Disclaimer: Personajes pedidos prestados a Gosho Aoyama.


Capítulo 24: Anticipación

La gente de Japón se encontraba emocionada por el acontecimiento del fin de semana. No sólo Kaito Kid robaría un conjunto de piedras que hicieron trasladar de todas partes del país, sino que sería la misma noche en que un cometa pasaría por encima de sus cabezas después de milenios.

En el departamento de robos en la comisaría central, no había un sólo momento de paz. Todos y cada uno de los oficiales se encontraban en sus quehaceres sin perder el tiempo, e inspectora y escritor se encontraban en el despacho con la puerta cerrada. - Entonces… En cuanto consigas la piedra, irás por aquí y Akako te estará esperando para recogerla.

- No, recuerda que no le puede dar la luz ese día. Tendrá que ser en un sitio cerrado. - Desechó el balcón que le señalaba, era la vía más fácil teniendo en cuenta que la bruja volaba, pero no les convenía con la carga que tendrían.

Suspiró con cansancio. - No tenemos muchas opciones. Tenemos suerte de que los Suzuki nos dejen uno de sus áticos para esto. Los pisos inferiores son de oficinas. - Señaló. - Estarán vigilados por policías, y muy posiblemente por ellos. No podemos meter a Akako aquí, sería arriesgado para ella.

Kaito estudiaba el plano sin descanso. - No te quepa duda que ellos estarán allí. Será la única oportunidad de Lion para hacer funcionar Pandora… Aquí. - Señaló, haciendo que la mirada de la mujer se enfocase en ese punto. - Fácil punto de escape para ella.

- ¿Un montaplatos? - Cuestionó. - ¿Y cabrá?

- Si son ciertos los comentarios que hace, debería de hacerlo. - Sonrió burlón. - Tendrá que entrar y salir por ahí. Es perfecto porque llega al sótano, que tiene una entrada independiente desde la calle. Desconectaré las cámaras y Hakuba la guiará.

Después de pensarlo, asintió. - Me parece un buen plan. Ahora sólo falta comunicárselo a Akako, aunque no sé si le hará gracia no poder hacer su entrada triunfal volando.- Le miró y vio una mirada divertida en el rostro del hombre. – ¿Te diviertes?

- Oh… Planear un robo siempre es muy emocionante, sobre todo si fastidio un poco a la brujita. Pero lo es más viendo el sitio donde nos encontramos. - Sugirió. - Y la ayuda que estoy teniendo. - Se sentó y se cruzó de brazos. - ¿No te parece irónico? Estoy en el despacho de la inspectora jefe del departamento de robos, en la comisaría central de policía, planificando un robo… Con ella.

Dobló los planos y los guardó en un cajón. Se sentó y sonrió al escritor. - Bueno, lo que el resto no sabe es que si todo sale bien, a quien atraparemos será a una organización criminal, y no al mago ladrón. Por eso… - Su tez se ensombreció. - Tienes que tener bien claro el número y posición de los agentes. Hasta que no salgas de allí, no podremos actuar.

- Y me prometes que estarás siempre acompañada, ¿verdad? - Dijo con angustia.

- No me separaré de mis hombres. Tú haz tu papel, y yo haré el mío. - Extendió sus manos y cogió las del hombre. - Los dos estaremos a salvo.

Quería creerlo con todo su ser. O al menos que ella lo estuviese. Apretó sus manos con un cariño especial. - ¿Y te parece bien?

- ¿El qué? - Preguntó sin entender su pregunta.

- ¿Te parece bien dejar escapar al ladrón más famoso y evasivo de Japón? - Cuestionó con una sonrisa ladina.

- Oh… No le voy a dejar escapar. - Sonrió con descaro. - Le voy a atar bien en corto, aunque nadie lo sabrá. ¿Tú crees que intentará escapar de su condena? - Preguntó coqueta.

Rió. - Creo que cumplirá la cadena perpetua muy dichoso. - Se levantó y se acercó a la silla de la mujer al otro lado de la mesa sin soltarle la mano, la hizo levantar y la abrazó con fuerza. Debía tener fe de que todo saldría bien para los dos. - Aoko… Cuando todo esto pase… Hay algo que quiero preguntarte.

Rompieron el abrazo y los azules ojos curiosos le escudriñaron. - ¿El qué?

Negó. - Sólo después de esa noche. Antes… - Le golpeó la nariz con cariño. - Tendrás que esperar.

Los mofletes de la mujer se hincharon, molesta. - ¿Me vas a hacer esperar, Bakaito?

Una risa divertida resonó en el habitáculo. - Créeme, si tu respuesta es la que espero, no tendrás que esperar mucho más.

Unos golpes se escucharon en la puerta, haciéndoles suspirar resignados. Su burbuja personal debía de romperse, pero no sin antes de que el hombre le robase un beso fugaz a la inspectora, apartándose de ella con premura.

- Adelante. - Respondió con toda la tranquilidad que pudo, asomando por la puerta el comisario en cuanto abrió.

- Nakamori. - Saludó. - Akira… Lamento no haber estado ayer para recibiros, pero mi esposa…

- No se preocupe. - Le quitó hierro al asunto.

- ¿Qué tal tu linda esposa? - Preguntó el escritor cerca de la biblioteca de la oficina. - Tendré que hacerle una pequeña visita.

El recién llegado achicó los ojos. - Ni se te ocurra.

- ¿Temes que te la robe? - Preguntó con inocencia.

- Honestamente… Sí. - La respuesta hizo que el escritor soltase una carcajada. Miró a su empleada con súplica. - Este hombre se las apañaba y hacía suspirar a todas mis novias.

- Yo no tengo la culpa. - Miró a la mujer con inocencia. - Yo no hacía absolutamente nada.

Y ella sabía que él no tenía que hacer nada. El hombre desprendía un aura que atraía a cualquiera del género opuesto, se había percatado en el instituto con todo el club de fans que tenía, y las mujeres que suspiraban por Kid no eran pocas tampoco.

Una sonrisa asomó en sus labios, percatándose que pudo elegir a cualquiera, pero la había elegido a ella. Y parece que desde hacía bastante tiempo. No tenía por qué sentir celos, sólo viendo cómo la miraba a ella, se sentía bastante segura y confiada.

- Nakamori… - Miró a su superior, que la miraba con sorpresa. - ¿Está usted...?

- Si me sigue, comisario, le mostraré el plan de acción para la noche del robo. - No le dejó continuar y avanzó hacia la puerta, dejando a un anonadado hombre y a un divertido escritor.

Su amigo lo miró. - ¿Pero qué le has hecho?

Se encogió de brazos. - ¿Por qué asumes que he hecho algo?

- Porque esa mujer en su vida ha sonreído de esa manera. Sus sonrisas siempre daban miedo. - Tembló sólo con recordarlo.

- Puede que lo que necesitase eran vacaciones. - Salió por la puerta encogido de hombros, siguiendo a la inspectora que les esperaba con impaciencia.

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Ya era la hora del almuerzo y aún había trabajo por hacer antes de que el robo se efectuase al día siguiente. La mujer se masajeó el cuello, cansada. Tener que guiar a sus hombres para atrapar a un ladrón, pero con el objetivo final de que escapase. Era agotador.

Miró de soslayo al escritor, que la miró con preocupación y culpa. ¿Acaso sabía siempre cómo se sentía? Le sonrió para apaciguarle y tranquilizarle.

El bolsillo de su falda vibró, cogiendo el teléfono al ver quién era. - Nakamori. - Se apartó de sus hombres, que estaban sin percatarse de lo que pasaba a su alrededor. Sus hombres podían parecer unos irresponsables, pero cuando se trataba de trabajo, eran los mejores y más trabajadores del edificio. Y por ello los había elegido. - Ajá… - Suspiró. - Pero… Está bien. Allí estaremos. - Miró al escritor, y éste levantó una ceja, curioso mientras veía cómo colgaba. - Espero que no tuvieses planes para esta noche.

- Nada fuera de lo común. ¿Me estás invitando a salir, inspectora? - Sonrió picaresco.

- Más bien, unos gemelos algo revoltosos. - Sonrió de vuelta.

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- ¡Kaito! - Una pequeña corrió a recibirlos en cuanto abrió la cancela. Se detuvo a pocos pasos del hombre, preocupada al recordar qué pasó la última vez que se vieron.

El hombre sonrió para tranquilizarla. - Está bien. - Se tocó el abdomen. - No me duele.

- ¿Te puedo abrazar? - Preguntó con timidez.

- Sólo si es muy fuerte. - Rió cuando la niña se abalanzó sobre él, seguida por el hermano que acababa de salir de la casa.

Aoko veía la escena con una mezcla de emociones que le costó identificar. Alegría, tristeza, ilusión, algo de celos… ¿Sería un buen padre?

Se sonrojó por su línea de pensamiento. Ni siquiera sabía si él quería hijos, ¿y ella? Nunca se había visto con una pareja estable, ni mucho menos con hijos, ¿por qué se los planteaba ahora? Si ni siquiera habían hecho el amor… Siguió observando al mago haciendo reír a los pequeños y agradeció que estuviese ocupado para no verla tan turbada. El muy desgraciado adivinaría lo que pensaba y la molestaría hasta el final de los tiempos.

- Bienvenidos. - Ran llamó la atención de los recién llegados. - Me alegra que hayan aceptado la invitación. Sabemos que no es buen momento.

Negó. - Tranquila. A veces es bueno relajarse un poco antes de un gran evento. - Sonrió. - Hemos traídos dulces para el postre. - Dijo mostrando una caja blanca que llevaba en las manos.

- ¿Dulces? - Preguntaron con ilusión los gemelos mientras se acercaban corriendo y la agarraban de los codos. - ¿Hay de limón?

- Y de chocolate. - Se agachó un poco a ellos. - Es el favorito de Kaito, así que déjenselo luego. - Sonrió.

- ¡Queremos ahora! - Se quejaron.

- Son para después de comer. Si no, vuestra madre no nos invitará más. - Comentó el escritor agachándose como si estuviese contando un secreto.

Se adentraron en la casa y sentaron en la mesa, mientras el detective terminaba de poner la comida en la mesa. - ¿Ha cocinado Kudo?

- Por mucho que te sorprendas, Nakamori, estuve mucho tiempo viviendo sólo en mi adolescencia. Y no sólo sobreviví de pedidos a domicilio.

- También tuviste una buena maestra en tu segunda niñez. - Comentó el mago con picaresca.

- Eso no te lo voy a negar. - Sonrió divertido.

Después de una cena amena e insistencias de los niños de que el invitado hiciera trucos de magia, el bebé que estaba en el piso superior comenzó a llorar. La madre se disculpó y miró a su marido condescendiente. - Niños, a dormir.

- ¿Eh? - Se quejaron.

- Ya es tarde, debéis de ir a la cama.

- ¡Pero mañana no hay clase!

- ¿Olvidáis que mañana temprano vienen los abuelos? Tendréis que estar frescos para pasar el día con ellos, sobre todo si os llevan al parque de atracciones.

Los ojos de los niños brillaron de ilusión. - ¿Nos van a llevar al parque de atracciones?

- Sólo si vais a la cama ya. - Interpuso su padre.

- ¡Sí! - Saltaron de alegría. - Buenas noches, tía Aoko, tío Kaito.

La sincronización con la que hablaron durante casi toda la velada sorprendió al mago. A veces daba miedo eso de la conexión de gemelos de las que tanto hablaban. - Buenas noches.

La pequeña se acercó y le dio un beso en la mejilla con una sonrisa. - Hasta pronto. - Corrió tras su hermano y madre, que estaban al pie de las escaleras.

- Ahora que se han ido, podemos hablar de asuntos más serios. - Shinichi mirara a sus invitados con seriedad. - Nakamori, Kuroba, ¿estáis preparados para mañana?

- Está todo planeado. - Asintió el mago.

- Quiero daros un consejo. Y es que no deis todo por sentado. Cuando me enfrenté a la organización, pensaba que lo tenía todo enlazado, que no podría haber ningún error. Que…

- Que todo iría como lo habías planeado. - Terminó Kaito por él.

El detective asintió. - Pero siempre existen situaciones que ni se te pasaron por la cabeza, trastocando tus planes y teniendo que idear unos nuevos. - Sonrió divertido. - Tienes la mente más maquiavélica y huidiza con la que me he enfrentado. Siempre te he respetado como un digno rival. Pero… - Su sonrisa se borró. - El peligro al que os enfrentaréis mañana es tan impredecible como tú. ¿Estás preparado? - Miró a la policía. - ¿Y tú?

- Tienes razón. - Concordó la mujer. - No sabemos lo que pasará, pero no nos rendiremos y lucharemos con todo para vencer.

- Venceremos esta adversidad de una vez por todas.

- Me gustaría tanto poder hacer algo por ustedes… - Suspiró.

El mago sonrió. - Tú ya tuviste tu organización, déjame la mía. - Dijo risueño para quitarle hierro al asunto.

- Y ya has hecho algo. - Le consoló la mujer. - Me brindaste tu amistad en mis momentos más duros, por mucho que yo la rechazase, tanto Ran como tú insistieron y me introdujeron en vuestra pequeña familia. Aunque sé que fue más por pedido de Saguru.

- Aunque no nos lo hubiese pedido, lo hubiéramos hecho igual. - Dijo la mujer del detective entrando con el bebé en brazos. - Si yo hubiera estado en tu lugar, estoy segura que tú hubieras hecho lo mismo. -Se sentó junto a su marido. - Por favor, tened mucho cuidado.

- Pero no sólo estamos hablando de que nuestras vidas estén en riesgo. - Dijo el ladrón apoyando los codos sobre las piernas. - También si ellos consiguen la piedra, y es cierto lo que dicen que hace, todo el país estará en peligro. Deberíais marcharos en caso de que no lo consigamos.

- ¿Qué es eso, Kuroba? - Sonrió burlón su rival. - ¿Toda tu seguridad ha desaparecido?

- Creemos en vosotros. - Respondió su mujer. - Aunque no ayudemos, seremos un apoyo moral.

- Aunque no pienso aparecer con una pancarta animando a Kid. - Una carcajada general resonó en la estancia. - Eso se lo dejamos a las adolescentes alborotadas y a Sonoko.

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Sabía que su compañero debía de concentrarse para lo que pasaría en unas horas, al igual que debía de estar haciendo ella. Pero no conseguía estar concentrada. Su corazón latía con rapidez y no lo conseguía calmar. Se decía a sí misma que era por la anticipación de lo que iba a llegar. El fin de la organización que tanto dolor les había causado, pero sabía que había algo más.

Se llevó la mano al broche que Machiko le había regalado. Quiso ponérselo ese día en que estaría separada tanto tiempo de Kaito para llevar algo que le recordase a él. Miró al retrato que hacía poco había vuelto a sacar del cajón y veía a su amigo adolescente con una sonrisa, como animándola a seguir, que todo terminaría pronto y se volverían a ver de nuevo.

Vio el reflejo de la luz en el cristal del porta retrato y giró a ver su ventanal. El sol ya se estaba poniendo. Miró su reloj y cerró los ojos para intentar tranquilizar su galopante corazón. El teléfono de la oficina sonó, creando un bufido de su parte, y lo cogió. - Enseguida salgo.

Colgó y se levantó, al mismo tiempo que su móvil avisó de un mensaje entrante. Al leerlo, una sonrisa asomó en sus labios. - Ladrón tonto… Ten cuidado con lo que robas, puede que no lo consigas devolver.

"De todos los tesoros, lo que más deseo robar por siempre son tus sonrisas."

Continuará…