—Y entonces, fue así como todos mis hermanos y yo le llenamos el castillo con pegamento a mi padre— terminó de contar el estadounidense.
—Ja, ja, ja, ja, que buena historia— rio el mexicano— Si mis hermanos y yo hubiéramos hecho algo así juro que España nos hubiera dado la putiza de nuestras vidas.
Ambos norteamericanos caminaban por las calles, tomados de la mano, con rumbo de regreso a la casa del australiano. Fue un día lleno de diversión por hoy, ya había llegado el momento de descansar.
Lo que no habían notado era que alguien los estaba siguiendo desde las sombras; tan ocupados en sus asuntos estaban que el chino logró seguirlos durante todo el día sin ser visto.
—Me doy cuenta que sin los otros dos, esto es más fácil— susurró para si mismo el asiático mientras seguía a la pareja norteamericana.
Finalmente, Estados Unidos y México llegaron a su destino. Eso significó el fin de la misión de China, al menos por el momento.
Ya sabiendo donde se estaban hospedando, podía idear el plan perfecto para hacerse con el mexicano. Lo volvería a secuestrar, pero, según él, no lo volvería a perder, esta vez ya no habría errores y conseguiría lo que quiere.
Se fue de ahí para regresar al hotel; estaría más cómodo en ese lugar al momento de idear su plan.
Regresando con nuestros protagonistas, ambos fueron recibidos por un cálido "buenas noches" por parte del australiano (el cual estaba en la cocina preparando la cena). Los dos fueron allá para saludar al dueño de la vivienda.
—Veo que se la pasaron bien, llegaron tarde.
—Pues tu país es muy bonito, carnal— dijo el mexicano mientras tonaba asiento en uno de los banquillos altos que habían— 10/10, lo recomendaré para que lo visiten.
Australia rio por ese comentario.
—Han sido las mejores y más tranquilas vacaciones que hemos tenido— mencionó el estadounidense— Creo que si es bueno vacacionar aquí. Hey, brother, ¿te molestaría si nos quedamos unos días más?
—Para nada, me agrada su compañía.
Ambos norteamericanos agradecieron el gesto de hospitalidad del oceánico.
La noche había caído, ambos yacían acostados en la misma cama, teniendo el televisor encendido a manera de ruido ambiental.
Se miraban frente a frente, diciéndose cosas demasiado empalagosas y dulces a la vez que pequeños besos se atravesaban en su conversación.
—Estás han sido las mejores vacaciones sin duda— mencionó el mexicano— Un ambiente lindo, sin interrupciones de cierto trío de pendejos, y lo mejor, poder pasar tiempo junto a ti.
Las mejillas del rubio se tornan rojas, mientras ligeramente aparta la mirada.
—Eres lo mejor que me ha pasado, ¿lo sabías?— dijo el estadounidense— Jamás olvidaré el día que nos hicimos pareja. Puede que no haya sido lo más romántico del mundo, pero, demostró que tú estarías ahí para mi en las buena y en las malas. Esa vez me defendiste, y por siempre estaré agradecido.
El moreno no dijo nada, solo abrazó a su pareja, ocultando su rostro en el pecho del mayor. El ojiazul correspondió a ese abrazo.
Aquel pequeño momento se sentía tan mágico para ambos; un cálido, dulce y bello momento.
—Te amo demasiado.
—Yo también.
Se dieron un pequeño beso en los labios.
