Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


Cynthia ató en un moño las cintas de organza de la diadema de flores a la nuca de Natasha, antes de dejar que Isabella le colocara el velo que ella e Ilaria usaron en sus respectivas bodas. Su madre, Edna, le ayudó con un par de aretes de mariposa que tenía desde su adolescencia, mientras Renée e Ilaria le tendían el collar y el brazalete de diamantes azules.

El resto de las chicas —un par de amigas y una prima a la que detestaba pero que se vio obligada a incluir en su cortejo porque era parte de su familia— decidieron quedarse en segundo plano cuando entendieron que ese era un asunto más privado entre la novia y su futura familia política, a la que tendría que dedicarse a tiempo completo a partir de ese día, claro, sin descuidar a su propia familia.

Pero comenzaba bien.

Los Swan empezaban a aprender de sus errores con Alice, dejando que Natasha entendiera en lo que se estaba metiendo, apoyándola cuando formar parte de la familia se convertía en algo complicado para ella. Le dieron tiempo de acostumbrarse y saber si eso era lo que realmente quería.

Esta vez, la misma Elise decidió tomar un rumbo diferente al preguntarle si quería seguir la tradición de la familia para su look de boda. Ella dijo "sí", de inmediato. No lo dudó. Quería hacerlo. Quería elegir un vestido blanco modesto. Quería llevar su cabello suelto con una diadema. Quería llevar el velo de Isabella.

No se estaba por casar solo con Jasper, sino con toda la familia, incluyendo a dos preciosos niños que habían pasado por demasiadas cosas para su corta edad. No le quedaba más que agradecer lo dulces que eran y la manera tan simple e inocente en la que veían toda la situación a su alrededor, porque la recibieron con sus pequeños brazos abiertos, llamándola "Mamá Natasha" casi de inmediato. Ya los amaba como si ella los hubiera dado a luz.

—Estás hermosa —le dijo su madre, arreglando el velo alrededor de su rostro. Natasha le sonrió.

—Gracias —respondió.

—¿Aún estás segura de que quieres hacer esto? No es tarde para arrepentirse.

—Estoy muy segura, mamá —dijo—. Amo a Jasper con todo, todo mi corazón. Creí que nunca llegaría este día y ahora que estoy aquí, vestida de novia, sé que es lo correcto y lo que quiero hacer.

Edna asintió, resignada. No estaba preocupada por la seguridad y la felicidad de su hija, sino por los antecedentes que tenían. Reconocía el esfuerzo de la familia, sobre todo el de Jasper, al demostrar que lo mismo que pasó con Alice, no pasaría con Natasha, sin embargo, su hija viviría en otro estado, con una familia que no era exactamente conocida por su paciencia y sus escrúpulos. Pero Natasha iba a estar bien, lo sabía.

—¿Lista? —le preguntó Cynthia, entregándole el ramo de tulipanes blancos.

—Lista —exclamó—. Cynthia, antes de salir, quiero darte las gracias otra vez por aceptar ser mi dama de honor.

Cynthia asintió.

—Ha sido un placer, en serio. ¿Sabes, Nat? No fue fácil cuando mi hermana y Jasper se separaron, pero yo sabía que era por el bien de ambos, de los niños y el mío. Jasper había hecho tantas cosas por mí que yo solo quería que él fuera feliz, igual que mi hermana. Supe, desde esa cena en la que te convertiste en una de las damas de Alice, que el corazón de Jasper te pertenecía a ti, solo a ti, y que siempre iba a ser así. Quiero, en nombre de los niños y el mío, darte la bienvenida a nuestra familia.

Natasha la abrazó un largo rato hasta que Kebi se acercó a apurarlas.

—No quiero reemplazar a tu hermana. Nunca lo podré hacer —le dijo, caminando hacia la salida del edificio de Edward e Isabella en Malibú—, quiero ser una nueva hermana para ti. Espero que no tengas suficiente con las gemelas.

—Las gemelas son demasiado para manejar en un día bueno, pero no. Adoro a ese par, ¿tú no?

—Son divertidas cuando no están arruinando vidas…

—O cuando no tienen las fiestas encima…

Los invitados ya esperaban por la novia en las sillas chiavari blancas, con el mar y la arena como escenario. Ese fue otro cambio que permitieron: la ceremonia en la playa, fuera del jardín de los Cullen-Swan, o del resort de los Parker-Swan. Como sería solo una sencilla ceremonia civil, Elise fue más permisiva con su nueva nieta, no sin hacer caras porque Jasper se negó a pelear una anulación que tal vez les tomaría a él y a Alice toda la vida. La abuela tendría que vivir con eso.

En esa ocasión, y con el perdón de sus hermanos, Jasper eligió a su amigo Jared como padrino. Él era el único que sabía lo mucho que les había tomado a ambos llegar hasta ese momento. Así que, de pie junto a Jared, con el juez de paz detrás de él, vio el desfile del cortejo, guiñando un ojo hacia sus hermanas cuando pasaron frente a él y chocando puños con Edward y Raoul al encontrarse.

Definitivamente se notaba el cambio de humor en él.

Ahora sí estaba feliz. Ahora sí espero emocionado e impaciente el día de su boda. Ahora sí iba a casarse con la mujer de su vida. Estuvo esperando ese día toda su vida, y ahora que por fin estaba aquí, no podía hacer otra cosa más que agradecer a las estrellas porque por fin se pusieron de su lado.

Solo con el sonido de las olas rompiendo en la arena, Jasper y Natasha intercambiaron votos y anillos, siempre sonriéndose. En ese momento, no había nada que pudiera arruinarles el momento.

Nadie lo sabía, porque ellos decidieron que fuera un secreto familiar. Además de su acta de matrimonio, firmaron también la adopción de Tyler y Jacqueline por parte de Natasha. Legalmente, ya era su madre, y se sentía la mujer más feliz del mundo por eso.

Cuando el juez los declaró marido y mujer, todos sus invitados reaccionaron con aplausos y con vítores. Los niños soplaron burbujas como si sus vidas dependieran de eso. Ellos solo seguían instrucciones, de todos modos.

El atardecer fue el escenario perfecto para sus fotografías, con sus familias al completo, su cortejo, los niños…

Contrario a la práctica de las gemelas, que se cambiaron de vestido después de la cena y el baile de los recién casados, Natasha decidió usar su vestido de recepción desde el primer momento al terminar las fotografías. Quería lucirlo en todo su esplendor, no solo por un ratito.

Por eso, después de tomar las fotografías, volvieron al penthouse para cambiarse. Con la novia en su segundo vestido, no había razón para que Isabella, Ilaria y Cynthia siguieran usando sus vestidos azules de dama de honor. Aunque eran preciosos con esas ligeras mangas de encaje y el chiffon que voló con el soplo de la brisa de Malibú…

Para su recepción, Natasha eligió un vestido en corte A, sin hombros, con mangas abullonadas que caían por sus brazos y una falda que se ampliaba desde su cintura, dándole una apariencia etérea, como si estuviera saliendo de las olas del mar como Afrodita. Lo acompañó con sandalias azules, una tiara de diamantes, un collar que Isabella le prestó, y aretes.

Las chicas se decantaron por sencillos vestidos verdes en línea A, acompañándolos con discretas tiaras, collares de diamantes y brazaletes similares, todo para hacer que Natasha fuera quien resaltara entre las cuatro.

—¡Damas y caballeros, recibamos con un muy fuerte aplauso a Jasper y Natasha Swan! —anunció el maestro de ceremonias cuando los recién casados ya estaban listos para entrar a su recepción. En cuanto lo hicieron, la fiesta dio comienzo de manera simple, natural.

El tema playero se dejó influenciar por lo etéreo de las olas del mar, al cubrir una zona de la playa con telas blancas para crear una sensación de privacidad, e iluminar el espacio con antorchas, nada de luz artificial para ellos. Las mesas tenían un simple camino azul empolvado, con pequeños arreglos de flores blancas, y velas que serían encendidas al anochecer; las sillas de madera solo tenían un cojín blanco. Los platos base eran de cristal, sobre estos se encontraba el menú dentro de la servilleta de lino azul.

Eso era todo.

Nada demasiado extravagante, demasiado ostentoso. Era la segunda boda de Jasper, había más libertad para que Natasha hiciera lo que quisiera sin preocuparse en impresionar a una familia que lo único que esperaba era que su heredero por fin encontrara la felicidad.

La cena fue servida sin mayor señal más que la llegada de los novios a su mesa, en donde los acompañaban Cynthia, Tyler y Jacqueline. A la niña también le habían cambiado el vestido azul de la ceremonia, por uno verde estilo mullet de tul y encaje, que combinaba con el de su prima Vanessa. A ambas niñas les habían colocado diademas simulando tiaras.

Se sirvieron solo platillos de mar, respetando el tema, a excepción de los niños, quienes recibieron pequeños emparedados de queso y jamón cortados en figuras divertidas, acompañados por papas a la francesa y jugo empaquetado, todo elegido de primera mano por Tyler y Jacqueline, con un poco de intervención de la pequeña Vanessa, porque Dios no permitiera que la Princesa no tuviera su jugo de uva.

Esa niña los tenía a todos con los pelos de punta. No había duda alguna de que cuando creciera sería igual a su madre

Para su baile de recién casados, eligieron "I See the Light" de la película Enredados. Al ser un dueto, Natasha le pidió a uno de sus primos que la interpretara junto a Isabella, algo que ambos aceptaron encantados. Mejor que se quedara en familia.

En esos cuatro minutos fue como si el resto del mundo desapareciera para ellos, mientras giraban en la pista y se sonreían. Esa noche triunfó el amor, no había duda de eso.

—Oh no. No empiecen —masculló Jasper cuando sus hermanas lo acorralaron en la barra.

—Tenemos qué —respondieron al unísono. Jasper bufó, girándose hacia ellas.

—Ya lo sé, ¿de acuerdo? Lo que le hice a Alice, no debo hacérselo a Natasha…

—En términos generales —rio Ilaria.

—Tú sabes que nosotras estamos bien, ¿verdad? —inquirió Isabella. Sus hermanos la miraron confundidos. ¿A qué venía eso? ¡Por supuesto que lo sabía! Ellas siempre habían estado bien.

—Obvio —respondió Jasper—. ¿Por qué…?

—Vive tu vida, Jasper —le dijo Isabella. Ilaria asintió, entendiendo al fin de lo que estaba hablando. Jasper seguía perdido—. Tu matrimonio con Alice pudo haber funcionado si hubieras entendido que yo ya era una adulta que podía superar sus propios problemas sin que tú estuvieras detrás de mí, guiándome.

Él suspiró, dedicándole a Ilaria una mirada de reojo. Ella asintió.

—Sigo siendo tu hermano mayor, Princesa…

—Por supuesto, Ogro, pero no eres mi papá, ni mi guardaespaldas. No necesito que cada vez que algo salga mal, vayas corriendo a rescatarme, y sé que Illy tampoco —soltó, señalando a su hermana con el pulgar. Ilaria lanzó unas risitas—. Toda la atención que dejarás de prestarnos, dásela a tu propia familia, ahora ellos te van a necesitar más que nosotras.

—Y si no lo haces, nos vamos a encargar de que Natasha tome venganza. Y sabes lo excelentes que somos en ese campo —soltó Ilaria.

Jasper rodó los ojos.

—Son insoportables.

—Gracias —dijeron al mismo tiempo.

—Pero, entiendo —continuó—. Mi primer recuerdo son ustedes, por eso siempre olvido que ya no son esas bebés que apenas podía sostener. Ahora los tres vamos a estar bien, y es momento de que vivamos nuestras propias vidas.

—¡Genial! No fue necesario el látigo —dijo Ilaria, girándose para volver a la fiesta. Jasper e Isabella se miraron antes de seguirla, adivinando el porqué de la existencia del látigo.

—¡Ilaria, por Dios! —exclamaron, yendo detrás de ella. Ilaria se rio, encogiéndose de hombros.

—¿Qué? Yo nunca dije nada.

—Sigo siendo el mayor, Minerva. Hay cosas que no debes decirle nunca a tu hermano mayor.

—¿Crees que a Bizzy, Joey, Artie, Vevi y Lyni los tiró la cigüeña por la ventana o qué?

—Oh no, estoy muy consciente de cómo llegaron porque estuve en sus partos, pero prefiero pensar que el Espíritu Santo los dejó ahí, ¿de acuerdo?

Las gemelas se rieron de él, Isabella pateando arena hacia Jasper.

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El auto de Cynthia se detuvo frente a la salida de la decoradora, al tiempo que ella e Irina salían del edificio. Al verla e identificarla con la fotografía que encontró en Internet, Gustavo se acercó, apresurado, ganándose un buen bloqueo de los guardias de la decoradora, que reaccionaron por puro instinto.

—Cynthia, soy Gustavo Allen, ¿me recuerdas? El novio de Alice en la escuela…

Al escuchar su nombre, Cynthia lo miró sorprendida. ¿Gustavo? ¿Qué hacía ahí? Se acercó a él, despachando a los guardias que aún evitaban que se acercara a ella.

—Siento esto —le dijo con una sonrisa—, se supone que nadie debería encontrarnos aquí afuera sin que ellos lo sepan.

—Entiendo. Solo que no sabía en donde más encontrarte. Supe que trabajas aquí, iba a ser menos extraño que abordarte en un restaurante o saliendo de tu casa.

Cynthia e Irina lanzaron unas risitas.

—Vivo en Bel-Air, así que suerte con no salir esposado de ahí. Ella es Irina Cullen-Chasewicke, por cierto. La jefa de asuntos legales de la decoradora.

Al fin, Gustavo pareció darse cuenta en dónde estaba y entendió por qué los guardias reaccionaron de esa manera.

—Ya veo —respondió—. Es un gusto conocerla.

—Estábamos por ir a almorzar, ¿quieres acompañarnos? —le dijo, haciendo una seña hacia su auto. Gustavo asintió, sorprendido por el ofrecimiento, tanto que ni siquiera tuvo la cara para rechazarlo.

Subieron al coche, dirigiéndose a una pequeña cafetería en Rodeo Drive, donde ya tenían una mesa lista.

—Vamos a necesitar una silla más, Ray —indicó Irina, aún en la sala de espera de la cafetería.

—Claro que sí, señorita Chasewicke. En un segundo podrán ingresar.

No tardaron en acomodarles una mesa para tres, dejándolos entrar en cuestión de minutos. El capitán les dejó los menús, recomendándoles el plato y la bebida del día.

—Gracias, Ray —le dijo Cynthia, sonriéndole.

—Es un placer, como siempre, señorita Swan —respondió el capitán, retirándose con un asentimiento. Cynthia miró de reojo a un sorprendido Gustavo, antes de colocarse la servilleta de lino gris sobre el regazo.

—Te cambiaste el nombre —musitó él, como quien no quiere la cosa mientras leía el menú.

—No legalmente. Pero, si supieras todo lo que hicieron Benedict, Clarissa y Alice aquí, entenderías por qué la gente prefiere relacionarme como una Swan.

—Yo… lo sé —dijo. Cynthia no pudo evitar sacar los ojos de la sorpresa—. Alice nos lo contó todo hace unos meses.

Irina detuvo la reacción de Cynthia con una mano.

—Sabes dónde está.

Él asintió.

—Vivimos en Wyoming. Es un buen lugar para iniciar de nuevo. Hace dos semanas abrió una tienda junto a Charlotte, ¿la recuerdas? Le ha estado yendo bien, creo que por fin encontró su lugar en el mundo.

Cynthia sacó un suspiro de alivio. Había estado desesperada por mucho tiempo, intentando localizar a su hermana para saber de ella. Jasper le prometió hacer que el detective de los Cullen la buscara.

No podía esperar a decírselo. Claro, cuando él y Natasha volvieran de Miami y los Cullen se fueran de la ciudad. Tenían las manos llenas en ese momento.

Su mesero se acercó a tomar sus órdenes antes de que Cynthia pudiera responderle a Gustavo.

—No sabes el alivio que me da saber eso, Gustavo. Entiendo que Alice quisiera escapar, solo hubiera apreciado que nos dijera en donde podíamos encontrarla —le dijo en cuanto el mesero se fue.

—Yo he insistido en que se comunique con ustedes, pero… bueno, es muy orgullosa.

Cynthia e Irina se miraron. Esta última alzó las cejas hacia Cynthia.

—¿Ella sabe que estás aquí? —le preguntó Cynthia.

—No… Aaahm… Nos vamos a casar en unos días.

—Felicidades.

—Gracias. Ella nunca lo diría, Cynthia, pero sé que le gustaría tenerte a ti y a sus hijos con ella ese día. Vio las fotografías de la boda de Jasper y pude ver cómo lo deseó con todas sus fuerzas.

El mesero les llevó sus bebidas, retrasando otra vez la respuesta de Cynthia y dándole tiempo para pensar en lo que iba a decir.

—¿Cuándo?

—Este fin de semana.

Cynthia torció el gesto.

—No es tan sencillo, Gustavo. Jasper y Natasha aún están fuera de la ciudad, son los únicos que pueden dar permiso para que Tyler y Jacqueline salgan.

—Tú eres su tutora mientras están fuera, ¿no?

—Sí, pero no soy la única. Sus hermanas y los muchachos también lo son. Además, después de lo que hizo Clarissa con Tyler, acordamos que mantendríamos a los niños lejos de los Brandon.

—Nadie de los Brandon irá. Ella no los quiso invitar. ¿Si llamas a Jasper y lo consultas?

Cynthia miró a Irina, más por apoyo que por asesoría. Le mataba tener que decirle que no, porque los niños merecían ver a Alice, y le creía a Gustavo. Sabía que Alice también se moría por verlos. Pero no era tan sencillo.

—La Princesa se va a volver loca —murmuró Irina. Cynthia asintió, sonriéndole al mesero cuando les dejó la comida.

—¿Quién es la princesa? —preguntó Gustavo.

—Isabella —respondió Cynthia. Gustavo se dejó caer contra el costado de la silla—. Ahora entiendes por qué no es tan sencillo.

Gustavo asintió.

—Nada pierdes con intentar. Además, el "no" ya lo tienes.

Cynthia suspiró, pensando en todas las posibilidades. Ella y Jasper lo hablaron: no habría una sola mención de Alice para los niños hasta que cumplieran dieciocho años o ellos preguntaran por ella, lo que pasara primero; eso incluía visitas de ella o de ellos. Fue un trato que hicieron como padre y tía. Nadie más de la familia estuvo involucrado en eso, solo ellos dos.

Gustavo vio el debate interno de Cynthia mientras los tres comían, captando, después de un rato, que ella solo estaba alargando el momento.

—Es un no, ¿verdad? —inquirió él. Irina torció el gesto, asintiendo.

—Lo siento, Gustavo —respondió Cynthia—. Nos costó mucho esfuerzo hacer que ellos entendieran lo que ocurrió antes, durante y después del divorcio. Clarissa secuestró a Tyler por dinero, ¿me entiendes? Eso fue demasiado para él, y para Jacqueline. Queremos que tengan una infancia feliz y tranquila. Afortunadamente, tienen a Natasha, y eso ha hecho que superen de manera excepcional todo ese trauma. Lo único que te ofrezco es hablar con Jasper y Nat y ver entre los tres qué podemos hacer para que los niños estén presentes, aunque sea en espíritu, ¿sí?

—Está bien. ¿Tú vendrás?

—Sí, por supuesto, no me lo perdería.

—Gracias, Cynthia. Va a significar mucho para Alice que tú estés ahí.

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Alice bajó del auto frente al edificio del ayuntamiento, enfundada en un vestido corto color blanco, con un velo de jaula apretado en sus rizos cortos, un corsage blanco en la muñeca derecha, su primer anillo de compromiso como lo viejo, un brazalete de zafiro y perlas como lo azul y los aretes que Regina usó en su boda como lo prestado.

Charlotte iba con ella, como buena dama de honor, usando un vestido en color mostaza.

Las recibió Gustavo en las escaleras, sonriéndole a su futura esposa cuando la tomó de la mano.

—Estás preciosa —le dijo. Alice esbozó una gran sonrisa.

—Ahora sí me vestí de blanco.

—Esta ocasión lo merecía.

—Definitivamente —respondió ella—. ¿Vamos?

—Vamos.

Cuando entraron al ayuntamiento, Gustavo no pudo evitar buscar a Cynthia. ¿Se había arrepentido de ir? ¡No estaba por ningún lado!

No pudo hacer otra cosa más que agradecer al cielo que no se le ocurrió decirle a Alice que le tenía una sorpresa, o ella estaría muy decepcionada en ese momento.

Estaban por ingresar al juzgado cuando las puertas del edificio se abrieron otra vez y una agitada Cynthia entró corriendo, en un ajustado vestido verde sin hombros y altísimos tacones del mismo color. Llevaba entre las manos su clutch y lo que parecía ser una tableta.

—Ay, perdón, perdón. El auto se demoró horas. No es muy tarde, ¿o sí?

Alice abrió la boca, sorprendida, antes de correr hacia su hermana y envolverla en un fuerte abrazo. Cynthia se rio cuando ella la alzó muy pocos centímetros del suelo y la agitó.

—¡Estás aquí!

—¡Sí!

—¿Cómo?

—Gustavo es muy insistente y literalmente cruzaría el país por ti. Lamento no haber podido traer a los niños, pero traje a alguien más —indicó, moviéndose un paso al costado para revelar a una tímida, pero sonriente Natasha.

—Hola, Alice —la saludó la rubia, acercándose enfundada en su lindo vestido azul pastel—. ¿Puedo? —le preguntó, extendiendo un poco los brazos. Alice asintió, sonriéndole. Se abrazaron brevemente a modo de saludo—. Vengo en representación de la familia.

—Gustavo me dijo que no invitaste a nadie de los Brandon, les dije eso en casa y a los cinco segundos ya teníamos a Charlie, Jasper y la Princesa en el teléfono, preguntándole a Elise quién de los apellidos podía venir —rio Cynthia—. Además de mí, obvio.

—Y envió a la nueva —soltó Alice. Ah, qué bien. Veía a su hermana y a la que fue su archienemiga y volvía a sacar a su perra interior.

—Bueno, es lo primero que hago como miembro oficial de la familia. Lo que es un completo placer.

—Supongo que es hora de presentarte —musitó Alice. Ambas la siguieron hacia el contingente familiar en la recepción—. Familia, ella es Natasha Douglas-Swan. Nat, ellos son Regina y Gustavo Allen padre. Mi amiga Charlotte Riggs. Y mi prometido: Gustavo Allen hijo.

—Es un gusto conocerlos a todos —los saludó.

—Y Cynthia —continuó Alice. Regina se acercó a la chica, saludándola con un abrazo.

—Que gusto verte otra vez, Cynthia.

—Muchas gracias, Regina. A mí también me alegra verte después de tantos años. Bueno, nosotras llegamos tarde, ¿no deberíamos estar adentro ya?

—Sí, sí, claro —farfulló Gustavo padre, indicando el paso hacia el juzgado.

El juez ya los esperaba impaciente. Inició con la ceremonia, resaltando los compromisos que Alice y Gustavo tomarían a partir de ese día, sus deberes como una pareja casada, entre otras cosas.

Cynthia y Natasha se mantuvieron en los asientos de atrás, sin hacer mucho alboroto ni llamando demasiado la atención. Hubo algunos amigos de Gustavo que las miraron, reconociéndolas y preguntándose qué diablos hacían ellas dos ahí. No es que Alice no se mereciera tener invitados propios, pero los Swan deberían olvidarse de ella, como ella se estaba olvidando de ellos.

Natasha tomó y envió a la familia fotografías del intercambio de votos, anillos y el esperado primer beso como marido y mujer de Alice y Gustavo.

—Bueno, gracias por venir —las despachó Charlotte—, no se hubieran molestado.

—Fue un placer, Charlotte —respondió Cynthia con mucha cortesía—. ¿Tendrán recepción?

—No —soltó la dama de honor con brusquedad, haciendo brincar a Cynthia y Natasha por la sorpresa.

—Charlotte, ¿qué estás haciendo? —murmuró Regina, que había escuchado el intercambio.

—Bueno, yo solo creí que Alice y Gustavo querrían su fiesta con personas que de verdad los quieran —dijo Charlotte. Cynthia tuvo que contenerse para no gritarle ahí mismo. Natasha le frotó la espalda, ayudándola a tranquilizarse.

—¿Qué tonterías dices? Si se tomaron el tiempo de venir hasta acá, es porque quieren estar con ellos. Iremos a un restaurante cerca de aquí, esta es la dirección —les dijo, entregándole a Cynthia una pequeña tarjeta con los nombres de Alice y Gustavo y la dirección del restaurante.

—Gracias, Regina. Vamos detrás de ustedes —prometió Cynthia, sonriéndoles a ambas mujeres. Ellas se alejaron, dejando a las invitadas sorpresa lejos del alboroto post boda.

—Guau —murmuró Natasha.

—Me robaste las palabras de la boca —respondió Cynthia—. ¿Qué haría BrujiBella?

—Iría a tomarse fotos con ellos.

—Vamos.

Ambas se acercaron, abriéndose paso en el círculo que se había formado alrededor de Alice y Gustavo. Ellos las recibieron alegremente y le pidieron al fotógrafo que les tomara una con ellas.

La familia de Gustavo no estaba feliz, pero a Alice y Gustavo les importó de poco a nada.

Alice las invitó personalmente a la recepción, haciendo que Gustavo llamara al restaurante para incluir sus nombres en la lista, incluso sugirió que fueran en su auto, pero recordó que ellas tenían su propio medio de transporte. Les hizo prometer que no la dejarían plantada.

Fue una larga caravana de autos dirigiéndose al restaurante.

Los nombres de Cynthia y Natasha fueron agregados tan a último minuto que terminaban de escribirlos cuando ellas llegaron.

—Siéntense en donde quieran —les dijo Regina—. No hay lugares asignados, solo los de Alice y Gustavo.

—Gracias —respondió Natasha.

Cynthia la animó a sentarse frente a los lugares que parecían ser los de los novios. Dejó su clutch ahí, indicando que estaba ocupado, antes de dirigirse hacia el gerente del restaurante. Vio una pantalla blanca junto a su mesa, ¿eso quería decir que iban a hacer una proyección? Lo esperaba porque su sorpresa no iba a funcionar en una pantalla tan chiquita como la de su tableta.

Después de tomarse algunas fotografías en el parque, los novios llegaron al restaurante, recibidos por algunos aplausos.

Alice estaba encantada de ver a su hermana aún ahí. Le había hecho feliz en niveles que no se podían explicar. Claro, hubiera sido mejor que llevara a los niños, pero estaba consciente de que eso no iba a ser posible, aunque se moría por verlos.

Los extrañaba con toda el alma.

Tras una sencilla comida, Charlotte y el mejor amigo de Gustavo ofrecieron un brindis por los novios, a los que les siguió el postre y otro brindis por parte de Regina y Gustavo padre. Al acabar ellos, Cynthia se puso de pie, golpeando su copa de champagne con sus uñas.

—Alice, hablo también por Natasha y el resto de la familia cuando digo que estamos muy contentos por ti. Todos queríamos que encontraras justo esto que tienes aquí y ahora que ya lo tienes no podemos hacer otra cosa más que desearles a ti y a Gustavo toda la felicidad y el amor del mundo. Jasper se disculpa con ambos por la inasistencia de Tyler y Jacqueline, pero arreglamos una sorpresa, que esperamos les guste. ¿Pueden poner el video, por favor?

En la pantalla blanca se proyectó una imagen de Jasper con Tyler y Jacqueline junto a él. Alice dejó salir unas risas de sorpresa y nostalgia, al tiempo que en la mesa se levantaban varios murmullos de "¿son ellos?". Gustavo sonrió, tomando la mano libre de Alice.

Chicos, díganle hola a mamá Alice —indicó Jasper, señalando a la cámara.

¡Hola, mamá Alice! —gritó Jacqueline, agitando su manita, mientras Tyler saltaba, imitando a su hermanita.

Y a papá Gustavo, también.

¿Quién es él, papi? —preguntó Tyler, sacando risas tanto en el restaurante como en el video. Jasper apuntó a algo arriba de la cámara. Alice supuso que eran las gemelas. Esa era su mirada de hermano mayor.

Alice, Gustavo, lamentamos mucho no poder estar con ustedes en este día. Esperamos que lo estén disfrutando y que tengan una vida hermosa juntos y con la bella familia que están formando a partir de hoy. Alice, sabemos que vas a ser muy feliz, porque Gustavo es un hombre inteligente que no querría meterse en problemas con los Swan. Ya le contarás de lo que somos capaces —soltó. Natasha y Cynthia se golpearon la frente con una mano, mientras Alice y Gustavo reían. Qué brillante eres, Jasper—. Les enviamos muchos saludos y cariño. Digan adiós, chicos.

El video se detuvo en Tyler y Jacqueline lanzando muchos besos a la cámara, casi incluso besándola.

—Ty dice que sus dibujos son los mejores regalos del mundo, así que aquí hay unos —dijo Cynthia, dándoles a los novios un dibujo a cada uno—. Y tenemos algo más.

Natasha les dio un sobre que contenía boletos para un viaje a las Seychelles todo pagado como luna de miel.

—Ya teníamos un viaje a Colorado… —musitó Gustavo.

—Pospónganlo para invierno. Felicidades, chicos. Que sean muy felices.

Ahora sí, Alice recordaría su boda como el día más feliz de su vida.


Hola, hola. ¿Cómo están? ¿Qué les parecieron las dos bodas? Al final, obtuvieron lo que ambos querían, que es lo más importante. Y, bueno, este fue el penúltimo capítulo, el siguiente ya es el esperadisimo final. ¿Se imaginan que puede pasar?

Gracias a Yoliki, piligm, saraipineda44, Tecupi y Dara por sus reviews en el capítulo anterior, y al resto de ustedes por leer. ¡Nos vemos en el siguiente y en los reviews!

Tecupi: Si, el embarazo gemelar de Bella se toca en Realeza, en los últimos dos capítulos, pero es muy rápido, no ahonda mucho en el tema ;)

Annie.