Despertó de un modo incluso más placentero a como lo había hecho unas horas atrás. Aunque la temperatura había bajado, siendo ya de noche, el muro de calor que tenía a su espalda le estaba manteniendo a la temperatura perfecta. Y por si eso fuera poco unos sensuales labios estaban besando su hombro y cuello, consiguiendo que Levi volviera al mundo de los vivos con una sensación de paz que jamás había experimentado. Dudaba mucho que existiera un cielo, como aseguraba la Orden de los Muros, pero apostaba a que tenía que ser muy parecido a lo que ahora estaba experimentando.

- ¿Ya has despertado? –preguntó Erwin en su oído. Había recuperado ese tono más cordial y amigable que solo usaba con su círculo más cercano, tan diferente al empleado para dar órdenes. Y aunque a Levi le encantaba ese Erwin tan mandón, especialmente cuando estaban en la cama, tenía que reconocer que su lado más tierno tampoco estaba mal.

- Estoy en ello –gruñó, moviéndose lo justo para que Erwin siguiera con la lluvia de besos, sin muchas intenciones de dar media vuelta para al menos mirarle.

Al Comandante no le importó. Para ser sinceros, le encantaba tener a un Levi tan apacible entre sus brazos. Sin dejar de besarle colocó una mano sobre su estómago para acercarle todo lo posible a su cuerpo y que estuvieran completamente pegados.

Levi no se quejó por estar siendo tratado como un muñeco, pues mientras siguiera besándole podía moverle a su antojo tanto como quisiera… hasta que se dio cuenta de un importante detalle.

Abrió los ojos de par en par, ya completamente despierto, y miró por encima de su hombro a una de las zonas en la que sus cuerpos se estaban rozando. Más en concreto, a la impresionante erección de Erwin que se estaba clavando en su culo.

- Eh. ¿Se puede saber qué estás haciendo? –preguntó, entrecerrando los ojos.

Erwin adoraba esa mirada de superioridad en su Capitán. En ese sentido los dos estaban igual de enfermos. Aunque ahora no tenía muy claro a qué venía esa miradita de perdonavidas cuando él no estaba haciendo:

- Nada.

- Exacto. –Dio media vuelta para quedar de frente al Comandante y de paso restregarse un poco contra ese miembro que seguía sin hacer nada-. ¿Tienes previsto cambiar la situación en algún momento?

El Comandante gimió ante el sensual roce, maravillado por la facilidad de Levi para convertirle en un saco tembloroso de piel y huesos. Permitió por unos segundos que ese exquisito roce continuara, hasta que quiso acompañar esa agradable sensación con otra igual de placentera: la de los labios de Levi, que besó con calma.

Al principio el Capitán se dejó hacer, más preocupado por terminar de excitar a Erwin para que se moviera de una vez. Más en concreto, para que se moviera dentro de su culo, increíblemente necesitado tras semanas de sequía.

Jamás habría imaginado que llegara a echar tanto de menos el cuerpo de Erwin. Pero desde las primeras veces en las que se acostaron, cuando todavía no estaban del todo claros los términos de su pacto, no había pasado tanto tiempo sin que probaran el uno el cuerpo del otro. La espera se le estaba haciendo eterna.

Pero cuando los gemidos de Erwin no aumentaron de ritmo ni de intensidad, señal de que por él podrían pasarse toda la noche haciendo eso, el Capitán tuvo que tomar cartas sobre el asunto.

Se apartó de los labios de Erwin, en parte satisfecho cuando este soltó un quejido lastimero, y le miró fijamente a los ojos.

- ¿Se puede saber qué te pasa?

- Nada.

Chasqueó la lengua y le regaló una de esas miradas de desagrado que cualquier soldado temería, pero a las que Erwin tenía especial cariño:

- Volvemos a la época en la que creía que no eras humano –murmuró, exagerando el sarcasmo- ¿O acaso quieres que se te caiga la polla para ponerte en la piel de los titanes y entenderles mejor?

El Comandante arqueó una ceja, sorprendido ante la sugerencia, tras lo que sonrió con mesura.

Había echado de menos aquellos momentos: los dos en la cama y simplemente hablando de todo y de nada. Podía contar con los dedos de una mano las ocasiones en las que habían podido hacer algo así, y todas ellas le habían brindado una ocasión única para conocer mejor a su Capitán. Y como consecuencia había acabado deseándole y adorándole más de lo que ya lo hacía.

- No es mala estrategia. Pero respondiendo tu pregunta, no hace falta que hagamos nada más.

- ¿Ah, no? –agarró la erección de Erwin, arrancándole un jadeo-. Esto dice lo contrario.

Dejó que Levi siguiera con sus atenciones durante unos segundos porque, para qué mentir, le encantaba lo que le estaba haciendo, hasta que recordó que habían dejado la conversación a medias.

Eso sí, para poder seguir primero tuvo que apartar la mano de su solícito Capitán. Por mucha capacidad que tuviera para pensar en todas las posibilidades y desarrollar siempre el mejor plan, eso era imposible si su mente no estaba donde tenía que estar.

- ¿Acaso no te ha gustado cómo te he despertado? –le recordó-. Nunca antes había podido hacer algo así.

El comentario llenó de dudas a Levi. Ya sabía que de los dos Erwin era con diferencia el más atento, por lo que era lógico que a él se le hubiera ocurrido algo tan novedoso como despertarle a base de besos. Pero que quisiera seguir hablando de ello cuando estaban en medio de algo mucho más interesante, eso sí que era extraño. Especialmente después del tiempo que había pasado desde que pudieran estar en una situación similar. Y aunque parte de las ansias de Levi se habían relajado gracias a los dos orgasmos que ya había tenido, ahora mismo Erwin tendría que estar follándole con autentica desesperación para poder placar esas mismas ansias, más que evidentes en su erección.

Así pues, la pregunta estaba clara: ¿Por qué no lo estaba haciendo?

- ¿Qué es lo que no me estás contando?

- Te aseguro que nada –acarició la cadera de Levi mientras hablaba. Otro ejemplo de lo que Erwin NO debería estar haciendo, en opinión del Capitán, cuando a su lado tenía otra parte de su anatomía más interesante-. Después de tanto tiempo sin parar, creo que nos hemos merecido un poco de calma para variar.

- Tienes razón. Pero olvidas que ha pasado el mismo tiempo sin que me folles.

Erwin disimulo el disgusto que le provoco aquella palabra. No dejaba de ser la verdad. Eso era lo que siempre hacían, follar sin parar hasta caer rendidos para al día siguiente continuar con sus vidas pero…

Desechó el disgusto y lo disfrazó de ironía. Seguía siendo muy pronto para lo que Levi había soportado.

- ¿Me está diciendo que me ha echado de menos, Capitán?

- No seas imbécil. Solo hay una parte de ti que he echado en falta –agarró dicha parte para que le quedara bien claro lo que quería-. Y ahora, ¿te importaría cumplir con tu deber y ocuparte de tu Capitán, Comandante?

Erwin necesitó unos segundos para centrarse. Aunque le encantaban esas conversaciones con Levi en las que los insultos eran la mejor manera que tenían de mostrarse aprecio, una parte de él quería que hubiera algo más.

Después de lo que habían vivido quería pensar que las cosas podían ser distintas a partir de ahora. Especialmente a raíz de haberle confesado a Levi que conocía su gran secreto y que eso nunca supuso ningún problema para él. Sentía que esa era la única manera que tenía, tal vez no de seguir siendo ese Comandante infalible, pero al menos sí de poder levantarse cada día para hacer las cosas lo mejor posible.

Pero estaba claro que Levi no tenía ningún otro interés en él, aparte del de siempre.

Debiendo tomar una decisión antes de que sospechara más de lo que ya lo estaba haciendo, Erwin optó por una alternativa intermedia que, confiaba, les dejaría satisfechos a los dos.

Cambió de posición y se sentó junto al cabecero de la cama, apoyando la espalda en la pared para agarrar a Levi por la cintura y obligarle a sentarse a horcajadas en su regazo.

- ¿Quieres hacerlo así? –preguntó al ver las intenciones del Comandante.

- ¿Algún problema?

- No es que vayas a poder moverte mucho.

- No importa. Tú puedes encargarte de todo –comentó, tirando más de sus caderas para que terminara de sentarse.

Sin embargo, lo único que consiguió fue que Levi hiciera más fuerza, apoyando las manos en sus hombros para quedarse donde estaba, sin que sus cuerpos entraran en contacto.

- No vas a decirme qué te pasa, ¿verdad?

Erwin tragó con dificultad. En parte adoraba que Levi siempre hubiera tenido esa facilidad para leerle la mente, pues ello hacia que resultara mucho más fácil explicar las cosas; especialmente aquellas que no tenía ni idea de cómo explicar. Incluso había ocasiones en que esa capacidad resultaba de lo más liberadora cuando se trataba de hablar de algo que ni siquiera él sabía que le preocupaba.

Pero otras veces, como estaba ocurriendo ahora, esa misma ventaja se convertía en un inconveniente.

Sabía que tan pronto como le dijera qué le pasaba la apacible burbuja que habían creado estallaría. Y no quería eso. Al menos, no tan pronto. Se habían ganado que la calma durara un poquito más. Y para el Comandante Erwin Smith tener a Levi entre sus brazos, relajado o dejándose llevar por la pasión pero sin pensar en si mañana morirían o en cuánto tardarían sus enemigos, ya fueran titanes o humanos, en atacar de nuevo, era el único método que conocía para encontrar esa paz.

Pero bien conocía a su Capitán como para tener claro que si volvía a darle una excusa conseguiría el mismo resultado que si le explicaba lo que estaba pasando por su cabeza.

Así que, de nuevo, tuvo que optar por una situación intermedia. Dejó que la máscara que siempre se veía obligado a llevar cayera para que Levi viera todos los sentimientos que ahora mismo estaban confluyendo en él: alegría por tenerle a su lado, pero también miedo y tristeza por no saber cuánto duraría aquello.

Su Capitán abrió los ojos de par en par, sorprendido. Intentó decir algo, pero Erwin puso una mano sobre sus labios, que luego llevo hasta su cuello para acariciarlo con esa mezcla de ternura y posesión ante la que Levi nunca había podido resistirse.

- Luego… -pidió, haciendo más presión con la otra mano sobre la cadera del soldado para que se sentara. Levi gimió ante el primer contacto, perdido en esos ojos azules que más que nunca parecían dos pozos sin fondo-. Primero… Creo que había algo que habías echado de menos.

Levi consiguió aguantar la tensión una milésima de segundo; el tiempo que necesitó para asentir levemente e indicarle que aceptaba la tregua que le pedía. En el acto Erwin se relajó visiblemente, lo que permitió que por fin se centrara en lo que Levi le había estado pidiendo desde el principio.

El cambio en el Comandante fue instantáneo. De mirar a su soldado con esa mezcla de sentimientos, dejó que en el azul de sus ojos tan solo se reflejara la pasión y el deseo, al mismo tiempo que el agarre sobre su cintura se volvió más firme.

Levi no podía estar más contento con el cambio de actitud. Casi sin ser consciente movió sus caderas para que ese roce fuera más intenso y el jadeo de Erwin hizo que sonriera con malicia. Por fin le tenía donde quería.

Sin embargo, cuando ya se estaba incorporando un poco para colocarse encima de su erección y que pudiera penetrarle, el Comandante volvió a sorprenderle al sujetarle con un poco más de firmeza.

- Ve despacio –susurró con voz ronca.

Al estudiar con detenimiento su rostro Levi comprobó que esa pasión y deseo no habían disminuido, pero que junto a esos sentimiento había algo más que no conseguía identificar.

Iba a preguntarle otra vez qué es lo que le pasaba, pues estaba claro que no estaba donde debía estar, cuando Erwin le atrapó en su red al obligarle a bajar muy lentamente sobre su erección.

La presión le arrancó un jadeo de placer, pues entró tan lentamente en él que no sintió ese dolor con el que solían empezar todas sus sesiones de sexo. Ello hizo que el placer se viera aumentado, más si cabe cuando el Comandante interrumpió su jadeo con un beso que comenzó muy lentamente, siendo probablemente el beso más dulce que le había dado cuando sus cuerpos estaban conectados de la manera más íntima posible.

Curiosamente, la contradicción de besarle con tanta dulzura en un instante tan visceral hizo que el deseo de Levi aumentara.

Así se lo hizo notar a su Comandante, gimiendo y respondiendo al beso con más fuerza, a lo que Erwin respondió guiando su cuerpo más abajo, terminando de penetrarle con ese ritmo tan lento y tan perfecto.

Cuando estuvo completamente lleno, sin embargo, Levi no comenzó a cabalgarle. Es lo que solía hacer en sus encuentros, cuando la espera había llegado a su fin y solo quedaba disfrutar del cuerpo de su Comandante y de todas las sensaciones que le ofrecía.

Esta vez respondió con menos ansias de las que él mismo imaginaba, más concentrado en seguir disfrutando de los labios de Erwin sobre su boca y de sus manos sobre su cadera, mientras terminaba de habituarse a la sensación de tenerle completamente enterrado en su cuerpo.

El beso se alargó durante minutos, hasta el punto de que llegó a perder la noción del tiempo. Consiguió recuperarla solo cuando Erwin enroscó la lengua en la suya y el delicioso roce hizo que gimiera, ante lo que el Comandante tembló levemente.

Ello hizo que por fin Levi recordara (¡cómo había podido olvidarlo!) que el gigantesco miembro de Erwin estaba bien metido en su culo, por lo que ya iba siendo hora de sacarle todo el partido.

Y como si pudiera leerle la mente, ese fue el instante que el Comandante eligió para dar una embestida. Con aquella postura apenas tuvo fuerza, pero fue lo justo para que Levi temblara de pies a cabeza.

- Había olvidado lo grande que eras –gruñó, teniendo que apoyarse en sus hombros para aguantar la oleada de placer.

- Me lo tomaré como un cumplido –bromeó Erwin, besando su cuello y arrancándole otro jadeo a su Capitán. No inició una nueva penetración, aunque fuera tan leve como la anterior, dándole el control total a Levi. Él se conformaba con seguir besando su pálida piel mientras estrechaba su cuerpo todavía tembloroso entre sus brazos.

Durante unos minutos Levi también se conformó con eso. Se agarró al cuerpo del Comandante mientras este le besaba a placer, intercambiando caricias con agarres de su pelo cuando el beso sobre su garganta era un poco más agresivo.

- Erwin… -gimió sin darse cuenta, apartando el cuello para darle más espacio a su lengua y dientes.

Si por Erwin hubiera sido, se habrían pasado toda la noche así. Con el cuerpo de su querido Capitán bien abierto para él y asegurándose de que no se marchaba a ningún lado, mientras le demostraba con sus manos y sus labios lo muchísimo que le deseaba y que le necesitaba.

Pero cuando Levi gimió su nombre con la voz especialmente rota, completamente ajeno a lo que ese lamento provocaba en él, el cuerpo de Erwin actuó por voluntad propia, meciéndose lo justo para que su miembro presionara la próstata con la fuerza adecuada.

Entonces el cuerpo del Capitán también actuó por instinto y comenzó a moverse sin darse cuenta.

Al principio fue muy despacio, moviendo sus caderas adelante y atrás para que ese roce no cesara. Pero casi enseguida eso le supo a poco. Se lo demostró al hombre que le llevaría al orgasmo agarrándose a sus hombros con desesperación, clavándole incluso las uñas e incorporándose un poco sobre su regazo solo para dejarse caer con violencia sobre su erección.

- ¡Levi!

Esa fue toda la señal que necesitó para comprender que su Comandante estaba en el mismo punto que él. Entonces comenzó lo que solo podría definirse como una batalla en la que tan pronto era Levi quien iba ganando, presionando su culo y usando el cuerpo de Erwin para que le llenara como a él le gustaba, deprisa y sin pausa; como era Erwin quien recuperaba la ventaja, obligándole a ir más despacio pero con los roces sobre su próstata siendo más apurados e intensos. Y cada vez que eso ocurría el Capitán dejaba claro que no le gustaba perder, incluso si le gustaba lo que le estaba haciendo, pues el quejido que soltaba era más de frustración que de disfrute.

La segunda vez que pasó eso, teniendo que morderse los labios para no gemir, Erwin se cansó de esperar. Agarró sus caderas con fuerza, impidiéndole moverse y obligándole a que le mirara a los ojos.

- Dímelo –le ordenó sin parar ese ritmo tan tortuosamente lento.

- Joder, Erwin –le miró con odio, deseando alejarse de esa cadencia a la que el Comandante le estaba obligando.

- No seas cabezota y dímelo –gruñó, dando un par de estocadas más fuertes, solo para después salir casi por completo e impidiéndole alcanzar el orgasmo-. Así solo te estás haciendo daño a ti mismo.

- La verdad –gimió cuando volvió a llenarle tan despacio que dolía-, ahora preferiría hacerle daño a cierto rubito pomposo.

- Eso no es lo que quiero oír –susurró en su oído. Agarró sus caderas con tanta fuerza que dejó impresas las huellas de sus dedos, provocándole un destello de dolor que contrarrestaba con el placer que le estaba dando al mismo tiempo.

- Er… -gruñó y gimió a la vez, sin saber a qué estímulo reaccionar primero-. Erwin…

- No –le exigió cuando Levi le miró con odio-. Solo, dímelo.

- Por… -se le quebró la voz, fruto de la sobrecarga de estímulos-. Por favor.

Erwin le besó entonces con toda la dulzura que fue capaz de reunir en un instante en que todo su cuerpo le pedía follarle hasta perder el sentido.

- Buen chico –susurró en su oído, esta vez sin ese tono autoritario, tras lo que sí procedió a hacer lo que su cuerpo le pedía.

Agarró la espalda sudorosa de Levi, pegándole todo lo posible a su cuerpo para que sintiera cada mínimo movimiento muy dentro de él. Que Levi respondiera con una mezcla de jadeos y palabras incoherentes le indicó que lo estaba haciendo bien, por lo que aumentó la intensidad hasta que finalmente un gemido roto le indicó que estaba a punto de llegar al orgasmo.

Entonces, queriendo ver a su Capitán en todo su esplendor, le tumbó sobre la cama sin salir de él y sin dejar de embestir, consiguiendo que se convulsionara de placer. Levi no tenía muy claro dónde estaba el arriba y dónde el abajo, pero se conformaba con que Erwin siguiera follándole.

Erwin no disminuyó la velocidad. Ni siquiera cuando Levi alcanzó el clímax y su cuerpo menudo se quedó completamente rígido, los ojos en blanco mientras experimentaba la oleada de placer y eyaculaba con tanta fuerza que algunas gotas de semen acabaron en su barbilla.

Aquella visión hizo que Erwin redoblara sus esfuerzos por follar a su Capitán, consiguiendo que el orgasmo se alargara más de lo esperado.

Al principio Levi ni siquiera se dio cuenta de que seguía follándole, todavía inmerso en ese mar de endorfinas que había conseguido que saliera de su propio cuerpo. Pero cuando los estragos del orgasmo disminuyeron lo suficiente como para ser un poco más consciente de lo que estaba pasando, se dio cuenta de que Erwin seguía embistiendo. Y que esta vez lo estaba haciendo con todas sus fuerzas.

- Erwin…

Dijo su nombre en un ronroneo, todavía inmerso en el más absoluto placer. Le siguió un gemido cuando el Comandante le embistió con más fuerza, y luego un jadeo cuando separó sus piernas para llegar más dentro y, de paso, poder besarle. Al hacerlo Erwin recogió con la lengua los restos de semen que manchaban su barbilla.

- Qué estás…

No pudo terminar la queja, pues tan pronto como recolectó su esencia Erwin la quiso compartir con él en un beso lleno de pasión. Y aunque a Levi eso le pareció la cosa más asquerosa del mundo, tampoco pudo quejarse porque el Comandante volvía a embestir como si no hubiera un mañana.

- Erwin… -consiguió decir, casi en medio de un lamento, cuando superó la nueva oleada de placer-. ¿Tienes pensado correrte en algún momento?

Erwin le miró prepotente, asentando las rodillas en la cama para dar unas cuantas embestidas más intensas que consiguieron que Levi soltara otro lamento. Y cuando su miembro flácido empezó a mostrar interés su superioridad se hizo aún más evidente.

- No hasta que hayas perdido la cuenta de los orgasmos que has tenido –puntualizó con una certera embestida que le hizo gemir. Sujetó las manos de Levi por encima de la cabeza, impidiéndole moverse y al mismo tiempo dándole un punto de anclaje para afrontar la nueva oleada de placer que estaba a punto de experimentar-. Y hasta que hayas olvidado tu propio nombre.

- No me había dado cuenta de lo enfermo que estabas… -se quejó, gimiendo justo después y sintiendo que estaba a punto de llegar al nuevo orgasmo.

- Recuerda lo que te he ordenado. No puedes correrte sin gritar mi nombre.

- Maldito presuntuoso…

- Al parecer tendré que esforzarme un poco más –comentó casual, pero entonces llevó la otra mano al trasero de Levi para incorporarle un poco y dejarle con la inclinación perfecta para llegar más dentro, atacando su culo como si fuera su enemigo en lugar del cuerpo que le estaba regalando una experiencia inolvidable.

Solo hicieron falta tres estocadas que Erwin dio con un gruñido de rabia, desesperado porque se corriera de una vez, y el raciocinio del Capitán solo dio para murmurar con labios temblorosos el nombre de su Comandante.

El orgasmo fue menos intenso pero a Erwin le siguió pareciendo la cosa más maravillosa del mundo, y por eso le recompensó con un beso que duró lo mismo que su clímax. Y aunque Levi apenas intervino, prácticamente inconsciente, tampoco le molestó porque seguían siendo sus labios y seguía estando dentro de él.

- Levi –murmuró cuando su cuerpo dejó de temblar- Levi.

El Capitán necesitó unos instantes para terminar de recuperarse. Se dio cuenta entonces de que Erwin seguía penetrándole con la misma intensidad del principio… Pero en esta ocasión no le estaba proporcionando el placer esperado.

- Erwin… Para.

- Aún no he terminado contigo.

- Es demasiado pronto.

- ¿Acaso no quieres que me corra dentro de ti? –preguntó con cierta inocencia, no consiguiendo engañar a nadie al estar su mirada llena de deseo. Y sus caderas habían vuelto a tomar un ritmo endiabladamente rápido, lejos de esa sinuosa cadencia con la que comenzó y que ahora a Levi no le importaría que recuperara.

- Hazlo de una vez… -jadeó cuando el Comandante siguió golpeando su próstata sin piedad.

- No hasta que lo hagas tú otra vez.

- ¡Estás loco! No puedes pedirme que…

- No te lo estoy pidiendo. –Le miró fijamente para que viera que no estaba bromeando. Y ya que estaba, aprovechó para morder su boca y darle un par de estocadas más profundas que hicieron que Levi volviera a temblar. La sobrecarga de estímulos a la que Erwin le estaba sometiendo era demasiado intensa, habiendo sobrepasado el punto del dolor.

- Pensé que no querías estar por encima de mí –dijo con rabia, siendo visible la película acuosa que cubría sus ojos y que por fin pareció placar las ansias del Comandante.

Erwin abrió los ojos de par en par, sorprendido por la reacción de su Capitán. Miró entonces su mano, todavía sujetando las de Levi, y los nuevos restos de semen que salpicaban su pálida piel.

- Y no quiero.

- ¿Entonces por qué haces esto?

- ¿Yo? –preguntó con más rabia de la esperada-. ¿No eras tú quien quería que te follara? Eso es lo que estoy haciendo-. Y para que quedara claro dio una brutal embestida que arrancó un gruñido de dolor a los dos, al haber sido demasiado inesperada.

También fue lo que Erwin necesitó para dejarse llevar, dejar de pensar en Levi y centrarse exclusivamente en sí mismo, buscando ese orgasmo que hasta ahora se había negado, prefiriendo darle a su amante todo lo que pedía.

Y visto que Levi solo tenía interés en su cuerpo, ¿por qué no pagarle con la misma moneda?

Mientras lo hacía se obligó a no pensar en que ese mismo cuerpo al que ahora estaba follando no hace mucho había estado en unos calabozos, muerto de frío y sucio. A cambio usó su cuerpo como esa escapatoria que tanto necesitaba, pues ahora era Erwin quien sentía que se estaba ahogando; desesperado porque con cada embestida parte de la tensión que se había ido acumulando desde hacía meses se liberara de una vez por todas.

Tal vez por eso le costó tanto alcanzar el orgasmo. Porque con esa reacción puramente biológica en la que la excitación era lo único que importaba, Erwin también aceptaba que jamás podría tener lo que realmente quería.

Trató de pensar en Levi, no como en ese Capitán por el que se había pasado las últimas semanas en vela, odiándose por no poder contarle la verdad y sabiendo que acabarían haciéndole daño, sino como en ese soldado que años atrás se ofreció para que le usara cuando ya no podía más.

Y Erwin ya no podía más.

Por eso no paró cuando el asalto sobre el cuerpo de Levi fue demasiado intenso, obligándole a empalmarse otra vez cuando su cuerpo ya no daba más de sí, arrancándole más gemidos de dolor que de excitación.

Erwin hizo oídos sordos a sus lamentos, quedándose con el hecho de que al menos estaba vivo y a salvo. Lo único que había conseguido de entre todo lo que había deseado.

Cuando Levi alcanzó su cuarto y definitivo orgasmo en el que ya no pudo expulsar nada, desmayándose por la sobrecarga a la que su cuerpo había sido sometido, Erwin enterró el rostro en su cuello para susurrarle esas palabras que jamás podría decir en voz alta.

Entonces, ya sí, se permitió llenar ese cuerpo que en realidad le tenía completamente a su merced.

El orgasmo fue más doloroso que placentero ante el cúmulo de emociones que se liberaron en un segundo.

Afortunadamente Levi seguía inconsciente, por lo que no llegó a ver las lágrimas que el Comandante Erwin Smith se permitió liberar por primera vez desde que tenía memoria.