Hola chicas!

Antes que otra cosa: ¡Disculpen por no actualizar ayer! Sorry, sorry, sorry.

Escribia pero no acababa y no quería entregar algo rápido. Al final salió largo y por eso hoy habrá doble actualización! oooooh siiii!

Espero les guste!

Ya estamos prácticamente en la final!. Perdón pero me emociona.

Un capitulo degolla locas (que dependiendo del tamaño pueda o no parti en dos) y listo!. Finito!

Eso y y terminamos!

Gracias por seguir al pendiente señoritas!.

Gracias por leer y compartir.

Cuídense mucho, mucho!

Bendiciones, saludos y prosperidad para todas! o todos!

Del y Guest: Gracias por sus reviews de ayer. Que estén pendientes es muy lindo gesto,

Moon

Capítulo 21 parte 1

Narra Albert.

Otro mes había trascurrido.

Gracias al cielo puedo decir con orgullo que mi rehabilitación se ha completado. Me siento legítimamente satisfecho; todo el esfuerzo, la constancia y el dolor valieron la pena.

Mi motivación: Las ganas de vivir, y "ella".

Tengo que admitir que después de ese último día en la colina pasé un par de días adolorido, puesto que, aunque Candy no pese y sea casi diminuta, la cargué durante un lapso considerable de tiempo y mi espalda lo resintió un poco. Todos nos asustamos, pero al final no fue nada grave.

Ahora ya no hay más terapias, pero ejercito mi cuerpo diariamente. Tanto Candy como el doctor Martin —al darme de alta— me han dicho, que no hay mejor soporte para la espalda que fortalecer el abdomen. Claro que sin excederse. Es por ese motivo que mi rutina de ejercicios es vital. Al culminar, mi pequeña rubia me acompaña a nadar un par de kilómetros para complementar.

Siento que el tiempo a su lado ha pasado demasiado rápido, pues —independiente del hecho de que estamos en un pequeño pueblo sin las ventajas de la civilización— hemos hecho de todo un poco.

Algo que agradezco, es que compartimos una afinidad que va más allá de lo físico; es decir, nuestros ideales o los intereses sociales e intelectuales tienen una gran similitud. Esto ha permitido que cada día estemos más unidos como pareja.

Sé que no le he declarado mi amor formalmente pese a que ambos sabemos nuestros respectivos sentimientos y su intensidad. Ella nunca me insinúa nada al respecto, pero la conozco, y en su cabecita revolucionada debe de estar cuestionándose el por qué. Pero no quiero arruinar lo que he planeado… Y no quiero perder más tiempo.

—¿En qué piensas William?. Te veo abstraído.

Se acercó George tomando asiento en la silla frente a mi, en el despacho.

—¿Tú en qué crees? —Cambié mi sonrisa por un gesto serio—. ¿Tienes todo listo?.

—Tal cual lo pediste. Justo hoy me llegó la paquetería de Archie con los documentos que faltaban. También envió el reporte de las acciones de Elroy. Desde que llegó hace dos meses a Chicago no ha parado de investigar hasta confirmar las sospechas.

—Bien…

Tomé los documentos que me ofreció, verificando primero lo necesario para el evento de hoy en la tarde noche, posterior a eso, leí el informe. Al terminar lo dejé caer un tanto molesto sobre el escritorio.

—Una pequeña parte de mi se negaba a pensar que sería capaz de hacer cosas como esta…

—¿Estás seguro de tu decisión?. Después de esto no hay retorno.

—Jamás estuve más convencido. Es el legado de mi padre, y aunque en un tiempo evadí esta responsabilidad, es algo que quiero hacer. Yo soy el patriarca, nadie más. Aunque eso signifique perder la tranquilidad que me ha dado esta nueva vida.

—Para sorpresa que va a llevarse.

—¿Sabes George?. En su desinterés ella sola me brindó la oportunidad de regresar y tomar lo que me pertenece. Ambos sabemos que jamás reclamó el acta de defunción. Además de que es falsa. No hay forma de justificar su proceder.

—Es bueno escucharte tan decidido. Ya platicaremos más de eso. Ahora dime: ¿Hablaste con el señor Britter?. ¿Cómo van las cosas con ellos?.

—Bien sabes que me costó convencerlos de que no tuve nada que ver con lo que le hicieron a Candy, y luego más avisarles sobre la relación que sostengo con su hija y peor aún, de los planes que tengo. Pero te puedo decir que son personas maravillosas. Como todo padre Thomas estaba a la defensiva, pero cedió al pasar de las semanas —y de mi inagotable persistencia— ante la felicidad de su hija. Aunque no está a discusión el darle un jalón de orejas cuando la vea de nuevo por no decirle nada, pues sigue siendo su padre. Pero me aprueba. —Sonreí.

De nuevo los nervios me obligaron a preguntar:

—Tiene que ser rápido…

—Lo sé. Estaré pendiente.

—Tienes al personal dispuesto…

—Han llegado desde muy temprano para que todo quede perfecto.

—Espero que no falle —Respiré profundamente. No veo la hora de comenzar.

La risa poco usual en mi amigo me tranquilizó un poco.

—Por Dios William… he estado cronometrando sus hábitos desde hace un mes. Créeme que sé que saldrá como deseas.

El día trascurrió normal, salvo que Candy salió pues Emma la había citado en la clínica y ella también la traería de regreso. Respecto a ese tema que involucra indirectamente a sus amigos, durante este mes pude conocerlos mejor y me di cuenta de que son buenas y amables personas. Fui yo quien se creó conflictos innecesarios en la cabeza.

Miré mi reloj. El momento se acercaba, debía encerrarme en mi habitación para que todo cuadrara como se necesitaba. Se le había informado a mi bella dama que no podría acompañarla a tomar el té —que religiosamente bebía por las tardes, pero que a partir de nuestra reconciliación lo hacía en el jardín— ya que debía ir al banco a resolver unos pendientes.

Mis ojos se posaron más allá del terreno de la villa que se observaba por el ventanal. Era una de esas tardes mágicas en que el cielo entre las montañas se pintaba de todos los colores posibles: rojo, violeta, azul, rosa.

Un magnifico escenario.

Caminé hasta la cómoda y saqué de uno de sus cajones una pequeña caja de terciopelo verde oscuro. Al abrirla, una delicada sortija de compromiso descansaba en ella. —suspiré—. Habría querido obsequiarle el que usara mi madre y que pasaba de generación en generación en la familia. Este se encontraba en un delicado joyero que también ha trascendido en nuestro legado, pero lamentablemente el día que salimos de Chicago no pude llevarlo conmigo, George me informó que mi tía había reubicado la caja fuerte en su alcoba y ésta estaba cerrada con una llave que solo ella cargaba. No obstante una tarde me escapé de la villa para hacerle una visita al joyero del pueblo.

El trabajo realizado era impecable.

Era hermoso por su sencillez: forjado en oro blanco, resguardando en su centro un delicado, pequeño y transparente diamante en forma de corazón. ¿Por qué no otra piedra preciosa?, esmeraldas había sugerido George. No, no para ella. Candy es tan pura como esta piedra y tiene en su mano mi corazón. Ese es el significado… por eso cualquier otra gema me pareció inadecuada. Una simple esmeralda no la define en lo absoluto.

Un llamado a la puerta me sacó de mis pensamientos.

—Adelante.

—Está todo listo William. La señorita está en el jardín.

—Bien. Llegó la hora.

En eso veo que mi amigo se acerca con preocupación para decirme con esa seriedad que le caracteriza y con una pena que no logré entender:

—Si hay algo que necesitaras saber…

No pude evitar soltar una risa que rebotó por toda la habitación. Pero a él no le pareció para nada gracioso.

—No me digas que piensas tener "La Platica" conmigo George. —Pregunté en un tono alegre.

Su tartamudeo me instaba a reír de nuevo pero me controlé lo mejor que pude.

—Bu-bu-eno… es que tú… tú no… En fin sabes a lo que me refiero William.

—Sé que te preocupa mi falta de experiencia George, pero se te olvida que fui al internado y por muy estricta que fuera la vigilancia en "La Carcel", siempre había compañeros que llevaban revistas o que hablaban de sus experiencias muy explícitamente. En ese tiempo mi curiosidad me llevó a escuchar muchos relatos, además he leído bastante. No creo estar tan perdido. Creo que todo irá fluyendo. Pero gracias por apoyarme —reí—.

—Bien.—Respondió mientras repasaba su cara con un pañuelo. Te dejo cambiarte entonces.

Mi arreglo era rápido así que un par de minutos después abandoné la habitación controlando mis nervios en la medida de lo posible, pero el corazón me bombeaba con tanta fuerza por lo que haría que sentía los latidos en mi garganta.

No tardé en llegar al jardín. Ella estaba abstraída leyendo mientras su taza de té reposaba en la pequeña mesa. No podía verme pues me encontraba parado varios metros atrás.

Inspiré profundo, tomé mi gaita, coloqué el soplete entre mis labios, mis dedos sobre el puntero y comencé a tocar aquella melodía cuando ella me viera sobre la colina de Pony.

El sonido de mi instrumento la hizo voltear al instante y levantarse de su asiento.

Poco a poco se acercó hacia donde me encontraba. Cubría con ambas manos su preciosa boca mientras sentidas gotas de agua salada resbalaban por sus mejillas.

Estábamos frente a frente.

Cuando la melodía terminó le sonreí…

—Creciste... pero esa mirada es la misma que vi aquel día escondida… eres mi príncipe de la colina. Si te veías encantador de niño, ahora te ves muy buen mozo con ese kilt. Gracias por la sorpresa.

Yo no dije nada, pero solemnemente me arrodillé ante ella y después de sacar la pequeña caja mostrando el anillo, le dije:

—Sé que no te he pedido previamente ser mi novia, pero este sentimiento entre tú y yo esta tan vivo y latente como el palpitar de nuestro corazón. Candy… te he amado toda la vida, y lo haré aún más allá de la muerte. Tu sonrisa y alegría son el sol de mis días. Ya no concibo mis horas sin ti. Quiero ser tu apoyo, tu fortaleza, pero también tu amigo y tu amante. Seré lo que quieras y necesites si me permites amarte. Candy: ¿Aceptarías ser mi esposa…?.

Ella dejó de llorar y nerviosa asintió.

—Sí quiero… si quiero.

Tomé su mano temblorosa y coloqué el anillo en su dedo anular. Después me levanté, la tomé entre mis brazos y la besé con toda la ternura que pude transmitir.

—Siento que todo es un sueño…

Acaricie su rostro con delicadeza.

—No lo es preciosa, pero ahora viene la parte poco ortodoxa de esta petición. Pero necesito todo tu apoyo...

Ella me miró con esas hermosas lagunas verdes y me respondió confiada.

—En lo que sea sabes que estaré contigo Bert.

Ese apodo sonaba aún más lindo en sus labios.

—Necesitamos casarnos ya. Debo regresar a Chicago y tomar mi lugar… Yo hubiera querido que fuera de otra manera. Seguramente querías una boda organizada, pero no quiero llegar contigo si no eres mi esposa. Esta vez voy a defenderte le pese a quien le pese.

La sorpresa llegó a sus ojos.

—Haremos lo que sea necesario, mientras este a tu lado no necesito nada fastuoso para ser feliz. Solo déjame hablar con mi padre… ocupo algunos documentos y…

—Ya he hablado con él.

Su impresión aumentó considerablemente. Llevó sus manos a la boca.

—¿Hablaste con mi padre?. ¿Qué te dijo?. Ay Albert estoy segura que te ha de haber tratado mal. Él no quería volver a saber de ti…

—Me costó un par de semanas convencerlo, pero estamos en buenos términos ahora. Y por la documentación no te preocupes ya la tengo.

—¿Pero cómo…?

—Tuvimos un par de celestinos… Archie fue uno de ellos… ¿no adivinas quien fue la otra?.

—¡Mi abuela!.

—Así es… ella por alguna razón que no me explicó creyó en mi, así que le dio los papeles a mi sobrino aun antes de hablar con Thomas.

—¿Entonces nos casaremos en una semana?

—No… Antes preciosa.

—¿En una par de días?.

Suspiré.

—Nos casaremos justo ahora.

Casi me rompe los tímpanos por los decibeles que utilizó.

—¡Ahora, ahora es decir: ahora!

Yo reí por inercia.

—Si Candy.

—¡Albert pero no tengo vestido!.

Su mirada de total consternación me enterneció.

—Tú aunque llevaras puesto tu traje de enfermera, el cual por cierto es blanco te verías hermosa.

—¡Albert!. ¡No voy a casarme con mi uniforme!.—Me reprendió pucherosa.

Mi risa la hizo sonreír.

—Sé que no. Por eso tu amiga Maggie te ha escogido un vestido precioso hace un par de semanas. En este momento espera por ti en la habitación que ocupabas en la villa. También he contratado una asistente que ha de maquillarte y peinarte., así como una persona para vestirte.

Al escucharme sonrió radiante iluminando mi corazón.

Se acercó lentamente y después de dejar un beso mariposa en mis labios me preguntó:

—Muy bien señor Wentworth, parece que lo tiene todo planeado, pero dígame: ¿En dónde nos vamos a casar?. ¿Viajaremos a la iglesia del pueblo?.

Yo toqué su pequeña y fría nariz.

—Es mucho más distraída de lo que parece señorita Britter.¿ Varios meses viviendo en esta villa y no se percató de que existe una capilla en el lado este?.

No dejaba de asombrarse.

—¡Es en serio!.

—Así es señorita. Todo está dispuesto. El sacerdote del pueblo de hecho se encuentra descansando en una de las habitaciones para huéspedes, pero nos espera en una hora para oficiar. Tus amigos también han sido invitados, por supuesto.

—¡Dios debo apurarme entonces!.

Me dio otro rápido beso y salió corriendo dejándome ahí. Podía ser un torbellino de energía, pero era la mujer que amaba.

La hora pasó tan lento que ya no sabía en qué más ocupar mi tiempo. Revisé las rosas en la capilla, todas blancas y abiertas por completo. El cuarteto de cuerdas estaba dispuesto, en la cocina todo se encontraba a pedir de boca. George cargaba los anillos pues sería nuestro padrino.

Faltando diez minutos, caminé hasta su cuarto y tras llamar, cuando abrió la puerta le dije:

—Es tiempo, vamos anda. No olvides los anillos.

Continuará…