La guerra ha terminado y un nuevo gobierno ha sido instaurado en el Universo de One Piece, por ello, los sobrevivientes de la Antigua Era que combatió un favor de la libertad y la justicia a través de su oposición a la tiranía del pasado tienen una nueva oportunidad, los Juicios del Nuevo Mundo. Algunos se entregan de manera pacífica, pueden integrarse normalmente a la nueva sociedad.
Es así como cuentan sus historias y son juzgados bajo la franca bandera de la justicia y la verdad, entre ellos Ler, qué guarda tras de si más que una historia, y está decidida a contarla ...
Historia alternativa de amor en el universo de One Piece, con nuevos personajes, drama, lenguaje obsceno, escenas sexuales fuertes, tortura y de alto contenido violento. Pero que tras todo esto, sigue siendo de amor, ¿Te atreves a leer el guión de esta historia?
Acto II: Adolescencia (Infierno)
Escena 13: La venganza de una moribunda a alguien que no merece la muerte.
"Debí habertelo dicho desde el momento en que me di cuenta que no podía hacerlo.
Debí haberte dicho la verdad, pidiéndote saber lo mismo desde tu lado.
Si los dos éramos invadidos por los secretos y la oscuridad, entonces podríamos habernos convertido en lo único real y claro de nuestras vidas.
Si hubiésemos confiado en el otro, tal vez estaríamos en un lugar distinto, teniendo una vida distinta. Tu no estarías cubriendote las espaldas, yo no estaría detrás de la espalda de alguien más.
P. D. A"
- Calor. Calor. Dios mío...
La Contraalmirante de la marina, Ler, se movió de una forma extraña mientras trataba de abanicarse la cara con la mano. Ya se había sacado la capa blanca y sus botas, se había recogido el cabello en un moño descuidado. La sensualidad de su baile había sido dejado de lado por una urgencia absurda hacia el exterior, a buscar un medio que le diese el aire que necesitaba .
Doflamingo levantó la mano en un gesto que les indicó a todos salir del lugar, no sin antes darle una bebida a la necesitada chica. Alzó una ceja, sonriendo levemente mientras la miraba dar vueltas y desabotonarse la camisa.
- Entra en la piscina- indicó el hombre, alzando la voz para que ella lo escuchara. Parecía aturdida, un poco perdida o desorientada, por lo que parpadeó varias veces antes de echarse a reír e ir hacia la estructura acuática en medio del gran salón.
Ella había prometido jamás volver a tener alguna relación con el en un entorno tan íntimo, pero repentinamente tenía la urgencia de sacarse toda la ropa, gritar y saltar desnuda sobre el agua.
Entonces lo hizo. Ante la mirada atenta del Shichibukai, que ya se había puesto de pie, ella se desnudó completamente y saltó al agua, encontrando un alivio momentáneo.
- Calor, dios mío, tengo calor...- murmuró mientras salía a la superficie forzosamente debido a su debilidad en el agua.
Doflamingo se sacó la ropa también y se introdujo con más precaución en el agua hasta rodear a la chica, que en cualquier otra ocasión, habría reaccionado violentamente ante su cercanía, desnudez o la intimidad del momento.
- ¿Aún tienes calor? - preguntó tras de ella. La marine se volteó y lo miró con ojos entrecerrados. Se llevó las manos a la cabeza y empezó a sacudirla, tratando de negarse. Impulsandose con gran dificultad bajo el agua, se alejó del hombre hasta topar con el borde de la piscina. Cerró los ojos completamente y apretó los puños- Ler, ¿aún tienes calor?
Para Leriana era insoportable la sensación de calidez en sus piernas, como una necesidad por sentir alivio en lo más profundo de su ser. En su vientre se manifestaba algo parecido al hambre. Y en su mente, el grito de que algo estaba mal.
-Maldito Doflamingo- murmuró entre dientes mientras lo sentía acercarse. Aún apretando los puños y negándose a abrir los ojos, no se opuso a cuando el hombre la tomó y alzó levemente en el agua.
Las manos entonces se deslizaron automáticamente en los anchos hombros del hombre, sosteniéndose cuando este la penetró.
Ella sintió un alivio que se manifestó en su cuerpo con gritos. Ler se mordió el labio ante la estocada profunda del hombre, ante el cosquilleo en su entrepierna que pedía más. Pero ella se negaba a decirlo.
- Te mataré...- decía entre jadeos, mordiendose los labios y golpeando el cuerpo de el con los puños ante la excitación y placer en su cuerpo. Doflamingo gruñía y la mantenía pegado así, aumentando la velocidad de sus estocadas a cada momento.- no, quizá no sea la mejor opción...Ah...
- Déjame que te alivie primero- le respondió el, con voz ronca y profunda, rozandole la oreja con la lengua.
Ler miró al techo, este se movía con ella, con el, con todo el mundo. Le hacía preguntarse qué mierda le había hecho aquel hombre.
Mientras el la tomaba nuevamente, mientras enterraba sus grandes manos en su cabello negro y le sonrojaba la piel con besos y mordidas, mientras alzaba y abría sus piernas obligandole a rodearle la cadera, mientras todo eso pasaba, ella pensaba en Ace.
Era más sencillo imaginar que hacía el amor con el y que no estaba drogada, con el cuerpo dispuesto y deseoso de alguien más.
Quiso echarse a reír. Llamar a aquello daño colateral.
Era muchísimo más fácil ignorar que mientras lo envolvía con su cuerpo y lo buscaba con más impetud, en su rostro se deslizaba una lágrima silenciosa, solitaria.
En aquella Isla, Ler nunca podría olvidar que su cuerpo había dejado de ser suyo, que la libertad que un día había anhelado estaba limitada y aquel hombre que la tomaba cuando quería, de las formas en que el deseaba, la movía como un títere con sus hilos.
Parpadeó nuevamente, abrazando el cuello del hombre, pidiendo más.
Llorando bajito, deseando volver el tiempo atrás.
- ¡Shaaaaaaanks! ¡Shaaaaaaaanks!.
Ler apareció por la puerta del comedor agitada, llena de sudor y con el cuerpo temblando. Las lágrimas se notaban a distancia, inundaban sus ojos y se le deslizaban por las mejillas redondas, rojas por el esfuerzo.
Ella lo buscó con la mirada. Parecía desesperada, temerosa, deseosa de encontrar al hombre pelirrojo y esconderse en sus brazos, de entrar en ellos y nunca salir de allí.
-¡Shanks! - volvió a gritar ahora con la voz quebrada, notando que no había nadie a su alrededor. Todo parecía demasiado vacío para ser normal, lo que la asustó aún más.
Los labios le temblaron y el cuerpo se le estremeció.
Y se echó a llorar.
Un llanto amplio, sincero.
- Eh, preciosa- una mano se posó en el hombro de la niña, que se volteó con rapidez hacia ella- te he dicho que no llores, yo siempre estaré aqui.
Shanks le sonreía con la tranquilidad y amabilidad que le caracterizaba, trasmitiendole confianza y paz a la chica. Y cuando la tomó en sus brazos para calmarla, el corazón de Ler se calmó.
Toda su tormenta interna se detuvo.
- ¿Don...de... Dónde...Estabas? - preguntó aún en un sollozo, tratando de recomponerse mientras el hombre le sacudía el cabello y acariciaba su espalda buscando calmar los temblores en su cuerpo.
- Aquí, siempre he estado aquí, Ler.- explicó el mirándola, alejándola levemente de su cuerpo para que sus ojos se encontrasen.
El parecía confundido.
La niña junto sus cejas aún más confundida con el.
Dió un paso atrás y negó con la cabeza.
- No había nadie, te busqué y...
-¿De qué hablas? - esta vez, Shanks puso una mano sobre la frente de la pequeña, buscando algún signo de fiebre que explicara su delirio- todos están acá. ¿Acaso es la voz otra vez?
El pelirrojo apunto tras de ella, donde toda la tripulación la miraba extrañados, como cuando tenía ataques, cuando su poca cordura tambaleaba.
- ¿Ler?- la llamó el nuevamente.- ¿Ler?
- No, no estaban...- la niña retrocedió aún más, dando vueltas para ver todo el lugar, a todos los que la miraban y luego a Shanks- el hombre...
- ¿Que hombre , Ler?- la voz de Shanks sonó extraña, diferente.
Ella se fijó atentamente en el.
¿Acaso Shanks no era pelirrojo?
¿Porque era rubio ahora?
¿Desde cuándo usaba lentes?
¿Porque le sonreía de esa manera?
Cuando el hombre intentó acercarse a ella, instintivamente, la niña echó a correr lejos de el, sin mirar atrás, pero notando de reojo como todo a su alrededor cambiaba, como las figuras antes conocidas cambiaban y la voz le gritaba que volviese.
-¡ DESPIERTA!
La pequeña sentía agitación en el pecho, dolor, cansacio.
Había una sensación extraña en sus piernas, sangre deslizándose por ellas y cayendo desde su nariz hasta el piso.
- Mírame, mírame, Ler- Doflamingo le había tomado el rostro bruscamente y la había obligado a verle.
Le apretó la mandíbula con los dedos y mantuvo su rostro en dirección hacia el, para luego forzarle un beso, uno al que ella se entregó momentos después con una leve sonrisa.
Y aunque aquello era lo que el hombre había buscado, que ella le correspondiese, se echó hacia atrás a solo unos segundos de iniciado el beso.
Leriana abrió la boca, buscando aire. Tenía mucho calor y dolor en todo su cuerpo. Ahora la sangre también se le escapaba de la boca, así como algo parecido a espuma.
-¡LERIANA!- volvió a gritar alguien. Ella no supo quién.
Entonces la tomaron por los hombros y la tiraron al piso. Aún desconcertada , la chiquilla retrocedió hasta darse cuenta que Luffy intentaba detenerla.
- ¿Lu?- preguntó alarmada, antes de tocer. Llevándose una mano a la boca se dió cuenta que había sangre, mucha sangre y que su hermano la miraba preocupado.
Aquello debía ser muy malo para causar en el sentimientos que le hicieran verse así.
- ¡Reacciona, Ler!...- pidió el mientras se agachaba a su lado y le tomaba las manos y la sacudía.
- ¿De.. qué... hablas? ¿Que... es es...to?- aún desesperada, sin poder respirar con normalidad se soltó de el, llevándose las manos ensangrentadas al pecho.- ¡No!- gritó cuando el la alzó en brazos.
Frunció el ceño cuando notó aquello.
¿Desde cuándo Luffy era tan fuerte?
¿Porque era tan grande?
¿En qué momento se había mojado?
Aún en brazos de su hermano que ya no parecía el, la niña comenzó a gritar y patalear.
Entonces el la dejó caer.
- Maldita sea- Doflamingo gruñó mientras salia de la chica y la sacaba del agua.
El cuerpo de la marine temblaba extrañamente, su rostro cambiaba a cada instante, insegura por sentir dolor o placer.
Reía, lloraba y se ahogaba una y otra vez.
Sin parar.
- LLAMEN AL MÉDICO.- el hombre se impulsó fuera del agua también y empezó a abofetear levemente la cara de Ler.
Antes de que su espalda tocase el suelo, Ler sintió como algo suave y cálido la detenía y abrazaba por detrás.
Extrañamente se sintió en calma, segura, protegida. Mucho más de lo que Luffy y Shanks le habían hecho sentir antes de desaparecer o cambiar.
- ¿Te duele?- Ace encogió sus piernas y rodó con la chica hasta quedar sobre ella, luego se levantó y la invitó a imitarlo.
Ella miró la mano extendida, sorprendida. Luego miró la suya buscando automáticamente la de él, estaba limpia. No había más sangre, no le dolían las piernas, había aire otra vez en sus pulmones.
Ace le sonreía de forma sincera, las pecas saltando en su rostro ante el gesto. - Vamos, niña tonta, aún no es el momento.
Ella tomó la mano de él y se levantó de un tirón. Parecía que tenía otra vez las fuerzas que le faltaban, el calor de Ace la estaba llenado de ellas.
- ¿Momento para qué?...Ace, ¿Qué está pasando? ¿Porque todo...
- No te preocupes, solo te excediste un poco. Esfuérzate por despertar.
Por tercera vez, la niña frunció el ceño.
- ¿Exceder? ¿Despertar?
- Estás inconsiste, Ler. - el pecoso dió un paso hacia ella y le rozó las mejillas sonrojadas. No había rastro del llanto que anteriormente la invadía- Querias matarlo, pero eres tú quien está muriendo.
La niña lo miró extrañada, confundida, apunto de echarse reír. Todo parecía demasiado raro, más de lo normal en el caos al que llamaba vida, pero se dijo a si misma que el niño solo la estaba vacilando.
- ¿De qué hablas, idiota? ¿Que clase de broma es esta?- casi se echó a reír mientras negaba con la cabeza.- ¿Que yo quería matar a quien?...
Entonces el dolor volvió y la hizo doblarse. Tocío nuevamente y escupió sangre. Ace la sostuvo y limpió delicadamente.
- ¿Qué?...
- Te estás muriendo, Ler...- repitió é niña comenzó a ver al amor de su vida borroso, a sentir sacudidas y agitación- despierta. Hazlo por mí.
- No quiero, no quiero...- otro ataque de tos la detuvo. Las rodillas le fallaron y repentinamente todo comenzó a dar vueltas y explotar. Todo moviéndose, todo cambiando. Excepto Ace- no quiero volver...
- ¿Por eso lo hiciste? ¿No crees que te pasaste un poco?...- la niña no dejaba de temblar- ¿Y si te digo que volveremos a vernos?- Ace parecía cada vez más lejano, a ella le costaba cada vez más respirar- Se fuerte, Ler, despierta, levantate y vete.
- No, Ac...- el dolor era más fuerte y su cuerpo comenzó a convulsionar. Ahora no solo era sangre, vomitó salía de su boca.
- Despierta, Ler. Huye de aquí lo antes que puedas. Te estaré esperando...pero, ¡DESPIERTA!
-¡DESPIERTA!
Doflamingo, pese al estrés y los nervios que sentía al ver como los signos vitales de la chica disminuian cada vez más al punto de estar cerca de desaparecer, podía jurar haber visto una sonrisa en su rostro.
Los marines la habían rodeado y gritaban a los doctores exigiendo que la hicieran despertar. El Shichibukai se llevó una mano al puente de la nariz antes de salir de la habitación dando un portazo.
Se dió cuenta que era la misma sonrisa que tenía antes de comer la cena en donde el había puesto la droga. La misma sonrisa que había surcado en sus labios antes de empezar a ahogarse con su sangre.
¿Acaso la marine sabía las intenciones del Shichibukai? No era la primera vez que tomaba la droga, pero era imposible que ella supiese que volvería a pasar.
- ¡Joven amo!
- ¿Y ahora que?...- el hombre se volteó bruscamente, arreglándose la bata y dirigiéndose a una agitado Buffalo.
El subordinado temió decir algo ante el aura de su jefe, pero aquello era importante. Fue entonces que Doflamingo notó una carta en las manos temblorosas del chico.
Una carta con el símbolo del Gobierno Mundial.
- ¿Cuándo llegó esto? ¿Porque no me lo habías mostrado?- aquel sobre tenía la fecha de una semana atrás, sin embargo, acaba de ser entregado en sus manos.
- La señorita Ler- explicó el joven , asustado al ver como el Shichibukai maldecia a la chica por lo bajo- parece que ella lo recibió. Esta noche dejó el sobre en la oficina de correos de la Isla con indicaciones de ser entregada hasta este momento. Al ver el sello supimos que...
Un estruendo se escuchó detrás del par de hombres, quienes voltearon a ver precisamente en el instante en que doctores y enfermeras comenzaban a gritar y salir por la puerta apurados, pálidos, temerosos.
- Hija de puta- dijo Doflamingo, con una risa amarga, sarcástica y vacía brotando de su garganta- ¡Seo!
El marine salió disparado de la habitación también, con el resto del pelotón de la chica pisandole los talones. Se ajustó su gorra blanca y tan prudente como podía ser, se inclinó temiendo hacer enojar más al hombre. La Contraalmirante les había repetido mil veces que pese a cualquier circunstancia, sin importar lo que viesen, escuchasen o supiesen, no tenían que desafiar al hombre.
Menos si no estaba ella.
- Encuentra a tu maldita jefa antes de que la encuentre yo- dijo entre dientes mientras apretaba el sobre en sus manos.- porque si lo hago, juro que sabrá que hay destinos peores que la muerte.
" Algunos males son necesarios. Y por ende, algunas cosas buenas, a su vez, no lo son.
En esta vida, todo debe tener un equilibrio y proporcionalidad. Todo debe ocurrir de cierta forma, para que aún siendo insignificante, genere una condición que no lo sea.
Son cosas que simplemente no se pueden evitar. Ir contra ellos significa suicidio.
El problema de este sistema clasicista permanente, es que como todo, resulta imperfecto.
Siempre habrá alguien que no quiera seguir viviendo, porque ha sido el que conoce el lado oscuro de la balanza. Así que a veces no hace falta ni siquiera ser valiente, basta con ser lo suficientemente cobarde como para tratar de huir del camino.
Y alterar el sistema.
Los marines estamos aquí para mantener cierto orden, pero ni siquiera el orden humano es absoluto, cuando es el humano quien decide que forma parte de el o no.
Está justicia y lucha se vuelve en un elemento inestable, y en lugar de proteger la integridad de ese sistema, se convierte en su mayor fallo y ventana de acceso a la inseguridad.
¿Que es la justicia? No. No es la pregunta correcta.
¿Quién es la justicia? Por otro lado, si lo es.
Quien decide lo que es bueno y lo que es malo, y en la medida de como puede ser juzgado, es lo primordial. Y en un mundo donde los malos son quienes no están del lado del beneficio, los perjudicados comienzan a preguntarselo y a dudar.
Y como una semilla que un día fue plantada en la tierra, al final, dará frutos.
Tal vez descuidamos la verdadera maldad e hicimos juzgar bajo un único juicio, a lo que desde el inicio, alguien decidió que lo era. Y hasta ahora, nadie se preguntó por qué.
Pero entonces, los inocentes que no se consideraron como tal al no entrar en la categoría del juzgador, se perdieron.
Y esas perdidas se acumularon.
Y con el tiempo, se volvieron el gran problema que son hoy, hasta convertirse en la mayor amenaza que este sistema ha enfrentado.
Porque incluso algunos quienes somos usados para ejercer la justicia - más no definirla como tal- caímos en dicho lado.
Y los pocos que decidieron un día, se olvidaron que echar tanto peso a la oscuridad acabaría inclinando la balanza hasta romperla.
800 años de injusticia acumulada es mucho tiempo.
Entonces aparecen individuos de todos lados que saben que algo está mal.
Y se sienten inconformes.
Y deciden actuar o dejar de hacerlo.
Algunos salen al mar. Otros se quedan escondidos por mucho tiempo para dar un golpe sorpresivo.
Es entonces que me pregunto yo, si Leriana y Doflamingo son los que están esperando o los que han decidido actuar.
Provenientes de la mejor parte, no tengo idea que están haciendo, pero la verdad sea dicha, lo que sea que hagan, acabará mal.
Y yo, como justicia, debería asegurarme de eliminar esas amenazas, pero parece que son necesarias porque hasta hoy no he podido hacerlo.
Parece como si el sistema hubiese dejado de funcionar como normalmente lo hizo siempre, y que por el contrario, estuviese improvisando porque finalmente, todo se salió de control.
Y creo que es porque estuvieron viendo siempre desde el cielo al mar, y no a los que lanzaron sin remordimiento al infierno.
Declaración oficial de renuncia del Ex- Almirante de Flota, Sengoku
Pág 34."
" Quizá matarte no sea la mejor opción...Ah...Elegiré que sufras en vida el peso de todo el daño que has hecho, aunque nunca tengas completamente lo que te mereces" quiso decir.
-¿Porqué iba a creerles, Ler?- Luffy se había echado a reír y le había puesto su sombrero encima. Había mirado a la chica aturdida y temblorosa, tomándola entre sus brazos con alegría, encubriendo en un gesto despreocupado las ganas que tenía de protegerla.
- Porque eres fácil de convencer - contestó ella sin prestarle atención realmente a lo que decía, sino a la extraña sensación que le provocaba el sentir que Luffy realmente podía mirar más allá de sus palabras, que podía leer en sus ojos la verdad.
"Sé que tienes miedo, sé que estás sufriendo."
Y entonces, el cuerpo de ella se relajó tanto que parecía la usuaria de la fruta de el.
- ¿Quieres que te cante?
- Cantas horrible.
- Entonces obligare a Brook a que lo haga.
- Abusas de tu posición como Capitán.
- Se que no le molestara, eres su nakama. Incluso si nos dejases mañana, si te terminas de volver loca en verdad, el aún lo haría. Todos lo haríamos alegremente para hacerte sentir bien y recordarte que no estás sola.
- ¡NO LO ESTAS LER! - Nami gritó tras la puerta, siendo secundada por otros gritos de los tripulantes apoyándola, así como un gruñido de Zoro.
- LO SÉ- gritó sonriendo finalmente, queriendo ser escuchada y devolviéndole con amplitud y sinceridad el abrazo al muchacho- incluso si llegase a estar al otro lado del mar, esperaré escucharlos.
El asintió, sonriendo, luego frunció el ceño. - Pero no vas a dejarnos, ¿No? Porque voy a ir a buscarte y...
