Capítulo 21:

Adrien llamó al timbre de la casa de Marinette y esperó apoyado en el Audi R8 negro que le regaló su padre al cumplir la mayoría de edad. Apenas había usado el coche por la impresión de millonario que daba, pero aquella era una noche especial y quería darle lo mejor a su chica. En teoría habían quedado para ir al cine, pero Adrien había planificado una noche llena de actividades, empezando por una cena en uno de los restaurantes de moda del momento. Lo cierto era que la idea de ir al cine fue de Marinette para evitarle gastos por el socavón económico por el que pasaba su familia, pero él quería darle una nueva primera cita para recordar, y por una noche…

Sus pensamientos quedaron ahogados en cuanto la joven abrió la puerta de la vivienda. Adrien cerró la boca para tragar saliva. De pronto se encontraba seco, con la garganta acartonada, impidiéndole decir una sola palabra. Marinette, sonrojada, se llevó un mechón suelto detrás de la oreja, en un acto reflejo. Miró a su chico de reojo, algo avergonzada.

- ¿Qué? – dijo la joven sin atreverse a mirarlo directamente. Adrien la miró de arriba abajo con lentitud, disfrutando de cada rincón de la imagen de Marinette.

- Estás… - No pudo decir mucho más, no le salían las palabras. "¿Guapa? ¿Hermosa? ¿Sexi? ¿Preciosa?" cualquiera de esos adjetivos quedaba hueco ante ella en ese preciso instante. Marinette llevaba un vestido hasta la rodilla azul eléctrico con un ligero vuelo en la falda y una abertura en ambos laterales hasta casi el inicio de la curva de los glúteos. Ceñido desde la cadera hasta el pecho, el vestido brillaba con la luz como si fuera un cielo estrellado, refulgiendo en contraste a la piel de porcelana, pulida y perfecta de la joven. El escote en V mostraba una insinuante curva del pecho de Marinette, que estaba decorado con un collar largo de cristales blancos. El cuello se veía perfectamente gracias al recogido medio suelto que se había hecho, dejando varios mechones escapar perezosos del moño alto. Adrien quiso besar y morder ese cuello. Con tranquilidad se acercó a ella, tendiéndole una mano para ayudarla a bajar los dos escalones. Estaba temblando. Con suavidad la acercó a él y le dio un beso lento, tranquilo, lleno de caricias. Marinette se relajó en sus brazos mientras Adrien rezaba por controlar el impulso que le demandaba olvidar todo lo planeado y subirla a la habitación para hacerla suya en ese mismo instante. Inspiró hondo, embriagándose con su aroma. Tenían toda la noche, e iba a disfrutarla con ella tranquilamente. Con suavidad pasó la mano por su espalda y descubrió con sorpresa que el vestido también tenía un escote en la espalda hasta la curva de la cadera decorado con encaje. Algo se movió en su interior. "Respira muchacho, respira" se obligó a pensar. Ya tendría tiempo de jugar con la suave y sedosa tela que hacía refulgir los azules ojos de la muchacha. Con pesar se separó de ella, que tomó una bocanada de aire mientras un escalofrío la recorría de arriba abajo. – Estás… perfecta. –

- G-Gracias. Tú también estás muy guapo. – dijo ella que había quedado igualmente embelesada con el traje gris perla y la camisa verde abierta al cuello, sin corbata ni pajarita, de él. El color resaltaba el de sus ojos y le daba un toque exótico a su bronceada piel. Marinette, aún algo mareada de la intensidad de ese beso, se abrazó los brazos mientras sonreía avergonzada. – Me parece que nos hemos arreglado de más para ir al cine…

- Tal vez – continuó él apartándose un poco para abrir la puerta del coche deportivo. Marinette se quedó boquiabierta. ¿Ese coche era suyo? Adrien hizo una reverencia con el brazo, invitándola a pasar. La joven, sorprendida se sentó en el asiento de cuero, notando el frio del mismo contra su piel. Todo el interior del coche estaba en tonos negros. Adrien se dirigió a la puerta del conductor y antes de entrar tomó una gran bocanada del aire de la noche. "Relájate, relájate…" se dijo a sí mismo. Con una sonrisa entró de nuevo al vehículo y la miró sonriendo mientras ella observaba maravillada todo lo que había a su alrededor. – Y ya que estamos tan arreglados… - continuó el joven – ¿Y si vamos a cenar? Invito yo.

- Pero Adrien, no puedo permitir eso. – Marinette lo miraba con preocupación. Se agarró a la chaqueta negra que tenía en el regazo. – Sé que no es el mejor momento para ti y tu familia. Nunca te permitiría invitarme… Ni siquiera me parece bien estar en este coche. Seguro que gasta una barbaridad en combustible. ¿Y si…? – Adrien la tomó de la mano y le dio un suave beso en el dorso. Marinette calló al instante.

- My lady… Agradezco de todo corazón tu preocupación por mí y mi familia, pero déjame recordarte que a pesar de esos problemas económicos yo tengo un ingreso propio gracias a mi trabajo como modelo juvenil. Y antes de que rechistes… - dijo adelantándose a los pensamientos de ella – confía en mí. Sabes que no soy un cabeza loca. Sé donde están mis límites. Pero esta noche quiero que sea especial. Nunca tuvimos una primera cita en condiciones y nuestra relación ha sido un poco tortuosa desde sus inicios. Quiero regalarte… mejor dicho, regalarnos un nuevo primer encuentro mágico y que ambos recordemos con pasión. Déjame darte eso esta noche. Déjame ser tu príncipe azul por un día…

La voz de Adrien resonó unos instantes en el coche. Marinette, roja de nuevo, asintió. Estaba tan feliz que si abría la boca seguro gritaría de emoción. Había sido un comentario tan bonito que no podía evitar estar emocionada.

Adrien le dio otro beso en la mano y arrancó el coche que rugió con fuerza. Marinette abrió mucho los ojos emocionada e impaciente por sentir el movimiento de ese coche en su cuerpo. Adrien inició la marcha y ambos disfrutaron del traqueteo del vehículo en las asfaltadas calles de París, mientras cientos de personas se giraba para descubrir quién era aquél que lucía semejante coche.

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Adrien aparcó en el parquin privado de uno de los restaurantes juveniles más actuales de la ciudad. "La trufa de oro" era uno de esos sitios a los que podías ir a divertirte con los amigos a disfrutar de una cena en pareja mientras disfrutabas de un espectáculo de música o de magia. Marinette se puso la chaqueta antes de bajar del coche para contrarrestar el helor de la noche que había ido cayendo mientras llegaban al sitio.

Marinette sujetaba el brazo de su chico mientras se dirigían a la entrada del restaurante donde una cola de más de diez personas esperaba a que se liberara una mesa. Al pasar por delante para ir a hablar con el camarero empezó a elevarse un murmullo. Eran las voces quedas de los que estaba allí reunidos que cuchicheaban al ver a la pareja de actualidad.

El camarero se acercó a ellos.

- Oui, Monsieur? – dijo con un leve gesto de cabeza.

- Perdone, teníamos una mesa reservada a nombre de Adrien Agreste para esta noche. – comentó con una sonrisa. Marinette lo miró sorprendida. Él le guiñó un ojo. "Así que lo tenía planeado… que tramposo" pensó divertida.

- Oui, su mesa está lista. Por aquí, por favor.

Guiados por el camarero, ambos se dirigieron a una mesa situada en la primera fila frente al escenario. Otro camarero les mostró la carta y les tomó nota. Adrien pidió una botella de vino blanco para acompañar la cena y a los pocos minutos de estar los platos en la mesa, la luz bajó levemente y un foco iluminó el telón frente a ellos. Una voz melodiosa presentó a un grupo de música que iba a entretener la velada durante la siguiente hora. El nombre del grupo le sonaba a la joven, pero no lo situaba. Entonces se abrió el telón y lo entendió. Era el grupo en el que tocaba Luka.

Marinette abrió mucho los ojos. Estaba muy atractivo con la chaqueta de cuero y la melena suelta. Su guitarra brillaba con los focos. Las chicas se volvieron locas al verlo. Aun estando en el extremo derecho del escenario era el centro de atención de todo el mundo. Marinette notó como sus labios se ensanchaban en una gran sonrisa mientras aplaudía a su amigo. Estaba orgullosa de él. Tan atenta estaba al espectáculo que no notó la tensión en los hombros y la mandíbula de su chico cuando la vio emocionarse por Luka.

La luz descendió aún más y todo el escenario quedó a oscuras. Entonces sonaron las cuerdas de la guitarra sobreponiéndose al silencio sobrecogedor. Unas pocas notas después, entró la batería y después el cantante. Todo el mundo enloqueció con aquella balada rock. Marinette se giró hacia Adrien mientras aplaudía al ritmo de la música, igual que los demás. Adrien le dedicó una sonrisa. Esos celos eran infundados, lo sabía. "Él y ella sólo son amigos, nada más" se decía a sí mismo. Pero él sabía que Luka sentía algo por Marinette. Lo había sabido desde el primer momento. Total, era algo muy evidente. Pero ella era suya. Lo sabía, y no temía que sus sentimientos cambiaran. Y aún así…

La hora de Luka pasó volando para Marinette y pesada para Adrien. Sin embargo, la cara de felicidad de Marinette le había hecho que mereciera la pena el mal trago. Cuando el telón se cerró para que entrara el siguiente espectáculo, la pareja ya iba por el postre.

- Vaya, vaya. ¡Qué ven mis ojos! – comentó una voz desde atrás. Adrien maldijo para sus adentros. Luka se acercó a ellos desde atrás para saludarlos.

¡Luka! – Marinette se levantó para darle un abrazo. Adrien se levantó a su vez y le tendió la mano, educadamente. – Ha sido espectacular, de verdad. Me ha encantado.

Muchas gracias, Mari. Me sorprende mucho veros por aquí. Sobre todo… juntos. – comentó mirando de soslayo al rubio. Adrien apretó la mandíbula para contener sus impulsos. ¿A qué venía eso? –

Ya, bueno… - Marinette se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja, nerviosa. Adrien sintió una pequeña punzada en el pecho. ¿Estaba avergonzada de que Luka los hubiera visto juntos? – Sobre lo de aquel día… Tenías razón. Nunca hubo ese distanciamiento que yo creía. – Marinette agarró del brazo a Adrien que se sonrojó levemente. Luka los miró sin hacer ningún gesto – Pero me ayudaste mucho con tus palabras. Y mira, ahora estamos juntos.

Bueno, supongo que siempre tuve la partida perdida, ¿no? – dijo sonriendo. Le tendió la mano de nuevo a Adrien que se la estrechó a modo de despedida – Cuídala mucho Adrien, porque como le hagas daño estaré ahí para hacértelo pagar.

¡Luka! – dijo Marinette como si regañara a un niño pequeño. Luka se rio un poco.

Lo siento Mari, pero tengo que avisarle. Y ya sabes, para cualquier cosa que necesites estoy aquí. – Marinette le dio los tres besos de rigor para despedirlo. – Y por cierto, estás espectacular esta noche.

Con un gesto de cabeza, Luka se marchó dejando a Marinette sonrojada y a Adrien con la sangre hirviendo. Adrien se acercó a Marinette para susurrarle algo al oído y vio cómo desde la distancia Luka se volvía para mirarlos. Los pensamientos racionales de Adrien se vieron sobrepasados por un impulso y, como si lo llevaran los celos, tomó la cara de Marinette entre sus manos y la besó. No un beso casto para exteriores, no, un beso atrevido, intenso, fiero. Un beso que escribía en letras refulgentes: "ELLA NO ESTÁ A TU ALCANCE". Adrien abrió los ojos para mirar a Luka desafiante, quién no pudo sostenerle la mirada y se marchó por la puerta lateral.

En cuanto se fue, Adrien cortó el beso y se recolocó en la silla. De pronto se sentía estúpido. ¿Por qué había hecho eso? Pensó. Marinette, agitada, miró a su alrededor. Con la luz baja, nadie parecía haberse percatado de su pequeño momento. Roja como un tomate y algo malhumorada encaró a Adrien.

¿Se puede saber a qué ha venido eso? – le susurró al oído. Adrien se sonrojó a su vez y puso las manos frente a él. Desde luego había sido innecesario.

Lo siento, lo siento muchísimo. Ha sido un acto estúpido. No sé que me ha pasado. – comentó rápido, escusándose. Marinette lo miró de arriba abajo.

No me malinterpretes, ha sido impresionante. Pero creía que íbamos a tener cuidado fuera de casa. – dijo jugueteando con la cuchara del postre. Adrien se sintió culpable. No quería estropear su noche especial. Suspiró.

Lo siento de veras. Ha sido… yo… él… - dijo sin saber cómo confesarle que había sido un acto egoísta para marcar su territorio. Marinette empezó a entenderlo. Abrió mucho los ojos.

¿Estás celoso de Luka? – dijo sorprendida. Adrien se llevó una mano a la cabeza y se agitó el pelo, nervioso.

Yo… sé que es estúpido. No tengo derecho a estar celoso. Nunca me has dado motivos para estarlo… Sin embargo no he podido evitarlo… ¡Te estaba comiendo con los ojos!... Y yo necesitaba hacerle entender… que viera que… - Adrien hablaba atropelladamente. Marinette quiso enfadarse o molestarse con él, pero en lugar de ello sintió… "felicidad". Adrien no era un chico celoso, ni de los que se enfrentaban a otros por impulso, pero la quería, le preocupaba perderla y peleaba por ella. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Lo agarró de la pechera de la camisa y lo atrajo hacia sí, dándole un beso intenso y lleno de promesas. Adrien la miró sin comprender.

No te voy a mentir, me ha gustado que me defendieras. Pero no te preocupes, nunca tendré ojos para otro que no seas tú. Al fin y al cabo, si te he esperado todos estos años, no voy a renunciar a ti tan fácilmente. – sonrió. Adrien le devolvió la sonrisa.

¿Eso significa que me perdonas por ser un chico tonto? – dijo haciendo un mohín con los labios. Marinette rio.

Te perdono porque eres MI niño tonto. – contestó.

El resto de la cena pasó tranquilamente. A las 23:15 ambos se hallaban en el centro de París, paseando por la calle que recorría el Sena. El frío de la noche se colaba entre los pliegues de la chaqueta de Marinette, haciéndola temblar. Adrien le tendió su chaqueta y se la puso sobre los hombros. Hablaron de muchas cosas en el camino, de su pasado, de sus vidas y de su futuro.

- Oye – dijo Adrien al parar en un mirador del Sena. – ¿Ya tienes decidido a qué te vas a dedicar ahora? – Marinette, apoyada en su hombro inspiró para disfrutar del olor nocturno de la ciudad.

- Pues quiero ser diseñadora de moda. – comentó mirando la luz de la luna reflejada en el agua. Adrien sonrió.

- Lo suponía. – Marinette lo miró enarcando una ceja. Sonrió de medio lado.

- ¿Tan predecible soy? – murmuró. Adrien se acercó a ella y le dio un casto beso.

- No bichito, pero se ve desde la luna lo mucho que te apasiona la moda. Sería raro que decidieras dedicarte a otra cosa.

- Supongo que sí – se rio - ¿Y tú? ¿Tienes algo claro ya?

- Mmm… - Adrien miró al infinito, buscando la respuesta. Marinette se lo quedó mirando, ansiosa – La verdad, no estoy seguro. Toda la vida he crecido a la sombra del imperio de mi padre. Tenía ya planificado mi futuro para ser su segundo en la empresa… Y ahora que todo eso se acabó, no sé qué voy a hacer. Lo cierto es que nunca me gustó la idea de dedicar toda mi vida a la moda. – Adrien sonrió de medio lado, nostálgico. – Siempre me gustará hacer de modelo, pero mi pasión, lo que de verdad me gusta… es la enseñanza.

- Vaya – Marinette lo miró sorprendida. Nunca lo hubiera imaginado. – Estoy segura de que se te daría muy bien. Eres muy inteligente y tienes mano con las personas. Serías un gran profesor. – Adrien la miró.

- ¿Tú crees? –

- ¡Claro! Si has podido sacar para delante a una cabeza dura como yo, estoy segura de que podrás hacerlo con cualquiera. – Marinette se rio. Adrien le sonrió.

- ¡Oye! Tú no eres ninguna cabeza dura. Eres una chica tremendamente lista – dijo. Marinette volteó los ojos.

- Si, bueno…

- ¡Pero bueno! – Adrien se lanzó a por ella y empezó a hacerle cosquillas por los costados. Marinette intentó huir, pero él la abrazó y siguió con su castigo.

- ¡Para, por favor, para! – dijo con los ojos llenos de lágrimas por la risa.

- No, de eso nada princess. Retíralo. – Marinette negó con la cabeza. Adrien aumentó la velocidad de sus dedos por las costillas y Marinette tuvo que ceder.

- Vale, vale lo retiro. – dijo entre risas. Adrien la soltó, riendo también. Ella se giró hacia él y le dio un empujón cariñoso. – Ya te vale…

- Jajaja. No me has dado otra opción. – dijo abriendo los brazos para darle un abrazo. Marinette se sumergió en ellos, dejándose llevar por su calor y su aroma.

- Te quiero. – dijo la joven. Adrien notó cómo su corazón se aceleraba. Sonrió y le dio un beso en la cabeza.

- Y yo a ti, my lady. – Marinette levantó el rostro hundido en su pecho y le dio un beso en los labios. Uno tierno, lleno de amor y cariño. Adrien le pasó las manos por el pelo y la acercó aún más. Su aroma inundó sus sentidos. Adrien apretó los labios, infligiendo más intensidad, exigiendo más de ella. Marinette le devolvió el beso, cada vez más apasionado. Ambos siguieron besándose a la luz de la luna, sin preocuparse del tiempo ni el lugar. Al cabo de unos largos minutos ambos se separaron con la cara enrojecida y el pelo desarreglado. Adrien pasó un dedo por los carnosos labios de Marinette, experimentando su suavidad. – Vamos a tu casa.

- Sí – suspiró ella casi como un gemido.

Ambos se dirigieron al parquin en busca del coche. A los 10 minutos ambos entraban en la casa.

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Los rayos del sol del mediodía despertaron a Adrien. Con una sonrisa en los labios se quedó mirando al techo de Marinette, recordando la noche pasada. Recordó el camino hasta su casa, tenso y nervioso por la expectación del momento. Recordó cómo Marinette lo llevó escaleras arriba hasta su cuarto, mientras ambos se besaban cálidamente. Recordó acariciar su piel, su cuello y sus labios en una danza cálida y sensual. Recordó cómo ella se entregaba a él, anhelante, mientras ambos se perdían en un sinfín de besos y caricias. Recordó el vuelco al corazón que le dio al ver cómo el vestido tan etéreo al principio caía a plomo en el suelo, dejando ver una figura perfecta enmarcada en un conjunto de lencería negro de encaje y pedrería. Recordó obligarse a sí mismo a no arrancarle el conjunto del tirón para disfrutar de su imagen y su tacto. Recordó tomarla en brazos y llevarla a la cama para tumbarla sobre el suave lecho. Recordó besarla en cada centímetro de su piel y verla gritar de placer con cada caricia. Recordó hacer el amor con ella lenta y dulcemente, envolviendo todo el momento con caricias y besos. Y recordó hacerla suya toda la noche hasta que ambos quedaron exhaustos bien entrada el alba.

Adrien suspiró. Aquello no sólo había sido pasión y amor, había sido una conexión, un momento en el que los dos se entregaron mutuamente para convertirse en uno.

Marinette bostezó a su lado mientras se masajeaba los ojos, sacándolo de sus ensoñaciones. Parpadeó un par de veces y miró a su chico, sonriendo.

- Buenos días gatito – dijo acercándose a él para abrazarlo. Con un gesto natural, Adrien levantó el brazo y Marinette se acomodó en su pecho desnudo, piel con piel.

- Buenos días princess. ¿Has dormido bien? – susurró en su oído con una media sonrisa. Marinette se rio por lo bajo y lo abrazó con más fuerza.

- Como un bebé. ¿Y tú? – Adrien sonrió.

- Mejor que en muchos años –

- Oye, lo de anoche… fue… - Marinette inspiró hondo, como si así pudiera aspirar el aroma de los recuerdos pasados. - … simplemente mágico.

- Pienso igual – comentó Adrien sonriendo, mientras acariciaba su espalda desnuda con los dedos. Marinette notó como se le ponía la piel de gallina. Adrien comenzó a acariciarla más abajo, fuera ya del límite de la espalda, en círculos concéntricos. Marinette lo miró enarcando una ceja.

- Esto… ¿no está un poco baja esa mano? – Comentó picarona. Adrien miró al techo mientras seguía con su labor.

- No sé de qué me hablas – dijo, y le dio un cachete suave. Marinette abrió mucho los ojos de sorpresa.

- ¡Pero bueno! Qué fresco te has vuelto. – dijo riéndose. Con un movimiento rápido, se puso ahorcajadas sobre él y empezó a mover sus caderas sobre el miembro despierto del joven, quien abrió los ojos de golpe. – A esto podemos jugar los dos, ¿sabes? – dijo ella, con media sonrisa felina.

- Con que quieres jugar, ¿eh? Vale, tú lo has querido. – dijo él mirándola con ojos embravecidos de nuevo.

Media hora después, ambos desayunaban-comían unos espaguetis descongelados en el salón, con la televisión de fondo mientras hablaban de sus cosas. Después de la comida, cuando ambos estaban recostados en el sofá, Adrien carraspeó.

- Oye, my lady, hay algo que hace tiempo quería comentar contigo, pero que me preocupaba a su vez. – Marinette lo miró y comprendió a qué se refería. Asintió.

- Te refieres a los miraculus, ¿verdad? – Adrien asintió.

- Sé que eran un medio para un fin, que eran para detener a Hawkmoth, pero ahora somos un equipo, somos amigos de Plagg y Tikki. No sé si soportaría separarme de ellos.

- Lo sé. Es una decisión difícil. Por un lado, usarlos es un riesgo frente a gente que pueda desear quitárnoslos para hacer daño a los demás, es un imán para los dementes… Pero por otro lado, hemos hecho mucho bien con ellos, no sólo contra Hawkmoth, sino también ayudando a nuestra gente en los días cotidianos.

- Exacto –

- He estado pensándolo mucho, Adrien. Como nueva guardiana es mi deber proteger los kwamis, lo cual implica que Tikki debe quedarse conmigo. Sin embargo, ¿debo dejar que los demás kwamis se usen? Es una decisión complicada, pero tras mucho pensar me he dado cuenta de algo.

- ¿De qué? – preguntó Adrien con un nudo en la garganta.

- Siempre habrá gente que quiera hacer daño a los demás. Pueden ser malos de poca monta o verdaderos villanos de película, pero la gente de a pie merece que la ayuden. Y no pienso negar la ayuda a las personas que la necesiten por miedo al "quizá". Tú y yo somos el mejor equipo que haya existido jamás. Y el pueblo de París se merece eso, con Hawkmoth o sin él.

Adrien la abrazó desde atrás y le dio un enorme beso en el cuello. Marinette se rio.

- Creo que estás de acuerdo conmigo. – comentó la joven.

- Sin duda eres inigualable. – Adrien la giró para abrazarla como es debido y la besó. – Por eso te amo.

- Y yo a ti.

Marinette sonrió y juntos se perdieron en un beso interminable, lleno de promesas de futuro y de amor.

FIN