Brad

Poco después, Brad se acercó a ellos y les dijo:

-Bueno, gente, ¿habéis tenido suficiente? Ya son más de las cuatro, pronto comenzará a haber mucha más gente por la calle, va siendo hora de que nos pongamos en marcha. ¿Qué os parece?

-Estupendo, Brad, queríamos charlar contigo de un par de cosas – le dijo Prince.

-Sí, yo también quería decirte algo, pero di tú primero.

-¿Has hecho lista de la compra?

-Por supuesto, y presupuesto, aquí lo tienes – lo sacó del bolsillo y se lo tendió.

-Bueno, bueno, no voy a controlarte hasta ese punto, Brad – sin cogerlo - Yo no tengo idea de cuánto vamos a beber ni de cuánto cuestan las cosas. Sólo lo preguntaba porque queríamos hacerte un par de sugerencias.

-Dime entonces.

-La primera, no comprar vino, es muy caro.

-Tienes razón, ya lo había pensado. De comprarlo, tendría que ser de mala calidad.

-Vaya… entonces mejor que no.

-No, mejor que no. El vino malo da muy mala resaca.

-La segunda, comprar cerveza negra para quienes les guste más y para los de tercer año si no llegan las cervezas de mantequilla.

-Muy buena idea. Entonces hacemos algo muy fácil. El presupuesto que había para vino, para cerveza negra.

-Una última cosa.

-Dime.

-Yo sí que quiero comprar vino, pero para mí, para otra fiesta que vamos a montar entre menos gente. Cuatro botellas, dos de blanco y dos de tinto. ¿Con esto llegará? – sacando del bolsillo el fajo de billetes que le había dado Sirius por la mañana y pasándoselo.

Brad contó el dinero.

-Sí, supongo que sí. Si falta algo ya lo ponemos del presupuesto, compramos algo menos de cerveza, y si sobra te lo devuelvo. ¿Quieres algún vino en especial?

-No sé. Alguno que sea bueno.

-Ya sabes que cuanto más bueno, más caro.

-Claro. Entonces, en ese caso, para lo que llegue.

-No, Prince, toma lo mío también, lo que iba a gastar en cerveza – dijo Lorenz, sacando las libras que tenía él.

-No es necesario, Lorenz, de verdad.

-Por favor, déjame hacerlo, es lo único que se me ocurre que puede compensar un poco todo lo que he hecho mal en este preciso momento.

-Está bien. Brad, coge el dinero de Lorenz.

Brad lo cogió y también lo contó.

-Brad – dijo Genevre – El mejor vino tinto es el Rioja español, y es más barato que los franceses. Y blanco, alguno francés o italiano, mejor italiano, el más caro que tengan será el mejor y también más barato que los franceses.

"Vaya… España de nuevo… No voy a esperar a que acabe la guerra para ir. El verano que viene, cuando ya pueda Aparecerme."

-Está bien, seguiré tu recomendación, compraré el mejor – dijo Brad - Por Prince, Prince lo merece.

-Bueno, bueno, no quites dinero del presupuesto por comprar eso para mí, ¿eh? – dijo Prince.

-Prince, fuiste tú quien más dinero mágico puso.

-Pero ya te expliqué que no era mío.

-Y ahora has puesto bastante muggle también.

-Tampoco es mío.

-No importa, si lo tienes en tus manos, por algo será, porque la gente te lo ha confiado, y acabas de decir que el vino no es para ti, sino para otra fiesta con amigos. ¿Cuántos amigos?

-Tres de las botellas para unas quince personas.

-Compraré cuatro o cinco botellas, más la extra cinco o seis, tres botellas para quince personas es muy poco. Seis botellas, tres de cada. Si no llega, cambiando el vino que pensábamos comprar por cerveza, llegará para todos, la cerveza es barata.

-Está bien, Brad, lo dejo en tus manos.

-Muy bien, ahora lo que quería decirte yo.

-Dime.

-Hemos estado pensando en la vuelta al callejón y al colegio. Vas a volver el primero con una de las personas que ya se han Aparecido de vuelta varias veces, Scarlett, Sly de séptimo año. La conoces, ¿no?

-Desde luego.

-Lo siento por ti, Prince, apenas vas a disfrutar de Londres hoy, pero cualquiera de nosotros puede arriesgarse a que lo cace la policía muggle, tú no. Podría darles por retenerte varios días y no puedes faltar de Hogwarts, no ahora, todo el mundo se preocuparía mucho.

"Cómo cuidan de mí."

-Gracias, Brad.

-Los demás nos organizaremos por parejas de alguien que tenga experiencia en Aparecerse y alguien que no tanta o que no lo haya hecho nunca fuera del colegio.

-Como yo – dijo Genevre.

-Vienes conmigo – dijo Valerie.

-Genial.

-Yo tampoco me he Aparecido nunca fuera de las clases, soy menor de edad todavía – dijo Lorenz.

-Entonces ya te busco con quien puedas ir, Lorenz, no te preocupes. Cualquiera de séptimo año de tu casa, si quieres – dijo Brad.

-Estupendo.

Hicieron la operación, volvieron a salir del pub en pequeños grupos que se seguían a unos diez pasos. Prince fue en el segundo, con Valerie, Genevre y Scarlett, detrás del de Brad, que iba con los mayores que iban a entrar al comercio.

Fueron hasta allí, quedaba en la misma calle en la que estaban, pero al otro lado de la misma y cruzando también aquélla a la que habían salido desde el callejón. Los cuatro se quedaron esperando a unos pasos de la puerta mientras el resto de grupos daba vueltas a la manzana. Cuando Scarlett y Prince vieron salir a Brad y a otro chico de séptimo se adelantaron hacia ellos e hicieron rápidamente el trasvase de la bebida de las bolsas que portaban los mismos a las cuatro mochilas que llevaban ellos.

A la vuelta al callejón, rápidamente, tuvieron que cruzar dos calles, pero era imposible perderse, tampoco vieron a los bobits. Cargaban cuatro mochilas, Prince en una de ellas las botellas de vino, cuatro de Rioja español y tres de blanco italiano de la Toscana y en el resto, cerveza hasta los topes, en latas, menos pesadas y voluminosas y más baratas, pero ambos sólo cerveza, no licores fuertes, por si los cogían los bobits. "Me dan la máxima protección, cuánto los amo a todos. No he debido venir, he sido un nuevo quebradero de cabeza para ellos."

En cuanto llegaron al callejón esperaron a que no pasara nadie por la boca del mismo y ambos se Aparecieron, Scarlett y él, fuera de la verja del colegio.

-Pues ya estamos aquí – dijo ella, animosa y pizpireta – Operación proteger a Prince a toda costa realizada.

Se arrimaron al muro, para que los siguientes en Aparecerse no cayeran sobre ellos, y se descargaron de las mochilas. "Ya te digo que le han estado dando vueltas en el pub, ella estaba sentaba a la mesa de Brad."

-Muchas gracias, Scarlett.

-Podrías agradecérmelo de otra manera, si te apetece, claro.

"Buf… ya verás… Brad le ha hecho de alcahuete… No importa, a por todas, lo merece."

-Venga, ¿qué quieres? – animoso también.

-Que me des un buen morreo de esos legendarios de los tuyos.

"Qué mona."

-Con qué poco te conformas.

-No hay tiempo de mucho más, pronto llegará la siguiente pareja.

-Sí, sí que lo hay, si dejamos aquí las mochilas y nos escondemos en la vegetación.

-Vaya, Prince… Pero va a ser un cantazo, todo el mundo se va a enterar.

-Ya, tienes razón, entonces vamos con ese morreo.

La arrinconó contra la pared y se lo dieron. "No hay ninguna prisa, las siguientes en venir son Valerie y Genevre, no importa que ellas nos vean." Pasaron así un par de minutos. "Buaaah… ha merecido la pena, no es nada guapa, pero besa genial. Voy a magrearle los pechos, me he quedado con las ganas de hacérselo a Genevre."

Lo hizo. "Mmm… del tamaño perfecto, me queda pendiente hacérmelo con ella alguna vez." Ella se separó a los pocos minutos apartando la cara, estaba ruborizada. "La he puesto a cien, y ella a mí."

-Buah, Prince… cómo me has puesto… esta noche pienso cazar entre los Rave. Se ha corrido el rumor en el almuerzo y por la tarde en el pub que andan muy calientes.

-Claro que sí, Scarlett, a por todas.

-¿Yo te he puesto caliente?

-Ya te digo que me has puesto, compruébalo si quieres.

Lo tocó. "Las Sly no se cortan un pelo."

-Vaya… qué orgullosa me siento.

"Qué mona, es maravillosa."

-Besas genial.

-Ya sabes, las feas tenemos que trabajárnoslo más.

-No eres fea en absoluto. Eres bella por dentro, eso es lo importante, y tienes unos ojos preciosos y una mirada muy limpia, muy sincera y auténtica.

-Eres adorable, Prince. Nunca olvidaré estos instantes.

-Ni yo.

Llegaron Valerie y Genevre.

-A salvo, chicos – dijo Valerie, animosa.

Se volvió hacia ellas, que también se acercaban al muro.

-Vaya tela, nunca llegué a pensar que lo de ir a Londres fuera tan complicado – dijo Prince.

-Ya sabes – dijo Genevre – Estado policial, estrecho control de las autoridades sobre la población.

-Y cuando salgamos de marcha en verano, ¿también va a ser así?

-En absoluto – dijo Valerie – Porque nos moveremos por otros barrios y por zonas en las que muchos jóvenes salen a divertirse de noche, pobladas de tabernas. Con no liarla en exceso en la calle, llega.

-Vaya… qué alivio. De lo contrario no me gustaba nada, constante tensión.

-Lástima que vamos a bebernos la cerveza caliente – dijo Genevre.

-Nada de eso. La enfriamos con un hechizo que conozco.

-Wow… estupendo, bien fría es como más rica está. ¿Se puede regular la temperatura?

-Sí.

-A cuarenta grados.

-Estupendo.

-Por cierto, no creo adecuado que los águilas os llevéis la bebida a casa, vais a comenzar a beber antes de cenar – dijo Valerie.

-Tienes toda la razón – dijo Genevre – Yo pienso lo mismo. Guardadla los serpientes entonces, estáis resultando más disciplinados que nosotros.

-Influencia de Prince – dijo Scarlett.

-Se me ocurre que también podríamos convocar hielo para las bebidas fuertes – dijo Valerie.

-Claro que sí – dijo Prince - ¿Cómo es el hielo que se toma con las bebidas fuertes?

-En cubitos, para que se derrita despacio, ya lo hago yo y lo ves, y lo conservamos sin derretirse también con ese hechizo que dices, a diez grados, por ejemplo.

-Claro.

-También necesitaremos cubiteras y pinzas – dijo Scarlett.

-¿Qué es eso? – dijo Prince.

-Los recipientes donde se guarda el hielo y el instrumento para servirlo.

-Ya los convoco yo también – dijo Valerie - Los conozco.

-Yo también puedo, ¿eh? – dijo Scarlett.

-Muy bien, entonces al llegar a casa nos organizamos entre los tres y lo hacemos todo – dijo Valerie.

-Pedimos ayuda también a los demás, para organizar todo lo que hay que enfriar sobre la mesa – dijo Scarlett.

-Los águilas deberemos entrar en la Sala de las mazmorras para transportar las mochilas – dijo Genevre.

-Por descontado – dijo Valerie.

-Qué bien, volver a ver la cristalera – ilusionada.

-Te gustó, ¿eh, Genevre? – dijo Prince.

-Ya te digo, deseé haber sido serpiente.

-Eres medio serpiente.

-Gracias, eso es todo un halago viniendo de ti.

-Jo… qué rabia me da que sólo nos va a faltar la música.

-Eso no es problema alguno. Bailaremos igualmente, sin música.

"¡Toma indirecta!"

-Ya te digo que vamos a bailar.

Fueron llegando el resto de parejas y organizando la entrada al castillo y el resto de la preparación de la fiesta a medida que llegaban y otros iban aportando nuevas ideas.

Brad y otro chico fueron los últimos en llegar, fue un auténtico milagro que los bobits no hubieran detenido a ninguno, pues varias parejas se los habían cruzado.

Cuando estuvieron todos ayudaron a subir al muro a quienes iban a saltarlo, y después los que quedaban hicieron una cadena humana encaramados a la puerta para pasarse las mochilas, pues habrían tenido que vaciarlas para pasar la bebida entre los barrotes.

Por último, ayudaron a bajar a los que habían saltado el muro y se dirigieron todos al castillo, a buen paso porque ya era bastante tarde, pasaban de las cinco y media. Genevre charlaba con Valerie, vinculadas, Lorenz estaba distraído con los de su casa, así que Prince se dedicó a hablar con Brad y a contarle todas las ideas que habían tenido para terminar de organizar la fiesta. Él le dijo, ya llegando al castillo:

-Muy bien, Prince, solamente enséñame ese hechizo y ya me encargo yo de todo, tú sólo vacía tus mochilas sobre la mesa y ve a tu dormitorio a guardar tus botellas de vino y a relajarte un rato o a hacer lo que te venga en gana. Ayer acabaste los TIMOS y no has tenido respiro.

-Cierto, muchas gracias, Brad.

Comunicó a Brad el conjuro del hechizo calefactor y le explicó cómo funcionaba, siguieron charlando hasta llegar a casa.

-¡Vaya hechizo más útil! – exclamó Brad.

-Ya te digo, y no nos lo enseñan en el colegio. Me quedo contigo hasta que compruebes que te sale.

-No, Prince, me va a salir seguro. Creo que todavía no sabes qué EXTASIS curso yo.

-Pues no, Brad. Siento no habértelo preguntado nunca.

-Encantamientos.

-Vaya…

-Era el mejor de mi año en la asignatura, desde primero.

-Esta noche te presentaré a la mejor bruja del colegio en Encantamientos, fue ella quien descubrió el hechizo.

-Ya sé quién es.

-Ah, ¿sí?

-Desde luego, Lily Evans. Es famosa también por eso, no sólo por haber sido tu amiga, Flitwick siempre habla de ella en clase.

-Vaya… a nosotros no…

-Porque sois de su mismo año, para que no haya envidias ni competencias.

-Vaya…

-Su famosa varita de sauce. Ahora el hombre está desilusionado porque ella no ha escogido ese EXTASIS.

-Jo…

-Sigues estando con ella, ¿verdad? – bajó el tono de voz para que no los escucharan – No me respondas si no quieres.

-Sí, Brad.

-En casa ya lo sabemos todos, ¿eh? Y no ha sido porque alguien se haya ido de la lengua. Y los Rave ya deben saberlo también, no somos bobos.

-¿Y cómo lo supisteis, Brad?

-Cuando planeamos la revancha de los Gryff y defendiste a su amigo. Tu mejor amigo, dijiste, y ella no se separaba de él y de su otra compañera.

-Remus y Cecile.

-Eso, cuando te fuiste a dormir nos quedamos hablando del tema.

-Vaya…

-Y desde entonces hemos estado viéndolos entrenar, el nivel tan avanzado que tienen los tres, y era evidente que tú andabas por medio.

-Claro...

-Así que si va a venir esta noche aprovecha para estar con ella, no vas a verla en todo el verano.

"Ya te digo que nadie se ha ido de la lengua, de lo contrario sabría que somos vecinos."

-Sí que voy a verla en verano, Brad, somos vecinos, ya nos conocimos antes de venir a Hogwarts.

-Vaya… ahora lo entiendo todo…

-Claro.

-Vaya cinco años de calvario habéis pasado.

-También hemos sido muy felices a nuestra manera.

-Qué valientes sois, los dos. Debiste haber caído en Gryff, como ella.

-No, Brad, por entonces no lo era. Me he hecho valiente a base de palos.

-Como todos.

-Pues sí, como todos.

-¿Van a venir más Gryff aparte de Black y Lily?

-Sí, los tres comandantes, Remus, Cecile y quizá también Potter.

-No… Potter no… - recriminatorio - No me fastidies…

-Lo siento, Brad, ahora también lo considero mi amigo, y cuando lo conozcas verás que ya no es tan estúpido.

-Lo conozco, Prince, recuerda, el Quidditch – un tanto duro - He compartido vestuario con él durante cuatro años. Es insoportable, incluso cuando perdía seguía siendo engreído igualmente, aprovechaba toda ocasión de burlarse de los demás, y más después de haber ganado los campeonatos de los últimos dos años. No sabes la bronca que tuvo con Hipólita en el partido de este año, ella le puso bien pero bien las pilas.

"Con razón no se ha apuntado a venir a ver el partido desde la grada Sly."

-Vaya… la he fastidiado, entonces…

-Pues sí.

-Buf… Se lo explicaré a Hipólita, y si viene esta noche haré que se disculpe.

-Tú sólo te buscas los problemas, Prince, por no consultarnos. Lo tenías muy fácil, te llegaba con preguntarle a Valerie.

-Cierto. Pero esta tarde he hablado de ello ante ella y no me ha dicho nada.

-Ah, ¿no?

-No, no pasa nada. Estoy seguro de que Hipólita lo entiende y Potter se comporta como debe hacerlo, este mediodía me ha abrazado mientras todavía la llevaba en hombros y ella tampoco me ha comentado nada en el almuerzo.

-Quizá ni siquiera se ha dado cuenta – ya tranquilo.

-Quizá no.

Entraban en casa, se dirigieron a la mesa de la cristalera a descargar las mochilas. "Hipólita no está en la Sala."

-Bueno, no le des muchas vueltas. Entre más de cien personas no tienen ni por qué verse.

-Cierto.

-Y si Black se ha reformado no veo por qué Potter no puede haberlo hecho también.

-Claro, lo que te digo, Brad. Lo que ha pasado en el colegio les ha hecho cambiar.

-Ahora sólo te falta calmar los ánimos de Hipólita por si se lo encuentra frente a frente esta noche.

-Cierto.

-A todo esto, yo te preguntaba cuántos Gryff venían porque deberías haberme avisado también de eso, no son uno o dos, son siete u ocho personas más, seguramente también con muchas ganas de fiesta – un tanto duro de nuevo - Ha sobrado dinero, las cervezas y tu vino de Rioja estaban de oferta, por eso hemos comprado cuatro botellas en lugar de tres. Habríamos comprado más cervezas y al menos otra botella de licor.

-Vaya… lo siento.

-Prince, contar con los demás.

"Y todo por estar pendiente de Genevre y Lorenz esta tarde. Soy un imbécil, de nuevo me he dejado distraer por lo de siempre. Me da que el baile de la noche se va a ir a tomar viento fresco."

-Lo siento mucho, Brad, tengo demasiadas cosas en la cabeza – derrotado.

-Vale, no te preocupes, lo entiendo – ya calmado - Me he puesto un poco duro.

- Si quieres llevamos un par de botellas de vino, para compensar.

-No, Prince, dos botellas de vino para más de cien personas, no. O para todos o para ninguno.

-Claro.

-No importa, cuando se acabe el alcohol, a la cama y ya está. Toma lo que ha sobrado – sacando la cartera.

-No, encima de cómo la he fastidiado no me devuelvas el dinero, Brad.

-Sí que te lo devuelvo – Brad se puso todavía más duro que antes - Yo no lo quiero para nada, no me voy a poner a repartir peniques a cada uno que puso dinero, no los recuerdo. Tú has sido quien más ha puesto, devuélveselo tú a quien te lo dio a ti si quieres, y si no, te lo quedas, va a estar muy bien empleado – le tendía billetes y unas monedas.

"Vale, lo cojo, que lo cambien en Gringotts el jueves para pagarle al padre de Hipólita lo que le regateé de los libros, si llega."

-Está bien, Brad.

Lo cogió y lo guardó en el bolsillo.

-Anda, ve a relajarte un rato – suave - Nos vemos aquí después de cenar para acarrearlo todo hasta la casa Rave. Ya me encargo yo de correr la voz en la mesa durante la cena para que nos ayude toda la casa y ninguno vayamos demasiado cargado. Ya no harán falta las mochilas, he guardado todas las bolsas que me han dado.

-Genial, Brad, muy bien pensado.

-Perdona por haberme puesto así – apenado.

-No hay nada que perdonar, Brad, es normal, has estado trabajándotelo mucho.

-Ya, pero no debería haberte hablado así, tú te lo trabajas mucho más por todos los demás. Dame un abrazo, anda, te he dejado para el arrastre.

Se abrazaron. "Wow… Brad también abraza muy bien… me relaja, voy a esperar que sea él quien se separe." Respiró profundamente, intentando no pensar en nada, sólo sentir. Tras un par de minutos, Brad le dijo:

-¿Estás mejor?

-Sí, mucho mejor.

-Me quedaría abrazándote toda la tarde, pero me queda mucho por hacer, Prince, lo siento.

-Está bien.

Se separaron.

-Nos vemos tras la cena.

-Nos vemos.