Capítulo EXTRA (II)

(Extra perteneciente al capítulo 18)

—Entonces, os quitasteis de en medio a Kenny Ackerman y su pelotón, ¿no es así? —preguntó Niles Duck, con los codos hincados en la mesa, a Hanji Zoe.

—Sí, hasta que el edificio no estuvo asegurado, no nos tomamos el riesgo de llamar a Jean y Hitch, hasta entonces era una apuesta ligeramente arriesgada.

—¿Y qué pasó después de que te volvieras a encontrar con Erwin, Armin Arlet e Historia Reiss? —cuestionó Kitz Weilman, al lado de Niles—. Según parece, el agente Smith estaba…

—¿Herido? —interrumpió Hanji—. La respuesta es sí. Pero, al menos, no era una herida de gran gravedad. Igualmente, no quería tomar ningún riesgo así que, debido a que Armin no dejaba de insistir en que nos marchásemos, decidí llamar entonces a Kirstchein y Dreyse y llevarme a Erwin de vuelta a su casa. Al final, la jugada salió bien, cuando menos nos lo esperamos, Armin e Historia ya estaban fuera de Alemania.

—Bueno. ¿Y qué ocurrió después? —preguntó Niles.

Hanji se acordaba perfectamente de qué venía ahora. Miró a Erwin, sabía perfectamente que, al otro lado, él la estaba observando. Los recuerdos llegaron a su mente de golpe y porrazo. En un instante volvió a sentir todo lo que sintió estando a su lado: Sus brazos, rodeándola, aferrándose a ella. Su calor, sus labios en su piel, sus manos recorriendo cada centímetro de su cuerpo ansiada, pero delicadamente, cómo si no quisiese que absolutamente nada saliera mal.

Sus recuerdos la llevaron a cuando a penas habían terminado de hacer el amor. Estaba debajo de él, aferrándose, con sus manos en su espalda, hundiendo su cabeza en su cuello. Entonces se miraron mutuamente. Hanji agarró el rostro de Erwin y se besaron suavemente. Ella dejó que Erwin recostara su cabeza en su pecho, y procedió a acariciar su pelo, mientras que él se acurrucaba. Tras uso instantes, Erwin se retiró y se recostó a su lado, metiéndose en la cama junto a ella.

—Vaya —dijo ella, al mismo tiempo que agarraba uno de los cigarrillos que le ofrecía Erwin—. No pensé que esto llegaría a pasar alguna vez.

—¿No? —preguntó Erwin, encendiendo el cigarrillo que tenía en sus labios, y pasándole el mechero a Hanji. Sostuvo el cigarro entre sus dedos y dijo—: Tengo que admitir que, aún así, esto no es algo de lo que me arrepienta.

—Ni yo —coincidió Hanji, encendiendo su cigarrillo y poniendo sus manos bajo la cabeza después de pasarle de nuevo en encendedor a Erwin— ¿Sabes? Pues no ha estado nada mal, hace mucho que no amo a alguien de esta forma.

—Me figuro por qué será… —contestó Erwin, volviendo a tomar una calada—. ¿Crees que se lleguen a enterar de esto alguna vez?

—¿Quiénes? —preguntó Hanji, con el cigarro en la mano.

—Zackly, Niles… Los que siempre nos tienen el ojo echado.

«Krueger», pensó Hanji, frunciendo el ceño. Y luego dijo—: Que les follen.

Erwin se quedó boquiabierto ante dicha salida. Quiso decir algo, pero Hanji se adelantó. Ella apagó en cigarrillo y lo dejó en el cenicero, y así aprovechó para tomar el mentón de Erwin y hacer que coincidiesen sus miradas. Ahora acarició la mejilla de Erwin con el dorso de la mano. Habló, en un tono más suave:

—Erwin, deberíamos de dejar de pensar en nuestro alrededor y pensar en nosotros. Me da igual que se sepa esto o no, sólo quiero estar contigo.

—Tienes razón —contestó Erwin, dejando también su cigarrillo en el cenicero, agarró la mano de Hanji y la bajó lentamente, entrelazando la suya a la de ella. La acarició con el pulgar, y prosiguió—: Oye, Hanji, me alegro de que estés ahora aquí, conmigo.

—Yo también —contestó ella.

—A partir de ahora, quiero que sepas que voy a estar ahí para lo que necesites, ahora y siempre. Lo he pasado mal con esto de las relaciones, siempre he tenido miedo de que pasara algo. Es una tortura constante. Pero contigo, ya no siento nada similar.

—Ten entiendo. Por donde me muevo no se lleva a cabo eso de amar.

Entonces, Hanji se paró un momento a pensar: ¿Alguna vez antes ella había experimentado eso del "amor a primera vista"? ¿O eso, que siempre sonaba tan cursi, que se suponía que era el amor verdadero? Eran eso, cursiladas infantiles. Cosas que, en su vida diaria, no tenían cabida alguna. Ni en la suya ni en la de Erwin, para ser concretos. Entonces, ¿por qué no mejor disfrutar al máximo esos momentos con Erwin? Total, ¿quién sabía qué podría pasar mañana? Rápidamente, quitó las sábanas y se puso encima suya.

—Hey, hey, hey —espetó él, sorprendido levantando las manos.

Hanji agarró sus muñecas y las pegó a la almohada. Qué afán a no dejarle acabar las frases, pensó Erwin. Hanji, despacio, soltó las manos de Erwin y las apoyó en su pecho. Miró un momento abajo, y luego miró a Erwin.

—¿De verdad, vas a estar conmigo siempre? ¿en las buenas y en las malas? —preguntó.

—Te doy mi palabra —respondió él

—Me alegra oír eso.

Entonces, Erwin acercó sus manos a los muslos de Hanji. Los acarició, un escalofrío recorrió el cuerpo de Hanji. Cuanto más se acercaba con la mano izquierda a uno de los pechos de Hanji, más colorado se ponía Erwin. Hanji apoyó su mano izquierda en la almohada y, mientras que cogía la mano de Erwin y la ponía en su pecho derecho, acercaba su rostro al de él. Se miraron un instante, poco a poco se iban excitando más. Se besaron con suavidad, como si así pudieran hacer que el momento nunca acabase. Ojalá fuera tan fácil, pensaron con vagancia, volviendo simplemente a dejarse llevar por el momento.

—Te amo, Hanji —dijo Erwin, acariciando el suave rostro de Hanji, después de volver a hacer el amor con ella.

Hanji se sorprendió. Era la primera vez que Erwin se lo decía, y la primera vez, quizá, en la que esa frase significaba tanto para ella, llegando hasta lo más profundo de su corazón. Sonrió, agarrando la mano de Erwin y se acercó a él.

—Y yo a ti —respondió, simplemente, y se unió a él en un largo beso.

—Hanji —la voz de Niles interrumpió el recuerdo de Hanji.

Ella volvió a mirar a su tío, tratando de que no se notase que se acababa de descentrar.

—¿Disculpe? —contestó Hanji.

—Que qué pasó después de que llevases a Erwin de vuelta a su casa —intervino Kitz Weilman.

—Le eché una mano para curarle y luego me marché —Hanji mintió—, nada más.

Le hizo una promesa a Erwin: Guardar su relación en secreto. No les interesaba que se enterase nadie, por lo que cuanto más callados estuviesen, mejor. Al otro lado, Erwin miró a su amada. Él también había tenido recuerdos de lo que pasó en ese día del que estaban hablando. Iba a echar de menos esos momentos, también. Pero ¿quién decía que eso fuera cosa del pasado?