Capítulo 22
(Mousse)
Qué vueltas da la vida, ¿quién diría que después de tres años regresaría de nuevo a mi aldea? No estaba contemplado en mis planes el regresar tan pronto, pensaba esperar algunos meses más, pero el volver a ver a Kiara, había despertado sentimientos en mi interior, me hizo desear regresar lo más pronto posible, me hizo anhelar volver a verla en cuanto antes. Justamente por eso ahora me encontraba aquí, justo enfrente de la casa de mi madre, esperando su muy furioso y justo regaño.
—¿Ésta es la casa de tu madre? —me preguntó Ryoga. Yo solo asentí y me metí sin esperar una invitación.
El lugar estaba justo como lo recordaba, todo seguía en el mismo lugar, los cuadros gastados seguían colgados en la pared, el olor era el mismo de siempre. Una sonrisa nostálgica se escapó de mis labios.
—¿Mousse?
Me giré rápidamente y ahí estaba mi madre, con sus grandes ojos verdes.
—Madre —dije parándome frente a ella para hacerle una reverencia—. Lamento entrar así en tu casa pero...
No pude decir nada más, pues mi madre me paró y me dio un fuerte abrazo, al que yo respondí con placer.
—Mousse, muchacho tonto, pensé que jamás volverías, incluso llegué a pensar que tú estabas ayudando a Shampoo, pero en cuanto la vi llegar con Colagne deseché esas ideas mías —me dijo en nuestra lengua
—Perdón, pero tenía unas cuántas cosas por hacer.
—Pero ve nada más qué guapo estás —me dijo analizándome con la mirada—. ¿Y tus anteojos?
—Hay tanto que contar madre. Pero déjame presentarte a Ryoga Hibiki —dije en japonés.
Ryoga se adelantó un paso a nosotros y le hizo una reverencia a mi madre.
—Ryoga Hibiki, es un placer conocerla.
—Mucho gusto Ryoga, bienvenido a nuestra aldea —respondió en japonés.
—Gracias señora.
—Será mi discípulo, por así decirlo, aunque realmente ambos practicaremos juntos —le dije informándole a mi madre.
—Está bien Mousse, pero vengan, estaba a punto de comer.
—Gracias —respondimos al mismo tiempo.
Le indiqué a mi madre con una mano que caminara ella primero, ella me sonrió y empezó a caminar, por lo que caminamos tras ella. Nos sentamos en una mesita que me traía miles de recuerdos, recuerdos de cuando Kiara y Shampoo venían a comer del chocolate que mi madre preparaba.
—Kiara me dijo que vendrías pronto, pero no le creí —dijo en japonés para no dejar a Ryoga fuera de nuestra plática.
—Yo tampoco pensé en venir tan pronto, pero las circunstancias me trajeron de regreso.
—Designios del destino hijo mío.
Nos acercó varios platos y se sentó junto a mí, de ahí empezamos a comer en un agradable silencio.
—El consejo está listo —dijo una voz interrumpiendo nuestro agradable desayuno silencioso—. ¡Mousse!
—¡Kiara! —dije e inmediatamente me paré para volver a abrazarla.
—Jamás imaginé que llegarías tan rápido.
Simplemente le sonreí, con solo verla me había hecho sentir un aire cálido dentro de mí.
—Quería ver a mi madre —dije girándome hacia donde estaba Ryoga y ella.
—¿Decías algo del consejo? —le preguntó mi madre.
—Sí, hemos llegado a un acuerdo, los votos están listos.
—Muy bien —dijo parándose—. Mousse, Ryoga, ustedes se quedan en su casa, llegaré más tarde.
—¿Cosas del consejo? —pregunté con interés.
—Shampoo —dijo Kiara—. Colagne nos propuso un acuerdo.
—¿Puedo estar presente? —le pregunté a mi madre.
—Mousse.
—Por favor.
Mi madre me analizó por unos segundos, hasta que finalmente asintió.
—Ryoga, quedas en tu casa, espéranos aquí, ¿de acuerdo? —le dije girándome hacia él.
—Claro —dijo asintiendo.
Salimos de la casa de mi madre y nos dirigimos hacia la casa del consejo. Una vez ahí, mi madre y Kiara tomaron sus asientos correspondientes. Yo me quedé cerca de la puerta, me crucé de brazos y analicé mi entorno. Solo una vez había estado ahí, justamente por Shampoo, la cual había sido nombrada como una de las mejores luchadoras amazonas.
Shampoo entró, iba cabizbaja pero en cuanto sintió mi presencia alzó su rostro hacia mí, sus pupilas se agrandaron por la sorpresa y después me sonrió, con una sonrisa que jamás había visto, pues no había ni burla ni arrogancia, parecía una sonrisa sincera. La verdad no pude regresarle la sonrisa, no me alegra su situación, pero tampoco me sentía con ganas de ayudarla a salir de ese problema, es más, tampoco comprendía el motivo por el cuál me encontraba ahí.
—Bien Shampoo —dijo una anciana cuyo nombre había olvidado—. Te tenemos una respuesta a la petición solicitada de tu abuela.
—¿Qué han decidido? —preguntó la vieja momia, que estaba adelante de Shampoo, la cuál no había visto por su corta estatura.
—El consejo rechaza tu propuesta, Shampoo se tendrá que casar con quien nosotras estipulemos.
—Sí me permiten un momento —dijo Kiara parándose frente al consejo—. Creo que aún podemos llegar a un acuerdo.
—Kiara —dijo mi madre en tono serio.
—Ella es una buena peleadora, si algo necesita nuestra aldea son maestras expertas en nuestro estilo de lucha, ella puede enseñarle a las futuras generaciones.
—Pero la estarías subiendo de rango.
—No dije que fuera a tener los mismos privilegios, lo haría sin recibir ningún beneficio, incluso podría entrenar solo a los varones.
—¿Qué? ¿Mi nieta entrenando a hombres? —exclamó la vieja momia.
—En nuestra aldea hay grandes peleadores hombres, te recuerdo que mi esposo fue un gran luchador —le dijo mi madre en tono serio.
—No se podría decir lo mismo de tu hijo —dijo con burla.
—En el caso de Colagne, su castigo queda sin ningún cambio, tú ya no formarás parte del consejo y solo te dedicarás a cocinar para los niños y niñas de la aldea. Tenías un restaurante en Japón, ¿cierto? Pues ahora ese restaurante formará parte de la propiedad de la gran consejera, cuyo cargo ya no te pertenece —dijo Kiara mientras mi madre fulminaba a la vieja momia con la mirada.
¿Quién era ahora la gran consejera? La verdad no sabía absolutamente nada sobre el consejo, lo último que sabía era que Colagne tenía ese cargo.
—¿Shampoo? ¿Aceptas la condición de Kiara? —pregunto otra de las ancianas.
—Sí —respondió con voz firme—. Estoy dispuesta a aceptar eso.
—Bien, entonces es todo, váyanse.
El consejo se reunió cerca de una de las salidas, por lo que la vieja momia simplemente las fulminó con la mirada y salió sin decir nada, Shampoo se acercó a mí y me agarró del hombro para llamar mi atención.
—¿Podría hablar contigo?
—De acuerdo —le dije indicándole con una mano que caminara primero.
Me llevó cerca de un río, el cual siempre había sido nuestro sitio de juegos.
—Lamento todo —dijo girándose hacia mí—. Lamento tanto todo lo que te hice, lamento tanto no a ver valorado tu amor y tu amistad... Pero lo que más lamento es que ya no sientas absolutamente nada por mí. No supe valorarte, siempre te despreciaba por culpa de mi supuesto amor por Ranma.
—No tienes por qué disculparte.
—Pero lo creo necesario, así como también quiero que sepas que me arrepiento de lo que pasó con Ranma, no sé qué pensaba cuando quise atacar a Akane, supongo que la rabia me dominó por completo, sin embargo creo que ahora puedo pensar mejor.
—En verdad espero que algún día puedas ser feliz —le dije con sinceridad.
—Siempre envidié a Akane, ella tiene el amor de Ranma y tiene tu cariño, ella sin luchar y ni pelear, consiguió enamorar a los dos mejores hombres que he conocido.
—Yo no estoy enamorado de ella.
—¿No lo estás? ¿Entonces por qué la defiendes con tanta saña?
—Porque es mi mejor amiga, ella fue la única en Nerima que me demostró su sincera amistad.
—Mousse, por favor perdóname.
—No hay nada que perdonar, fue decisión mía el soportar todo lo que me hiciste, así es que no es necesario perdonar nada, dejemos las cosas así.
Shampoo asintió y se lanzó a mí, rodeó mi cuello con sus manos y recargó su cabeza en mi pecho.
—Espero que encuentres a alguien que en verdad te valore, tú vales demasiado, no dejes que nada ni nadie vuelva a abusar de ti.
—Créeme que no lo haré —dije con una sonrisa mientras respondía por unos segundos su abrazo.
—Bien, entonces me voy, tengo que empezar a empacar mis pertenencias.
—¿Empacar?
—Sí, iré a entrenar a los niños en las montañas, haré de ellos grandes guerreros, nunca nadie sufrirá lo que sufriste tú.
—Suerte entonces —le dije acariciando su mejilla.
—Suerte en tu nuevo restaurante.
—¿Nuevo restaurante? —pregunté confundido.
—¿Es que no sabes? Tu madre es la gran consejera... Cuídate Mousse.
Se alejó un paso de mí, me hizo una leve reverencia y me sonrió, después se dio la media vuelta y se alejó de mí.
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Los días pasaron y yo me quedé en la aldea para poder entrenar con Ryoga, pasábamos la mayor parte del tiempo en las montañas, por lo que en algunas ocasiones llegué a ver a Shampoo, quién se esforzaba al máximo en enseñarle nuevas técnicas a todos los niños, los cuales se veían muy contentos con ella.
Mi madre se la pasaba la mayor parte del día con el consejo, por lo que solo en las noches, durante la cena, se reunía con nosotros para platicar sobre nuestro progreso, inclusive nos dijo que si seguíamos así, pronto podríamos participar en un torneo. Kiara también iba todas las noches a cenar con nosotros, inclusive algunas mañanas nos acompañaba en el entrenamiento.
Una mañana, en la que cumplía siete días en la aldea, me encontraba sentado sobre una gran roca, Ryoga estaba cerca de mí, acabábamos de terminar nuestro entrenamiento matutino y nos habíamos tomado un pequeño descanso para poder admirar el paisaje.
—Jamás la había pasado tan bien —dijo Ryoga.
—¿Tan bien?
—Sí, tu madre es una gran persona, gracias a todos los consejos que nos ha dado he progresado mucho.
—Bueno, tú siempre has sido bueno, solo que tu obsesión por derrotar a Saotome te hacían olvidar los pasos fundamentales de las artes marciales.
—Sí, creo que tienes razón. Gracias por ayudarme a entrenar.
—También he aprendido muchas cosas de ti, sin duda fue una gran idea la que tuviste.
—Lo sé, pero la verdad lo único que quería era alejarme de Akane.
—¿Todavía le temes a su furia? —pregunté riendo.
—No te puedo negar que todavía estoy preocupado por saber que sigue enojada conmigo, pero la razón por la que me quise apartar de ella, es porque no debo seguir haciéndome falsas ilusiones.
—Yo no creo que tú estés enamorado de ella, más bien creo que solo te gustaba el cómo te trataba, Akane es una chica dulce y muy amable, si sabes decirle las palabras correctas, ella sabrá corresponderte.
—Sí, también me he dado cuenta de eso. Ella es una chica especial —dijo suspirando.
—¿Pero y esa otra chica? ¿Akari?
—Bueno, pues ella me acepta tal como soy, nunca le importó mi maldición.
—A eso se le llama amor verdadero.
—Tal vez.
—¿Por qué no la buscas cuando regreses?
—Sí, tal vez —dijo riendo mientras ponía una mano tras su cabeza.
—¡Mousse! ¡Te llegó una carta de Nerima!
Ambos bajamos nuestra mirada hacia Kiara, de un salto bajé de la roca y me paré a un lado de ella, Ryoga también bajó y se puso a un lado de mí.
—¿Una carta para mí?
—Sí, acaba de llegar y vine en seguida a dejártela.
El sobre era de color rosa, lo agarré y me alejé un poco de ellos, era de Akane. Lo abrí mientras una sonrisa se escapaba de mis labios.
"Querido Mousse.
Lamento interrumpir tu entrenamiento, pero quiero utilizar esa ayuda que me ofreciste cuando te fuiste. Necesito que regreses inmediatamente, pues te tengo un gran negocio que ofrecer, créeme que será de gran beneficio para ti.
Quiero que des clases en el dojo Tendo, solo serán por unos cuantos meses, tal vez años, mi padre hizo una de sus geniales trampas, me deseredó nombrando heredero único a Ranma, solo que si Kasumi se casa antes, será ella la que se quedará frente a él, sin embargo ella me ha dicho que no le interesa tener un dojo, lo mismo que el doctor Tofú.
Es por eso que tú eres nuestra salvación, como te dije, yo quiero abrir mi propio camino, pero también quiero hacerme cargo del dojo algún día, Ranma está de acuerdo en que tú te hagas cargo mientras nosotros estudiamos, incluso dice que puede enseñarte algunas técnicas de combate libre para que, mientras estés al frente, nuestro estilo no se pierda por completo.
Estás en todo tu derecho de negarte, pero también tómalo como una gran oportunidad para que empieces a hacer reconocido, inclusive Ryoga puede enseñar y entrenar aquí. Me iría muy tranquila al saber que el dojo queda en tan buenas manos. Piénsatelo, ¿sí?
Con cariño: Akane Tendo."
—¿Qué dice? —preguntó Ryoga acercándose a mí.
—Empaca tus maletas que nos regresamos a Nerima, tengo una amiga que me necesita —dije con una sonrisa.
—¿Te vuelves a ir? —preguntó Kiara.
—Sí, pero ésta vez, prometo venir seguido.
—De acuerdo, y yo también prometo ir a verte seguido.
La abracé y hundí mi cabeza en su cuello.
—Prometo venir para derrotarte —le dije en un susurro, ella se alejó un poco de mí para ver mi rostro. Sonrió y acarició mi mejilla.
—Es una promesa Mousse.
Continuará...
NOTAS DE LA AUTORA:
E.A Saint Mary: Gracias por tus felicitaciones y gracias por leer mi historia, espero y éste nuevo capítulo haya resuelto tus dudas, traté de hacerlo lo mejor que pude.
Y a todos los demás que comentaron, muchas gracias, ustedes son lo más importante para mí.
Sin nada más que agregar me despido.
Desde muy muy lejano, LUZ.
