Orgullo y tradición – El comienzo. CAP 23
Estaba por culminar el año de entrenamiento en la habitación del tiempo. Esas últimas semanas, las dedicaron a presionarse al límite, entrenando entre ellos en contadas ocasiones, en las que Trunks se negó a utilizar, la que consideraba su arma secreta.
Le gustaba analizar los movimientos del mayor, aprender de él, de su vasta experiencia en combates. No solo eso, también analizaba su comportamiento, llegando a encontrar uno que otro rasgo en su personalidad, que le recordaba a su madre. Quedándole cada vez más claro, las razones por las que ella se fijó en el altanero príncipe.
Terminó de vestir su pantalón, el cual ya mostraba notables signos de desgaste, al igual que el otro par que cargaba en sus capsulas, de hecho, uno ya no servía y el otro apenas le tapaba hasta poco arriba de las rodillas. En cambio, el único traje de su padre, aun se mantenía en una sola pieza, con uno que otro agujero, pero podría continuar sirviendo por algunos meses. Lo que le trajo a la memoria, aquella vez que su madre le contó, que el traje y armadura del guerrero de sangre pura, solían ser de un material muy resistente, el cual estaba tratando de replicar. Pero con la inminente derrota del príncipe, sus experimentos en dicho traje cesaron, y ya no volvió a retomar la investigación.
"¿Será incómodo? Se ve muy ceñido y no lo veo quejarse… al menos de eso"
Sonrió con nostalgia, al recordar la imagen del caballero enfundado en armadura de metal. La fuente de inspiración para tener sus primeras impresiones de cómo sería su padre cuando llegó a la tierra.
Suspiró con fastidio, de nuevo tendría que cocinar algún platillo desabrido con lo que había en la alacena. Ya tenía semanas de haberse terminado la carne de dinosaurio y pescado que encapsuló congelada, antes de comenzar su viaje. Al igual que las bebidas y suministros para curar heridas. Agradeció la intuición de su madre, quien le insistió cargar comida suficiente, en caso de que la situación se complicara y tuvieran que refugiarse. Al igual que sucedió en varias partes del mundo, en donde los habitantes huyeron a esconderse en cuevas y drenajes, llevando consigo lo poco que podían cargar. Tiempo después, el hambre los obligó a salir de sus refugios, desesperados por buscar comida y medicinas, dejando la cautela de un lado, siendo emboscados finalmente por los androides.
En otros casos, quienes tuvieron la precaución de encapsular víveres, fueron obligados a compartir entre decenas de personas hambrientas. Aquellos que se resistieron a compartir, no vivieron para ver a los demás apoderarse de sus pertenencias. El hambre y la desesperación, fueron igual de letales que los androides.
Bulma temía que sufrieran hambre y actuaran de manera imprudente, principalmente, conociendo el gran apetito de su amigo Goku. Pero en la habitación del tiempo, solo se encontraban Trunks y Vegeta, por lo que los alimentos que debieran durar un par de meses, repartidos entre todos, rindieron casi un año entre los dos saiyajines, ya que no comieron hasta la saciedad, solo lo necesario, para no sufrir de pesadez durante el entrenamiento.
Se dirigió hacia la alacena con fastidio, a veces le daba pereza preparar los alimentos, a pesar de estar acostumbrado a realizar las tareas domésticas, también estaba acostumbrado a que su madre lo agasajara con algún platillo, que aunque no le quedaban tan deliciosos como los que preparaba la madre de su maestro Gohan, su progreso en las artes culinarias era muy superior a como lo recordaba en la niñez. A veces se preguntaba, si había algo en lo que su madre no lograra un excelente desempeño. Probablemente no. Era su mayor inspiración para superarse a sí mismo, para sacar lo mejor de él, para salvar al mundo de la pesadilla en que vivía sumergido, para poder verla envejecer en paz, siendo testigo de que su esfuerzo, había valido la pena.
Sacudió sus pensamientos, enfocándose en buscar los ingredientes que le pudieran ayudar a preparar una salsa, para aderezar la insípida carne de algún tipo de ave, que se conservaba en la gran nevera.
"Menos mal que tienen alimentos"
Pensó, extrañado de no haber tomado en cuenta algo tan básico, como los suministros que se requieren para sobrevivir todo un año entero. Igualmente su padre, tampoco reparó en preocuparse por ese detalle de suma importancia.
Gracias a su experiencia en la cocina, logró hacer un rebaje con sabor bastante agradable, lo que era un logro, al tener disponibles, ingredientes tan insípidos.
Vertió la salsa sobre la carne, antes de meterla en el horno, entusiasmado por probar el resultado. Al ser una carne blanda, tardaría aproximadamente una hora en salir. Tiempo suficiente para elaborar las guarniciones.
No podía dejar de pensar en su padre, en lo complejo de su personalidad, en su orgullo y terquedad.
Tenía la certeza de que la frustración era el motor de su mal carácter. Su altivez, probablemente era un escudo para cubrir su inseguridad, se exigía más de lo que podía rendir, manteniendo su condición al límite. Gracias a esa rigurosa disciplina, sus poderes se habían incrementado notablemente, pero, a pesar de que el príncipe solía fanfarronear sobre su superioridad, a Trunks no le quedaban dudas, de que su padre no estaba del todo satisfecho con los resultados.
"¿Por qué no lo habrá vuelto a intentar?"
Se cuestionaba, con la teoría de que su padre no pudo sostener aquella transformación por largo tiempo. Deseaba abordarlo para ofrecerle su ayuda, la que seguro rechazaría con groserías, debido a su gran orgullo.
"Es mejor que lo aborde, a que sea derrotado"
Llegó a la conclusión de hablarle en la primera oportunidad que le se presentase, con la esperanza de no lastimar su orgullo. No tuvo que esperar mucho tiempo, esa misma tarde, el mayor le indicó que se encontraba de ánimo para golpear sabandijas. Lo cual, era una clara invitación a entrenar, muy al estilo del príncipe.
Como era costumbre, Trunks fue apaleado por el mayor, sin embargo, no decayó su ánimo. Regresó cada golpe, cada ataque de energía, esquivó varios con éxito, aun cansado y lastimado. No se rindió, no se quejó, debía soportarlo para fortalecerse, para salvar a su mundo, a su madre.
-¡Ya ríndete de una vez!- Le instó su progenitor, seguro de que el joven no se rendiría. Y no se equivocó, el muchacho se levantó tambaleando, con los puños en alto, logrando estabilizarse para continuar dando batalla. No podía negar que tenía orgullo, definitivamente heredado por él. Al fin un destello de su personalidad, al menos uno que reconocía, debido a que su cabeza dura, le evitaba reconocer los anteriores destellos previamente detectados.
En algún momento de la pelea, Trunks perdió su transformación antes que su padre, lo que provocó que el guerrero de sangre pura comenzara a burlarse, como acostumbraba cada vez que sucedía.
-Al menos aguantaste un par de minutos más, antes de caer como crío- dijo Vegeta, descendiendo frente al joven.
Apoyado de un pie, con una rodilla en el suelo arenoso, tambaleando, detuvo su caída con éxito, regulando su respiración. No estaba dispuesto a mostrar debilidad frente al guerrero experimentado.
-Ja…- se limpió el sudor de la frente con el dorso del brazo derecho, dejando flequillos lacios pegados a la frente, empapados de sudor. -Lo dices como si lograras mantenerla por mucho tiempo- le respondió con sorna.
-¿Acaso no es evidente?- Se señaló a sí mismo, irradiando su aura dorada.
-No me refiero a hoy- logró ponerse de pie, con un solo movimiento.
Vegeta levantó una ceja, intentando recordar algún momento, en el que hubiese perdido su transformación ante el muchacho.
-A las pocas semanas de entrar aquí, duraste algunos meses transformado en súper saiyajin, luego, ya no volviste a hacerlo… me refiero a sostenerla por días.
Con los brazos cruzados, el príncipe demostró molestia por las palabras del híbrido, tenía razón. En su intento por perfeccionar su estado del súper saiyajin, falló en mantener su energía equilibrada, dando como resultado, desgaste en menor tiempo del estimado. Ante esa revelación, desistió de continuar por ese rumbo, no tenía caso arrasar con sus reservas, antes que su contrincante.
-¡Vaya!- Dijo con aire petulante. -Ya veo porque no mejoraste en estos meses- mintió. No lo reconocería, pero era consciente de la evolución en los poderes del muchacho. -En vez de poner atención a tu entrenamiento, perdiste tiempo fingiendo que me ignorabas, mientras te dedicabas a husmear.
-Imposible no sentir tu ki. Aunque no quisiera, sería imposible no detectarte, debido a que somos los únicos aquí- respondió Trunks, con más confianza de cuando tuvo sus primeras conversaciones con el saiyajin de cabello negro.
Vegeta sonrió de lado, burlesco. -Es curioso, en cambio yo, apenas sentí tu presencia- de nuevo mintió. Obteniendo como respuesta, una ligera sonrisa por parte del híbrido, quien ya lograba detectar, los intentos de su padre por sostener su papel de príncipe orgulloso.
-¿Entonces?- Inquirió el joven, cruzando los brazos al igual que el mayor.
-¿Entonces qué?- Respondió dando la media vuelta. No recordaba a partir de cuándo, dejó de referirse a él con palabras ofensivas. Ya no lo consideraba una sabandija, no obstante, eso no significaba que haría el papel de padre amigable. El joven necesitaba carácter, era débil en cuanto a sus sentimientos, lo que le irritaba. Al menos era algo que tenía solución, el problema era, que no estaba muy convencido de querer invertir tiempo en la formación del crío, del pequeño que aún se aferraba al seno de su madre.
Apenas alcanzó a dar unos cuantos pasos, cuando Trunks voló para posicionársele de frente.
-Si tienes alguna dificultad yo puedo aconsejar…
-Mira chiquillo- lo interrumpió con voz grave y severa. -No estás en posición de aconsejar nada. No tienes nada en tu corto repertorio de técnicas que me sea de utilidad- levantó un puño ofendido. -Si vuelves a poner en entredicho mis habilidades, olvidaré que eres mi hijo- finalizó mordiéndose las mejillas internas, haciéndolo a un lado para continuar su camino hacia el baño. Sonrojándose por haber utilizado la palabra hijo con tanta naturalidad, no lograba acostumbrarse al simple hecho de ser padre.
El saiyajin de cabellos lilas lo observó en silencio, respetando su decisión. Sin embargo, deseaba ayudarlo, con todo y su mal carácter, era su padre.
…
Las estrellas se extendían a lo alto del cielo en la corporación cápsula, perdiéndose en el horizonte, junto con las luces neon de la bulliciosa ciudad. Desde el interior de la corporación, el príncipe miraba a través del gran ventanal, sin mirar nada en particular.
Tenía horas de haber salido de la habitación del tiempo, solo para hacer el ridículo. Tuvo todo a su alcance para triunfar sobre Cell y la estúpida androide rubia. Pero no, su gran orgullo se entrometió, arruinando su gran oportunidad. Por lo menos le quedaba el consuelo de no haber quedado como un cobarde.
-Estúpido Cell- masculló entre dientes.
Sus pensamientos se interrumpieron con el sonido de la puerta al abrirse, reaccionando de inmediato, girándose hacia la entrada.
-¡Vegeta! Me pegaste un susto- exclamó Bulma, al reconocer la silueta del guerrero entre la oscuridad de su habitación.
Caminó hacia la cama con el pequeño Trunks en brazos, arrullándolo con ternura.
-Acaba de quedarse dormido, voy a acostarlo- dijo con voz baja, después de sentirlo estremecer al escucharla hablar.
El príncipe no respondió, se limitó a observar a la mujer mientras acomodaba a su bebé bajo las suaves cobijas, las mismas en donde fue concebido meses atrás.
Después de asegurarse que el bebé no despertaría, caminó hacia el guerrero, ocultando su nerviosismo. Necesitaba hablar con él, por fortuna, no se vio en la penosa necesidad de buscarlo, muy al contrario de lo que imaginó, él mismo la buscó. Podía asegurar, que su visita se debía a que él estaba dispuesto a dialogar.
-Vamos a la terraza- le sugirió en un susurro, -para no despertar a Trunks- le aclaró.
-¿Qué hay de malo con su habitación?- Inquirió Vegeta, con voz firme, pero baja.
-Nada- caminó hacia la puerta del ventanal, indicándole con una mano. -Ven, sígueme.
Exhalando con fastidio, la siguió hacia el exterior, sentándose en el borde de la terraza, muy a su estilo. Con una pierna sobre la superficie y la otra colgando. Mientras que Bulma se recargó con ambas manos sobre el ancho borde, pensativa. Giró el rostro hacia el guerrero mostrando serenidad, tomando aire para comenzar a hablar, extrañada por la manera tan calmada en que el príncipe la observaba en silencio. Era como si ya no fuera el mismo de hace un par de días.
-¿Tienes algo que decir?- Preguntó, con un tono un poco hostil desde la perspectiva de Vegeta.
-¿Tú?- Le respondió con el semblante calmado.
A Bulma le pareció verlo sonreír sutilmente. Lo que le hizo creer que se burlaba de ella, eso la puso de mal humor.
-Lo digo porque me esperabas en mi habitación, ¿para qué otra cosa…?- Espetó entrecerrando la mirada, buscando algún atisbo de burla en las facciones del príncipe, lo que no encontró. Contrario a lo que pensó, él no mostraba cinismo en la curvatura de sus labios. -No tienes otro motivo para visitarme- dijo sosteniendo el volumen de su voz. -A menos que sea para ver a Trunks.
-Ya tuve un año con él- respondió, observándola con insistencia. Situación que comenzó a incomodar a la científica.
-¿Entonces? ¿No piensas decirme el motivo de tu visita?- Insistió desviando la mirada hacia los árboles del jardín, el comportamiento del príncipe le parecía perturbador.
Tenía un año sin verla, un año sin escucharla ni olerla, un año que para ella solo fueron unas horas. No pensó que su pecho se estremecería al estar de nuevo con ella a solas, no entendía por qué sus intestinos se comprimían. Durante su estadía en la habitación del tiempo, fueron varias las ocasiones en las que pensó en ella, siempre atribuyéndolo al recuerdo del placer que le provocaba en la intimidad. Excusa que le sirvió en los primeros meses, pero conforme fueron pasando las semanas, se convenció de que la excusa del placer era eso, una burda excusa. Estaba consciente del interés que sentía hacia la mujer, la atracción inicial había mutado en algo nuevo y desconocido. Reconocía el respeto que le inspiraba la terrícola, por su tenacidad e inteligencia, también reconocía la atracción, la cual continuaba intacta aun sin verla en meses. Pero estaba algo más que no lograba descifrar, probablemente era a lo que llamaban apego, le importaba la mujer, por lo mismo que le importaba, fue que no movió ni un dedo cuando fue atacada por Maki Gero, era la ocasión perfecta de cortar ese nuevo lazo, de volver a ser solo él. Pero no sucedió, gracias a la intervención del joven del futuro.
El problema radicaba, en que él ya no podía, no deseaba eliminarla. Pero eso no significaba que se quedaría a su lado.
Notó la impaciencia en sus ojos azules. Esa misma tarde, al salir de la habitación del tiempo, no pudo darse el lujo de observarla a detalle, con todos esos insectos merodeando, atentos a cada movimiento que daba, solo le quedó la opción de mantener su papel de indiferencia.
-Estoy aquí, porque tengo un asunto pendiente contigo- respondió levantando la cabeza, observando las estrellas.
Instintivamente, Bulma llevó ambas manos al pecho, tragando saliva pesadamente, mientras su corazón se desbordaba ansioso. Las palabras del guerrero le supieron a despedida, eso la conmocionó a pesar de su enojo con él. Cerró los ojos por un par de segundos, recordando que tenía prioridades, que sus sentimientos hacia el guerrero, eran producto de una fantasía, que ya no era una muchachita soñadora en búsqueda de las esferas del dragón. Ahora era madre, que buscaba la supervivencia de la tierra, más que nada, para que su hijo tuviera una vida plena, diferente a la del muchacho que llegó del futuro.
-Escucho- habló bajo, ocultando sus emociones, tratando de aparentar calma.
Vegeta respiró hondo, le costaba sacar lo que tenía que decir. No por que estuviese en desacuerdo, de nuevo, era cuestión de orgullo y, cambiar de opinión en voz alta, era algo que estaba fuera de su naturaleza. No obstante, lo haría, había tomado esa decisión la última semana en la habitación del tiempo, después de meditarlo a profundidad, estaba seguro de que no se arrepentiría en el futuro, de cualquier manera, tenía pensado alejarse para siempre.
-Dejaré que lo conserves-. Se bajó del borde, quedando de pie frente a Bulma. -Con el entrenamiento adecuado, podría serte de utilidad en el futuro.
No supo porque escupió eso último, pero ya no tenía caso retractarse, su inconsciente había hablado por él.
-¿Te iras?- Inquirió arrugando el entrecejo, la charla estaba dando un rumbo muy diferente a como había pensado que sería. De hecho, estuvo pensando todo el día en la manera de abordarlo, pero debido a las improvisadas visitas, tuvo que esperar con impaciencia. Le fue difícil no abordarlo cuando lo vio en la tarde, no era prudente. Tenía plena consciencia de que frente al resto no podían tratarse de la misma manera que cuando estaban a solas, tampoco deseaban exponer sus problemas personales.
Él era un experto fingiendo indiferencia en público, a ella le costaba trabajo, aun así, se enorgullecía no haber flaqueado ante sus hoscos comentarios, o cuando comprobó que no le molestaría verla morir.
Lo vio asentir con la cabeza y dar media vuelta, disponiéndose a marcharse.
-Supongo que después del torneo.
De espaldas a ella, giró la cabeza un poco, solo para decir. -Una vez que derrote a Kakaroto.
-¡Espera Vegeta! Aun no termino- lo detuvo jalándolo de un brazo, lo que no sería un impedimento para él, pero decidió quedarse. Si debía dejar las cosas en claro, ese era el momento. Así que giró sobre sus talones, quedando de nuevo frente a la terrícola, demasiado cerca para su gusto, inclusive podía oler el dulce aroma de su cabello, fresas silvestres.
Bulma aclaró la garganta, su mente estaba hecha un lío, no encontraba por dónde comenzar. A estas alturas, no sabía si tenía caso abordar ese tema, pero no se quedaría con las ganas de preguntar, eso de lo que temía saber la respuesta.
-No olvido que pudiste salvarnos y no moviste ni un solo dedo para hacerlo- lo vio tensar la mandíbula sin decir nada, pero ella no se quedaría callada. -Lo que no me sorprende, pues tenías pensado eliminar a tu propio hijo, tu propia sangre- tomó aire para continuar, con la mirada ensombrecida. -Evidentemente mi vida valdría menos para ti. Fui una ingenua al creer que al menos existía respeto, por los buenos tiempos- suspiró aliviada por haberlo soltado.
Hasta ahora, el príncipe se limitaba a escucharla con un semblante neutral, nada que ver con la actitud socarrona e insufrible de esa misma tarde, frente a todos los presentes en la corporación, mientras esperaban noticas de Cell por el televisor. Sin embargo ahora, su actitud distaba mucho de la que mostró hacia los demás. Bulma sospechó, que tal vez los actuales sucesos lograron cambiar algo en él, tal vez la convivencia por un año con su hijo. No estaba muy equivocada en eso.
-Si esperas una disculpa, pierdes tu tiempo- respondió Vegeta, inmóvil, con su intensa mirada clavada en el azul de los ojos femeninos.
-No esperaría tal cosa de ti… de hecho, ya no espero nada de ti. Solo quiero saber, ¿qué piensas ahora de Trunks?
Lo vio morderse los labios por un par de segundos, tomar aire y exhalar. Parecía pensar, pero de su boca no salió ningún sonido.
-Supongo que tu decisión para no hacerle daño, se debe a que comprobaste que mi niño tiene un gran potencial, que es digno de heredar…
Los labios del guerrero le impidieron continuar, apoderándose de los suyos con urgencia. Su mente se apagó de pronto, instintivamente le correspondió después de algunos segundos, apoyando sus manos sobre los anchos brazos que la rodearon. Ambos perdieron la noción de los segundos que pasaron, hasta que la razón regresó a la científica, siendo la primera en reaccionar, rompiendo el mágico momento, empujándolo por el pecho.
-¡No Vegeta! ¡Ya no! Se acabó todo- exclamó con amargura en sus palabras. -No puedes dejarme morir, para luego venir a tomarte libertades que perdiste por tu estúpida actitud- reclamó, limpiando sus labios con la mano derecha.
-Hablabas mucho mujer- se elevó medio metro. -No estoy interesado en tomarme libertades contigo, solo quería que cerraras la boca- forzó una sonrisa socarrona y se alejó volando.
Aterrizó en el jardín principal, maldiciéndose en voz baja, casi como un susurro, desquitando su enojo contra un bebedero para pájaros, partiéndolo en pedazos con un puñetazo. Se encontraba molesto consigo mismo.
"Solo quería que cerraras la boca" Chistó cerrando los puños. "Que excusa más estúpida. Debo de ser su burla en estos momentos"
-Menudo pedazo de imbé…- Abruptamente detuvo su frase, demasiado tarde. El joven de cabellos lilas logró escucharlo entre el silencio nocturno.
-¿Tampoco puedes dormir?- Inquirió evitando hacer cualquier comentario sobre lo que había escuchado.
El joven sabía de donde venía su padre. Esa noche se encontraba inquieto, debido los sucesos ocurridos en las últimas horas. Meditaba sobre lo estúpido que fue al creer que su transformación musculosa funcionaría para derrotar a Cell.
En eso estaba, cuando decidió buscar a su padre para sugerirle un nuevo entrenamiento, se arrastraría si fuera necesario, con tal de evitar la destrucción de la tierra. Comenzó buscando el ki del orgulloso príncipe, ubicándolo de inmediato, justo al lado de la energía de su madre, sorprendiéndose al imaginarlos charlando como cualquier pareja normal. Algo prácticamente imposible, debido al carácter de su progenitor, le costaba trabajo imaginarlo siendo amable con ella, sobre todo, después de ser testigo de cómo la ignoró durante toda la tarde. Permaneció inmóvil sin saber qué hacer, llegando a la conclusión, de que lo mejor sería esperar, sintiendo curiosidad por lo que sus padres estarían hablando.
-¿Qué haces aquí?- Le respondió Vegeta, más que nada como un pensamiento en voz alta.
-Necesitaba aire fresco, ¿y tú?
-No tengo por qué dar explicaciones- intentó continuar su marcha.
-No te pedí explicaciones por caminar de noche y destruir los adornos de la casa de mi madre- señaló al bebedero hecho añicos. -Tampoco las he pedido por haber actuado de manera tan egoísta y poner en peligro al planeta entero- escupió, cansado de ver que durante el día, su padre se dedicó a menospreciar a cada persona que tuvo la desgracia de pasar por donde él se encontraba. Burlándose de sus niveles de poder, de sus técnicas, de todo lo que se le ocurriese, sin embargo, nadie se atrevió a retarlo o contestarle de la misma manera, al parecer le temían. El único que intentó reclamarle fue Yamcha, pero justo en eso llegó su madre gritando, preguntando por su hijo del futuro, de no haber sido por eso, seguramente se hubiese desatado una tormenta dentro de la corporación.
Vegeta sonrió socarronamente, levantando una ceja con altanería.
-¿En serio? ¿Acaso crees que tu opinión me importa?- Cruzó los brazos.
-Debería importarte. A diferencia de aquellos a los que te dedicaste a despreciar toda la tarde, yo sí puedo ponerte en tu lugar- respondió con soberbia, la misma que caracterizaba al príncipe.
Después de reír a todo pulmón por algunos segundos, Vegeta arrugó el entrecejo y tomó aire para regresarle la pedrada. -¿Aaah sí… con qué técnica? ¿Con la que utilizaste contra Cell?- sonrió complacido al ver al joven apretar los labios. -Creíste que no me había dado cuenta. Te aviso que fui testigo de tu falta de criterio a la hora de utilizar tus técnicas. ¿Por qué crees que yo no utilicé esa transformación tan inútil?
-¿Cómo lo sabías?- Inquirió acongojado. Su padre estaba enterado de las deficiencias de su nueva transformación, la que intentó ocultarle para sorprenderlo durante la batalla. De haber sido menos egocéntrico y mostrársela en la habitación del tiempo, se hubiese dado cuenta desde antes, del gran error que cometería al utilizarla contra el androide verde. Suspiró avergonzado. -Entiendo- relajó su actitud retadora. -Supongo que ahora te mofarás de mí en cada oportunidad que tengas.
-No digas estupideces chiquillo- levitó un par de metros. -Pero no estaría demás que te esforzaras. Te falta mucho por aprender- emprendió el vuelo apenas terminó de hablar, sin haber podido escupirle veneno a su hijo.
Entró a su habitación por la ventana, no deseaba más paseos nocturnos, o mejor dicho, no deseaba toparse con nadie más. Decidió tomar una ducha, en la que se relajó por completo, confundido por los cambios en su comportamiento con la mujer y el crío.
Tenía muy claro que Trunks superaba sus expectativas, a tal grado, que sus colores pasaban a un plano secundario, es más, ya ni siquiera pensaba en eso. Sus rasgos físicos eran iguales a él, inclusive tenía orgullo, era tenaz y no se rendía con facilidad. Le faltaba malicia, analizar sus técnicas, manejarlas con inteligencia, probablemente, debido a que fue Gohan quien le endeñó a combatir.
-Si lo hubiese entrenado yo, sus habilidades no tendrían tantas carencias-. Se dijo bajo el chorro de agua tibia.
"Podría aprovechar otro día en la habitación del tiempo, entrenarlo, enseñarle mis técnicas, para que deje de usar las del chiquillo llorón que tuvo Kakaroto"
-De hacerlo, estaría contradiciendo todo lo que aseguré que jamás haría- apagó la llave del agua, pero se quedó un rato más, escuchando el goteó cesar.
Le irritaba admitir que deseaba entrenarlo, al mismo tiempo que le encontraba lógica, era su sangre, era un súper saiyajin desde muy joven. ¿Cómo lo había logrado? Se preguntaba desde algunos meses atrás, sin atreverse a preguntarle al muchacho. Sería como demostrar su creciente interés por él, ya tenía suficiente con admitirlo para sí mismo. Además, estaba otro asunto personal que le inquietaba; Bulma.
Durante su estadía en la habitación del tiempo, la imagen de la científica lo siguió día con día, posiblemente el azul en los ojos del híbrido, tuvieron mucho que ver en recordársela. El deseo hacia ella lo ponía colérico, desquitando su rabia contra enemigos imaginarios, maldiciendo el instante en que la tuvo por primera vez. En otras ocasiones, deseando regresar el tiempo para hacerlo de nuevo. No le encontraba lógica, ella no era su sangre, era de una raza que consideraba insignificante, solo que ella, no era insignificante, todo lo contrario.
Entre las horas que dedicó al descanso, llegó a despertarlo el deseo, lo cual era normal después de meses sin sexo. Lo inexplicable, era que en sus fantasías, siempre aparecía ella, acosándolo con insistencia. Afortunadamente, la gruesa tela del dosel cubría por completo su cuerpo despierto, lo que le favoreció a la hora de masajear su adolorida erección, cuidando en todo momento, mantener el ritmo tranquilo de su ki, ahogando sus gemidos, mordiendo sus labios cuando lograba liberar la presión que no lo dejaba dormir. Todo eso, a pocos metros de la cama del muchacho. Se llegó a preguntar si el híbrido también pasaba por lo mismo, si su cuerpo también lo atormentaba, exigiéndole placer, si acaso había alguna hembra que llamara su atención y, de der así, se preguntaba si era digna o una más del montón. Algo indigno para un príncipe saiyajin. Lamentablemente, según el muchacho, la población había sido mermada por culpa de los androides, por lo que desafortunadamente, el joven tendría que conformarse con lo que fuera, con tal de satisfacer sus necesidades o, con tal de reproducirse si así lo deseaba. Por primera vez sintió pena por él, se recordó a sí mismo a su edad, cuando en silencio se lamentaba que ya no existieran las grandiosas hembras saiyajin, fuertes y orgullosas. Hasta ahora lo reconocía, Bulma no era fuerte, pero era orgullosa, muy inteligente, tenía una furia en los ojos que no recordaba haber visto en su madre, ni en ninguna otra poderosa hembra saiyajin o del ejército de Freezer.
Al menos su hijo del presente tendría mejores opciones, porque estaba seguro de que derrotaría a Cell y la tierra se salvaría. Le importaba una mierda la población civil, de cualquier manera el planeta era de utilidad para sus planes. Los cuales consistían, en tomar control de lo que quedaba del imperio de Freezer, hacerlo crecer y después regresar por el híbrido, una vez que tuviera la edad en que no fuera dependiente de su madre. En cuanto a Bulma, no tenía claro lo que haría, de una cosa sí estaba seguro, no podía hacerle daño, no por medio de su propia mano, pero si algo le pasaba, lidiaría con ello, enfocándose en sus propósitos de toda la vida. Buscando batallas, teniendo a su disposición todas las hembras que se le antojasen, igualmente para el crío, llegando a la edad de la pubertad, le ofrecería las mejores hembras para saciar sus nuevos deseos y, si apareciese alguna apropiada, con algún título, jerarquía, inteligencia o poder, podría continuar la tradición; mezclar su sangre con la elegida, para perpetuar su legado.
Su plan iba a acompañado de la derrota del saiyajin de clase baja, esa continuaba siendo su prioridad. Humillar a aquel que lo humilló en el pasado, luego, reclamar el lugar que le correspondía en la galaxia.
Se fue a la cama pensando en la mujer y el crío, ya comenzaba a acostumbrarse a no pensar solo en él, aunque aún le producía incomodidad esa novedad en su vida.
¿Qué tenía esa maldita habitación del tiempo? Ya no era el mismo desde que salió de ese extraño lugar. Al menos, en cuanto a su personalidad ante los ojos de los demás, no había cambio alguno, así le convenía que siguieran creyendo, incluyéndola a ella.
…
Faltaban dos días para el dichoso torneo, todos los guerreros se dedicaron a entrenar sin tregua, a excepción del saiyajin de corazón puro y su hijo. La corporación cápsula cesó las producciones que llevaban a cabo, debido a que sus empleados se encontraban conmocionados por la aparición del monstruo verde en la televisión. Razón por la que muchos de ellos, decidieron no acudir a trabajar, alegando que si el planeta entero estaba en peligro, preferían pasar sus últimos días con su familia. El doctor Briefs no se opuso al reclamo de sus empleados, entendiendo a la perfección su postura, regalándoles esos días sin afectarles en su salario.
Los únicos que trabajaban en los laboratorios eran el científico y su hija, reconstruyendo en secreto, al enorme androide 16.
-¿Pasa algo?
Bulma se sobresaltó ante la pregunta del androide.
-¡¿Qué… aaah?!- Respondió con movimientos torpes, logrando evitar que se le cayera el delicado chip que tenía en las manos.
-Analizabas ese chip por alrededor de diez minutos. Por lo que dedujo a que pensabas en algo.
-Eh…- rascó su cabeza, -todo eso de Cell y su estúpido torneo me tienen preocupada.
El androide enfocó su visión en los rasgos delicados de la científica. -Mi procesador es el más avanzado que creó el doctor Maki Gero, puedo analizar diversas situaciones observando el comportamiento humano, tomar decisiones en base a los resultados, que sea lo más parecido a lo analizado por un ser biológico con inteligencia. Por eso, el doctor me consideraba peligroso, por poseer la capacidad de crear mi propio juicio y cuestionar sus decisiones.
Bulma lo observó impresionada, pero con escepticismo.
-Tienes otra preocupación a parte del torneo, lo puedo ver a pesar de ser una máquina, me atrevo a decir que en el ámbito personal- soltó sin titubear, llegando a la conclusión de que acertaba, al ver la reacción en el rostro de la mujer.
-Por favor, no lo vayas a comentar delante de mi padre- le tocó un brazo, dando un leve apretón que el androide alcanzó a percibir. -Es algo… muy personal- agregó, dejando el chip sobre una mesita.
-¿Quieres hablarlo?- Inquirió 16, interesado en conocer más sobre las personas, sobre los que supuestamente eran el enemigo.
"Pensándolo bien, me hace falta un confidente"
Con una sonrisa, aceptó la propuesta del androide. A pesar de conocerlo recientemente, él confiaba en ella, pues cooperaba en cada indicación que se le daba y cuando no estaba siendo reparado, entraba en modo de hibernación, sin causar ningún tipo de alteración en la rutina habitual de los ocupantes de la corporación, a tal grado, que nadie a parte de la científica y sus padres, sabían que el androide se encontraba dentro de las instalaciones de la corporación.
…
Los intestinos le gruñeron al príncipe, reclamando su gran ración de comida de esa tarde.
"Me he mal acostumbrado" Se lamentó, avergonzado por sucumbir ante la buena vida que se daba en la tierra. La buena vida que debió llevar en su propio planeta, entre las paredes del palacio que heredaría.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por una postal que apareció del otro lado de la ventana.
Gruñó de inmediato, elevando su ki por una fracción de segundos, el tiempo suficiente para percatarse que podía ser detectado. Lo que no pudo evitar, fue que terminara cuarteándose la ventana frente a él. Inmediatamente se retiró ocultando su ki, sin darse tiempo para cerciorarse, de que las personas del otro lado lo hubiesen notado.
Gruñó en voz alta mientras continuaba su camino hacia la cocina, con la imagen del insignificante guerrero de la cicatriz cargando a su crío, el cual le sonreía con alegría, agitando los brazos, mientras que Bulma y el joven del futuro le acompañaban, al parecer muy animados.
Esa alegre imagen le arruinó la comida, a pesar de que la cocinera preparó los platillos de su preferencia, a petición de la mujer rubia.
-Estúpido insecto- masculló, mientras masticaba la jugosa carne de un enorme animal alado.
Se le revolvió el estómago de solo pensar que en su ausencia, Yamcha pudiera meterse en la cama de la mujer, peor aún, en su corazón.
"¿Y si la preña?"
El tenedor en su mano se dobló contra la mesa, dejando una profunda marca en la fina madera del mueble. Dejó de masticar abruptamente, tomó una botella de jugo y se levantó, necesitaba salir, a pesar de que le faltaba la mitad de alimentos por consumir.
Salió volando por la terraza, observando desde las alturas, al molesto terrícola con la mujer y los críos, tomando un lugar que no le correspondía.
Entonces se cuestionó, ¿a quién le correspondía ese lugar? Porque él no estaba dispuesto a rebajarse actuando como terrícola. A lo mucho que podía llegar, sería entrenar al híbrido y copular con la mujer, eso último, de vez en cuando para no distraer sus prioridades, las cuales, tenía bien definidas.
Se encontraba confundido por ese nuevo sentimiento, al que no se atrevía a reconocer como celos. Los celos eran sentimientos de seres débiles, con baja autoestima, con inseguridades. Sentimientos que no poseía el príncipe de la raza guerrera más poderosa, al menos no hasta esa misma tarde.
…
El crujir del cristal de la ventana llamó la atención de Bulma.
-Ese Vegeta debe estar presionando la cámara de gravedad- opinó en voz alta. -Tendré que decirle que mida sus entrenamientos, o nos quedaremos sin casa.
Yamcha y Trunks intercambiaron miradas. En el breve instante que se elevó el ki del príncipe, ambos lograron sentirlo, al igual que lo percibieron escapar, ocultando su energía.
-No entrena en estos momentos- respondió Yamcha, -parece que va hacia la cocina- agregó entrecerrando la mirada, concentrándose en la energía del saiyajin.
-¿Entonces cómo pasó esto?- La científica señaló la cuarteadura en la ventana.
-Tal vez algo le molestó- opinó Trunks. -Me he dado cuenta de que no le agradan tus amigos- agachó la cabeza, apenado con el guerrero de la cicatriz.
-No le agrada nadie- dijo Yamcha, utilizando un todo burlesco. -Espero que no se haya puesto celoso- agregó con una pequeña risa nerviosa. -Aunque no tendría caso, ustedes dos no tienen nada que ver-. Finalizó con desenfado, pero la cara seria de Bulma le hizo cambiar el semblante.
Un silencio incómodo se instaló entre los adultos, que inclusive el pequeño percibió como una extraña energía, la cual fue interrumpida por una estruendosa carcajada fingida.
-¡¿Vegeta celoso?!- Bulma rio de nuevo, haciendo como que le restaba importancia al asunto, siendo seguida por las carcajadas de Yamcha, ante la mirada confusa de los híbridos.
-Es verdad- dijo Yamcha, -lo único que podría despertar los celos de Vegeta, sería un oponente más fuerte que él.
El viajero del tiempo les siguió el juego, riendo con ellos a expensas de su padre, sin embargo, pesar del ambiente relajado, Trunks sospechaba que su madre ocultaba sus sentimientos. No olvidaba la noche en que su padre bajó molesto después de hablar con ella, refiriéndose hacia sí mismo como un imbécil, estaba claro que las cosas no marchaban bien entre ellos, no tenía claro qué tipo de relación llevaban y no se atrevía a preguntar. Durante el día no solían interactuar, al parecer se evitaban y cuando llegaban a cruzar alguna palabra, generalmente eran reclamos por pequeñeces. Le costaba trabajo pensar que su madre del futuro, hubiera tenido esa relación tan fría y distante, ya que su madre siguió conservándole cariño al príncipe a pesar de los años.
Ya tenía claro que su padre solía utilizar una especie de máscara ante todos, inclusive ante él, por lo que no le sorprendería, que a solas mantuviera su relación con la científica, lo cual no era el caso, ya que en los días que llevaba como huésped de su familia del pasado, se dio el tiempo para rastrear el ki de ambos, principalmente en la noche, cuando podrían verse a escondidas. Lo cual no sucedió, a excepción de la vez que lo sorprendió bajando de la habitación de su madre, ocasión en la que obviamente discutieron, ¿cómo no? Sería antinatural que Bulma Briefs no le reclamase por todo lo sucedido, desde no mover un solo dedo para salvarla, hasta dejar que Cell completara su transformación.
Pasaban los días y no se veía reconciliación alguna, no había ningún tipo de acercamiento entre ellos, ni daban señales de extrañarse, ni de ser una pareja. Eso le consternó.
De pronto, pudo ver ese destello azul en los ojos de su madre, destello que solía aparecer cuando le entraba la nostalgia a su versión del futuro, un destello que conocía a la perfección. Le pareció que la versión joven de su madre, mantenía sentimientos ocultos hacia su padre, tal y como lo llegó a sospechar. Ahora se preguntaba, si esos sentimientos eran correspondidos.
…
Faltaba un día para el torneo, debía aprovecharlo al máximo, dividir el tiempo sabiamente y no desperdiciarlo. Se levantó más temprano de lo usual, dedicando medio día al entrenamiento, el resto del día sería para comer y tomar energías reposando.
Decidió despejarse después de la comida, meditando debajo de un frondoso árbol, en donde a veces solía pasar el rato, obviamente, después de su sagrado entrenamiento.
-Al fin mañana…- susurró muy bajo.
"Le hare escupir mis células a esa cucaracha verde. Se arrepentirá de haberme humillado"
La ansiedad por el inminente combate lo volvía paranoico conforme se acercaba la fecha, más que cuando esperó la llegada de los androides, poniéndolo de peor humor del que acostumbraba. De nuevo percibió el ki del molesto insecto, muy cerca, a unos cuantos pasos, acompañado de ella. En poco tiempo pudo verlos caminando hacia su dirección, ajenos a su mirada, embobados con las muecas de su pequeño crío, mientras era alzado por el guerrero de la cicatriz.
Carraspeó sin proponérselo, maldiciéndose al instante por ser tan evidente.
-¡Vegeta!- Exclamó Bulma, extrañada por encontrarlo a esas horas, cuando generalmente se encuentra metido en la cámara de gravedad. -¿No deberías estar entrenando?
El saiyajin entrecerró la mirada, sospechado sin motivo alguno.
"¿Acaso esperaba que no estuviera rondando por donde se pasea con esa sabandija?"
De nuevo ese molesto sentimiento, odiaba verlos así de juntos, riendo como si nunca hubiesen terminado, le irritaba verlo cargar a su crío. Sí, era llorón y molesto, pero llevaba su sangre, era suyo.
Se puso de pie, sin dejar de clavar sus ojos en los de Yamcha, intentando descifrar las intenciones del terrícola, quería saber qué buscaba, tal vez revolcarse con ella, tal vez hacerla su mujer definitiva y formar lo que en la tierra llamaban, una bonita familia. Se le revolvió el estómago de solo pensarlo.
-No es necesario que entrene más… en cambio- mostró una sonrisa socarrona. -No puedo decir lo mismo de otros, cuya energía es casi imperceptible.
-Díselo a Goku- respondió Yamcha, para luego morder su lengua, no muy convencido de haberle contestado. Estaba cansado de ser menospreciado por el insolente príncipe. No había olvidado su detestable sonrisa burlona, aquella vez que lo descubrió con Bulma sobre el sillón, lo que más le irritaba, era que ella no lo corriera de su casa, a pesar de que ya no tuviera nada que ver con el desagradable mercenario. No confiaba en él, por su culpa la tierra corría grave peligro, y lo más probable, era que lo volvería a hacer. Nunca tendrían paz, mientras él viviera en el planeta.
-Insecto- caminó hacia él con el puño en alto, importándole una mierda si lo mataba y la mujer se enfurecía. La escuchó gritar que se detuviera, haciendo caso omiso a su petición, disfrutando de ver al terrícola congelarse de miedo.
Le cerraría la boca de un solo golpe, nada lo detendría.
Los ojos azules del pequeño Trunks se cruzaron con los suyos, Yamcha lo cargaba a la atura de su pecho. Súbitamente, el ki del pequeño se elevó, al igual que la ocasión en la que intentó eliminarlo.
Pudo reconocer esa reacción en el híbrido, su mecanismo de defensa despertaba en los momentos necesarios. No buscaba proteger al terrícola, era su instinto de guerrero, respondiendo ante un posible ataque a tan corta edad. No pudo continuar, se detuvo en seco, con el puño a medio camino de su trayectoria.
La ira que le hizo experimentar el guerrero terrícola, le impidió ver la cercanía de su hijo con su víctima, también lo hubiese dañado a él. El miedo de hacerle daño al crío lo congeló por primera vez.
Gruñó al recobrar la cordura, quiso volar lejos, explotar todo lo que se encontrase en su camino, lo cual sería demasiado obvio. Por lo que optó por la indiferencia, dedicándole una mirada cargada de desprecio a Yamcha.
-Eres una sabandija, sería tan fácil eliminarte que me aburre la idea- antes de alejarse a paso lento, intercambió una mirada breve con Bulma, en la que encontró temor. Ella le temía. Por primera vez en su vida le incomodó infundir miedo a otros, a ella y a su crío.
…
-Listo- terminó de colocar el último tornillo oculto en la cabeza del androide. -Confío en que nada fallará.
-Has hecho un excelente trabajo. Ahora entiendo a qué se refería el doctor Maki Gero, cuando decía que ustedes hubieran sido un gran aporte a nuestra causa- dijo 16, sentándose en la camilla donde reposaba.
-Primero muertos, esa no era una causa, era un acto egoísta y estúpido- espetó, lanzando su herramienta en una caja que se encontraba toda desordenada.
El androide guardó silencio, a pesar de ser una máquina, tenía en su memoria datos suficientes sobre el comportamiento humano y, la capacidad de procesar nueva información, cotejarla con la existente en su memoria, para luego hacer un análisis profundo y llegar a una conclusión.
-Lo he pensado- dijo cabizbajo. -Tengo conflictos aquí- señaló su cabeza, a la altura de la tarjeta madre. -No puedo desobedecer la orden principal, que es eliminar a Goku. Tú misma dijiste que los datos están encapsulados y no pudiste tener acceso a esa parte de mi programación.
La vio asentir levemente.
-Desde mi perspectiva, admito que la patrulla roja tenía intenciones incorrectas…
-Pero no puedes desobedecer la orden para la que fuiste creado- lo interrumpió Bulma, entendiendo el sentir del androide, al que comenzaba a tomarle cariño.
-Te agradezco por haberme reparado, pero eso no significa que no intentaré matar a Goku- le advirtió.
La científica tomó aire con tranquilidad. -Lo entiendo, pero al menos permitirás que primero derroten a Cell- le recordó, puesto que ese tema ya lo habían hablado. No le agradaba esa obsesión contra su amigo, por ello intentó cambiarle la programación central, pero falló al toparse con una tecnología que requería de más tiempo para descifrarla, y la batalla contra Cell estaba a la vuelta de la esquina, por lo que se limitó a repararle los daños sufridos. Confiaba en las habilidades de Goku para derrotarlo, no obstante, sus deseos eran que terminaran haciendo las paces, como llegó a ocurrir con anteriores enemigos. Esos últimos días empatizó con la máquina humanoide, hasta el punto de hacerlo su confidente.
-Descuida Bulma. Esperar para derrotar primero a Cell, no va en contra de mi orden central, inclusive, tengo la libertad de poder eliminar a cualquier otro androide si así lo vea conveniente, siempre y cuando, mi meta final sea Goku.
Bulma abrió los ojos extrañada, le costa creer que Maki Gero permitiera que sus creaciones pudieran destruirse entre sí, pues para crearlos, se requería de años de trabajo. Le pareció repugnante utilizarlos de esa manera tan frívola.
-Te lo agradezco- tomó asiento al lado del enorme androide, viéndose diminuta a su lado. -Sería grandioso que lo olvidaras, podrías tener buenos amigos aquí- insistió como la mujer terca que era.
-Me temo que eso nunca podrá ser posible- opinó 16, esbozando una leve sonrisa, gracias a su avanzada programación, que le permitía imitar reacciones humanas. -Cambiando de tema. ¿Hablante con Vegeta?
La científica negó con la cabeza. -No he vuelto a cruzar palabra con él, a menos que no fuera para cosas triviales. Ha estado entrenando sin descanso, al menos hasta hoy en la mañana- dio un largo suspiro. -De cualquier manera se irá… después de derrotar a Goku, claro-. Blanqueó los ojos antes de agregar. -Ustedes y su estúpida obsesión por Goku, no me sorprendería que estuviesen enamorados de él.
El androide levantó una ceja, procesando la información, a veces le costaba diferenciar los sarcasmos de lo literal. -Yo no tengo la capacidad de tener ese tipo de sentimientos, pero tú sí. Según confesaste creer sentir eso por Vegeta, pero que yo sepa, no quieres derrotarlo.
-Es solo un decir- respondió, sin evitar reír ante la inocencia de la gran máquina de matar.
-Eres muy confiada, según lo que me contaste, ese saiyajin podría ser muy peligroso, aun así le ofreciste tu casa, al igual que me reparaste conociendo mis intenciones.
-Bueno… tenemos un enemigo en común- musitó, sintiéndose cómoda con el androide.
-Cell no es mi enemigo- notó el gesto de sorpresa en los ojos azules de la mujer. -Pero tampoco es mi amigo… de hecho, no tengo amigos ni bandos…
-Solo un objetivo- lo interrumpió Bulma. -No te ofendas, pero ya me sé eso.
De nuevo sonrió el androide de cabello naranja. -Tal vez no lo conozco bien, pero puedo asegurarte que Vegeta es un idiota. Solo por preferir marcharse y dejarlos. Él no tiene una programación que seguir, él es libre… ustedes, los seres vivos, son más complejos de lo que aparentan.
-Concuerdo contigo- levantó un brazo para palmearle un costado de la espalda. -Si pudieras beber, te invitaría una copa para continuar charlando- suspiró largo. -Tal vez te parezca una locura pero, espero que no mueras en la batalla y, tampoco contra Goku. Quiero que ambos sobrevivan.
…
Una extraña tranquilidad cubría la noche previa al torneo, aparentemente, todos dormían plácidamente, menos el híbrido de cabellos lilas. La ansiedad le oprimía los intestinos, impidiéndole conciliar el sueño. Temía que se repitiera el infierno en el que se había convertido su línea temporal, temía perecer ahí, lejos de su verdadera madre, dejándola sola, a merced de los sanguinarios androides.
Se le oprimió el pecho al pensarla sola y desprotegida, sin tener conocimiento del destino de su hijo, aquel que se suponía, era la esperanza de la tierra.
Respiró hondo, concentrando su atención en el ki de su padre, encontrándolo igualmente inquieto. Se levantó de golpe de su cama, dispuesto a visitarlo, tener una charla con él, lo que fuera. Si moriría al día siguiente, al menos no se quedaría con las ganas de hacerle algunas preguntas, aun a sabiendas, de que las probabilidades para encontrar una respuesta, eran casi nulas.
Buscó su playera en la oscuridad de la habitación, encontrándola en pocos segundos. Con nerviosismo abrió la puerta de su habitación, deteniéndose antes de salir, pues los sonidos de unos suaves toques rompieron el silencio. No le fue difícil detectar la energía de su madre.
Con suma discreción para no ser escuchado, cerró de nuevo la puerta. Hasta ahora, la relación que mantenían sus padres era un misterio para él, daba la impresión de que no tenían nada que ver, le dolía saber, que probablemente fue producto de una calentura, información que su madre siempre le ocultó. Tal vez por eso, solía evadir sus preguntas respecto al príncipe.
Lo que no tenía mucho sentido si ella aun le guardaba cariño, eso era más que obvio. Tal vez la relación entre ellos se dio de manera diferente, como una secuela por viajar en la máquina del tiempo. No se equivocaba con esa teoría.
-En fin- suspiró, deslizando su playera por sus brazos, regresando a la cama resignado. -Espero tener otra oportunidad para hablar con él-. Musitó, con la esperanza de que al menos ellos pudieran limar sus asperezas. Sonrojándose por lo que podría pasar en esa habitación.
Porque de una cosa estaba seguro; su padre estaba celoso de Yamcha. A partir de la vez que presenció la cuarteadura en la ventana, estuvo atento a cada reacción del saiyajin de cabellos negros. En las dos ocasiones que cruzaron camino mientras platicaba con el guerrero de la cicatriz, su padre se comportó más hostil que con el resto de amigos de su madre, incluyendo al padre de Gohan. Definitivamente, el beisbolista le irritaba demasiado.
Una inocente sonrisa se dibujó en su rostro. Se sintió estúpido por pensarlos en situaciones románticas, completamente lo opuesto a lo que representaba el príncipe, menos aún, después de haber permitido el desarrollo de Cell. Su padre era arrogante y egoísta, su madre merecía algo mejor, pero no podía dejar de desearlos juntos, como siempre los imaginó, una pareja normal y enamorada.
Fin del capítulo.
Muchas gracias por la espera y una gran disculpa, confieso que estuve jugando Last of us II y me quitó mucho tiempo, pero tenía años esperando ese juego, uno de mis favoritos.
Espero que no se perdieran con la cronología, como mencioné capítulos atrás, me estoy saltando todos los episodios que ya conocemos para no aburrirlos.
En el capítulo que viene, veremos qué sucede antes y después de la pelea contra Cell. Luego haremos un salto en el tiempo, hasta poco antes de la llegada de Babidi y otro salto, después de la derrota de Bu. Para terminar conectando este fanfic, con el original, Orgullo y tradición. Que aunque parecen dos diferentes, están conectados.
Como ven, el año en la habitación del tiempo con Trunks, hizo un efecto inesperado en la actitud del príncipe, pero esa coraza no se quebrará así de fácil, deben de pasar algunos sucesos para derrumbarla por completo.
Una disculpa por las faltas de ortografía que se me pudieran haber escapado, y diálogos que pudieran resultar confusos. Ya me arden los ojos y esperar para otra revisión me haría tardar otros días en publicar, pues tengo el tiempo muy limitado
Es todo por hoy, cuídense mucho y nos leemos pronto. No olviden dejar sus comentarios.
