El día se me ha pasado demasiado rápido, Tom y yo no nos hemos separado desde el desayuno.
-Es hora de dormir, pequeño.- Dice intentando quitarme de encima suyo y levantarse del sofá.
-No quiero.
-Mañana vuelves a...- Le interrumpo.
-No.
-¿Cómo que no?
-Cuanto más tarde en ir más presión recaerá sobre Dumbledore.- Digo escondiendo el verdadero motivo.
No quiero estar tanto tiempo separado de él, tengo miedo de perderle. Me de terror despertarme y ver que él ya no está a mi lado.
Me mira a los ojos analizándome y yo solo bajo la vista intentando que no vea el desasosiego y el dolor en mi mirada.
-¿Qué me ocultas?
-Nada.- Digo sin mirarle.
-Mírame.- Niego con la cabeza y alzo la vista posando mis ojos sobre los suyos. Pone cara de confusión para después cambiarla por una de horror.- ¿Por qué lloras?- No sabía realmente que estaba llorando pero así es, gruesas lágrimas de dolor caen como cascadas de mi rostro al darme cuenta de que soy totalmente dependiente de él; No podría vivir sin ver su sonrisa, sin mirar a sus ojos o estar entre sus brazos. ¿Quién sería yo sin este señor oscuro? ¿Qué sería de mí sin sus burlas o sus regaños? Sollozo de forma lastimera y le abrazo.
-No es nada.- Digo con voz entrecortada.
-Cuéntame.- Susurra.
-Tengo miedo.- Le digo de igual manera.- Estoy en un terror constante, no quiero mantenerme lejos de ti, ¿Y si te pasa algo? ¿Y si Lucius me manda una carta diciendo que has muerto? ¿Cómo crees que yo seguiría mi vida sin ti? Tu eres lo mejor que tengo, ¿Cómo esperas que siga como si nada? ¿Cómo quieres que siga mi día a día sin tu sonrisa? ¿Sin tus ojos? ¿Sin tu voz?- Acabo susurrando entre sollozos.- Te quiero, ¿Sabes? Fuiste un haz de luz entre tanta oscuridad, estaba solo, herido, me sentía traicionado y triste pero ahí estabas tú.- Niego con la cabeza mientras hago una mueca dejando en mi rostro una sonrisa rota.- Desaparecí y fue cuando te vi, sentado en ese gran árbol a un lado del lago, con tu ropa pulcra y tu postura arrogante y después...- Guardo silencio unos instantes para después proseguir.- Desperté y lo primero que vi fueron tus ojos, pensé en que no me importaría morir mientras fuera mirando esos glaciares. Sentía tu mano grande y caliente junto a mi frialdad, escuché tu voz fuerte y masculina y, me perdí. No podía hacer nada más que pensar en ti, me recriminé una y otra vez que eras el señor oscuro pero mi corazón no me hizo caso, desconectó de mi mente tu, desconectaste todos mis sentidos uno a uno dejándome un sentimiento cálido. ¿Por qué? No había respuesta alguna a mis preguntas, una tras otra pero no me importó, tú estabas a mi lado y,- Una sonrisa aparece en mi demacrado rostro.- Después probé tus labios haciendo que ya no pueda separarme más, creaste una adicción donde yo no quería una cura.
Por favor, no me alejes de tu lado.- Acabo sollozando.
Nos mantenemos en silencio tras mi relato, me abraza fuerte estrechándome entre sus brazos y encerrándome en su pecho. No hay ni un centímetro de separación entre su cuerpo y el mío.
-Pequeño.- Susurra.- Soy malo expresando mis sentimientos pero, eres lo mejor que tengo.- Hace que retire mi cabeza de su pecho para mirar sus ojos, tan cálidos, muestran ternura y amor.- No tengo palabras, es más, no hay palabras para transmitirte cuales son mis sentimientos hacia ti.- Parece confundido.- Entraste a mi vida y te enterraste tan adentro de mi piel sin avisar y yo no sabía que hacer, eras tan fuerte y vulnerable, tan...- Se calla buscando como decírmelo.- Perfecto.
Y yo estaba tan roto, tan perdido...- Suspira.- Y después te perdí, sin previo aviso y sin preparamiento, simplemente te fuiste. Me volví a encontrar solo, tan perdido, ¿Qué podía hacer sin la persona que es mi ancla en la cordura? Porque si, tú eres mi razón de ser. No puedo llevarte a citas ni ser romántico, nunca tuve que demostrar mis sentimientos, esto es tan complicado.- Susurra lo último.- Solo puedo darte todo de mi, mi cuerpo, mi vida, mi alma. Y no me arrepentiría, podría morir en este mismo momento contigo aquí entre mis brazos y me daría exactamente igual. ¿Y sabes por qué?- Niego con la cabeza sin dejar de mirar sus ojos.- Porque te amo.
Cierro los ojos saboreando sus palabras, sintiendo como cada palabra pronunciada se cuela en mi corazón curando heridas pasadas, noto como poco a poco mi alma se va reconstruyendo. Abro mis ojos nuevamente y los poso en los suyos viendo sus emociones.
-Te amo.- Susurro antes de juntar nuestros labios en un tierno beso donde demostramos todos los sentimientos anteriormente mencionados.
Nos separamos y nos miramos directo a los ojos jurando, prometiendo una vida mejor para los dos, una nueva oportunidad donde el dolor y la traición no existe.
-¿Qué haremos?- Susurra.
-No lo sé.- Admito cerrando los ojos.- La semana que viene comenzaremos el plan, aún se deben desesperar y preocupar por el mundo mágico.
Asiente con la cabeza.- Será mejor que vayamos a dormir.- Dice viendo la hora. Las tres de la mañana.
No me levanto y suspira, sonrío cuando me lleva hacia nuestra habitación dejándome entre sus brazos sin quejarse. Con un movimiento de varita nos desnuda y nos acuesta en la cama.
Me abraza.- Buenas noches, pequeño.
-Buenas noches, Tommy.- Bostezo y cierro los ojos dejándome llevar por el cansancio.
———————•———————
Hace una semana de la sincera conversación que mantuvimos Tom y yo, una semana donde demostramos lo anterior dicho sin separarnos ni un minuto, con cenas románticas y citas en el mundo muggle como si no se acercara la guerra.
Disfruté como nunca al lado del amor de mi vida.
-Hoy es el día.- Tom suspira.
Escondo mi cabeza en su cuello y aspiro su olor a chocolate, nunca me cansaré de él. -Es el día.
Me separo y le sonrío yendo hacia donde está Snape.- Llegó la hora espero que haya hecho lo que le pedí, profesor.
Asiente y me enseña una poción color escarlata, trago saliva y suspiro agarrándola.- ¿Qué es?- Preguntan los presentes.
-Es para que su pulso sea más débil y su cuerpo se vea golpeado.
-¿Qué?- Grita Tom.
-Me dejaréis en la puerta del ministerio donde yo me desmayaré y me llevarán a San Mungo y verán lo que hablamos hace más de una semana.
-¿Le dañará de verdad?- Pregunta Sirius serio.
-Es como una simulación, pero ellos no lo sabrán.
Viendo que no contestan le doy un besito a Tom y bebo la poción sin dejar tiempo a que él reniegue. No siento dolor alguno pero por la mueca de los presentes se que a dado resultado.- Vamos.- Agarro el brazo de Snape y me despido con la mano antes de sentir como mi estomago da un vuelco y la sensación de ser tragado por algo estrecho.
-Te dejo, cuídate.
Asiento con la cabeza y veo como desaparece, con paso decidido me acerco a la puerta del ministerio donde entro desplomándome en el suelo ante la vista de todos los presentes.- Ayuda.- Susurro y hago como que me desmayo.
Escucho ruido y movimiento.- ¡Es Harry Potter.- Gritos de asombro y me cogen en brazos para llevarme a algún lugar. Después de unos diez minutos me posan sobre algo cálido y cómodo, supongo que una cama.
-¿Está desmayado?- No, estoy inconsciente por gusto.
-¿Es Harry Potter?- Ruedo los ojos interiormente.
-¡Por Merlín!- Me concentro en esa voz, parece femenina.
-¿Cómo se encuentra?
-Está en estado crítico, señor ministro.
-¿Qué quiere decir?
-Muestra claros síntomas de maltrato, desnutrición y anemia. Tiene varias costillas rotas, un brazo y fracturas pasadas mal curadas.- Silencio.- Pero lo que más me preocupa son los bloqueos mágicos y compulsiones que tiene.
Escucho jadeos en la habitación haciéndome saber que hay más personas presentes.- ¿Bloqueos?- Grita un hombre.
-Sí, varios bloqueos en su núcleo mágico.
-¿Quién los ha puesto?
-¿Tiene algún riesgo en su salud?
Preguntan a la vez y sonrío interiormente, esto será bueno.
-Sí no los retiramos su magia se consumirá a los diecisiete años y morirá.- Guarda silencio.- Albus Dumbledore.
-¿Qué?- Preguntan tres personas confundidas.
-Los bloqueos y compulsiones las puso Albus Dumbledore.
-No es posible.- Varios jadeos y sonidos huecos se oyen en esas cuatro paredes.
Hago como que muevo alguna extremidad y jadeo de dolor antes de abrir poco a poco mis ojos.
Hay diez personas en la habitación, entre ellas el ministro y Lucius Malfoy.
Me siento de golpe y atraigo mis piernas hacia mi pecho mientras dejo que caigan lágrimas.- No me golpeéis mas por favor.- Suplico cerrando los ojos y escondiendo mi cabeza entre mis piernas.
Realmente debería hacerme actor en el mundo muggle.
Una mano toca mi hombro y me encojo de terror.- Por favor, no he hecho nada.- Grito preso del pánico.
-No te haremos daño.
Tiemblo de miedo intentando encogerme aún más.- Por favor, no me golpees más Tío Vernon.
Jadeos se escuchan por la habitación y un.- ¿Quién es ese Tío Vernon?
Al oír eso saco lentamente mi cabeza de entre mis piernas y miro los presentes con el miedo inundando mis facciones.
-Harry.- Dice el ministro intentando acercarse a mi.
Cierro los ojos esperando un golpe y me encojo aun más.- No te vamos a golpear.- Dice la enfermera.
-Pobrecito, está temblando.- Susurra una mujer.
-Yo no quería hacerlo, fue sin querer.- Les digo aún con los ojos cerrados.
-¿Qué has hecho, Harry? ¿Estabas con Voldemort?- Dice alguien.
-Duddley quería hacerme daño, lo hice sin pensar.
-¿Quién es Duddley?
-Mi primo, es muggle. Estaban persiguiéndome, eran cinco. Fue sin querer.
-¿Qué hiciste?
-Le empuje con mi magia, Tío Vernon lo vio.- Me encojo con miedo.- Yo no quería.- Susurro.
-Ya está tranquilo.- Dice un hombre de pelo rubio.
-El me encontrará otra vez, dijo que el castigo sería más severo.- Me encojo aún más aferrándome a mis piernas aún en mi pecho.- Dijo que no saldría de mi alacena hasta volver con los fenómenos, aún queda un mes. No sobreviviré.- Digo con miedo.
-¿Los fenómenos?
-Nosotros, los magos.
-Espera, ¿Quieres decir hasta que vuelvas a Hogwarts?- Asiento respondiendo un leve sí a la pregunta de la peli-negra.- ¿Qué día es hoy, Harry?
-5 de Julio.
Veo como abren los ojos de forma graciosa al igual que sus bocas.- ¿5 de Julio?- Asiento con la cabeza.
-Tengo miedo.- Susurro.- Si Tío Vernon ve que no estoy en la alacena me golpeara más.
-No dejaremos que te haga nada.
-¿Por qué? Dumbledore dijo que así me hacía más fuerte.
-¿Qué?- Gritan indignados. Río en mi mente.
-Sí.- Tartamudeo.- Dijo que si me revelaba hacía mis tíos él me castigaría y que así podía vencer a Voldemort.
Una magia parece descontrolada y veo con satisfacción como todos parecen enfadados e indignados.
-Ese estúpido viejo.- Dice Lucius.
Una mujer corre hacia mi y me abraza estrechándome contra su pecho.- Ya está pequeño, no volverás con esos monstruos.- Acaricia mi cabello y yo sollozo aún en mi personaje.- Ese maldito viejo.- Susurra.
-Esto no quedará así.- Dice el ministro.
-¿Me harán daño? ¿Mi amo...- Me interrumpo sonrojado.- Dumbledore me castigará?
-¿Amo?
-Así quería que le llamara.- Digo sonrojado.
Un cristal explota y miro a la mujer que me abraza.
-Vendrá conmigo en el tiempo que no esté en Hogwarts.
-¿Por que contigo, Lucius?- Dice alguien.
-Porque mi hijo es su amigo.
-¿Es eso cierto?- Dice con cariño la mujer.
-Sí, Draco es mi mejor amigo.- Digo sonriendo tiernamente.
Me mira con una sonrisa y acaricia mi cabello.- ¿Cómo alguien a podido hacerte daño?- Susurra con lágrimas en los ojos y vuelve a abrazarme.
La enfermera se acerca a mi y le da unas pociones a Lucius.- No debe moverse de la cama hasta dentro de dos semanas, reposo inmediato y muchos cuidados. Estas pociones son dos cada ocho horas. ¿Está bien?
Lucius asiente frío y se acerca a mi.- Vamos, le enviaré una carta a Dumbledore, Draco te hará compañía.
Abrazo a la mujer que llora por mi culpa.- Es la primera vez que me daban un abrazo, gracias.- Escucho como solloza y besa mi frente.
Nos aparecemos nuevamente en la mansión con Lucius y me encuentro a Tom leyendo en el sofá, Sirius hablando con Narcisa y Nagini inquieta a los pies de Tom.
Levantan la vista por el ruido y nos miran extrañados y curiosos, me acerco a Tom y me siento en sus piernas mientras le regalo una sonrisa.
-¿Cómo a ido?
Antes de que pueda hablar Lucius suelta una carcajada, todos le miramos raro.
-Este niño es mi ídolo.- Dice riendo aún.
Una vez acaba Tom le pregunta tranquilamente.- ¿Has acabado?- Lucius asiente carraspeando.- Ahora cuenta lo gracioso.
-Los a engañado a todos, ¡Hasta alguno a llorado!
Mi rostro se vuelve de color escarlata ante la mirada de todos hacia mi persona.- Solo he actuado un poco.
-¿Un poco?- Lucius deja que Tom entre en sus recuerdos y vea todo el paripé que he montado.
Me mira boquiabierto y me besa desenfrenadamente.- Manipulador.- Susurra antes de soltar una carcajada.
-Malos.- Digo haciendo un mohín con mis labios y cruzándome de brazos.
-Tierno.- Dice Tom pinchándome la mejilla.
Bufo y le aparto la mano molesto.- Malo.- Le digo sin saber muy bien que decir.
Nos aparece en nuestra habitación donde me abraza y besa mi frente.
-Y dime, ¿buenos?- Se desliza entre mis piernas y no sabiendo muy bien como acabamos en una enredado de piernas a lo indio, frente a frente, o más bien nariz a nariz ya que estás se tocaban.
-¿Buenos? -contesto confundido.
-Mis besos- Responde obvio.- ¿Son buenos o malos?- La comisura de sus labios tira hacía arriba mientras que con un muy mal intento Tom trata de no sonreír.
-Malos.- Le respondo con una sonrisa inocente.
Tom se inclina un poco más, como si no estuvieramos ya lo suficientemente cerca.
-¿Malos?- Pregunta sonriendo pícaro, de repente sus labios se encuentran sobre los míos, sus jugosos y suaves labios, encajan a la perfección entre los míos.
Primero es una suave caricia, como si me estuviera tentando, y ciertamente lo hace.
Después con su labio inferior comienza a separar los míos, se puede decir que no opongo mucha resistencia cuando su lengua penetra mi cavidad. Primero lame mi paladar y a continuación sus labios comienzan a hacer un duro baile sobre los míos, trato de no quedarme atrás y mis manos se adentran por debajo de su camisa cuidadosamente para después agarras su espalda mientras lo atraigo hacia atrás, tumbandonos sobre el edredón mientras trato de seguirle el ritmo.
No estoy muy seguro de cuánto pasó y mis pulmones están empezando a pasarme factura, maldita sea la necesidad humana de respirar, al parece a Tom le pasa lo mismo ya que se separa entre suaves jadeos, su mirada demuestra picardía y lujuria.
-¿Buenos o malos?- Vuelve a preguntar con diversión, su sonrisa me confirma que está muy seguro sobre mi respuesta.
-Malos, en realidad son muy malos. Espantosos diría yo, pero algo me dice que si sigues intentándolo podría llegar a cambiar de idea.- Girando sobre nuestros cuerpos termino sobre él y no sabría decir quien empezó a besar a quién.
Así acaba este fantástico día.
