Shaoran soportó mi risa y la de varias chicas que pasaban por allí, se acercó más hasta estar de nuevo agachado delante de mí.

-¿crees que ahora podrás perdonarme?-.

Ya era suficiente, mi corazón y mis músculos estaban gritando su nombre.

En cambio mi cerebro todavía me pedía que me alejara pero decidí no hacerle caso, no podía seguir enfadada para siempre con él.

Ahora sabía que la mayoría de la culpa de todo lo que había pasado no era suya sino de los entrometidos y mentirosos de sus padres... aunque él no debería haberles creído.

No aguanté más y me abalancé sobre él para besarlo.

Tardó unos segundos en reaccionar por la sorpresa pero al momento me abrazó y me devolvió el beso.

El tiempo se detuvo y solo podía pensar en que después de dos años y medio por fin estaba con él.

Shaoran me apretó fuerte contra él y se separó unos milímetros para mirarme.

-me da miedo que esto sea un sueño- susurró.

-¿tú también soñabas conmigo?-.

-casi todos los días- respondió antes de juntar nuestros labios de nuevo.

Nos quedamos allí de rodillas besándonos, ninguno quería que ese momento se acabara.

Escuchamos a lo lejos la risa de varias personas y abrimos los ojos.

-mejor vamos a mi apartamento- dijo Shaoran y me ayudó a levantarme.


No me soltó la mano hasta que entramos por su puerta, la cerró y me atrapó entre sus brazos sin parar de besarme.

Acabé acorralada contra una pared con Shaoran besándome el cuello y metiendo las manos por debajo de mi camisa.

La piel de mi espalda se erizó cuando sus dedos me la acariciaron.

Suspiré y me estremecí por cuarta vez.

Shaoran levantó la cabeza para mirarme.

-¿estás bien?-.

Pensé que a lo mejor temía que esos temblores fueran por lo que me había pasado años atrás y no por él.

-sí, se ve que aunque pasen los años sigues haciéndome sentir lo mismo- respondí.

Mi sonrisa torcida favorita se dibujó en su rostro.

-me gustan tus pendientes nuevos- susurró cerca de mi oreja dejando varios mordiscos por la zona.

Resoplé y le dije -habrás conquistado muchos corazones con tu actitud y tus jueguecitos, ¿no?-.

Shaoran volvió a mirarme con el ceño fruncido.

-sé que nunca me has creído pero solo soy así contigo-.

Me acarició el rostro y yo cerré los ojos al sentir el roce.

-¿entonces me perdonas?- insistió de nuevo.

Al abrirlos sus iris me derritieron, como siempre.

-tal vez- susurré.

-me conformo con eso- dijo sonriendo y se acercó dándome un beso.

-no sé si podré volver a confiar en ti-.

Él rozó mi nariz con la suya y respondió -te demostraré que puedes-.

Me quitó las gomas del pelo y empezó a deshacer mis trenzas.

-siempre me has gustado más con el pelo suelto-.

Sonreí y aparté la mirada.

Maldita sea, hasta con el pelo fucsia me seguía gustando Shaoran.

Él me besó en la frente y susurró -sigo enamorado de ti, Sakura-.

Suspiré, todo esto era demasiado bonito para ser cierto.

-ahora me despertaré y volveré a estar sola, como siempre-.

Shaoran me apretó entre sus brazos y dijo -esta vez es real, estoy aquí y no pienso volver a irme-.

De pronto se escucharon varios golpes en la puerta de entrada.

Él maldijo en voz baja al oír una voz femenina diciendo -abre la puerta-.

Fruncí el ceño pensando que a lo mejor era una de sus conquistas chinas.

-¿quién es, estás esperando a alguien más?- pregunté con rabia.

Shaoran negó con la cabeza.

-llevan semanas intentando hablar conmigo... son mis padres-.


Un sudor frío me bajó por la espalda al escuchar la voz de la madre de Shaoran pidiendo otra vez que abriera.

-¡Ahora no es un buen momento!- gritó Shaoran a la puerta.

Los golpes cesaron y una voz masculina preguntó -¿por qué?-

Él se acercó a la puerta y dijo -Sakura está aquí-.

Todo se quedó en silencio unos segundos que me parecieron minutos.

-mejor, también queremos hablar con ella- dijo su madre.

Shaoran golpeó la puerta y gritó -¡por encima de mi cadáver!-.

Lo agarré del brazo derecho y me miró, sorprendido.

-si quieren hablar por mí no hay problema- le dije.

Shaoran me sujetó por los hombros negando con la cabeza.

-sé las cosas que te dijeron cuando me fui, no pienso dejar que vuelvan a hablar contigo nunca-.

Coloqué mis manos encima de las suyas.

-ya no soy como antes, ahora digan lo que digan no pueden hacerme daño-.

-¿y si te empiezan a contar cosas que no quieres saber de mis años en China?- preguntó Shaoran.

Me encogí de hombros y respondí -no voy a creer nada de lo que digan-.

Él juntó su frente con la mía y susurró -espero no arrepentirme de esto-.

Se acercó a la puerta y abrió.

Hien entró el primero y miró muy sorprendido a su hijo al ver su pelo rosa, pero después se fijó en mí y me dedicó una mirada de desprecio.

Shaoran se puso delante de mí mirando a su padre con el ceño fruncido.

La madre entró detrás y sujetó el brazo de su marido mirándolo muy seria a modo de advertencia, aunque también pude ver que se sorprendía al ver a Shaoran.

Pasaron al salón y se sentaron en uno de los sofás.

Shaoran y yo nos sentamos en el otro que estaba pegando a la ventana, yo me puse en una esquina para estar lo más lejos posible de ellos.

Estos años atrás había aprendido a ignorarlos cuando me cruzaba con ellos en casa de Tomoyo, así que hice lo mismo y me dediqué a observar los árboles que se veían por la ventana.

Yelan empezó a hablar sin comentar nada del pelo de Shaoran.

-esta situación tiene que solucionarse hijo, ya hace meses que volviste de china y te marchaste de casa-.

Shaoran no dejaba de fruncir el ceño.

-no voy a volver-.

-todavía no puedo creer que hayas renunciado a seguir en China por un capricho- dijo con rabia Hien.

-ella no es ningún capricho- respondió Shaoran entre dientes.

-al final te cansarás de estar con alguien así y verás que yo tenía razón- replicó Hien.

Shaoran se levantó de golpe y su padre le imitó.

-¡no te atrevas a hablar así de ella!- gritó furioso.

Yelan se levantó interponiéndose entre los dos.

-ya basta. siéntate, hijo- dijo mirando a Shaoran.

Él se sentó y se cruzó de brazos.

Ella miró a su marido y le dijo -si vas a seguir diciendo esas cosas prefiero que te marches-.

Hien frunció el ceño y se volvió a sentar con mala cara.

Por el rabillo del ojo vi como Yelan me miraba antes de volver a hablar.

-¿volvéis a estar juntos?- le preguntó a Shaoran.

-aún no pero espero que lo estemos pronto-.

Yelan se sentó más recta y dijo -si queréis estar juntos lo respetaremos, es tu decisión y no estoy dispuesta a perderte por eso-.

El padre de Shaoran iba a hablar pero Yelan le hizo un gesto para que se callara.

-hijo, lo que hicimos fue pensando que era lo mejor para ti y ahora comprendo que nos equivocamos- añadió ella.

Shaoran me miró y respondió -me mentisteis, sé lo de la beca y no volveré a confiar en vosotros-.

Los padres de Shaoran se quedaron helados unos segundos hasta que Yelan suspiró.

-espero que con el tiempo puedas perdonarnos-.

Noté como me miraba a mí.

-¿y tú, Sakura... serás capaz de perdonarnos?- me preguntó.

Yo seguí mirando por la ventana como si no la hubiera oído.

-¿no vas a hablar?- insistió Yelan.

La miré sonriendo, lo que hizo que el padre de Shaoran se removiera en el sofá, incómodo.

-no tengo nada que decirles- dije en voz baja y volví a apartar la vista.

-solo responde a una pregunta... ¿quieres de verdad a mi hijo?-

Al mirarla vi que Shaoran me observaba con ansiedad como si él también quisiera saber la respuesta.

Suspiré y dije -creo que sí- apartando mi vista de nuevo.

Una gran sonrisa apareció en el rostro de Shaoran.

-entonces eso es suficiente, no volveremos a interponernos entre vosotros- respondió Yelan levantándose.

Hien también se levantó y Shaoran los acompañó a la puerta.

Escuché a su madre decir -tienes que venir a vernos para que hablemos de la compañía-.

Shaoran respondió -eso ya no me interesa-.

Yelan puso una mano en su hombro y le dijo -eres mi hijo y debes trabajar ahí, ya hablaremos-.

Shaoran resopló fuerte y su padre se acercó a él.

-¿se puede saber por qué te has hecho eso en el pelo?- le preguntó.

Me tapé la boca para contener la risa.

-eso no es asunto vuestro, es algo entre ella y yo- respondió Shaoran.

-¿has hecho semejante gilipollez por ella?- dijo enfadado Hien.

-y haría otras cien si con eso me perdona-.

Escuché los pasos de su padre alejándose furioso y poco después su madre también se marchó.