Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Latidos

Me removí justo cuando la luz del alba apareció en el horizonte colándose entre los cristales. El dedo índice de Edward empezaba una perezosa travesía por mi vientre bajo justo encima de mi incisión.

Estábamos tumbados en el piso de madera frente a la pared de vidrio con las sábanas enrolladas a mitad de nuestros cuerpos.

Saciada por nuestro encuentro de anoche y parte de la madrugada, sonreí. Me sentía plena y con un delicioso dolor de cansancio.

― ¿Cómo te sientes? ―susurró Edward sobre mi cuello.

― Feliz.

― Traté de ser cuidadoso y no la lastimar tu incisión, ¿duele?

Negué, justo cuando dos de sus dedos bajaban hasta hundirse en mi interior; comenzó bombeando debilmente provocando que mi humedad mojara mis muslos.

― Ven aquí ―gruñó, haciéndome montar sobre él.

Gemí fuertemente al tenerlo de nuevo en mi interior, tomé un poco de aire y comencé a cabalgar sobre él. Su fuerte agarre en mis caderas iba marcando el ritmo de las embestidas, me fue imposible cerrar mis ojos al ver su rostro entregado al placer que estábamos sintiendo.

Mi clímax no tardó en estallar provocando espasmos en mi cuerpo. El jadeo de Edward fue escandaloso al acabar vaciándose en el preservativo que traía puesto.

Rendida caí sobre él.

Los brazos fuertes de Edward me estrecharon más cerca a su cuerpo, estábamos pegajosos, aunque poco podía importarme con tal de seguir abrazada de él sintiendo su calor, cerré mis ojos entregándome al sueño…

-0-

― Si mamá, las niñas están bien ―escuché decir a Edward.

Abrí mis párpados al comprender que no estaba a mi lado

Ahora se paseaba por la cocina con una taza en su mano vestido con un pantalón de chándal negro y descalzo, mientras hablaba tan despreocupado por el móvil. Con la sábana alrededor de mi cuerpo me incorporé llegando a la cocina, tomé la taza de café que traía dando un ligero sorbo al amargo líquido caliente. Entretanto Edward besó mi frente, envolviendo su brazo en mí.

― Dile a los Swan que no se preocupen. Su hija también está bien, solo cansada, pero satisfecha.

Dejé un codazo en sus costillas y regresé la taza de café a su mano.

― Está bien, mamá no digas eso último.

Edward continuaba riéndose a costa mía.

Miré que estaba recién duchado y el loft había vuelto al perfecto orden. Apreté mis piernas conteniendo la emoción que sentía en mi entrepierna al recordar que nos habíamos amado en cada uno de los rincones del departamento luego de que sus padres avisaron que se habían quedado en una habitación de hotel.

«Sí que hicimos buenos recuerdos.»

― Hola ―saludó besando el tope de mi cabeza―. No quise despertarte, ¿dormiste bien?

― Sí ―respondí perezosa, estirando mi dolorido cuerpo― necesito una ducha.

― Estás en tu casa, cariño, no tardes ―me instó dando una dura nalgada.

La ducha se prolongó por algunos veinte minutos hasta que mi cuerpo se sintió renovado al cerrar el chorro de agua fría, enredándome en una toalla blanca y esponjosa salí en busca de cualquier camiseta de Edward, opté por una gris de algodón que cubría lo necesario.

Sin peinar mi cabello bajé las escaleras logrando que el olor a tocino hiciera gruñir mi estómago. Edward cocinaba alegremente mientras tarareaba wonderwall sirvió un omelet esparciendo queso cheddar por encima y lo acompañó de algunas tiras de tocino.

Puso un tazón de frutas para mí, otro plato servido con omelet y mi vaso con leche. No pasé desapercibida su mirada lujuriosa al recorrer mi cuerpo y darse cuenta que solo vestía su camiseta.

― Come ―ordenó, dejando un fugaz beso en mis labios volviéndose a la estufa siguió tarareando la canción de Oasis.

― Sabes ―dije de pronto llamando su atención― estoy pensando en invertir.

Edward se volvió con una ceja arqueada mientras dejaba sobre la encimera su plato servido como para tres personas.

― ¿En qué invertirías?

― Con el nacimiento de las bebés me será difícil tener un trabajo de tiempo completo. Considero que lo más conveniente sea invertir, tengo ahorros, más el dinero que gané por la demanda contra Uley me es suficiente para invertir en bienes raíces. Tengo conocimiento suficiente para saber que las agencias inmobiliarias son negocios altamente lucrativos y seguros.

Edward sonrió satisfecho.

― Me parece una buena idea ―dio un largo sorbo a su café sin dejar de mirarme―. Estás acostumbrada a ser muy independiente, ¿verdad? Llegué a pensar que al llevar a las niñas a casa querías dedicarte a ellas.

― Por supuesto que me dedicaré a mis hijas ―debatí― eso no tiene nada que ver con dejar de trabajar. Ser agente de bienes raíces puede ser la profesión más conveniente para mí.

― De acuerdo ―alargó su mano y acarició mis dedos, pude identificar en sus ojos absoluta comprensión―. Si necesitas algún tipo de ayuda sabes que cuentas conmigo, ¿está bien?

Asentí con una sonrisa.

― Yo también tengo planes. Estoy listo para formar mi firma de abogados en la ciudad, así que necesitaré una nueva oficina con espacio más grande, ¿me podrías ayudar en la búsqueda?

― Por supuesto ―coincidí.

Nos enfrascamos en una plática sobre posibles lugares para la nueva oficina a la vez que degustamos nuestro delicioso almuerzo. Algo que no podía ocultar era la espontaneidad que surgía cuando Edward y yo compartimos un momento, podríamos hablar de cualquier tema y sabía que era imposible aburrirse con él. Tenía una forma muy amena de sacar de quicio a cualquiera, sobre todo, si sacaba a relucir ese lado socarrón que solía tener.

― Es hora de irnos ―mencioné al poner en su lugar el último plato limpio. Edward se posó tras de mí sobando mis caderas.

― No llevas ropa interior… ―gruñó, haciéndome girar para sentarme sobre la encimera, sacó la camiseta por mi cabeza y comenzó a acariciar mis senos, iba a protestar cuando se puso entre mis piernas dispuesto a penetrarme, pero lo más sensato que hice fue cerrar mis párpados y entregarme al calor que comenzaba a sentir.

-0-

No tardamos en llegar a casa. Saludé a nuestros padres observando que papá tenía el rostro serio frunció su bigote al percatarse que la mano de Edward estaba distraídamente apoyada en la curva de mi trasero.

― ¡Buenos días, familia! ―Edward se anunció con su sonrisa engreída―. Bella y yo hemos decidido estar de nuevo juntos.

Eleve mi rostro, mirándole. Le había repetido varias veces que me dejase hablar primero con papá, y siendo él prefirió soltarlo sin rodeos.

― Qué gusto, hijos ―dijo Carlisle con su eterna sonrisa pacífica, él estaba sentado junto a Esme en el sofá de dos plazas, miré la forma en que tomó su mano dándole un guiño logrando que su mujer se acurrucara en él.

― ¿Hay alguna fecha de boda? ―indagó Esme.

― Mamá… ―reprochó Edward.

Papá se enderezó refugiándose en la cocina sirvió un poco de café y se mantuvo pensativo. Lo seguí al comprender que él no estaba a gusto, mientras mamá asentía desde el sofá con una tímida sonrisa.

― ¿Estás enojado?

Después que diera el primer sorbo sus ojos castaños me miraron.

― Quiero que seas feliz. Quiero todo lo mejor para ti y mis nietas, no pido más. Pero…

― Pero Edward no es de tu agrado.

Su bigote se frunció en respuesta.

― He visto como cuida de ti y de las niñas, solo que siento que te estás precipitando. No quiero verte sufrir, hija.

Me acerqué buscando su abrazo. Papá sonrió antes de ponerme bajo su protección mientras él seguía bebiendo su café.

― Lo quiero, papá. Tal vez nunca dejé de quererlo en todo este tiempo. Edward me hace muy feliz, soy inmensamente dichosa.

Rumió.

― Anda, papá ―pegué mi cabeza a su pecho― dale una oportunidad.

― Lo pensaré ―respondió besando mi frente a la vez que me abrazaba con fuerza.

― ¿Viste el último partido de fútbol, Charlie? ―inquirió Edward cuando llegó a la cocina―, creo que los redskins están perdidos. ¿Qué dices tú?

Papá exhaló por lo bajo. Bebió otro trago de café y torció la boca volviendo su rostro a Edward.

― Estoy seguro que darán la remontada ―respondió entre dientes.

Edward me miró con una sonrisa traviesa mientras jugaba con mis dedos, poco a poco me sacó del abrazo de papá para llevarme con él. Poniéndose tras de mí, envolvió sus brazos en mi cintura ante la supervisión de Charlie.

Su conversación escueta se fue volviendo interesante cada que Edward mencionaba algún equipo preferido de papá. Fue de ese modo que ellos continuaron hablando de deportes y yo pude salir de la cocina sin temer que Charlie fuese agredir al padre de mis hijas.

Mamá me abrazó al encontrarme en el pasillo.

Comprendí al instante el significado de su abrazo; ella era feliz por el simple hecho de que yo lo era.

.

.

― Tenemos que irnos ―murmuré cepillando con mis dedos el pelo de Edward mientras descansaba su cabeza en mi pecho desnudo.

― Me gusta estar así ―confesó.

Después de nuestro primer encuentro y que los padres de Edward se marcharan; el loft se convirtió en nuestro lugar de citas frecuente. Llevábamos seis semanas que pasábamos mayor tiempo en estas cuatro paredes que en la casa.

Ahora le teníamos un especie de cariño al loft, aunque sabíamos que muy pronto esto cambiaría. Las niñas saldrían mañana del hospital y teníamos que tener la suficiente energía para cuidar de ellas.

― ¿Crees qué vamos a poder?

La pregunta de Edward llevaba tiempo rondando mi cabeza; con seguridad podría responder que sí, que había adquirido suficiente experiencia en estas semanas para cuidar yo sola de cuatro bebés con tres meses de nacidas, en cambio no quería adelantarme a los hechos. Tenía días considerando una posible solución para obtener ayuda extra ahora que estaba empezando con la agencia inmobiliaria.

― Creo que la solución es contratar a una niñera.

Edward levantó la cabeza mirándome con sus cejas arqueadas.

― Podríamos buscar a una persona que nos ayude, establecer un horario si es posible o también que viva con nosotros, ¿qué te parece?

Edward se alejó llevándose su calor, caminó desnudo por la habitación levantando su ropa, empezó a vestirse delante de mí.

Resopló.

― ¿Quieres meter a una completa extraña a nuestras vidas?

Me senté en la cama al escuchar el tono amargo de su voz.

― Mi mamá ya es una persona mayor; últimamente la he visto más cansada entre las idas y vueltas de Forks a aquí y al hospital. Ella no podrá ayudarnos lo suficiente.

― Puedo hablarlo con Esme y pedirle que venga a ayudarnos. Estoy seguro que lo hará encantada.

― No. Ella se encarga de Irina, no tenemos por qué molestar.

― Irina tiene veintidós años ―dijo como si fuese tonta mi respuesta―. Mamá todo el tiempo está en casa, si le pido que venga a ayudar a cuidar de sus nietas lo hará. ¿Quieres que hablé con ella? ―insistió.

Quedando de rodillas sobre el colchón alargué mi mano. Edward sonrió a la vez que ponía su pantalón y se daba su tiempo para ponerme atención y sujetar mi mano.

― Haremos esto ―recogí la sábana cubriendo mi pecho―: si no podemos cuidar de las niñas le diremos a Esme, si vemos que hay algún inconveniente y no puede venir, contratamos a una niñera, ¿de acuerdo?

Aceptó no muy convencido.

Lo besé dulcemente acariciando su erección por encima del pantalón.

― ¿Es muy urgente que vayas a casa de la pelirroja? ―preguntó recostandome en la cama, frotándose en mí

― No la he visto en varias semanas, necesito saber qué pasa con ella.

― ¿Le dijiste lo de James?

― No creí necesario decirle ―encogí mis hombros― Kate no quiso volver con él.

― Eso no quiere decir que James haya dejado de insistir con mi hermana.

― ¿Qué te ha dicho?

Edward sonrió burlón acariciando su nariz con la mía.

― No seas curiosa.

― ¡Dime! ―ordené al tiempo que enredaba mis piernas en su cadera― de aquí no te vas hasta que me digas todo.

― Convenceme ―susurró en mi oreja.

Antes de que se irguiera anclé mis talones en su trasero sin dejarlo mover. Tiré de su cuerpo llevándolo bajo el mió, aprovechando mi lugar a horcajadas desabroche su bragueta, sonreí y mirándolo tras mis pestañas lo llevé dentro de mi boca. Soltó un fuerte jadeo llevando su mano a mi cabeza y marcando el ritmo…

-0-

― Entonces, ¿qué te dijo James?

Habíamos vuelto hacer el amor dos veces más e incluso la oscuridad llegó dejando en penumbra el loft. Edward se estaba volviendo a vestir y a estas alturas yo estaba tan cansada que solo quería dormir para recuperar energía.

― No me dijo nada, no hablamos del tema ―respondió con cierta burla.

Sentándome en la cama, agarré una almohada y la lancé contra su rostro que muy fácil esquivó.

― ¡Eres un... cabrón! ―chillé―. Me estuviste entreteniendo para no dejarme ir con Victoria.

Abotonó la camisa sin dejar de mostrar su sonrisa presumida, se estaba burlando de mí.

― Yo no te obligue a nada fuiste tú quien me hizo perder medio día de trabajo ―lanzó un beso al aire―. Te veo más tarde, iré a tomar unas cervezas con James.

― ¡Edward...! ―le chillé cuando bajó las escaleras― me las pagarás, ¡Ya lo verás!

Solo escuché sus risotadas antes de cerrar la puerta principal.


¡Hola! Aquí estoy de nuevo con otro capítulo tranquilo, en el siguiente ya estarán con sus pulgas en casa y veremos con qué salen. Les agradezco cada favorito, alerta y reviews que me dejan. Recuerden que ustedes hacen posible las actualizaciones continuas.

A quienes comentaron todo mi agradecimiento especial: Geraldine: luego sabrás porque. LittlePieceOfMyMind: es la primera vez en mucho tiempo que tengo una ligera esperanza a cerca de la historia, respecto a Victoria si te cuento los planes que tengo para ella te vas a enojar, pero solo es eso planes nada concreto. Nancygov: Edward es muy ventajoso, ya lo verás. Vanina Iliana: gracias a ti por leerme. Lily, Elizabeth Marie Cullen: Charlie sigue sin estar contento, ya sabremos luego que hablará Edward con él. PaolaValencia: que impaciente eres. Jade HSos: muchas gracias a ti por leer. Vanesa: Haha divina garza. Antonella Masen: no había comprendido, pero tienes razón. Iza: por supuesto que pondré más, de eso trata la historia. Flor Mcarty: en el siguiente capítulo entrarán en acción. torrespera172: tenía la esperanza que algo supieras siempre te recuerdo porque fuiste una de mis primeras lectoras o creo la primera, gracias de todos modos, seguiré buscando. Marxtin: muchas gracias por leerme. cavendano13: les dije que les daría tranquilidad. KRISS95: muchas gracias por tus comentarios. debynoe12: gracias a ti por leer. Pameva: ahora que estén las pulguitas en casa será todo más divertido para nosotras un poco atareado para Edward. Lizdayanna: ellos se tomaron montón de tiempo para ellos, veremos cómo se manejan con las bebés en casa. Lidia: me haces reír mucho con tus comentarios y más cuando empiezas con un oyeee.Ana: en el siguiente. twifanlight07: muchas gracias por cada comentario, me das mucho ánimo. Ximena: claro, tendrán paz. Dulce Carolina: sin comentarios. .Diannita Robles: No responderé, saludos. mrs puff: ya no, pero él quiere volver. Lili Cullen-Swan: qué haría sin ti? Gracias por toda tu ayuda. Rocio: gracias por estar en cada capítulo, ¿cómo le haces para llegar tan rápido? Siempre eres la primera en comentar. muchas gracias comentarios Guest.

¡Gracias totales por leer!