¿su deseo se hiso realidad?
Kyōko no estaba del todo segura y menos encontrándose en un lugar como ese. Parecía que el limite de los sueños se alza delante de sus ojos, pero ya no hay mas una pared blanca, en realidad, se encuentra frente a miles y miles de arboles gigantes que se mecen ayudados por el viento. Kyōko se siente miserablemente pequeña, pero ya que, ella no estaba ahí para descubrir a quien pertenece esos arboles o si ellos significaban algo en especifico, tal vez la grandeza o lo aireado que se siente su cabeza ¿Quién sabe?
La rubia camina sin un rumbo fijo, solo el viento en su piel parece guiarla en un laberinto verde, ahí sus ojos azules pueden distinguir la luz que seguramente la conducen a su descanso eterno, posiblemente nada de eso fuera cierto y simplemente ya dejó de existir y aquello que vive no es mas que la fantasía de alguien mas. Pero igual o peor Kyōko va hacia esa luz brillante que la enamora con su color único y su destellante resplandor.
"¿algo pasa en este lugar?" ve a una chica rubia cerca a un claro, es Kyōko la dueña de ese mundo. El sonido del agua correr no parece desconcentrarle, como si anduviera meditando alguna especie de trance "ya sabia yo que esto debía suceder"
"es cierto que me dejas" le habló la chica sentada a la orilla del rio. Ella jamás volteo hacia Kyōko pero sentía la presencia de ella, después de todo, esas dos eran iguales "a mi, súper sexy y deliciosa Kyōko"
Kyōko se ríe de su comentario, oírla decir esas palabras le suena ridículo "¿así es como sueno cuando digo tonterías?" Dijo mas para sí misma mientras se colocaba a su costado y le acompaña tomando asiento en la hierba "solo me parece gracioso como hablamos a veces"
"jajaja" ríe la rubia "te extrañaré, tu y tus recuerdos de gloria y fama" dijo sin siquiera creerse que le dijera esas palabras a aquella que arruinó su vida "pero mas extrañaré, esos fuertes sentimientos que tienes hacia Ayano… casi estoy segura que son mas fuertes que los míos ¿eso es algún tipo de castigo, el que sufras por amor?"
"lo siento de verdad" dijo Kyōko mirando el agua correr sintiendo como si el agua arrastrara sus pensamientos "ojalá nunca hubiera encontrado ese maldito libro, pero… la amo tanto que solo quería que me viera a mí" tomó una pequeña piedra de su costado y la lanzó con fuerza hacia el agua "fui una estúpida al dejarme engatusar por el poder del libro"
La rubia voltea y la mira fijamente, Kyōko siente esos ojos azules mirarle con algo de culpa. Allá sabido o no, el desolador encuentro con ese libro le caía mal a día de hoy, al menos ahora lo recuerda. Solo quedará el consuelo que ahora ya no llegará a sus manos, tal vez, alguien responsable se haga cargo de la maldición.
"¿alguien te salvará?" preguntó la rubia apartando la mirada de su otra versión de un universo diferente "¿tienes un plan verdad, o esto es todo?"
Kyōko no sabe como responder, para ella seria fácil decirle la verdad pero no lo era para Ayano. Algo alentador posiblemente resulta que aquella que una vez existió, nunca nadie le recordará. Pensándolo bien eso le asusta, pero su deseo ya fue pedido y es posible que ella ya no este mas en ese mundo, y solo sea producto de la imaginación de alguien mas.
"no lo sé" dijo Kyōko en un deje de tristeza, agachó la cabeza e intentó concentrarse en sus manos que juegan a sobarse entre ellas "pero eso no debe preocuparte" aun si tratara de despejar su mente la idea de morir le sigue atormentando "solo cuida muy bien de Ayano"
"lo haré" dijo segura la rubia. Suspiró tan fuerte que Kyōko le miró alzando una ceja "¿quieres caminar?"
"¿tu me ofreces caminar?" Kyōko dijo sintiendo como sus labios formaban una sonrisa, una sincera "odiamos caminar"
"jeje" se rio la rubia dueña de ese mundo. Sacudió los pies y de un salto se paró erguida para ver a Kyōko desde arriba, y con una sonrisa igual le ofreció la mano para ayudarle "se que lo odiamos pero ya estoy aburrida de estar en el mismo lugar"
Kyōko aceptó la mano, en un jalón y ella estaba para frente a la rubia "por cierto ¿Dónde estamos?"
"creí que tú lo sabias" Kyōko negó moviendo la cabeza mientras seguía a la rubia por ahí "bueno… seguramente este sea mi subconsciente, la verdad no sé, nunca había entrado aquí"
"y que lo digas, tampoco sé si hay algo igual dentro de mi cabeza" dijo Kyōko rascándose la cabeza. Miró como los arboles cada vez se hacían mas pequeños, cosa rara, según ella
"¿no lo usas mucho en tu mundo?"
"ya me conoces, yo no pienso demasiado las cosas" no era mentira y sabría bien que su otra yo estaba en las mismas
"ciertamente te entiendo" afirmó dándole una razón
La rubia podría estar teniendo razón en algo, el ambiente que les rodea debía ser similar sino que parecido a algún sitio donde van aquellos que buscan la paz interior. Para Kyōko que un lugar así exista dentro de su mente era simplemente ridículo, ¿Quién tiene tiempo para eso? Se desperdiciaría tiempo precioso que podría estarlo usando en otras actividades, como dibujar comer o jugar videojuegos.
No se sabe cuanto tiempo llevaron caminando en silencio, en realidad en ese mundo aparte el tiempo parece haberse detenido por completo, pero lo que no se detenía era el camino que recorría llevándolas hasta un inmensa llanura que la cubre un manto de flores silvestres.
"recuerdo este lugar" dijo Kyōko, en sus recuerdo florecía una escena similar donde una joven estaba justo en medio recolectando flores "Ayano"
"tienes razón" dijo la rubia percibiendo la familiaridad de la que Kyōko hablaba "aquel día mis sentimientos fueron muy fuertes"
Caminaron descalzas entre espinas sin sentir el dolor de estas, pero el aroma de las rosas estaba presente llenando sus sentidos de muchos cosquilleos. Como mariposas que revolotean libres sin vergüenza, así o mas sus sentimientos deseaban expresar a esa muchacha que estaba frente a sus ojos.
"Ayano" susurro Kyōko y corrió hasta ella para luego abrazarla con fuerza "te amo"
"Kyōko" dijo Ayano, pero sus ojos no la veían a ella, ella sabe que no le pertenece "es hora de irse" Kyōko sabe que ella es solo producto del la imaginación, pero maldita sea, no importa que no sea real, sentirla aunque sea en espíritu la llenaba de felicidad
Kyōko se separó del abrazo y lagrimas brotaban ya como cascadas de sus hermosos ojos azules sin que ella las notara. Dio media vuelta y miró hacia la dueña de esa vida, la dueña de esos sueño. La rubia también lloró pero su sonrisa no desapareció.
"regálame tus sentimientos" dijo la rubia Kyōko
"son tuyos" dijo Kyōko
Ayano jalo a Kyōko y un beso sincero recibió, un beso mágico que la hizo perder el conocimiento, un beso agradable que la llevó a volar libre al viento. Ayano se alejó de sus labios y una rosa dejó en sus manos, Kyōko la miró mientras se perdía en la distancia. Las lagrimas cesaron y como ultimo adiós susurró un TE AMO antes de desaparecer para siempre.
