La historia es una adaptación del libro de Vi Keeland y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
22
POV Bella
―¿Está todo bien? ―Emmett empujó el pollo tailandés picante y fettuccini alrededor del plato con su tenedor. El martes por la noche dijo que no se sentía bien y canceló nuestra cita. Y estos últimos días ha estado callado. Esta noche su estado de humor parecía malo―¿No te gusta la pasta?
―Sí. Estoy bien. Lo siento, bebé. La pasta está deliciosa. Solo cansado.
El resto de la noche fue más o menos lo mismo. Me sentí como si estuviera sacándole las palabras. Normalmente era buena con el silencio. Nunca había sido una persona que sintiera la necesidad de hablar para estar cómoda.
La cosa era, que el silencio no era cómodo esta noche.
Más tarde, intente diferentes temas. Pero nada pareció interesarle lo suficiente para hablar. Emmett tomó una copa después de cenar, algo que era inusual en él. Se sirvió un ron fuerte con Coca-Cola y se sentó en el sofá, mirando fijamente su vaso mientras movía el líquido.
―¿Al final, qué compraste el otro día cuando saliste?
Tomó un sorbo de su bebida y me miró con el ceño fruncido.
―¿Hmm?
―El amigo de la familia al que le estabas comprando algo el fin de semana pasado. Estabas en una tienda cuando te llamé, y dijiste que estabas comprando para el cumpleaños de un amigo. ¿Recuerdas?
Emmett miró alrededor de la habitación antes de tomar un gran trago. Colocando su bebida sobre la mesa, levantó una rodilla y se giró para enfrentarme.
―La conseguí un tablero de damas. Vive en un hogar de ancianos y tiene una cosa por los concursos. Los mira en la televisión todo el día y le gustan los juegos de mesa.
―Oh. Eso es amable de tu parte. ¿Es amiga de tu papá?
Me miró directamente a los ojos esta vez.
―Es la abuela de Rosalie, Maggie.
Había algo más en esta historia. Y no estaba segura de si quería saber el resto.
―Después de que Rosalie desapareciera. Maggie empezó a confundirse mucho. No tenía a nadie excepto una drogadicta como hija y una drogadicta como nieta. La mujer paso toda su vida viendo lo bueno en las personas, y cuando llegó su tiempo, cuando necesito que lo bueno se mostrara para ella, ninguno apareció. ―Emmett tenía un brazo colgado en el respaldo del sofá, me estiré y tomé su mano apretándola― Mi papá y yo tomamos turnos visitándola por un tiempo después de regresar de la universidad. Pero eventualmente mi padre se retiró a Arizona, y yo algunas semanas viajaba cuatro días con el equipo. Simplemente no era seguro para Maggie estar sola. Así que la mudé a un hogar de ancianos privado hace unos tres años.
―Guau. ¿Y todavía te mantienes en contacto con ella?
―No me he perdido ningún martes desde que la mudé allí. Le prometí que vería mi rostro sonriente todas las semanas. ―Emmett soltó una carcajada― Hubo algunas jodidas derrotas el lunes que no tenían mi rostro sonriendo el martes, pero no he perdido una visita de todos modos.
―Eso es increíble, Emmett. No muchas personas harían eso por alguien más. Especialmente si ni siquiera es de la familia.
―Siempre ha sido de la familia para mí. Era joven cuando mi mamá murió. Maggie trató de ayudarnos a papá y a mí cada vez que podía. Además, alguien tenía que estar allí para ella. Seguro como la mierda que no iba a ser Rosalie.
He tenido curiosidad sobre ella desde la noche en la que me contó lo que pasó en la universidad, pero la oportunidad nunca se había presentado. Hasta ahora.
―¿Qué pasó con Rosalie? Mencionaste que desapareció después de la noche con Demetri.
―Estuvo lejos mucho tiempo después de esa noche. No reapareció hasta mi primer año en la liga profesional. Ese fue probablemente su periodo sobrio más largo desde que éramos adolescentes. Las cosas estuvieron bien por un tiempo. Hasta que dejaron de estarlo.
―Eso no suena bien.
―No lo fue. Desapareció de nuevo una noche. Busqué por días. Fui a todos los lugares habituales de los que sacaba su trasero cuando estaba drogada. Me perdí la mitad de mis prácticas. Y cuando me presentaba, era una jodida pérdida de tiempo para todos. No tenía concentración. A mitad de la temporada, la policía llamó a la puerta de Maggie una noche. Había algunos campamentos de indigentes cerca del río East, la mayoría de drogadictos que habían dejado la vida en general. Un bote de la policía estaba patrullando una mañana, encontraron su cuerpo flotando boca abajo.
―¡Oh Dios mío!
―Estuvo sin oxígeno casi tres minutos y estaba azul por la temperatura del agua. Maggie y yo pasamos dos días en el hospital. Colapsó dos veces y consiguieron reanimarla. No sabían si tendría daño cerebral cuando despertara.
―Eso es terrible.
―Si hubiese sido tú o yo, habríamos muerto o estado con un tubo de alimentación babeando por el resto de nuestras vidas. Pero no Rosalie. Diez días después, caminó fuera del hospital como si nada hubiera pasado.
―Wow.
―Pensé que todo esto la habría asustado lo suficiente para mantenerse limpia. Y por un tiempo, creo que lo hizo. Hasta el tres de diciembre, hace cuatro años.
―¿Qué pasó después?
―Nada. Esa fue la última vez que la vi. ―Emmett se detuvo, levantó su vaso de la mesa y se tragó el resto de su bebida―. Hasta este martes.
Dormir fue casi imposible esa noche. Había demasiadas cosas pasando por mi mente. Cosas con las que hice una montaña llena de mis propias inseguridades. Como por ejemplo, el hecho de que Emmett me dio un beso de buenas noches y lo dejó así. Sabía que no era normal para las parejas tener sexo cada vez que pasan la noche juntos. Eventualmente, habría noches cuando nosotros necesitaríamos solo dormir. Nos adaptaríamos a una rutina y parte de la novedad desaparecería, era algo normal. Esto pasa en cada relación. Pero el hecho de que pasó esta noche me hizo pensar lo peor.
Alrededor de las dos de la mañana, decidí dejar de obsesionarme y dar vueltas e irme a la cama. La pequeña luz en mi mesa de noche estaba encendida, así que me estiré para apagarla. Mis ojos se posaron en el lugar donde la foto enmarcada de Jacob solía estar. La ironía me golpeó después. Después de todos estos años, finalmente había decidido intentar dejar mi pasado atrás. Justo en el mismo momento en el que el de Emmett decidió regresar a su vida.
Durante las siguientes semanas todo pareció volver a la normalidad. La distancia que había sentido por unos días cuando Rosalie regresó se había ido, y Emmett volvió a su usual engreído-encantador de siempre. Incluso fue a Fit Factory conmigo un jueves por la mañana. Habíamos dormido en su lugar y había solo unas pocas cuadras de distancia.
De camino sostuvo mi mano. Para un tipo que hace seis semanas tan solo buscaba una noche de diversión, había entrado en el modo de novio como un profesional.
―¿Entonces, qué tipo de mierda de chica estamos haciendo en este lugar, de todos modos?
Le había explicado el programa de gimnasia rotatorio al que pertenecía. Se detuvo en la acera antes de que pudiera responder.
―¿No es esa porquería de Zumba, verdad?
―No, no es el día de Zumba, pero el Zumba no es una porquería, es en realidad un trabajo duro. Me voy de allí empapada, lo que significa que fue un buen entrenamiento.
Volvió a caminar.
―Estabas empapada esta mañana, y considerando que te tenía clavada en la pared e hice todo el trabajo, no creo que consiguieras muy buenos ejercicios.
―Eres un cerdo, ¿lo sabías?
Emmett soltó mi mano y agarró mi trasero allí mismo en la calle.
―¿Y eso qué dice sobre ti? Lo tienes mal por un cerdo.
Puse mis ojos en blanco, pero estaba totalmente en lo cierto. Lo tenía mal.
A una calle de distancia del gimnasio, Emmett señaló al otro lado de la calle.
―Ahí es donde vive Maggie. Broadhollow Manor.
Había pasado por delante del edificio antes. Desde el exterior, se veía más como un lujoso complejo de apartamentos que la terrible visión que vino a mi mente cuando las palabras hogar de ancianos fueron dichas.
―Se ve más como apartamentos de lujo que un hogar de ancianos.
―Es un lugar agradable. Lo mantienen limpio, y todos están bien atendidos. Deberías ver algunos de los vertederos que fui a visitar antes de encontrar Broadhollow. Los lugares que el Estado financia son solo un poco mejores que un refugio. Podría haber comprado un condominio de lujo más barato que lo que los últimos años me han costado, pero vale la pena. Nunca sería capaz de dormir por la noche sabiendo que estaba en un agujero en la pared y yo tenía ahorros solo acumulándose por ahí.
Incluso aunque esta mañana me había preparado el desayuno desnudo después de entregarme un delicioso orgasmo contra la pared de la habitación, la última declaración me hizo enamorarme un poco más de este hombre. Mi cerdo.
Al llegar al gimnasio, abrió la puerta para mí dejándome pasar primero. Antes de entrar me detuve, me puse de puntillas y lo besé en la mejilla.
―¿Por qué fue eso?
―Por ser tú.
Caminó detrás de mí y me dio un cachete en el culo mientras susurraba en mi oído:
―A mi chica le gustan los sucios cerdos.
La mujer en el escritorio de recepción hablaba por teléfono mientras me inscribía. Cuando colgó, le pregunté sobre un pase de invitado. No se molestó en levantar la mirada de su teléfono.
―Mi empresa tiene unos pocos pases de invitados. No he traído ninguno. Pero esperaba que estuviera bien si pudieras comprobar que no he usado ninguno todavía.
Resopló con molestia, su atención tuvo que cambiar de su teléfono a su ordenador, lo que era en realidad parte de su trabajo.
―¿Nombre?
―Isabella Swan.
Sus uñas teclearon.
―¿Nombre del invitado?
―Eh… Emmett.
Detuvo su tecleo.
―¿Apellido?
―Mccarty.
Bueno, eso atrapó su atención. Su cabeza se alzó de golpe.
―Eres…
―El invitado de Bella ―terminó Emmett cuando la voz de ella se desvaneció.
―Oh, Dios mío. Realmente eres Emmett Mccarty. ¡Te amo! Soy una enorme fan de los Steel.
―Gracias.
Apoyó ambos codos en el mostrador, acunando su sonriente rostro en sus manos. Olvida el latigazo cervical, esta mujer tuvo un zorra-latigazo, pasó de perra a embelesada rápidamente.
―Entonces, ¿qué te trae aquí, a nuestro pequeño gimnasio?
―Hacer ejercicio ―respondió Emmett inexpresivamente.
Soltó una risita como si él acabara de decir la cosa más divertida del mundo.
―Esta clase no será ejercicio para alguien como tú.
Mi respuesta fue brusca porque… bueno… porque ella era una perra que acababa de insultar mi ejercicio, el lugar en el que trabajaba y… estaba ocupada comiéndose con los ojos a mi novio.
―Eso está bien. Hizo ejercicio esta mañana en casa. Embestidas contra la pared.
Asintió.
―Interesante. Nunca probé esas. ¿Tal vez puedes enseñarme cómo más tarde?
Puse una sonrisa falsa.
―No lo creo. ¿Pero podríamos tener ese pase de invitado?
―Oh. De acuerdo. Claro. No hay problema. ―Hizo un gesto hacia la entrada detrás del escritorio―. Vayan. Yo me encargo. No necesita un pase.
La clase estaba casi llena cuando llegamos, así que tomamos un lugar en la parte de atrás y dejamos caer nuestras bolsas de gimnasio a nuestro lado para reservar el sitio.
―Eres linda cuando estás celosa.
―No estaba celosa.
Alzó una ceja y sonrió con suficiencia.
―Lo estabas extremadamente.
―No soy del tipo celoso.
―¿En serio?
―Sí.
―Estás llena de mierda.
―No.
―¿Te importa demostrarlo?
―¿Quieres apostar a que puedes ponerme celosa?
―Síp.
Extendí mi mano.
―Trato hecho. El perdedor le da al otro un masaje.
Emmett estrechó mi mano y guiñó.
―De acuerdo. Pero vas a masajear mi espalda.
―Lo que sea. Pero esta competición va en ambos sentidos.
Emmett miró alrededor de la habitación. Estaba casi completamente llena de mujeres.
―¿Vas a flirtear con algunas de las mujeres de aquí? Estoy bastante seguro de que es la mejor competición que alguna vez voy a ganar, y ni siquiera hemos empezado a jugar todavía.
La maliciosa mujer del escritorio de enfrente entró.
―Eric llega cinco minutos tarde. Así que, ¿por qué no vamos calentando? ¿Alguien quiere ofrecerse voluntario para ayudarme a estirar frente a la clase?
La mano de Emmett se alzó más rápido que la de un geek en clase de ciencias.
La perra se vio complacida.
―Señor Mccarty. Qué sorpresa. Señoritas, ¡tenemos nada más y nada menos que al mejor jugador del Super Bowl, Emmett Mccarty, en la clase hoy! Y va a venir aquí y enseñarnos cómo se hace. ―Nadie nos había notado realmente en la parte de atrás de la habitación, pero eso cambió al instante. Las mujeres se volvieron y se quedaron boquiabiertas. Emmett alardeó y se dirigió hacia el frente de la clase.
Había olvidado por completo el arrogante espectáculo que podía ser. Recuerdos de la primera vez que lo conocí en el vestuario vinieron a mí mientras se ponía junto a la instructora trabajando en sus estiramientos. En un punto, me sonrió, entonces se quitó su camiseta por la cabeza. Sus pantalones cortos de gimnasio colgaban bajos en su estrecha cintura y cada definido músculo estaba en completa exposición. Especialmente esa V. La misma que recientemente había descubierto que a ambos nos gustaba cuando la trazaba con mi lengua.
Miré alrededor de la habitación. Definitivamente no era la única babeando. Juro que olía las feromonas flotando por el aire. Nunca lo admitiría, pero no me gustaba la manera en que estas mujeres estaban mirando a Emmett. Aun así… no había unos celos inmaduros. Había un sentimiento reconfortante al darme cuenta de que sabía que no estaba realmente interesado en ellas. Toda la clase podría estar encantada, pero el hombre ante ellas solo lo hacía para intentar provocarme.
Después de unos minutos del espectáculo de Emmett, Eric entró. Daba clases en el lugar al que normalmente iba, así que éramos amigables. Quizás incluso más amigables de lo que a mi "confiado a ganar la apuesta" novio podría gustarle. Sonreí interiormente, sabiendo que solo tomarían una o dos frases después de clase para ganar nuestra apuesta. Ya podía prácticamente sentir mis músculos relajándose bajo el masaje de Emmett.
Después de que la clase terminara, las mujeres rodearon a Emmett pidiéndole autógrafos. Él presumió, pensando que me estaba provocando, pero realmente encontraba toda la cosa divertida y estaba muy malditamente orgullosa de que los celos no hubieran asomado su fea cabeza. Cuando la multitud se diluyó, nos dirigimos a la puerta… pero no antes de que me detuviera a hablar con el instructor.
―Hola, Eric.
―Pretzel. Es una agradable sorpresa verte aquí hoy. ―El típico cotorreo de flirteo de Eric estaba silenciado. Echó un vistazo a Emmett.
―Este es Emmett Mccarty. Un viejo amigo de la familia.
Emmett me miró de reojo mientras estrechaba la mano de Eric. Ese pequeño pedazo de información, una confirmación indirecta de que el hombre de pie a mi lado no era mi novio, fue todo lo que tomó para que Eric se relajara.
―Encantado de conocerte, Emmett. Ustedes van a regresar, ¿eh?
―Eso parece.
―Dime, ¿fue nuestro pequeño Pretzel siempre tan sexy?
El aire se heló al instante. Emmett fulminó con la mirada a Eric, que ni siquiera pareció notarlo ya que fue directo a añadir pólvora al cañón.
―Tu postura del perro hacia abajo todavía necesita abrirse un poco. ¿Por qué no te quedas unos minutos y me dejas ayudarte a alcanzarla?
―Suena como una buena idea. ―Me volví hacia Emmett y alegremente avivé el fuego que olía ardiendo― ¿Por qué no vas al vestuario y Eric puede ayudarme con mi posición? Me reuniré contigo fuera.
Emmett lo intentó tan duro, pero la mirada sucia y lasciva de Eric era demasiado para manejar.
―A la mierda. ―Su mano sujetó posesivamente mi cintura―. Tú ganas. Salgamos como el infierno de aquí.
Eric parecía confuso mientras Emmett rápidamente me llevaba al vestuario.
―Muy lindo ―gruñó.
―Eso pensé.
Al salir del gimnasio, me burlé de Emmett por mi triunfo.
―Habría pensado que sería una dura competición. Supongo que no.
―Yo te daré duro… ―Me tomó de la mano.
―No te habría catalogado del tipo celoso.
―Yo tampoco ―gruñó.
―Tengo que darme una rápida ducha y regresar a la cadena. Tenemos una reunión planeada a última hora de la mañana. Van a añadir un par de entrevistas de último minuto con los jugadores de los Eagles antes del juego del fin de semana.
―Reunión con el enemigo. ¿Estás intentando matarme? Primero, el Imbécil Yogui y ahora pasar tiempo con la división rival. Creo que necesito un poco de atención extra esta noche. Me estoy sintiendo abandonado.
―Oh, ¿lo estás?
―Síp. Creo que necesito que me muestres lo especial que soy.
―¿Y qué exactamente implicaría eso?
―Pensaré en algo. Cuando lo haga, me aseguraré de mandarte un mensaje con los detalles mientras estás en medio de tu reunión. ―La malvada lengua del hombre se traducía bien incluso por mensaje.
Rodeamos la esquina, dirigiéndonos al edificio donde vivía Maggie. Emmett me estaba hablando sobre su horario por el resto de la semana cuando de repente se quedó en silencio. Me tomó un momento darme cuenta.
―¿Emmett? ―Estaba mirando al otro lado de la calle―. ¿Todo va bien?
Las calles de Nueva York estaban llenas de movimiento. Al principio, no noté nada. Pero entonces la vi. Una mujer se había detenido fuera del edificio de Maggie y estaba mirando en nuestra dirección. La gente iba y venía, pero ella simplemente se quedó allí, la mirada fija en nosotros.
Era absolutamente hermosa. Delgadez esquelética de modelo con largo cabello rubio y ojos tan grandes que los noté desde el otro lado de la abarrotada calle. Mi corazón se hundió. Sabía la respuesta pero pregunté de todos modos.
―¿Conoces a esa mujer al otro lado de la calle?
Emmett giró su cabeza hacia delante y siguió caminando.
―Sí. Es Rosalie.
Y solo así, la confianza que había sentido antes, la sensación de fortalecimiento, se convirtió en miedo y vulnerabilidad. Y, sí, incluso un poco de celos.
