CAPÍTULO 21

Dos años antes

—¿Dime por qué no? Dame una razón. No lo entiendo Edward. —Protestó Tanya en el jardín de los Cullen.

—Tanya, vamos a tener la cena en paz. Lo discutiremos en casa. —Se quejó Edward apretando el puente de su nariz.

—¡Es que es una actitud muy egoísta por tu parte!

—¿Egoísta por mi parte? ¿Y por la tuya? ¿No es egoísta quererte llevar a mi hija lejos de mi durante un mes?

—¡No seas exagerado, Edward! Puedes hacerle video llamadas, te mandaré fotos y hablarás con ella todos los días.

—¡He dicho que no! Sabes que ahora no puedo cogerme vacaciones, pero cuando acabe el curso escolar podremos irnos los tres juntos de viaje, como la familia que somos.

—¡Una familia que hace aguas!, —Exclamó alzando la voz— Como nosotros como pareja. Por eso quiero irme sola con Ness, necesitamos tiempo lejos el uno del otro, Edward.

—¡Lo que necesitamos es arreglar nuestros problemas, no huir de ellos! Tengo el número de esa consejera matrimonial, pero te niegas a ir. —Respondió exasperado, pues era consciente de que no estaban atravesando su mejor momento y aunque él le había insistido una y otra vez en visitar a un profesional, ella se negaba.

—No estamos casados.

—¡Unos malditos papeles no marcan la diferencia! —Alzó la voz desesperado.

La puerta trasera de la cocina se abrió haciendo que ambos diesen por terminada la conversación.

—¡Chicos! La cena está lista, será mejor que entréis. —Les informo Esme.

—Ahora mismo vamos, mamá.

—Esto no se acaba aquí. —Sentenció Tanya entrando en la casa sin poder ocultar su enfado.

Edward suspiró resignado. Efectivamente su relación con Tanya se estaba hundiendo como el Titanic, pero debían reflotarla por el bien de Ness.

No era la primera crisis que tenían, pero si estaba siendo la más fuerte. Ambos se conocieron dos años atrás en una cena con amigos en común. Desde el primer momento se sintieron atraídos y la conversación fluyo de manera natural con coqueteo por ambas partes.

Esa misma noche intercambiaron sus teléfonos, quedaron un par de veces más y en la tercera cita se acostaron. Sexo del bueno que les satisfacía a ambos por igual.

Estaban cómodos juntos, poco a poco se fueron haciendo más íntimos y a los seis meses de relación decidieron irse a vivir juntos.

Eran jóvenes y ambos trabajaban por lo que podían disfrutar de la vida. Edward trabajaba en una academia dando clases de refuerzo escolar y Tanya trabajaba como estilista en una importante cadena de asesoramiento personal.

Barajaron la posibilidad de casarse cuando descubrieron que Tanya estaba embarazada, un embarazo no planeado, pero que ambos aceptaron gustosos. Al final, decidieron posponer la boda hasta después del nacimiento para poder disfrutar de la fiesta y que Tanya pudiese lucir el modelito, pues se negaba a casarse pareciendo una ballena, según sus propias palabras.

Justo cuando descubrieron el embarazo, Tanya recibió una suculenta oferta de trabajo en Alemania, oferta que rechazó. Edward le pidió que se lo pensase, para él no era fácil separarse de su familia, pero entendía que Tanya no quisiese renunciar a su trabajo. Podían mudarse, empezar una nueva vida... Pero ella decidió quedarse en Nueva York. Una decisión de la que terminaría arrepintiéndose y utilizándola como reproche, pero al fin y al cabo fue algo que ella eligió.

Edward sonrió al entrar en la casa y ver a su pequeña sentada en el regazo de su padre.

—¡Pa-pá! —Gritó la niña golpeando la pierna de su abuelo.

Ness era lo más preciado que tenía en la vida. Con su piel sonrosada, sus rizos c olor cobrizo y sus ojos verdes, era un retrato en miniatura y versión femenina de su padre.

—¿Quién es la niña más bonita del mundo? —Preguntó Edward arrodillándose para quedar hasta su altura a lo que la pequeña golpeó su pecho indicando que ese adjetivo le correspondía a ella

—¡Esta niña es demasiado lista! —Admiró Carlisle—. Puede que tenga año y medio, pero sabe más que cualquier niña de su edad.

—Y puede que tú no seas objetivo, papá. Nessie te tiene en la palma de su mano, ya verás cuando crezca, estoy seguro de que serás el típico abuelo que todo lo consiente.

—Por algo dicen que a los hijos se les educa y a los nietos se les disfruta.

Edward sonrió ante las palabras de su padre. Cogió a Ness en sus brazos y la sentó en la trona que había al lado suyo en la mesa, así podrían comer todos juntos.

La cena transcurrió tranquila, entre los comentarios de sus padres y las bromas de Emmet. Tanya permaneció más seria de lo normal. Ella no disfrutaba de las reuniones familiares, probablemente porque su familia había fallecido cuando ella era joven, pero Edward adoraba mantener el contacto con sus padres y siempre había hecho todo lo posible por incluir a Tanya en su familia.

Volvía de la cocina de ayudar a su madre a preparar el postre cuando Tanya le interceptó.

—Quiero irme a casa.

—Está bien, tomamos el postre y nos vamos

—No, quiero irme ya, Edward.

—¿Qué diablos te pasa? Quedamos en cenar con mi familia y eso es lo que vamos a hacer.

—¡Ness y yo somos también parte de tu familia y yo me quiero ir! —Se quejó alzando la voz— ¿Me vas a llevar o tengo que pedir un taxi?

Edward bufó indignado y enfurecido, estaba siendo una noche complicada.

—¡Aquí traigo la tarta! —Dijo Esme apareciendo desde la cocina con un delicioso pastel de chocolate.

—Lo siento, mamá, pero no nos podemos quedar, Tanya no se encuentra bien.

—¿Qué te ocurre? —Preguntó preocupada mirando a su nuera.

—Estoy cansada y me duele la cabeza, eso es todo.

—¡Oh!, No os preocupéis. Os guardaré un trocito para que os lo llevéis.

—Gracias, mamá.

Edward tomó a su pequeña en brazos y se la ofreció a su hermano para que se despidiese.

—Ness, cielo, despídete del tío y los abuelos.

—¡Ti-to! ¡Muac! —Río Ness lanzando besos a su tío que se deshacía en arrullos para ella.

—Aquí tenéis. —Esme les entregó una bolsita con el postre y les abrazo a ambos para despedirse—. ¡Ah, se me olvidaba! Habíamos pensado en alquilar una casita en Malibú al lado de la playa, tiene piscina privada y todo, así podemos pasar unas semanas juntos en verano ¿Qué os parece?

—Es una excelente idea, mamá. Ya lo hablaremos más tranquilamente.

—¡¿Qué?! —Exclamó Tanya fuera de si— ¿A eso no te niegas?

—¡Basta, Tanya!

—¡Nada de basta!, Esa decisión la debemos tomar los dos no tú solo.

—Por eso mismo he dicho que lo hablaremos

—¡Eres un egoísta, Edward!, ¡Solo piensas en ti!, ¡Es increíble que aun así te niegues a que haga mi viaje!

¡Basta ya de hablar del puto viaje! —Gritó ante el asombro de sus padres y su hermano—. ¡No es lo mismo ir a pasar unos días con mi familia y todos que largarte tú sola con la niña!

—¡Es que tú no puedes decidir por mí!, ¡Es mi hija y hago lo que me da la gana!

—No sin mi consentimiento

—¿Como puedes ser así de imbécil?

—¿Y tú desde cuando eres tan caprichosa? ¡Te estás comportando como una niña y no como una adulta!

—¡Te odio!, ¡Eres insufrible!

—¡Y tú inaguantable!

—¡Pues si no me aguantas deja que me marche!

—¡Adelante!, ¡Hazlo!, ¡Pero sola!, ¡No con la niña!

Los gritos habían ido aumentando de intensidad hasta que el llanto de Ness les hizo darse cuenta

—¡Ya le has hecho llorar! —se quejó Tanya cogiendo a la niña de los brazos de Emmet— Vamonos a casa ¡Ya!

—Chicos, ¿Por qué no os calmáis un poco antes?

—¡Déjalo, papá! No te metas. Nos vamos, ya hablaremos de todo.

Edward se despidió de sus padres y Emmet con un cariñoso beso y aseguró a Ness en la sillita del coche antes de montarse, Tanya, en su enfado ni siquiera se había despedido de sus suegros y permanecía sentada en el asiento del copiloto esperando para marcharse de allí.

—¿Por qué no te sientas atrás con Ness? —Preguntó Edward abrochándose el cinturón.

—Porque prefiero ir sentada aquí, ¿O para eso también tengo que pedir permiso?

—No, pero la niña puede necesitar algo. Si tuvieses permiso de conducir yo me sentaría atrás y tú estarías frente al volante, pero alguien tiene que llevarte a casa.

—Sé quedará dormida en dos minutos, Edward. No discutas por discutir

—Vámonos, porque hoy estás insoportable. —Se quejó Edward enfilando la carretera.

—Tú, últimamente lo estás siempre.

—No te voy a perdonar lo que le has hecho a mis padres, Es una falta de educación que nos hayamos puesto a discutir delante de ellos ¡Ni siquiera te has despedido!

—¡Hoy no me apetece ser falsa! ¡Odio tu vida perfecta! ¡Tu familia perfecta! ¡Tu hija perfecta!

—¡Cállate antes de que digas algo de lo que te arrepientas!

El llanto de Nessie inundó el vehículo. La pequeña que estaba empezando a quedarse dormida, se despertó al escuchar los gritos de su madre.

—¡¿Ves lo que has hecho?! ¡Has asustado a la niña!

—¡Por Dios! ¡Solo está llorando!

—¡No sé qué demonios te pasa esta noche, pero no te reconozco! ¡No veo por ningún lado a la madre cariñosa que eres ni a la mujer simpática de la que me enamoré!

—¡Ya no soy esa mujer! ¡Sacrifiqué mi vida y mi trabajo por esta relación! ¡Y ha sido para nada! ¡Tú estás haciendo tu vida mientras que yo estoy estancada! ¡Odio mi vida y te odio a ti! —Gritó escupiendo las palabras cargadas de resentimiento.

—Nadie te obligó a renunciar a ello, Tanya. No lo olvides. —Le recordó Edward dolido.

—¡Quiero bajarme! ¡Para el coche! —Gritó

—¡No puedo parar en mitad de la carretera! En cuanto vea una salida lo haré.

—¡No, quiero parar ya! —El llanto de Ness no cesaba— ¡Tengo que calmar a Ness! ¡Para el coche!

—¡Ahora no puedo!

—¡Qué pares he dicho! —Gritó fuera de si.

Presa de un ataque de nervios, Tanya se abalanzó sobre el volante para sorpresa de Edward que rápidamente intento hacerse con el control ya que estaban empezando a dar tumbos por la carretera.

—¡Para Tanya! ¿Qué haces?¡Nos vas a matar!

—¡Para el coche! ¡Para el coche!

El sonido de una bocina le hizo volver a mirar a la carretera, pero no pudo enfocar la vista ya que un fogonazo le cegó. Sintió como algo les golpeaba haciendo que el coche saliera disparado de la carretera dando vueltas de campana.

Fueron segundos, pero a Edward le pareció que aquello duraba una eternidad: Tanya gritaba, Ness lloraba y él se mantenía aferrado al volante mientras que el coche seguía dando vueltas, sabiendo que aquello no estaba bien.

Su cuerpo, aún sujeto por el cinturón se balanceaba, los cristales rotos arañaban su cara y de pronto... Todo cesó: el ruido, los gritos, el llanto... Solo quedó el silencio y la oscuridad que le invadió, como un prefacio de en lo que se iba a convertir su vida.

¡Hola! ¿Qué tal todo? Espero que os encontréis bien y sanos en estos duros momentos que estamos viviendo.

Aquí tenéis ese trágico momento que marcó el pasado de Edward. Quizás, a partir de ahora, podamos comprender un poquito mejor a Edward.

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, favs, y follows.

Espero ansiosa leer vuestros reviews.

Nos leemos como cada martes en Élite Fanfiction y el viernes en un nuevo capítulo.

Saludos

Nos seguimos leyendo.