Disclaimer: Todo pertenece a J.K. Míos son estos ratitos, pero no cobro por ellos.

Bueno, ahora sí que sí. Hemos llegado al final del viaje. Con un sabor un tanto agridulce me habéis comentado algunes. Os diría que os lo chivé en el título, pero es cierto que es una lástima que alguien tenga que abandonar su país por persecución política. Aunque Harry sí ha conseguido encontrar su hogar, estar con los suyos. Quién sabe si algún día podemos regresar a ellos, dependerá de las musas y de si hay una buena historia detrás.

Antes de decir nada más, GRACIAS por haberme acompañado. Por vuestros comentarios constantes, Daniela, Nicangel, Ana, Sarahi, Yaz, Deskeys... No me olvido tampoco de las compis del foro Hogwarts y de la Noble Casa, que también se han estado pasando por aquí (Noche, Gin, Dani, Yoe, Piautos...) Y los que habéis dejado algún comentario ocasional también. Gracias.

Yo sólo entre aquí porque, durante la cuarentena, decidí que debía dar rienda suelta a esta historia, pero no pensaba que fuera a haber nadie para leerla y tampoco que pudiera tener acogida. Ahora, casi dos meses después, resulta que tengo otras 13 o 14 historias en el perfil. Permitidme el autobombo: si os apetece leerlas, sois más que bienvenides. Hay de todo, desde romanticismo hasta lemon. Y mil gracias de nuevo.

TW: Lemon explícito.


EPÍLOGO

Draco se despertó. Perezosamente, se estiró notando el otro lado de la cama templada, pero vacía.

—¿Harry? —llamó en voz baja.

—Estoy aquí —le indicó este.

Guiñando los ojos, le buscó con la mirada. Harry se recortaba en la ventana mirando el espectacular paisaje de Niza. Aquel ático se situaba en la parte alta de la ciudad y la altura del edificio le permitía ver toda la cascada de pisos y casas que se extendían hasta la playa y el mar azul deslumbrante. A sus pies, Lady daba cabezazos contra su pierna desnuda demandando su atención.

—¿Tú no tenías que trabajar? —preguntó con un bostezo.

Las primeras semanas habían sido caóticas. Se habían alojado en casa de Ron y Hermione, por supuesto, preocupados por las noticias provenientes de Inglaterra. Él no había dejado a nadie allí, pero los otros tres estaban angustiados por su familia y amistades.

La familia de Ron había tenido que declarar sobre la desaparición de Harry y Draco, así como por la presencia de este en su casa. George había sido arrestado y había permanecido el tiempo máximo que la ley permitía en prisión preventiva. No habían conseguido el permiso para utilizar veritaserum: la popularidad de la tienda de George, la falta de pruebas, la ausencia de una acusación firme, y la negativa de este a admitir ningún cargo había dado por cerrado el caso.

Poco después se enteraron de que ellos dos habían sido juzgados ambos in absentia, encontrándolos culpables de todos los cargos. El Ministerio inglés había exigido a los gobiernos mágicos europeos que los entregasen, pero ninguno de ellos tenía convenio de extradición por delito de tenencia de varita o realización de magia. Ayudar a un vagabundo ex convicto no era delito por mucho que el Ministerio se empeñase. Además, allí Harry seguía siendo El-Chico-Que-Mató-A-Voldemort.

—Me llamó Pierre ayer para cambiarme el turno: su niñera ha enfermado y necesita la tarde libre para encargarse de sus hijos —contestó Harry.

Harry había encontrado trabajo como celador en un hospital muggle. Su experiencia como médico había pesado a la hora de ser seleccionado, pero sabía que le frustraba no practicar la medicina. Estaba tratando de aprender el idioma lo más rápido posible para poder hacer los exámenes de convalidación de sus estudios y poder ejercer.

Habían tardado varias semanas en encontrar un piso y mudarse. "Agradecemos mucho vuestra hospitalidad, pero necesitamos independencia e intimidad", les había dicho Harry cuando estos les habían insistido para que se quedasen.

Draco sí sabía el idioma, pero Harry le había pedido que descansase las unas semanas más en lo que se terminaba de recuperar del periplo que les había permitido llegar hasta allí. Ahora Hermione estaba peleando por conseguirle documentación muggle para que pudiese completar estudios básicos que le permitiesen obtener una titulación y abrirse al mercado de empleo no mágico, ya que la fama de su familia llegaba hasta allí y no sería bien recibido entre magos y brujas.

—Por cierto, me ha llamado Hermione. Esta noche cenamos con Ron y con ella —anunció Harry, volviéndose para mirarlo.

—Pensaba que trabajaba también.

—Dice que dado que tanto nosotros como ella trabajamos de tarde, podemos quedar al salir del curro. Mañana es sábado.

Desde hacía un par de semanas él contribuía a la economía conjunta ayudando a limpiar un mercado que había en su calle cuando cerraba al público, lo que le satisfacía mucho. Cobraba poco y no tenía contrato porque oficialmente no existía para el gobierno muggle francés, pero al menos sentía que podía colaborar en algo.

—Deduzco que cocinará Ron —Harry asintió—. Que Merlín nos asista.

Harry se rio entre dientes. Ondeando su varita, Draco rellenó el vaso de agua de su mesilla y bebió un trago y se incorporó hasta quedar sentado sobre el colchón, apenas cubierto por la sábana.

"Puedo hacer magia", pensó una vez más con agradecimiento. Llevaba semanas haciendo magia por cualquier cosa, disfrutando de la sensación.

Hermione había conseguido remover el hechizo Detector en aras de prevenir represalias del Ministerio inglés. La legislación francesa, ajustada a la internacional, reconocía el derecho fundamental de Draco a la posesión y uso de varita.

Sabía que además la chica estaba trabajando en llevar su caso al tribunal mágico de la Confederación internacional de Magos para revocar definitivamente su sentencia alegando vulneración de sus Derechos Humanos Mágicos, pero en ese momento eso no le preocupaba demasiado.

—Vuelve a la cama, anda —le pidió con un ronroneo.

Harry se dio media vuelta con una sonrisa pícara en el rostro. Se sentó al pie de la cama, mirándole con ternura. "Merlín, nos hemos vuelto unos blandos y unos cursis", pensó Draco al notar que él le estaba mirando exactamente igual. Harry cogió su pie izquierdo y, situándolo sobre su regazo, empezó a masajearlo suavemente.

Hacía eso de vez en cuando. Le había obligado a seguir repitiendo algunas sesiones extra del tratamiento al llegar a Niza intentando compensar las que se había perdido, a pesar de que Draco insistía en que, más allá del cansancio, se encontraba bien.

Unos días después de terminar el último tratamiento Harry había vuelto a la carga, esta vez sin medicina y con una clara carga sexual. Cuando le dedicaba una sesión de masaje erótico, Draco siempre se debatía entre dejarse hacer y disfrutar o intentar participar de manera más activa y devolverle a Harry parte de las sensaciones que le causaba, pero este no se lo permitía.

—Algún médico debería mirarte esa obsesión malsana que tienes por mis pies, Potter.

—Oh, no es con tus pies —adujo este levantándolo y besándolo levemente en la planta—. Es con todo tu cuerpo.

"Nadie me había mimado tanto nunca de una manera tan altruista", gimió cuando Harry besó suavemente la yema de sus dedos. Le encantaba sentirse tan consentido, aunque no lo admitiría ni bajo tortura.

—Más grave de lo que creíamos, entonces —suspiró Draco complacido mientras Harry subía, empezando a masajear la pierna.

Este se acomodó mejor en la cama, comenzando a friccionar lentamente su otro pie. El pene de Draco estaba como una piedra, como siempre que Harry le tocaba de aquella manera. Poco a poco fue masajeándole hacia arriba, evitando las ingles adrede. Cuando llegó a los hombros, le pidió que se diese la vuelta.

Comenzó el proceso contrario, masajeando su espalda y hombros y descendiendo hasta su culo. Allí, amasó durante un largo rato sus nalgas. Draco, impaciente, no podía evitar elevar las caderas hacia atrás demandando un contacto más directo y específico, pero a Harry parecía divertirle hacerle sufrir.

Cuando finalmente separó sus nalgas y le introdujo un dedo empapado en lubricante, Draco sintió un escalofrío de placer. Pronto, Harry le había introducido un segundo y él estaba hecho una papilla balbuceante.

—Potter, por Circe, hazlo ya. —Harry metió los dedos más profundamente con una risa traviesa provocándole un pequeño estallido de placer que le hizo sollozar.

—¿Cómo quieres hacerlo?

—Como sea me da igual, Potter. Me interesa el cuándo, que viene siendo ahora mismo —le refunfuñó impaciente.

—Hoy quiero verte la cara mientras lo hacemos—le dijo Harry—. Gírate.

Draco se giró con rapidez, impaciente y caliente. Intentó aprovechar el momento para tomar un papel más participativo, pero Harry negó con la cabeza empujándole de nuevo contra el colchón, deteniéndose a contemplar su desnudez.

—Eres precioso —admiró Harry mientras se mordía el labio inferior.

Se lo decía siempre. Y Draco sabía que era sincero. Gracias a las pociones y los jabones de Corner, ya estaba totalmente recuperado de su experiencia en Azkaban y vagabundeando, pero su cabeza le traicionaba con pensamientos negativos de vez en cuando. Por ello, Harry procuraba repetirle varias veces al día lo atractivo que le parecía para subirle la autoestima.

"Es noble hasta para eso", pensó con una risita.

—Dioses, necesito comerte entero —murmuró Harry con voz sensual.

Draco dejó de reírse porque el aire le faltó cuando sintió cómo Harry atacaba su cuello, lamiéndolo. Luego sus pezones, succionándolos y mordiéndolos. Sus huevos, que intentó meterse en la boca. Su polla, alrededor de la cual retozó con su lengua durante largo rato, torturando a Draco.

Gimió largamente cuando Harry por fin se introdujo el glande en la boca y succionó. Volvió a gemir cuando se la tragó completa, sintiendo cómo se deslizaba por el paladar. Harry se relajó para permitirle entrar hasta el fondo y notó cómo rozaba su garganta.

—Harry, por favor, si sigues me voy a correr —suplicó sollozante.

Este se sacó el pene de la boca, dándole jugosamente unos últimos lametones. Con la lengua, siguió la línea fina de pelo que salía de su pubis y cruzaba su ombligo hasta el hueco de su cuello. Cuando lo tuvo situado entre sus piernas, Draco le rodeó la cintura para que no volviese a escaparse hacia abajo.

—Eres un chico muy impaciente, ¿lo sabías? —murmuró Harry, repartiendo besos en sus cejas, párpados, nariz, comisura de los labios…

Draco estaba desesperado cuando Harry por fin le besó en la boca. Abrió los labios, recibiendo ansioso su lengua, lamiéndola con la suya. Cuando quiso profundizar el beso, Harry se lo permitió durante algunos segundos.

Luego se separó y dirigió una mano hacia abajo, alineando su polla contra su agujero. Despacio, presionó. Draco notó que al haberle dilatado solo con dos dedos y haber usado menos lubricante de lo que acostumbraban había algo más de fricción que de costumbre.

Le gustó. Se sentía íntimo y especialmente intenso. Harry empujó poco a poco. Las maratones de sexo de las últimas semanas y el lubricante, aunque escaso, fueron suficientes para permitirle la entrada poco a poco sin molestia.

Cuando Harry por fin llegó al final se quedó muy quieto. Draco volvió a suspirar de placer. Se sentía tan lleno y completo que no entendía dónde había estado esa sensación durante toda su vida.

—¿Me muevo? —preguntó Harry.

Por toda respuesta Draco movió la cadera, follándose el mismo contra la polla de Harry. Este soltó una carcajada divertida y comenzó a moverse también. Despacio al principio, sacándola prácticamente entera antes de volver a deslizarla dentro con suavidad.

—Más rápido —suplicó Draco.

Harry le ignoró, volviendo a cubrir su cara de besos. Siguió entrando y saliendo en estocadas largas y lentas mientras volvía a comerle la boca, hundiendo su cabeza en la almohada. Cuando volvió a separarse, Draco sentía que le faltaba el aliento y se sentía atontado. Volvió a recuperar el sentido de la realidad cuando sintió que Harry, «bendito sea Salazar», aceleró el ritmo.

No sabía cómo hacía Harry para encontrar su próstata en cuanto comenzaba a moverse más rápido, y cómo una vez la había hallado era capaz de golpear ahí con tanta precisión. Cuando era él el que iba arriba, no la encontraba tan fácilmente y le constaba que no era capaz de acertarla tantas veces. Harry decía que era cuestión de práctica, pero a él le gustaba tanto estar abajo que tampoco tenía muchas oportunidades de probar.

Jadeó más rápido cuando Harry volvió a aumentar el ritmo, percutiendo las estocadas casi militarmente. Sentía cómo el orgasmo empezaba a acuciarle desde la base del pene pugnando por salir. Consciente de que a Harry le encantaba, apretó el culo para estrechar todavía más la presión sobre su polla.

Este gimió y empezó a perder el ritmo, golpeando cada vez más rápido. Draco sabía que cuando hacía eso estaba al borde y eso lo catapultó a su propio orgasmo. Unos segundos después, su culo volvía a apretarse alrededor de la polla de Harry, esta vez involuntariamente, mientras notaba como su corrida empapaba su vientre y pecho, manchando el de Harry también.

Harry se corrió unos segundos después en una estocada particularmente fuerte que hizo que Draco clavase las uñas con placer en la espalda de Harry. Con cuidado, se apoyó en los brazos para levantarse, pero Draco se lo impidió, obligándole a quedarse en el sitio.

—No te muevas. Me gusta cuando estamos así.

Harry asintió y se quedó quieto, sosteniendo parte de su peso en los codos para no asfixiarle. Draco podía sentir cómo su polla iba reduciéndose dentro de su culo y este iba ajustándose a su tamaño. Con languidez, extendió los brazos y, enterrando las manos en su pelo, besó a Harry, que le correspondió mordisqueándole los labios.

—¿Qué quieres hacer hoy? —le preguntó Harry en voz baja.

—Por lo pronto, ducharme y desayunar. ¿Te parece?

—Sólo si me prometes que luego me devolverás el favor.

—Por Merlín, Potter. Pareces un íncubo —se azoró Draco.

—¿Entonces?

—Estaré encantado de devolverte el favor, Potter —le beso la nariz él en esta ocasión. Sintió cómo su pene volvía a dar un tironcito ante la perspectiva y sonrió.

Harry se levantó de encima de él y le dio un lametón en el pecho, recogiendo parte de su esencia antes de darle otro beso. Salió caminando hacia el cuarto de baño guiñándole un ojo. Draco se levantó y le siguió inmediatamente.