AQUI LES TRAIGO MI NUEVA ADAPTACIÓN ESPERO LES GUSTE

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor


Capítulo Veintidós

Edward

Han pasado cuatro días desde Riley supo que amo a su hermana. Esperaba que él se enfadara, que despotricara y se quejara sobre el horrible amigo que soy y de lo irrespetuoso que estoy siendo con su hermana. Lo que no esperaba era un deterioro total de su salud física y mental.

Riley se ha vuelto loco. Bella se ha estado quedando conmigo los últimos dos días. No he visto a Riley en la base, su camioneta no ha sido movida y no hay luces encendidas por la noche en su casa.

Bella a propósito no fue a buscar sus cosas a la casa. Para que Riley tuviera tiempo de enfriarse por un par de días, ha estado lavando su ropa después del trabajo y para mi placer, pasando todo su tiempo libre desnuda en mi cama conmigo.

Mary Conley, que vive al otro lado de Riley, me llamó esta tarde para decirme que creía haber visto a Riley vagando por el patio trasero en ropa interior y con un rifle.

Le pregunté que si estaba segura y parecía bastante conmocionada. Le dije que llamara a la policía si no lo había hecho ya.

Marcus me recogió y llamé a Bella desde el auto para advertirle que se mantuviera alejada de la casa de su hermano. Naturalmente, ella se asustó y comenzó a caminar hacia la casa. Me asombra lo desobediente que es en la vida diaria. En el dormitorio, ella es la perfecta sumisa, pero tan pronto como da un paso fuera es un infierno de opiniones y actitudes.

Por suerte, Marcus puede conducir como un maníaco, y la atrapamos antes que llegue a la casa y entre. Ahora estamos sentados en la calle, cuatro casas más abajo, viendo a Riley caminar de un lado a otro por su porche, fumando un cigarrillo, en bóxer, con un arma.

—¿Qué demonios está haciendo? Necesito hablar con él, tal vez guarde el arma si me ve —dice ella, agarrando mi brazo con ambas manos y levantándose para ver por encima del asiento delantero.

—O tal vez si te ve, te dispare. No hay una maldita manera de que salgas de este coche, así que ni se te ocurra intentarlo.

—Pero no podemos quedarnos aquí sentados sin hacer nada. ¿Y si se lastima? ¿Y si viene un niño y dispara accidentalmente? ¿O la Sra. Conley decide ver si esta bien?

—Créeme, la Sra. Conley probablemente está escondida en su refugio antiaéreo con su marido. Estaba frenética cuando me llamó. No le gustan las armas. Ni siquiera quería que yo me mudara a la manzana. Dijo que un marine armado en su calle era más que suficiente.

—Edward, esto me está asustando. Riley no fuma y nunca lo había visto con un rifle en casa. ¿Crees que está loco?

—Tal vez que te quedases conmigo justo en la puerta de al lado fue demasiado para él. He estado pensando en su sobreprotección. Eso no es normal. Es excesivo.

Quiero decir, entiendo que tú eres su única familia y que alguien te está amenazando, pero no ha sido el mismo desde el día en que llamaron de Nueva York.

Bella se sienta recta y pone sus manos en el respaldo del asiendo, esforzando el cuello para ver mejor a su hermano. Miro, pero es difícil para mí ver tan lejos.

—¿Qué está haciendo?

—Dejó de caminar, creo que está hablando consigo mismo.

—¿Dónde está su rifle?

—Todavía colgado en su espalda.

Así que no está preparado para disparar, es un experto tirador, puede tener esa arma en sus manos lista para disparar en segundos. No confío en él. De hecho, no estoy seguro que estemos a salvo aquí sentados.

—Señor, creo que deberíamos movernos a una distancia más segura hasta que llegue la policía.

—Marcus, me leíste la mente. ¿Puedes retroceder sin que él se dé cuenta?

—Tan pronto como haya algo de tráfico, de cualquier manera, puedo. No quiero ser lo único que se mueva aquí.

—¿Dónde está la policía? ¿Estás seguro que la Sra. Conley los llamó?

—No, pero no puedo imaginar que no los llame. Llama a la policía cuando alguien corta su césped demasiado corto, o lanza una pelota en su patio. Probablemente se están tomando su tiempo porque no encontraron nada la última vez que los llamaron. Son un puñado de idiotas holgazanes con placas. Ninguno de ellos sabe cómo registrar una casa o llevar a cabo una investigación.

—Aquí viene un coche —dice Bella, pero el coche ralentiza y gira en la entrada de Riley—. Espera, Dios mío, alguien está en la entrada. No, no, no, vete.

—¿Quién demonios es ese? —Sólo puedo ver el contorno y el color del coche. Es granate y del tamaño de una camioneta pequeña.

—No lo sé, nunca había visto ese coche antes. No tenemos muchos visitantes y Riley casi siempre va a casa de sus amigos a pasar el rato, ellos no vienen a la nuestra.

La puerta del lado del conductor se abre y sale una mujer. Ella saluda a Riley y parece detenerse antes de dar la vuelta al frente del auto. Imagino que se pregunta por qué diablos está en ropa interior y llevando un rifle a media tarde. Él la saluda con la mano y sonríe dejando caer su cigarrillo y pisándolo con su pie desnudo.

—¿La conoces? —pregunto. Puedo distinguir las formas, pero los detalles son borrosos y grises.

—No, oh, mierda —dice Bella agarrando el asiento de cuero hasta que sus nudillos están blancos.

—¿Qué?

—Hay una niña en el coche, ella va a dejarla salir.

—Eso es todo, Marcus. Llévanos más cerca para que pueda salir. Bella agarra mi brazo y me dice:

—No, no puedes salir, él te odia ahora mismo. Quién sabe lo que te hará. —Se vuelve hacia Marcus y le dice—: No muevas este coche. —Y escupe las palabras como si fueran veneno.

Los ojos de Marcus se abren de par en par por una fracción de segundo, pero luego vuelve su cabeza hacia mí y yo asiento.

—¿Estás loco de remate? No puedes ver bien y vas a salir sin protección. ¿Y si esto es una trampa?

—No tengo elección. No voy a quedarme sentado aquí para ver como matan a gente inocente.

—Llévame contigo. No me hará daño a mí. Estoy segura. Todo esto es por mí. Ha desarrollado una extraña fijación conmigo. La semana pasada dijo que tenía miedo de decepcionar a papá y mamá. En su mente, todavía soy su responsabilidad y si él me permite arruinar mi vida de alguna manera, les habrá fallado. Úsame como escudo. No me disparará.

Marcus conduce lentamente hacia la casa de Riley y la mujer del automóvil se vuelve más clara, hay algo en ella, algo familiar. Abre la puerta del pasajero y una niña vestida con un brillante vestido naranja y sandalias salta con una amplia sonrisa para la mujer que supongo que es su madre por su aspecto similar.

Es una hermosa niña de piel blanca y rizos largos y ondulados de color rubio que rebotan cuando camina.

Ella parece…

—No —susurro en voz baja.

—¿Qué? —pregunta Bella.

—Esa niñita.

—¿Qué pasa con ella? Edward, estás pálido, ¿la conoces?

Una gota de sudor rueda entre mis omóplatos y espalda. El shock y el miedo chocan y las puntadas de mi futuro con Bella comienzan a desmoronarse y deshilacharse.

—Sí. Las conozco. Quédate aquí y no salgas de este coche, ¿me entiendes?

—No quiero…

—¡No! —digo con más fuerza de la que jamás he usado mientras hablaba con Bella. Ella se sobresalta—. Lo siento, no quise levantar la voz, pero es imperativo que te quedes aquí. —Le toco la mejilla con mis últimas palabras tratando de suavizar el golpe de mi arrebato. Ella asiente y yo abro la puerta, y salgo.

Riley levanta la vista y me hace un gesto para que me una a él en el porche con Tanya y Katie. No he visto a Tanya en años y sólo he visto fotografías de Katie.

—Hola, mejor amigo, me alegro que pudieras unirte a nosotros.

¡Tenía el presentimiento que estarías aquí! —grita Riley. Suena maníaco y malvado como si estuviera al borde de la cordura.

Desde el porche, Tanya y Katie se giran para ver con quién está hablando Riley. Tanya parece confundida y conmocionada. La pequeña Katie está desconcertada.

Doy pasos lentos hacia ellos con precaución, el calor del aire de la tarde está lleno de tensión y los vellos de mi nuca se erizan.

—¿Qué está pasando, Riley? —pregunto deteniéndome en el final del porche.

—Pensé que tal vez una pequeña reunión era necesaria ya sabes, para que mi hermanita pueda conocer a tu hija y a tu ex–esposa ya que todos ustedes se están poniendo tan serios.

Miro a Tanya, cuya boca se ha abierto. Su mano está firmemente envuelta alrededor de la de Katie y ella instintivamente ha dado un paso hacia atrás de Riley, moviendo a Katie detrás de su cadera derecha.

—¿Sí? Eso fue muy amable de tu parte.

—Pensé que como vamos a ser una familia, todos deberíamos conocernos. ¿Dónde está Bella? La has tenido muy ocupada en tu casa últimamente.

—¿Edward? —dice Tanya, con preocupación en su voz.

—Hola, Tanya.

—¿Qué está pasando? —Ella frunce el ceño y fija su mirada en Riley—. Pensé que habías dicho que él estaba desplegado. Dijiste que dejó algunas cosas para Katie.

—Sí, bueno, mentí. —Los ojos de Riley son planos y su tono frío.

—Nos vamos, sabía que no debíamos haber venido aquí. Vamos, Katie, vámonos.

—Oh, no, no se pueden ir todavía. Ni siquiera han conocido a mi hermanita. Estoy seguro que ella está en tu brillante coche negro. ¿Está conduciendo para ti ahora, viejo? —Entrecierra los ojos y se los cubre con una mano para ver mejor la camioneta—. Oh, no, todavía tienes a ese viejo, Marcus, ¿eh?

Bella se baja del coche y cierra la puerta. Sabía que no me escucharía.

—Ahí está —dice Riley, arrastrando las í está mi linda hermanita, ven aquí, B. Tengo algunas personas que quiero que conozcas. —Llama a Bella.

Ella comienza a ir hacia nosotros y contra mi mejor juicio, le doy la espalda a mi mejor amigo armado y cierro la distancia entre ella y yo en unos pocos y poderosos pasos.

—¿Qué pasa, Edward?

—Nada, te dije que te quedaras en el coche. Vuelve dentro. Estoy manejando esto. —Mantengo mi voz baja, pero Riley tiene un oído superpoderoso y grita—: No hermana, él no está manejando nada. Tienes que venir aquí y conocer a estas dos encantadoras damas del pasado de Edward.

—Mami, tengo miedo. ¿Por qué el tío Riley tiene un arma? —dice Katie y el sonido de su voz destroza mi corazón. Nunca la había oído antes. Es suave y dulce, me recuerda la de Bella.

—Porque la gente roba, Katie, y tienes que proteger lo que es tuyo. Tu papá me robó a mi hermana y la quiero de vuelta para mantenerla segura.

Le abro la puerta a Bella y trato de guiarla de regreso al asiento trasero, pero ella escuchó a Riley decir la palabra "papá" tal como él quería que lo hiciera. Ella cierra la puerta y se aleja de mi alcance.

—¿Tienes una hija? —No soporto el dolor de su voz y la retorcida angustia de su cara. Debería habérselo dicho, lo habría hecho tarde o temprano. Fue una relación complicada y no muy agradable.

No lo creí cuando Tanya me dijo que Katie era mía. He usado un condón religiosamente con todas las mujeres con las que he estado hasta Bella. Sé que ningún método anticonceptivo es el cien por cien seguro, pero solo estuve con Tanya dos veces y las dos veces fui responsable.

Lo que es cien por cien seguro, sin embargo son las pruebas de ADN y no había dudas de que ella era mía. Estaba en el extranjero y no estaba interesado en una relación con Tanya, pero la culpa se apoderó de mí y me casé con ella cuando estaba embarazada de cuatro meses por su insistencia. Ella era joven, estaba sola y buscaba un boleto de comida, estabilidad y una salida de su país. Vio una oportunidad y la aprovechó, no puedo culparla por eso, pero siempre he sentido que el embarazo fue sospechoso.

Me divorcié de ella cuatro meses después y regresé a los Estados Unidos antes que naciera Katie. A los pocos meses de nuestro matrimonio, le conté sobre mi condición y las cosas cambiaron. No éramos una pareja de verdad, ni mucho menos. Pero cuando supo que algún día yo iba a estar discapacitado, su interés en mí se desvaneció. No estaba interesada en pasar su vida cuidando de mí. Ella había estado contando con que fuera al revés.

—Sí.

—¿Ibas a decírmelo?

—Sí, por supuesto.

Sus ojos se dirigen al porche y vuelven a mí.

—¿La amabas?

—¿A Tanya? No, en absoluto.

—¿Por qué están aquí?

—Parece que tu hermano se ha mantenido en contacto con ellas a lo largo de los años. Me ve como una amenaza, Bella. Está celoso de nuestra relación. La trajo aquí para separarnos. Hablemos de esto más tarde. Por favor, vuelve al coche. —La empujo hacia la puerta y ella me devuelve el empujón.

Estoy a punto de hacer algo que no suelo hacer. Rogar.

Quiero que se vaya de aquí para tratar de calmar la situación con Riley antes que se nos vaya de las manos.

—No, quiero conocerla.

—Ahora no es el momento, nena.

—A mí me parece el momento perfecto. —Ella me empuja, mis manos se cierran en un puño y soplo un aliento rápido y frustrado antes de dar la vuelta para seguirla.

—Bella —grito y ella agita su brazo con desdén.

—Oye, hermanita, déjame presentarte a la ex–esposa de Edward, Tanya. Tanya, esta es mi hermana, Bella, y la última conquista de Edward.

Si no tuviera el puto rifle colgado sobre su hombro lo golpearía hasta que estuviera a un milímetro de su vida y él lo sabe. Tal vez por eso lo tiene, por protección. O podría tenerlo porque está inclinando la balanza de la cordura. No lo sé y no quiero averiguarlo.

Puede que no haya estado allí en persona para ayudar a criar a mi hija, pero la apoyé económicamente y la vi crecer a través de fotografías. Todavía hay una conexión paternal que me lleva a protegerla y una conexión todavía más fuerte que adhiere mi corazón al de Bella.

—Tanya, creo que es mejor que tomes a Katie y te vayas. Es obvio que te han traído aquí con falsos pretextos y lo siento.

Tanya asiente y comienza a moverse hacia los escalones, pero Riley desliza su rifle de su espalda. Sin apuntarlo, lo usa para bloquear su camino. Katie jadea y se agarra a la cintura de su madre.

—Oh, no, ni siquiera hemos almorzado todavía. Todo el mundo adentro, al comedor. —Se dirige a la puerta principal con el arma.

—No quiero almorzar con el tío Riley, mami —gimotea Katie en la cadera de su madre. No es ajena a los hombres armados. Katie pasó los primeros tres años y medio de su vida creciendo en Irak, pero incluso un niño pequeño puede sentir la tensión en el aire.

Bella se pone en cuclillas frente a Katie.

—Todo va a estar bien, tengo algunos libros para colorear y lápices dentro. Podemos colorear mientras tu mamá y Edward hablan con el tío Riley. —Bella y Katie miran a Tanya. Ella no conoce a Bella pero tiene en sus ojos una preocupación genuina por la seguridad de un niño.

—¿No crees que es un poco pronto para jugar a la madrastra, hermanita?

—Cállate, Riley, estás siendo un idiota. Riley levanta las cejas y me presta atención.

—Estás haciendo un gran trabajo como Dom con ella, tío.

Me encantaría decirle que ella es perfectamente sumisa en el dormitorio y que adoro su lado rebelde y descarado fuera de él. Pero, él tiene un arma y me gustaría mantener mi cerebro dentro de mi cabeza.

—Es una mujer independiente. No tengo ningún problema con eso.

Bella se pone de pie y se da la vuelta hasta que está cara a cara con su loco hermano. Para mí horror, ella empuja su pecho desnudo y musculoso. Ella realmente empuja al oso.

—Sé lo que estás haciendo y si quieres que te odie, sigue así. — Ofreciendo su mano a Katie, mira a Tanya—. ¿Está bien si ella viene a colorear conmigo?

—Sí, claro, adelante. Katie, quédate donde mami pueda verte, ¿de acuerdo? —dice Tanya, tratando de sonar convincente, pero puedo oler el miedo que sale de ella.

Katie asiente y toma la mano de Bella. Una punzada de arrepentimiento me golpea cuando trato de imaginarme ser un verdadero padre para esta hermosa niña.

Cuando salí de Irak después de mi segundo despliegue, no sólo abandoné a mi hija, sino también la idea de volver a tener una familia. Hay una razón para todo lo que pasa en la vida y pensé que ser capaz de alejarme significaba que no debería haber estado allí en primer lugar. No creí que mereciera el amor, así que aprendí a frenar en cada relación después de eso hasta que conocí a Bella.

Pero el amor que siento por ella es un amor a toda velocidad, con el acelerador abierto y sin frenos. Si alguna vez hubiera la esperanza de tener otro hijo, sería con ella, si ella no me aparta después de esta estratagema que Riley está lanzando, claro está.

La improbable pareja entra en la casa y atraviesa la sala de estar hasta el comedor donde Bella toma una pila de libros para colorear y lápices de un bote de porcelana.

Riley sostiene el arma apuntando al suelo con una mano y abre la puerta de pantalla con la otra.

—Después de ustedes, tortolitos.

Tanya vacila y pongo mi mano en la parte baja de su espalda para guiarla adentro donde nos sentamos en la mesa para cinco personas.

Empiezo a escanear la habitación en busca de trampas, armas u otros signos de locura. Lo primero que noto es que no hay cuchillos con los cubiertos sobre la mesa.

—¿Cuál es tu plan, Riley? Si tienes algo que quieras decirnos, solo dilo y deja que Katie y Tanya se vayan a casa.

Un golpe en la puerta interrumpe mi intento de terminar esta cita no programada para el almuerzo. Riley dejó la puerta abierta y puedo ver que es el Jefe a través de la puerta de pantalla. Está solo. Genial, no traigas a tu compañero ni nada, idiota. El hecho que fueron demasiado estúpidos para atrapar al intruso la última vez no significa que no habría una situación peligrosa hoy.

—Buenas tardes, Riley, recibí una llamada de tu vecina sobre un hombre desnudo con un arma en tu patio trasero. ¿Sabes algo de eso? — dice el jefe.

No puede ver el interior a través de la puerta pantalla o sabría que Riley encaja perfectamente en esa descripción.

—Oh, Jefe, tuve que salir corriendo y subir las ventanillas del auto, pensé que iba a llover.

Él está parado en el umbral entre la cocina y comedor, el rifle está escondido detrás de la pared, pero no creo que el Jefe pueda verlo de todos modos.

—Me imaginé que era algo así, pero ya conoces a la Sra. Conley.

Tenía que comprobarlo.

—Bueno, gracias por venir, Jefe, tengo a mi familia aquí para almorzar, así que tengo que volver a cocinar. Tal vez te vea en Sam este fin de semana.

—Sí, claro, lo siento, no quise interrumpir.

—No hay problema, nos vemos.

—Adiós.

Nuestra oportunidad de conseguir algo de ayuda recorre los escalones del porche, pero sé que Marcus todavía está ahí fuera y no se irá hasta que sepa que estamos a salvo. Si lo conozco algo, está trabajando en un plan para sacarnos de aquí ahora mismo.

—Estúpidos policías que no reconocerían un crimen aunque les mordiera en el culo.

Bella levanta la vista por un segundo para ver cómo la parte de atrás de la cabeza del Jefe sube y baja mientras se aleja. Miro por el rabillo del ojo deliberadamente tratando de llamar su atención.

Necesito ver que las cosas están bien entre nosotros y la única manera en que puedo hacerlo sin delatarme y preguntar es a través de sus expresivos ojos.

Ella no me mira. Su total atención está en mi hija, dejándome fuera en el frío, preocupándome que pueda haberla perdido para siempre. Su aceptación de que me estoy quedando ciego fue enorme, pero saber que tengo una hija y una ex-esposa de las que no le he hablado; eso podría ser imperdonable.


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