Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la trama a JAnnMcCole. Yo solo traduzco

Capítulo Veinte

Padres Despiadados

"El valor del matrimonio no es que los adultos produzcan niños, sino que los niños produzcan adultos." ~Peter De Vries

EDWARD

Lo observé. No podía evitarlo. Él era tan pequeño, que cabía en la palma de mi mano. No había dormido en horas… ¿o días? ¿A quién le importaba? Tenía un hijo. Se encontraba aquí en mis brazos, babeando. Había estado en el mundo por solo seis horas y ya no podía imaginarme un momento sin él.

—Edward, por favor, deja de acapararlo —bufó mi padre, moviéndose para ubicarse a mi lado—. Los viejos queremos sostenerlo antes de morir.

—Ten cuidado —le siseé, transfiriéndolo lentamente hacia los brazos de Carlisle.

—Hola, pequeño —arrulló, y una vez más, mi hijo simplemente movió sus brazos dormido, como si no estuviera acostumbrado a todo este espacio a su alrededor—. Tu padre dice que debo tener cuidado, pero se olvida que una vez sostuve a él y a sus hermanos así. Con suerte, habrás heredado tu apariencia y la inteligencia de tu madre.

—Estoy aquí. —Puse los ojos en blanco mientras caminaba hacia el sillón al lado de la cama de Bella. Ella solo estaba parcialmente dormida, observando a mi padre y a mí con ojos a penas abiertos. Solo había tomado unas pequeñas siestas, seguramente necesitaba dormir más.

—Amor —murmuré, apartando su cabello suavemente hacia atrás y besé su cabeza—. Duerme, no solo lo necesitas, sino que te lo mereces.

Ella sonrió, cerrando sus ojos mientras buscaba mis manos que se encontraban a los lados de su rostro.

—Lo sé y eso quiero, pero tengo miedo. ¿Y si me pierdo algo o necesita algo? Tendrá hambre pronto, lo alimenté hace unas horas.

Eso probablemente sea la cosa más increíble que haya visto en mi vida. Antes que pudiera decir algo, llamaron a la puerta justo antes que mi madre entrara con Alice, que se encontraba en una silla de ruedas. Tenía un pañuelo en la cabeza y bolsas de regalo en su regazo. Detrás de ella, vino Jasper, Emmett y Rose con globos, flores y tarjetas en sus manos.

—¡Oh, por Dios, es tan adorable! —exclamó Alice, intentando mantener su voz baja mientras rebotaba en su silla—. ¡Sobrevivientes de cáncer van luego del abuelo!

—¡Alice! Ya pedí ser segundo yo, soy su primer tío. —Emmett la miró enojado.

—El cáncer le gana a ser tío. —Alice le sacó la lengua—. ¿O no, Bella?

Bella soltó unas risitas… realmente rio, asintiendo para que ella sea segunda.

—Solo tienes seis horas de vida y es la persona más madura del cuarto —anunció mi madre, besándolo en los pies antes de venir hacia nosotros. No estaba seguro que me gustara el hecho de que todos estén aquí, acaparando a mi hijo. Honestamente, solo quería que fuéramos mi esposa, mi hijo y yo por ahora. Suponiendo lo que estaba pensando, Bella tomó mi mano y le dio un apretón antes de soltarla.

—Felicitaciones, hermano, ya parece ser travieso —rio Jasper, jalándome en un abrazo.

—Si es algo de lo que solíamos ser, puede que tengas más canas que mamá y papá…

—No tengo ni una cana, Edward.

—Por supuesto, madre —dijimos Jasper y yo al mismo tiempo, lo que solo nos hizo reír y estrecharnos la mano. Sí, estaría en problemas, pero no tengo dudas que valdrá la pena.

—Tengo que admitir, Bella, que luces hermosa. —Emmett sonrió, ofreciéndole un ramo de rosas amarillas.

—Puedes, incluso cuando sé que estás mintiendo —respondió ella, aceptando las flores—. Gracias, Emmett. Huelen genial.

—Mira esto, me doy vuelta un momento y comienza a halagar a mi esposa, inmediatamente después de haber dado a luz a mi hijo —bromeé mientras él estiraba su brazo para estrechar mi mano. Sin embargo, lo atraje en un abrazo como con Jasper.

—Lo hace así puede sostener a Ethan antes que todos. —Rose sonrió. Su vista se encontraba fija en el pequeño que ahora se encontraba en los brazos de Alice. Esme se encontraba cerca, mostrándole cómo sostenerlo.

—Entonces, ¿es oficial? ¿Ethan Antonio Cullen? —preguntó Alice y cuando él inhaló profundo, ella, mi madre y Rose prácticamente se derritieron en el lugar. Ver cómo su pecho se expandía y se contraía era la cosa más hermosa del mundo.

—De hecho, es Ethan Antonio Benjamín Cullen —habló Bella, recordándome de nuestra conversación anterior.

—¿Benjamín? —Rose frunció el ceño—. ¿Hablas del guardia que murió?

—Sí, el guardia que recibió una bala por mí… por los dos. Era lo menos que podía hacer por un hombre que en muchas maneras era mi amigo también. —Nadie podía discutir eso, incluso en su posición, nadie se atrevió.

Ethan no había estado en los brazos de Emmett por más de unos minutos cuando comenzó a llorar. Bella se sentó de inmediato, pidiendo por él. Meciéndose de un lado al otro, Emmett lo ubicó en los brazos de ella. No tenía idea cómo ella sabía qué hacer o cuando esos instintos se activaron, pero supo exactamente lo que él necesitaba.

—¿Por qué lloras? —le susurró. Él estiró un bracito, le dio unas palmadas en el rostro y metió su mano en la boca de ella antes de calmarse. Era como si supiera quién era ella y con saber que era su madre, se sentía tranquilo. Parte de mí sintió algo de celos por lo cercanos que ya eran, pero me encontraba abrumado por la emoción y felicidad que sentía. Cuando estuvo completamente tranquilo, sonó un flash que amenazó con despertarlo de nuevo.

—¡Mamá! —espeté mientras ella sostenía el teléfono contra su pecho.

—Oh, calla antes que lo hagas llorar. Déjame disfrutar esto. Necesito enviar la foto al resto de la familia y no puedes esperar que no tenga su foto. —Sonrió, mirando su teléfono.

—Le tomaste como cien al segundo que lo viste. —Estaba volviéndose loca de la felicidad, y no solo ella, mi padre estaba igual de ansioso. Todos estaban… bueno, eran felices. Todos estábamos felices. Estirando su bracito, él tomó mi dedo tan fuerte como podía, como si intentase probar algo. Como si estuviera diciendo "mira, papá, mira lo fuerte que soy".

—¿Qué color de ojos crees que tendrá? —me preguntó Bella. Ahora mismo era de un color azul que aparentemente todos los recién nacidos tenían.

Antes que pudiera responder, todos los demás se encargaron de hacerlo por mí.

—Verde.

—¿Acaso puede el padre responder, por favor? —Les hice burla, girándome hacia mi esposa e hijo de nuevo. Observé maravillado a la nueva persona que era mitad mío y mi corazón se partió al pensarlo. Apartando su cabello, le respondí a mi esposa—. Antes que el gallinero interrumpa de nuevo, creo que… realmente no me importa, mientras que esté respirando.

—Es por eso que estoy aquí. —Una mujer pelirroja y soberbia entró con una enfermera a su lado—. Hola todos, soy la Dra. Yang y necesito hacerle unas pruebas y si…

—No diga "si". —Bella frunció el ceño, fulminándola con la mirada—. Él está bien, y solo te asegurarás de que siga bien, ¿entendido?

Mi padre rio por lo bajo cuando los ojos de la mujer se abrieron de par en par.

—Por supuesto, Sra. Cullen. Lo llevaremos por una hora o dos y volveremos con él. Estoy segura que está bien.

El cuerpo de Bella se tensó y sabía que pediría acompañarlo, pero realmente necesitaba descansar.

—Iré con él. Me sentiré mejor si duermes al menos dos horas. —Suspirando, ella besó su frente antes de dármelo. Él olía a flores frescas, a lluvia y a bebé, un aroma indescriptible que parecía llenarlo. La besé rápidamente y caminé junto con la doctora.

No lo dejes caer. Mantén su cabeza arriba. No lo agarres muy fuerte. ¿Está respirando? ¡No lo despiertes!

Esos eran algunos de los pensamientos que corrían por mi cabeza, era como si todo mi ser estuviera envuelto alrededor de él.

Mierda, era padre.

BELLA

—No te preocupes, vas a cerrar los ojos y antes que te des cuenta, estarán de vuelta y demandando tu atención. —Esme rio, besando mi frente. Era raro, no estaba acostumbrada a que hicieran eso a menos que sea Edward y me había tomado un tiempo a él. Pero supongo que verme con un bebé en mis brazos le hizo olvidar quién era debajo de esta fanfarria.

—Vamos a irnos y darles algo de espacio. —Carlisle me sonrió, parecía que estuviera conteniéndose para no abrazarme. Lo mejor que podía hacer ahora fue darle un apretón a su mano.

Estaba contenta conmigo misma que siguiera sintiéndome igual, solo que ahora tenía una prioridad mayor y esa era mi hijo. Él era la persona por la que vivía y moriría, y haría lo que fuera posible para asegurarme que estuviera a salvo. Lo que significaba que tenía que ser más fuerte, incluso más brusca con aquellos a mi alrededor, sería lo que sea, haría lo que sea para protegerlo.

—Adiós, Bella. Oh, le compré a Ethan algo adorable para que venga a casa. —Alice sonrió, dejando la bolsa azul en la silla que Carlisle antes había usado.

—Hablando de eso, la prensa va a querer fotos de él… —comenzó Rose, pero la interrumpí rápidamente.

—Emmett, asegúrate de hacerte cargo de toda la prensa que se encuentre alrededor de nuestra casa. También quiero un coche nuevo, algo que no sea muy llamativo, con vidrios polarizados. ¿Quizás un Volvo? —Escuché toda esa mierda de que eran seguros.

—Me encargaré de ello, Jefa. —Sonrió, pero seguía sin confiar en él. Había cometido demasiados errores y si no fuera familia, ya lo hubiera matado. Rose se mordió la lengua, como debía, antes de inhalar profundo y jugar con las perlas en su cuello.

—Jasper, ¿quédate por un momento? —Me giré hacia él. Ninguno de ellos esperó o siquiera miraron atrás. Esme rodó a Alice hacia afuera, dándonos la privacidad que mi voz insinuaba.

—¿Qué necesitas? —pregunto él, enrollándose las mangas.

—Que chequees la casa, y quiero que cada una de nuestras cámaras estén protegidas e imposibles de hackear. Luego perfila a todos nuestros empleados, asegúrate que sepan que sus vidas dependen de lo que no ven o escuchan y a quien hacen entrar a mi casa. Trajimos a un niño de la frontera para mantener a su madre callada. La policía quiere usarla como informante, concéntrate en ella. —Decirlo todo en voz alta me hacía relajar un poco.

—Trabajaré en todo, pero Emmett me ha dicho que Edward hizo que la casa sea inspeccionada en estos momentos. Tiene a quince hombres caminando por la propiedad y dando vueltas por el área. —Por supuesto que sí. Él y yo éramos muy parecidos que a veces era loco—. Te dejaré que descanses.

—¿Cómo está Alice?

Frunció el ceño.

—Está mejor, pero no creo que está disponible para algo ahora.

—No te estoy preguntando como tu jefa. —Este era uno de los dilemas de lidiar con la familia.

—Oh. Ella tiene días oscuros, pero ha estado mejorando. Es un proceso lento, pero está llegando allí. Han pasado unas semanas desde que terminó la quimio y comenzará terapia pronto.

—Bien. Estoy feliz. —Bostecé, todo mi cuerpo se sentía pesado.

Él dijo algo antes de salir por la puerta, dejando tras él solo el silencio y el ruido de las máquinas. Finalmente podía descansar y permitir que mis ojos se cerraran.

—Hola, cariño —alguien susurró sobre mí. Me sentía como si acababa de cerrar los ojos, pero ahora me era difícil abrirlos.

—¿Qu…? Yo… ¿Qué…? —No podía formar las palabras. ¿Qué diablos estaba pasando?

—No te preocupes, esto acabará pronto. —Conocía esa voz. Con toda la fuerza que tenía, me obligué a abrir los ojos, parpadeando rápidamente.

—Ren…ée —siseé con los dientes apretados.

—No aquí. —Sonrió mirando hacia el nombre en su bata—. Aquí, soy la Dra. Yang.

Estaba empujando mi cama por el pasillo. Intenté moverme, pero mi cuerpo se sentía como si estuviera lleno de cemento. Enfermeras, doctores, pacientes y paredes pasaban a mi alrededor sin mi control. Todo lo que podía ver era su maldita bata azul y su peluca roja sobre mí. Apretando los dientes, intenté hablar, pero los músculos en mi mandíbula no funcionaban… Lo que sea con lo que me había drogado, no estaba acostumbrada a ello.

—Edward… matar…

—Mi amiga doctora lo mantendrá a él y el pequeño Ethan tan ocupados que no se dará cuenta hasta que sea demasiado tarde. Ahora duerme, cariño. —No tuve tiempo a reaccionar que me estaba apuñalando con una jeringa en el cuello. Ya no tenía control de mi cuerpo… Allí fue cuando las lágrimas comenzaron a caer. Me negaba a creer que jamás volviera a ver a mi familia.

Que se vaya al infierno, si pensaba que podía terminar conmigo así, no sabía con quién se estaba metiendo.

EDWARD

Algo andaba mal. Podía sentirlo en mis adentros. La maldita doctora estaba tomándose su tiempo para devolvérmelo, pero ese no era mi problema. Algo andaba mal y no podía descubrirlo.

—Edward. —Jasper se ubicó a mi lado, observando a Ethan por la ventana. Él era feliz mientras gorjeaba en su pequeña incubadora.

Jasper se encontraba tenso, su mandíbula amenazaba con partirse mientras respiraba por la nariz lentamente y observaba las manos de la doctora con cuidado. Escuchando la puerta abrirse, vi mientras mi padre entraba sin siquiera molestarse en mirarme. Caminó hacia mi hijo, bloqueando mi vista de la doctora.

—Tienes cinco segundos para comenzar a hablar, Jasper. —Mis manos temblaban, listas para romperle la cabeza a alguien.

—No hagas una esce…

—Te hice una maldita pregunta, trabajas para mí. Ahora responde. ¿Qué mierda está pasando, Jasper?

Se mantuvo en silencio.

—Si tengo que volver a preguntártelo…

—Bella. —Hizo una pausa—. Desapareció.

Inhalando profundo, intenté ignorar cómo mi corazón comenzó a acelerarse.

—¿Chequeaste con…?

—No está. Mamá volvió a chequearla y se dio cuenta. Nadie la ha visto en las dos últimas horas. Hackeé las cámaras del hospital… —Me dio su teléfono, pero no necesitaba mirarlo.

—Renée.

¡LA MALDITA PERRA! VOY A MATARLA LENTA Y DOLOROSAMENTE.

—Edward, respira.

—¡Quiero a todo este maldito hospital cerrado! ¡Cada salida cerrada! ¿CÓMO DIABLOS CONSIGUIÓ A MI ESPOSA? —Debajo de mis narices.

Todos a mi alrededor se giraron hacia mí, pero me importaba un carajo. Le abriría la garganta a cada uno de ellos.

—Entró usando la credencial de la doctora Yang y una peluca. Edward, no… —Me hice camino hacia la puerta antes que él pudiera terminar, pero saltó frente a mí, deteniéndome.

—Tenemos ojos en todas partes. Hay policías en todo el lugar. Matémosla, bloquearé todas las cámaras. Sé que estás entrando en pánico, pero no hagas esto aquí, hermano.

Llevando mis manos a mi cabello, di un paso hacia atrás, respirando por la nariz antes de asentir.

—Aléjala de mi hijo, quiero que sea vigilado todo el tiempo. —Cuando se fue, intenté no pensar en ella. No podía pensar que ella no estuviera en su cuarto, esperándome. No podía lidiar con eso. Mierda. ¿Cómo diablos llegó a ella?

Mierda.

—Suéltame —siseó la perra mientras Jasper prácticamente la arrastraba del brazo, lejos del cuarto de Ethan y hacia mí.

—Será mejor que hables antes que baje allí o qué Dios te ayude, porque tu definición de dolor será obsoleta para cuando termine contigo. —Eso fue todo lo que dije antes de caminar hacia el cuarto de mi hijo. Ver a Ethan en los brazos de mi padre quemaba toda mi alma. Ella no solo era mi maldita esposa, era su madre. Él tenía una madre que lo amaba y tenía que traérsela de vuelta. Ni siquiera tenía un día de edad y tenía que lidiar con esa mierda. Besándolo, di un paso hacia atrás, observándolo descansar en los brazos de mi padre.

—Papá…

—Ve. Nadie se le va a acercar. Tu madre estará aquí pronto.

Simplemente asentí. Ni siquiera podía respirar correctamente ya. Me sentía como Atlas, luchando por balancear el peso del mundo.

—Edward, si hay un hombre que puede traerla de vuelta, ese eres tú.

No tenía opción. ¿Cómo podía vivir sin ella? Ni siquiera podía pensar. Doblando mis mangas, me alejé. Me dije una y otra vez que no podía matar a una doctora. Pero la línea entre los vivos y los muertos era una muy delgada. Veré qué tan lejos podría llevarlo antes que se quiebre, no tenía dudas que se quebraría.

Emmett ya estaba esperándome cuando entré al pasillo estéril. Su cuerpo estaba tan rígido como el mío. No se necesitaban palabras, así que no las gasté. Renée vino por la familia. Ella robó de nuestra familia, a mi maldita esposa. Alguien iba a morir, eso iba sin decir. Abriendo la puerta que daba hacia las escaleras, Emmett me ofreció una pistola, pero la rechacé. Renée eligió a esta mujer como carnada, dudaba que una pistola fuera a asustarla. Iba a sacarle información a los golpes.

Mi Bella desapareció. ¿Qué diablos? Se llevó a mi esposa. ¡Se llevó a mi maldita esposa! Mi mente no dejaba de dar vueltas mientras bajábamos las escaleras.

No quiero pensar, porque cuando lo hacía, me sentía como un fracasado, sentía dolor y furia.

Abriendo la puerta de un empujón, fui invadido por aire frío y nieve. Allí, sostenida contra la pared al lado del contenedor con ratas a sus pies, se encontraba la doctora Yang. Sus labios estaban sangrando y sus ojos se encontraban llenos de lágrimas. Jasper sacudió su cabeza, dando un paso para darme lugar a mí.

No tenía tiempo para esto. Marchando hacia ella, tomé un puñado de su cabello rojo falso, la aparté de la pared antes de estampar su rostro repetidamente contra el contenedor antes de tirar su cuerpo a un costado. Estaba tentado de seguir, pero seguramente si seguía, la dejaría incapacitada permanentemente.

—¡AH! —gimió, escupiendo sobre la nieve blanca lo que parecía ser los últimos tres dientes. El contraste de su sangre roja sobre la nieve inmaculada era algo hermoso. Disfruté al ver su angustia, hacerle sentir una porción del dolor que irradiaba todo mi ser. Arrodillándome a su lado, saqué una navaja de mi media y lo acerqué a su cabellera.

—Te arrancaré todo el cuero cabelludo viva y dejaré que las ratas se coman tu rostro, ¿entiendes? Ahora, ¡DIME TODO LO QUE SABES!

—Ah… —gimió.

—¿Crees que bromeo? ¡MI ESPOSA DESAPARECIÓ! —Deslicé la navaja sobre la piel de su frente. Ella intentó luchar, pero la jalé hacia atrás, exponiendo su piel herida mientras la sangre saturaba su rostro y la nieve alrededor nuestro.

—¡Por favor! Te diré todo —chilló.

—Comienza antes de que te quite el rostro —espeté. De todas formas, iba a matarla.

—Todo lo que me dijo era que quería a su hija de vuelta. Le di mi credencial, ella iba a salvar a su hija. Dijo que, si ella se quedaba contigo, ella y su hijo iban a morir…

—¿DÓNDE ESTÁN? —rugí, pasando la navaja por detrás de su oreja, casi rebanándosela. Su sangre corría, rodando por su rostro y cuello. Dudaba que pudiera ver, ya que cuando abrió sus ojos, estos estaban llenos de sangre.

—¡No lo sé, juro que todo lo que dijo es que iban a irse a casa! Eso es todo lo que sé, lo juro. Lo siento, ella me dijo que la estaba salvando…

—¡Policía! —alertó Jacob, forzándome a soltarla por un momento. La Dra. Yang se arrastró y se hizo una bola, sollozando en la mugre y la nieve mientras las ratas olfateaban su sangre. Observando su forma rota, todavía no estaba satisfecho, ella no estaba retorciéndose del dolor y eso era inaceptable.

Y, de hecho, en la entrada del callejón se detuvo una patrulla. Bajaron con linternas. Cada uno de ellos, sacó su arma. Estos idiotas no serían los primeros oficiales en morir en un callejón y no tenía el tiempo para esta mierda.

—¿Hay un problema aquí?

—¡Por favor! ¡Ayúdenme! —gritó de repente la Dra. Yang, detrás de mí. Los ojos de los oficiales se ensancharon, corriendo hacia ella hasta que vieron mi rostro con claridad.

—Sr. Cullen.

—Métanse en su coche. Conduzcan lejos, no vieron nada aquí. Tienen dos segundos.

—¡NO, POR FAVOR! ¡POR FAVOR, AYÚDENME!

—Uno —anuncié y ambos asintieron, ignorándola.

—Le pido disculpas por molestarlo, señor —dijo el más viejo de los dos antes de darse vuelta y retroceder. La doctora soltó un llanto desconsolado cuando la patrulla se fue.

—Mátenla y quiero una lista con todas las propiedades que tienen los Swan. —Limpiando la sangre de mi navaja, volví hacia mi hijo.

Bella, te encontraré. Te juro por Dios que te encontraré.