En este capi hay muchos personajes OCC de mi autoría, les agrego una explicación para que no sea lioso leer, aunque ya los he mencionado bastante en los capis anteriores.

Aquí van para explicarlos.

Noberto I: padre de Norberto y Sotma

Ivette: madre de Norberto y Sotma; mejor amiga de Bertha.

Gyselle: Madre de Ivette, curandera de la familia real Burglar.

Ingrid: Esposa de Eretson, madre de Eret hijo de Eret (y en un futuro, madre adoptiva de Heather)

Mivenn: La seid, vidente.

Emma: madre de Dagur, Karena y Heather; esposa de Oswald.

Argus y Olsen: miembros radicales del Concejo de Berserk.

.

.

.

.

Capítulo 23: Esto lo cambia todo

.

.

.

A diferencia del heredero de Berk, quien nació a finales de febrero, "Astrid" Camicazi Essen (Hofferson) nació en plena primavera, cuando las flores habían abierto sus botones, y de tormentas irregulares. Habían pasado un par de meses desde la presentación de la pequeña heredera al trono.

El día que acordaron hablar de los pormenores del arreglo nupcial, los jefes estaban dispuestos a negociar. Los altos mandos de las islas se reunieron en Berserk.

-No me siento tranquila dejando a Cami. –musitó la maternal Bertha mientras esperaba a los jefes de la isla anfitriona en el Gran Salón de la fortaleza.

-Lo sé, yo tampoco. Pero podremos ir con ella si hablamos pronto del tratado. –animó, Erick, pasando su mano por la espalda para darle comodidad.

La mujer nívea le sonrió, agradeciendo el apoyo, aunque inmediatamente después, cambió su semblante por uno de decepción.

-Tampoco quiero hacer este tratado. No quiero comprometer a nuestra hija con alguien que ella no ame.

El rubio le sonrió. –Bueno, no sería la primera que se libra de un matrimonio arreglado. –recordó con tono coqueto.

Como era bien sabido los jefes de la isla ya planeaban una escapatoria para el tratado inquebrantable que había quedado pendiente con los Berserk; después de todo, fue la promesa que le hicieron a Alfred en su lecho de muerte.

El acuerdo al que se llegó con los jefes de ambas islas fue que se sugería un compromiso, el cual se concretaría de manera oficial cuando ambos herederos al trono llegaran a la mayoría de edad, es decir a los 18 años de la princesa.

Los de Berserker quedaron conformes con la idea, sabiendo que la voluntad del antiguo jefe Alfred había sido unir ambas islas por medio del matrimonio de los príncipes.

Sin embargo para Erick y Bertha fue una batalla perdida, pues no deseaban que su hija se viera envuelta en un compromiso y matrimonio sin amor, por lo que la última cláusula del tratado mencionaba que sería decisión de los jóvenes seguir con el tratado o anularlo, verificando que esa decisión no alterara los compromisos ni los acuerdos de ambas islas; aclarando también que para evitar una rencilla barbárica debían dar el nombre de otro heredero con quien seguiría el acuerdo, otorgando la posibilidad de ser un varón o una doncella allegados a la familia, por mero formalismo; y, de interponerse, la isla afectada podría demandar una guerra por incumplimiento; incluso aquel que traicionara o alterara podía desatar una guerra.

Esa condición no les pareció nada a los burglars, pero tampoco podían imponerse, debido que los berserkers ya habían cambiado sus planes originales.

El acuerdo principal era que Bertha y su esposo Erick, el Bravo, dieron la mano de su hija a cambio de la paz y protección de la isla; o al menos es el comunicado que se daría en las islas.

A cada uno de ellos se les dio copia del tratado, fueron firmados, y se llegó a la negociación que en un par de meses se volvería a firmar para hacerse oficial, pero esta vez en Bog Burglar, mientras tanto, todo podía variar.

Una vez que terminó la reunión con los jefes y asesores, los líderes salieron de caza mientras que las jefas practicaron el tiro con arco.

-¿Y cómo se llama tu hija? –preguntó Bertha, viendo a la bebé que dormía plácidamente en los brazos de una niñera.

-Heather. –comentó Emma, la orgullosa madre.

-Es preciosa. –reconoció la jefa burglar, desde lejos. –Veo que se parece a Karena, y claro a ti.

La jefa sonrió agradecida. –Cuando nació llegaron regalos de muchas partes, Stoick mandó un hermoso cuerno grabado, y no olvido el collar de esmeraldas que mandaron ustedes, dime ¿ocurrió lo mismo con Camicazi?

Bertha negó con sencillez. –No en realidad, Bog Burglar no es tan conocida, no hemos dado la noticia a la isla debido a la muerte de mi padre, aunque ya pasó un año.

-Lo entiendo, es increíble cómo manejan toda la riqueza de la isla y siguen manteniéndose con esa sencillez. El padre de Oswald quería Bog Burglar por el oro.

-Bueno, para nosotros, o al menos según la educación que se da en la isla, manejamos el oro como regalo, hay que cuidarlo y valorarlo, no comerciar con él. Hay leyendas en nuestras tierras, una enseñanza importante es que el dolor se transforma en algo valioso, no hay oro si no hay esfuerzo previo.

Emma se maravilló por la sencillez de la muchacha. –Eres una gran jefa, Bertha.

-Bueno, aún no es oficial. –se encogió de hombros. –Pero cuando sea la coronación tengan por seguro que serán invitados.

La berserker se motivó, le encantaba salir de la isla. –Yo quiero que mis hijas conozcan a la tuya, espero que Karena y Heather puedan ser buenas amigas de Cami.

La burglar suspiró. –Algo me dice que así será.

Siguieron preparándose en algunas maniobras de arco, cuando Emma lanzó una flecha, dando justo al blanco en el hito de entrenamiento.

-Nada mal. –reconoció Essen. –Pero, me gusta más con un hacha. –lanzó el arma, presumiendo de sus habilidades aprendidas partiendo la flecha en dos. –Mi esposo me ha dado clases.

-No sabía que fueras aguerrida, la mayoría de las consortes de los jefes prefieren lucir como flores delicadas, pero, en mi opinión. –lanzó su daga personal, abriéndola en dos, pegándole a los dos puntos de entrenamiento, asombrando a la invitada.

-Excelente arma y estrategia. –felicitó Bertha, incluso con algo de envidia, a ella todavía le costaba maniobrar algunas acciones. –En definitiva tienes que enseñarme a hacer eso.

-Dos hachas son mejor que una. –ironizó la berserker.

-Eso sí. Por cierto, hay algo que te quería preguntar. Es sobre Alfred. –cambió el tema de manera abrupta, dejando el arco a un lado suyo, permitiendo que los sirvientes de la jefa limpiaran la zona.

Al escuchar ese nombre, Emma se sobresaltó, aunque fingió muy bien el desinterés.

-Dime. –comenzaron a platicar.

Bertha tomó suficiente aire, empezando a narrar sus inquietudes.

-El momento en que Alfred murió, mencionó a… Karena, tengo entendido que es tu hija mayor, ¿él la quería mucho?

Emma casi se atraganta, no pensaba que sus secretos familiares se vieran envueltos, mucho menos por el moribundo de su cuñado.

-¿Qué más te dijo? –preguntó, preocupada.

-Sólo eso, eso y que él… había tenido un amor, pero nunca supe con quién. –se encogió de hombros. –Bueno, eso lo comentó cuando estábamos comprometidos.

La berserker sólo observó a su invitada, le daba confianza, pero no la suficiente para llamarla amiga y mucho menos para contarle con lujo de detalles lo que ella conocía.

-Karena era el nombre de mi hermana mayor, ella y Alfred se enamoraron hace tiempo, pero nunca pudieron casarse. Kary, así le decíamos, murió hace un par de años en un accidente, poco después yo di a luz a mi hija, por eso la nombramos así, para honrarla. –explicó con rapidez. –Seguramente recordaba a mi hermana.

-Entiendo, bueno, supongo que ellos están juntos ahora en el Valhalla. –expresó, empática con su antiguo prometido al entender el dolor por el cual él debió haber pasado cuando murió su gran amor.

Emma asintió, buscando cambiar la conversación. Nadie debía saber los secretos de su hermana, cuidaría la memoria de ella y su reputación se mantuvieran intactas.

.

.

.

En el Gran Salón de Berk los mandatarios tomaron asiento.

-¿Qué sucedió con mi hermano, el jefe Dagur? –preguntó Karena, aceptando gustosa una bebida caliente para amortiguar el viaje frío.

Karena hacia un excelente papel representando el trono de Berserk, y se sentía apoyada con Norberto y Sotma a sus espaldas.

Por otro lado, con ella también estaban dos representantes del Consejo de su isla, los más radicales allegados de Dagur. –Sí, díganos qué ocurrió para que terminaran aquí, cuando habían ido a buscar el oro para regalo de la prometida del jefe.

Astrid recordó el plan que habían inventado y el que ya le había contado a Stoick.

-Así es. –se adelantó Stoick. –Mi hijo estaba sobrevolando porque había un mensaje de auxilio de una de nuestras flotas que escoltaron a los jefes a sus respectivas islas después de la cumbre. –dijo con autoridad, dando a entender que no lo contradijeran.

-Exacto. –continuó Hiccup, siguiendo el plan de su padre. –Una vez allí descubrí que el barco de Dagur estaba solo en altamar, la isla más cercana de donde detecté la corriente era una isla abandonada. Sobrevolé por si alguien ocupaba ayuda. –trató de explicar lo más claro posible.

-Entiendo, ¿y cómo es que llegaron a Berk y no a Berserk? –preguntó Karena, en papel de mala, que incluso llegó a cuestionar a Astrid acerca de su lealtad.

-Dagur estaba siguiendo la tradición, buscaba el oro para mi regalo. –informó rápidamente. –De repente empezó a nevar muy fuerte y un dragón apareció. Intenté detenerlo, pero el dragón parecía muy alterado, seguramente por los cazadores.

-Eso es porque son bestias monstruosas. –alardeó uno de los del concejo. –Si hubieran matado al jefe…

-Pero no está muerto. –Stoick golpeó la mesa, poniéndose de pie. –Dagur está recuperándose gracias a los cuidados de mi mejor curandera, también, a pesar de haber lastimado a mi hijo creo que Berserker está en deuda con Berk.

Las palabras habían sido dichas, la negociación dependía de la astucia de Karena.

-Berk y Berserker no tienen un tratado de paz, no pueden comerciar con la vida de nuestro jefe, ustedes tiene un rehén, esto es traición. –alegó uno de los del concejo.

-Sería traición si fuéramos aliados. –opinó Gobber. –Cosa que no somos, no desde hace unos años. Pero Berk no quiere guerra con ustedes.

-¿Entonces qué desean? Agradezco que salven la vida de mi hermano y la de su prometida. –opinó Karena, en su papel. –Como hemos mencionado, las islas no son aliadas, y aunque me gustaría que lo fueran, me temo que la cumbre ya pasó y no puedo hacer alianzas de paz por mi cuenta, a pesar de ser jefa interina mientras mi hermano mejora, yo debo seguir el protocolo. Sé que tienen a mi hermano el jefe de mi isla, y debo ver por el bienestar de mi gente. Una guerra en medio invierno no es favorable para nadie.

La soltura y confianza con la que hablaba asombró a los presentes, ella parecía la jefa de la isla.

-Concuerdo con usted, lady Karena. –coincidió Stoick, empezando a entender el trasfondo de sus palabras. Una guerra no es viable. Nosotros tenemos en resguardo a su jefe, podemos darlo como ofrenda de paz.

-Nuestro jefe está convaleciente. –reclamó Argus, el del concejo berkserker. –Eso es tratarlo como comercio.

Astrid estaba callada, pero en su corazón estaba a la defensiva.

-Damos muchos rodeos. Ya que establecimos lo obvio…

-No es todo, lady Karena. –interrumpió Hiccup. –Dagur intentó matarme. -mostró superficialmente la herida en su pecho.

-Berk puede tomar represalias por el acto de atentar al trono hooligan. –amenazó Stoick.

-Además, amenazó a mi sobrina. –agregó Gylda, sin poderse quedar callada nuevamente.

Por fin a conversación iba por buen rumbo, un poco más y el mismo concejo es el que daría el primer paso.

Mientras tanto, Argus y Olsen estaban sudando frío, conocían al jefe y sabían de lo que era capaz.

-¿Es cierto eso, Astrid? –preguntó Deranged.

La rubia buscó apoyo, notando que Stoick y Gobber asentían, animándola a decir la verdad; se sintió más relajada.

-Así es. Amenazó con matar a mi tía, a mi dragona, a mis amigos, al jefe Stoick y a su hijo. –comenzó con cautela. –Además… -mostró su brazo, donde tenía la marca de un pinchazo. –Me introdujo una especie de pócima para obedecerle.

El concejo de Berk y el invitado se quedó en silencio. Hiccup apretó los puños, indignado por el trato que recibió Astrid. –Dagur engaño, chantajeó, amenazó, maltrató, intentó matarme… guerras bálticas se han iniciado por menos.

-Aún así, Berk interrumpió una tradición, a pesar de haber firmado el acuerdo de la señorita Astrid, donde ella aseguraba no ser amenazada ni chantajeada. –Olsen sacó una de las cartas que le quedaban.

Habían olvidado ese importante detalle.

-Berk ha roto el compromiso.

-El compromiso no está roto, aún. –interrumpió Karena. –Y por lo que veo, Berk no ayudó a Dagur, lo hizo otra isla. –se adelantó.

Los jinetes sonrieron, daba resultado el plan que habían hecho.

-Así es. Yo soy el representante de la Orilla del Dragón. Una isla que el mismo Berserk ha atacado.

El Concejo rodó los ojos, molesto por el rejuego de palabras dadas por un adolescente.

-No es necesario otra táctica. –garantizó Argus, enfadado. –Sabemos que Berk no debe cambiar el tratado de compromiso que se hizo, y ya que fue Hiccup el que salvó a nuestro jefe y a su prometida, Berserk está en deuda con él, no con la isla.

Todos reprimieron una sonrisa.

-Entonces, Hiccup Haddock. ¿Cómo podemos retribuir su ayuda invaluable? –estableció Karena.

Todos se sorprendieron por la facilidad de la mujer, una líder innata.

Hiccup miró a su padre, buscando inspiración. La respuesta estaba clara, pero debía ser ambicioso y buscar el bienestar para las islas, no sólo para Astrid.

Lo pensó detenidamente unos segundos.

-¿Qué es lo que Berserk quiere? –preguntó, no ofertaría primero.

Argus y Olsen murmuraron un poco.

-Me temo que nuestro jefe es quien debe tomar las decisiones. –opinó Argus. –Así analizaremos el ofrecimiento. Es un compromiso y como es bien sabido por las leyes de Luk Tuk La única manera de romper un arreglo matrimonial es si lady Astrid estuviera embarazada de otro hombre que no fuera su prometido.

La chica mencionada se ruborizó un poco, no se imaginaba a ella embarazada.

-Más respeto a la señorita, por favor. –Stoick dio un golpe en la mesa, asustando a todos. -La oportunidad de diálogo termina en cuando el jefe despierte. –aclaró Stoick. –Si lo hace y no hemos acordado nada, su jefe será nuestro rehén, justo como lo dijeron, y así tendrán mucho más que perder.

Karena meditó un poco, debía jugar bien. Quería ayudar a Astrid, a Berk, a su propia isla y claro que a su hermano, su corazón se dividía, pero también debía pensar en ella, entre más tiempo estuvieran allí, más tardarían en escaparse.

-Me parece importante acelerar esta negociación. Otra tormenta de nieve se acerca, Berk debe prepararse para ella y nosotros no debemos viajar con ese clima. Mi concejo mencionó que quiere a mi hermano, es obvio, pero ahora la pregunta es… ¿a cambio de qué? No somos aliados, como ya se mencionó, una alianza de esa magnitud no me compete, pero una tregua sí la podemos concretar ahora.

Norberto sonrió feliz y orgulloso de su esposa, Sotma, por su parte, estaba apenada, no recordaba haber salido de Berserk, sus memorias eran borrosas, así que casi ni levantó la mirada.

-Me agrada la proposición. –comentó Stoick, orgulloso de esa muchacha. –Tiene material de líder.

-Gracias, jefe Stoick. -ese halago fue perfecto para Karena, por primera vez en su vida vio la posibilidad de que alguien la reconociera sin ser hipócrita. Molteó a ver a Hiccup. -En lo que concierne a Berk, por lo que entiendo, el acuerdo matrimonial entre Dagur Deranged y Astrid Hofferson se hizo en malos términos, pues Astrid es residente de La Orilla del Dragón, por lo que…

-No hay un compromiso legal. –interrumpió Tuffnut, todos viéndolo como inoportuno, sólo siendo apoyado por la risita de Sotma, acción que también fue inoportuna.

Todos abrieron los ojos, desmesuradamente. ¿En serio no lo habían notado?

-Es… así es, lady Karena. –simpatizó el jefe.

Increíble que la hermana de Dagur fue quien se dio cuenta de eso.

Astrid suspiró, entrelazando la mano de ella con la de Hiccup, debajo de la vista de la mesa.

-Y como Hiccup, heredero al trono de Berk y actual líder de La Orilla del Dragón, rescató a nuestro jefe de una muerte segura en garras de un feroz dragón salvaje, atendió sus heridas y curó de una hipotermia; le corresponde a él concretar el intercambio de, digámoslo "gratitud". –mencionó, juguetona, disfrutando del momento en el que todos se quedaban callados.

-Sí, gracias, Karena. –Hiccup también estaba sin muchas palabras. –Pues… -miró a Astrid, a sus amigos y a su padre. –Creo que como se mencionó, el compromiso se rompe.

-Nunca existió tal cual en realidad. –simpatizó Karena, pidiendo al Concejo que anotaran los hechos.

-Eso es por parte de Astrid, y por parte de Dagur, se lo pueden llevar, sin objeciones, pero a cambio queremos la tregua para Berk.

La castaña sonrió por la facilidad de palabra del muchacho, ahora entendía porque Astrid lo quería tanto.

-Berserk no atacará Berk, aunque el trato también debe ser recíproco. Berk no ataca a la isla, y en la próxima cumbre nos gustaría contar con su apoyo, tanto de la Orilla del Dragón, en caso de que se mantenga como una comunidad y de Berk.

-Trato. –aceptó Stoick. -Considéralo, siempre y cuando mantengan buenas relaciones con el resto de las islas que son nuestras aliadas.

Hiccup sólo asintió, orgulloso.

Los miembros del Concejo intentaron negar, pero la hija de Oswald tenía todas las de ganar, además, no podrían contradecir u objetar que se la había jugado bien, Berserk había salido impune de chantaje, intento de regicidio, y amenaza de muerte, la verdad era que la princesa se la había jugado, y de cierta forma, había ganado más de lo que perdió: el compromiso del jefe.

-Aquel que no respete este pacto, pagará tributo a la isla atacada. –agregó Argus, escribiendo el tratado de paz.

Stoick, Karena e Hiccup firmaron como los líderes. El resto, como testigos.

-Siendo medio día del cruel invierno, a una semana de Snoggletog, se declara el acuerdo de Paz y Tregua entre Berk y Berserk. –enunció Gobber, orgulloso de los muchachos, quienes prácticamente hicieron el trabajo.

Karena le guiñó el ojo a Astrid.

-Gracias. –sólo alcanzó a susurrar.

La princesa sonrió encantada, al parecer todo había caído en su lugar.

.

.

El tratado iba a ser firmado de manera oficial y dado a conocer al resto del pueblo cuando se hiciera la coronación oficial de Bertha, aunque para el pueblo de Bog Burglar, ya la trataban como la dirigente y a Erick como el jefe de la isla. En esos meses la isla había prosperado, aun no eran tan conocida, y eso era bueno, porque no estaba en capacidad de hacer frente a la popularidad de una isla que no tenía buena armada y mucho oro que esconder.

No obstante un ataque obstruyó toda ilusión que se tenía, no solamente de continuar con las acciones de la isla sino con la vida misma de Bog Burglar.

Lamentablemente ocurrió en un terrible asalto que un grupo de piratas y mercenarios atacaron la isla al saber que la armada era deficiente, a pesar que el jefe ya tenía estrategias para atacar dicho problema.

Ese trágico día, la pequeña Astrid disfrutaba del calor y el amor que los brazos de su madre compartían la risa de sus padres y el peculiar sonido que se realizaba cuando los filos de las dos espadas chocaban entre sí, asombrándola y despertando la curiosidad en ella.

Pero lo más llamativo es que si alcanzaba a escuchar el trasfondo de la tranquilidad del mar y el suave oleaje chocando en los riscos. El día que cambió todo había tanta paz que nunca nadie se puede imaginar la tragedia que ocurriría unas horas después.

-Llegó una carta de Finn. –explicó Erick mientras cargaba su hija por los aires. –Dice que vendrán unos días con nosotros, ¿estás de acuerdo?

-¡Claro! –coincidió Bertha mientras aplastastaba algo de papa para su nena. –Extraño a tu hermano y a Gylda.

Los dos esposos se miraron felices. Esa era la vida que soñaron cuando se casaron en aquella cueva furtiva.

Solamente en la más recóndita choza, en la que vivía la seid más sabia, llegó a ella una visión involuntaria de lo que ocurriría en la isla y con todos los seres que ella amaba. Vio cosas que fueron muy complicadas de descifrar. Como si la tierra escupiera fuego, muchas espadas chocando entre sí, sangre, más sangre, cuerpos tirados y regados en la playa como si fueran algas que el mar había arrojado a la arena, también vio dragones, y lo que más miedo le causó fueron unos ojos azules llorando, sin embargo pese al esfuerzo que hizo, no logro reconocer a quien pertenecía esas orbes zafiro.

También vio un dragón negro, montado por un joven; la locura más grande. No pudo entenderlo, y tal vez fue mejor así, porque para que esta profecía se cumpliera debían pasar muchos años aún.

Tiro su tarro con té en el suelo y empezó a correr para advertir a algunas personas con la intención de iniciar un escape, pues la sensación que le quedó en su cuerpo fue un inminente ataque en la isla. Sin embargo en cuanto llegó a la choza de los jefes, su sorpresa fue mayor, porque en ese momento la montaña que tenían al centro de la isla empezó a temblar y a escupir fuego, el fuego tan líquido como nunca se había visto, entenebreciendo con la ceniza el cielo, creando una especie de burbuja en toda la atmosfera superficial del pueblo, llego hasta el mar y en este momento. Se dio cuenta que algunas fragatas estaban atracando en la orilla. El ataque comenzaba desde adentro y también desde las fronteras con el mar.

Ni las catapultas logaron desviar a las naves, por el contrario, eran como una especie de propagación para que se dieran prisa en llegar.

-¡Ya saben lo que quiero! ¡Quiero el oro! –gritó una voz de una mujer.

Mucha agitación empezó a llevarse y compartirse entre los aldeanos. Las redadas de pesca quedaron allí abandonadas, al igual que los aserraderos y ni que decir de la peculiar y ahora insignificante sala del tesoro; lo que valía eran las personas.

Estos mercenarios querían oro, es lo que tendría, pero que a los burglars no les tocarán. Fue en vano, aunque muchos lograron llegar a los refugios, estos ya se encontraban en absoluto dominio por el fuego que el volcán había arrojado. Si regresaban por sus pasos, los mercenarios atacarían a los refugiados.

Así que Bertha, separándose de su esposo quien lideró el contrataque, logró dirigir a los niños y mujeres de la inminente persecución. Entro al Gran Salón Burglar; allí sin que nadie lo notara, abrió un túnel que conllevaba a un pasadizo secreto. Ella colocó su medallón en un hueco en la pared, señalando el paso.

-Rápido, pasen por aquí. -les dijo apurada. Dejo el medallón allí en la pared, claro que amaba esa joya, pero su pueblo era más importante. En su espalda cargaba a la pequeña Cami que empezaba a asustarse. –Corran, corran. –decía con urgencia. Nunca había pasado eso en Bog Burglar. -Eretson, llévalos hasta las fragatas que tenemos para escapar. Váyanse por el túnel que lleva a la caverna, allí están listos los botes.

El mencionado asintió. –Como usted diga, jefa.

Su amiga Ingrid Eretson solamente le pidió que se cuidara. -Iremos hacia el norte, le compartió.

Algunos seguirán desorientados, pero ellos conocían sus códigos y su proceder, por lo que entendieron que debían ir hacia las cavernas, el lugar más seguro de toda la isla.

En cuanto a la jefa, ella tomó la decisión de seguir con su bebé en la espalda, tratando de localizar a algunos que quedaron rezagados en busca de ayuda. Por suerte suya, encontró a su mamá.

Ambas se abrazaron con desesperación cuando se vieron. Bertha le entregó a la bebé y le pidió que fuera hacia los botes. Sin embargo el volcán comenzó a hacer erupción más fuerte, que mandó todo a su paso en cuanto descendía por la vertiente de la montaña, acabando con toda la vida ya fuera humana, animal, o flora. La Isla nunca volvería hacer lo que había sido.

-Mamá, llévate a mi hija. –rogó. -Cuídala. –besó a su madre y también la frente de la bebé. Ya hay otros en las fragatas. Ve con ellos, Erick y yo los alcanzaremos.

Essen sintió una fuerte corazonada, sentía que no volvería a ver a su hija. –Hija, Bog Burglar nunca dejará de existir mientras haya personas que valoren más la vida que las riquezas. Estoy orgullosa de ti.

La jefa le entregó el medallón, ella lo vio en el Gran Salón mientras ayudaba a otros a escapar.

-Quédatelo, mamá. Le pertenece a mi hija. –dijo con voz entrecortada.

Madre e hija se abrazaron. La reina madre abrazó con suma protección a su nieta y se marchó por el camino que conocía, aunque debería ocultarse muy bien antes de llegar a las cavernas.

A unos pasos de Bertha, reconoció unas voces, pero al ver que llegarían a la zona de resguardo no se preocupó, al menos su consuelo era que sus amigos estarían bien. -¡Papá! –gritó la rubita Sotma mientras era jalada por el brazo, sólo alcanzó a ver que la su padre seguían peleando entre unos invasores.

Gyselle, la curandera llevaba a sus nietos como si se tratara de su máximo tesoro.

-Suban al barco de Norberto. –señaló Ivette mientras ayudaba a los demás a llegar al galeón, por suerte arribaron rápido.

-¡Faltan la princesa y Bertha! –exclamó Gyselle, una vez que estaba dentro de la embarcación.

Entre el ajetreo por toda la conmoción provocada por el volcán y por los asaltantes se les había perdido la pista a las monarcas.

-¡Iré por ellas! Creo que se fueron al refugio, vi a la jefa Camicazi con la bebé. –exclamó Ivette, dejando a sus hijos al cargo de su abuela

-No vayas. –pidió su madre, aterrada por dejar ir a su hija.

La rubia se aguantó un nudo en la garganta. –Es mi jefa, y mi mejor amiga. Voy a cumplir la promesa de lealtad que he jurado. No nos esperen, tomaremos otra embarcación.

-¡Hija ten cuidado! –pidió la angustiada Gyselle.

La curandera asintió, mordiéndose el labio.

La pequeña rubia que apenas y entendía lo que ocurría a su alrededor, alzó la brazos pidiendo que su madre la cargara, pero en respuesta sólo recibió un beso en la frente al igual que su hermano, Norberto. –Sean buenos niños. Los amo.

Se quitó un collar y se lo entregó a su madre. Ambas presentían lo que significaba ese gesto. Gyselle se acomodó en el barco, justo como habían acorado. Sin importar más; deseaba esperar a su hija y a los demás burglars rezagados, pero algo le decía que no todos alcanzarían a salir de ese ataque.

Iba en un pequeño galeón, era uno de los que Norberto usaba para viajes cortos entre algunas islas aledañas, a lo mucho allí cabían unas veinte personas.

-¡Remen! –demandó el que tomaría el cargo.

Ese barco se alejó, dejando atrás su pasado burglar mientras asesinaban a sus compatriotas de una manera cruel y sádica, aunque no les duró mucho el momento, ya que una pequeña facción de los piratas que llegaron los siguieron.

.

.

.

El acuerdo se firmó.

Astrid quedó libre de todo compromiso.

Hiccup fue exonerado y hasta reconocido por salvar la vida de Dagur.

La Orilla del dragón fue conocida como "isla provisional".

Karena fue felicitada por el mando que tomó.

Y Dagur volvería a su isla, ahora con una tregua, forzándolo a pagar tributo en caso de iniciar un ataque.

Todo había caído en su lugar, fue un día que cambió todo.

La berserker ya se había despedido de Stoick y ahora se dedicaba a vigilar que subieran a su hermano en una camilla y que lo pusieran en su camarote.

-Karena, espera. –detuvo Astrid, agitada, sus pulmones aun no estaban recuperados.

La castaña se giró, detrás de ella estaba Norberto y Sotma.

-Astrid, ¡me da mucho gusto que todo se haya arreglado! –sinceró, abrazándola con calidez.

-Todo fue gracias a ti. Te luciste. –expresó, evitando que los del Concejo la escucharan. –Eres una gran jefa, si hay algo que pueda hacer por ti, por ustedes, cuenten conmigo.

La princesa le sonrió. –La verdad, es que creo que es la última vez que nos vemos. –expresó Deranged. –Cuando llegó la carta a Berserk estábamos prácticamente en el barco para escapar. En cuanto lleguemos y dejemos a Dagur, nos iremos. –susurró.

La rubia entendió. –Lo siento por interrumpir sus planes.

-Para nada, fue agradable ver cómo Karena evitaba una guerra en dos islas. En los enfrentamientos se pierden muchas vidas. –expresó con dolor al recordar memorias borrosas.

-Eso sí, creo que eres una gran líder. ¿Y a dónde irán? –preguntó curiosa.

-Aún no sabemos, pero procuramos irnos lo más lejos posible. –finalizó.

-Espero que tengas la vida que mereces. Jamás olvidaré su ayuda, si quieren venir a Berk, serán bienvenidos. Stoick no se opondrá.

Los chicos sonrieron.

-Adiós Astrid.

.

.

.

Bertha ayudaba a cuantas personas podía, hasta que por fin logró divisar a su esposo, peleando valientemente con quienes osaron en invadir su tierra.

Blandió su hacha y fue hasta el lado de Erick para ayudarle a combatir.

-¿Qué haces aquí?¿Dónde está nuestra hija? –preguntó Hofferson, mientras encajaba su espada en el vientre de un enemigo.

-Con mi mamá. A salvo. –explicó, golpeando a otros que aparecían.

A pesar de combatir, los superaban en número.

-¡Son demasiados! ¡Debemos refugiarnos!

-¡La entrada a los refugios se quemó! –gritó Bertha mientras maniobraba al lado del jefe.

Erick era un gran vikingo. No por nada era parte de la Armada de Berk, sabía cuando una batalla estaba perdida, y ésta, con el dolor de su corazón, lo estaba.

Mientras analizaba las distintas formas para poder escapar, sintió un fuerte y horrible golpe en su cabeza, tirándolo al piso.

-¡Erick! ¡Erick! –gritó Bertha, notando cómo un maldito le había lanzado un grueso mazo, aturdiéndolo.

El pirata que estaba deseoso de acabar con él, alzó su espada, colocando sobre su cuello, empuñándola, sin embargo, un fuerte temblor en la isla desestabilizó el suelo donde pisaban todos, dándole una ventaja a Bertha, quien tomó su hacha e interceptó la estocada del pirata.

-¡Aléjate de él! –defendió, con esfuerzo, empujándolo lejos.

El vikingo cayó de sentón, levantándose de inmediato, acorralando a la mujer.

-No sabía que estabas aquí, te recuerdo. –le acarició grotescamente, haciéndole recordar a Bertha de quién se trataba. –La última vez que nos vimos fue hace un año.

La castaña se removió con brusquedad, queriendo zafarse de él, pero entre más lo intentaba, más la sofocaba.

-¡Deja a mi amiga! –se escuchó el desgarrador grito de Ivette, corriendo hasta ellos.

Bertha volteó a verla, tratando de advertirle que detrás de ella estaba una figura que no alcanzó a visualizar.

-¡Bertha! –gritó la amiga incondicional.

Sin embargo quien estaba detrás de ella, con un simple espadazo atravesó el cuerpo de la curandera.

Ivette cayó de rodillas y después se desplomó en la arena. La sangre le salió por la boca.

-¡NO! ¡NO! –repitió Bertha, su mejor amiga había muerto a quemarropa. A como pudo, con patadas y golpes en la cabeza logro zafarse para ir a socorrer a su amiga.

-Iv, Ivette. –se acercó a ella, presionando la herida. –Vas a estar bien, amiga, vas a estar bien.

La rubia le sonrió, negando. –Sálvate, cuida a… a mis hijos.

Norberto y Sotma fueron su último pensamiento, y a quienes les dedicó su último aliento.

Bertha abrazó a su amiga durante los últimos segundos de su vida.

Gritó de furia de dolor, de impotencia.

Su isla no merecía eso. Su gente no debía morir así.

-¡Maldito! –se levantó, manchada de sangre.

Iba a golpear a quien se atrevió a arrebatarle la vida a su mejor amiga, pero el atacante actuó con astucia.

-¡Pagarás por esto! –gritó con odio, aunque cuando el pirata volteó, Bertha se llevó una sorpresa, era una mujer.

-Mi especialidad es matar a las mujeres débiles. Tuve que matarla, sólo era bonita, no era fuerte. Tú, sin embargo, eres más interesante. –expresó mientras forcejeaba como si nada.

Debido a la aflicción de la jefa, ésta perdió el equilibrio, momento que el pirata acosador aprovechó.

-¡Llévatela! Ya sé a quién se la puedo ofertar. –expresó interesada.

Bertha hizo nulos intentos de zafarse, pero esta vez la ataron, arrastrándola a uno de los botes.

Bertha logró ver a su isla, completamente en llamas, destruida por dentro y por fuera.

Los piratas llevaban grandes arcas con oro rebosante.

Decenas de cuerpos sobre la arena, entintando la orilla de la isla de un rojo escarlata lleno de dolor.

Vio el cuerpo de su amiga, desangrándose. A unos metros de ella divisó a Norberto, quien fue golpeado y herido por una cuchillada de extremo a extremo de su espalda, arrastrándose hasta llegar al lado de su esposa, para morir juntos.

-Norberto… -susurro, afligida. –No, esto no puede ser.

Finalmente, con dolor, pensó en su hijita, en Astrid, esperaba que hubieran alcanzado a escapar; pero su mente también estaba en Erick, quien yacía herido e inconsciente en la playa.

-Erick. –susurró, no soportaría vivir sin las personas que amaba. La furia creció dentro de ella, hasta que notó a la mujer responsable de tal desgracia. -¡Maldita! –le gritó, justo antes de que el acosador le pusiera un tela en la boca, cargándola hasta uno de los botes donde iba un gran cofre de oro.

-Sh… te recomiendo que no ofendas a nuestra capitana. –mencionó el pirata. –Griseld no es una mujer tolerante.

.

.

.

Notas de la autora:

Creo que tengo seis años con este capítulo en mi cabeza. Lo escribí hace seis meses y no me convencía, hasta ahora.

Bueno, creo que quedó lo menos fuerte que intenté. Por un lado, el hiccstrid está bien y fuera de peligro (yeii) pero por otro lado, Bertha y Erick ahora estarán separados, y como pudieron leer, Griseld es quien atacó Bog Burglar, eso lo explicaré en el siguiente capítulo.

Muchas gracias a NightShoadow16, KatnissSakura, Dlydragon y Jessy Brown por los comentarios que dejaron. Aclarando algo que no mencioné adecuadamente, Hiccup es mayor que Astrid por unos dos meses.

Nos leemos a la próxima.

Gracias por leer

Quédate en casa

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 26 de abril de 2020