Abrí los ojos poco a poco. Intentaba centrarme, miré donde estaba. La sala del animus, ahora recordaba, había entrado y… coloqué las manos en la cabeza intentando recordar lo que había visto.
-Cath, ¿Estás bien? -preguntó Mara.
-Si, solo un poco confusa.
-Es normal en la primera sesión, llevas muchas horas dormida.
-¿Horas? ¿Qué hora es? -pregunté muy confusa.
-Las 5 de la mañana.
-Madre mía, no lo parece. Siento que he estado días.
-Si, es lo normal. Al fin y al cabo tu subconsciente ha vivido todos los días enteros.
-¿Pero porque me habéis desconectado? Apenas me he acercado a algo parecido a un Orbe.
-Tus constantes empezaban a agitarse, creo que tu mente está con Loba y no estaba muy tranquila.
-Ya, es que no puedo dejar de pensar en porque le habrá pasado todo esto y quien ha podido hacerlo.
-Traquila, encontraremos al culpable. Será mejor que vayas a descansar -dijo Mara, Vamos te llevamos a casa.
-Gracias -ahora mismo no tenía mucha fuerza para conducir y podría dormirme al volante-. Matt, ¿habéis encontrado algo?
-Nada, los ordenadores están encendidos las 24 h pero no hemos encontrado ninguna pista.
-¿Podría llevarme la gorra de policía?, por favor.
-Claro, ya hemos sacado todas las pruebas que había, no creo que la necesitemos, voy a buscarla.
-Gracias.
Al poco volvió con la gorra, estaba limpia, como si no la hubiera pasado nada. Me la entregó y nos marchamos al coche. No era un viaje largo, pero me acurruqué en el asiento de atrás y me quedé dormida al poco de empezar el viaje.
Cuando llegué a casa me pareció que era demasiado tarde para llamar al veterinario a ver como estaba Loba, así que iría a primera hora de la mañana. No tenía nada de hambre, así que me fui a la cama directamente. Cerré todas las ventanas y las puertas. Me di una ducha, me puse el pijama, saqué la gorra de la bolsa de pruebas y me acurruqué en la cama con ella. Miré si tenía algún mensaje de Josh, pero nada. Aún estaría liado con el caso. Preferí no molestar y al final me quedé completamente dormida.
Apenas pude conciliar el sueño. No paraban de venírseme a la mente lo mismo que vio Elena Stone en el despacho de su marido. Aquella silueta rebuscando entre los cajones y las estanterías. Pero hubo algo que me llamó la atención, y no era igual que en el animus.
La imagen había cambiado. Al igual que en el despacho de ese tal Riley Stone, en esta imagen también había una estantería. Pero me era familiar. No entendía como o por qué. En esa estantería había algo, o era algo extraño. De alguna manera la veía mas brillante de lo normal. Me acerque a ella y…
-Cath, Cath, despierta -dijo una voz fuera de mi cabeza. Empecé a notar que me movían. Abrí lentamente los ojos, la luz me dio directamente en ellos, lo que me cegó levemente unos segundos-. ¿Estás bien?
-¿Qué pasa? -cerré los ojos con fuerza con la esperanza de que al abrirlos podría enfocar la vista.
-Estabas teniendo una pesadilla, no parabas de moverte parecías inquieta-Centré la vista y allí delante de mi estaba Josh. Tenía unas ojeras demasiado grandes, debía llevar días sin dormir.
-¿Josh? ¿Qué haces aquí? -pregunté mientras me frotaba los ojos intentando poder abrirlos de una vez.
-Ya he terminado con el caso, y te he llamado una decena de veces y no me lo has cogido, pensaba que te había pasado algo.
-¿Qué hora es?
-Las 12 de la mañana -dijo tan tranquilo. Pero a mi me dio un vuelco al corazón, me levanté de un salto y corrí hasta el baño-. ¿Qué ocurre?
-Tengo que ir a ver a Loba, dije que iría por la mañana.
-Tranquila, no se te ve muy descansada. Por que no descansas, estará dormida y ni se enterará.
-Es igual, quiero estar un rato con ella -dije metiéndome a la ducha rápidamente.
-Vale, pero tómatelo con calma, yo te espero abajo y te llevo.
-¡No hace falta! -grité por que el agua de la ducha ya estaba abierto-. Voy yo sola y después me voy al trabajo directo.
Tras unos minutos salí con la toalla alrededor del cuerpo, y rebusqué en el armario. En la cama estaba Josh, dormía plácidamente. Me vestí, cogí los zapatos y me marché de la habitación dándole un beso en la mejilla.
El ni se enteró. Bajé a la cocina, me preparé un termo de café cargado y salí de casa en dirección al veterinario.
Loba estaba mas animada. Ya quería salir corriendo, pero ella misma se hacía daño cuando intentaba levantarse, así que se quedaba quieta, estuve jugando con ella durante una hora larga. Después se la llevaron para darle de nuevo las pastillas, la dejaban completamente grogui.
Tras eso me marché al trabajo, sin olvidarme también de tener que hacer el regalo de mi madre, apenas quedaba un mes y quería que tuviera la mejor fiesta del mundo, no siempre se cumplen 50 años. Llegué al parking y dejé el coche. Cada vez que estaba allí me preguntaba cual de esos coches era el que estuvo frente a la pastelería de mi madre. A lo mejor las fotos que cogí del álbum de mi madre me lo aclararían.
Llegué a la sala de reuniones en donde estaban todos. Tenían una reunión para una misión, en la que yo no participé, yo tenía otra misión, encontrar el orbe o cualquier documento que contenta información sobre eso.
De nuevo me senté en aquella silla tan poco cómoda, pero al poco me quedé completamente dormida como el día anterior.
Segundo día de celebración y ya estoy harta. Odio todo lo relacionado con los bailes. Y más estando sola. Normalmente es Riley quien se encarga de las risas de trabajo. Pero como no está, me tocaba a mi tener risas forzadas para todos los posibles nuevos negocios de mi marido.
El traje para el último día de fiesta estaba casi acabado, me gustaba tomarme mi tiempo para que quedara bien. Aunque todavía tenía que resolver el tema de la máscara. Y en la tienda del pueblo ya apenas quedaban.
Ya era el día de la fiesta, y cada hora que pasaba me iba apeteciendo mucho menos. Tras tomar algo para comer decidí dedicarme a pintar, aunque no se me ocurría nada que pintar. Cuando se hizo la hora, me di un baño y empecé a vestirme ayudada por la doncella adjudicada a mí. Tras terminar de prepararme cogí lo necesario, la máscara y me marché a esa odiosa fiesta.
El carruaje me dejó justo en la entrada, me coloqué la máscara, ya que todos los que allí estaban llevaban el rostro tapado. Unos completamente, otros solo parcialmente, dejando únicamente la boca al descubierto. Entré en aquella casa, al lado de la puerta había varias personas. Aunque tenían la máscara puesta pude suponer que eran los Jones saludando a los invitados.
-La Señora Stone –dijo el anunciante de la casa.
-Señora Stone, que ganas tenía de conocerla -dijo el Señor Jones.
-Lo mismo digo Señor y Señora Stone, disculpen que haya venido sola, pero mi marido se encuentra fuera de la ciudad y me ha pedido que me disculpe en su nombre.
-Acepto la disculpa, pero solo a cambio de que el Señor Stone me invite a su mejor vino en cuanto vuelva.
-Se lo haré llegar -dije con una sonrisa -me agaché a modo de despedida y entré en la casa, la cual ya estaba plagada de gente.
Había gente de toda la ciudad, se notaba la riqueza de cada persona por la calidad de las telas, aunque todos se esforzaban por parecer a la clase alta.
La gente bailaba en el centro de la sala. Todos ellos se lo pasaban bien, no importaba de donde vinieran. Otros hablaban entre ellos como si se conocieran de toda la vida. Y otros muchos intentaban sin esforzarse mucho, por que no se notara que se metían con los de baja cuna. Otros muchos estaban alrededor de la mesa de comida o persiguiendo a los camareros de las copas, pues no todos tenían acceso a manjares como estos.
Llevaba allí mas de dos horas y me dolía la cara de reírme tan forzosamente con las mujeres de los nuevos clientes de Riley.
-¿Y cuánto llevan en la ciudad? -preguntó una de ellas.
-Apena una semana. Pero esperamos quedarnos para siempre.
-Eso es genial. Estoy segura de que les gustará, siempre hay fiestas aquí y haya, muchas distracciones.
-Si, estaré en cantada, aún no conozco la ciudad. Para mí es como si fuera nueva. Me marché de aquí cuando tenía seis años.
-Vaya, pues es una suerte que haya vuelto.
-Si, Estaba encantada -que ganas tenía de marcharme de esta fiesta.
La música sonaba todo el rato. Yo intentaba mantener una conversación ahora con los maridos de estas mujeres, intentando saber cuales son sus objetivos y así sería más fácil una negociación con los negocios de Riley.
-Bueno señores, creo que estamos aburriendo a la Señorita Stone con tanta palabrería de dinero y negocios -dijo uno de ellos, el que más joven parecía, aunque obviamente con la máscara puesta era imposible.
-No, no se preocupen por mí.
Llevaba demasiado tiempo allí y quería largarme, pero nadie parecía dispuesto a marcharse, y yo no quería ser la primera y que después nos señalaran por la calle, así que cogí una copa de vino de la bandeja de un camarero y me senté en un sillón que encontré en una de las habitaciones.
-Disculpe -dijo una persona demasiado para mí- ¿me concede este baile?
Delante de mí, tenía un hombre bajito, y aunque no se le viera bien la cara, en parte lo agradecía. Tenía una barriga muy grande, era un hombre muy mayor. Y por cómo se movía estaba bastante borracho.
-Lo siento, no gracias, no estoy interesada.
-Venga mujer, baile conmigo. -dijo, le pude notar el aliento desde a distancia, tuve que echarme hacia atrás.
-Disculpe, pero la Señorita está conmigo -dijo un hombre por detrás de mí. Solo con la voz pude notar que era mucho más joven que ese viejales que tenía delante-, ¿Me acompañas Querida? -tomé su mano y me sacó de allí. Menos mal, porque no sabía como librarme de aquel hombre.
-Muchas gracias -dije una vez fuera de la vista de aquel hombre.
Tenía la cara semi tapada por una máscara que le cubría la mitad superior. Podía verle los ojos, eran de un color verde muy penetrante, y una sonrisa perfecta, adornada con una perilla perfectamente arreglada, era un hombre muy pulcro.
-No se preocupe, para mí ha sido un placer poder salvar a una damisela en apuros -tomó mi mano y besó los nudillos con dulzura. Su barba no pinchaba, era como una caricia. Noté en ese momento que mi corazón daba un vuelco y empezaba a notar que mi pulso se aceleraba.
-¿Cómo podría agradecérselo?
-¿Podría concederme el siguiente baile? -dijo sonriendo y con una pequeña reverencia.
-Encantada -dije devolviéndole la sonrisa. Tomé la mano enguantada de aquel caballero y él me llevó hasta la pista de baile. Nos colocamos uno frente a otro seguidos, a los lados, de más parejas que se habían animado a bailar, chicas, por un lado, chicos frente a ellas. La música comenzó. Mientras bailábamos aquel hombre no dejó de hacerme preguntas.
-¿Como una dama como usted está sola una noche como esta? -preguntó.
-MI acompañante lleva ausente una semana.
-Siento escuchar eso.
-¿Por qué creo que no lo dice en serio? -dije sonriendo, contestando a su sonrisa,
-Bueno, si su pareja estuviera aquí, yo no estaría bailando con usted ahora.
-En eso puede que tenga razón. O a lo mejor solo tendría que pedir permiso a mi acompañante.
-Me lo apuntaré, puede que en algún momento pueda volver a hablar con usted- notaba que no dejaba de mirarme a los ojos, y sentí que los colores empezaban a salirme. -Ahora que estoy tan cerca de usted, he de decirle que tiene los ojos más bonitos de la fiesta, incluso ocultos detrás de esa mascara.
-Señor, ¿Está intentando sacarme los colores?
-Y si fuese así lo ¿conseguiría? -referí no decir nada, pero creo que mi cara, seguramente colorada, hablaba por mí.
No hablamos más durante el baile, pero nuestros movimientos hablaban por nosotros.
Desde ahí, la fiesta, aunque estaba ya en su final, fue a mejor. Estuve charlando todo el rato con aquel hombre. No sabía su nombre, y creo que era mejor así, después de esto, mi vida volvería a lo que era.
El sol empezaba a salir en el horizonte cuando los invitados comenzaban a irse, así que decidí hacer lo mismo.
Llegué hasta mi carruaje, normalmente sería el conductor quien me abriría la puerta, pero en este caso, aquel hombre decidió cambiar las normas. Tomó mi mano, la besó de nuevo, los dos hicimos una reverencia a modo de despedida y subí al carruaje.
-No puedo creer que no quiera decirme su nombre.
-Dejemos que las mascaras se lleven el misterio.
-Una máscara muy bonita, al igual que el rostro que oculta tras ella -cerró la pueta del carruaje y me dedicó una enorme y cautivadora sonrisa que hizo que en un momento mi mundo se pusiera patas arriba. El carruaje comenzó a moverse.
-Elena Stone, estás casada, no puedes estar pensando en eso -me dije a mi misma intentando que las mariposas que sentía en mi estómago pararan.
Llegué a la casa, entré lentamente en el dormitorio y me desvestí lentamente, mi mente no paraba de pensar en aquella sonrisa y en aquellos ojos. Ni siquiera me había dado cuenta de que seguía con la máscara. Cuando me quité todo me puse el camisón y me metí en la cama. Me quedé mirando la máscara agradeciendo que ocultara mi rostro, de esa manera podría cerrar ese día para siempre. Tras unos minutos me quedé dormida con aquella máscara en la mano.
Desperté al día siguiente con una extraña sensación en el cuerpo, era la mejor noche que había dormido en mucho tiempo. Al despertarme, el sol estaba en lo más alto, y por la case se escuchaba a los criados trabajar. Me levanté. Me lavé la cara y me puse un cómodo vestido. Me miré al espejo, vi el mismo rostro de siempre, una joven de ojos castaños y pelo rojizo, lo que no era muy normal y era algo que no me gustaba mucho, pero por primera vez en mucho tiempo, sonreía de manera tonta. Toc toc toc, llamaron a la puerta.
-Señora ¿Se encuentra bien? -preguntaron.
-Si, si -como si me fuera la vida en ello, corrí hasta la cama y cogí la máscara que aún estaba en ella-. Adelante -la doncella entró.
-Buenos días, Virginia -dije primero.
-Buenos días señora, disculpe que la haya molestado, pero un caballero desea hablar con el señor Stone.
-El Señor no se encuentra en estos momentos en la casa, como bien sabe.
-Si, lo sé señora. Pero ha insistido -dijo ella.
-Bien, ahora mismo bajo, y dígale a la cocinera que no desayunaré -ella se despidió y cerró la puerta.
Miré la máscara. No tuve mucha tela para hacerla, pero parece que a alguien le gustó. Guardé la máscara en un baúl al lado de la cama y bajé al recibidor.
Allí se encontraba un señor mayor, me recordaba mucho al hombre de la noche anterior, él que quería bailar conmigo, pero apenas se mantenía en pie.
-Buenos días -le saludé con una pequeña reverencia.
-Buenos días, señora Stone -dijo él devolviéndome el saludo-. Siento aparecer sin previo aviso, pero he traído unos papeles que el Señor Stone me había pedido -dijo entregándomelos.
-Disculpe, pero mi marido no vendrá hasta dentro de tres semanas.
-No se preocupe, lo sé. Solo quería entregarle esto, para que le echara un vistazo cuando volviera.
-Bien, se lo daré -dije recogiendo los papeles.
-Buenos días, Señora.
-Buenos días -nos despedimos.
Subí los papeles que me había entregado el señor y los dejé sobre la mesa. Aunque no debí de hacerlo, los miré, pues el título era bastante curioso. Tenía el símbolo templario, y a su lado "Fruto del Eden" -¿Qué es esto? -me entró curiosidad y me disponía abrirlo cuando…
-Señora Stone
-Si -cerré el documento y miré a Ray.
-Señora hoy es el cierre de la fiesta de la cosecha.
-Sí, ya voy,
Ni me acordaba. Hoy al medio día había feria en la plaza principal. Muchos puestos en el mercadillo y al finalizar, antes de la hora de cenar, un espectáculo de fuegos artificiales. Volví a la habitación y me puse un vestido de día.
Salí de casa y con algo de dinero me dispuse a hacer acto de presencia. Tras la charla del alcalde todos se pusieron a sus quehaceres, unos vendían, otros compraban, y otros simplemente iban a pasear. Apenas había nada que hacer, así que me marché a casa, no tenía muchas ganas de estar de fiesta.
Volví a la casa. El ama de llaves me entregó un sobre. Tenía la letra de Riley.
Querida Elena:
Estoy teniendo mas problemas de lo que me esperaba. Llegaré lo antes posible. Pero seguramente pasará más tiempo del que te dije. Durante las siguientes semanas necesitaré que te hagas cargo de mis negocios. Sé que nunca lo has hecho, pero lo necesitaré. Tendrás todos los papeles necesarios en mi mesa de despacho, así como la agenda de los próximos días.
Eres la mejor esposa que alguien puede tener, y por suerte eres mía. Sé que durante años tu padre te enseñó el oficio y los negocios en los que estábamos metidos, sé que lo harás muy bien.
Confío en ti. Volveré lo antes que pueda.
Te Quiero
Riley Stone
Genial, más tiempo sola. Al menos ahora estaré ocupada.
El resto del día lo aproveché para ponerme al día con los negocios de mi marido. Lo primero que hice fue mirar aquellos documentos que entregó el viejo esa mañana.
Me puse a leerlo de arriba abajo.
De lo que hablaba era sobre los primeros "Humanos" o algo parecido a eso. Según parecía ellos inventaron lo que se llama el fruto del Edén. O como se conoce en el en el ámbito religioso, La manzana de Eva.
Seguí leyendo. Todo lo que había en esos documentos podía poner patas arriba todo lo que la religión dice sobre el origen del mundo. Pero tras eso se dice que el orbe fue robado por un Assassin's o asesino, en 1506. Desde ese momento se ha mantenido oculto durante años.
Mi mente volaba hasta cuando era una niña. A mi madre no le gustaba nada que estuviera en el despacho de mi padre. Ella prefería que fuese más delicada y que estudiara piano, pintura o cualquiera de esas artes que todas las señoritas de buena cuna deben de saber. Pero había algo en las historias de mi padre que me llamaba mucho la atención. Una de esas historias tenía que ver con un Orbe con poderes mágicos que desapareció de la mano de un joven caballero. Mi padre decía que un hombre malo se lo había llevado y lo había ocultado. Cuando le preguntaba a mi padre que poderes tenía, él me decía que podía hacer "Que todo el mundo fuera mejor para mi princesa" y siempre me daba un pequeño toque en la nariz.
Siempre me encantaron esos cuentos. Pero al ver estos documentos entendí que no eran cuentos, si no historias reales. De alguna manera mi padre me estaba preparando para este momento.
Pasaron horas y horas leyendo todos los los documentos que Riley tenía sobre el mismo tema. Tenía muchos, desde el comienzo de los tiempos. Todo en lo que yo creía estaba patas arriba, pero ahora empezaba a entender muchas cosas de las que me contaba mi padre.
Aún quedaban muchas cosas por saber, pero quería ponerme con los negocios de mi marido y ayudarle con lo que fuera.
-Señora -dijo una voz desde la puerta-. La cena está servida.
-Bien, ahora mismo voy -dije terminando de leer todos los negocios que tenía.
Después de cenar me puse a terminar de leer los papeles. Por suerte, aunque no entendía muchos de los cambios que intentaba hacer Riley, las cuentas no salían. Así que me dispuse hacer algunos cambios que sé que serían para bien.
Tras trabajar me marché a la cama. Me puse a terminar de leer el último libro que tenía para entregarlo al día siguiente, tras eso apagué la luz de la vela y dormí plácidamente.
*-Bien, ya sabemos algunas cosas interesantes. dejémosla descansar. Tengo que irme -dijo el supervisor.
-De acuerdo señor James -dijo una voz de mujer. La chica que se encargaba del ordenador*
Abrí los ojos con cuidado, ya empezaba a acostumbrarme a esta extraña sensación. Tras centrarme conseguí sentarme.
-¿Te encuentras bien? -preguntó la chica mientras me quitaba la vía intravenosa.
-¿Cómo ha ido hoy?
-Bien, parece que nos vamos acercando al Fruto, aunque el supervisor cree que aún queda bastante por descubrir.
-Si, yo creo lo mismo -me levanté de la silla, miré la hora y habían pasado varias horas. Todo esto aun me era muy raro. Por que para mi era como si hubiera vivido durante días. Cuando tuve fuerzas me marché al laboratorio haber si habían encontrado algo, pero nada. Los ordenadores aún seguían trabajando.
Tras llegar a casa tenía muchas cosas en las que pensar, y por suerte o por desgracia no tenía nada que ver con el animus. Pero dedicí dejarlo un poco de lado, seguramente no conseguiría descubrir nada.
Josh estaba en casa haciendo la cena, cosa que agradecí enormemente por que no tenía muchas ganas de hacer nada. Había tenido un día demasiado largo, con demasiadas cosas en la cabeza. Cenamos, pero él se tuvo que ir a su casa, ya que solo pasaba conmigo los fines de semana, cuando "normalmente" tenía menos trabajo. Aunque no había sido así este finde. Tras cenar me rellené la copa de vino me senté en el sofá y tras llamar al veterinario para ver como se encontraba Loba, cogí el portátil y las fotos que le había "robado" a mi madre.
Gracias a las fotos y el tener acceso a una base de la policía intentaría encontrar a las personas de las fotos.
Metí las fotos en la base de datos y puse mi ordenador a trabajar. El país era muy grande, tardaría mucho en terminar la búsqueda. Así que me puse a buscar en internet el lugar donde poder celebrar el cumpleaños, junto con el decorado y el catering. No podía faltar nada.
Al día siguiente me desperté mucho más cansada de lo que me acosté. No tenía muchas ganas de ir a trabajar y esperaba que no me sonara el móvil en ningún momento. Me tomé un café y decidí ir a la pastelería de mi madre a desayunar.
-Hola Verónica, ¿Está mi madre? -pregunté al no verla por la sala.
-No, hoy no ha venido, ha dicho que tenía cosas que hacer.
-Bien -dije sonriendo.
-¿necesitáis ayuda? -dije sonriendo.
-De momento estamos bien.
-Vale, me voy a la oficina, avísame con lo que necesites.
Me senté en la silla y empecé a repasar las cuentas pertinentes, todo parecía estar en orden.
-Cath -dijo verónica entrando a la oficina- han traído unas flores para tu madre, ¿Quieres que las recoja yo?
-No, ya voy -dije terminando escribir los últimos dígitos. Me levanté y llegué hasta la entrada. Allí estaba el mensajero con un enorme ramo de rosas rojas.
-Señora Williams. -dijo él.
-Es mi madre, yo las recogeré por ella.
-Bien, firme aquí -firmé-. Muchas gracias y que tenga un buen día.
Cogí el ramo, y en el centro de este había una tarjeta.
*Por volver a mi vida*
Estaba escrita a ordenador, por lo que no tenía ni idea de quien sería el admirador de mi madre, así que dejé el ramo de rosas en su mesa, terminé las cuentas y me marché al veterinario.
Loba ya estaba de mejor humor, tenía una mirada muy alegre y estaba deseando jugar, no se levantaba, había aprendido la lección. Así que simplemente me quedé con ella intentando que cogiera el muñeco lo que hacía que se le movieran las patas de atrás, buena señal. Tras un par de horas con ella, conseguí que comiera su pienso y las vitaminas que la darían mas fuerzas.
-Parece que todo va estupendamente, si sigue con esta recuperación se podrá ir a casa antes de lo que esperamos- en ese momento se me dio la vuelta al corazón. Solo podía pensar en aquella noche y en lo que la pasó.
-Sé que esto es abusar un poco de todo lo que está haciendo, pero… -me quedé cayada un momento pensando en como iba a decírselo. Tras unos segundos de espera se lo solté-. Verá, esto no fue por accidente, Loba es una perra policía, y aunque no estaba de servicio en ese momento, ella me salvó la vida. Aún estamos investigando al hombre que entró en mi casa y la disparó.
-¿Entiendo? -y sin decir nada más- ¿Qué necesita qué haga?
-Necesito que la oculte en algún lugar donde nadie sepa donde está, ni yo misma. No quiero que la pase nada más.
-Bien, lo haré. ¿Pero cómo sabrás dónde está?
-Toma, díselo a ella, solo me fio de esta persona -le entregué una tarjeta con el nombre y el número.
-Así lo haré. Espero que cojáis al Hijo de Puta que le hizo esto, y que esté mucho tiempo encerrado.
-Así lo haré, gracias por todo doctor. Si vuelvo se lo haré saber. Dela un beso de mi parte.
Tras eso me marché de nuevo a casa. Como no me había sonado el teléfono me puse con el ordenador. Encontré a muchas personas de las fotografías. Conseguí sus números de teléfono y las telefoneé. Mi madre era muy popular en su época, era muy buena amiga de todos los que salían en ella y todos accedieron a venir al cumpleaños de mi madre. Tras varias horas de estar con el teléfono en la oreja, solo me quedaba una persona. No encontré en nada de esa persona. La base de datos no parecía querer ayudarme. Lo único que tenía para guiarme era una fecha y varias iniciales,
*1980 Con amor para A.J
J.W*
-Bien, está claro que J.W es Jenifer Williams, ¿Quién eres A. J?
Empecé a buscar por todas partes, hasta que se me ocurrió volver a llamar a la mejor amiga de mi madre, que casualmente también es mi madrina.
-¡Catherine! -dijo emocionada al escuchar mi voz.
-Hola Madrina ¿Qué tal estás?
-Genial cariño – le conté todo el plan para el cumpleaños de mi madre-. Eso es genial, le va a hacer una gran ilusión. Hace años que no ve a sus amigos, la va a encantar.
-Seguro que sí, pero aun me queda localizar a alguien, y no sé quien es. Lo único que tengo para encontrarle son dos iniciales, A.J. ¿Sabes quién puede ser?
-A.J…-dijo penstiva-, no, no me suena de nada. Puede que fuera un antiguo noviete, pero no me suena nadie con esas iniciales,
-¿Crees que si te mandara una foto le podrías reconocer? -pregunte muy intrigada.
-No lo sé, mándamela, y cuando sepa algo te digo.
-Vale Madrina, te quiero, nos vemos en la fiesta.
-Y yo a ti cariño, da un beso a tu madre.
-Lo haré, pero por favor, no la digas nada. Quiero que sea todo una sorpresa.
-Así lo haré.
Las dos colgamos. Le mandé la foto a mi madrina y después me la quedé mirando.
Se les veía tan unidos, sonriendo como dos enamorados. Él tenía el brazo sobre sus hombros y la sonreía, mientras que ella lo miraba a él sin una pizca de timidez, pero con ojos de enamorada. Los mismos ojos que vi en la cafetería -¿Quién eres?-. me pregunté a mi misma. Pero entonces una llamada me sacó de mis pensamientos.
-Cath, hemos encontrado algo en la base de datos, podría ser el que entró en tu casa.
-Bien, ya voy -colgué el teléfono. Me levanté, pero sentí que me mareaba intensamente. Mi vista se nublaba por momentos, lo último que vi fue la fotografía que había en la estantería, rodeada de un halo dorado. Conseguí enfocar la vista pero desapareció. Me acerqué a la foto. Pero solo estábamos nosotros dos. Volví a dejarla en su sitio. Tomé un vaso de agua y me marché a la fundación.
Al llegar fui directamente al laboratorio. Allí estaba Matt, sentado en uno de los ordenadores tecleando sin parar.
-Matt.
-Que bien que ya estes aquí, hemos hecho muchos avances.
-¿Tenéis al que entró en mi casa?
-No exactamente, pero hemos identificado la tela que Loba le arrancó.
-¿Y?
-Es cuero, yuno de muy buena calidad.
-Eso no dice nada.
-No, si esto -me enseñó una imagen por ordenador del tejido. En ella se podía ver un bordado muy bien cosido, a mano.
-Templarios…-dije al reconocer el dibujo.
-Si, pero no cualquiera.
-Estas fibras naturales solo las llevan los Templarios en la alta pirámide.
-¿insinúas que el gran maestre de los Templarios estuvo en mi casa?
-No lo creo, este debe ser uno de sus soldados, y uno en muy buena posición.
-Creo que hay algo en mi casa, algo que ellos quieren.
-¿El Orbe? ¿Crees que David lo encontró y por eso lo mataron?
-No lo sé. Pero algo tiene que haber. No encuentro otra explicación…
-Tranquila, le encontraremos -me dijo con una sonrisa. Yo le contesté con otra.
-Catherine, me alegro de que estés aquí -dijo Mara-. El supervisor quiere que entres de nuevo en el animus. Parece que has encontrado algo grande.
Seguí a Mara hasta la sala de reuniones, allí, Anna y el supervisor estaban metidos en unos papeles muy antiguos.
-Oh bien, ya estas aquí -dijo el supervisor, se acercó a mi y me entregó unos documentos que tuve miedo de tocar por si los rompía-. ¿Te suenan? -me dijo el supervisor.
Los miré detenidamente, eran los mismos documentos que Elena Stone estaba estudiando. El mismo documento que aquel hombre le entregó a su marido.
-Son documentos sobre el Orbe. Elena los estuvo estudiando, hablaban de la manzana de Eva.
-Si, pensábamos que el paradero del Fruto del Edén estaría en ellos, pero no.
-No, no cuentan nada de eso, simplemente explican la verdad de la raza humana como la conocemos hoy en día. Hablan sobre el Orbe, pero solo dicen que un tal Ezio Auditore lo escondió en 1506.
-Si, eso es hasta donde sabíamos.
-si, pero cuando ella siguió leyendo entendí que no había solo un Orbe, creo que hay miles de ellos, todos fabricados por los llamados Precursores.
-¿Qué te hace pensar eso?
-No lo sé, es un presentimiento -dije.
Me quedé pensando en un sueño, una madre, una hija y un colgante… desde que esto empezó siempre tuve la certeza de que eso es más de lo que aparenta.
-¿Quién es el padre de Elena Stone? -pregunté cambiando de tema.
-Por lo que sabemos era un antiguo general, y un soldado de los Templarios. gobernaba la ciudad en 1800, pero siempre quería más, quería escalar a lo más alto. Así que cambio el control de la ciudad por un cargo mayor en la organización Templaria. -dijo mientras iba tecleando en el ordenador y la pantalla iba cambiando a la vez.
-Se lo entregó al padre de Riley. Con esta venta, Stone subió de nivel dentro de la Organización de los Templarios.
-Y que se le dio a cambio… no creo que solo quisiera el control de la ciudad. Subir tanto en una organización, tendrá un gran precio. ¿Qué le entregó?
-A ti, bueno, a Elena.
-¿Vendió a su hija a cambio de subir puestos? -pregunté anonadada.
-Si, cuando cumpliera la mayoría de edad se casaría con el hijo mayor de los Stone. Una familia llena de Templarios desde los orígenes.
-¿Y la Madre?
-No se sabe mucho de ella. Despareció antes de que se marcharan de la ciudad, ¿Por qué lo preguntas?
Simplemente me quedé cayada, no quería dar nada por supuesto, no sin antes estar completamente segura.
-Necesitamos que entres en el animus y continúes, seguramente entre todos los documentos de Riley es posible que encontremos el Orbe -dijo el supervisor ante mi silencio.
-Pues vamos.
Volví a sentarme en aquella silla y me dejé invadir por el sueño.
Había pasado otra semana, me dediqué esencialmente a entender en todo lo que Riley estaba metido. Negocios en las minas, en la construcción, incluso tenía negocios con el papa, cosa que no entendía. Pero preferí no preguntar pues parece que las cuentas llevaban paradas bastante tiempo. Me dediqué a poner todo en orden y después redacté y mandé una carta con todo lo que encontré y lo que hice.
Ya era bastante tarde, así pensé en irme un poco a leer, pero el aire era agradable y no quería estar metida en una sala. Tampoco ir me a sentar bajo la sombra de un árbol, así que solo quedaba un sitio. Cogí el libro y salí de la casa.
-Ray, salgo a dar una vuelta.
-Bien señora -me contestó él.
Cogí a Prue, mi yegua. Ya una vez fuera de la ciudad, ordené a prue que empezara a correr. Llegué hasta una antigua iglesia, estaba en ruinas, pero aún quedaba alguna de sus torres en pie. Bajé del caballo y la dejé pastando, yo localicé algunas piedras que sobre salían, me agarré a la primera, después a otra más arriba, otra, y otra más. hasta llegar arriba del todo, a unos 10 m de altura. Allí nadie me molestaba, y estaba fuera de la vista de todos los que me conocían. Me senté en la cornisa y abrí el libro. Pero, no era solo eso. Lo había escrito mi madre para mí cuando era pequeña, antes de que desapareciera., era su diario. Era lo único que me quedaba de ella. Eso y la iglesia donde estaba sentada.
-No es un lugar muy seguro para estar leyendo -dijo una voz a mi espalda.
-Sin embargo, resulta tranquilo y agradable, y por su puesto nunca esperaba que alguien me encontrara aquí. Y mucho menos subir 10 m.
-No soy alguien corriente.
-De eso no cabe la menor duda.
No le miré en ningún momento, pero su voz me resultaba agradable y familiar.
-Entonces solo cabe preguntarse que es usted.
-Digamos que alguien con una curiosidad extrema por saber que hace una dama como usted sin compañía.
-Mi compañía lleva fuera de la ciudad demasiado tiempo -dije.
-Es una pena.
-Señor, porque creo que no lo dice enserio -pregunté con una sonrisa, pero obtuve respuesta.
Al girarme, se había marchado de la iglesia. No le vi. Era rápido.
Mientras tanto seguí leyendo el diario de mi madre. Hablaba también de un orbe. Uno muy poderoso. Decía que era el primero que desapareció de manos de los precursores. "Los creyentes lo llaman La Manzaba de Eva" eran las mismas palabras que se hallaban en los documentos que le habían traído a mi marido días antes. Lo entendí todo en ese momento. Riley no se habido a mirar los negocios, había ido a buscar el Fruto del Edén.
Después de tantos años de entrenamiento y conocimiento sabía perfectamente que no podía dejar que alguien como él encontrara el Orbe y mucho menos que lo usase. ¿Pero cómo lo detendría? Bajé de la torre y me acerqué a Prue. Ella estaba tranquila comiendo, guardé el libro en la bolsa que tenía y encontré dentro de esta un pergamino. No tenía nada escrito en él, pero si se podía notar un relieve, pero era muy difícil visualizarlo. Me coloqué la capucha que tenía la capa que llevaba y decidida monté a Prue y volví a la ciudad. Aunque era muy de noche, aún no iba a volver. Tenía que hacer una parada antes. Me bajé del caballo y lo amarré a un establo que había cerca para que bebiera agua, Pagué al dueño y seguí mi camino. Llegué a una casa. Entré por la verja, la entrada principal y llamé.
-¿QUIEN DIABLOS ES A ESTAS HORAS? -gritó una mujer dentro de la casa. Abrió la puerta -¿Quién eres tú? ¿A que vienen esas pintas? -dijo ella. Me quité la capucha y sonreí a la mujer -No puede ser -dijo ella muy sorprendida- Pasa.
Tras de mí cerró la puerta.
-Hola María.
-Vaya, vaya, no me esperaba esto… Elena -dijo ella son una enorme sonrisa. Nos abrazamos, hasta casi hacernos daño -¿Cuánto tiempo ha pasado?
-Demasiado.
-Escuché que unos nuevos ricos habían llegado a la ciudad, pero nunca me esperé que fueras tú. Cuando te ví en el mercado no me lo quería creer, ¿qué haces aquí?
-¿No puedo venir a ver a una vieja amiga?
-Claro que si, pero las amigas vienen a comer o a tomar pastas en la tarde. No aparecen en plena noche con la cara tapada. ¿Qué te preocupa?
- Necesito la ayuda de tu madre -dije seria y con algunas prisas.
-Ella, murió, hace 10 años -dijo con mucha pena.
-Lo siento, no tenía ni idea -dije con gran angustia, pues nunca lo supe y no pude estar con mi amiga en el peor momento de su vida.
-Tranquila, no es culpa tuya. Ya sabes como es esto -dijo medio sonriendo-. Pero puedo ayudarte yo -dijo ella muy decidida.
-¿Aprendiste el oficio? -pregunté muy curiosa, pues ella nunca quiso ser de esa manera, la admiraba, pero ella deseaba ser una gran noble y casarse con un hombre muy rico.
-No me quedó más remedio, me aburria mucho cuando te marchaste – la sonrisa de ella era tal y como la recordaba, siempre tan sincera -Dime, ¿Qué necesitas?
Le entregué el papiro.
-Es un papiro en blanco.
-Eso parece, pero tiene un relieve muy peculiar en el centro, pero no puedo verlo, y seguramente tenga algo escrito. Sé que tú podrías leerlo.
-Bien, vamos a ver -empezó a caminar por la casa, yo la seguía muy cerca por detrás.
La casa estaba igual a como la recordaba. Era una gran casa. Siempre había cachivaches por todas partes, artilugios que la madre de María hacía y vendía para poder comer. Mientras paseaba, iba recordando las trastadas que hacía cuando mi madre me llevaba allí. María y yo conseguíamos poner de los nervios a todos los sirvientes de la casa. Pero ahora, después de 20 años, había perdido su brillo. Ya no se escuchaban las llamas en la chimenea, ni nada que no fueran nuestros pasos.
-María, ¿Qué ocurrió? -pregunté llegando a una sala mucho más grande.
-Cuando os fuisteis, después de que tu madre desapareciera, los Stone se hicieron con el control de la ciudad. Muchos ciudadanos nos opusimos a ellos, pero eran más fuertes. Desde ese momento la comida empezó a escasear, y no había nadie para ayudarnos, así que nos sometimos a ellos. Se llevaron todo, los cuadros, las cosas de mi madre. Los criados se marcharon. No nos quedó nada. Solo esta casa, y por suerte la sigo protegiendo como puedo, construyo cosas y las vengo en el mercado con bajo el alias de un hombre -me explicó ella-. Y así hemos estado viviendo. Pero dejemos de hablar de mí, ¿Cómo te vala vida de casada? Cuéntame que tal todo.
Volvimos a ser como cuando éramos pequeñas. Hablando sin parar, riéndonos de tonterías.
-Así que hay alguien espe…
-No, no, no, estoy casada recuerdas. Nada de personas especiales.
-Vale vale, pero es verdad., y lo sabes -dijo sonriendo.
-Anda, háblame del papiro.
Ella sonrió y volvió a coger el trozo de papel.
-Esto ya lo he visto antes. Creo que tu madre se comunicaba de esta manera.
-¿Estás segura?
-Si, mira – colocó el pergamino cerca del fuego y poco a poco fue surgiendo algo de él.
-Eso es… -dije al ver una enorme V…
-¿Una V? quien manda una V a alguien.
-No es una V., saqué el diario de mi madre y lo vi-. Es el símbolo de los Assassin's.
-¿Qué vas a hacer?
-No lo sé. Pero creo que es hora de irme.
-Espera, si te preocupa algo, ven a verme.
´-Lo haré, eres mi mejor amiga. Ven a verme cuando quieras, estaré encantada de tenerte en casa.
-Bien, me sentará bien una cena de ricachones -dijo bromeando.
Me despedí de ella. Subí a mi caballo y volví a casa.
La casa dormía, así que no quería hacer ruido. Llegué a la habitación, me puse el camisón e intenté dormir. Pero no podía. El diario de mi madre, aquella persona en la iglesia, tenía el mismo olor que la persona que entró en el despacho aquella noche.
*Así que la madre de elena Stone era Assassin's.
-Eso parece, y entrenó a Elena -comentaban fuera.
-Sacadla, debería descansar.
-Espera, está soñando -Dijo Mara.
-Es normal, Elena está durmiendo -dijo el supervisor.
-No, no es Elena, es Cath. Según las constantes el sueño es de Cath, pero sigue dentro del animus.
-Aclararme eso, y sacarla cuando podáis. Si continua mucho mas puede que el Efecto Sangrado sea Mayor -dijo el supervisor son aire preocupado*
Me quedé dormida, pero empecé a soñar con mi madre. Mi padre la descubrí un día. Estaban cerca de casa, yo los miraba desde la ventana de mi habitación, pero hacía tiempo que no veía a mama que salí de casa y me fui acercando lentamente a ella y a papá. Cuando llegué vi que estaban discutiendo. Estaban lejos, no sabía que decían, además de que los truenos de ese día enmascaraban sus voces. Pero un trueno iluminó la escena, mi padre clavó su espada en mamá. Solo tenía 5 años cuando pasó. No recuerdo más. Al día siguiente me desperté en mi cama y pensé que todo había sido un sueño. Ese mismo día nos marchamos de la ciudad para no volver. Por más que le preguntaba a mi padre sobre por que mamá no vino con nosotros él no me respondía, así que, tras 2 años, dejé de preguntar. Entonces me enseñó su oficio, se preocupó que tuviera la mayor de las educaciones. Hasta que me casó con los Stone por obligación. Yo fingí estar enamorada de él, pero en mi interior siempre supe la verdad. Mi padre, un templario mató a mi madre una Assassin's. Eso era algo que nunca podría perdonar, por más padre mío que fuera.
Desde pequeña, a medida que pasaban los años fui entrenando por mi misma. Me sube a los edificios que encontraba, siempre cuando mi padre estaba demasiado ocupado como para estar pendiente de mí. Peleaba con la espada y todo lo que podía, todo lo que mi madre me había enseñado, además del diario que escondí para mí en donde ella me explicaba todo. Desde siempre pensé que ella sabía que moriría a temprana edad y me legó esto para que siguiera sus pasos.
-Jenifer. ¿Que te ocurre?
-Adam yo… estoy embarazada… -dijo Jenifer con una gran sonrisa, aunque con miedo por lo que pudiera decir.
- Eso es fantástico -dijo él abrazándola con amor.
Momentos de felicidad, un bebé en la tripa de su madre y un padre feliz.
…
-Deberías marcharte Jenifer -dijo el hombre, muy serio, demasiado, pero también con aire de preocupación.
-¿Qué estás diciendo?
-Los templarios se multiplican cada día, no podemos hacer nada. Tienes que marcharte y llevártela.
-Pero que dices, es tu hija.
-¡Por eso mismo! Hay que protegerla, si los Templarios se enteran que es…
*¡SACADLA YA!
-No puedo, no me deja sacarla. Parece que el ordenador no me hace caso.
-¡Mierda!*
-¿Y qué pasará con ella?
-Será mejor que no se entere de cuales son sus orígenes -dijo él sin mirar a la mujer, que ya mantenía a un bebé entre sus brazos-. Ocúltala todo. Debemos mantenerla a salvo, que viva una vida normal.
-Ella no es normal, y lo sabes -dijo Jenifer marchándose por la puerta.
*-Desconecta el ordenador.
-Eso podría…
-¡Hazlo!*
-Lo siento hija mía -escuché una voz muy dentro de mi cabeza…
Después todo se volvió completamente negro.
