Capítulo 37

Cien mil palomas.

A solas.

Rachel subía rápidamente hasta el solárium y se asomaba al único resquicio que le permitía ver la entrada de Central Park desde su calle, solo para comprobar como Brody y Emily cruzaban uno de los accesos del mismo. Ella podría haberlos acompañado, pero tuvo suficiente con la persecución de fotógrafos en la que se vieron envueltos dos días antes. Rachel deseaba darle esa tranquilidad a Brody. Por alguna extraña razón, aquellos paparazis solo aparecían cuando ella estaba junto al chico, mientras estuviesen a solas, nadie parecía percatarse de su presencia.

Brody solo iba a estar unos días más en la ciudad antes de regresar a Miami, y aprovechar todo el tiempo posible para estar con su hija era lo único que le importaba. A Rachel también le parecía lo más lógico. Además, de aquella forma ella también lograba aprovechar que le iba a servir para adelantar trabajo, a pesar de haber prometido disfrutar de las vacaciones.

Lo estaba haciendo. Estaba disfrutando de todo el tiempo libre del que disponía, salía a pasear con Emily y con Kate, hacia compras, jugaba con su hija y había vuelto a recuperar la rutina de estar en su hogar, cuando ya casi la había olvidado.

No hacía daño a nadie por decidir tomar un par de horas de su nueva y relajada vida, para echar un vistazo a los emails, e ir organizando su agenda para cuando regresara al teatro después de año nuevo.

Lo que no sabía era que un simple detalle iba a cambiar por completo su plan perfecto para aquella tarde.

Un mensaje. Un simple mensaje que volvió a leer por pura casualidad, cuando tomaba su teléfono para comprobar que guardaba un documento que le había enviado Gio. Un mensaje de ella, de Quinn, y que se había tomado la molestia de enviarle a las 00:45 de la madrugada, acabando con su intento de conciliar el sueño aquella noche.

Definitivamente, besas mejor que haces el café. A ver como duermo yo ahora.

Lo leyó de nuevo, y no pudo evitar volver a sonreír como lo hizo la noche anterior, y por supuesto, sentir el calor.

El calor que la había estado acompañando desde que abandonó su apartamento, y que en ese instante le hizo cambiar su plan de trabajar.

La cena con Quinn y aquel momento a solas que tuvieron en su apartamento le hizo recordar que cuando empezabas una relación, la empezabas con todo lo que ello conlleva. No solo había miradas y besos, también había deseo, ganas de descubrir a esa persona de muchas formas distintas. Era lo lógico, lo natural y algo que ella se moría de ganas por descubrir, sobre todo después de haber sido testigo de cómo era Quinn en la cama, aunque solo fuese en un ensayo del musical. Y eso empezaba a torturarla de verdad, porque había un pequeño hándicap con el que jamás pensó contar; Era una mujer, Quinn era una mujer de pies a cabeza, y ella jamás había estado de esa forma con una mujer.

Esa duda, esa curiosidad sobre cómo debía enfrentarse a algo que probablemente iba a ser inminente, la llevó a abandonar el solárium y buscar la intimidad de su habitación, con el ordenador entre sus manos y el corazón latiendo a mil, como si fuera una adolescente a punto de incumplir la ley.

Cerró las persianas, se acomodó en la cama y colocó el ordenador sobre sus piernas. Tomó una gran bocanada de aire y completamente decidida, tecleó sin miedo en uno de los buscadores; chicas haciendo el amor atinó a poner, y le bastó pulsar la tecla de búsqueda para llevarse la primera de las sorpresas.

—524.450.000 resultados en 0.27 segundos… ¿Qué diablos?—masculló cuando se decidía a clicar sobre el primero de los enlaces—¡Oh dios!, mierda, mierda—cerró rápidamente la primera de las imágenes que se abría sin su permiso—No, Rachel, no quieres ver una orgia—susurró al tiempo que lo intentaba una vez más con el siguiente de los enlaces, y de nuevo un alud de imágenes que estuvieron a punto de hacerla desistir— Un último intento—se dijo a sí misma, y tras varios minutos pensativa sobre qué buscar, se le ocurrió la mejor de las ideas; Películas de lesbianas románticas tecleó, haciendo hincapié en aquel "románticas" que debía acortar el número de imágenes que no quería ver. Su única intención era tener una leve idea de cómo debía actuar cuando llegase ese momento en su relación con Quinn, y lo que se iba a encontrar. Un poco de instrucción, se dijo así misma para autoconvencerse de que aquello que estaba haciendo, le iba a venir bien, y sobre todo a ayudarla para evitar el bloqueo que probablemente iba a sufrir llegado el momento —¿La vida de Adele? —susurró tras leer entre varios de los títulos que aparecieron en la pantalla, y rápidamente buscó el título entre su plataforma de pelis favorita. —Ok, tiene buena crítica—se dijo así misma mientras tras encontrarla, y se acomodaba en la cama, dispuesta a al menos mirar algunas de las escenas. —Allá vamos.

30 minutos más tarde estaba tan metida en la trama de la película, que ni siquiera se preocupó en avanzar en el metraje para detenerse en los momentos que más debían interesarle. Una hora, once minutos y veinte segundos después, aparecía en su pantalla la primera de las escenas que la iban a dejar sin habla.

—Ok… Apenas se acaban de conocer—susurró al ver como los personajes no parecían tener la misma inseguridad que ella—¡oh dios! ¿Lo están haciendo de verdad? —se cuestionó fijándose más en la capacidad de las actrices, que en la propia escena—¡Oh… Ok! Wow, Wow… Creo que no es buena idea—Apenas cinco minutos más de escena le fueron suficientes para decidir pausar la película, y tratar de asimilar lo que acababa de ver.

No podía, le costaba un mundo intentar verse representada por alguna de aquellas dos actrices, ni siquiera con el personaje de una de ellas, que justamente debía estar descubriendo el sexo con otra chica como ella pretendía hacer.

Pero no de aquella forma, o eso pensó. Y ese pensamiento la llevó a abandonar la cama por algunos minutos, tratando de organizar su mente del barullo de dudas que volvían a surgirle.

¿Y si no estaba preparada para algo así? ¿Y si en mitad de una escena tórrida como la que acababa de ver, se arrepentía y salía huyendo? ¿Qué iba a pensar Quinn de ella? ¿Y de su cuerpo? ¿Y si a Quinn no le gustaba lo que veía cuando estuviese con ella, de esa misma forma en la que esas dos actrices estaban?

—Dios, dios… Esto no es buena idea, esto no…—No pudo continuar autoconvenciéndose cuando el sonido de su teléfono móvil sonaba, y destruía el silencio en su habitación.

Era ella, era Quinn quien la estaba llamando, y Rachel volvía a ocupar su lugar en la cama, para atender el teléfono.

—¿Sí?

—¿Rachel?

—Hola, hola, Quinn

—Sí, esa soy yo. ¿Qué tal?

—Eh, pues bien. ¿Qué ocurre? ¿Por qué me llamas? —le dijo con un estúpido temblor adueñándose de su voz.

—Pues porque quería saber cómo estabas. ¿Te interrumpo?

—Eh… No, claro que no.

—¿Seguro?

—Sí, seguro, estaba… Estaba mirando unos emails—se excusó regresando la vista hacia el ordenador, donde la imagen congelada de las dos chicas volvía a llenarla de dudas.

—¿Trabajando?

—Sí, digo no. O sea, es trabajo, pero no estoy trabajando, solo estaba echando un vistazo a los emails y poco más. No, no pensaba… ¿Y tú? ¿Cómo estás? —Le cuestionó tras no ser capaz de acabar su excusa.

—Estoy muerta—se quejó—Acabo de salir del gimnasio y siento que mis piernas son de piedra.

—Vaya ¿Mucho esfuerzo?

—Demasiado. Creo que me voy a tomar unos días de descanso.

—Bueno, quizás deberías no hacer demasiado esfuerzo y centrarte más en el mantenimiento que en fortalecer tus piernas.

—No me viene mal que mis piernas estén un poco más fuertes, y tampoco le viene mal a mi culo—soltó divertida, pero Rachel guardó silencio al escucharla. Su mente le jugó una mala pasada, y la misma imagen que Quinn le había negado que fuera sexy, la de una chica como ella haciendo ejercicio, se cruzó en su mente provocándole un golpe de calor que temió incluso que ella lo percibiera a través del teléfono—Lo digo por lo que me dijiste, ¿recuerdas? Que debía fortalecer mi culete—añadió esperando una reacción por su parte.

—Oh, cierto, te lo dije…

—Sí, me lo dijiste.

—Pero, pero no era cierto, o sea, no te lo dije con esa intención, Quinn tú culo es… Perfecto—susurró. —Quiero, quiero decir, que no es necesario que…

—Rachel—la interrumpió— ¿estás bien?

—Sí, claro.

—Ok. Pareces nerviosa.

—No, en absoluto—respondió tratando de sonar firme, y se esmeró tanto en ello que incluso volvió a recostarse sobre la almohada. El primero de los dos errores garrafales que iba a cometer en aquella mañana.

Se acomodó tanto en la cama, que no se percató siquiera de que su pierna se posó sobre el teclado del ordenador, y la película se reinició sin que fuese consciente de ello, hasta que el sonido ambiente la alertó.

O, mejor dicho, los gemidos y las palabras cortas que las dos actrices se regalaban mientras hacían el amor, y que sonaron tan nítidos que Quinn pudo percibirlos a través del auricular, logrando que incluso se detuviera en mitad de la acera.

—¿Qué es eso? —cuestionó confusa. Rachel no respondió. De su boca solo salían inaudibles insultos que iban dirigidos hacia la pantalla del ordenador, que tras un breve pero intenso desconcierto, lograba detener. —¿Rachel?

—Eh, dime, dime Quinn.

—¿Qué ha sido eso? —volvía a cuestionarla, esa vez casi sin poder contener la risa.

—Eh, nada.

—¿Nada? No ha sonado a nada, precisamente.

—No, o sea, estoy con el ordenador y se ha abierto una de esas páginas de spam.

—Oh, claro. Así que ha sido una página de esas.

—Sí, es, es un asco.

—Ok, te creo—le dijo, aunque no lo pensaba en absoluto. De hecho, empezó a intuir que Rachel no estaba trabajando, precisamente. Y por muy descarado que fuera, no quería perderse esa versión suya bajo ningún concepto— Entonces ¿Estás ocupada con el trabajo?

—Eh, no. Ya te he dicho que solo estaba organizando algunas fechas.

—¿Puedes recibirme, entonces?

—¿Recibirte? ¿Pero dónde estás?

—Pues llegando al 15 de West Central Park—respondía sonriente—Paso por aquí cada mañana, ¿recuerdas?

—Oh, ¿en serio? ¿Por qué no me lo has dicho?

—Te lo iba a decir ahora—volvía a responder sonriente. —Me gustaría saludar a Em, y a ti, por supuesto. ¿Es posible?

—Claro, por supuesto, dame un minuto que baje y te abro. Louis no está—le respondió saliendo a marchas forzadas de la cama, y bajando las escaleras saltándose algún que otro escalón por el camino.

—Si, eso estoy viendo, que no hay nadie en la puerta.

—Tampoco está Em—le informó justo cuando pulsaba el portero para que la puerta se desbloquease, y pudiera entrar.

Ni siquiera se detuvo a mirarla por la cámara. Su única intención en aquellos minutos que iba a tardar en subir, era la de mirarse al espejo y ordenar su pelo y su vestimenta, que sus pantalones de estar por casa y la sudadera de la universidad de Vancouver, propiedad de Brody, que vestía, lucían lo suficientemente decente como para recibirla. Y, sobre todo, en eliminar de sus mejillas el rubor que del que ni siquiera era consciente, y que excusó directamente con la dichosa escena de la película.

Dos minutos. Eso fue exactamente lo que tardó Quinn llegar hasta su puerta, y Rachel apenas dejó que sonaran sus ya habituales dos golpes para abrirla, y recibir la primera de las sonrisas.

—Hola.

—Hola, Rachel—saludaba con dulzura.

—Siento, siento haberte recibido así—se excusó permitiéndole el paso—deberías haberme avisado con tiempo.

—Lo siento, ha sido un impulso. Estaba justo pasando por la puerta y... Estas perfecta—susurró mirándola de pies a cabeza.

—¿Quieres, quieres un café? —preguntó sintiendo como la mirada de Quinn volvía a encender sus mejillas.

—No, te lo agradezco, pero solo he subido para saludarte. En una hora he quedado con Taylor ¿Te acuerdas de ella verdad?

—Sí, claro, tu compañera de residencia ¿no?

—Sí, lleva varios días queriendo quedar, y hoy ya no me he podido excusar con nada.

—Haces bien—sonreía cerrando la puerta tras ella y apoyándose sobre la misma—Es bueno recuperar el contacto con las amigas.

—Lo sé, y también sé que tengo que ser un poco más social. Superman empieza a cansarse de mi—bromeó provocando la risa de Rachel—Oye ¿Estás a solas completamente?

—Sí, Em está con Brody, han ido a visitar el zoo que hay en Central Park.

—¿Y tú por qué no has ido?

—Porque la última vez que salimos los tres juntos tuvimos que huir de una marabunta de fotógrafos

—Vaya…

—No entiendo como lo hacen, pero siempre aparecen cuando estoy con él.

—Supongo que porque es el chico de moda en Hollywood—Le dijo acortando distancias con ella—¿Así que estás a solas?

—Sí, así es—respondía observando como Quinn se acercaba a ella lentamente, sin apartar la mirada de sus ojos y mordiéndose el labio. Sabía lo que estaba dispuesta a hacer y, por supuesto, ella no iba a negarse en absoluto.

—Puedo saludarte como quiero, no como debo ¿Verdad?

—Puedes saludarme como tú quieras—susurró al tiempo que veía como los labios de Quinn ya iban directos hacia los de ella, no sin antes detenerse a escasos centímetros de su boca.

—Has cometido el error de detenerte bajo el muérdago—añadió provocando la sonrisa en Rachel segundos antes de entregarle el beso.

Un beso que conseguía mantenerla contra la puerta mientras sus manos buscaban su cintura, y Rachel, sin perder un solo segundo las entrelazaba tras su cuello.

No podría jurarlo, pero a pesar de saber que aquellas escenas que había visto antes de aquel encuentro no eran de su agrado, sentía que habían conseguido excitar un poco más su estado, o quizás la sensualidad que Quinn era tan abrumadora que le resultaba imposible calmarse.

—Dios, Quinn—susurró en un breve respiro—deberías pasar más a menudo a saludarme.

—Pasaré todas las veces que sean necesarias—le dijo antes de volver a robarle otro beso, ese con mucha más intensidad y duración. Tanto que las piernas de Rachel empezaron a flaquear, y fue consciente de lo que iba podía llegar a suceder, si no lograba detenerlo a tiempo.

Lo hizo, fue capaz de separarse de sus labios gracias a su capacidad perceptiva, no porque lo deseara. —Creo deberíamos dejarlo aquí.

—¿Por? —cuestionó sin dejar de abrazarla.

—Estoy escuchando el sonido del ascensor, y es probable que sea Kate.

—¿Kate? Pero si no está aquí Em.

—Viene a comer con nosotras. Supongo que se ha adelantado un poco—musitó lanzando una mirada hacia el reloj.

—Pues que oportuna—respondía volviendo a dibujar una sonrisa en su rostro, segundos antes de besarla una vez más.

No se equivocó Rachel. Apenas unos segundos más tardes el sonido de los tacones de la pelirroja y la llamada a la puerta las devolvía a la realidad, cuando aún seguía sintiendo el calor en sus labios.

—¿Ves? —masculló Rachel apartándose de la misma, y tratando de recuperar la compostura. Quinn hacía lo mismo en el hall de entrada, y se preparaba para enfrentarse a la mirada de Kate.

Una mirada confusa a la vez que sorprendida tras descubrirla, y que no iba a tardar convertir en sonrisa.

—Oh, Hola, Quinn.

—Hola Kate—respondía serena

—¿Qué tal?

—Muy bien, ¿y tú?

—Genial, sorprendida. No esperaba verte aquí. ¿Comes con nosotros? —cuestionó lanzando una mirada a Rachel, que sin poder evitarlo había comenzado a enrojecer. Bueno quizás si lo sabía. Kate sospechaba de sus sentimientos hacia Quinn, y tras ver la reacción que tuvo al descubrirlas, no dudó en mirarla de reojo, tal y como ella sabía qué hacía cuando intuía que algo escondía.

—No, de hecho, ya me voy—respondía Quinn—solo he venido porque pasaba de camino y tenía que comentarle algo a Rachel—volvía a sonreír.

—Oh, vaya. Pues es una pena. Rachel habla tanto de ti que tengo ganas de conocerte más—le dijo sabiendo que Rachel habría empezado a maldecirla por el tono que usaba.

—¿Habla mucho de mí? —cuestionó Quinn divertida—Espero que sean cosas buenas.

—Tan buenas que dudo que seas tan perfecta—volvía a interrumpir Kate al tiempo que se deshacía de su abrigo, y se apresuraba en colgarlo en una de las perchas de entrada. Gesto que permitió que tanto Rachel como Quinn se percatasen de un pequeño detalle que la pelirroja parecía desconocer.

—Kate ¿Qué tienes en el cuello? —cuestionó la morena tratando de lograr que la conversación sobre ella misma acabase en ese mismo instante.

—¿Qué? ¿Qué tengo? —dijo cuando ya se disponía a mirarse en el espejo presidia la entrada.

—Oh dios—susurró Rachel siendo consciente de lo que era— Oh Dios, eso es una…

—¡Mierda! ¡mierda!¡mierda! —exclamó completamente enloquecida.

—Si, me temo que justamente eso parece que es—espetó Rachel divertida.

—¡No te rías! —amenazó Kate al descubrir como parte de su abrigo también permanecía manchado—¡Se han cagado encima de mí! —Exclamó y Quinn trató de contener la risotada. Algo que Rachel no hizo. Ella sí, ella se desahogó sin importarle que Kate estuviese a punto de sufrir un ataque de ira—¡No te rías! ¡Esas estúpidas palomas se han cagado encima de mí!

—Vamos Kate, cálmate—intervino la morena tratando de tranquilizarla—apenas te has…

—¿Qué me tranquilice, Rachel? ¡Tengo mierda de palomas en mi espalda! Heces, excrementos, porquería… ¿Cómo quieres que me tranquilice? Necesito ducharme, Rachel, me voy a duchar.

—Ok, ok… Haz lo que quieras. Sube y usa mi baño, si así te relajas y dejas de parecer una lunática. Y ponte algo de mi ropa. —Le ordenó, y la pelirroja ni siquiera se despidió de Quinn, que no pudo evitar estallar con una carcajada tras verla subir las escaleras en plena carrera, y soltando improperios que ninguna de las dos se atrevía a mencionar.

—Dios, creo que jamás he visto a alguien con una fobia como la de ella—murmuró Quinn tratando de acabar con la risa que la acusaba—Me daba miedo reír.

—¿Por qué te crees que la he mandado a mi habitación? Te he visto, estabas a punto de reírte y no quería que pagase su furia contigo.

—Iba a gastarle una broma, pero he visto que habría sido todo un error.

—No, jamás hagas algo así cuando a Kate le pasen cosas con las palomas. Lo digo en serio, es un tema tabú.

—Ya, ya veo…

—Emily se pone a perseguir palomas en el parque cuando va con ella, y lo hace porque Brody se lo dice. No sabes cómo se pone Kate.

—¿Hablas en serio?

—Sí. A ella no le dice nada porque es una niña, por supuesto, pero a mí sí que me amenaza con dejar incluso de venir. Y cualquier día lo hace.

—Oh dios…

—Nada de palomas con la pelirroja. ¿Entendido?

—Entendido—le respondió aún sin poder contener por completo la risa—Creo que es mejor que me marche ya. No estoy segura de poder volver a enfrentarme a ella cuando regrese—se excusó—Me da miedo.

—Haces bien—bromeó— Además, Brody debe de estar al llegar, y cuando se entere de lo que ha sucedido va a ser peor.

—Ok. Mejor me voy—volvía a repetir—nos escribimos luego ¿Ok?

—Estaré esperando—respondía sonriente justo cuando observaba como Quinn lanzaba una mirada hacia el piso, y tras asegurarse que Kate no podía verlas, se lanzó hacia sus labios para robarle otro beso.

—Cuídate, y procura salir ilesa de esa guerra que se aproxima—le dijo cuando ya abría la puerta, y salía de la casa regalándole una última mirada, acompañada de un guiño

de ojos que ya se había convertido en el arma de seducción favorita para Rachel.

Un arma que la dejaba completamente fuera de lugar, provocando que incluso algunos suspiros se adueñasen de su respiración, y se escapasen de ella sin que pudiese controlarlo.

Tuvo que esperar a que el ascensor se llevara a Quinn para poder adentrarse de nuevo en su hogar, con la tranquilidad de creer que todo estaba bien. Y decía creer porque Rachel no esperaba en absoluto lo que se iba a encontrar al subir hasta la habitación, y encontrarse a Kate en ella, tal y como le había pedido.

El segundo error del día.

El primero había sido golpear sin querer con la pierna el teclado de su ordenador, el segundo, haberlo dejado abierto y con la imagen de la película congelada en la pantalla.

—¿Has encontrado algún jersey que te…? —se detuvo Rachel, se detuvo bajo el umbral de su puerta al descubrir como Kate, que ya se había colocado uno de sus jerséis, observaba la pantalla del ordenador, y esbozaba una traviesa sonrisa al verla aparecer.

—¿Ya se ha ido Quinn?

—Eh, sí. Se, se acaba de marchar.

—Vaya, no he podido despedirme de ella—sonrió—¿Mucho trabajo? —le dijo abandonando su posición junto a la cama, y Rachel sintió que se iba a morir de vergüenza allí mismo.

No sabía que responder. No supo responder, y en vez de intentarlo se limitó a guardar silencio y dejar que Kate abandonara la habitación, como pretendía hacer en ese instante—Oye—se detuvo justo cuando pasaba por su lado— ¿Tardarán mucho Brody y Em? Tengo hambre.

—No, no creo que tarden—respondía con apenas un hilo de voz—Ahora, ahora mismo voy a preparar la comida.

—Genial—le sonrió satisfecha— ¿Te importa si meto esto en la lavadora? —añadió mostrándole su jersey hecho un nudo entre las manos—O lo lavo ya, o lo tiro a la basura, y no quisiera tener que tirarlo. Me costó una pasta. —Soltó y Rachel simplemente asintió dándole vía libre para que hiciera lo que quisiera. Tuvo que esperar a que Kate saliera de la habitación para averiguar si sus sospechas eran ciertas, o los astros se habían alineado a su favor.

No. Ningún planeta del sistema, ninguna estrella de la galaxia o de todo el universo, quiso regalarle un golpe de suerte. Le bastó mirar de reojo la pantalla del ordenador para ver como la imagen congelada de las dos chicas desnudas, en una postura que no dejaba nada a la imaginación, seguía perfectamente visible.

—Mierda, mierda—masculló lamentándose a sí misma, cerrando de golpe la dichosa pantalla y dejándose caer sobre la almohada. —Toda la película comiendo espaguetis, y la detengo justo ahí—se quejó siendo consciente de lo que le esperaba a partir de ese preciso momento.

Lo último que deseaba era darle pruebas contundentes a Kate que confirmaran las dudas que ella misma había estado intuyendo, y por mucho que tratase de explicarle que aquella escena que había contemplado en la pantalla, había sido simple casualidad, una mera anécdota de una película que duraba tres horas, sabía que estaba completamente perdida. Que iba a tener que confesarle lo que le estaba sucediendo, muy a su pesar, Y todo por culpa de una maldita paloma a la que, desde ese preciso instante, odiaría también con todas sus fuerzas.

—¡Rachel! —La voz de Kate desde el salón la sacó de su continuo lamento—¡Brody y Em ya están subiendo ¡vamos! ¡Baja y deja de trabajar de una vez! — dijo, y Rachel supo notar el tono burlón que usó.

—Dios ¿Por qué me haces esto? —susurró lanzando la mirada al techo.

—¡Vamos, Rachel! —Insistió tras no recibir respuesta alguna—¡necesito a alguien experta que sepa utilizar las manos!

—Pelirroja del diablo—murmuró la morena abandonando la cama—¡te mereces una y cien mil palomas más!