Neville no pudo dejar la habitación de Snape desde que se quitó el traje protector. La medribuja al cargo había entrado con su compañera, y les habían pillado en el momento en que Snape le tenía abrazado.

Había sido un momento bajo, la mirada de ambas mujeres no mostraban tanto rechazo por la muestra de afecto como por el acto de desprotección.

Neville se había vuelto a colocar las protecciones, e intentado ir a hablar con la medribuja, pero esta le había pedido a su compañera que se retirara y a Neville que esperara.

Neville se volvió a Snape, el hombre estaba haciendo esfuerzos para permanecer de pie, aún así se le veía decidido.

—Lo siento.—Se disculpó Neville.

Snape iba a hablar pero la medibruja volvió.

—Longbottom, sabe que tiene terminantemente prohibido quitarse su traje de protección, ni hablamos ya de tener contacto directo con un paciente al que se le suministra magia habitualmente.

—Lo sé, lo siento.

—Necesitamos a todos nuestros alumnos, no es cuestión de si se expone o no al peligro, es que deja de ser útil para el resto.

—Para mí sigue siendo útil, con o sin protección.—Snape estaba agarrado a la mesa de preparación, donde lo había dejado Neville.

—O entra en aislamiento, o se queda con el paciente.

Neville le miró, y notó como este asentía.

—Me quedo con él, le seguiré suministrando el tratamiento.

La mujer no parecía satisfecha con el resultado, entendía el punto que no estaban allí por ningún motivo. Estaban liberando a otros para que pudieran trabajar en casos más peligrosos. Si Neville caía, se convertía en un paciente más, y en una ayuda menos.

El pensamiento era un tanto cruel, pero no dejaba de ser cierto.

Trajeron otra cama, y Dean le llevó más tarde algunas de sus pertenencias.

—Al fin tengo un medimago 24 horas—dijo Snape en lo que parecía ser una broma—Es el sueño de cualquier enfermo crónico.

—Un medimago muy malo—quiso reírse Neville.

—El único que ha hecho que mejore.

Neville le miró, se alegraba de oír eso, también se sentía avergonzado de haber tenido una crisis que les había llevado a aquello.

—Le he robado su intimidad, no tendría que haber venido hoy a trabajar.

—¿Cuál era la otra opción?—Desde su alarde de permanecer de pie por la mañana, Snape había estado sentado por la mayor parte del día—¿Estar solo con el dolor? Créame, señor Longbottom que no ayuda, lo he probado de primera mano.

—Ya que vamos a ser compañeros de habitación ahora, podríamos tutearnos.

Estaría bien si eso no lo hubiera dicho completamente sonrojado, y ya no había máscara protectora que lo minimizara.

Snape le miró, sentado, con sus clásicas ropas oscuras más ligeras, él le había escuchado llamarle por su nombre, y se había sentido bien. Cercano, importante.

—De acuerdo, Neville.

Ambos se quedaron callados, y Neville se daba cuenta de lo que aquello significaba. Aunque pasaba allí casi todo el día, ambos tenían la intimidad de la noche, de sus momentos a solas, ya no, solo había una habitación, y un baño.

—A veces hablo en sueños, y ronco.—Avisó Neville queriendo aligerar el ambiente.

—¿Cómo?—La cara de espanto de Snape era realmente cómica si ya no le temías, te había abrazado y te llamaba por tu nombre.

—Ya no hay marcha atrás, Severus—sonrió, y si Snape tuviera capacidad para sonrojarse, lo hubiera hecho en ese momento.

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Seguimos con el particular maratón, dos días y acabamos.

Neville y Severus en una habitación solitos, jajajajaja.

Después del trauma que os causé con lo que Seamus dijo, creo que os deberíais replantear que no todo lo que dicen las personas es cierto.

Estad atentas a lo largo del día habrá al menos dos capítulos más.

Hasta luego.

Shimi.