Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a JAnnMcCole. Yo solo traduzco.
Capítulo diecisiete
"La principal razón de que él esté en el negocio es para eliminar a sus enemigos." ~Lorenzo Carcaterra
BELLA
—¿Te han descubierto? —le pregunté mientras buscaba entre las líneas de códigos digitales verdes en la pantalla.
—No, no lo creo. Son asquerosamente anales, pero no están esperando que alguien los controle. Dame un segundo y quizás pueda conseguir vídeo en vivo para asegurarnos que esta mierda no sea un desertor del instituto tecnológico que vive en el sótano de su madre —respondió Jasper en la línea.
—Ya lo hice. —Él se olvidaba que había estado haciendo esto por mucho tiempo. Cliqueando en la cámara web, abrí el video en vivo para que los dos pudiéramos verlo. Parte de mí esperaba ver a un perdedor en ropa sucia y comiendo papas fritas, al igual que las últimas tres organizaciones que habíamos buscado.
Kain estaba siendo útil. Era mejor no ir con Hale por esto después de haber conseguido la lista del FBI de él. Así que mientras estaba en el sudeste, Kain había estrechado algunas manos sucias y había mantenido oídos abiertos para cualquier rumor de actividad terrorista. El problema con el cuerpo policial era que nueve de diez veces, ellos pensaban que las personas eran estúpidas, y para su crédito, nueve de diez veces era verdad. Sin embargo, la diferencia era que ellos no se molestaban en chequearlo. Había pasado una semana desde que a Edward se le ocurrió esta idea y ahora, todo comenzaba a encajar en su lugar. Habíamos visitado bares que eran frecuentados por aquellos que eran relevantes en el gobierno, obtuvimos algunos nombres en nuestra aventura. Pero ninguno de ellos parecía valer la pena, lo cual era la razón de que probablemente fueron descartados.
—¿Están viendo esto? —jadeó Jasper en shock antes de reír—. Hemos entrado a otro mundo.
Quitándome los auriculares, volteé hacia Edward, que yacía en la cama leyendo su cómic. Quería tomar la maldita cosa y lanzarla por el cuarto, pero, en cambio, lo golpeé en el pecho.
—¿Qué? —me espetó mientras yo sostenía la laptop para que viera. Sus ojos se ensancharon al sentarse—. Mierda.
Tomando el dispositivo de mis manos, se sentó derecho, permitiendo que su cómic cayera al suelo.
—Mierda, ¿esas son AR-15s? —Señaló.
—No, esas lo son. —Señalé a las armas del otro lado de la pared—. Pero esas son APS hechas en Rusia en 1975. Las de allí son M1 Garand originales, mi padre me dio la suya en mi cumpleaños número doce. Él tiene unas Bushmaster M17s, Colt LE901, y SOPMOD, la cual estoy segura que es de uso militar. Edward, esto equivale a mi cocina de ensueño.
¿Estaba mal que estuviera sonriendo? El cuarto era un arsenal de armas que tenía el potencial de ponerme celosa. En las paredes había mapas de distintos estados a lo largo de la costa este.
—¿Quiénes son? —me preguntó Edward.
—Se hacen llamar RSCMSA; la República de Soldados en Contra de Más Salvajismo Americano. Es una nueva banda de terror que crece…
—Déjame adivinar, ¿Mississippi? —me interrumpió.
—Cerca, Alabama. Ahora mismo tienen trece miembros que Jasper y yo pudimos encontrar. Son muy activos en los blogs privados y en los chats en la red oscura. La mayoría de su acción parece ser cibernética, hackean y esas cosas, pero nada a grande escala.
Me miró.
—Parece que estuvieran preparándose para la guerra.
—Qué bueno que estamos aquí para entregarles una guerra.
—¿Puedes estar más emocionada? —Rio, apartando un mechón de mi cabello.
Le sostuve la pantalla para que vuelva a verla.
—Mi cocina de ensueño, Edward. Mi cocina de ensueño.
—Bueno, parece que hemos encontrado a nuestro mártir.
Me acerqué, haciendo zoom para ver las armas en el fondo de la pantalla.
—No, Bella —dijo como si yo fuera Ethan.
—¿Discúlpate?
—Lo siento, ¿no me escuchaste? Déjame que lo repita. No, Bella. No vas a escabullirte hacia el sur para buscar unas armas. Estoy seguro que puedes conseguirlas en el mercado negro, de todas formas. —Me tendió su teléfono, quitándome la computadora.
—No esa, es una semiautomática FN Herstal…
—Amor, te adoro, pero ¿puedes ser apasionada sobre otra cosa ahora? Como, no lo sé, ¿tender una trampa para esos chicos? —El nerd de comic sonrió. jamás dije una mierda cuando gastó diez mil dólares en sus libros de caricaturas.
—Cagón —murmuré, tomando el teléfono—. ¿Jasper?
—¿Eso significa que vamos a hacer esto? —Suspiró al teléfono.
—¿Tienes un problema?
—No, comenzaré a trabajar. ¿Cuándo quieres que pase esto?
Miré a Edward, que estaba inclinado sobre su cómic. Furiosa, lo pateé en el pecho, lanzándolo fuera de la cama. Estaba haciendo todo el jodido trabajo mientras él simplemente estaba de vacaciones. Que supiera cómo hackear, no significaba que podía holgazanear.
—¡¿Qué mierda?! —me gritó.
Sonriendo, me concentré.
—Haz el vídeo y envíamelo, lo transmitiremos mañana. Orlando ha estado haciendo un buen trabajo controlando al FBI. Quiero golpear otra vez antes que venga a por nosotros.
—Él ya está manteniendo de cerca al control de drogas con nuestros suministros. Es como si supiera de dónde vienen nuestras importaciones.
Eso lo sabía.
Pero escucharlo de su boca me enfurecía. Edward se puso de pie y tomó de mis piernas, intenté patearlo.
—Solo hazlo.
—Me pondré en ello, ¿y Bella?
—¿Qué, Jasper? —escupí entre dientes mientras Edward tomaba de mi brazo libre y lo dejaba sobre mi espalda.
—¿Sabías que Jacob es gay?
Sí.
—Hazlo, Jasper. —Colgando, lancé el teléfono sobre la cama tratando de liberarme del agarre de Edward.
—¿Sabes? Eres muy abusiva —susurró Edward en mi oído.
—No es mi culpa que seas sensible —respondí, pateando lo más fuerte que podía sus pelotas.
—¡PERRA! —siseó adolorido, pero me soltó. Aferrando su camisa, lo tiré sobre la cama y apunté una pistola sin carga contra su cabeza… o, al menos, creía que estaba sin carga.
—Y más te vale no olvidarlo, cariño. —Comencé a bajarme de él, pero no me soltó.
—Edward…
—Mi verga está ardiendo y no de la forma que alguno de los dos quiere. Así que vas a sentarte sobre mí hasta que se sienta mejor.
Intenté no reírme, dejando el arma sobre la cama.
—¿Y cómo ayuda esto?
—Calor y presión. —Sonríe y pongo los ojos en blanco, sentándome sobre él por un momento más antes de levantarme.
—Tenemos mucho que hacer hoy. Has sufrido peor, así que supéralo.
—Las mujeres subestiman lo doloroso que es esto —murmuró mientras alguien tocaba a la puerta.
—Quizás eso es porque lo comparamos con tener que sacar lo que parece ser una bola de boliche por nuestras vaginas —espeté y él abrió su boca, pero luego la cerró, obviamente no estaba seguro de cómo responder mientras yo abría la puerta.
Carlisle me dio una mirada extraña. Solo podía asumir que había escuchado la última parte de nuestra conversación.
—¿Sí? —pregunté, como si nada estuviera mal.
Sacudió su cabeza y me tendió un sobre. De inmediato, quise golpearlo en la cabeza. Pensé que le había dicho que no le comentara a Edward sobre esto. Ahora él iba a preguntarme qué mierda hay en él.
—Carlisle…
—Antes que comiences, Edward vino a mí hace una semana pidiéndome lo mismo. No hay razón para hacerlo dos veces. Aquí está todo para nosotros, con la excepción de Rosalie, por supuesto.
Edward se acercó a mi lado, tomando el sobre.
—¿Pediste nuevas identidades y no me lo dijiste?
—Y me iré ahora. —Carlisle soltó unas risitas, girando solo para darse vuelta y enfrentarnos de nuevo—. Ethan y yo vamos a un juego de hurling mañana.
—Comienzas un poco pronto, ¿no crees? —Sonreí. Parte de mí no le gustaba la idea que Ethan, que solo era un dulce bebé, fuera expuesto a un deporte tan sangriento, pero de nuevo, él era joven, no lo recordaría, esperaba.
Se encogió de hombros.
—Edward siempre salía corriendo cuando intentaba enseñarle. Así que voy a enseñarle a Ethan antes de que pueda caminar. Le gustará con el tiempo.
Edward puso los ojos en blanco, inclinándose contra el marco de la puerta.
—Intenta todo lo que quieras, viejo, pero Ethan solo llorará y molestará a todos a tu alrededor.
—Subestimas lo mucho que Ethan ama a su abuelo —respondió, agitando su mano en saludo mientras se iba.
Le quité el sobre a Edward, saqué los pasaportes y los chequeé rápidamente.
—Latvia. —Fruncí el ceño—. Si no tuviéramos una razón para matar a Orlando, entonces ir a Latvia sería una.
—Afortunadamente, tenemos más de una docena de razones —respondió Edward desde su closet. Siguiéndolo, lo observé tomar una camisa nueva y dos corbatas, una color borgoña y una azul marina, para que yo eligiera. Señalé a la azul marina, y por supuesto que eligió la borgoña. Él y yo hacíamos esto todos los días. Yo elegía una y él la otra. Tenía que saber que elegía la corbata que más odiaba primero, pero no creía que le importase… tampoco a mí.
—El plan —pidió, tomando unas medias de vestir.
—Mientras besas a los gatos gordos en el Capitol Hill con respecto a la marihuana en casa, yo voy a comenzar a crear historiales criminales para nuestros cebos. Con lo que planeamos, cuando sean atrapados, quiero que la gente definitivamente crea que son capaces de todo.
Asintió.
—¿Historial telefónico?
—Cuando Alice tomó a la agente, ella usó un teléfono descartable con Jasper. Fue pagado en efectivo, por supuesto, pero eso puede ser cambiado para dejar rastros.
—Son doce horas y media desde el Capitolio a Alabama.
¿Cómo diablos sabe cosas como esa?
—Es por eso que hay tickets comprados a su nombre en el momento perfecto. No son reales, pero dudo que alguien lo vaya a chequear.
Parándome contra el marco de la puerta, él se acercó a mí, acariciando mi cabello y mi mejilla.
—¿Estás segura que no quieres que me quede?
—¿Así puedes leer más cómics? No, creo que necesitas trabajar un poco. Ahora, haznos más ricos.
Poniendo los ojos en blanco, besó mi frente antes de dirigirse hacia la puerta.
—Volveré a las cinco, ten la cena lista para mí.
Apreté los dientes y respiré profundamente, observándolo.
—Claro, cariño. Pero no puedo garantizar que sobrevivas.
Él rio, cerrando la puerta detrás de él. Escuché un gemido y giré hacia Ethan, que lentamente se despertaba en su cuna al lado de nuestra cama. Dormía tan suavemente que a veces necesitaba chequear su respiración solo para estar tranquila. Llegando a su cuna, lo tomé en mis brazos y besé su cabeza.
—Mami va a incriminar a un terrorista, ¿quieres ver? —Se quejó, moviendo sus brazos antes de comenzar a llorar.
—Comida, luego terrorista. De acuerdo, entonces —murmuré, meciéndolo antes de dirigirme hacia la cocina.
Esme estaba allí, revolviendo una olla de bife algo, pero pareció olvidarse de ello ni bien vio a Ethan.
—¿Necesitas que lo tenga?
Ella se estiró hacia él, pero me negué.
—No, yo lo tengo.
Ella me dedicó una mirada mientras abría el refrigerador en busca de su botella.
—¿Qué? —le pregunté, quitándole la tapa con una mano antes de meterla en el calentador de botella.
Ella se encogió de hombros con una sonrisa.
—Nada.
—No me gusta que me mientan, Esme.
—Oh, por favor, no eres aterradora con esa hermosura en tu cadera. —Le hizo una cara, pero él no lo aceptó… así como Edward, se ponía molesto cuando tenía hambre—. Como sea, pensaba que estabas ocupada, cambiando el rumbo del mundo, demoliendo instituciones gubernamentales y todo eso.
—Madre trabajadora, ¿qué puedo decir? —murmuré, tomando su botella. Ella me observaba con una sonrisa enorme mientras intentaba probar la temperatura de la leche sobre mi brazo, pero no podía con Ethan en mi cadera.
Sentía que estaba desafiándome, esperándome que lo cediera. Pero, en cambio, levanté mi cabeza y dejé que una gota cayera en mi lengua. Ethan golpeó mi rostro como si me estuviera reprendiendo, pero tenía que chequearla. Llevando la botella a su boca, sonreí cuando se relajó.
—Y pensar que una vez me dijiste que no sabías cómo ser una madre. —Esme sonrió, revolviendo su olla mágica como si fuera una bruja con una caldera.
—Todavía no lo sé. Solo me copio de Edward; creo las reglas mientras voy.
—¿En serio? ¿Qué reglas?
—Regla personal de Bella número uno; siempre alimenta a Ethan cuando tiene hambre o paga las consecuencias a chillidos —respondí, inclinándome contra el fregadero mientras lo alimentaba.
—Buena regla. —Rio—. Has madurado demasiado, Bella. Básicamente eres otra persona.
—Eso no suena bien, me gustaba quién era.
Haciendo una pausa, volteó hacia mí con su cuchara de madera en mano.
—Te gustaba estar sola, la furia…
—Cuidado, Esme. No he cambiado tanto, y bebé o no, puedo hacer daño.
—Muy bueno saberlo, ahora pruébalo y mata a Rosalie —dijo sin rodeos, con una severidad para nada familiar.
Balanceando a Ethan, me puse de pie.
—Esme, no respondo a ti. No necesito explicarte por qué hago las cosas o por qué no. Edward y yo manejamos esta familia.
—Entiendo eso y, honestamente, he disfrutado demasiado tener de vuelta a mi marido normal. Hemos logrado hacer todo lo que siempre he querido pero que antes no podía.
Allí estaba esa palabra otra vez, normal. ¿Cuándo entenderán que no existe lo normal?
—Pero, dicho eso, —Apretó su mandíbula—. Hay una ley no escrita, un código, con el que todos vivimos. Ha mantenido a esta familia tan fuerte como es porque jamás hacemos excepciones. Cuando te ubicas en contra de nosotros, eres eliminado. Cuando nos traicionas y pones en peligro nuestras vidas, mueres. La quiero muerta, no en el sótano obteniendo vestidos Neiman Marcus para los eventos. Quiero que mi hijo sea libre de ella y por supuesto que no quiero que su asqueroso cuerpo sea enterrado en nuestra parcela familiar. Ella no quiere ser parte de nuestra familia, así que déjala pudrirse en un jodido callejón por lo que a mí me concierne.
Mamá Cullen estaba aquí y lista para atacar, con cuchara de madera y todo.
—¿Algo más? —Ya que estaba tomando ordenes ahora.
—Sí, ¿Edward y Emmett van a volver pronto? Estoy haciendo su plato preferido, guiso de cordero irlandés y pan de soda. Puedo enseñarte, si quieres —preguntó, volviendo a su olla.
Eché un vistazo a Ethan, que estaba bebiendo felizmente y luego hacia ella. Esto era demasiado para mí. Sin responderle, me aparté de la cocina.
Si Charlie pudiera verme ahora… estaría llorando.
EDWARD
Cinco minutos más de esta mierda… solo cinco minutos más.
Forzando una sonrisa en mis labios, me giré hacia los hombres detrás de mí.
—¿Y bien, caballeros?
—¿A cuánto se venden una de estas? —preguntó el senador Jeffrey Boxer, de Carolina del Norte, tocando la planta de marihuana en nuestra pequeña tienda en D.C. Bella y yo no teníamos tiempo para armar algo aquí. Sin embargo, presionamos solo un poco a los dueños y lo trajimos. Después de unas visitas de Kain y Seth, estuvieron de acuerdo a vender… fue bueno para ellos.
—Los doscientos gramos van desde ciento cincuenta a los trescientos dólares —respondo.
Él, junto con todos sus colegas, quedaron asombrados.
—¿Cada una?
—Sí. —Asentí, moviéndome para tocar las plantas verdes—. Pero casi nadie vende así. Lo más común es treinta gramos, lo que va entre veinticinco y cuarenta y cinco dólares. Con el negocio creciente así, son más de cuarenta millones por año en impuestos. Los impuestos pueden ser destinados en cada estado para construir escuelas o algo que tu estado necesite.
—Tengo que decir… esta es una máquina bien aceitada —anunció el senador de Texas, Andrew Kelly.
—Sí, razón por la cual estoy sorprendido que Washington no esté a favor de esto, ¿o no? Estoy listo para ir estado por estado. Aquellos en los que estoy trabajando ya han sido increíbles el último año.
—Es un asunto muy delicado, Sr. Cullen…
—Hacer dinero siempre lo es y también lo es en quién lo invierto. —Se tensaron—. Pero, lo entiendo, solo espero que piensen en el futuro. No solo en mi estado, sino en los suyos también.
Moviéndome hacia la puerta, los dirigí hacia la puerta trasera. Después de todo, seguían siendo políticos y ellos no querían ser conocidos por estar a favor de la marihuana. Estreché sus manos mientras todos volvían a sus coches.
—Si rascas mi espalda, rascaré la suya, Sr. Cullen —susurró el senador Boxer antes de asentirme.
—Jamás rasco primero, pero gracias por venir —respondí, soltándolo. Los vi marcharse.
Dando un paso hacia atrás, me giré hacia Emmett, que estaba esperándome con una máscara. Tomándola, caminamos por el laberinto de plantas de marihuana antes de volver al fondo. Había una puerta escondida en el suelo que nos dirigía hacia un nivel inferior. La abrió para mí mientras me colocaba la máscara antes de bajar.
Había dos cintas transportadoras, una para la cocaína y la otra para el cristal. No había mejor lugar para esconder actividades ilegales que debajo de las legales. El cuarto está lleno con seis de nuestros hombres, seleccionando y colocando el producto en bolsas. Inspeccioné el cristal con unas pinzas.
—No son tan claras como el lote anterior —le dije a Emmett.
—La hija de Saoirse salió herida, creo que se apresuró con esta tanda —respondió Emmett, analizando la metanfetamina tan clara como el vidrio.
—¿Qué pasó con su hija?
—Su novio decidió usarla como bolsa de boxeo.
Suspiré. Saoirse era nuestra química. Raramente hablábamos y ella lo prefería así. Ella tenía su propio laboratorio con personal a las afueras de Chicago, pero jamás nos acercábamos… Bueno, Bella y yo jamás lo hacíamos. De vez en cuando, ordenaba que unos hombres la chequearan. Ella hacía el cristal, lo vendíamos y ella gastaba el dinero financiando nuevas drogas para su laboratorio.
—Jasper, Alice y Jacob están trabajando en otra cosa. ¿Quién crees que puede ir a ayudar? —Después de todo, eso era parte de nuestro trato cuando trabajabas con nosotros; riqueza y protección. Eso implicaba a su hija también.
—Oisin y Tierney —recomendó Emmett. Ellos eran nuestros músculos en la calle con los cuales no éramos tan cercanos.
—De acuerdo, haz que pase, pero asegúrate que Saoirse sepa que si produce algo como esto de nuevo, tendremos que cortar relación —respondo, moviéndome hacia la coca.
Asintiendo, él ya se encontraba al teléfono. Corté la coca y la probé. Era tan fina como se podía ser.
—La quiero en las calles para esta noche.
Ellos asintieron. Kain y Seth estaban de pie frente a la bóveda y se movieron hacia ella mientras yo entraba el código, el cual cambiaba a cada hora. Parecía vacío, por supuesto, pero caminando hacia el centro, quité un panel y entré a la segunda bóveda escondida. No podíamos meter todo nuestro dinero en el banco cuando lo obteníamos, es la razón por la que comprábamos muchas casas y otras propiedades en efectivo. Tomando unos fajos, los coloqué en dos bolsos diferentes para Kain y Seth. Ellos sabrían qué hacer con ellas.
Cerrando las bóvedas, subí las escaleras.
BELLA
Mordiendo una manzana, me observé mientras dormía. Ella estaba en posición fetal sobre la cama, su rostro manchado con lágrimas secas. Pateé su pierna, tomando otro bocado de mi manzana antes de arrastrar una silla para sentarme frente a ella.
—Despierta, despierta, Rosie —le dije. Ella ni siquiera podía levantarse. Solo comenzó a sollozar descontroladamente.
Poniendo los ojos en blanco, esperé a que se calmara.
—Rosalie.
—Por favor, solo…
—¿Estás por darme ordenes? —pregunté antes de tomar otro bocado.
Ella no respondió.
—Esme me pidió que te matara. Ella fue bastante fría al respecto, de hecho. Nota para mí misma, jamás traiciones a la familia… uno pensaría que eso iba sin decirlo.
Otra vez, sollozó, todo su cuerpo temblaba.
—Ya casi acabamos, Rosalie. Casi termina. Tú ya casi terminas. Así que llora, ruega, haz lo que tengas que hacer, porque voy a asegurarme que Emmett sea el que te mate. —Es el castigo de ella y la prueba de él. Lancé el centro de la manzana a un lado de ella mientras me ponía de pie.
Volví a subir las escaleras justo a tiempo para encontrar a Carlisle con Ethan en sus brazos, hablando con Edward y Emmett. Notándome, Edward se apartó y supe lo que quería.
—Está listo y Orlando tendrá una conferencia de prensa en la mañana. Lo mostraremos en ese momento. Prepárate para el terremoto —le dije.
Me atrajo hacia él.
—Será mejor que nos aferremos al otro.
—¿Quién está listo para cenar? —llamó Esme desde el comedor.
—¿Guiso de cordero irlandés y pan de soda? Me malcrías. —Carlisle sonrió y caminó hacia allí, meciendo a Ethan.
Ambos, Edward y Emmett, se pusieron felices.
Irlandeses.
Dirigiéndome hacia la mesa del comedor, nos sentamos mientras Esme servía la comida. Ella parecía algo animada.
—Esme, ¿tomaste algo? —le pregunté, haciendo que me fulminara con la mirada.
—¿Acaso no puedo cocinar para mis chicos?
—Por supuesto —dijeron Emmett, Carlisle, y Edward al mismo tiempo. Santo cielo, es como si ella les hubiera lavado el cerebro. Casi me hacía querer cocinar… casi, pero no en realidad.
Tomé el pan, pero Edward me detuvo y miró a su madre extrañamente.
—Es el primer lunes de junio.
—¿Y? —pregunté.
—Es Lá Saoire i mí Mheitheamh. —Emmett Sonrió.
¿Qué? En todos mis estudios sobre historia irlandesa, apenas había escuchado de ello. Es un día celebre conocido como Lunes Pentecostal o el June Bank. Pero no era gran cosa… ¿o sí?
—Sí, lo es y recuerdo que tu padre y yo te llevamos a Irlanda para celebrar. Con todo esto que está pasando, parecía adecuado. Le envié a Alice la receta así lo festejaba con Jasper. Somos una familia y la gente que va en contra de eso… bueno, mantengamos las cosas agradables. —Esme sonrió y Carlisle le besó la mejilla.
Esto se sentía extrañamente normal. Echando un vistazo a Ethan en su silla alta, me preguntaba si seré como Esme algún día… el pensamiento me hizo estremecer. Realmente esperaba estar lejos de Esme. Esto de ser madre era como una hoja de doble filo. Sentía la necesidad de ser suave cerca de Ethan, pero sentirme suave me hacía sentirme tensa. ¿Alguna vez descubriré cómo balancear todo esto? ¿Alguna vez descubriré cómo quitarle los dedos a un hombre y al mismo tiempo ser capaz de hacer la cena para Ethan y su futura esposa o novia? Pero me estaba apresurando. No solo necesitaba asegurarme que Orlando desapareciera para siempre, sino que debía asegurarme que esto no volviera a pasar.
Como si pudiera leerme la mente, Edward colocó una mano sobre mi muslo. Inclinándose hacia mí, susurró:
—Solo por un momento, deja de pensar en Orlando. Él obtendrá lo suyo.
¿Acaso no sabía ya que jamás dejaría de pensar? Sonriendo, me concentré en Carlisle mientras hablaba sobre los viejos días… él ni siquiera era tan viejo. Pero por cómo lo contaba, hubieras pensado que vivió en una película gánster en blanco y negro.
—Además, tu madre no podía apartar su mirada de mí —añadió.
—Era tu fedora. No puedes ignorar a un hombre con fedora. —Rio, poniéndole los ojos en blanco. Sonriéndole a Ethan, ella se inclinó y preguntó—. Para el día del padre, deberías comprarle una a tu papi.
¿Se suponía que yo debía ayudarlo con eso?
—¿Y esconder todo este hermoso cabello? Es una blasfemia. —Edward rio—. Además, jod…
—Edward —dijo Esme al mismo tiempo que yo.
—Papá, papá, pa. —Ethan rio, moviendo sus brazos.
Edward y yo nos tensamos.
—¿Escucharon eso? —Emmett rio.
—Dilo de nuevo, creo que tu mami y tu papi están asombrados. —Carlisle le dio sus dedos a Ethan para que juegue.
Ethan sonríe, disfrutando de la atención.
—¡Papá, papá!
Todos nosotros, incluso yo, para mi sorpresa, alentó. Edward se puso de pie y lo tomó antes de besar su mejilla regordeta.
—¡Papaaaaaá! —Ethan dijo de nuevo.
—El mejor regalo que me han dado —dijo Edward, sentándose con Ethan en sus brazos.
¿Por qué sentía la repentina necesidad de que dijera "mamá"?
