Otro nuevo capítulo.
Sin fines de lucro
Primer final?
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En sus sueños pudo ver, su rostro sereno espiando entre la niebla.
Una mujer sosteniendo su vientre, con un vendaje crudamente aplicado que goteaba con el rocío de los arbustos entre los que se ocultaba.
Una mujer sosteniendo su vientre y sollozando, hacia un par de semanas atrás recibió la noticia de que su último intento por concebir resultaría en otro fracaso. Tras tres meses de espera, supo que su bebé no vería la luz, la luz que por años persiguió, la misma que parecía alcanzarlos a todos menos a ella. Lyra procesó esa noticia con la misma inquietante calma que desconcertaba a los que la rodeaban, la resignación silenciosa de una mujer que se desvivía por complacer a todo el mundo y al mismo tiempo, mantener una imagen impecable de si misma.
Por dentro estaba destrozada, por dentro estaba muerta, y el dolor no se calmaba, no se iba.
El dolor aumentaba, la consumía, la devoraba por completo.
El dolor que la mantenía despierta hasta mucho después de medianoche, imaginando el rostro de su bebé.
–¿Por qué lloras?, ¿por qué lloras?, por favor deja de llorar–
El dolor que la interrumpía en medio de sus ensayos, con las tristes notas dedicadas a su amor perdido.
–Vuelve por favor, no me dejes. Tengo miedo, tanto miedo… tanto miedo…–
El dolor que provenía de la traición, aquel que jamas se fue, aquel que la conocía tan bien que no era necesario invitarlo, pues era huésped permanente de su corazón, su fiel amigo, su honesto confidente.
–¿Por qué mientes?, ¿por qué me odias así?, yo nunca te odié, jamas podría hacerte algo así–
Una mujer sosteniendo su vientre, plano. En su matriz yerma los sueños de mejores días, las esperanzas de una niña que no tenía idea de lo que le esperaba, de lo mucho que la lastimarían todas las personas a las que amaba.
Aquella mujer se arrastró entre la maleza, su libro perdido junto a uno de los artífices de su gran tragedia, pero estaba bien, ya no lo necesitaba.
Encontraría otro camino, ya nada la ataba a su anterior vida, no le quedaba nada de ese mundo salvo decepción y traición.
En sus sueños, lo había visto recorrer la ciudad abandonada, lo había visto esperar y esperar, día tras día y hora tras hora.
En sus sueños Lincoln seguía allí, esperando, y Lyra iría a su encuentro, eso haría.
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–¿Así va a terminar?, ¿te vas y ya?–
Su hermana no se detuvo, ya había empacado y tenía listo todo lo necesario para su viaje, ¿qué más quedaba por decir?.
–Mamá estará decepcionada, ¿sabes que es su aniversario, verdad?, esperaba que lo pasásemos juntos, en familia–
Lyra siguió andando, llevando consigo su maleta y con Lemy siguiéndole de cerca. No habían hablado desde la navidad pasada, cuando a alguien se le ocurrió hacer una película casera e incluyó a Lincoln en ella. Lyra no lo demostró en ese momento, de hecho, lo ocultó de manera perfecta, derramando unas cuantas lagrimas que fueron compartidas por casi toda la familia. Al igual que su padre en su momento, y que su madre al darse la ocasión, había aprendido a mentir, y dado que Lemy le había mentido y seguía mintiendo no veía motivo por el cual sincerarse. Aquella fiesta de navidad era la segunda que pasarían sin el abuelo Lynn, y todos se hallaban algo emocionales debido a su ausencia. No era difícil el dejarse llevar por la melancolía, en especial al ver a la abuela Rita. Quizás, ello gatilló el que Lyra se decidiese a actuar, sin informarle a su hermano ni a sus amigos ni a nadie, dejando de lado toda su vida, lo que quedaba de ella con tal de perseguir lo que a todas luces eran fuegos fatuos.
Debía conocer la verdad, y como la única persona que la sabía se la seguía negando tendría que buscar por si misma.
Lemy comenzaba a desesperarse, desde que encontró esa cosa, su hermana estaba irreconocible, como si se tratase de alguien completamente diferente, y eso le aterraba.
–¿De verdad nos abandonarás por un tonto libro?–
–Lemy–, farfulló Lyra, –Pensé que un día tendrías el valor de decirme la verdad, pero veo que me equivoqué–
Lemy sintió la familiar punzada que por años llevaba evadiendo, el rechazo constante de su hermana en favor de Lincoln.
–No me veas así, no tienes derecho de verme así Lemy–
Irritado, tomó del brazo a su hermana mayor y la hizo girar.
No alcanzó a abrir la boca antes de que la palma de Lyra le diese en la mejilla, una sonora bofetada que se escuchó en toda la casa y que acabó por alertar a la familia de lo que sucedía abajo. Poco a poco, los demás miembros del clan Loud que se encontraban allí presentes aparecieron, los que se hallaban de visita por el verano y que obviamente no tenían idea de la creciente tensión entre los hermanos.
–¿¡Cuál es tu problema!?–, demandó Lemy sobando su mejilla, –¿Sigues obsesionada con eso?, ¡ya olvidalo Lyra!, murió, ¿qué acaso no lo entiendes!, ¡ESTÁ MUERTO!–
Lyra palideció por completo, sintiéndose observada, expuesta. No dudaba de que Lemy, Sam y su madre le hubiesen dicho al resto, que todos supieran que Lyra no aceptaba su muerte, que seguía viendo a un profesional sin tener progreso alguno, que su vida personal era nula y que salvo por contadas personas se mantenía distante de quien fuese que intentase establecer contacto con ella, y es que ellos no entendían que no existía nadie en el mundo que pudiese llenar ese vacío, ¿qué acaso no se daban cuenta de lo duro que trataba?, ¿del esfuerzo que día a día realizaba por encajar?, pero no, a nadie le importaba…
¿Qué caso tenía el quedarse allí, a ser el blanco de la lastima de su familia?
–Lyra, ya dejalo ir, ¿por qué no lo dejas en el pasado que es donde debe estar?–
¿Dejarlo ir?, ¿olvidar, como todos?
Su madre lo olvidó, al igual que el resto de la familia, reemplazando su recuerdo con una versión melosa la cual no cargaba el estigma que condujo al real a la muerte, pero Lyra… Lyra sabía que esa versión de Lincoln era una fachada, y que el verdadero seguía allá afuera, y lo encontraría.
Negando con la cabeza emprendió marcha. Su preciada carga, el libro lleno de promesas que halló entre las cosas de su padre contenía todas las respuestas.
Iría de regreso a ese lugar, y recuperaría a Lincoln, y ya nunca, jamas, lo dejaría ir.
En cuanto a Lemy, el recuerdo de lo sucedido hacía ya tantos años volvió para atormentarlo, aquel sueño borroso que casi le cuesta su cordura y que le animaba, de tanto en tanto, a buscar el perdón de alguien que no existía.
Perdón… ¿cómo pedir perdón a alguien que jamas existió?, ¿cómo pedir perdón por algo que jamas pasó?
–¿Qué?–
A su alrededor, sus primos y algunas de sus tías, con su madre y Sam, trataban de interrogarle, y él, en su estado de absoluto pesar, no tenía respuestas que ofrecer. No podía decirles lo que recordaba porque ninguno de sus recuerdos tenía sentido.
–Yo no lo hice–, murmuró, –Y si lo hice, se lo tenía merecido, todos estamos mejor sin él–
Solo Sam y Luna registraron sus palabras, la primera palideciendo, la segunda, con amargas lagrimas.
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El revolver resbaló de entre sus dedos, cayendo al suelo con el cañón humeante, justo en medio de los casquillos. Bajo sus pies, un pequeño torrente de agua corría por sobre el pavimento resquebrajado para luego caer en el abismo infinito que rodeaba el tétrico anfiteatro en el que se hallaba.
–Se acabó–
Imaginó que tendría que hacer más, que con toda la investigación pendiente y la desaparición de Lyna no sería tan sencillo acabar con la pesadilla, pero así con todo había concluido y podía al fin regresar a casa.
Regresar a su hogar, con Lyra, Sam y su madre, volver a la tan ansiada normalidad, a la segura rutina de la que jamas se aburriría porque ahora sabía, ahora tenía la certeza de que cualquier otra cosa sería demasiado para su corazón, pues sabía de la existencia de otro plano, un lugar en el cual el miedo tomaba forma, un lugar terrible del que no existía escapatoria aparente.
Por un tiempo que no podía calcular, caminó en los sueños de otra persona, y fue víctima de sus pesadillas.
–No has sido más que una constante decepción en mi vida, pero ya tuve suficiente, no lo soportaré más–
Dio media vuelta y caminó de regreso al lugar en el que la vio por última vez, sin saber exactamente si acaso era o no la ruta correcta, en realidad, poco importaba, algo le decía llegaría dentro de poco. A sus espaldas, el mundo corroído, pútrido y miserable que provenía de la mente de la última víctima de Silent Hill comenzaba a disolverse, tal como si se tratase de una pintura cuyos colores desaparecían para dar paso a un lienzo blanco. El mundo al que dejaba atrás era una ciudad olvidada por el tiempo cuyo apogeo había pasado hacía ya muchos años. Decenas de edificaciones de corte industrial yacían abandonadas a ambos lados de la calle, viejos cafés, tiendas con aparadores amarillentos, autos anticuados y la sensación de ser observado por todos y cada uno de los ahora ausentes habitantes era lo que dejaba a su paso aquel otro mundo.
–Quizás ellos también fueron parte del sueño–
Lyna, si es que existía, no se hallaba por ninguna parte, pero lo que si encontró fue un teléfono, cargado y con señal.
La niebla se desvaneció a su alrededor, y dentro de poco, se halló a si mismo junto a las aguas de Toluca, con el viejo cementerio enfrente y un familiar vehículo abandonado, con las llaves puestas y el tanque lleno.
–De ningún modo me quedaré aquí–, rió, –Mamá, Lyra, Sam, ya vuelvo a casa…–
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Después de perder a Lemy todo empeoró, el pueblo al fin tenía algo concreto con lo cual manipularlo.
Al inicio, no le resultó tan complicado el comprender las reglas. Silent Hill quería algo de su persona, quería… quería que reconociese alguna gran verdad sobre si mismo, algo que en realidad negase y solo así salía libre, pero he allí el problema. Lincoln no creía estar ocultando ninguna gran verdad sobre si mismo como para haber quedado atrapado. Obviamente, esto solo traía más preguntas, ¿qué tal si lo que le sucedía era responsabilidad de algún remanente de uno de los cultos nativos de la zona?, ¿o acaso solo era mala suerte?, porque después de todo, no era raro el perderse allí, no era para nada extraño que alguien desapareciese en Silent Hill.
Una situación desafortunada, mala suerte, esa clase de cosas sucedía todo el tiempo.
El estar atrapado allí, en ese lugar no era otra cosa que mala suerte, esa debía de ser la respuesta, era lo único que tenía sentido, pero luego… luego apareció Lemy.
¿Y si de verdad estaba suprimiendo algo?
Quería negarlo, porque de ese modo le sería más sencillo pretender que estaba allí por mero capricho del pueblo. Sin embargo, la realidad era que Silent Hill le seguía mostrando cosas que creyó haber olvidado, aspectos de si mismo que llevaban un buen tiempo enterrados.
Cuando peleó con ese monstruo y la vio, y entonces…
–Ojala haya podido escapar–
Era una esperanza tan vaga como su cada vez más diluida noción de normalidad. El pueblo a su alrededor era un lienzo de ocre y carmesí que hedía a sangre y acero oxidado. El cielo era de un profundo negro, impenetrable más allá de las luminarias que de algún modo seguían funcionando a pesar de que debajo del suelo, tras la reja metálica sobre la que caminaba, nada existía más allá de un abismo eterno se abría paso en todas direcciones, sin cables de los que pudiese alimentarse ni cañerías por las cuales pudiese correr el agua que fluía de las grietas de los edificios aledaños.
Un lugar así solo podía ser producto de la imaginación, sin lógica alguna, sin razón, sin nada salvo una serie de reglas que lo empujaban a alcanzar una respuesta que no quería conocer, una parte de si mismo que odiaba a más no poder.
¿Por qué su muchacho tendría que pasar por lo mismo?, Lemy era un buen chico, estaba seguro de ello. Lemy era inocente, y por ningún motivo debía de estar allí.
¿Qué planeaba hacer Silent Hill con su hijo?
–Ojala ya este a salvo, lejos, muy lejos de este infierno–
Cada paso que daba era acompañado por el gemido incesante de un infante al que por más que trataba de encontrar jamas podía alcanzar.
–Lo siento, lo siento tanto, por todo lo que hice y por todo lo que deje de hacer…–
La vergüenza de vivir sabiendo que le había fallado a todos, el rencor al saberse reemplazado.
De los edificios seguía brotando agua, un torrente helado que se decantaba entre el piso metálico y desaparecía en la nada.
El bebé seguía llorando.
Lemy debía de estar en algún lugar, tan solo tenía que encontrarlo.
¿Por qué tenía tanto frío?, su abrigo estaba seco pero de todos modos se sentía empapado.
Nada tenía sentido.
El bebé seguía llorando.
–¿Qué demonios… –
Se encontró frente a frente a una cuna vacía y dos cuerpos tirados en el piso, a poca distancia, las teclas plásticas de un juguete resplandecían en contraste con el agua que las rodeaba. El llanto se volvió más fuerte, ahora acompañado de pasos de niño.
Las teclas sonaban a pesar de no estar conectadas a nada.
Los cuerpos en el piso estaban completamente destruidos, ambos se hallaban de cara contra el suelo, con enormes agujeros en medio de la espalda desde los que goteaba sangre. Debía de ser algo reciente porque no apestaban como lo hacía todo lo demás que existía en ese lugar.
Lincoln tragó saliva, levantó la escopeta y la apuntó a ambos cadáveres.
No era un tirador experto, pero había disparado lo suficiente en Silent Hill como para notar ciertas cosas como el patrón de dispersión de los perdigones y las quemaduras que dejaban a su paso.
Una ejecución, al menos eso parecía ser. Eran la misma clase de heridas que dejaba en los monstruos que remataba en el piso, antes de que pudiesen levantarse.
–Se lo merecían–
Tan pronto lo pensó apartó el dedo del gatillo mientras que sus rodillas se doblaban. ¿Qué si lo había pensado?, pues… si, un par de veces, cuando su vida tomó un rumbo para peor en el periodo antes de que Lyra decidiese irse a vivir con él y posterior a la noche del último recital en el que estuvo presente. De verdad… de verdad que ansiaba hacer que esas dos se arrepintiesen de lo que habían hecho, pero pudo suprimir ese deseo, por sus hijos, por su familia, porque al final Luna seguía siendo su hermana y una parte de su ser siempre la amaría.
Sin embargo era difícil mantener a raya la voz que le decía que no era justo y que debía de hacer algo al respecto, pero nada de esa naturaleza.
–No, yo nunca haría algo así–, susurró, –No lo haría, jamas me atrevería–
–¡Se lo merecían!–
Lo que no se atrevía a decir, era lo que su consciencia sabía, lo que temía decir frente a Lyra, lo que sabía rompería la imagen que ella tenía sobre su padre.
La verdad, era que las odiaba, una parte de él de verdad las detestaba a más no poder.
Era… se supone que era el amor de su vida, que estarían juntos por siempre y para siempre, ¡él la salvó de la soledad cuando la abandonaron¡, ¡fue él quien la rescató y la llevó de regreso a los escenarios!, ¡nadie más la acompañó!, ¡nadie más creyó en ella!
¿¡CÓMO SE ATREVÍA A TRAICIONARLO?!
Esa asquerosa puta traidora… tomó su vida y su futuro…
Todo.
Ella era la que se merecía estar en el infierno…
Ella…
Ella…
Todavía la amaba.
–Todas las veces que la animé en su carrera, todas las veces en las que le dije que merecía ser una estrella y jamas lo creí de verdad–
Viejos recuerdos enterrados, cosas que había sepultado en su ser hasta el punto en que se volvieron irreconocibles, y que ahora, salían a la luz.
–Ella era mi pequeño secreto, nadie sabía en realidad lo preciosa que era Luna, la gente no tenía idea de lo maravillosa que era esta chica en realidad, tan solo veían una parte de ella y les bastaba para quererla pero nadie la veía por completo, nadie excepto yo–
Había pensado mucho en lo que haría el día en que Luna le confesase su aventura, el día en que volviese a casa para decirle que se iría y que ya todo había terminado.
Planeó tantas cosas para no perderla, pero al final, sabía que estaba posponiendo lo inevitable. Alguien había tomado su lugar, alguien que podía darse el lujo de estar junto a ella todo el tiempo mientras que él cuidaba de sus hijos. En cierto sentido, estaba atrapado en esa casa, esperando que el amor de su vida lo siguiese amando ahora que muchas otras personas podían ver lo maravillosa que era, lo perfecta que resultó ser.
–Supongo que siempre supe que no duraría, y llegaría alguien que la vería del mismo modo–
Un productor, un compañero de banda, o incluso alguien fuera del negocio, cualquiera en realidad. Odiaba pensar en eso, odiaba pensar en Luna pasando tiempo con la basura de turno que trataría de seducirla.
El que al final fuese alguien a quien Lincoln conocía, y respetaba, fue la peor de las traiciones.
–Alguien a quien ella realmente amaría, ella… ella siempre la amó, y yo solo fui un reemplazo–
El día prometido, para el que pasó meses preparándose. Luna llegó a casa después de su última gira pensando en que bastaría entrar y salir para así comenzar su nueva vida.
No escuchó la voz que salía del teclado, el mismo que le obsequió a Lyra hacía ya tantos años, no escuchó la conversación con el sujeto de la armería, ni a si mismo musitar por horas mientras practicaba lejos de casa. Su vida entera, todo su futuro se había acabado frente a las cámaras, frente a todo el mundo. Allí afuera había una celebración, todos celebraban el que Luna Loud encontrase el amor, y mientras tanto, en casa, él moría por dentro, pensando en que no volvería a ver a sus hijos, en que con el tiempo, Lyra lo olvidaría y Lemy ni siquiera llegaría a conocerlo. Todos estos escenarios que envenenaron su corazón tomaron forma el día en que la vio llegar, sin Sam.
Estaba listo para recibirlas, de seguro se llevarían una gran sorpresa al darse cuenta de que Lincoln no era el pobre diablo que esperaban, del que se burlarían sin mayores consecuencias.
De haber sido Sam y Luna, y no Luna, entonces todo hubiese acabado de manera distinta.
–Ya estoy cansado de correr, no puedo más con esto–, escupió hastiado, –Me engaña, se ríe de mi, me quita a mis hijos y me trata como basura, pero yo soy el malo–, concluyó con profundo pesar.
–Yo soy el monstruo–
El mundo comenzó a cambiar a su alrededor sin que siquiera se diese cuenta, poniéndolo de regreso en medio de la niebla.
Quizás no se trataba de un culto ni una maldición o ni siquiera de tener mala suerte, tal vez, había enloquecido al igual que en aquella ocasión, solo que ahora, no estaba seguro de ser capaz de detenerse a tiempo.
Si Sam y Luna volvían a reírse de él, si tenía que volver a verlas siendo una familia feliz, con Lyra y Lemy…
–Hijo, ahí estas–
En cierto sentido, Lincoln se sintió decepcionado al darse cuenta de que jamas las enfrentaría. A través de los años tanto Luna como el resto de la familia se dieron a la tarea de evitar cualquier tipo de confrontación interponiendo siempre a alguien, de tal modo que Sam y él jamas estuviesen a solas en la misma habitación. Quizás, solo quizás, Luna lo hacía por consideración a su persona, para no humillar más a su tonto hermano menor, pero Lincoln jamas pudo verlo de ese modo, para él, siempre se trató de un juego de favoritismo en el que siempre perdería y que al final, le costó su familia, sus hijos y su dignidad.
Pero ya nada de eso importaba pues Lemy estaba allí, a salvo.
Lincoln caminó firme hasta su hijo, apuntando la escopeta hacía las sombras, a los enemigos ocultos en su mente, y antes de que pudiese decir o hacer algo más se encontró con el cañón de su propio revolver apuntándole a la cara.
Lemy llevó el martillo hacía atrás y con ambas manos sostuvo el arma, tal como Lincoln le había enseñado.
–¿Vas a disparar?–
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Había caminado por mucho, mucho tiempo antes de encontrar el club, y en todo ese tiempo una sola idea permaneció en su cabeza.
–Cuidate del monstruo–
Lyna recordaba la sensación de asfixia al encontrarse por primera vez en un sucio callejón, sosteniendo en una mano un ladrillo gris manchado de sangre, mientras que frente a ella, el cuerpo maltrecho de un desconocido descansaba en medio de la basura. Observó todo esto con naturalidad, apenas confundida por su propia falta de reacción al notar que el cadáver parecía humano a pesar de no serlo, y que la herida letal en su cabeza daba la señal de inequívoca violencia.
Demoró unos cuantos minutos en ponerse de pie y vencer el vértigo, y un poco más en salir del callejón rumbo a la calle en donde trató de orientarse.
De izquierda a derecha, y arriba y abajo había niebla, mucha niebla y nada más
Existían edificios, casas y otros lugares, pero todos y cada uno de ellos estaban cubierto de niebla.
Pensó en puentear un auto, pero se dio cuenta al poco tiempo que no le serviría de mucho. Todas las maquinas con las que se topó estaban muertas, todas y cada una de ellas corroidas en el interior, como si las hubiesen arrastrado desde el lago para luego depositarlas en las calles abandonadas a oxidarse.
–¿Estas segura de que vamos en la dirección correcta?–
Frunció el ceño y siguió caminando, dejando a Lemy atrás. A decir verdad, no estaba segura de haber tomado la decisión correcta al ofrecerse a ayudar al chico, pero dado que no parecía haber nadie más en los alrededores se conformaría con cualquiera que no fuese Lincoln Loud.
–Cuidate del monstruo–, le habían dicho en algún momento antes de que despertase, en un extraño sueño, una visión aterradora.
Algo o alguien quería advertirle sobre un peligroso ente del que debía alejarse y al que conoció antes de toparse con Lemy, cuando investigaba sobre la historia de Silent Hill. Lo vio pasar frente a sus ojos con paso firme y seguro a las afueras de la asociación histórica, cargando en sus brazos una escopeta con la cual barría a una extraña criatura que insistía en atacar. Lo vio recargar en un abrir y cerrar de ojos, todo en medio de la nube gris producto de las descargas de pólvora, blandiendo la culata como un garrote, atajando en medio del vuelo a una criatura que con un aterrador chirrido descendió desde quien sabe donde para sacarle los ojos.
No se detenía, no temía ni dudaba, prácticamente estaba en su elemento, allí, en medio de los monstruos parecía ser uno de ellos.
Fue entonces que Lyna lo supo, que aquel monstruo del que debía cuidarse no era nada más ni nada menos que el tipo de cabello blanco, el mismo que caminaba entre esas bestias como si nada, pues para su persona, la violencia y el salvajismo de esos seres no era otra cosa que la vida diaria. No eran más que una molestia para Lincoln.
Todas las pistas que había recopilado hablaban sobre este sujeto que un día, sin mayores explicaciones, viajó en búsqueda de la familia de su hermana mayor, una mujer y dos hijos, y cuando los encontró, tomó un arma, una escopeta, y ejecutó tanto a su hermana como a la mujer de esta, antes de ser repelido por los hijos de la pareja, una joven llamada Lyra y un chico llamado Lemy. Hasta el momento, nadie conocía lo que motivó a Lincoln Loud a asesinar a su hermana y a su cuñada, ni porqué desistió al encontrarse con sus sobrinos, pero había rumores, muchos rumores que parecían ser malintencionados. Decían algunos que los hijos de Luna Loud también eran hijos de Lincoln, de una relación ilícita que jamas salió a la luz, y que por años Lincoln le guardó rencor a su hermana por abandonarlo y quedarse con los niños.
Obviamente eran rumores, así lo indicaban todas las fuentes serias que conocían más de Luna y su vida que cualquier otra persona. Como era de esperarse, tanto la familia como los amigos lo negaban, quedando esa teoría relegada a unos cuantos amantes de las conspiraciones que nadie tomaba en serio.
Nada concreto salvo por una pieza de evidencia de origen dudoso, algo que encontró en Silent Hill.
Grabaciones de una chica llamada Lyra Loud.
¿Y por qué importaba esto?, pues por su relación con Silent Hill.
Lemy Loud, Lincoln Loud, dos personas de las que había leído en su peregrinaje a través del pueblo maldito, y ninguno de ellos le ofrecía respuesta.
Lemy, cuando lo encontró, no ofreció muchos detalles sobre su persona, es más, ni siquiera prestó atención en el club, cuando la música se detuvo y en los parlantes se escuchó la voz de un anunciador pidiendo a los radioescuchas que tuviesen cuidado con el hombre armado que estaba recorriendo las calles disparando a todo mundo, el mismo que asesinase a su familia antes de que su sobrino se interpusiese en su camino y lo obligase a escapar.
Ese pueblo asqueroso en el que nada tenía sentido, y sus reglas contradictorias, tenía como huésped temporal a un hombre que fue traicionado por la persona a la que más amaba, ese deseo, como una fuerza irresistible, una marea eterna que arrastra todo a su paso estaba alimentando a la pesadillas con las que se encontraban. Silent Hill, de una forma retorcida e incomprensible, volvía realidad los deseos de las personas, les daba visiones, les enseñaba otra realidad, una realidad terrible en la que sus secretos cobraban forma física para atormentarlos, y si Lincoln veía a esas cosas sin siquiera una pizca de temor entonces de seguro su mente se hallaba dañada, ¿y no sería raro entonces que no solo existiesen cuerpos de monstruos, sino también de personas?, Lyna los había visto, y dudaba desde entonces que el cuerpo en el callejón no fuese también el de una persona, una persona a la que alguien asesinó, alguien que al parecer no tenía ningún problema a la hora de matar.
–¿Lyna?–, volvió a preguntar Lemy, –Dime que no estamos perdidos–, añadió en tono sarcástico.
Lyna se detuvo al fin, dio media vuelta y se cruzó de brazos, –¿Por qué haces tantas preguntas?, eres peor que Lincoln–, espetó.
Lemy abrió la boca para rebatir, pero luego, lo pensó mejor y decidió que no valía la pena.
A final de cuentas, en nada se parecía a su padre.
Siguieron caminando en tenso silencio, avanzando por las solitarias calles
–¿Crees que siga vivo?–
Lyna esperaba que no, tanto por su seguridad como la de Lemy, pero no tenía el corazón como para decirle algo así.
–Es un hombre adulto y puede cuidar de si mismo–
–Lo sé lo sé, tan solo… creo que debería preocuparme–
Sentía lastima por el chico, después de todo, podía ponerse en sus zapatos, pero ahora necesitaba ser firme, necesitaba que Lemy se enfocase en salir con vida de Silent Hill.
–Lo siento Lemy, pero por todo lo que me has dicho no sé si valga la pena sentirse así–
–¿Qué quieres decir con eso?–
Había visto la duda en sus ojos, lo mucho que desconfiaba de su padre, eso era bueno, era provechoso. Sería mejor hacerlo reflexionar ahora a dejar que descubriese por su cuenta lo desastroso que sería arriesgarse por ese hombre.
–Lo que digo es que Lincoln es un pésimo padre y que estás mejor sin él–
Lemy ni siquiera tenía las palabras para defenderse, ¿qué diría?, él mismo había recalcado en incontables ocasiones lo mal que se llevaba con Lincoln.
–Puede que así sea–, admitió, –Pero de todos modos trató de ayudarme, es decir, no es tan malo…–
Lyna se arrepintió de haber sido tan directa, es solo que le costaba trabajo controlar su temperamento.
–Lo siento si soy demasiado brusca, es que…
–Tienes razón Lyna–, la interrumpió Lemy –Es decir, ¿qué demonios hago yo aquí?, solo vine para que mi hermana no se metiera en problemas y al final fui yo el que terminó en un pueblo embrujado–
El joven rockero sacudió la cabeza.
–Tan solo quisiera poder irme…–, murmuró, –Quiero volver con mi hermana y olvidar que estuve aquí–
En realidad, Lyna no deseaba decirle a Lemy sobre su historia personal, más que nada porque no podía confiar en su propia memoria, pero dado que era instrumental para su plan que entre los dos existiese cierto nivel de confianza tuvo que asumir el riesgo.
La investigación que llevó a cabo fue tanto para recabar información sobre Silent Hill así como para descubrir qué era lo que hacía en ese lugar.
–En ese caso eres afortunado, porque creo estar segura de que podemos salir de aquí–
–¿Cómo estas tan segura?–, cuestionó Lemy, –¿Qué es lo que me ocultas?–
Lyna asintió para si misma, –Vine aquí de pequeña con mi familia, y conozco algo del folclor de la zona–, explicó, –También sé que lo que experimentamos no puede ser real–
Luego, procedió a relatar a Lemy el folclore de Silent Hill, su trágica historia, desde la fundación hasta su actual estado de cuasi-abandono. Le dijo de las diferentes ordenes religiosas, incluso las que se apartaron de su centro en la ciudad y se mudaron a los alrededores, le explicó también la relación que existía entre el departamento en el que vivía Lincoln y el pueblo, y sobre las extrañas muertes ocurridas en Ashville en cuanto Lemy mencionó que su padre también era un investigador.
Finalmente le dijo sobre las desapariciones, y la lenta y segura muerte de Silent Hill.
Lemy estaba fascinado, el sitio ese tenía una historia terrible por lo que no era una sorpresa que al final acabase como una ciudad abandonada. Supuso que era cuestión de tiempo para que los pocos habitantes de Silent Hill se diesen por vencidos y buscasen mejores lugares para vivir.
–Entonces tú también has visto cosas–, le dijo a Lyna después de un rato, –Pero no las mismas cosas que yo he visto–
Lyna asintió y Lemy se sintió ligeramente mejor, era bueno saber que no se estaba volviendo loco.
–Rayos… ¿y cómo nos ayuda saber eso?–, preguntó, –Digo, entiendo que pusiste mucho trabajo en esto, y créeme, lo aprecio, yo nunca hubiese sido capaz de hacer lo mismo, pero a menos de que tengas un as bajo la manga no veo el cómo eso nos ayude a salir de aquí–
Lyna sabía que se trataba de una posibilidad, nada más que eso, pero debía aprovecharla.
Lo único que tenía sentido de su predicamento eran los pocos testimonios de personas que entraron y salieron, entre ellos los de un tal James y el extraño caso de su mujer, quien había fallecido bajo extrañas circunstancias. Poco y nada se sabía sobre él, más allá de que llevaba una vida tranquila con su hija adoptiva, que residía en Ashville y que no se había vuelto a casar. Sobre la muerte de su mujer había otro misterio, muchos aludían a un homicidio, otros, a una larga y tortuosa enfermedad, fuese cual fuese el caso ella tenía trozos de información, y a partir de ellos construyó una historia.
Cuatro personas fueron a Silent Hill por diversos motivos, y dos salieron, una de ellas profundamente afectada, la otra, una niña, sin problemas aparentes.
A los otros dos jamas se los volvió a ver.
No eran el único caso, habían otros, todos los años desaparecía alguien y solo algunos volvían. De asumir que el pueblo tenía consciencia, que existían espíritus manipulándolo todo o algo peor, entonces solo le quedaba someterse a la voluntad de Silent Hill del mismo modo en que los primeros pobladores se sometían a la voluntad de sus espíritus. Una solución irracional a un problema cuya lógica era por lo demás retorcida, y viendo Lyna que hasta el momento no podía resolver sus propios conflictos juzgó que lo mejor sería empujar a Lemy a resolver los suyos, y quizás, con algo de suerte, librarse también de la influencia de Silent Hill.
No sería lindo, ni fácil, pero tendrían que hacerlo.
–Es sencillo, lo único que debemos hacer es remover a aquello que te está afectando–, explicó Lyna, –Viniste hasta aquí por tu padre, ¿no es así?–
–Así es–, respondió Lemy desconfiado.
–Entonces la solución es encontrar a Lincoln y descubrir qué hace él aquí en primer lugar. Si él es el causante de todo esto también debe ser la persona que pueda sacarnos, al menos en teoría…–
La respuesta era por demás ambivalente, y por más que lo analizase, no le encontraba sentido. Era obvio que Lyna desconfiaba de Lincoln, mucho más que Lemy y que quizás cualquier otra persona que hubiese conocido, y también era verdad que no tenían pistas, ni un plan claro salvo seguir esa loca idea y esperar que de algún modo el pueblo los dejase ir.
–Tu plan no tiene sentido–, resumió Lemy, –Aparte de abandonarme a mi y a mi hermana el viejo no ha sido exactamente un monstruo, a lo mucho es un padre negligente–
–Sin contar que practicaba el incesto, pero ella no necesita saber eso–, pensó Lemy.
Lyna sacudió la cabeza y suspiró, preguntándose si acaso Lemy había suprimido los crímenes de su padre y si eso también lo convertía en el blanco de las criaturas, –Si tienes algo mejor soy toda oídos–, le dijo, –Ahora mismo lo único que se me ocurre es que Silent Hill nos ha estado empujando a encontrarnos con alguien lleno de remordimiento, y por lo que me has dicho, tu padre encaja perfectamente en ese papel–
Lemy frunció el ceño, ¿que su padre era importante para resolver todo ese embrollo?, pues eso lo podía creer, pero no por ello le gustaba. Era de la opinión que mientras más distancia pusiese entre los dos mejor estarían, lo que resultó ser cierto hasta que se le ocurrió visitar ese tonto pueblo, ¿y por qué?, porque Lyra súbitamente quería verlo, hablar con él, ser parte de su vida. Francamente Lemy no entendía a su hermana, ¿qué le veía a ese perdedor?, era un tonto aburrido y un mal padre, además de que ni siquiera se aparecía en las reuniones familiares lo que siempre entristecía a sus tías y a sus abuelos que lo extrañaban a más no poder.
Lemy no compartía ese sentimiento, para él, la verdad es que todos estaban mejor sin Lincoln.
Eso no lo hacía sentirse mejor por haberlo abandonado después de que le salvase la vida.
–Quería preguntarte algo, ¿cómo supo tu hermana de la muerte de Lincoln?–
Lemy se llevó una mano al mentón, –Un policía la llamó, al parecer el intendente del edificio se preocupó cuando no lo vio en casa después de una semana, tenía algo que ver con otro inquilino que también vivía allí y que tuvo un problema similar antes de mudarse–
–Como sea–, siguió Lemy, –Encontraron el nombre de Lyra entre los papeles del viejo, así que alguien se puso en contacto con su agente y ella me dijo a mi. Es raro, ¿sabes?, pasó todos estos años oculto de su familia y ninguno de nosotros se hubiese enterado de que murió de no ser porque guardaba un afiche del último tour de mi hermana colgado en su pared, fue por eso que la llamaron a ella antes que al resto–
–Y en todos los años que ha estado ausente, jamas intentó comunicarse. No los buscó, no los llamó y ni siquiera ha preguntado por ustedes–, murmuró Lyna, –Pero dejó una pista, algo muy específico detrás…–
–Pasaron años desde la última vez que supe de él–, añadió Lemy.
A Lyna se le formó un nudo en la garganta. La experiencia de Lemy cada vez se parecía más a la suya.
Quizás, era hora de compartir un poco más sobre su persona. Lemy parecía ser un buen chico, dulce, aunque algo engreído, pero supuso que era de esperarse por parte de un artista el creer que todo el mundo lo conocía.
–Vine aquí a buscar a mi madre–
Lemy la vio de reojo con algo de inseguridad, preguntándose si acaso debía o no abrir la boca. No quería arriesgarse a perder la chance de saber un poco más sobre esa chica tan rara.
–Ella nos dejó cuando era una niña–, suspiró Lyna con tristeza, –Pensé que jamas la vería y en realidad, eso no me molestaba, no después de que le rompiese el corazón a papá, así que imaginate mi sorpresa en cuanto recibí una llamada de su parte diciendo que lo sentía y que por favor la encontrase en el lugar de nuestra última vacación familiar–
La chica miró al cielo, a la bóveda gris e infinita que apenas dejaba pasar la luz del sol. El día había sido imposiblemente largo al igual que la noche, el cansancio se apoderaba de ella con la amenaza de encontrarse con el tan afamado monstruo, ahora que tenía a su hijo al lado. Súbitamente, Lyna se sintió vulnerable, y odió esa sensación.
–Es raro Lemy, porque yo amaba a mi madre, de verdad que la amaba hasta que descubrí como era ella en realidad–, dijo ella muy suavemente, –Uno jamas termina de conocer a las personas y en el caso de mi madre, creo que estoy mejor sin saber de ella. Pero al parecer Silent Hill no opina lo mismo–, acabó de decir con una sonrisa cargada de rencor.
–¿La encontraste? –
Lyna se sacudió de hombros, –No–, contestó.
–Quizás la bruja está muerta, eso me haría muy feliz–
Lemy tragó saliva, sin imaginar cómo alguien podía detestar tanto a su propia madre, lo que podría sonar hipócrita para algunos considerando su relación con Lincoln.
–Supongo que debería ponerme en sus zapatos–, razonó Lemy.
–Lo mismo pensé del viejo–, confesó, –Desde que apareció me ha causado problemas–
Y como si de un dique roto se tratase, desperdigo todo el veneno que sentía por su padre.
–Ojala estuviese muerto–, siseó, –Me alegré mucho cuando supe que encontraron su camioneta en el lago, porque ya no tendría que preocuparme de que apareciese y se llevase a mi hermana–
Hizo tronar los nudillos, recordando el llanto amargo de Lyra al descubrir que no volvería a ver a Lincoln, los meses eternos que pasó desconsolada llorando en cama, con mamá y Sam tratando de todo con tal de ayudarla. Recordó también el momento en que su hermana se resignó a su nueva vida, el modo mecánico con el cual se integró de forma definitiva en la familia, borrando de paso todo recuerdo relacionado con su infancia y adolescencia, como si hubiese renacido a partir del dolor del adiós para convertirse en alguien que resguardaba sus emociones de prácticamente todo el mundo, incluso de él.
Su hermana a la que tanto amaba apenas era capaz de dirigirle la mirada durante esos primeros meses, y luego, sintió que la perdió de nuevo en cuanto se enfocó ciegamente en su carrera.
–Ojala estuviese de regreso en casa con mi familia–, murmuró, –Ojala el viejo siguiese bajo el agua, su suicidio fue lo único bueno que hizo por mi, y hasta eso lo arruinó–
Le tomó tiempo y paciencia, tuvo que sacrificar mucho, mucho con tal de recuperarla, y al fin, cuando su esfuerzo dio frutos, Lincoln se manifestó, y lo arruinó todo.
Lyna lo detuvo antes de que chocase de lleno con un poste.
El cielo se había tornado más gris, la neblina se volvió más gruesa, el frío imposible de ignorar.
–Vamos Lemy, tenemos que encontrar a Lincoln para arreglar todo esto–
El chico asintió de inmediato, cualquier cosa con tal de escapar de esa pesadilla y volver a casa.
El problema que se les presentó fue que en realidad, ninguno de los dos sabía en dónde estaba Lincoln. Sin embargo, se trataba de Silent Hill, y como Lyna lo esperaba Silent Hill los guió.
Se abrieron paso por la única ruta que no estaba bloqueada.
Durante el breve trayecto se toparon con un vehículo policial con la radio encendida, ambos se acercaron al escuchar como la estática daba paso a las palabras.
–Son mis hijos–, entonó una voz cruel, –Y tú eres mi mujer–
Lemy pegó la frente al vidrio y trató de abrir la puerta sin éxito, pero esta no se movía ni cedía, estaba firmemente cerrada.
–Deja de llorar, no tienes derecho alguno, no después de lo que hiciste–, continuó la voz, –Tú… tú no te llevarás a mis hijos, no me quitarás a mis niños–
–Detente–, rogaba Lemy en su cabeza, –Ya para, ¡para de una buena vez!–
–¿Alguna vez me amaste?… no, no mientas, ya no vuelvas a mentir, jamas me vuelvas a mentir "amor", o te juro, te juro que…–
Apuntó el revolver contra el cristal y percutió un par de tiros, el vidrio se resquebrajó, pero no cedió.
Lyna se apartó de Lemy, desconociendo esa faceta suya.
La radio siguió trasmitiendo, un cable diferente esta vez, una orden despachada para que alguien fuese a revisar una denuncia de un tiroteo en un sector residencial.
–La mató… de verdad lo hizo, le disparó–
Lentamente, las capas de su memoria eran removidas y una visión incompleta de sus recuerdos tuvo lugar.
–Aquí hay otra–, farfulló alguien, –Pobre, ni siquiera alcanzó a defenderse–
Solo ocurrió una vez, y con toda seguridad le debiese haber sido imposible el recordar, pero Silent Hill era capaz de enseñarle lugares de su mente que la edad sepultó, un recuerdo tan inconspicuo, una memoria tan fragmentada, que al verla le parecía irreconocible.
–Santo dios, ¿fue el hermano?–
Su padre volviendo a casa, arrastrando los pies a la sala en donde Lemy jugaba, bebiendo una cerveza, encendiendo la televisión.
Su madre estaba allí, en la pantalla, sonriendo y charlando animadamente con alguien.
Lincoln en tanto se sujetaba la cabeza y sollozaba, lo que entristeció mucho a Lemy.
¿Acaso su mamá hizo llorar a Lincoln?
–Al parecer así fue, el pobre diablo incluso cuidaba a sus niños, ¿quién se lo hubiera esperado?–
Limpiando una escopeta mientras mamá daba una conferencia, con Sam a su lado.
–Es una desgracia, me encantaba su música–
Su padre, dejando de lado el arma y acariciando el cabello de Lemy.
–Tendremos que llamar al jefe, querrá estar aquí, es un caso importante–
–Te amo hijo–, le decía antes de recogerlo para que se recostase en su regazo.
–¿Crees que lo presente como crimen de odio?, sabes como son las cosas hoy en día y lo que menos necesitamos es tener mala publicidad–
Lincoln cambiando de canal, hasta hacer desaparecer el rostro de su madre.
–No lo sé, creo. Además es año de elecciones, ¿no?, a este tipo lo van a crucificar–
Lincoln bebiendo de golpe el resto de la cerveza y aplastando la lata para arrojarla detrás del sillón, a Lemy le encantaba ver como su papá hacía eso, era uno de sus trucos favoritos para cuando mamá se iba.
Últimamente, mamá pasaba muy poco tiempo en casa, y papá siempre estaba triste, en el parque, en la tienda e incluso visitando a los abuelos.
–Se lo merece, dejó a dos niños huérfanos, uno de ellos es apenas un bebé –
Y sin embargo jamas dejó de sonreír cuando veía a Lemy o a Lyra, era como si toda esa tristeza desapareciese en un instante, suprimida en un rincón infinito de su alma, en una herida dentro de su corazón.
–¿Lemy? –
Y cuando esa herida creció, cuando se hizo imposible el contenerla y papá perdió la última luz de su vida, a sus hijos pues…
¿Qué más podía hacer salvo tomar la justicia por sus propias manos?, le iban a quitar a sus niños, a su razón de ser, y lo dejarían completamente solo.
Ella se iría y sin ella, sin sus niños, se quedaría sin motivos para vivir.
–Por favor Lemy hablame, no te quedes callado–
Un estruendo potente los sacudió a los dos, desde algún lugar en Silent Hill, el recuerdo de una traición tomó forma en extrema crueldad. La ciudad completa gimió al son de metal corroído comprimiéndose y expandiéndose, abriendo las cañerías del pueblo entero como si fuesen venas ennegrecidas por el abandono de sus ahora ausentes habitantes.
Las voces de la radio se tornaron confusas, hasta que el reporte cambió por completo, para informar de un suicida que se voló los sesos frente a su familia después de pasar años sin verlos. Una triste conclusión para un triste hombre al que los presentes describieron como perturbado al verlo aparecer, murmurando para si mismo sobre aquel otro lugar y sobre las personas a las que había perdido. El breve interludio de felicidad que tuvo al encontrarlos se extinguió con una descarga de pólvora en su temple, y el grito atronador de los presentes que corrieron a auxiliarlo.
Acabaría desangrado en el piso, siendo sus últimas palabras de arrepentimiento por no haberse ahogado.
Luego vino el silencio, con el gemido ahogado y los pies fatigados de una criatura que ni Lemy ni Lyna vieron llegar.
–¿Me trajo aquí para atraer a mamá y vengarse de ella y Sam?–, se preguntó Lemy en voz alta, –Pero… yo sé que jamas haría algo así–
Se volteó para buscar seguridad en la única persona que permanecía a su lado, –Lyna…–
El aire de sus pulmones le fue arrebatado, la criatura con la que peleó Lincoln se hallaba frente a los dos, flexionando sus brazos para tensar las cuerdas que la ataban. Su cuerpo, de por si grotesco, estaba manchado y cortado. Una larga y profunda herida dominaba su pecho, extendiéndose desde el vientre hasta el cuello, revelando un interior rojizo y pulsante.
Lemy levantó el revolver y le gritó a Lyna para que corriese, pero la criatura atacó primero liberando una onda de sonido, recibió el golpe de lleno, siendo arrojado contra la patrulla. Su espalda y nuca golpearon el vidrio que se quebró por el impacto.
La sirena del carro comenzó a sonar, la trasmisión seguía, ahora, se trataba de un accidente junto al lago Toluca, una camioneta que perdió el control y fue a dar a las aguas llevando consigo al conductor. Lemy maldijo en voz baja, sintiendo como algo helado resbalaba de su cabeza.
Lo último que vio fue a Lyna siendo arrastrada por la monstruosa lengua de esa criatura, con sangre brotando de su nariz y oídos.
Para cuando despertó, se hallaba de regreso en el Silent Hill de pesadillas, el otro mundo oscuro y siniestro que no lo dejaría escapar. A los lejos, Lemy vio un anfiteatro en medio de los edificios, con cortinas de agua y un solitario farol iluminaba una silueta familiar.
No lo pensó dos veces, ya no intentó excusarlo, no ahora que su capacidad de comprensión había sido superada por las sombras del ayer y que necesitaba de un objetivo en el cual descargar su frustración.
Era culpa de él, de Lincoln. De no ser por su persona ninguno de ellos estaría sufriendo. Lyna no hubiese sido secuestrada por ese monstruo, Lyra no tendría el corazón roto y podría tener una vida normal, y él podría estar en casa, con su familia, con las personas a las que amaba. Pensó que todo se arreglaría con la muerte de su padre, que así, al menos, ya no quedaría sombra alguna del tipo que arruinó la infancia de su hermana, era lo menos que Lincoln podía hacer para resarcir el daño, pero ni eso pudo hacer, ni siquiera pudo morir en silencio.
Una y otra vez se las arregló para fastidiar a Lemy, para herir a Lyra, para lastimar a su madre y a todo el mundo.
Fue entonces que lo supo, Lyna tenía razón, todos sus problemas habían iniciado por su padre, y ahora sería responsabilidad de Lemy terminar con ellos, de un modo u otro.
::: :::
–No recuerdo la última vez que me gritó–
Lograron salir de Silent Hill y llegar a Ashville, lograron también ponerse en contacto con el señor Sutherland, quien por cierto, no estaba nada feliz al enterarse de lo que hacía su hija.
–¿Estas segura de que estas bien?–
Laura se encogió de hombros para restarle gravedad al asunto, aquello de no recordar la última vez en la que su padre le gritó era cierto, de hecho, ni siquiera alzó la voz al descubrir que esperaba un hijo de su novio de apenas quince meses, después de que le jurase que sería cuidadosa y que ya no era una niña y podía cuidar de si misma.
También era muy vergonzoso el que lo hubiese hecho frente a su nueva amiga.
–Estoy bien Lyra, solo… es difícil de explicar–
–¿Quieres contarme sobre ellos?–, ofreció Lyra, –Quizás te ayude, y me ayude a entender lo que pasa–
Laura se hallaba en un predicamento, siendo una de las pocas personas relacionadas a la parte siniestra de Silent Hill que saliesen con vida, y en su caso, sin rasguños, era de esperarse que su curiosidad por el pueblo no estuviese del todo saciada a diferencia de James, que disfrutaba el poder vivir otro día lejos de ese lugar maldito del que apenas salió con vida.
Recordaba a Eddy, recordaba a Mary y recordaba también a la pobre Angela, la chica que parecía siempre estar triste y nerviosa, la misma que desapareció y de la que James nunca hablaba.
Con los años, Laura investigó un poco sobre esas personas, incluso sobre aquella mujer, Maria, quien era para todos los efectos un completo misterio.
–No hay mucho que decir, apenas los conocí y han pasado muchos años desde entonces. No me di cuenta de lo perturbados que estaban. Para mi, solo eran gente rara–
No solía hablar sobre ellos, en realidad, no tenía mucho que decir. James lidió con esos personajes, era la única persona en todo el mundo que sabía lo que pasó con ellos y jamas le dijo, al menos no toda la historia, y ella aprendió a no presionarlo por detalles, para que no tuviese que hablar de Mary y los demás, para que no recordase a la tal Maria, la única persona de la que nada se sabía, alguien que al parecer, solo existía en Silent Hill.
–La verdad es que no entiendo lo que sucede allá en Silent Hill, no creo que nadie lo comprenda a cabalidad. No lo viví Lyra, no experimenté lo mismo que James pero si conozco las secuelas y ahora que vi a Angela, sé que decía la verdad, que papá no está loco como creían–
Un brote psicótico en el que James actuó sin conciencia de sus actos, esa fue su defensa para explicar la muerte y desaparición de Mary. Según ellos, la enfermedad que sufrió Mary no solo la destruyó a ella, sino también a la cordura de James. El que la llevase a su lugar favorito por última vez, junto con el remordimiento patente, le valieron una salida rápida de los tribunales y una vida entera en terapia para lidiar con la culpa que lo carcomía. De no haber sido por el testimonio de Laura, hubiese acabado como un caso cerrado, con James en prisión de por vida o esperando su ejecución, pero dado que ella estuvo allí y lo vio enloquecer tuvieron que escucharla lo que aplacó en cierta medida al jurado, lo suficiente como para que viesen a un hombre en un estado frágil en lugar de un desalmado homicida. También ayudó el hecho de que existían personas interesadas en superar ese incidente en la medida de lo posible, por lo que pintar el testimonio de una huérfana como evidencia válida les resultó muy provechoso.
Ahora, la parte en la que conseguía ser adoptada por James era igual de compleja, pero no pensaba mucho en ello, esa era otra historia.
–Entonces, ¿crees que debería resignarme?–, preguntó Lyra, –Por lo que dices, nadie está a salvo en ese lugar–
Laura tuvo que pensar cuidadosamente antes de responder, ya tenía una idea de lo decidida que Lyra podía llegar a ser, y si bien la mayor parte del tiempo Silent Hill era un lugar normal con algunas atracciones turísticas, en algunos casos, como lamentablemente le tocó a Lyra, el pueblo se transformaba en una trampa mortal.
–Creo que deberías ser más cuidadosa, no ir hasta allá sola y desarmada. No tienes idea de lo peligroso que es Silent Hill, Lyra–
Era lo mejor que podía ofrecer, Silent Hill era una ciudad normal, la que en realidad no estaba del todo abandonada, pero se hallaba en tal estado de decadencia que uno bien podría considerarla un lugar desierto. También era cierto que habían casos criminales ligados a ese lugar, como ese rumor sobre el tráfico de drogas en el hospital Alchemila y por supuesto, la orden con todas esas historias sobre desapariciones y asesinatos, algunas de las cuales involucraban al infame Walter Sullivan.
Laura apenas conocía a esa chica, y a pesar de ello odiaba pensar en que Lyra acabase involucrada con esa clase de personas.
Pensaba en conducir de regreso cuando el teléfono de Lyra comenzó a sonar.
–Lo siento, tengo que contestar–, se disculpó Lyra, mientras que Laura, intrigada, guardó silencio para escuchar lo que decía.
–Mamá, ¿cómo estas?–
–Pobre chica–, pensó Laura, –Tan joven y con tantos problemas…–
–¿Lemy?, pues… ¿Lemy te llamó?–
A partir de ese momento Laura dejó de escuchar, resonando en su cabeza el que el hermano de Lyra hubiese salido por su cuenta de Silent Hill, y que estuviese bien.
Debería alegrarse, y sin embargo, algo le perturbaba, algo le impedía celebrar como Lyra. De seguro no podía ser tan sencillo.
–Lo entiendo, te veré pronto, dale mis saludos a Sam–, concluyó Lyra con una gran sonrisa.
Laura decidió sepultar sus preocupaciones, y ese presentimiento, todo con tal de que Lyra pudiese al fin estar en paz.
–Entonces tu madre viene–
Bastó eso para que la sonrisa de Lyra desapareciera, el tema de su madre…
–Así parece–
Laura en realidad no quería preguntar, no sentía que fuese correcto pero… ¿cuántas personas en realidad le dieron a Lyra la oportunidad de desahogarse?, por lo que sabía, Lyra idolatraba a su padre, pero de su madre apenas hablaba.
–No suenas muy animada Lyra, entiendo que no quieres involucrarla en todo esto pero… –
–¿Pero qué?–, preguntó Lyra con un tinte de amargura, sintiéndose avergonzada al darse cuenta de lo desagradecida que sonaba.
–Rayos… Laura solo quiere ayudarme, pero no hay manera en la que pueda decirle…–, pensó.
–No es nada–, murmuró, –No te preocupes–
–Lyra, por favor–, pidió Laura, –Puedes decirme–
¿Podía confiar?, ¿seria capaz de abrirse y decirle a Laura lo que a nadie más le había dicho?, tantos años guardando secretos, negándose a si misma la posibilidad de expresar lo que ocultaba en su corazón y al fin tenía a alguien dispuesta a escuchar, alguien que no parecía tener intención de dañarla ni decirle que sus sentimientos eran errados, alguien que tan solo tratase de comprender.
Podría… no decirle todo, pero si algunas cosas.
–La cosa es que… no tengo una buena relación con ella–, confesó apenada, –No es una mala madre, pero no es como él, nadie es igual a Lincoln–
–No debería entrometerme, pero si quieres decirme, me gustaría escucharte–, insistió Laura.
–Es gracioso, apenas nos conocemos y te he contado cosas que no le he dicho a nadie–, bromeó Lyra, –Eres la mejor amiga que he tenido Laura, ¿no es eso triste?–
Laura ya comenzaba a arrepentirse, Lyra obviamente tenía muchas cosas que decir, y no quería ni imaginar lo mucho que le pesaban, pero dado que había dado el primer paso tan solo le quedaba atenerse a las consecuencias.
–Sea lo que sea prometo guardar tu secreto–
Secretos… Laura había aprendido a vivir con ellos desde una temprana edad, y sabía lo dañinos que podían llegar a ser. Ella fue afortunada al conocer a Mary y luego a James, de tener personas a su alrededor en las que podía confiar ciegamente, que la aceptarían tal y como ella era.
Lo difícil era que en el caso de Lyra, su secreto bien podría destruirla.
Laura la escuchó suspirar, para luego, verla por el rabillo del ojo. Lyra asintió con determinación.
–Bueno, en ese caso…–
Realmente iba a hacerlo, realmente le diría a alguien lo que pasaba por su cabeza, lo que por tantos años mantuvo en silencio. Como si de una válvula se tratase, todos sus pequeños y grandes secretos comenzaron a salir, las cosas vergonzosas, dolorosas y tristes de su pasado se transformarían en palabras.
–La verdad es que no me llevo muy bien con mi madre, es decir… no, no es eso. A decir verdad no me agrada mi madre y antes era peor–
Esperaba ver condenación por parte de Laura, por decir algo tan horrible, pero al encontrar nada de eso pudo seguir.
–Por un buen tiempo llegué a odiarla–
Al fin lo había dicho, al fin podía admitirlo, y se sentía… se sentía ruin, se sentía asqueada consigo misma.
–Nunca podré perdonar lo que le hizo a mi familia, a Lincoln, y luego, nos separó, y ya no volví a verlo–
La familiar angustia que la perseguía año a año al llegar las fechas importantes, imaginando a Lincoln viviendo por su cuenta, completamente solo porque él jamas olvidaría, jamas dejaría ir el pasado ni trataría de rehacer su vida. Para él, solo existiría la certeza de haber fracasado como padre y como hombre.
–Lo entiendo, ¿sabes?, entiendo sus motivos, sé que lo hizo para protegerme pero en mi mente, sigue siendo una de las muchas veces en las que nos traicionó, al igual que cuando le fue infiel a papá y le rompió el corazón y ni siquiera tuvo el valor de decirle–
Lyra jamas quiso cargar con la culpa, ¿cómo podía permitirse romper el corazón de Lincoln con lo que sabía?, ¿con lo que veía?. La verdad era que le resultaba imposible hablar para prevenirlo, para que al menos tuviese una chance de defenderse.
–Y yo no pude decirle en su lugar, lo sabía pero no podía… no quería verlo–
Tanta vergüenza acumulada, día a día, hora tras hora.
Como resentía a su madre por eso, por obligarla a mentir.
Lyra jamas la perdonaría, ni olvidaría.
Lyra jamas huiría del pasado.
–¿Se lo has dicho?–, preguntó Laura, –Quizás te ayude saber lo que pasaba por su cabeza–
Lyra negó con la cabeza, –No puedo hacer eso–, murmuró, –Lemy la adora, y no he sido exactamente la mejor de las hermanas. No puedo enfrentarla sin que Lemy quede en medio, y sé que va a apoyar a mamá, al igual que Sam, al igual que todos, y se pondrán en mi contra como la última vez–
Parecía ser que siempre estaría atrapada en un punto en el cual, sus esfuerzos serían inútiles, sin poder ayudar a Lincoln, sin poder ser la hermana que Lemy necesitaba ni la persona que en realidad ansiaba ser frente a su madre. Su vida entera, salvo por ese interludio que compartió con Lincoln, se componía de un solo acto, con ella representando un papel inerte.
–Ya le fallé a Lincoln cuando dejé que mamá nos separara, a final de cuentas, yo fui la única persona que decidió quedarse con él, la persona que de verdad lo amó, pero eso no le importó a Luna–
Esos pocos años que tuvo junto a Lincoln… ¿por qué no peleo?, ¿por qué lo dejó escapar?, podría ser que quizás… que quizás, ya estuviese cansada de pelear.
Eso último le aterraba, que aquello por lo que experimentaba pasión, aquella persona realmente se le hubiese escapado de entre las manos tan solo para encajar en lo que otros esperaban de ella, y que ahora que era demasiado tarde, ese pueblo a las orillas del lago tornase su culpable consciencia en visiones románticas de un hombre al que jamas volvería a ver.
Quería culpar a su madre, y a Sam, y también a si misma.
–Ella sabía que papá no se defendería y que la dejaría hacer lo que quisiera, como de costumbre, y al final Luna se salió con la suya, ¿puedes imaginarte lo humillado que se sintió?, ¡la vio pasearse por todo el mundo con su nueva conquista y tenía el descaro de llamar a casa y decirle que lo amaba!–
Porque después de todo, nadie lo conocía tan bien como Lyra, nadie lo comprendía ni lo aceptaba del mismo modo, incluso si era incapaz de aceptar de forma saludable su afecto, y aun con todo eso, lo dejó ir.
–Y ahora está muerto y ella sigue con su vida, todo es muy lindo para Luna Loud con su perfecta mujer, su perfecta carrera y sus perfectos hijos, ¿sabes cuántos mensajes recibe en el día?, ¿cuántas personas adoran el suelo que pisa?, y mientras tanto mi papá se pudre en un lago sin que a nadie le importe–
La frágil máscara comenzó a quebrarse, exponiendo frente a Laura a una niña aterrada por el amor que la consumía. Era un espectáculo terrible, una visión desgarradora.
–Nunca… nunca pude decirle, jamas me dejó decirle…–
Fue entonces que Laura se dio cuenta de lo dañaba que estaba su joven amiga, la pobre había enloquecido de amor.
–Quería decirle Laura, aunque fuese una vez, incluso si nada cambiaba que al menos lo supiese–, sollozó Lyra mientras que sujetaba a Laura de los hombros, antes de que su infinito pesar se tornase en rencor.
–¡Y ella me lo quitó!–
Lyra dejó ir a Laura, apartándose al punto en que lo único que le impedía alejarse más era la puerta del auto.
–Vaya… no sé qué decir Lyra, la verdad no esperaba algo así–, dijo Laura consternada, sin atreverse a decir más.
–Debes pensar que soy una enferma, ¿verdad?, que soy un fenómeno–, escupió Lyra con marcado desprecio, –De seguro te doy asco–, rió, –Yo me doy asco Laura, soy repugnante y no quiero cambiar, no voy a cambiar–
Laura ya había tenido suficiente, ya era mucho enterarse del enfermizo afecto que Lyra sentía por Lincoln y no lidiaría con una muchacha histérica.
–Lyra, cierra la boca–, ordenó.
La pobre de Lyra obedeció sin chistar, pareciendo mucho más joven de lo que era, y en extremo confundida y triste.
–Mira, creo que tienes muchos, muchos problemas, pero no eres una mala persona–, le aseguró Laura, –Como sea, lamento que estés atrapada en esta situación, con todo lo de tu hermano y eso pero al menos lo estás enfrentando de la mejor manera posible–
Trató de ser amable, porque por mucho que la perturbase, no quería verla sufrir. Laura ya se había encariñado con ella, y no le parecía justo que una chica tan dulce sufriese tanto.
–Creo que eres una jovencita brillante, y que tendrás un buen futuro y superarás todo esto algún día–
–Pero jamas tendré lo que realmente quiero–, suspiró Lyra, –Lincoln se fue para siempre, y sin él pues…–
–Y tal vez así sea para mejor cariño, dime, ¿lo pensaste bien?, incluso si te hubiese correspondido, cosa que dudo, jamas hubiesen tenido una vida normal–
Siendo honesta consigo misma, Lyra anticipaba esa respuesta, la había memorizado después de escucharla tantas veces al punto en que ni siquiera le perturbaba.
–Y ni hablar de tener hijos, puede que tú y Lemy no tengan problemas, pero con Lincoln… ambas sabemos que no te hubiese puesto en peligro Lyra, ¿estarías dispuesta a renunciar a tu maternidad?–
–Claro que lo pensé, y hay otros métodos. Investigué mucho para eso–, murmuró Lyra sonriendo, –Eso no significa que fuese a pasar Laura. Créeme, sé que está mal, incluso si no lo siento así, porque para mi, jamas se sentirá erróneo lo que siento–
–…Pero sé que es algo que jamas podré tener–, añadió, –Gracias por escucharme Laura, y por favor, no le digas a nadie, no podría vivir con la vergüenza–
Dolería de todos modos, y viviría con ese dolor, como testamento de su enfermizo amor. De ninguna forma le diría a Laura de las veces en que rompió con un novio en apariencia perfecto por no cumplir con sus estándares, ni como saboteaba las relaciones en cuanto trataban de pasar de cierto nivel. A decir verdad, su familia ya estaba harta de ella, cansada de tener que lidiar con sus problemas y lo que menos quería era arrastra a otra persona al drama existencial que era su vida.
–Vamos a casa a comer algo, tenemos que estar pendientes de tu madre y de tu hermano–, ofreció Laura.
Ahogando su rencor tal y como había hecho por años, le sonrió a Laura de forma placentera, y actuó, tal y como lo hacía sobre el escenario.
–Es cierto, tengo que esperar a Lemy y a mamá–
Laura la vio con extrañeza, tratando de identificar a la criatura que llegó a reemplazar a la joven que decía detestar a su madre y no la pudo hallar. Lyra era, nuevamente, una mujer común y corriente que venía en búsqueda de su familia.
Quizás sí era para mejor que Lincoln estuviese muerto, no quería imaginar lo que sucedería si sabía del afecto de Lyra y si la rechazaba, el amor, después de todo, enloquecía a las personas, y Lyra, sin importar que fuese una buena actriz, ya había revelado lo que existía detrás de la máscara.
::: :::
Supo que estaba soñando al escuchar el sonido del agua golpeando la costa, un rico crujir de gravilla mojada ahogado por el viento que soplaba suavemente sobre las colinas y los árboles.
Lo encontró sentado en el viejo sofá que tenían en casa, el que compraron al mudarse con el primer sueldo de Lincoln y que se quedó allí hasta el día en que la propiedad fue vendida. El que se hallase junto a un lago que nunca antes había visto en nada restaba al ambiente familiar que parecía irradiar de Lincoln, que en la misma posición que se encontrase aquella noche hacía ya tantos años. Se rehusaba a verla, eligiendo enfocar su atención en la imagen estática de un beso captado bajo las luces de Nueva York y presentado en dos planas en una edición del periódico de Royal Woods.
El que llegase a saber lo que sucedía a sus espaldas mediante un medio tan arcaico como lo era un periódico le añadía cierto toque de crueldad a una situación de por si dolorosa. Su traición, presentada a todo mundo en blanco y negro en aquel recuadro era la punta del iceberg, puesto que, si se sabía en Royal Woods entonces se sabía en todas partes. Tan solo podía imaginar la sorpresa de Lincoln al descubrirlo todo, y ella en tanto completamente ignorante, en medio de las luces, justo bajo el escenario.
Luna no fue capaz de comprender lo que pasaba por la mente de su hermano, no podía imaginar su profunda soledad al verse engañado y sin nadie en quien confiar, nadie a quien decirle lo que sucedía pues su silencio era lo único que mantenía a sus hijos a salvo.
Sin darse cuenta, había hecho más que traicionarlo, lo había quebrado por completo. Las fisuras que con tanto ahínco trató de ocultar finalmente dieron lugar al cisma profundo que llevaría al final de una etapa de su vida y el comienzo de la otra.
–Lincoln yo…–
Le vio sacudir la cabeza para luego suspirar.
–Nada ha cambiado Luna–, le dijo, –Al fin sucedió, al fin pasó lo que tenía que pasar–
La misma conversación repetida hasta el cansancio, primero en su mente, luego, con Sam. Un ensayo tras otro hasta que las piezas encajasen, porque solo entonces, con la seguridad de que no había dejado nada al azar, sería capaz de salir de esa casa y de su vida con la frente en alto. Durante todo ese proceso, se las arregló para suprimir la culpa y aminorar la insipiente animosidad que sentía por su hermano. Su vida se volvió un acto de humos y espejos, tal y como sucedía sobre los escenarios, solo que en esta ocasión se jugaba más que la atención de su público.
Se jugaba la vida, su futuro entero el cual dependería de convencer a Lincoln para que aceptase su decisión y la dejase ir sin hacer mayor escándalo.
No por esto dejó de sentirse culpable, dado que su affair llevaba un buen tiempo, todo esto bajo las narices de su equipo que por fidelidad a ella decidieron guardar silencio y mantener a Lincoln en la ignorancia. A final de cuentas, casi nadie lo conocía en realidad, y los pocos que sospechaban que sucedía algo raro entre los dos jamas llegaron a hablar. Dentro de todo, la llegada de Sam cambió las cosas, pero para mejor. No lo supo sino hasta mucho tiempo después, pero su nueva relación la cual no era tan secreta como creía alimentó su popularidad de forma inesperada, cegándola a la trampa que tejía para si misma, a la soga que trenzó con sus propias manos y que en cualquier momento rodearía su cuello. Mas, en ese entonces no comprendió la gravedad de sus acciones, ni el impacto que estas tendrían. En su mente, todo saldría a la perfección, y tanto ella como Sam y sus hijos tendrían una vida normal, y Lincoln pues… él de seguro estaría bien, su hermano se las sabría arreglar como de costumbre, todo con tal de ayudarla.
Era por eso que lo amaba tanto.
Amor… ¿de verdad lo amó?, estaba segura de que en algún momento… que aquello que la hacía sentir y que nadie más, ni siquiera Sam podía emular era real y a la vez, lo que estaba haciendo, lo que planeaba hacer, era indigno de ejecutar en alguien a quien amaba.
Estaba a punto de arrebatarle todo, pues como era de esperarse, la vida que planeaba construir no podía estar atada a su hermano menor.
Había días en los que se sentía asqueada por la manera en que lo descartaba, momentos en los que le era imposible verse al espejo sin querer partir el cristal a la mitad y gritarle a su reflejo que por favor se detuviese antes de que hiciera algo peor, pero, al haber sucumbido ese deseo tomó otra forma, y era su reflejo quien se ocultaba de ella para no ver a la criatura egoísta en la que Luna Loud se había transformado, la clase de persona que lucho toda su vida por no ser.
No existía forma de justificarse, nada que decir salvo que el amor que sentía por Lincoln no había cambiado, pero a la vez, no se comparaba con lo que ella sentía por Sam, y por eso, debía tomar una difícil decisión y confesar.
Pero Lincoln ya no necesitaba una confesión y las explicaciones estaban demás. No había nada que ella pudiese ofrecer.
La primera vez se las arregló para arruinarlo todo, y exponer cada un de esos escenarios que se rehusaba a aceptar tomando lugar frente a sus ojos.
En sus palabras y sus pensamientos lo había traicionado, frente al mundo, lo había abandonado.
¿Por qué seguía sentado?, ¿por qué no se defendía como en aquella ocasión?
Luna luchó por abrir la boca, antes de que Lincoln la venciera.
–No me veas así, sabes de lo que hablo–
Trituró el periódico entre sus dedos y arrojó la bola de papel a un lado, luego, se dejó caer contra el respaldo del sofá, tornando la mirada al cielo nublado, buscando respuestas que jamas encontraría.
–Lo vi venir Luna, lo supe durante ese tour, cuando me despedí de ti y me dijiste que me amabas–
Con la mano izquierda dibujó un círculo alrededor de su rostro, –Lo tenías escrito en la cara entonces y lo sigues teniendo ahora. Todos esos planes para confrontarme, todas esas excusas que te hacían quedar como la buena–, explicó, –¿De verdad creíste que no me daría cuenta?, ¿o acaso solo pretenderías hasta convencerme de que eras la víctima y que de algún modo todo esto es mi culpa?–
Lincoln sonrió al decir esto, con esa clase de sonrisa falsa que lo empeoraba todo.
Sus ojos estaban apagados, ya carentes de dolor.
–Y si no tenías éxito a la primera no importaba, después de todo, tenías a todos esos amigos en los lugares adecuados, a toda esa gente importante que movería cielo y tierra para que este "error" quedase sepultado–
Luna no sabía qué decir, nunca antes le había hablado así y mucho menos en aquella ocasión en la que gritaron a más no poder. Nunca antes pelearon de ese modo, al grado que solo acabó en cuanto ella le rasguñó el rostro y él la empujó antes de que escuchasen llorar a los niños. Solo entonces se detuvieron, avergonzados, cansados y vencidos.
En esta ocasión, Lincoln permaneció en control en todo momento, sin siquiera ponerse de pie, sin necesidad de levantar la voz.
–¿Sabes por qué me eligió?, ¿quieres saber por qué prefirió quedarse conmigo frente a la vida de lujos que tú le podías dar?–
En este punto, fue Luna quien perdió el control. Sus manos comenzaron a temblar, su pulso se aceleró, y a su alrededor, la neblina se tornaba más densa y asfixiante.
–Tu propia hija se dio cuenta de quien eres, Luna Loud. Ella te vio Luna, ¡te vio!, y la culpa la estaba matando–
Todas esas semanas viajando de un lugar a otro junto a Sam, todas las llamadas perdidas de Lincoln, las excusas, las mentiras. No era cierto que nadie se daba cuenta, al contrario, todos parecían conspirar a su favor, la banda, productores e incluso algunos groupies parecían deleitarse con el amor que florecía entre las dos, en especial al enterarse del trasfondo, la historia de un par de chicas que se amaban y que tuvieron que separarse para encontrarse años después y descubrir que seguían enamoradas.
Pero Lyra sabía que esa no era toda la historia, y Lyra lo vio todo, desde el inicio hasta el final.
Vio a su madre destruir a una de las personas a las que más amaba, a alguien a quien consideraba un héroe.
Para esa niña, no existía una tierna historia de amor entre dos mujeres, si no, una daga clavada en la espalda de su padre. Sus amigos y familia e incluso desconocidos se detenían en la calle a felicitarlo, a darle la mano y a preguntar por ella, sin saber que cada palabra era un odioso recordatorio de que su tiempo se acababa.
La humillación por la que pasó Lincoln era la misma por la que pasaba Lyra, aquel dolor que compartían seguía vivo, eso, era lo que quedaba de su familia.
–Mi hija… la hija que me quitaste–, susurró Lincoln, –¿Tienes idea de lo mucho que me costó convencerla de que no era su culpa?, ¿sabes cuántas noches pasé en vela convenciéndola de que a pesar de todo la amabas?–
Luna negó con la cabeza, ¿cómo podía saberlo?, estaba tan ocupada con Lemy, Sam y con la banda que apenas tenía tiempo para preocuparse de lo que sucedía en Royal Woods, y dado que hablaba cada semana con su hija desde que decidiese vivir con Lincoln, jamas supuso que sucedía algo malo.
–Me lo quitaste todo, Luna, incluso la felicidad de mi hija, y así con todo no dejé de amarte–
La vergüenza la sofocaba, siendo Lincoln el espejo en el cual se reflejaban cada uno de sus crímenes. Traidora, desleal, cruel y egoísta.
Egolatra.
Vanidosa.
Indiferente.
Lujuriosa.
–Yo… jamas quise lastimarte Lincoln–, susurró tratando de acercarse a su hermano y encontrando que sus pies pesaban demasiado y que le era imposible moverse, –No se supone que acabaría así–
Lincoln sacudió la cabeza y tornó la vista al cielo, –Es tarde para ofrecer excusas. Ya no puedo escucharte Luna, ni a ti, ni a Lemy o Lyra. Todos desaparecieron en cuanto me sumergí en el lago, todos se fueron y me quedé solo–
Luna trató nuevamente de avanzar para ofrecer el confort que en ese entonces no pudo dar, mas, sus pies seguían sin moverse, y el agua del lago comenzaba a moverse. Poco a poco, el oleaje calmado se transformó en en una marejada, y las olas la golpearon con fuerza, arrastrando a Lincoln con ellas que desapareció sin que pudiese hacer nada.
Las aguas del lago Toluca lo reclamaron como suyo, y dejaron a Luna por su cuenta, para que meditase sobre sus acciones.
::: :::
Lo que vio, lo que recordaba, lo que creía haber hecho, ¿era realmente cierto?
–Debes escuchar–
Tenía un motivo y un arma, tan solo faltaba la oportunidad, y Silent Hill se la ofreció.
–Lemy, puedo explicarlo–
No tenía tiempo para explicaciones, las explicaciones tomaban tiempo y él debía salir de ese pueblo con tal de proteger a su hermana.
¿Por qué sentía que no era la primera vez que se hallaba en esa situación?
–¿Qué fue lo que hice?–, se preguntó a si mismo una vez alcanzó la carretera.
Conforme la niebla desaparecía, sus recuerdos fueron moldeados debido a la expectativa de enfrentarse a su familia, y es que frente a ellos tendría que mentir.
Silent Hill era una cuna de monstruos, ¿bastaría con decirles que Lincoln era uno de ellos?
¿Le creerían?
–¿¡Qué clase de basura le dijiste a mi hermana!? –
–Nada, no le dije nada Lemy–
Motivo, medio y oportunidad, y en su caso en particular una excusa para deshacerse de esa espina clavada que era su padre. Allí el pueblo se lo había entregado en bandeja de plata, dejando la decisión en sus manos. La sencilla pregunta de vida o muerte que nadie más respondería.
–Mentira, algo hiciste para que Lyra se comportase así–
–Sabes que no es cierto, sabes que sería incapaz de lastimarla–
Excusa tras excusa, todas patéticas, todas irrisorias. No las necesitaba, no necesitaba nada de Lincoln.
–Yo moriría por ustedes–, afirmó, –Eres mi hijo, y al igual que a Lyra te amo más que a mi propia vida, Lemy. Por ti y por ella feliz daría mi vida–
La verdad, era que la decisión había sido tomada años atrás, que de ser posible, de darse la oportunidad, lo pondría en su lugar. Su padre le había dado razones suficientes como para obrar de esa manera, de modo tal que desgastar palabras parecía ilógico.
Unos cuantos actos de bondad no cambiarían los años de abandono, ni el peligro que representaba su presencia en la vida de Lyra, lo mucho que ella retrocedería de tener al alcanza su vieja obsesión.
–Jamas la volverás a ver, ni a ella, ni a mamá ni a mi ni a nadie–
Su padre se irguió sin temor alguno, Lemy le había sobrepasado en altura por unos cuantos centímetros. Las señales de la edad ya se notaban en ambos, demostrando la merma que la soledad y el tiempo tuvieron sobre su padre. Se veía agotado, triste e impotente, se veía patético, y a pesar de ello, en contra de todo pronóstico, podría arrebatarle a Lyra y separar a la familia. Así de peligroso era.
–En ese caso, dispara–, retó Lincoln, posicionando su frente en contra del cañón del arma, –Dispara de una buena vez hijo–
La seguridad, la certeza de que no fallaría, que con sus manos, le daría fin a la persona que por años le arrebató parte de su vida.
–Voy a hacerlo viejo, de veras voy a hacerlo–
Lincoln resopló por la nariz y cerró los ojos, como si estuviese discutiendo con un niño haciendo un berrinche, así veía a Lemy, así comprendía a su hijo, como un chiquillo al que de seguro Luna y Sam dejaron hacer cuanto quisiese. Ahora lo veía, que mientras él se aseguraba de proteger a Lyra de la amargura que sentía por su anterior familia, a Lemy le dejaban por su cuenta. No se explicaba de otro modo la agresividad de su hijo.
Otra traición de parte de Luna, una de muchas para agregar a su larga lista de transgresiones, pero no por ello se dejaría intimidar por Lemy, no por ello seguiría huyendo de su papel de padre.
–Baja el arma hijo–, ordenó, –Ya es suficiente–
Pero Lemy se hallaba lejos de todo razonamiento, sencillamente, no concebía reconciliación alguna con su padre, no después de haber visto lo que había visto ni sentir como las sombras del ayer tomaban forma, para escenificar la crueldad latente de ese hombre, el mismo cuyo egoísmo le costaría la vida a su hermana si Lemy no hacía nada por impedirlo.
Llevó el percutor del revolver hacía atrás, mientras que con el anular firme en el gatillo juntaba valor para hacer lo que se prometió a si mismo iba a hacer.
Ahora, si tan solo pudiese controlar el temblor de sus manos…
–Lemy, se acabó, debemos volver a casa–
¿Realmente iba a hacerlo?, ¿en serio podía?, ¿sería capaz de caminar de regreso a casa después de matar a alguien?, Lemy se hallaba paralizado por la indecisión, ¿en qué estaba pensando?, era… era Silent Hill que trataba de confundirlo, de manipularlo, ¡de eso se trataba!, obviamente no le dispararía a su padre, incluso si se lo merecía, incluso si llegó a planear como matar a su…
–¡Lemy!–
Un acto reflejo, tan solo… lo oprimió por nerviosismo, porque se asustó, porque escuchó algo y sus manos resbalaron, y no pudieron sostener el arma a tiempo.
Fue un accidente, solo un tonto accidente producto del miedo. El pavor se difuminó con el estruendo y la sacudida consiguiente en sus brazos.
Lo imaginó apuntando esa escopeta al rostro de su madre, y a Sam, y jalando el gatillo porque la humillación, la traición, eran insoportables.
Sombrío y cruel, un gigante imparable al que alguna vez admiró, y que ahora, se hallaba marchito, con un halo oscuro alrededor de su blanco cabello, un sol negro y rojo que Lemy había creado mediante una bala.
–Oh no… no, no, no, !no¡–
La bala le dio en la cuenca del ojo derecho, cubriendo el globo ocular de sangre, saliendo por el temple, esparciendo cabellos blancos por doquier. Al mismo tiempo que el revolver caía de culata contra el piso, Lemy se arrodilló junto a la figura pálida de su padre, sosteniendo la muñeca de Lincoln y tratando de sentir algo, lo que fuese que indicase que se hallaba dentro de una pesadilla, y que dentro de poco despertaría.
Uno, dos, tres… el pulso se había perdido.
–Hey, estas bien, todo está bien viejo–
Aquel momento que imaginó tantas veces siendo niño, el castigo tan largamente retrasado que impartiría a su padre había sido ejecutado, y Lemy era la mano ejecutora.
Quiso vomitar, mas no pudo, sus entrañas se hallaban vacías, al igual que una de las recámaras del revolver humeante, al igual que la voz de su padre, la que seguía escuchando a pesar de tener su cuerpo frente a frente.
–Está bien hijo–, le dijo Lincoln, –Ya no importa–
Y ahora estaba seguro de que imaginaba cosas, pues sus labios no se movían, y sus ojos permanecían inmóviles, perdidos en el oscuro firmamento.
–Vuelve a casa, Lemy–
Y así, la pesadilla alcanzó su crescendo, un grado de absoluta exaltación de la condición humana, con su miseria innata, la misma que le dio vida a Silent Hill y que ahora clamaba las almas de los allí presentes.
–¿Qué fue lo que hice?–
La escuchó aparecer desde las sombras, con una mano cubriendo su boca mientras que con la otra se sostenía el vientre. Las heridas de la anterior escaramuza seguían frescas en su palpable temor.
–¿Lyna? –
No lo comprendía, ¿por qué estaba retrocediendo?, Lemy no le había hecho nada, es más, había confiado en ella, le había dicho cosas que nadie más sabía y ella a cambio hizo lo mismo. Incluso la protegió de Lincoln, ¿qué acaso eso no contaba?
–Alejate por favor–
Avanzó lentamente, dejando a su padre reposar.
–Él me obligó a hacerlo, no tenía otra opción–, se justificó Lemy, –Iba a matarlas, ¡sé que iba a hacerlo!–
Lyna sacudió la cabeza y huyó del pobre muchacho que en un acto final por proteger su cordura convirtió al padre al que apenas conocía en un monstruo al que tuvo que destruir, el precio, todavía tendría que pagarlo, solo que en ese momento lo desconocía.
–No hice nada malo, él iba a matarme, me odiaba, a mi y a mi familia–, murmuraba Lemy, caminando lejos de la escena de su caída, –Se lo merecía, ¿qué acaso nadie se da cuenta de que nos estaba manipulando?, ¿qué nadie lo ve como realmente es?–
Y así fue como Lemy escapó de si mismo, lejos del pueblo, lejos de Silent Hill, a vivir con su debilidad, con su manchada consciencia, justo en medio de las personas a las que nada podía ocultar. La neblina disipándose que en otras ocasiones sería muestra de un nuevo comienzo ahora lo exponían a la luz, y bajo esta luz, un nuevo ciclo daría comienzo.
Sepultando la verdad hasta que de esta no quedase nada, ni el vengador que había llegado a ajusticiar al hombre que traería desgracia a su familia, ni el joven rencoroso que llegó a darse cuenta de que quizás cometía un error. En su lugar, emergería el mismo Lemy que se perdió al inicio, y todo seguiría igual.
Los secretos permanecerían con él y en él–
–No, no puedo decirles, nadie más puede saber lo que hice–
Se detuvo a un lado del camino y vomitó. Sus zapatos, cubiertos de bilis, acabaron enterrados en la gravilla suelta junto a la carretera, apenas meciéndose, buscando el tan ansiado equilibrio que le permitiese pisar el acelerador sin perder el control y estrellarse contra un árbol.
No podía decirles que realmente lo había visto, de hecho, ya ni siquiera recordaba lo que había sucedido.
¿Para qué inventar una historia si nadie podía comprobarla?, bastaría con regresar a casa y fingir que no tenía memoria alguna de los últimos días.
–Eso es, me perdí y no recuerdo nada. Eso fue lo que pasó–
Respiró profundamente y se apoyó contra el auto, aliviado al saber que ya no tendría que pensar más en los problemas que ocasionaba su padre ahora que estaba muerto.
En cuanto a Lincoln…
Despertó bajo la lluvia, tirado a un lado de la calzada, con ambos brazos extendidos y una sensación de vacío en medio de la frente.
–Eso es lo que te mereces–
¿Por qué dolía?, se supone que era el fin, que el dolor se acabaría.
–Lo siento, lo lamento tanto…–
No tenía caso pedir perdón, lo hecho, hecho estaba. No podían volver atrás en el tiempo y reparar el pasado, tan solo podían vivir en el futuro, y esperar lo mejor.
Con una sonrisa torcida comprobó que sus palabras sonaban como otra de las grandes mentiras que a lo largo de su vida utilizó para forzarse a existir, ahora, era libre de ellas. Ya nada lo ataba a un futuro, ya no existía tal cosa.
Lemy le había quitado esto último.
A pesar de ello, esperaba de corazón que su muchacho siguiese con vida, y que quizás, su muerte, le hubiese ayudado.
Cuando despertó nuevamente, se hallaba de regreso en el infierno.
–Lemy…–
Ya no tenía frío, ni le dolía la espalda. Ya no estaba tirado en una calle que de seguro no existía en la realidad, sino, en un comedor. Una ventana rota dejaba pasar el frío aire de las montañas, el viento susurrante traía consigo viejas promesas ya olvidadas.
En los ojos de su hijo vio a dos personas ocultándose una de la otra, en sus ojos, vio la negación y la venganza teniendo una conversación, minutos antes de que la bala saliese expulsada por el cañón arrastrando a su paso a la luz y a la cordura. Ahora, notaba por completo el quiebre experimentado por Lemy, veía la fragilidad de su muchacho completamente expuesta, y se daba cuenta, muy a su pesar, que nada podía hacer.
Su hijo lo asesinó, y luego se marcho cargando algo consigo algo solo en apariencia humana, pero de naturaleza controversial. Lincoln no se sentía capaz de definirlo, no sabía si era bueno o malo, tan solo que era parte de Lemy y que le seguiría a donde quiera que fuese.
–¿Qué caso tiene?–
Ya no tenía frío, y no le importaba, ya nada le preocupaba ahora que sabía que su existencia sería deambular en ese asqueroso pueblo, rodeado de demonios y acosado por ángeles.
–Voy a morir aquí–, murmuró resignado, –Voy a morir aquí, y no hay nada que pueda hacer al respecto–
Alguien gruñó a su lado, y supo que se trataba de una persona porque ninguna de esas cosas sonaba como un humano, mientras que esta voz le resultaba bastante placentera, al menos en comparación a los gemidos demenciales de las criaturas que le cazaban.
–La voz me dijo que me cuidase del monstruo, pero no eras tú, ¿verdad?–
Con algo de dificultad logró posicionarse para ver a su interlocutora.
–Tú viniste a morir, querías morir Lincoln, para escapar…–
¿Eso había hecho?, estaba seguro de que se trataba de un accidente, y que en realidad no quería morir. Los frenos fallaron, el muro de contención no pudo detenerlo y la camioneta iba demasiado rápido como para que cualquier otra medida de seguridad hiciese una diferencia. Pasó porque eventualmente a alguien debía sucederle. Lincoln resultó el elegido, solo un número más en una estadística.
Y si bien pensó en lo que sucedería al enfrentar a Lyra pues… en realidad le asustaba.
No quería enfrentar otra decepción, no soportaría el que su hija lo viese tal y como era, y le diese la espalda al igual que su madre y que Lemy, más que nada porque Lincoln se lo merecía, el escapar de su condena no lo hacía menos culpable.
–Fue mi idea que Lemy te buscase, insistí en que nos ayudaría a escapar, pero no tenía idea Lincoln, no tenía la más mínima idea de lo mucho que te detestaba–
Lemy, su familia… ¿todavía tenía una familia?, francamente lo dudaba, y en realidad no era un asunto importante, no necesitaba pensar en ellos.
Pero ella de seguro lo ignoraba todo, y por eso seguía hablando sobre cosas que desconocía.
–Si alguno de ellos… si a tu hijo algún día lo consume la culpa y decide volver, o tu hija trata de encontrarte… ¿seguirás aquí para ellos?–
Lincoln sacudió la cabeza, seguro de una y solo una cosa.
–Mis hijos no me necesitan, nunca me necesitaron–, respondió en un quieto susurro, ignorando la incertidumbre que sugería de forma insidiosa que Lemy, tarde o temprano, tendría que volver.
Nadie podía vivir por siempre con tal duplicidad, tarde o temprano sería descubierto.
–Lemy volverá un día, su hermana se dará cuenta de que oculta algo, y es posible que lo siga–, rebatió ella, –No es el fin, Lincoln Loud–
Así que conocía su nombre… que sorpresa.
No lidiaría con eso, Lemy era un adulto al igual que Lyra, y tenían a Luna y Sam para preocuparse de ellos. De seguro esas dos harían un mejor trabajo que el perdedor del cual se deshicieron hacía ya tantos años.
Para esa familia, él no era más que un triste recuerdo y nada cambiaría eso. Ya no tenía sentido correr, ya no existía un hogar al que regresar.
–¿Cómo te llamas?–
La joven se llevó una mano a la cabeza, arremolinando el mechón azul que colgaba en su frente.
–Lyna–, contestó con una pequeña sonrisa, –Te había visto antes, pero creí que eras peligroso, así que me mantuve al margen, hasta ahora–
El corazón de Lincoln dio un diminuto y patético salto dentro de su pecho.
Salvo por algunos pequeños detalles, Lyna era idéntica a su Lyra.
Desvió la mirada y se encontró con su reflejo, solo entonces se dio cuenta de que ya no vestía su usual traje, y que su ojo estaba parchado, ocultando en parte la cicatriz que dejó la bala. No era un experto en medicina, de hecho, se consideraba bastante ignorante al respecto, pero estaba seguro de que el disparo lo habría despachado, y a pesar de ello, estaba de pie.
¿Seguiría muriendo día a día en Silent Hill, hasta que no quedase nada de su persona?. La idea no le resultaba para nada atractiva.
–Te pareces mucho a mi hija–
Estaba seguro de que era el pueblo jugando con su persona, midiendo sus reacciones, probando su resolución. Estaba seguro de que se trataba de una trampa, de la clase de trampa de la que no escaparía, porque iría voluntariamente hasta ella, se entregaría en cuerpo y alma y se dejaría destruir dado que esa era su naturaleza, y no sabía cómo cambiar. Lo había probado ya una vez, tanto años atrás cuando trató de proteger a su hermana de las desilusiones del corazón para acabar siendo traicionado, y tiempo después al entregar nuevamente un trozo de su alma, y así por años hasta quedarse sin nada.
Inexorable tristeza e insoportable traición que jamas sería vengada. Luna tendría a la familia que siempre deseó, Sam tendría a Luna, Lemy volvería con ellas y Lyra permanecería con ellos.
Todos ganaban, todos los que importaban, todos los que significaban algo, y del resto, pues… ¿a quién le importaba?, lo único que dejaba atrás eran un montón de notas que pasarían como las palabras de un desquiciado, y algunos cuantos libros que pasaban como basura ocultista, incluso uno de sus tesoros, el tomo carmesí, no tenía valor fuera de las escasas sociedades aun activas en la zona.
No existía un legado a su nombre, ni siquiera sus hijos.
–Busquemos una salida–
Con eso, se puso de pie, se sacudió los pantalones y le ofreció su mano a Lyna, ella aceptó, y caminando a su lado abandonaron el comedor, caminando por un Silent Hill que ninguno de los dos conocía.
Lyna lo observó por el rabillo del ojo, preguntándose si acaso haberlo arrastrado con ella había sido una buena idea, aunque bueno, ya no podía arrepentirse. Lincoln había probado ser diferente a lo que ella temía mientras que Lemy resultó ser la clase de persona de la que debería cuidarse. No estaba del todo consciente de lo sucedido entre los dos, de hecho, apenas captó lo que se dijeron antes de que Lemy le disparase a su padre, pero lo que vio fue suficiente como para aterrarla.
Lemy estaba y al mismo tiempo, no estaba allí. La veía y la ignoraba, le hablaba y guardaba silencio, como si dos realidades ocurriesen al mismo tiempo, una persona caminando junto a un espejo sin darse cuenta de que su reflejo hablaba y veía y percibía todo a su alrededor, todo lo que el mundo de cristal trataba de emular.
Lo que abandonó Silent Hill era Lemy, y al mismo tiempo, no lo era.
–¿Todo bien Lyna?–
¿Acaso vería a ese fantasma que caminaba a su lado ser destrozado una y otra vez, hasta que no quedase nada de su persona?
¿Compartiría ese destino?
–¿Estás bien?–
¿Lo estaba?, ¿alguna vez volvería a estar bien?, era imposible de saber.
–Estoy bien, sigamos adelante–
Apresuró el paso, pero no al punto de dejar detrás a Lincoln, contentándose con mantener algo de distancia, un poco de espacio que le evitase notar lo mucho que se parecía ese hombre a su padre, el mismo padre al que tanto amaba, al mismo padre al que comenzaba a olvidar.
Como se arrepentía de abandonar su hogar para buscar a su madre, como se arrepentía de perseguir a ese fantasma.
::: :::
Y así llegaron a Ashville, sintiéndose al fin aliviadas.
–Gracias por todo Laura–, murmuró Lyra mientras soplaba el vapor que emanaba del café. Habían pasado por una estación de servicio de camino, necesitando algo dulce y caliente con lo que mantenerse despiertas.
–No hay nada que agradecer, me alegra haberte ayudado–, respondió Laura sacudiéndose de hombros, –Después de todo somos amigas–
Lyra buscó en sus bolsillos, sabiendo que no bastaba para corresponder a todo lo que Laura había hecho por ella, pero esperando que al menos de esa manera pudiese demostrar lo mucho que significaba para ella el que Laura le dedicase tanto tiempo a una persona que era para todos los efectos una completa desconocida.
El hecho de que la llamase amiga no era nada menor, Lyra no tenía tantas amigas, al menos ninguna que hubiese hecho por ella lo que Laura hizo.
–Sé que no es mucho, pero el concierto que iba a dar fue reagendado, y tengo unos boletos extra. Sería un honor que puedas asistir con tu familia–
–¡Vaya!, una noche en el teatro, jamas pensé que iría a algo así–, exclamó Laura con más emoción de la necesaria. Lyra esperaba algo así, no a todo el mundo le fascinaba la música clásica como a ella.
Ya a futuro vería cómo conseguir entradas para una de las giras de su madre, e incluso de Lemy, después de todo estaban en deuda con ella.
Con un último abrazo, Lyra se despidió de Laura. Iría al encuentro de Lemy y juntos irían a buscar a mamá y a Sam, y con algo de suerte, se las arreglarían para explicar los días que Lemy pasó incomunicado.
–¡Llamame en cuanto puedas!–, gritó Laura al verla partir, mientras que Lyra sacaba un brazo por la ventana del auto y hacía sonar la bocina.
Se mantuvo en calma hasta estar segura de que Laura ya no la veía, luego condujo al edificio, justificando la demora que sufriría antes de ir al encuentro de Lemy. Al llegar, se estacionó en frente, subió por el ascensor y fue directo al departamento de su padre. El lugar ya había sido aseado y preparado para recibir nuevos inquilinos, quedando apenas algunas cajas con las posesiones de Lincoln. No era mucho, de hecho, le parecía indigno que toda la vida de su padre pudiese ser contenida en unas cuantas cajas de cartón pero sobre eso nada más podía hacer. Lo que le quedaba, era enfrentar a los vivos, y con ellos tenía muchos, muchos problemas que resolver.
Lemy estaba bien, de hecho, estaba más que bien. Su corta llamada para avisar que iba de regreso y que les explicaría todo al llegar no dejó lugar a dudas de que ocultaba algo, y a Lyra le bastó preguntar qué había sido de Lincoln para descubrirlo.
–¿Lincoln?, no sé de qué hablas hermanita, papá está muerto, ¿lo recuerdas?–
Lyra no lo presionaría, al menos no por el momento, pero no por eso le permitiría mentir.
Sabía que Lincoln estaba vivo, sabía que no estaba loca.
Ni Lemy ni nadie le quitaría eso, tarde o temprano recuperaría a su padre, y para ello, usaría todo lo que Lincoln dejó atrás. Todas sus notas, sus diarios, los libros que consiguió, todo, y con ello lograría verlo una vez más.
Mientras tanto, seguiría cumpliendo con su papel, los mantendría contentos, los mantendría felices, tal y como lo hizo Lincoln en su momento.
Separó de entre las cajas aquella que contenía uno de los últimos diarios de su padre junto con unos cuantos libros que luego necesitaría y que mantendría, por ello, ocultos del resto de la familia.
Su papel, su rol de hermana mayor, de hija devota, lo interpretaría sin fallas, al menos en un principio. Sin embargo, no dejaría pasar las transgresiones que había sufrido. ¿Aquello de regresar a la normalidad?, ¿eso de dejar el pasado en el pasado?, era una completa mentira, puras patrañas de gente insensata y falsa, cursilerías absurdas dichas para mitigar el daño, pues, ¿qué acto de constricción existía en aquello?, no, no tenía sentido para Lyra, no podía ser así, ¡no lo aceptaría!.
El verdadero perdón debía significar algo, debía… ¡debía ser real!, y no esa imitación barata a la que se había acostumbrado.
Pese a las buenas intenciones de Laura, Lyra ya se hallaba más allá del perdón. Su hermanito ya no era un niño y ella no necesitaba permanecer a la sombra de su madre con tal de no lastimarlo, menos ahora que le ocultaba cosas, al igual que Luna, al igual que Sam e incluso Lincoln.
Todos ellos le habían mentido, y no estaba dispuesta a seguir aguantando.
Bajó por el elevador con su preciada carga, caminó hasta el vehículo y abriendo la cajuela depositó la caja en un rincón.
Allí iba la vida completa de Lincoln, salvo por una fotografía que extrajo antes y que ahora guardaba ella.
–Yo… jamas lo olvidaré papá, jamas podré perdonarla por lo que te hizo, por lo que nos hizo a los dos–
Y sin decir otra palabra fue al encuentro de su hermano, deseando más que nunca que sus palabras no evocasen una nueva tragedia, y a la vez, deseándola, ansiando la oportunidad de esparcir su rencor entre aquellos que le habían mentido.
::: :::
–Las aves están cantando–
Habían llegado de madrugada para abordar un transfer que las llevó directo al hotel en el que se hospedarían. Desde allí, llamaron a Lyra para preguntar cómo iba todo y recibieron, como era de temerse, puras evasivas.
Bastó esto para que ambas mujeres justificasen el viaje, puede que los chicos hubiesen crecido, que se convirtiesen en adultos pero eso en nada obviaba el que para ellas siguiesen siendo sus hijos, y ahora las necesitaban para hacer lo que debieron de haber enfrentado desde el inicio.
–¿Te sientes bien cariño?–, preguntó Sam palmando la frente de Luna, –Has estado rara desde que subimos al avión–
Luna negó con la cabeza y sonrió cansada, –No es nada–, aseguró, –Solo… creo que al fin me doy cuenta de que no lo volveré a ver, ¿sabes?, siempre pensé que tendría tiempo de sentarme a discutir con Lincoln sobre lo que pasó ese día, y ahora que se fue pues…–
Dejó la sentencia en el aire, mientras que Sam, impotente, la veía encorvarse en la cama, con sus muy profundas ojeras y su tez tan pálida que casi la hacía parecer un fantasma.
Su resentimiento por el causante del sufrimiento de Luna no conocía límites, así como la culpa de Luna no parecía menguar.
Sueños y recuerdos diluidos en el entramado celeste, afuera, las aves cantaban una triste melodía que ella conocía bien. No fue sino hasta que su cabeza tocó la almohada y la luz se apagó que una imagen invadió su cerebro, y en las horas profundas, al alero de un cielo cubierto de nubes, escuchó su voz una vez más.
–Si sales por esa puerta no habrá marcha atrás–
No sabía si estaba dormida o despierta y a decir verdad poco importaba, porque en ese instante le pareció estar de regreso en su vieja sala de estar, con Lincoln sentado frente a la mesita de café, con las manos entrelazadas. En el piso, vidrio roto, fotografías, recuerdos y quizás cuantas otras cosas más. Los restos de una vida secreta que Luna amó por años y que ahora se perderían para siempre.
–Lo digo en serio Luna, si te vas, si dejas este hogar entonces…–
–¿Entonces qué?–
El rechazo de su hija seguía fresco, Lyra, al verla, al saber lo que sucedería la enfrentó de lleno y se mantuvo al lado de su padre, con sus pequeñas manos cerradas en la tela de los jeans de Lincoln y una expresión desafiante, retándola a tratar de alejarla del hombre que para todos los efectos era su padre.
–¿Entonces qué Lincoln?–
Sin que Luna se diese cuenta, Sam la escuchaba hablar consigo misma. Con anterioridad, el tema de su quiebre con Lincoln apenas había salido a la luz, teniendo ella apenas detalles de lo sucedido. Bastaba con decir que se trataba de un tema tabú, no tan solo porque se trataba de proteger a la familia Loud, sino, debido a ciertas cosas que Luna prefería guardar para si misma.
En su momento, trató de convencer a Luna para acompañarla, pero no hubo caso. Luna se negó rotundamente a tener a alguien más presenciando el quiebre de su familia, incluso si la persona en cuestión era en parte responsable.
–¿Qué pasará si me voy?, ¿qué vas a hacer en cuanto me vaya?–
Sam presentía que había sido difícil, que debieron decirse muchas cosas hirientes, pero hasta allí llegaba pues la verdad, tan solo podía imaginar el suceso.
Luna en cambio lo vivió.
–Le dije que ya no era mi hogar, y que tenía que entenderlo–, sollozó Luna, sujetándose de Sam.
–Le dije que un día se acabaría–
Cada pequeña herida floreciendo, las cosas que jamas se decían, que preferían mantener ocultas por miedo a revelar una parte de si mismas que preferían mantener en perpetuo silencio. La evidencia de que su idílico amor se fundaba en la destrucción de otra persona, alguien a quien, sin mucha consideración, decidieron sacrificar.
–Se lo dije, le dije que no duraría para siempre–
Y allí, Sam vio parte de lo que sucedió ese día.
–¿Sabes qué fue lo peor, Sam?–, preguntó Luna con lagrimas en los ojos.
Sam negó con un nudo en la garganta, odiando la sonrisa desesperada que poseía los labios de Luna, y las lagrimas que parecían no detenerse.
–Lincoln lo supo todo el tiempo–
La ilusión que dio lugar a su amor, la revelación de que estaban hechas la una para la otra empañada por siempre, arruinada por el conocimiento que Luna sepultó en lo más profundo de su consciencia.
–¿Sabes?, al principio quise culpar a Sam pero luego me di cuenta de que la responsable de todo eres tú–
En su momento, Luna trató de tranquilizarlo, y cuando eso falló, y sabía que fallaría, pues entonces intentó amedrentarlo. Tal y como lo hacían cuando tenían sus problemas de pareja.
–No me veas así, sabes que es cierto–, le djo Lincoln en tono burlón, ignorando la gélida mirada que le dedicó, riéndose de ella.
–Pudiste elegir Luna, el ser honesta con ella y conmigo, es lo menos que merecía de ti, era lo único decente que podías hacer–
Aquel fue el momento en el que Luna supo que todo se acabó, con Lincoln no existiría reconciliación alguna, jamas volverían a ser amantes, ni amigos ni hermanos. Se convertirían en un par de extraños que compartirían el mismo apellido y actuarían de manera cordial frente a sus amigos y conocidos.
Parte de su historia estaría por siempre rota, arruinada, y no podía culpar a nadie salvo a si misma.
–¿Luna?–
Viendo a Sam, a su hermosa Sam, le dijo aquello que más la atormentaba, aquello que la perseguiría hasta el último de sus días.
–Yo lo maté–, susurró, –Le rompí el corazón y lo dejé morir Sam, él me amaba y yo…–
Sam tragó saliva y la abrazó, viendo, con resignación, como la culpa devoraba a Luna. Lo que le hicieron a Lincoln había vuelto para perseguirlas, y no había nada que pudieran hacer o decir al respecto.
::: :::
Pronto estaría de regreso en casa, y todo lo relacionado a Silent Hill sería olvidado. El miedo, la angustia, la sensación de vértigo, el no poder distinguir día de noche y realidad de ficción sería reemplazado por la seguridad del Penthouse de su madre y su propio cuarto, el que todavía visitaba de vez en cuando.
Se reencontraron sin mayores dificultades, y juntos fueron al hotel en el que se hospedaban Lemy y Lyra, rentando una habitación para Sam y Luna. El encargado del lugar recibió una suma no menor de dinero por su silencio, la cual les compraría algo de tiempo para que pudiesen poner sus asuntos en orden.
–Lemy, ¿qué querías decirme? –
–Debería confesar, debería… –
Confesar equivaldría a perderlo todo, a admitir que había hecho algo incorrecto y eso no era cierto, no era cierto, pero los otros… su madre, Lyra, ellas no comprenderían.
–No, no puedo hacerlo, ni siquiera estoy seguro de que haya sido real, quizás lo imaginé todo–
–No es nada mamá, por cierto, ¿ya le dijiste a Lyra?–
Luna se sacudió de hombros, –Todavía no–, respondió, –Esperaba que pudiésemos decirle juntos–
Lo que menos quería Lemy era regresar a ese lugar, y sin embargo, sabía que no había mucho que pudiese decir o hacer con tal de evitarlo. Su madre estaba ansiosa de visitar el lugar en el que falleció Lincoln con tal de ofrecer sus respetos y visitar su tumba, la tumba que estaba vacía porque no había un cuerpo que enterrar. El que lo hubiesen declarado muerto así sin más seguía molestando a Lemy, pero supuso que la policía en realidad no tenía motivos para creer que Lincoln hubiese podido saltar de su camioneta a tiempo, eso, o no les importaba lo suficiente y preferían sepultar todo el asunto al igual que cualquier otra desaparición.
En fin, era algo que prefería guardarse para si mismo, no fuese que Lyra llegase a cuestionarse lo mismo. Eso no acabaría bien.
–¿Estás segura de que quieres ir?–
Lyra los había escuchado desde la puerta, de hecho, pasó un buen rato espiando a esos dos, esperando que Lemy dijese algo, pero hasta el momento mantenía su historia intacta. Le habían dicho a su madre una historia poco creíble que pasó el test de la honestidad gracias a que Luna apenas les prestó atención. En realidad, habían asuntos más importantes en la mente de la rockera como para preocuparse de cada pequeño detalle.
Uno de esos asuntos era visitar el último lugar en el que su hermano tuviese aliento y ofrecer sus respetos, incluso si sus hijos insistían en que no era necesario.
–No, pero es lo correcto hija, es lo menos que puedo hacer–
Esto no pareció convencer a sus hijos, una lastima, en especial en el caso de Lyra.
No fue sino hasta el día siguiente que Luna la encontró sentada y leyendo que trató de abordar el tema.
–Lyra, sabes que todo lo que hice fue por ti, ¿verdad?–
En cualquier otra ocasión hubiese esperado un argumento que sabía acabaría mal, con Lyra haciendo la Ley del hielo y Lemy tratando de hacerla entrar en razón, por ello, le resultó tan extraño no recibir la hostilidad acostumbrada.
–Lo comprendo mamá–, y así sin más, cerró el libro y lo guardó.
Luna no supo qué decir. Su hija, su Lyra, jamas se hubiese rendido tan rápido.
Algo malo pasaba, esos dos le estaban ocultando algo.
Y hablando de cosas malas…
–Hey–
Luna se mordió la mejilla para no gritar, con las emociones a flor de piel, había discutido con Sam y se habían dicho cosas bastante hirientes. No era sorpresa alguna que el clima entre las dos fuese glacial.
Lyra se aclaró la garganta y preguntó, –¿También vas a ir?–
Lemy apareció detrás de Sam y contestó antes que ella.
–No, y tú tampoco deberías ir–
Sam dio media vuelta, no había visto a Lemy, es más, durante su breve estadía apenas habían hablado, lo que por cierto la tenía bastante preocupada. Su relación con Lemy era excelente, y no le gustaba pensar que se perdería por culpa de Lincoln.
–Alguien tiene que acompañar a mamá–, rebatió Lyra.
–Mamá tampoco debería ir–, contestó Lemy en tono algo despectivo, –De hecho, creo que deberíamos abordar el siguiente avión de regreso a casa y olvidar todo este asunto–
Presintiendo que la discusión pasaría a mayores, Luna se decidió a intervenir-
–Lemy, tengo que hacer esto–, explicó, –Se lo debo a Lincoln–
–No tienes que hacerlo–, interrumpió Sam, –Volvamos a casa, ahora–
–Sam, se trata de mi hermano, es lo menos que puedo hacer por él–, dijo Luna irritada, ganándose de paso una mueca de rencor por parte de Sam.
Las cosas definitivamente no estaban saliendo como esperaba, lo que se suponía sería una ocasión solemne cada vez le traía más problemas y se convertía en un posible riesgo para su familia. Desde hace años que no discutían de esa manera, para ser específicos, desde que Lincoln seguía siendo parte de sus vidas.
–Por favor comprende–, pidió Luna.
–Es mi hermano–
Esa fue la gota que rebalsó el vaso.
Sam ya estaba cansada de fingir que comprendía, ya estaba harta de pretender que la existencia de Lincoln en la vida de las dos no les traía sino desacuerdos. No se imaginaba como un chico tan dulce podía convertirse en esa clase de perdedor, y mucho menos que se atreviese a destruir algo tan importante como su propia familia. En su mente, no existían dudas de que fue Lincoln el que sedujo a Luna, quien la empujó a esa relación que jamas podría subsistir. Lo sabía, ¡claro que lo sabía!, puede que las circunstancias de la vida la hubiesen alejado de Royal Woods, pero no por eso dejó de estar al pendiente de Luna, no por ello disminuyó su amor y por ello, no se esperó el que alguien dentro de su familia, su propio hermano, se atreviese a manipularla.
Lo único bueno que salió de ello fueron sus hijos, Lemy y Lyra a los que adoraba como si fuesen suyos. Solo por ellos se decidió a guardar silencio frente a la conducta aberrante de Lincoln, pero ellos ya eran adultos, y desde hacía mucho tiempo no guardaban las mismas ilusiones de pequeños que tenían sobre su padre.
–No Luna, no está vez–
De manera decisiva y con marcada irritación se plantó frente al amor de su vida, y le dijo exactamente lo que pensaba de Lincoln.
–Por años dejé que ese hombre se entrometiese en nuestra familia pero esto es demasiado–, escupió molesta, –Era un irresponsable, un desagradecido, un mentiroso y un impostor. No logró nada en su vida, jamas le importó nadie salvo por si mismo, te defraudó a ti, a tus padres, a tus hermanas y a sus propios hijos–
Sam seguía hablando sin registrar que Luna ya no escuchaba, todas sus palabras pasaban por un filtro que intentaba proteger los mejores recuerdos que atesoraba de su hermano, hasta el momento en que Sam acusó a Lincoln de engañarla para disfrazar la relación incestuosa entre los dos como algo normal. Fue en ese instante que la parte de Luna que se esmeraba por proteger su breve romance con su hermano fue mancillada de manera irreparable.
Aquellos preciosos recuerdos estaban siendo pisoteados por la persona que más amaba, y no había nada que pudiese hacer al respecto.
Ella misma lo había condenado, fue ella quien lo repudió.
–Es hora de enfrentarlo Luna, no fue un buen padre, no fue un buen hermano y definitivamente no fue un buen hombre para ti–
No registró el golpe hasta que el ardor en su mano le indicó que algo andaba mal, es más, ni siquiera se dio cuenta de lo que había hecho hasta que sintió como Lemy la sujetaba de la muñeca y se interponía entre las dos.
–Yo… lo siento Sam, no sé qué me pasó –
–Me abofeteaste–, susurró Sam sosteniendo su mejilla, –Nunca antes… jamas…–
Trató de disculparse, de decirle cuanto lo sentía, pero no le fue posible.
Lemy rodeó a Sam entre sus brazos mientras que Lyra la hacía retroceder.
–Ya es suficiente mamá–, farfulló su hijo.
–Lemy, Lyra… –
Lyra sacudió la cabeza sin detenerse, –Quizás lo mejor es que nos vayamos de aquí–, dijo, –Te llevaré la lápida que pusimos y luego volveremos a casa–
–Ven Sam, vamos por algo de hielo–, ofreció Lemy, llevando a Sam de la mano a la habitación en la que se encontraba un mini bar.
Luna nuevamente trató de seguirlos sin éxito.
Lyra no le permitía avanzar.
–Lyra… –
–Dale algo de espacio mamá–, pidió Lyra con la voz constreñida, –Es mejor esperar a que todos estemos más calmados–, sugirió.
Luna se sentía fatal, nunca antes había hecho algo así, jamas se le pasó por la mente que sería capaz de agredir a Sam, sin importar lo furiosa que estaba.
–De verdad quería despedirme de tu padre–, murmuró triste, –Decirle que lo siento, y pedirle que me perdone–
–Lo sé mamá, iremos ahora y luego podrás disculparte con Sam–
Poco pudo hacer Lyra para consolar a su madre, pues solo de ella dependía lidiar con sus demonios. Se trataba de una tarea personal, algo en lo que tanto ella, como Sam, estarían completamente solas.
–Por cierto hija, ¿qué era ese libro que tenías esta mañana?, se veía interesante–
Lyra ocultó su sonrisa lo mejor que pudo, –No es nada importante mamá, es solo algo que encontré entre las cosas de Lincoln–
Esto llamó la atención de Luna, y es que sabía tan poco de los últimos años de vida de su hermano que le alegró que Lyra estuviese interesada. Al menos, así, alguien lo mantendría vivo en su memoria.
–¿Y de qué se trata?–
Lyra se detuvo, acariciando de forma inconsciente el lomo rojizo del tomo, único en su clase.
–Habla de la resurrección–, contestó, –Es bellísimo mamá–
Luna trató de seguir la conversación, pero Lyra se lo hizo difícil, desviando sus esfuerzos con misivas cortas que no ofrecían mucho. Al final, tuvo que contentarse con que su hija le hablara pues ni Sam ni Lemy le dirigían la palabra.
Tuvieron que esperar al día siguiente, y dejar que Luna y Sam se reconciliasen, al final, Luna recibió un beso en la mejilla por parte de Sam, y tuvo que prometer que esa sería la última vez que dejaría que alguien más se interpusiese entre las dos. En cierto sentido, y por más que le doliese, sabía que debía sacrificar algo más de Lincoln, ¿qué diferencia haría ahora que estaba muerto?, ¿qué diferencia podría hacer el mantener vivo algo que negó en su momento?
Lyra la llevó al auto y condujo por ella, hasta llegar al lugar en el que la camioneta entró al lago. El muro bajo todavía no había sido reparado, de hecho, nadie se tomaría la molestia de cerrar el boquete por un par de años, y solo gracias a una serie de reclamos. De un modo u otro, esa sería la primera y última vez que Luna lo vería, enterándose de lo anterior gracias a unas cuantas conversaciones de su hija.
Ese día quedaría grabado en su memoria, al ver que aparte de un muro parcialmente derruido y unas cuantas flores, nada más quedaba de Lincoln.
–Así que aquí fue–, murmuró Luna con lagrimas en los ojos, –Aquí sucedió…–
Sin esperar respuesta, Luna caminó hacía el lago.
–¿Vienes?–
Lyra que se había quedado atrás negó con la cabeza, –Me quedaré un rato aquí–, dijo, –Tomate el tiempo que necesites mamá, podemos regresar cuando quieras–
Luna asintió y se fue a sentar a la orilla, hablando con Lincoln de esto y aquello e imaginando que estaba allí y la escuchaba.
Lyra volvió al auto, manipulando la radio, esperando encontrar una prueba, algo que la convenciese de que seguía vivo.
Lo único que encontró fue estática, el efecto propio de estar en medio de las montañas con un equipo que no era tan bueno.
Allí se iban sus ilusiones.
::: :::
Nunca llegó.
–¿Por qué no me escuchaste?, te lo dije Lyra, te dije que solo nos traería problemas–
Su familia no pudo detenerlo, nadie podía hacerlo, no cuando se trataba de Lyra.
–Debiste haberme escuchado–
Siempre lo supo, que Lincoln hallaría la forma de atrapar a su hermana, que aquel lazo tóxico que los unía no desaparecía así sin más y un día, un día conseguiría destruirla.
Inevitablemente, llegaría el momento en el cual Lyra se dejaría atrapar por la sombra de su padre, y compartiría el mismo destino.
–Debiste haberte detenido–
La siguió en cuanto salió de casa, dejando a su madre y a Sam detrás, dejando a toda la familia de lado con tal de recuperarla. La siguió hasta el estudio en el que residía, y usando el juego de llaves que Lyra le había obsequiado abrió la puerta. La halló en su habitación con su equipaje listo, confirmando la hora de partida del avión. Lemy la enfrentó, le recriminó lo egoísta y terca que era por elegir esa fecha para visitar la tumba de Lincoln, lo cruel que resultó ser por no avisar a nadie más, por irse así sin más, dejando de lado a todo el mundo, a todos aquellos que la amaban, a todos los que intentaban a diario hacerla feliz.
–¿Estas celoso hermano?, ¿celoso de un fantasma?–
Esas palabras… como había temblado al escucharla, que rabia más tremenda poseyó su corazón con esa acusación infame.
–No me creerías, ¿de verdad piensas que soy igual a ese hombre?, no me hagas reír–
Estaba enojado, tan enojado… nunca antes se había sentido así. Él no era un fenómeno, no era como su padre, no tenía esas inclinaciones perversas para con Lyra, ¿qué acaso no lo conocía?, ¿qué acaso no habían crecido juntos, lado a lado?, pues… no del todo. Debía recordar que Lincoln absorbió gran parte de la niñez y juventud de Lyra, que a final de cuentas, ella no tuvo la fortuna de crecer en un ambiente sano como el que Sam y su mamá proveían.
En realidad no era culpa de Lyra el ser así, ella era una víctima más de su padre.
Quizás por ello le molestaba tanto que no lo pudiese apreciar, que Lyra no lo quisiera del mismo modo.
–Siempre te amé más que él, yo siempre te respeté, y tú lo elegiste…–
Esperó un día para seguirla, un día completo en el cual tuvo que llenar los agujeros dejados por Lyra. Su ausencia dolió, y mucho. Su madre apenas tuvo las fuerzas para entretener a la familia, sus tías estaban listas para intervenir y poner a la mocosa rebelde en su lugar, sin importarles que esa mocosa ya fuese una mujer madura, una mujer madura sin familia propia, sin hijos, sin pareja, sin nadie que la acompañase. Obviamente nadie juzgaba su estilo de vida, nadie se atrevería a decirle que su dolor, por más maquillaje que usase, era evidente. Frente a todo el mundo y a toda hora la excepcional artista brillaba desde la tenue luz de los reflectores, dejando a aquellos que lograban penetrar la oscuridad del escenario ver las grietas que nacían en su piel, los profundos surcos nacidos de la amargura que plagaba a Lyra y que afloraba a través de sus dedos en dulces melodías.
–¿Celoso de Lincoln incluso sabiendo que nunca me tocó?, que patético eres Lemy, sigues siendo un niño mimado esperando que mamá te lo de todo–
Esperó todo un día para darle ventaja, para que meditase sus palabras y se disculpase.
–Celoso, celoso, celoso. Siempre has sido un niño celoso Lemy, siempre deseando lo que no puedes tener, pues bien, ¡te tengo noticias!–
¿Cómo podía hacer algo así?, ¿cómo podía traicionar de tal manera a los que la amaban?, ¿qué acaso no se daba cuenta de lo mucho que la amaba?, ¿no lo veía?
–¡Nadie puede tenerme Lemy!, ¡NADIE!, así que deja de molestarme de una buena vez hermanito, por una vez dejame hacer lo que quiero–
Él… no supo lo que pasó hasta que fue demasiado tarde.
Un minuto, y ambos están de regreso en Ashville. Halló a Lyra en el hotel en el que se quedó la última vez, charlando por teléfono con esa amiga que vivía allí, la tal Laura.
La encontró desempacando y discutieron, se dijeron cosas horribles, se hirieron y no pararon, incluso cuando Lyra se le arrojó encima, con las uñas quebradas después de una manicura fallida, gritando y maldiciendo como una mujer poseída, vertiendo en Lemy toda la frustración acumulada en años de fracaso, demostrando, de una vez y para siempre que era la hija de su padre.
Y luego vino el silencio, el tacón quebrado y el golpe seco, un grito que nadie más escuchó. La inmovilidad en sus ojos cristalinos, la ausencia de latidos y los papeles volando. Notas sobre una perdida espontanea, la última chance perdida, la cita con el psiquiatra a la que no llegaría.
Su hermana en silencio, juzgando y burlándose de él, repudiando su amor, su ternura.
Prefiriendo a un monstruo.
Esperó hasta la noche para cargarla hasta el auto y la dejó reposar en el asiento trasero. Su teléfono, llaves y demás cosas las dejó en el hotel, no las necesitaría por unas cuantas horas.
Condujo sin problemas hasta el lugar odiado en el que todo comenzó, allí, dejó las puertas abiertas, se paró frente al lago y se puso a fumar. Supuso que eventualmente tendría que llamar a casa, pues el fin de semana siguiente le tocaría tener a sus hijos. De su desastroso matrimonio no sacaba mucho que fuese positivo salvo por esos dos, sus niños eran, después de todo, su mundo entero.
Lemy amaba a sus hijos, le encantaba verlos sonreír y jugar, e inventar cosas y tratar de aprender a tocar como él.
Incluso adoraba que su pequeño, junior, tuviese el cabello blanco. Ese nunca fue un problema para Lemy, jamas lo sería.
Deseó estar de regreso en casa, con sus hijos, y tener una mejor relación con su mujer, que ya dejase de ser tan exigente, que se diese cuenta de que todo lo que Lemy quería era tener una vida normal con unos cuantos shows y produciendo su propia música. No pedía demasiado, no exigía mucho de nadie, y a pesar de ello se veía en esa situación, con una hermana que francamente ya le resultaba una molestia y su mujer que estaba celosa del tiempo y dedicación que gastaba en Lyra.
No estarían para nada contentos con su regreso, ya casi podía escuchar sus regaños.
¿Cuándo la vida se volvió tan complicada?
–Celoso… cree que estoy celoso, si claro–
Volvería a casa y dejaría a Lyra por su cuenta, si tanto quería encontrar a ese perdedor no la detendría. Se merecían el uno al otro.
Ya no era su problema, ya no se preocuparía.
–Jamas estuve celoso de ese perdedor incestuoso. Yo no soy como él Lyra, y tampoco soy como tú–
Golpeó las defensas del auto esperando recibir alguna respuesta.
–¿Me escuchaste Lyra?–
Y ella ya no estaba.
La niebla del lago, la oscuridad de los bosques aledaños, el murmullo lejano de un pueblo abandonado, todo aquello de lo que por años huyo ahora convergía en un solo lugar, un mismo sueño que creyó haber olvidado.
En aquel lugar olvidado, vio a su pasado cobrar forma, y a sus recuerdos volver a la vida.
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Estaba viendo REC y todos gritan lol, ¿qué no saben que los zombies buscan el ruido?, por eso no grites, puedes hacerle un RKO a cualquiera sin emitir sonido alguno salvo por las voces en tu cabeza (y necesitas proteger tu cabeza, antes de que una versión semi femenina de Rambo adolescente decida que tu cráneo es el lugar perfecto para probar un hierro 9)
En fin, primer final, luego ordeno todo y es posible que lo arme como un fic completo y que tenga sentido, si es que puedo hacerlo claro
