Hola mis bellas y bellos lectores, gracias por entrar aquí. Hoy les traigo el capítulo 23 de este long fic. Traté de terminar el capítulo antes, pero por motivos personales no pude hacerlo, sorry. Ojalá les guste el capítulo.

.

Como siempre agradezco a todas las personas que leen mis historias y me dejan un review, a las que marcan mis historias o a mí como favorita y/o siguiendo y a las que simplemente me leen. Para todos ustedes, muchas gracias, me inspiran de cierto modo a continuar :D

.

Capítulo dedicado a mis comentaristas estrellas: ANABELITA N. y Roronoa Saki. Gracias por comentar, les mando a las dos un gran beso y un fuerte abrazo.

AnitaNara040922, leí tus comentarios en algunos de mis one shot, muchas gracias.

.

.

Disclaimer: Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto. La historia es mía y la publico sin ánimos de lucro.

.


Lo que siempre nos unirá

.

Capítulo 23.- Feliz cumpleaños.

POV Temari

.

Desperté por la luminosidad que ya había en mi habitación y por inercia estiré mi mano hacia la mesita de noche. Cogí mi celular y miré la pantalla.

—Las siete con treinta de la mañana —musité para sí, abriendo mis ojos de par en par—. La alarma de Itachi no sonó.

Volteé inmediatamente hacia al otro lado de la cama y estiré mi mano, sin embargo, no había nadie.

—¿Por qué diablos Itachi no me despertó? —inquirí extrañada, deslizándome rápidamente hacia la orilla de la cama y sentándome—. ¿Qué días es…

No alcancé a terminar la pregunta, ya que una sonrisa apareció entre mis labios.

—Hoy es mi cumpleaños, seguramente por eso hoy no escuché ninguna alarma.

Soy de esas pocas personas que apenas escuchan la alarma, salen rápidamente de la cama, sin embargo, no tengo un reloj interno instalado en mi cuerpo, ya que si no escucho la alarma, simplemente sigo durmiendo.

Y así fue hoy.

Aunque seguramente, Itachi, corrió levemente esa cortina con el fin de que a cierta hora se iluminara la habitación.

Me puse de pie y me dirigí al baño. Tomé una ducha rápida, sin mojar mi cabello, y en cuestión de minutos, salí de ahí. Me vestí con prontitud y luego me peiné. Una vez arreglada me dirigí hacia la habitación de Dai, sin embargo, tampoco lo encontré.

Supuse que también estaría abajo.

Caminé hacia la escalera a paso regular y descendí.

Todo se veía muy tranquilo en la sala de estar y en el comedor. Me imaginé que los moradores de esta casa deberían estar en la cocina. Así que apresuré el paso para ver qué sorpresa me podrían tener preparada en esa habitación.

Apenas empujé la puerta, un bullicioso saludo, me emocionó enseguida.

—¡Feliz cumpleaños Temari!

Ver a mis hermanos en casa, era sin duda el mejor regalo que podía recibir.

Esbocé una amplia sonrisa.

—Feliz cumpleaños, hermanita —espetó, mi hermano mediano, dándome un afectuoso abrazo.

—Gracias Kankuro —le respondí alegremente, correspondiéndole el abrazo—, gracias por estar aquí.

—Teníamos que venir —señaló con seguridad, cortando lentamente el abrazo para mirarme a los ojos—. No podíamos permitir que pasaras este día sin nosotros.

Lo miré con una sonrisa.

—Ni un cumpleaños es lo mismo sin ustedes —acoté con sinceridad y éste enseguida me volvió estrechar, a los pocos segundos lo separé de mí con un ligero empujón—, pero no me acapares tanto, Kankuro, sino Gaara nunca me va a venir a saludar.

—Como siempre tan directa, hermanita —espetó levantando los brazos. Dirigió su mirada a nuestro hermano menor —. Gaara, puedes ir a saludarla, Temari es toda tuya.

Éste lentamente se acercó.

—Hermana, muchas felicidades en tu día —acotó, mi pelirrojo hermano, en su típico tono neutro. Con suavidad me estrechó.

Yo le devolví el abrazo con mayor efusividad.

—Muchas gracias, Gaara, gracias por venir a verme —le dije cortando con sutileza el abrazo—, pero… ¿pero cuándo llegaron? No creo que hayan llegado esta madrugada ¿o sí?

Lo miré con expectación.

—Llegamos anoche —espetó, Gaara, con su típica cara de póker—, pero tú ya te habías acostado.

Apenas escuché su respuesta, desvié la mirada hacia Itachi.

—Entonces, ¿todo eso de la llamada del gerente finanzas y que tenías que bajar urgente a la biblioteca para mandar una información que tenías en esa memoria del USB que cargabas, fue una vil treta?

Dejé atrás a Gaara y me acerqué a mi mirado.

Itachi esbozó una sonrisa.

—Una mentira piadosa, Tem —se justificó dulcemente—, pero fue con el fin de darte esta sorpresa.

—El gerente era yo, hermanita —intervino, Kankuro, en un tono socarrón—, lo llamé para avisarle que estábamos a pocos minutos de llegar.

—Tenía que abrirles la puerta —complementó, Itachi, con una sonrisa.

—Eres un gran actor, Itachi —acoté con falso enfado —, te creía cada palabra que me dijiste.

—Siento mucho haberte engañado —señaló acortando la distancia entre nosotros y luego me rodeó con sus brazos—. Feliz cumpleaños, mi amor.

Me estrechó con dulzura y luego besó mi cabellera.

—Gracias por la sorpresa —respondí su abrazo y suavemente me separé de él. Lo miré a los ojos—, no sabes lo feliz que me has hecho.

Enmarcó mi rostro con sus manos y enseguida besó mis labios.

—Lo sé, Tem —espetó en un susurro luego de besarme— sé lo importante que son tus hermanos para ti.

Al soltar mi rostro, busqué a mi hijo con la mirada.

—¡Tú también me lo ocultaste, pilluelo! —le reclamé a Dai, apuntándolo con el dedo.

Mi hijo enseguida supo que mi enfado era una mentira.

Sonrió.

—Papá Itachi dice que gualde el sequeto —se defendió éste, en un tono travieso.

Apenas lo escuché, me agaché y abrí mis brazos.

—Ven aquí a darme mi abrazo —señalé sonriente, y mi pequeño enseguida corrió y me abrazó.

—Feliz cumpeaños, mamita —espetó de forma cariñosa, mientras yo lo estrechaba con todo mi amor—. Te quero mucho.

—Yo también te quiero mucho, mi bebé —le respondí en un tono dulce.

—Ya no soy bebé, soy niño gande —me corrigió lo que me provocó mucha ternura. Tomé su carita entre mis manos

—Para mí siempre serás mi bebé, Dai —acoté dulcemente besando su carita.

En respuesta, él me regaló un sonoro y largo beso en la mejilla.

Lo tomé en brazos y miré hacia donde estaban mis hermanos.

—¿Me imagino que me prepararon un rico desayuno?

—Por supuesto, hermanita —respondió, Kankuro, con suficiencia —, es lo mínimo que podemos hacer por ti, ¿pero no nos has dicho nada por la decoración?

Giré con Dai en los brazos y miré hacia mi alrededor

Ver globos y serpentinas por todos lados, de cierto modo, me sorprendió.

Se notaba a leguas que se habían esmerado.

—No está mal. Muchas gracias, familia —espeté con sinceridad, pasando mi vista por el rostro de todos. Detuve la mirada en los ojos de mi hermano mediano—. Te agradezco esas tres flores con globos que hiciste, Kankuro, se ven muy lindas pegadas en esa pared.

—No fue nada, hermanita —señaló éste, con franqueza —. Las hice porque sé que te gustan.

—¡Y tambén hizo otas cosas! —exclamó, Dai, algo inquieto. Me imaginé que quería enseñármelas.

Lo separé de mí y lo dejé en el suelo.

—Muéstramelas, hijo —le dije con una sonrisa.

Corrió hacia una de las sillas y tomó una figura hecha con esos globos que parecen espaguetis. Rápidamente se devolvió hacia mí.

—Mira —espetó con entusiasmo, entregándome la figura.

La tomé y observé con detalle.

—Es un perro muy bonito —le dije suavemente, y Dai se emocionó mucho más. Corrió hacia la otra silla y sacó una flor bastante grande también hecha de globos.

—Esta for es para ti —acotó con una dulce sonrisa.

Yo se la recibí y lo abracé enseguida.

—Gracias, mi niño hermoso —espeté muy feliz—. ¿Algún regalo más?

—Sí —afirmó con sus ojitos llenos de entusiasmo. Corrió hacia la silla de la cabecera y la movió. Tomó como pudo, tres paquetes y los trajo hasta mí—. Éste es del tío Gaara y éste del tío Kanky.

—Hey Dai, ¿por qué tú estás entregando los regalos? —inquirió, mi hermano mediano, con el fin de fastidiarlo—, ¿no debiéramos nosotros dárselos a tu madre?

Mi pequeño me entregó esos dos regalos y luego lo miró.

—La mamá peguntó si había más legalo —dijo con convicción.

—Buena respuesta, sobrino —espetó, Gaara, dándole un codazo a Kankuro—. Déjalo hermano, es sólo un niño.

Dai volvió a concentrase en la entrega de regalos.

—Y éste es del papá Itachi y mío —acotó pasándome el último paquete.

—Gracias hijo —le dije dulcemente—, gracias por entregarme los regalos de todos los que están presente.

Me puse de pie y los dejé sobre un mueble de cocina. Con curiosidad, comencé a abrir uno de éstos.

—Tema, ábrelos después —me llamó la atención, mi hermano mediano. Lo miré con detención—. Las personas que estamos presentes queremos desayunar.

—¡Cómo siempre tan hambriento, Kankuro! —le dije ácidamente, mientras continué abriendo el regalo.

—Hey, hermanita, no lo digo sólo por mí —insistió, mi odioso hermano—, lo digo también por mi cuñado que tiene que ir a trabajar —dejé de abrir el regalo y desvié la mirada hacia Itachi—, ¿o quieres que se vaya a la oficina con el estómago vacío?

—Por supuesto que no —acoté dejando el regalo sobre el mueble.

—Lo siento, Tem —espetó, Itachi, con suavidad—, pero debo ir a la empresa. Tengo una reunión a las nueve con treinta de la mañana y no puedo faltar.

—No te preocupes, Itachi… entiendo —le dije de forma comprensiva. Con de esto de la sorpresa, ya se me había olvidado que era día viernes y que tenías que ir a trabajar.

—Sin embargo, estaré en la empresa sólo hasta el mediodía, así que podré compartir toda la tarde con la familia.

Sus palabras me sacaron una semi sonrisa.

—Y ya que hoy es tu cumpleaños —prosiguió en su tono habitual—, me gustaría que a la hora de almuerzo, todos fuéramos a comer a un restaurant. Eres la cumpleañeras, Tem, así que tú decides el lugar.

Sonreí feliz.

—Me gusta la idea de escoger donde ir almorzar.

—Hermanita, yo creo que podríamos ir…

—¡Kankuro!, déjala que ella escoja el lugar —lo interrumpió, Gaara, evitando que éste me diera su opinión.

Apenas escuché el llamado de atención de mi hermanito, giré mi rostro hacia él.

—Hermana, es tu cumpleaños, no te dejes influenciar por éste —espetó, Gaara, con su voz calmada, mientras apuntaba a Kankuro con el dedo pulgar. Desvié mi mirada hacia Kankuro, éste sólo negaba con el rostro—, todavía tienes muchas horas para poder decidir, así que hazlo con tranquilidad.

—Tu hermano tiene razón, Tem —intervino, Itachi, con cierta dulzura—, tienes toda la mañana para poder escoger. Los pasaré a buscar tipo una de la tarde, ¿te parece?

—Me parece —respondí con una sonrisa.

—Y ya que estamos de acuerdo —señaló, Itachi, colocando sus manos sobre mis hombros—, creo que lo mejor será desayunar. La verdad es que no me quiero ir con el estómago vacío.

—Ya era hora que dijeras eso cuñado —espetó, Kankuro, corriendo la silla de la cabecera—. Temari, ven a sentarte. Comenzaré a servir de inmediato.

.

.

.

—Es que no quero il —se quejó, Dai, en un tono lastimero, a su vez que yo buscaba en el armario, la ropa que se iba a colocar.

—Dai, es el último día de la semana —señalé cerrando la puerta y girando hacia él—. Tienes que ir

—¡No quero! —acotó con cierta frustración, mientras yo me acerqué a su cama y le dejé su ropa.

—No seas mala, Temari —abogó, Kankuro, desde la entrada de la habitación—. Mi sobrino no quiere ir porque quiere estar con nosotros, ¿cierto, Dai?

Mi hijo asintió con un puchero.

—Además estás de cumpleaños —continuó, mi hermano, con su argumento—, es lógico que quiera pasar el día contigo.

Hice una mueca con los labios.

—Kankuro, quiero que mi hijo sea responsable desde pequeño —defendí mi postura con seriedad.

—Pero un día que falte al jardín no lo hará menos responsable —insistió éste, acercándose a Dai—. Mi sobrino no es de esos niños que falta por faltar.

Enfocó su mirada sobre mi hijo.

—Él tiene muy claro cuáles son sus deberes y obligaciones —señaló con seguridad, acariciándole la cabeza—, y eso te lo debe a ti —alzó la mirada y me miró con orgullo—. Vamos Tema, dale permiso para que falte al jardín.

Su argumento me hizo soltar un suspiro.

—Está bien, Kankuro, me convenciste —espeté sin dejar la seriedad de lado—. Dai se quedará en casa.

Tanto Dai como mi hermano sonrieron felices. Mi hijo se abalanzó enseguida sobre mí.

—Gacias mamita —acotó con alegría, mientras me abrazaba una pierna.

Sonreí.

Con cariño le acaricié su cabecita.

—No me des las gracias a mí, Dai —le dije en mi tono habitual, logrando que sus almendrados ojos me miraran—, agradécele a tu tío que, con su labia, me hizo cambiar de parecer.

Mi hijo desvió su dulce mirada hacia mi hermano.

—Gacias, tío Kanky —señaló, yéndose rápidamente hasta donde estaba él.

Éste al verlo acercarse, se inclinó lo necesario para recibirlo y auparlo.

Ambos se miraron sonrientes.

—Sobrino, hay que saber hablarle a las mujeres con carácter como tu madre —señaló, mi hermano, con convicción.

Mi hijo amplió mucho más su sonrisa.

—¿A las pobemáticas? —Apenas preguntó, se tapó la boca enseguida.

Lo miré sorprendida.

Kankuro por más que trató, se le escapó una risa.

—Hermanita, eso no se lo enseñé yo —señaló éste, con cierta sorna, mientras me miraba con expectación.

Dai tomó la cabeza de Kankuro para hablarle al oído.

—Fue el papá —acotó en un audible susurro.

—¿En serio? —inquirió, mi hermano, con falsa curiosidad, a su vez que me miraba de reojo—. Hace muchos años que no escuchaba esa palabra. ¿Cómo está tu papá?

—Ben —respondió, Dai, con alegría, sin embargo, a los segundos abrió sus orbes desmesuradamente— ¡El regalo de la mamá!

Soltó la cabeza de Kankuro e hizo el intento de bajar.

Mi hermano lo dejó en el piso inmediatamente.

—¿De qué regalo hablas, Dai? —inquirió éste, mientras veía que mi hijo corría hacia su armario y abría una de las puertas.

Una idea apareció en mi cabeza.

Imposible —al instante, la deseché.

Vi que mi hijo sacó una mochila y se arrodilló con ésta en el piso.

¡Kami!, su mochila para salir —pensé, dando cuenta que tal vez la idea desechada era posible.

Abrió el zipper con prontitud.

—¡Aquí está! —exclamó con alegría y enseguida corrió hacia mí—. Toma mamá, es de papá.

Cogí el regalo y me quedé observándolo.

—¡Wow!, no sabía que te llevabas tan bien con tu ex —exclamó, mi hermano, en un tono socarrón.

Lo miré con cara de pocos amigos

—¡Ya cállate, Kankuro! —acoté con cierta molestia. Volví a mirar a mi hijo.

—Gracias, Dai —le dije con cariño—. ¿Seguro que lo mandó tu papá?

Tenía que confirmar que este obsequio me lo había mandado Shikamaru y no Yoshino.

Mi hijo asintió con su cabecita.

—Dijo que escondera hasta el cumpeaños —comentó con una dulce sonrisa.

No pude evitar sentir un grado de emoción en el pecho.

—Menos mal que mi sobrino no te dio ese regalo enfrente de tu marido —espetó, ácidamente, mi hermano.

Volteé mi rostro hacia él.

—¿Por qué dices eso? —inquirí con el ceño fruncido.

—No sé qué cara hubiese puesto Itachi, si sabe que Nara te mandó ese «regalito».

El comentario de mi hermano de cierto modo me inquietó.

Tenía razón.

—Papá dijo que no dera el legalo fente al papá Itachi —explicó, Dai, mirando a su tío.

—Wow, ¡qué obediente es mi sobrino! —exclamó, Kankuro, con cierta ironía. Fijó sus ojos en mí. —Ya Temari, abre el regalo. Todos queremos ver qué es.

La curiosidad se le veía reflejada en los ojos.

Saqué el celular que tenía el bolsillo trasero de mi jeans y lo dejé sobre la mesita de noche.

Me senté en la cama de Dai para comenzar abrir el envoltorio.

—Yo quero uno mamita —señaló, mi pequeño, con entusiasmo.

No seguí abriendo el envoltorio y lo miré con falsa curiosidad.

—Pero no le des pistas, Dai —le reclamó, Kankuro.

—Son chocolates, ¿ciertos? —inquirí captando la atención de mi hijo

—Tío Kanky dijo que no dera pistas —respondió tratando colocarse serio, sin embargo, no lo logró.

—Si me confirmas que son chocolates, los compartiré con ustedes —señalé haciendo que mi pequeño glotón de inmediato aplaudiera.

—¿Entonces son chocolates? —pregunté mirándolo con detención.

—Sí, mamita —contestó con una entusiasta sonrisa.

Me apuré en abrir el regalo, dejando a la vista una delicada caja de bombones.

—Hey Kankuro, ¿dónde está Gaara? —inquirí abriendo con prontitud el envase.

—Lo dejé en la cocina recogiendo las cosas de la mesa —respondió de lo más normal—. Seguro se puso a lavarlas y luego a guardarlas. Tú sabes cómo es él.

Alcé la vista y negué con la cabeza.

—Eres un fresco, Kankuro —acoté por lo aprovechador que siempre es —, ¿y por qué no te quedaste a ayudarlo?

—Tenía que venir a persuadirte —se defendió inmediatamente—, sino mi pobre sobrino ya estaría camino al jardín.

Puso su mano en la cabeza de Dai y lo apegó a él.

Mi celular comenzó a sonar.

Mi hijo se acercó hacia la mesita de noche y lo tomó.

—¡Es mi papá! —exclamó, Dai, pasando el celular con alegría.

Miré la pantalla.

Tenía razón, aunque Dai no sabía leer, sabía distinguir los nombres de los miembros de su familia.

—¿Y para qué me llamará? —espeté para sí, tratando de negar lo evidente.

—Es muy obvio, hermana —acotó, Kankuro, con una sonrisa pícara—, para saludarte.

Traté de ignorar la mirada curiosa de mi hermano y contesté.

T: Aló.

S: Hola Temari, ¿cómo estás?, ¿puedes hablar?

T: Hola, estoy bien… sí, puedo hablar.

Volteé el rostro hacia la ventana con el fin de que mi hermano no sacara conclusiones erradas.

S: Te llamaba para desearte un muy feliz cumpleaños.

Al escuchar sus palabras, sentí que los latidos de mi corazón se incrementaron.

T: Gracias, la verdad es que no esperaba que me llamaras —le dije con sinceridad.

S: Creo que es lo mínimo que puedo hacer por la madre de mi hijo. Espero que tengas un lindo día.

T: Gracias de verdad, y sí será un lindo día, ya que mis hermanos me vinieron a visitar.

S: Me alegro por ti. Dales mis saludos.

T: Está bien, se los daré.

—Mamita dile que almerce con nosotos —espetó de repente, Dai, sin embargo, hice caso omiso a sus palabras.

S: Escuché a Dai por ahí, dile que me llame más rato.

—Se dice «almuerce», Dai —acotó, Kankuro, tomándolo en brazos de forma rápida y alejándose unos cuantos pasos—, pero creo que eso que dices es una mala idea.

—¿Po qué?

T: Sí, está hablando con Kankuro —le dije al ver que esos dos se pusieron hablar en secreto —. Le diré que te llame después.

S: No te quito más tiempo, Temari, me imagino que tienes mucho que conversar con tus hermanos.

T: Sí, tenemos que ponernos al día.

S: Entonces te dejo, mujer, y recuerda que mañana no iré a buscar a Dai, sino que el domingo.

T: Descuida, lo tengo muy presente. Ah, se me olvidaba, gracias por el regalo.

S: No fue nada, mujer. Cuídate, estamos en contacto.

T: Igual tú, nos vemos.

Apenas corté la llamada, solté un suspiro.

Dejé mi teléfono sobre el velador.

—¿Qué tanto conversan ustedes dos? —inquirí mirando a ese par.

—Nada de tu incumbencia, hermanita —respondió, Kankuro, con cierta ironía.

—Por lo que veo, mi sobrino no irá al jardín —espetó, mi hermano menor, entrando a la habitación.

—¡Gaara, apareciste justo en el momento indicado! —exclamó, Kankuro, con gran entusiasmo.

—¿En el momento indicado? —inquirió éste, sin entender. La verdad es que yo tampoco entendía, a lo que Kankuro se refería.

—Sí, Temari justo iba a repartir unos chocolates que le llegaron de regalo.

Kankuro, tenía razón.

—Pues sí…—acoté colocándome de pie—, pueden escoger los que quieran.

Me acerqué a ellos para repartir lo que había prometido, sin embargo, tenía el presentimiento que había algo oculto en los dichos de Kankuro.

—Gaara —llamé su atención al momento que sacó sus bombones—. Dai no irá al jardín hoy, se quedará con nosotros.

—Es una buena noticia, hermana —espetó en su tono habitual.

—Te cuento una cosa, Dai —acotó, Kankuro, llamando la atención de todos—. Tu tío Gaara te trajo varios regalos, ¿quieres ir a verlos?

Los ojitos de mi hijo brillaron emocionados.

—Sí —asintió sonriente.

—Hermanito, ¿puedes ir a tu habitación a enseñárselos? —le solicitó, Kankuro, con amabilidad—. Necesito hablar una cosa con nuestra hermana.

Gaara lo miró fijamente.

—Entiendo —susurró éste, con su típica cara de póker.

—Dai, ¿me acompañas? —inquirió éste, estirando su mano.

Mi hijo al instante se la tomó. Ambos salieron a paso regular de la habitación.

Dejé pasar unos cuantos segundos antes de hablar.

—¿Qué quieres saber, Kankuro? —inquirí imaginándome a dónde quería llegar.

Éste caminó hacia la entrada del dormitorio y cerró la puerta. Se acercó lentamente hacia mí.

—No es evidente, hermana, quiero saber qué cosa te traes con Shikamaru Nara.

Abrí mis ojos desmesuradamente.

—¿De qué diablos estás hablando, Kankuro? —espeté al sentir que su imaginación había ido demasiado lejos.

—Temari, no te hagas la desentendida conmigo —señaló mirándome con detención—. Te observé muy bien cuando hablabas con Nara.

—¿Y? —inquirí expectante.

—Y con sólo eso puedo deducir que existe una tensión entre ustedes.

Sentí mis mejillas arder.

¡Estás loco, Kankuro! —exclamé furibunda, sin embargo, no pude sostenerle la mirada por mucho tiempo.

Mi corazón comenzó a latir con rapidez.

—No estoy loco, Temari —espetó con seguridad—, y acabo de corroborar mis palabras, con tu reacción.

Fijé nuevamente mi mirada en él.

¿Qué mierda me estás queriendo decir? —inquirí de forma grotesca, aunque por dentro me sentí terror. ¿Tan evidente era para él lo que me sucedía con Shikamaru Nara?

—Que tu reacción te delató, hermana —me explicó, queriéndome decir que yo era un libro abierto—. Me respondes de mala manera, pero por dentro eres un manojo de nervios.

Tenía razón, tenía que tranquilizarme. Respiré profundamente y luego exhalé.

—Kankuro, estás viendo cosas donde no existen —señalé de manera calmada. Tenía que demostrarle que tenía mis emociones controladas.

—¿En serio? —inquirió incrédulo—, entonces explícame lo de la llamada y el regalo.

—No tengo explicación —espeté con sinceridad—. Me imagino que se acordó que pronto sería mi cumpleaños y quiso darme un presente. Respecto a la llamada… ¡sólo fue un saludo de cumpleaños, maldición!

Tomé una bocanada de aire para volver a mi centro.

—Sabes que pienso, Temari —acotó, Kankuro, con su rostro sereno—, que Nara no sólo tiene interés por su hijo, sino que también tiene un interés especial por ti. Me imagino que tú ya lo percibiste —hizo una pausa tratando de encontrar la respuesta en mis ojos—, por eso tratas de mantener tus emociones a raya.

—Estás confundido, Kankuro —señalé con el fin de disuadirlo—, Shikamaru… Shikamaru sólo es amable conmigo. Tenemos un hijo en común. Además, yo… yo soy una mujer casada, y él está en la misma condición que yo.

—Está bien, hermanita, está bien —espetó, mi hermano, de forma comprensiva, tomando mis brazos con sus manos—. Le diré a mis neuronas que están confundidas. No te atosigaré más con mis conclusiones erradas, sin embargo, si más adelante te das cuenta que yo estoy en lo cierto, y además tienes algún tipo confusión… aquí —llevó su mano derecha al corazón—, yo siempre estaré disponible para ti. Si necesitas conversar o simplemente desahogarte, puedes contar conmigo. Tú sabes que yo no te juzgaré.

—Agradezco tu preocupación, Kankuro, pero creo que puedo manejar esta situación sola.

Al decir estás palabras, prácticamente estaba reconociendo que me sucedía algo Shikamaru.

—Si tú lo dices, hermanita, te creeré —acotó con cariño—, pero no olvides que…

—Puedo contar contigo… lo sé —señalé con una semi sonrisa—, eres mi hermanito mediano. Sé que puedo confiar en ti.

—Gracias por la confianza, hermanita —espetó dándome un sentido abrazo—. ¿Sabes qué?, mejor dejemos este tema hasta acá —cortó el abrazo bruscamente y me tomó de la mano—. Vamos a ver los regalos que Gaara le trajo a Dai

.

CONTINUARÁ…

.


Gracias por leer, espero que les haya gustado el capítulo.

Cualquier cosa que quieran decirme, pueden hacerlo a través de un review, me encanta leerlos y responderlos. Recuerden que los reviews siempre motivan al escritor. Yo los amo con el corazón :D

Durante la semana responderé los reviews pendientes. Siento mucho la demora.

Disculpen también las posibles faltas de ortografías, apenas tenga tiempo las corregiré (ayyy Kami... quién sabe cuando lo podré hacer).

Nos vemos en mi próxima actualización.

Saludos. Besos y abrazos para todos.