Pov. Temari
Caí nuevamente en un sueño pesado, lo suficientemente profundo como para explorar mi subconsciente.
El recuerdo de aquella noche estaba presente como si hubiese sido ayer...
FLASHBACK
—Vaya, sí que tenías que hablar cosas con el vecino—Él estaba en el sofá, comiendo un manzana, sentado cómodamente bajo la luz de uno de los veladores.
Mi cuerpo sintió la caída intempestiva de una mentira.
La electricidad y el temblor de mis piernas eran indescriptibles.
Su mirada de delincuente infame, mostró su verdadera faceta.
—Yo... yo puedo explicarte—respondí apresuradamente.
—Bueno, te escucho—se levantó y caminó lentamente hasta la llave para encender las luces.
—Em... tenía que decirle que cuando viniera a devolverte tu herramienta, no se tardara tantos días porque sos un poco detallista con tus pertenencias-aún no entiendo por qué eso fue lo primero que se me ocurrió decirle.
—Aja. Bien y eso qué tiene que ver con que habías jugado con fuego y él acabó enamorándose—ironizó utilizando ademanes de todo tipo.
Me cazó. Estoy en aprietos. Si no encuentro una forma delicada de huir de este asunto, la pasaré muy mal.
—Es un asunto suyo, Obito. Creo que oíste muy mal.
—Temari. Dejá de mentir. Oí perfectamente todo lo que ese tipo te dijo—se paró frente a mí, con el ceño fruncido.
Con la verdad atravesándome el corazón y el alma rogando un suplicio, continué:
—Está bien... no te mentiré más—Suspiré y me armé de valor para revelar mi secreto—. Sí, te engañé con él. No tuve reparos en haberme acostado con un desconocido, pero fue por un motivo sustancial.
—¿Motivo sustancial? A ver si entiendo—apartó las sobras de la fruta en un recipiente apoyado en la mesa, tomó su barbilla y guardó su otra mano en el bolsillo de su pantalón jogging—. La maldita infiel fuiste vos y querés darme un justificativo para eso. ¿Cuál sería?
—Este... —me dirigí hacia mi cartera y busqué la carta que había recibido—. Ahora que estamos sacando a flote nuestros pecados, quiero que me expliques por qué estabas vos en esta foto—se la entregué.
—¿Qué es esto?
—Lo mismo me pregunté al recibirla—me crucé de brazos.
—¿Quién te lo entregó? ¿O de dónde lo obtuviste?—su nerviosismo comenzó a elevarse tanto como la mía.
—RESPONDEME LA PREGUNTA, OBITO—él sujetaba con fuerza la fotografía, hasta que la destrozó.
—Esta historia es antigua y no tiene caso que hablemos de ella. Ya me separé de ella cuando te conocí—revoleó los fragmentos.
—Vos también estás recurriendo a la farsa. ¿Dónde está ella ahora?-Era momento de sacarle de mentira a verdad.
—Hace mucho que no sé de ella, ya lo he dicho.
—Tanto tiempo que, durante todos tus viajes, dormías con ella.
Abrió sus ojos y apretaba su mandíbula.
—¡Eso es mentira! Además, no sé por qué desviaste nuestro tema de conversación. Ese bastardo tocó a mi mujer y debe pagarlo... —Golpeó la pared.
—No he cambiado de tema. Simplemente te muestro el por qué. Tanto vos como yo hemos cometido una infidelidad. Estaríamos a mano—Guiñé.
Dio media vuelta, masticando todo su odio y bronca contra Shikamaru.
Luego de unos minutos, volvió a dirigirme la palabra.
—No te negaré que esa chica fue mi esposa, pero mi mujer, actualmente, sos vos. Eso no cambiará y, por supuesto, no vendrán a quitarme a mi princesa.
Inhalé. Miraba al suelo.
Estás mintiéndote a vos misma. No querés asumir que ya no lo amás y que la situación se te fue de las manos.
Él estaba en mi mente, regañándome por no asumir mis sentimientos.
—Necesito saber la verdad—fijó su mirada sobre la mía—. ¿Vos la mataste?
Luego de formularla, mi cuerpo temblaba. El temor era tan grande que no podía pensar claramente mis palabras.
—Eso no te incumbe, preciosa.
—Sí que me importa... —exhalé y continué—. Si no fuera porque supe que ella fue asesinada, no sospecharía de vos.
—¿Por qué pensás eso de mi?—Su cinismo se hacía notar con el correr de los minutos.
—Obito—Lo miré fijamente, estaba preparada para enfrentarlo—. Sé perfectamente que no sos de los hombres que trabajan de forma transparente. Eso no me importó y te acepté siendo consciente de ello.
Él me escuchaba atentamente mientras apoyaba sus manos en mi cintura.
—Creía que todo marchaba bien porque nadie saldría herido, es decir, no directamente. Pero cuando supe de ella y que... —un nudo en la garganta se formó, impidiendo que continuara con la misma serenidad que al principio-.estaba embarazada, eso me partió el corazón. Fue allí cuando decidí desquitarme la bronca que traía.
—Claro. Que buena idea fue engañarme con el vecino. La verdad que te felicito—apartó la mirada.
—Quisiera disculparme por mis acciones pero... —las lágrimas corrían velozmente por mis mejillas—. Creo que lo mejor es que me vaya de aquí.
Ante mis palabras, miraba hacia todos lados. Me abrazó fuerte y continuó:
—No quiero que me abandones...no te negaré la salida si decidís irte, sólo quedate esta noche conmigo.
—¿Qué?
—No quiero olvidarte. ¿Podrás al menos dormir a mi lado? Ya mañana será otro día—Su tono beligerante se transformó en uno suplicante.
Dudaba. No sabría qué sería mejor...
Mi idea era irme de allí. Debía olvidarme de todo. Mi tiempo al lado de Obito había culminado, no tenía sentido seguir junto a él luego de mi falta.
Una sola... sólo una noche más.
Está bien...—respondí apenada.
Él lloraba desconsoladamente. Me partió el alma verlo así. Sin que me lo aseverara directamente, él había asesinado a Rin y no podría convivir con esa verdad. Me convertiría en su cómplice.
Después de unos largos minutos fundidos en un sentido abrazo, él me miró fijamente. Secó sus lágrimas y dijo:
—Gracias preciosa.
—No me lo agradezcas... —sonrió.
Al soltarlo, fui hasta la heladera en busca de algo para beber.
Cuando por fin había encontrado una botella de gaseosa de pomelo, exclamé:
—Obito.. ¿Querés gaseo...?
Automáticamente, estaba detrás de mí.
—Te advertí que serás únicamente mi mujer. No permitiré que ese idiota te toque otra vez. Vos sos mía.
Me sujetó fuertemente del cuerpo y con una de sus manos, colocó un pañuelo en mi rostro. Un olor espantoso invadió mi sistema respiratorio, haciendo que mi cuerpo perdiera fuerza y mi consciencia se apagara lentamente...
Al despertar, lo que vi en ese entonces, fue una habitación vacía. Estaba atada de manos y pies. Aún no tenía el control total de mi cuerpo.
Lo que creí que eran delirios, se trataba de una cruda realidad.
—¿Qué se supone que deba hacer con ésta?—una chica alzaba su voz.
—No le digas así, Konan. Te la encargo. Ya sabés, no confío en nadie más que vos. El próximo encargo es el que te mencioné hace rato.
Sí, era él. Pero...
¿Por qué estoy en esta situación?
—Oh, veo que la bella durmiente acaba de despertar.
Automáticamente, Obito dio media vuelta y se agachó al lado de la cama donde me encontraba.
—Perdoname por hacerte esto. Es por tu bien..-musitó.
Quería hablar. Decirle tantas cosas...
Mi cuerpo no era capaz de permitirme soltar palabra alguna. ¿Qué me hiciste?
Él se levantó, besó mi frente y le ordenó a la joven que se ocupara de mí.
Al retirarse, la chica se para a mi lado y, en un tono soberbio, comentó:
—No puedo creer que él haya perdido la cabeza por tan poca cosa. Pudo haber tenido todo conmigo, sin embargo, te prefirió. Agradezco al destino porque Obito me confió tu vida—rió de forma malévola.
Así como destiló su odio contra mí, buscó en uno de los cajones un frasquito y una jeringa.
—Me contó acerca de tu infidelidad y también me mostró al muchacho—cargó con un líquido amarillo hasta el tope y descartó el recipiente—. La verdad que está muy guapo y sentí unas ganas tremendas de revolcármelo.
Ajustó la aguja y, mientras lo miraba, continuó:
—Obito es muy bueno en la cama, ¿Sabías?—me miró—. Bah, sí lo sabés. Ahora que entraste en el mundo de la infidelidad, tenés noción de lo placentero que es tener sexo con alguien prohibido—pasaba sus manos por sus senos y mordía sus labios.
Esa mujer realmente estaba chiflada.
—Por eso me propuse probarlo. Quisiera descubrir el motivo por el cual elegiste al moreno para satisfacer tus bajos instintos—clavó la aguja en mi brazo izquierdo—. Tranquila chiquita, podré una camarita para que veas lo rico que fue sentirlo dentro mío—susurró.
La rabia que me carcomía era descomunal. Quería arrancarle esos malditos piercings que traía adornando su boca.
Mi cuerpo no resistía y terminé desconectándome de la realidad.
FIN DEL FLASHBACK
Durante muchos días me mantuvo así. Drogándome para que no intentara huir.
Luego de esa vez, Obito no volvió a verme.
Sólo convivía con esa perra, que no dejaba de provocarme, sabiendo que no podría romperle la cara.
Pov. Shikamaru
Mis colegas intentaban sostenerme para que no desvaneciera.
Exageraban mi herida. Sólo sangraba un poco pero no lo suficiente para morir.
Una vez que me encontraba en el móvil de enfermería, Guy se presentó ante mí.
—Quiero una explicación de por qué estás aquí y por qué moviste a mis hombres a tu antojo, sin mi permiso.
—Antes que nada, Guy, estoy bien. Para lo demás, sólo tuve una pista firme de dónde se presentaría Obito. El resto es noticia vieja.
El enfermero comenzó su labor limpiando la sangre seca de los alrededores, para luego colocarme una gasa para evitar más pérdida.
—Shikamaru, estabas suspendido. No tenías derecho a pasar por encima de mí.
—No me importa... todas fueron mentiras y no perdería la única oportunidad de cumplir con mi trabajo. Me comprometí a atraparlo y lo intenté.
—Nara, las acusaciones en tu contra son muy graves, deberías demostrar lo contrario si no es así.
—Me basta saber que mis colegas me apoyan.
—Las pruebas son contundentes...
Si no fuera por esa maldita acusación, todo hubiera sido diferente...
Finalmente, Tayuya se había salido con la suya.
Pero mi preocupación principal es Temari...
