tipos de sanadores?

Christopher sonrió y le hizo tomar asiento en el sillón.

—No muchos. Están los Expertos en Artefactos y Accidentes, que atienden a los pacientes afectados por objetos malditos y accidentes no relacionados con magia, como los accidentes de escoba; los Expertos en Criaturas, que se encargan de los pacientes atacados por criaturas mágicas; los Expertos en Enfermedades, que tratan pacientes que sufran tanto de enfermedades mágicas como comunes; los Expertos en Venenos, que tratan pacientes envenenados con pociones o plantas; los Expertos en Encantamientos, que revierten maldiciones y hechizos mal realizados y, por último, los Expertos en Mentes, que tratan los problemas psicológicos de los magos —Christopher hizo una pausa y preguntó—. ¿Por qué el interés en la medimagia?

Malfoy se encogió de hombros.

—Me interesaron mucho las pociones que vi en su armario y fue interesante preparar la poción para limpiar heridas .

—Para eso no necesitas ser sanador. Podrías ser Experto en Pociones con orientación a pociones curativas, eso basta para trabajar en San Mungo.

—Es que… no sé…

—Aún tienes mucho tiempo para pensarlo, Malfoy, no te tortures con eso. Yo quise ser sanador desde los dieciséis, todavía falta.

—Si… supongo que tiene razón.

Golpearon a la puerta.

—Pase.

Harry entró al despacho y se quedó de piedra cuando vio a Malfoy. Lo miró con los ojos llenos de recelo.

—¿Necesitas algo, Harry? —preguntó Christopher.

—En privado.

—Tendrás que esperar hasta que termine de hablar con el señor Malfoy.

—Ya me iba —gruñó Malfoy, levantándose. Salió del despacho de mala gana.

—Bien, Harry, ¿es por tu escoba? —dijo, cuando Malfoy se hubo alejado.

—Si, quería saber si ya está lista.

—No, no está lista y voy a tardar —le respondió, intentando no mostrar irritación. Entendía que el chico estaba desesperado por tener la escoba, pero no le gustaba que le preguntara a cada rato—. Tengo que hacer un examen exhaustivo de la escoba y, creeme, me va a llevar tiempo. Todo este mes, al menos.

—¿No hay manera de que se apresure?

Christopher lanzó una risotada amarga.

—Tengo que dar clases, preparar los materiales, ayudar a Hagrid para que dé los TIMOS en el Ministerio… Además, el cumpleaños de Severus está muy cerca y quiero prepararle algo especial.

Harry levantó una ceja.

—¿El cumpleaños de Snape?

—Profesor Snape, Harry. Si, cumple años, como todos los mortales, no sé de que te sorprendes.

—Disculpe, sanador, pero no me imagino al profesor Snape con un gorro, rodeado de globos de colores y un pastel de cumpleaños

Christopher soltó una risotada.

—Buena idea. Le conseguiré el gorro más horrible, los globos con colores más chillones y un pastel en forma de murciélago.

Harry se rio.

—No creo que le agrade.

—Bah, Severus es un gruñón, pero lo conozco de toda mi vida, sé lo que tengo que hacer para él. Una cena tranquila, un regalo y eso es todo. No es precisamente lo más divertido del mundo, pero la pasaremos bien.

—Bueno, pues… suerte con eso.

—¿Quieres una invitación?

Los ojos de Harry se abrieron de golpe.

—No, no, no, se lo agradezco.

—Ya me imaginaba que responderías eso —lo tranquilizó Christopher—. Te guardaré una porción de pastel.

—Ehh… muchas gracias, sanador.

Christopher lo vio marcharse y suspiró. Si quería terminar lo de Harry rápido, necesitaba algunas pociones para mantenerse despierto y varias tazas de café.


El nueve de enero festejaron el cumpleaños de Severus. Por ser día de clases, no pudieron dedicarle mucho tiempo, pero pasaron la noche los cuatro juntos cenando en las habitaciones privadas de Severus.

—… y así, el inocente alumno de primero se dio cuenta que, bajo la larga barba blanca del director Dumbledore, sobresalían unos espantosos tentáculos de calamar que aprisionaron al pobre Timmy y lo devoraron vivo…

—Por Dios, Gary —se rio Lori.

—El directorl quería una historia de terror donde él fuera el monstruo y yo lo hice.

Los cuatro estaban sentados en una mesa, comiendo un pastel de cumpleaños que los elfos había hecho. Se habían saltado la cena del comedor para poder estar juntos. Felix, el cuervo de Severus, estaba alimentándose en un comedero.

—¿Cómo se están preparando para los exámenes? —preguntó Severus.

—Alumnos idiotas —murmuró Felix.

—Veo que está aprendiendo mucho de ti —comentó Christopher.

—Sev, estamos de celebración, no quiero hablar de exámenes —Gary echó la cabeza hacia atrás—. De todos modos no importa, no es como si estuviera en Pociones…

—Tuviste una S, no fue tan malo…

—No, si no es tan malo… según tú, los que sacan S son unos mediocres que no se merecen estar en tu salón.

Severus suspiró.

—Gary, sabes muy bien que eso no se aplica a ti, se aplica a los demás imbéciles. Tú no eres un imbécil, solo te faltó nota.

Christopher le dio un trago a su ginger ale.

—Gary, aprobaste muchas materias —le dijo—. Te va a ir bien. Les va a ir bien a los dos.

—Estoy harto de estudiar —se quejó Gary—. Apenas termine el colegio, Potion Disaster se presentará en todos lados y seré famoso.

—No otra vez —mumuró Severus.

—¿Qué?

—¿Estrella de rock, Gary? No te crié para que estuvieras en una banda de rock. Christopher, dile algo.

—¿Mhh? —Christopher estaba distraído comiendo un pedazo de pastel—. ¿Yo?

—Tu hermano quiere ser estrella de rock.

—Claro, cuando los chicos hacen algo que te parece mal son "mis hermanos".

—Christopher, Gary está por desperdiciar su vida, no empieces.

—A ver —Christopher se giró hacia Gary—. No estoy en contra de que tengas tu propia banda y eso, pero quiero que estudies una carrera antes que nada, de lo que sea, para asegurar tu futuro.

—Si, excepto de sanador, auror o experto en pociones, porque no pasé los TIMOS de cierta materia —agregó, mirando de reojo a Severus.

—¿Acaso querías hacer alguna de esas carreras? —preguntó Severus.

—No, pero me hubiese gustado tener la oportunidad de rechazarlas—dijo Gary, cruzándose de brazos.

—¿No has hablado con la profesora Sprout en quinto año? —preguntó Lori.

—Si, hablamos del tema, pero no me convenció ninguna carrera. Me dijo que, dado a que estoy dando Estudios Muggles y me va muy bien, podría trabajar en el Ministerio de Magia en algo relacionado con los muggles, pero no me veo en una oficina.

—Gary, estás dando casi todas las materias, eres un buen alumno, a pesar de ser un revoltoso. En lo general, odio al gobierno actual, pero Fudge no va a estar allí toda la vida. Podrías trabajar con Jerry, no está mal.

—Mhh… no es mala idea tener algo en lo que pueda trabajar…

—Podrías decirles lo mismo a los tres idiotas de tus amigos con los que andas, para que no terminen trapeando el piso en el Caldero Chorreantes —le dijo.

—Claro, son tres idiotas porque ninguno está cursando Pociones.

—¡Veinte puntos menos para Gryffindor! —gritó Felix, con la voz de Severus, sobresaltando a todos menos al profesor de Pociones.

—A veces dice eso, no se asusten —los tranquilizó Severus,

—No descontará los puntos de verdad, ¿no? —preguntó Gary.

—No, no lo hace.

—¿Puede imitar más voces?

—Solo la mía, por ahora.

Lori carraspeó.

—Yo todavía no he hablado con Sinistra, pero quiero ser Auror —dijo Lori.

Severus se mordió el labio.

—Lori, Auror es una profesión muy arriesgada —dijo—. Podrías hacer cualquier otra carrera.

—Algo menos peligroso, quieres decir —Lori entornó los ojos.

—Deja que los Gryffindor sean la carne de cañón —le dijo Gary—. Tú puedes ser cualquier otra cosa, como sanadora, experta en pociones o lo que sea que estudien los nerds de Ravenclaw.

—Hay que ser inteligente para ser Auror —intentó defenderse Lori.

—¿Con Fudge ahí? —Christopher lanzó una risotada—. La Escuela de Aurores bien podría ser la Locademia de Policía.

Incluso Severus sonrió un poco, mientras sus otros hermanos se reían de la ocurrencia de Christopher.

—Bueno, ya tenemos que irnos todos, se nos está haciendo tarde —Christopher se levantó—. Yo tengo que trabajar mañana y ustedes tienen que estudiar.

—Un ratito más —suplicó Gary.

—Cinco minutos —se le unió Lori.

—Nada de cinco minutos. Vayan a la cama.

—¡Detención! —gritó Felix.

—Por lo menos quiero saber si Amaranta te envió un regalo.

Severus lanzó un gruñido.

—A la cama. Los dos. Ahora.

Quejandose, los dos menores se despidieron y salieron del despacho.

—¿Y? ¿Amaranta te dio un regalo? —preguntó Christopher, apenas sus hermanos se marcharon.

—Me regaló un libro de pociones que no tenía. ¿Feliz?

—Amaranta está loca por ti.

—Es tu ex mujer.

—¿Y que más da? Amaranta es una buena amiga y está loquita por ti.

Severus puso los ojos en blanco.

—Deja de intentar buscarme pareja, Christopher. Mejor preocúpate de tu propia vida amorosa.

Christopher chasqueó la lengua.

—Estoy bien como estoy, Severus —no mentía en absoluto—. Ahora me voy, que tengo clases que preparar mañana.


Eran las seis de la mañana y Christopher estaba desnudo, acurrucado con Remus en su habitación. Al principio solo iba a ir a dormir, pero el hombre lobo simplemente lo traía loco

—¿Cómo la has pasado ayer? —preguntó Remus, ya levantándose para vestirse, pero Christopher lo agarró de la cintura para retenerlo en la cama.

—Bien. Cena, pastel y discutiendo sobre las carreras de mis hermanos —se sentó en la cama—. Está preocupado por los dos.

—¿Qué tienen? Ambos son buenos alumnos.

—Lori quiere ser Auror y Gary quiere ser una estrella de rock con su grupito de amigos.

—Ya veo por qué está preocupado.

Christopher acarició los cabellos de Remus.

—No es la primera vez que tocamos el tema. De hecho, Severus me culpa a mi por lo de Gary, ya que le enseñé a tocar la guitarra de niño.

—Recuerdo verte en el patio del colegio, con la guitarra. Las chicas suspiraban por ti.

—No exageres.

—Eras guitarrista, buen alumno, prefecto y guapo.

—¿Guapo? ¿Con esta nariz?

Remus la tocó con la punta del dedo índice, sonriendo.

—Tiene su encanto.

Christopher se puso de pie y Remus se quedó mirando su brazo de manera fija.

—¿Hace mucho que tienes ese tatuaje?

Christopher echó un vistazo hacia su brazo. En el bicep izquierdo tenía tatuado un caballo negro de ocho patas, el cual se movía y estaba galopando, con su crin negra ondeando como una bandera de combate.

—Me lo hice después de la guerra.

—Había oído hablar de los tatuajes mágicos, pero nunca había visto a nadie que tuviera uno. ¿Duele?

—Cuando me lo hicieron, dolió más de lo que creía, pero enseguida estuve bien. A veces cambia de lugar y se va a mi antebrazo. Minerva lo vio un fin de semana por accidente cuando me rascaba el brazo y me hizo un escándalo.

—¿Escándalo? ¿Y por qué?

—Mal ejemplo para los niños, que si me ven van a querer tatuarse, bla, bla, bla.

—¿Y por qué un caballo de ocho patas?

—No es un caballo cualquiera, es Sleipnir. Sleipnir pertenece a Odín, y es hijo de Loki y Svaðilfari. Es el caballo más rápido.

Remus sacudió la cabeza, con incredulidad.

—Sleipnir, Loki, Frejya… ¿Qué tienes con la mitología nordica?

—Me gusta, eso es todo.

Christopher se agachó y se puso la túnica que había quedado tirada en el suelo

—Si sigues viniendo casi todas las noches a dormir aquí, tendré que hacer lugar en mi armario para tu ropa —bromeó Remus.

—¿Crees que alcance?

Remus se acomodó para sentarse.

—No sin antes aclarar algunos puntos…

Christopher se enderezó.

—Dime.

—¿Esto es algo serio, Christopher?

El sanador parpadeó.

—Lo es.

Remus se apretó el puente de la nariz.

—¿Eres consciente de la situación en la que nos encontramos?

—Por supuesto.

—¿Eres consciente que te arruinaré la carrera y todas tus relaciones sociales, incluyendo a tus hermanos?

Christopher puso los ojos en blanco.

—Hace apenas unas horas no pensabas lo mismo, Remus, mientras hacíamos el amor en esta misma cama.

Un ligero rubor coloreó las mejillas de Remus.

—Lo sé. Te quiero, de verdad que si, pero no sé si vale la pena el riesgo que estás corriendo.

Christopher acarició la mejilla de Remus, casi acunandola en su mano.

—Remus, creo que hemos discutido esto antes. No voy a dejar que nadie me diga lo que tengo que hacer con mi maldita vida. Todo lo que he hecho después de la muerte de mi padre fue porque quise. ¿Entiendes? Soy libre de hacer lo me de la gana y si quiero tener a un sexy hombre lobo como novio, lo tendré.

—¿Novio?

—¿Qué, no quieres?

—No quise decir eso —se apresuró a decir Remus—. Claro que si, solo que suena muy… adolescente.

—Si, a estas alturas, uno debería tener marido o esposa, pero así son las cosas. ¿Te gusta más la palabra pareja?

Remus se levantó, se acercó a Christopher y lo besó en la mejilla.

—Mucho mejor.


Enero le dio paso a febrero. Durante todo ese tiempo, siguió con su relación clandestina con Remus. En un par de ocasiones intentó decírselo a Severus, pero decidió callarse. Dios sabía lo que haría si se enteraba. Remus le había dicho más de una vez que se lo dijera antes de que se diera cuenta solo y fuera peor, pero sencillamente no encontraba las palabras.

Christopher trabajó duro con Madame Hooch para inspeccionar la escoba. Recién a principios de febrero terminaron con todas las pruebas y consideraron que la escoba era segura para usar. La felicidad en los ojos de Harry cuando recibió la escoba no tenía precio.

Durante todo el mes de enero, recibió cartas de Jerry. Él y Anna estaban haciendo los tramites para la adopción de Lorena Larson, en caso de que el padre no apareciera. Hasta que no estuviera seguro que podrían adoptarla, no querían comunicarle la noticia. Temían que algo saliera mal y decepcionar a la niña.

Christopher comenzó a citar a Lorena a su despacho los fines de semana. Para que estuviera tranquila, solía traer a una profesora o a Lori para que se quedara en la misma habitación. Poco a poco fue contando los abusos que sufría de parte de su padre, un poco de su madre y de lo feliz que estaría si se fuera con otra familia. Christopher anotaba todo gracias a la pluma que Lori le había regalado, pero había algo que le tenía dando vueltas: ¿Por qué el sombrero la había puesto en Slytherin, si no mostraba sus características? Decidió preguntarle algo que sería decisivo para satisfacer su curiosidad.

—Señorita Larson, ¿usted que quiere ser cuando sea grande?

Una chispa encendió los ojos azules de Lorena Larson, como si tuviera vida por primera vez.

—Quiero ser parte del Winzengamot —dijo, completamente segura de si misma—. Y haré una ley para que el Ministerio de Magia pueda intervenir si niños magos están sufriendo dentro de familias muggles o mestizas.

—Vaya, es algo muy ambicioso.

—Lo sé —dijo—. Por eso tengo que estudiar duro. ¿Usted sabe que tengo que hacer para lograrlo?

Definitivamente esa no era la misma niña tímida y dulce. Ahora parecía una niña que se iba a tragar el mundo entero.

—Bueno, tienes que tener las mejores notas en el colegio para aspirar a ello —dijo Christopher—. Tienes que tomar Estudios Muggles como materia optativa, ya que vas a meterte con los muggles. De todos modos, lo mejor sería que estudies mucho y que, en quinto año, consultes a tu jefe de casa.

—¡Muchas gracias! —dijo, casi bailando en su silla. Lori, sentada en un sillón leyendo un libro de Pociones, hizo un gesto de ok con el pulgar.

Por algún motivo, Draco Malfoy había estado distante con él desde la charla que tuvieron después de las vacaciones. No era grosero en su clase y sus notas eran tan buenas como siempre, pero era como si de repente no quisiera tenerlo cerca. Había intentado hablar con él, pero siempre se excusaba de cualquier manera.

El partido de Gryffindor contra Ravenclaw se acercaba. Christopher decidió asistir, a pesar de que el Quidditch mucho no le interesaba. Siempre podía ver lesiones en ese tipo de deportes y lo más seguro era que lo necesitaran. Remus también iba a ir.

—No me lo perdería por nada —dijo, poniéndose la túnica que Christopher le había regalado. La usaba con bastante frecuencia y el sanador anotó mentalmente que debía preguntarle cuando era su cumpleaños para comprarle otra.

—¿Crees que ganará Gryffindor?

—¿Con una Saeta de Fuego? ¿Acaso tienes alguna duda?

—Perdón si no nací con una escoba entre las piernas, Remus. Yo no le encontraría mejor uso a una Saeta de Fuego más que para barrer el piso.

—¿Tienes idea de quien le pudo haber enviado esa escoba?

Christopher apoyó el mentón en su mano, pensativo.

—Sospecho de Dumbledore, pero creo que ni él haría algo de esa magnitud para favorecer a un estudiante, ¿verdad?

—No lo haría.

—También puede ser algún admirador, pero… es raro.

—Lo es. Sea quien sea, tiene que ser del colegio o alguien cercano al colegio. ¿Quién más sabría que la escoba de Harry se había roto?

Juntos, salieron del castillo, fueron al estadio y se sentaron en las gradas. Dudó en sentarse al lado de Remus, pero de todos modos Severus no iría, así que le daba igual.

El equipo de Ravenclaw fue el primero en salir, recibido con una lluvia de aplausos. Cuando el equipo de Gryffindor salió, Christopher y Remus aplaudieron con entusiasmo. Los capitanes se dieron la mano y Madame Hooch tocó el silbato

Harry despegó del suelo y la Saeta de Fuego se levantó más rápido que ninguna otra escoba. Planeó por el estadio y empezó a buscar la Snitch, mientras que Lee Jordan, el amigo de los gemelos Fred y George, narraba el partido:

—Han empezado a jugar y el objeto de expectación en este partido es la Saeta de Fuego que monta Harry Potter, del equipo de Gryffindor. Según larevista El mundo de la escoba, la Saeta es la escoba elegida por los equipos nacionales para el campeonato mundial de este año.

—Jordan, ¿te importaría explicar lo que ocurre en el partido? —interrumpió la voz de la profesora McGonagall.

—Tiene razón, profesora. Sólo daba algo de información complementaria. La Saeta de Fuego, por cierto, está dotada de frenos automáticos y...

—¡Jordan!

—Está bien, está bien. Gryffindor tiene la pelota. Katie Bell se dirige a la meta...

Harry pasó como un rayo al lado de Katie y en dirección contraria, buscando a su alrededor un resplandor dorado, mientras que Cho Chang, la buscadora del equipo de Ravenclaw le pisaba los talones. La jugadora volaba muy bien. Continuamente se le cruzaba, obligándolo a cambiar de dirección.

—Vuela igual que James —comentó Remus. Christopher se aclaró la garganta.

—Pero él no era buscador, ¿no?

—No, era cazador. ¿Nunca fuiste a un partido de Quidditch cuando estudiaste aquí?

—Una vez, cuando estaba en primero.

Harry aceleró la Saeta al rodear los postes de Ravenclaw, seguido de Cho. Katie Bell consiguió el primer tanto del partido y las gradas ocupadas por los de Gryffindor enloquecían de entusiasmo.

Harry descendió en picado de golpe, cerca de las barreras; Cho lo vio y salió rápidamente tras él, probablemente habían visto la Snitch. Harry aumentó la velocidad. Estaba a apenas tres metros del suelo…

Entonces, una Bludger impulsada por uno de los golpeadores de Ravenclaw surgió ante Harry veloz como un rayo. Harry viró. La esquivó por un centímetro. Tras esos escasos y cruciales segundos, la Snitch desapareció.

Los seguidores de Gryffindor dieron un grito de decepción y los de Ravenclaw aplaudieron a rabiar a su golpeador. George Weasley desfogó su rabia enviando la segunda Bludger directamente contra el golpeador que había lanzado contra Harry. El golpeador tuvo que dar en el aire una vuelta de campana para esquivarla.

—¡Gryffindor gana por ochenta a cero! ¡Y miren esa Saeta de Fuego! Potter le está sacando partido. Vean cómo gira. La Cometa de Chang no está a su altura. La precisión y equilibrio de la Saeta es realmente evidente en estos largos...

—¡JORDAN! ¿TE PAGAN PARA QUE HAGAS PUBLICIDAD DE LAS SAETAS DE FUEGO? ¡SIGUE COMENTANDO EL PARTIDO!

Ravenclaw jugaba a la defensiva. Ya habían marcado tres goles, lo cual había reducido la distancia con Gryffindor a cincuenta puntos. Si Cho atrapaba la Snitch antes que Harry, Ravenclaw ganaría. Harry descendió evitando por muy poco a un cazador de Ravenclaw y buscó la Snitch por todo el campo desesperadamente. Aceleró de golpe hacia los postes de Gryffindor. Pero un segundo después surgió Cho, bloqueándole. Harry viró para evitar una colisión.

—Muy caballeroso —comentó Remus—. Creo que cualquier otro la habría tirado de la escoba.

—Parece que a Harry no le gusta jugar rudo —sonrió Christopher.

Harry ascendió con la Saeta y enseguida se encontró a siete metros por encima del nivel de juego. Cho lo seguía... Prefería marcarlo a buscar la Snitch, al parecer

Volvió a bajar en picado; Cho quiso seguirle. Harry frenó muy bruscamente. Cho se precipitó hacia abajo.

Harry, una vez más, ascendió veloz como un rayo y aceleró hacia el medio campo de Ravenclaw donde estaba la Snitch; también lo hizo Cho, muchos metros por debajo. Harry iba delante, acercándose cada vez más a la Snitch. Entonces Cho señaló hacia abajo y Harry lo imitó. Tres dementores altos, encapuchados y vestidos de negro lo miraban.

—¿Dementores? —Christopher se levantó de golpe, seguido de Lupin pero, antes de que pudieran hacer algo, Harry metió la mano por el cuello de la ropa, sacó la varita y gritó:

—¡Expecto patronum!

Algo blanco y plateado, enorme, salió de la punta de la varita e hizo que los dementores trastabillaran hacia atrás… ¿Trastabillar?

Se oyó el silbato de la señora Hooch y Christopher miró hacia la cancha. Harry había atrapado a la Snitch y los jugadores de su equipo iban a su encuentro para abrazarlo.

El estruendo del público casi lo dejó sordo. En un instante, todo el público de Gryffindor saltó al campo para festejar.

—Iré a ver a Harry, ¿vienes? —preguntó Remus.

—No, gracias. Tengo un pequeño asunto que atender.

Christopher bajó de las gradas y fue caminando por el borde del campo. En una parte, tendidos en confuso montón estaban Malfoy, Crabbe, Goyle y Marcus Flint, el capitán del equipo de Slytherin, todos forcejeando por quitarse unas túnicas largas, negras y con capucha. Parecía como si Malfoy se hubiera puesto de pie sobre los hombros de Goyle. Delante de ellos, muy enfadada, estaba la profesora McGonagall.

—¡Un truco indigno! —gritaba—. ¡Un intento cobarde e innoble de sabotear al buscador de Gryffindor! ¡Castigo para todos y cincuenta puntos menos para Slytherin! Pondré esto en conocimiento del profesor Dumbledore, no les quepa la menor duda.

Christopher se paró al lado de Minerva, con los brazos cruzados, mientras veía a Malfoy forcejeando para quitarse la túnica, con la cabeza de Goyle todavía dentro.

—Muy bonito —comentó. Malfoy se terminó de sacar la túnica y miró al sanador como si fuera un conejo pillado en una trampa. Se acercó a Malfoy, lo tomó del hombro, acercó su boca al oído y le dijo—. En mi oficina. Ahora.