La mañana había transcurrido sin demasiados incidentes en el Centro de Detención de Menores Hollysbrooke, pero aunque esta vez Ontari Woodward había comido sola. Emori, su mejor amiga allí dentro había recibido visita y hacía ya varias horas que no sabía de ella.

La cosa es que empezaba a preocuparse al no encontrarla pululando por el patio o haciendo de las suyas por ahí. La busco en su habitación, también en la sala común donde a veces se reunían algunos de los chicos para ver la televisión, pregunto por ella a algunas de las chicas con las que se cruzaba pero nadie parecía haberla visto.

Miro en la sala de juegos por si estaba con los más pequeños del centro y tampoco la encontró allí, al ser domingo el ambiente estaba menos tenso y más distendido por eso cuando se encontró con una de las instructoras en el jardín y le pregunto por ella, esta le comento que la encontraría en una de las salas de estudio.

A Ontari aquello no le cuadro demasiado, ¿Emori en una sala de estudios un domingo? ¿pero quién había ido a visitarla?

Ontari regreso al edificio y se encamino por el pasillo a buscarla. Encontró los pasillos de la planta superior prácticamente vacíos hasta que al pasar por delante de una de las salas encontró la puerta entreabierta y el sonido de un viejo televisor colándose a través de ella.

—Por favor, piensa en lo que hemos hablado y llámame si necesitas hablar o algo más —escuchó decir a una mujer vestida con un traje pantalón de color gris justo antes de salir—. Trata de calmarte, ¿vale? —volvió a decir la mujer asomada a la puerta—. Nosotros nos ocuparemos de todo, te lo prometo.

Ontari retrocedió rápidamente consciente de que ella no debería estar allí y se ocultó tras una esquina, viendo a la mujer salir por la puerta y alejarse por el pasillo en dirección a las escaleras que daban al otro extremo del edificio seguramente para dirigirse a la Dirección del Centro.

La mediana de los Woodward la vio perderse escaleras abajo y dirigió la mirada a la puerta que permanecía entreabierta a mitad del pasillo.

No sabía lo que pasaba pero había reconocido el rostro de aquella mujer de verla alguna que otra vez en Comisaría, y supuso que algo serio tendría que haberla apartado de sus asuntos un domingo por la tarde.

Sigilosamente Ontari volvió la cabeza hacia atrás viendo que nadie subiese las escaleras tras ella y anduvo pegada a la pared hasta lograr aproximarse a la puerta.

Cuando Ontari asomó la cabeza al resquicio de la puerta, encontró la pequeña sala vacía, algunas sillas y mesas estaban reunidas cerca de la pared, y la mesa metálica de la televisión que solían pasar de clase en clase cuando necesitaban visionar algo permanecía encendido.

Las imágenes que emitía eran bastante antiguas, en ellas una reportera permanecía de pie en una carretera micrófono en mano con un peinado impoluto lleno de laca y cara de consternación de espaldas a un espeso bosque que se expandía tras ella.

—"...hallada en las cercanías de este bosque próximo a las afueras de la ciudad" —anunciaba la reportera con voz trágica y profunda—. "El macabro hallazgo se produjo sobre las tres de la tarde cuando unos niños que regresaban camino a casa tras finalizar las clases creyeron ver algo moverse entre la maleza ladera abajo"

Ontari que vio como la cámara se movía por una zona acordonada con cintas amarillas mientras algunos agentes sacaban fotos de la tierra en el lugar tras la reportera a lo lejos, ni siquiera fue consciente de que estaba conteniendo la respiración.

—"...fue el padre de los niños quien alertó a las autoridades al encontrar el cuerpo de la niña, que según fuentes policiales ha sido trasladada de urgencia al hospital más cercano" —prosiguió la intrépida periodista con expresión perspicaz, podía verse cerca a otros reporteros cubriendo la noticia y algunos coches de policía estacionados en la linde de la carretera—. "La niña según fuentes confidenciales que informan a esta cadena en exclusiva, habría sido apuñalada salvajemente en el pecho que tras agredirla y darla por muerta habría dejado caer su cuerpo por este terraplén que ven a mis espaldas con la intención de que la maleza ocultase su cuerpo"

Ontari que cambió súbitamente la expresión de su cara no pudo evitar dar un paso hacia delante demasiado impresionada como para no necesitar apoyarse del marco de la puerta con la mano.

Emori estaba sentada en el suelo con la espalda pegada a la pared, y las lágrimas deslizándose en silencio por su cara con los ojos clavados en la pantalla que le recordaba lo que más quería y necesitaba olvidar de su pasado.

—"...los agentes que acudieron a la escena admitieron no haber visto nunca nada tan dantesco" —continuo filtrándose a través del viejo televisor la fatídica voz de la reportera—. "El cuerpo de la pequeña estaba cubierto de sangre debido a las múltiples laceraciones y golpes. El presunto sospechoso podría haber mantenido una relación sentimental con la madre de la niña y tras un duro interrogatorio, finalmente ha confesado la agresión."

Ontari que no daba crédito a las imágenes que veían vio como en la esquina superior derecha sobre el hombro de la reportera aparecía la fotografía de una pequeña abrazada a un cachorrito marrón sonriente y enseguida identifico los rasgos más característicos de Emori, aquellos ojos oscuros y almendrados, aquella sonrisa genuina, fresca e irremediable.

Emori no soportó verse en aquella fotografía y desvió la mirada teniendo que cerrar sus ojos necesitando calmarse.

—"...su detención se ha producido en una estación de servicio, una escasa hora después de que los medios de comunicación filtrasen la noticia del hallazgo de la pequeña" —la imágenes de como reducían a aquel monstruo cuya ropa seguía manchada de sangre mientras repostaba para regresar a la ciudad salieron en la televisión y Ontari pareció consternarse al ver como se resistía y gritaba mientras le metían en el coche policial—. "El hombre de treinta y seis años se habría mudado hacía pocos meses con la pequeña Emori Moreen Harmon y su madre, y habría acusado a la niña de tratar de arruinar su relación con ella. Por ello y siempre según fuentes oficiales, tras confesar que la había forzado a mantener relaciones sexuales en el coche tras recogerla del colegio al que acudía, la apuñalo y la dio por muerta en el tranquilo lugar que ven hoy"

Ontari que no quiso ni pudo seguir oyendo más se atrevió a entrar en la pequeña sala acercándose a la televisión para apagarla justo cuando la reportera estaba a punto de dar por finalizada la noticia.

—"...esta cadena les seguirá informando de este horripilante caso cuando tengamos nuevos datos al respec..."

Ontari llego al centro de la habitación y apago la televisión volviéndose hacia Emori que enseguida se dio cuenta de que alguien había entrado, y que reaccionó pasando su mano por su mejilla apartándose las lágrimas con cierto disimulo al tiempo que sorbía un poco y trataba de recomponerse algo.

La mediana de los Woodward se la quedo mirando largamente, y se acercó con cierta cautela a ella tan solo sentándose a su lado deslizando la espalda por la pared.

Ella nunca había sido demasiado buena con las palabras aunque si con las acciones. Ontari recogió sus rodillas y se abrazo a ella quedándose en silencio a su lado, sintiendo las lagrimas de Emori escapar de sus ojos incontrolablemente sin dejar de temblar a su lado.

—Le van a soltar —se atrevió a decir con un hilillo de voz rota tras varios minutos de silencio entre ambas en la sala.

Ontari que escuchó aquello volvió la cabeza para mirar a su mejor amiga allí dentro y sintió verdadero desosiego al escuchar eso.

—Once años y siete meses y le dejan en libertad —se sonrió amargamente Emori sin mirarla sacudiendo la cabeza retorciendo sus manos en su regazo—. Mírame, joder, estoy temblando.

Ontari que supo que aquella sonrisa forzada era un intento de ocultar el temor y el nerviosismo alargó la mano tomando la suya y la apretó queriendo infundirle algo de fuerza y valor.

—Aquí no te va a poder tocar, Emori —susurro Ontari tragando nudo al escucharla—. No te encontrará.

—Quieren que haga una apelación, que vuelva a declarar contra él ante algún comité judicial que lleva su caso, la inspectora cree que si lo hago puede que sigan creyendo que es un peligro para esta sociedad y que no debe salir en libertad —confeso Emori lentamente casi como si hablase para si con la voz algo quebrada—. Pero tendría que verle de nuevo, y yo no... no sé si yo... si sería capaz de...

Ontari que sintió como temblaba más, y se desquebrajaba a su lado la rodeo con el brazo queriendo reconfortarla y apoyarla en ello.

—No te pasará nada —prometió Ontari al ver a Emori llevarse la temblorosa mano a la cara para reprimiendo las lágrimas en silencio—. Nadie va a permitir que eso ocurra, no esta vez.

—Tengo tanto miedo —musito Emori apoyando la cabeza del hombro de Ontari antes de romper a llorar sin poder hacer nada para remediarlo—. ¿Por qué nos pasan cosas tan malas, Ontari? ¿por qué?

Ontari que la rodeo con el brazo acariciando su espalda para reconfortarla mantuvo una expresión distante y serena pensando acerca de aquella pregunta.

—No lo sé, Emori... —murmuro lacónicamente Ontari—. No lo sé...

Emori que sollozaba en su hombro cubrió su rostro con las manos para evitar que la viese así, pero Ontari mantuvo la mirada fija en algún punto situado frente a ella al fondo de la sala.

—La vida es así, supongo.

Si, suponía que la vida era así, que las cosas eran como eran y no merecía la pena machacarse pensando en que hacer, como enfrentarla.

La vida era un asco y había que aceptarla tal como era.

Continuara...