Capítulo 38
Cena
—No ha estado mal el postre, ¿verdad?
—Pues no, la verdad es que todo lo que hemos cenado estaba delicioso.
—Cierto, es un buen restaurante. Se van a llevar una buena propina.
—El restaurante sí, pero no los clientes—lanzó una mirada a su alrededor—No han dejado de mirarnos desde que llegamos.
—Por desgracia, es una de las cosas que tienen que sufrir quien se atreve a pasar un par de horas conmigo—se lamentó—Espero que no haya sido demasiado incómodo para ti.
—No, la primera media hora es un tanto extraño, pero luego te terminas acostumbrando.
—¿Y eso que no nos han visto besarnos?
—¿Qué?
—Es una broma, Quinn—respondía Brody tratando de terminar aquella velada de la mejor forma posible—Al menos no hay fotógrafos.
No, no los había, al menos dentro del restaurante al que habían acudido a cenar aquella noche.
Una cena que cumplía al fin la promesa hecha por Quinn, y que se gestó el día anterior, por culpa de un casual encuentro con el chico y con Emily justo a la salida de la casa de Rachel, cuando decidió visitarla tras regresar del gimnasio.
Una cena que se había ido atrasando hasta aquel justo momento en el que compartían mesa.
No fue nada sencillo para Quinn mentalizarse de que iba a pasar una velada con Brody. No le caía mal, todo lo contrario. Después de conocer lo importante que era para Rachel, y la responsabilidad que mostraba con Emily, tenía el cielo ganado.
Lejos de su fama de galán y conquistador, Brody no parecía dejarse llevar por la locura de la popularidad y se mantenía fiel a su personalidad. Esa personalidad que una vez más, y al igual que sucedió cuando se presentó en su casa para ayudarla, volvía a conseguir que se relajase por completo, y todo transcurriese con normalidad, como cualquier pareja de amigos.
Fue él quien eligió el lugar y puso fecha a la cena. 29 de diciembre a las 20:30 en un pequeño restaurante italiano de Harlem. Quinn no dudó en aceptarlo, incluso antes de contárselo a Rachel.
Lo cierto es que aquellas dos horas en las que duró la cena pasaron sin que apenas pudiese echar de menos alguna excusa para marcharse de allí. Se lo estaba pasando bien con el chico, que no había dejado de hablar en todo momento de cómo era su vida, de los rodajes que tenía pendiente, y de cómo el destino y la profesión les había unido a lo largo de sus carreras con personas que ambos conocían.
Sólo había un tema del que apenas hablaron y Quinn agradeció que así fuese; Rachel.
Ni Brody ni ella la mencionaron, salvo en contadas ocasiones por pura lógica, y eso suponía un gran alivio para Quinn, que de esa forma sabía que no tenía que fingir en ningún momento si algún comentario, o pregunta la pudiese poner en alguna situación comprometida con el chico.
—¿Vamos? —cuestionaba Brody tras ver como la cuenta era saldada y el taxi que había pedido hacía varios minutos, ya les esperaba en la puerta del restaurante.
—Claro—respondía sonriente.
Otra de las cosas que agradecía era que el chico llevase a cabo su petición. Ella le había prometido invitarlo a cenar y eso era lo que había hecho. En ningún momento Brody se mostró contrariado a que fuese ella quien corriese con los gastos de la cena, que, a ser verdad, tampoco resultaron demasiado costosos. Quizás por eso se había encargado él de elegir el restaurante, porque conocía que no era algo que pudiese resultar excesivo, y que el precio no iba a estar reñido con la calidad de la comida.
—Ya es mala suerte—musitó el chico adentrándose en el taxi tras ella.
—¿Mala suerte?
—Sí, para una vez que de verdad salgo a cenar con una actriz, y no hay fotógrafos que lo publiquen—dijo divertido.
—¿Querías que te vieran conmigo? ¿Estás loco?
—¿Por?
—Porque yo tengo una reputación—bromeó—No quiero ser una más de tu larga lista de amantes.
—Oh, ¿Así que es eso lo que te preocupa? —volvía a sonar divertido mientras el taxi ya avanzaba por una de las grandes avenidas que cruzaban aquel mítico lugar—No te preocupa que puedan emparejarte conmigo, sino ser una más de la lista. Suena interesante.
—Weston, hemos cenado bien y no he tenido que utilizar mis conocimientos de boxeo contigo, no hagas que eso cambie ahora que ya estamos a punto de regresar ¿Ok?
—¿Boxeo? ¿Practicas boxeo? —le preguntó sorprendido.
—No, claro que no, no estoy tan loca.
—¿Entonces? ¿Qué conocimientos tienes?
—Me limito a golpear el saco de arena más blando del gimnasio—se burló— Así, como terapia anti estrés.
—¿El más blando? —la miró divertido.
—Sí. La primera vez quise golpear uno de profesional y casi pierdo los dedos de mis manos.
—Oh, claro. Imagino.
—¿Has golpeado alguna vez un saco de esos? Son como piedras, no entiendo cómo pueden golpearlo los profesionales.
—Supongo que precisamente por eso, porque son profesionales. Yo soy más de Kick Boxing
—¿No es lo mismo?
—No, el Kick Boxing es más completo. No solo golpeas, sino que además te enseñan defensa personal y movimientos que te pueden venir bien. Se lo he recomendado a Rachel muchas veces, pero no me hace caso.
—No veo yo a Rachel dando puñetazos a un saco.
—No es solo eso, mira, yo sé que es una mierda, pero que las chicas aprendáis defensa personal no está de más. Y el Kick Boxing además es divertido.
—Suena bien.
—¿A qué gimnasio vas?
—Está situado en la 62th, Rachel iba allí.
—¿Dónde trabaja Henry?
—Eh, sí—respondía un tanto extrañada por la mueca de desagrado que mostró el chico al mencionar al monitor.
—No está mal, pero ese tipo, Henry, es un sobrado. Debes tener cuidado con él.
—¿Cuidado? —le cuestionó con dificultad.
—Sí, he ido a ese gimnasio alguna que otra vez con Rachel, y siempre que sucedían problemas con algunas de las chicas que estaban allí, ese tipo estaba involucrado. Es buen entrenador, pero un jodido baboso. Así que cuídate de él.
—Ok —susurró bajando la mirada avergonzada. No le habría venido mal aquel consejo algunos días antes, cuando decidió cometer la mayor estupidez de su vida al acostarse con él.
Otra cosa más que descubría de Brody y que le gustaba. Era sensato, y sobre todo se preocupaba por la gente que lo rodeaba, a él o a Rachel.
Los siguientes minutos del trayecto hasta su apartamento los pasó descubriéndole nuevas prácticas de deportes que podían interesarle para apartar el estrés de su cuerpo, y de cómo no había conseguido que Rachel practicase ninguno de ellos para mantenerse en forma o, simplemente, entretenerse.
—Es odiosa, se pasa las horas en esa estúpida bicicleta elíptica, o cuando sale a correr por el parque. —Se quejó cuando ya descendían del taxi. Hecho que sorprendió a Quinn. Brody se bajó del coche en la misma puerta de su bloque de pisos.
—Bueno, quizás con Em ella prefiera estar en casa, y hacer ahí los ejercicios—respondía confusa por haberlo visto pagar el taxi—¿No te vas con él? —cuestionó sin pensarlo.
—Eh, no, prefiero regresar andando. Hace buena temperatura—Bromeó—Igual se me congelan las pestañas.
—Procura no tocártelas, si lo haces, se te caen. Y no sé qué tan guapo vas a estar sin pestañas—le replicó burlándose
—A mi representante le va a hacer menos gracia que a mí—le sonrió—Pero aún no pienso marcharme, no te despidas ya de mí.
—¿Ah no?
—No, aún me tienes que invitar a tomarnos la última copa en tu apartamento—alzó la mirada hacia el imponente edificio, y Quinn se extrañó. Aquello no entraba dentro de sus planes. El pretexto de usar el truco de la última copa en tu apartamento tras haber cenado juntos, era siempre claro. Todo el mundo sabía que era la excusa perfecta para avanzar un poco más en una cita, pero para Quinn aquello no había sido una cita, ni mucho menos.
—¿Última copa? —cuestionó apenas con un susurro.
—Tranquila, Quinn—sonreía divertido—no pretendo nada que no estés dispuesta a aceptar.
—¿Qué?
—Ok, ok, cálmate, estaba bromeando. Solo me gustaría que me enseñaras la decoración de tu hogar, ya que Rachel no para de decir lo genial que es, y también quiero conocer a Superman—aclaró— Emily tiene decenas de dibujos de esa ardilla y ya siento curiosidad—sonreía—Nada más, prometo portarme bien.
—Oh es, es eso—susurró aún con la extraña sensación que le producía aquella traviesa sonrisa que mostraba el chico, y que conseguía hacerla dudar de si estaba bromeando o realmente solo quería llevar a cabo aquello que acababa de explicarle—Está, está bien, vamos—lo invitó a que la siguiese. Seguía sin encontrar excusas que pudiesen sacarla de aquella situación en la que se veía envuelta y que le resultaba un tanto extraña. Lo que no sabía era que Brody era consciente en todo momento de la tensión a la que se veía sometida, y cómo ésta trataba de seguir mostrándose amable con él. De hecho, incluso le divertía verla de aquella forma.
No tardaron en llegar hasta la duodécima planta y adentrarse en su apartamento.
—¡Wow! —exclamó el chico tras colarse en el mismo—Tenía razón Rachel, tienes muy buen gusto. Además, veo que has agregado más muebles. Ahora sí parece un verdadero hogar, Quinn.
—Gracias—respondía tratando de sonreír. Definitivamente no se sentía a gusto en aquella situación y no porque Brody le cayese mal, sino porque realmente sentía que aquello solo era una excusa para estar a solas con ella.
No se equivocaba. Esas eran las intenciones del chico, pero quizás no para lo que comenzaba a rondar por la mente de Quinn. — Oye, no tengo nada de alcohol aquí—se excusó Quinn tras lanzar una mirada hacia el interior de su cocina. —Solo tengo una botella de champan abierta desde hace varios días. Me temo que no te voy a poder invitar a una copa.
—Con un vaso de agua, me conformo—respondía sonriente—Hey ¿Ese es Superman?
—Así es—respondía al ver como el chico se acercaba a la jaula de la ardilla, que milagrosamente dormía—Y no es él, es ella.
—¿Ella? ¿Y por qué se llama Superman?
—¿No te lo ha contado Rachel? —preguntó Quinn al tiempo que servía una copa con agua.
—No ¿Qué tendría que contarme? —acudió hasta la cocina, donde tomó asiento en la isleta frente a ella.
—Pues que fueron Rachel y Emily quienes le pusieron ese nombre.
—¿Ah sí? Eso no lo sabía.
—Sí, el día que la vieron por primera vez, la saqué de la jaula para que Em pudiese tocarla—comenzó a explicar—Fue divertido hasta se me escapó de las manos, y se puso a correr como loca por todo el apartamento. Y después de correr, saltó de un mueble a otro hasta llegar al aire acondicionado—le indicó alzando la mirada—Se subió ahí, y se puso a comer.
—No, estás bromeando.
—Te juro que no. Puedes preguntárselo a ellas. Por eso le llamaron Superman, porque, literalmente, voló—sonreía divertida.
—¿Y cómo se bajó? —preguntó y Quinn no pudo evitar esbozar una sonrisa aún mayor al recordar la odisea, algo que parecía años que ya había sucedido.
—En realidad no se bajó, tuvimos que atraparla nosotras.
—¿De veras? ¿Por qué? Si le pones comida en la jaula, ella misma vuelve. Lo hacen todos los roedores.
—Lo sé, pero yo me tenía que marchar, y nos daba miedo a que pudiera hacerse daño. Es muy pequeña aún, es casi un bebé—le explicó.
—¿Y cómo la bajasteis? ¿Llamándola como a un perrito? —bromeó sin poder evitar lanzar la mirada hacia la ardilla de nuevo.
—La atrapó Rachel.
—¿Qué? No, eso sí que es mentira. ¿Cómo va a subir Rachel hasta ahí?
—La alcé sobre mis hombros—respondía al tiempo que Brody, con las cejas alzadas y la sorpresa en su rostro, comenzaba a sonreír estrepitosamente.
—No, no es posible ¿Rachel sobre tus hombros? Te estás riendo de mí.
—Te juro que no. Fue así.
—No me lo puedo creer, si a Rachel le da miedo subir unas escaleras de esas en las que puedes ver el suelo entre los escalones ¿Cómo se va a subir a tus hombros?
—Pues lo hizo, y podría demostrártelo si me hubiese dejado sin pelos, pero por suerte eso no sucedió.
—Oh dios, me hubiera gustado veros.
—A Emily le encantó, se reía mucho y se alegró al ver que volvimos a recuperar a su pequeña amiga sin que sufriese ningún accidente.
—A Emily le gusta todo lo que esté relacionado contigo—le dijo estremeciéndola—No sé cómo lo has hecho, pero mi hija te adora, y créeme, eso no es nada sencillo.
—Rachel insiste en que Emily es poco sociable, pero a mí me parece todo lo contrario.
—Y tienes razón. El problema de Em es que está creciendo bajo el temor de Rachel, y su obsesión—se lamentó.
—¿Te refieres a su obsesión por la privacidad?
—Sí, a eso y a muchas cosas que aún no logra asimilar—le dijo cambiando su expresión a un gesto más serio tras vaciar de un sorbo la copa de agua—De hecho, es una de las razones por la que te he pedido subir aquí—añadió tras aclararse la voz.
—¿Cómo?
—Quinn, no quería hablar de esto en el restaurante ni en mitad de la calle, no te he pedido subir aquí solo para ver a Superman o tu decoración, que por cierto me gusta mucho. Y por supuesto, no pretendía incomodarte, de hecho, te pido disculpas si lo he conseguido—aclaró—Pero hay algo más que me gustaría comentarte.
—¿Qué sucede? —le preguntó ignorando su disculpa.
—Es por Em, quiero que lo tengas claro.
—¿Qué sucede con ella? —Insistió preocupándose por el tono que había usado, y la expresión en su rostro.
—Verás—musitó removiéndose inquieto— Tal y como te he dicho, Emily bebe los vientos por ti y yo me alegro mucho, además, sé que no es la única Berry que siente eso—trató de sonreír. Pero aquella sonrisa se tradujo en una clara mueca de sorpresa en Quinn. —En unos días me marcho de nuevo para seguir con el rodaje, y empiezo a preocuparme por tener que hacerlo.
—No entiendo ¿Por qué?
—Rachel es una madre ejemplar,—continuó—pero esa obsesión de la que hemos hablado está consiguiendo que Emily no tenga la infancia normal, como, como debe tener una niña de su edad—confesó preocupado—El otro día en Central Park Emily estuvo jugando con varios niños que había allí, de su misma edad y fue genial para ella—Hizo una pausa—Quinn, mi hija jamás se había relacionado con nadie que no fuese Rachel, sus abuelos, Kate o conmigo, y en el parque era una niña diferente. Estaba encantada mientras jugaba con la nieve y los otros peques.
—Bueno, eso está bien. Poco a poco irá acostumbrándose y…
—Ese es el problema, Quinn— la interrumpió— Cuando yo me vaya, Emily volverá a pasar todo el tiempo junto a Rachel, dentro de la casa o con Kate. Y si, sé que con ella si sale al parque, pero Kate tiene órdenes explicitas de Rachel para que la tenga controlada. Órdenes como evitar precisamente que Emily sociabilice con otros niños desconocidos, no por los niños sino por sus padres, por evitar que la reconozcan. Y lógicamente Kate cumple con esas normas, porque es su responsabilidad. Yo, yo no quiero que eso suceda.
—Oh, entiendo… Pero ¿Qué quieres que haga yo? ¿Por qué me cuentas esto a mí y no a ella? Si lo hablas con ella, si le explicas la situación, tal vez entienda y permita que Kate…
—Contigo es con la única persona con la que se ha atrevido a salir con Em—volvió a interrumpirla—Incluso sé que la llevaste a ver los patos del estanque, y ella lo permitió. Y que estuvisteis en la juguetería y hasta estuvo con ella mirando ese mural con otros niños. Todo eso me lo dijo Rachel, y yo sé que lo ha hecho porque tú ibas con ella. Sé, sé que es cargarte con una responsabilidad que no te pertenece, y lo siento Quinn, pero es mi hija, y yo necesito que me ayudes a convencer a Rachel de que Emily es una niña normal, como otra cualquiera, que solo quiere jugar.
—Pero… —se detuvo para pensar bien las palabras que iba a decir—Yo, yo ya le he dicho a Rachel que debe salir más con ella, y no me ha hecho caso ¿Por qué iba a hacerlo ahora? Además, sé perfectamente que a Rachel no le gusta que le digan cómo tiene que tratar a Em.
—No te digo eso, no te pido que le digas lo que tiene que hacer, solo te pido que hagas de mí—balbuceó—Yo necesito que Rachel se dé cuenta que nuestra hija puede ser feliz tal y como es, y relacionándose con otras personas es la única forma de demostrárselo y que vea que tengo razón—Espetó con algo de tristeza—Quinn, Emily tiene dos años y medio, ahora mismo debería estar yendo a una guardería, y he permitido muy a mi pesar que no sea así. Pero no estoy dispuesto a que interrumpa también su entrada en el colegio. Porque entonces no voy a tener más remedio que hacer algo que no quiero hacer.
—¿Cómo? —cuestionó confusa—¿Hacer qué?
—Quinn, yo puedo tomar medidas legales, si lo veo necesario. No quiero ni pensarlo, pero cada día que pasa…
—Espera, espera—lo detuvo tratando de asegurarse lo que acababa de escuchar—¿Qué medidas legales?
—Si Rachel no está en facultades para cuidar de Em, tengo intervenir.
—Un momento, un momento—volvía a interrumpirlo—¿Estás diciendo que vas a tratar de quitarle a Emily si ella no hace lo que le pides?
—No pienso dejar que Rachel ponga la vida de mi hija en peligro.
—¿Qué? ¿De qué hablas? Brody, tu hija es pequeña, va a tener tiempo de sobra para acostumbrarse a estar con otros niños, y por supuesto, tendrá que ir al colegio y se adaptará como todos. Yo tampoco fui a una guardería y no tuve problemas en entrar directamente al colegio. No puedes pretender entrar en un conflicto legal por algo así. ¿Estás loco?
—¿Y con toda esa mierda de Londres y los experimentos que quiere que le hagan? ¿Qué hago con eso?
—¿Qué?
—Quinn te estoy hablando de… —Se detuvo al ver el gesto incrédulo de la rubia—Tú sabes lo de Londres ¿No?
—¿Londres? No, no tengo ni idea de que hablas.
—Oh dios—masculló abandonando su asiento—Ok, olvídalo, olvida esto último, ¿De acuerdo?
—No, no, no lo voy a olvidar—Le dijo persiguiéndolo por el salón—¿Qué pasa con Londres y con eso que dices de experimentos?
—No Quinn, de veras, no puedo hablar de esto contigo. Pensaba que Rachel te lo había comentado, de hecho, ella me insinuó que lo había hecho.
—Brody ¿Qué diablos pasa? —preguntó preocupada—dímelo.
—No—fue rotundo al tiempo que recuperaba su abrigo, pero Quinn supo cómo detenerlo de nuevo.
—Le diré a Rachel que lo sé—soltó y Brody se descompuso al oírla—O me lo dices tú, o le digo que me lo has contado.
—No, no por favor—suplicó.
—Vienes aquí a decirme que cuide de tu hija, me dejas caer que algo sucede y no quieres terminar de decírmelo ¿Qué clase de confianza es esa?
—Quinn—se lamentó.
—No diré nada, lo prometo. Pero necesito saber qué es eso de Londres.
—Dios—balbuceó llevándose las manos a la cabeza—Rachel me va a matar.
—Vamos dime… Confía en mi ¿Qué sucede con Em?
—No es Emily—respondía—es ella, Quinn. Es Rachel quien quiere llevarse Emily a Londres, a una clínica.
—¿Una clínica?
—Sí, una clínica que trata casos de niños como el de Emily. Están investigando y haciendo experimentos.
—¿Qué? ¿Cómo es posible? Pensé que era irreversible.
—Lo es, Quinn. Mi hija, por desgracia, no va a hablar nunca, tal vez en el futuro logren algo, pero por ahora es imposible. Y Rachel no lo asume, y no deja de buscar cualquier mínima opción que le ayude a cambiar esa situación. Hace unos meses leyó sobre esa clínica, pero no es fiable. Yo, yo he estado informándome y es una locura, Quinn. Y tengo miedo que le hagan daño a Emily. Rachel está decidida, lo va a dejar todo para irse.
—No, no me lo puedo creer. No puede ser verdad—respondía completamente abatida—¿Cuándo quiere marcharse?
—Cuándo consiga que el musical empiece a funcionar y tenga suficientes ingresos.
—Oh dios—susurró—¿El dinero de la producción era para eso?
—Así es, ha hipotecado su casa y lo ha invertido todo en ese musical para poder generar el doble y marcharse. Yo, yo podría pagar todo lo que fuera necesario, Quinn, pero me niego a hacerlo. Además, por supuesto, porque ella no lo iba a permitir. Quiere que sea solo su responsabilidad.
—No, no me lo puedo creer—repetía de nuevo al tiempo que tomaba asiento junto al chico—Pero ¿qué le hacen en esa clínica?
—No lo sé, pero lo que he leído no es muy alentador. Están en fase de experimentación, y el riesgo es muy alto. Tocan, tocan su cerebro, Quinn. No quiero que nadie le haga nada a mi hija.
—No, yo tampoco—balbuceó completamente horrorizada. —¿Cómo puedo ayudarte yo?
—Rachel confía en ti. Ella ha confiado en ti para que Emily te conozca, y tú puedes intentar hacerle ver que no necesita volver a hablar para ser feliz. Emily es una niña inteligente, muy inteligente, es capaz hacer todo lo que le corresponde. Necesita que alguien que no sea yo o sus padres se lo diga. Quinn, yo ya me he quedado sin argumentos, y no puedo decirle el riesgo que correr al ir a esa clínica. Por supuesto, yo no voy a permitir que vaya, porque antes de eso, llegaré a donde tenga que llegar para evitarlo.
—No, no, Brody—lo interrumpía—ni se te ocurra pensar en eso, y mucho menos llegar a amenazarla con quitarle a Emily.
—Yo, yo no la amenazo, pero si veo que Emily corre peligro, no voy a detenerme. Yo no tengo su custodia, pero tenemos un contrato en el que hay clausulas, y te aseguro que saldría ganando en una situación así.
—Para, para—volvía a interrumpir aterrorizada. Pensar que Brody podía quitarle la custodia de Emily a Rachel era algo que a ella también podría destruirla—Escúchame, voy a poner todo lo que esté en mis manos para conseguir que Rachel cambie de opinión ¿De acuerdo? Yo, yo voy a hacerla ver que está equivocada y que Em puede vivir igual o mejor que nadie.
—¿Y cómo lo vas a hacer?
—Pues con lo que tú me estás pidiendo, saldré con ellas, le haré ver que puede ser una niña normal y Rachel lo va a entender. Créeme, sé de lo que hablo, yo, yo puedo conseguir que eso cambie.
—¿Lo harás?
—No voy a permitir que tengas que apartarla de Emily—sonó dura—Y tampoco quiero que Emily sufra. Así que sí, voy a conseguir que cambie de opinión, pero ni se te ocurra decirle esas cosas, no es lo mejor si quieres hacerla entrar en razón—sentenció—Créeme, sé de lo que hablo.
—¿Tú? ¿Qué sabes del tema?
—Soy mujer—respondía tratando de evitar hacer referencia a su pasado. La pregunta de Brody le indicaba que Rachel no le había hablado de Beth, y agradeció que así fuera—Sé que sería peor, así que tranquilízate, tenemos tiempo de sobra para hacerla entrar en razón. ¿Ok?
—Ok. Eso sí, te pido que no le digas nada de todo esto de la clínica, por favor—suplicó—Ni siquiera Kate sabe eso.
—¿Y por qué pensaste que yo lo sabía? —cuestionó extrañada.
—Por lo que hay entre vosotras. No sé, verte salir con ellas me hizo creer que ella había confiado en ti hasta ese punto.
—¿Lo que hay entre nosotras? —volvía a cuestionar confusa—¿Qué hay entre nosotras? —Por primera vez desde que comenzó aquella discusión, Brody volvía a sonreír un poco más tranquilo.
—Creo que es mejor que marche—le dijo abandonando de nuevo su asiento—Se hace tarde.
—¿No me vas a decir nada?
—No tengo por costumbre meterme en las relaciones de los demás, y no lo voy a hacer con Rachel y contigo—respondía colocándose el abrigo al fin, y dispuesto a abandonar el apartamento. Quinn volvía a perseguirlo hasta la entrada.
—Un, momento—lo detuvo—Dime que sabes de nosotras, por favor.
—Quinn, no sé nada, ¿Ok? Solo sé que Rachel te aprecia muchísimo, que eres importante para ella y nada más.
—No, no te creo.
—Pues deberías, si te digo que solo sé eso, es que solo sé eso—le respondió tratando de sonar convincente—La conversación de antes, queda entre tú y yo ¿Verdad? Puedo confiar en ti.
—Eh, claro—susurró con apenas un hilo de voz, con el malestar al volver a pensar en los planes de Rachel con su pequeña, y más la incertidumbre que le produjo saber que Brody parecía saber perfectamente lo que pasaba entre ellas.
—Ha sido un placer, Quinn—Le dijo sacándola de su breve embelesamiento—espero que podamos volver a cenar juntos.
—Yo, yo también—balbuceó.
—Descansa, ¿Ok?
—Claro.
—Por cierto—lanzó una mirada hacia la ramita de muérdago que aun colgaba encima de la puerta—Veo que está de moda poner eso ahí.
—Es una tradición, no una moda—le respondió tratando de sonar con tranquilidad.
—Ya, ya sé que es una tradición—espetó con una traviesa sonrisa al tiempo que se colocaba bajo el umbral y volvía a lanzar una mirada hacia la rubia—¿Funciona conmigo?
—Pues no—fue directa tras ver las intenciones del chico—Lo siento, pero no.
—Pues vaya tradición, con Rachel tampoco me funcionó—respondía guiñándole el ojo y saliendo por completo del apartamento.
Quinn se limitó a esbozar una tímida sonrisa y despedirse del chico con un hasta mañana que apenas se dejó escuchar.
Fue en ese momento, justo cuando cerraba la puerta tras ver como el chico ya se colaba en el ascensor, cuando Quinn pudo desahogarse por completo, y dejándose caer sobre la puerta esperó que la tensión que se apoderaba de su cuerpo, se esfumase en forma de un profundo y sonoro suspiro.
—Esto solo funciona con el gen Berry—susurró—Y tú no eres un Berry.
