Desiciones
Ha pasado una semana desde que el hospital Bellevue recibió una oleada de pacientes infectados con el virus del SARS.
Albert está desesperado por regresar a New York. Ha hecho hasta lo imposible para obtener un boleto de avión que lo lleve de regreso a casa, con su mujer.
_ ¡Por Dios George!... Me estoy volviendo loco de la desesperación. Aunque los negocios hayan concluido mejor de lo que esperaba. No podemos regresar. _ Decía Albert mientras caminaba de un lado hacia el otro con el móvil en su mano tratando de obtener un boleto de avión que lo lleve America.
_ He contactado al señor Alvez y creo que podremos comprar el Jet que me pidió negociara a cualquier costo.
Pero… ¿Quién piloteará ? — decía George tratando de alentar a su amigo.
_ Lo haré yo mismo si es necesario.— respondió Albert con seguridad. Había tomado un curso corto de pilotaje cuando estuvo en Kenia para poder llevar las medicinas a las áreas más remotas de las aldeas donde fue médico voluntario.
_ ¿Usted?.. ¿Desde cuándo aprendió a manejar una aeronave? _ George trago en seco al escuchar la respuesta de Albert…
Su pupilo estaba tan desesperado por regresar a New York que no le importaría pilotear un avión sin tener experiencia. Pero eso era lo que George creía. Para su sorpresa, Albert había aprendido a pilotear cuando desapareció de la familia, para buscar su propio destino.
Mientras en el hospital Bellevue los pacientes no cesaban de ingresar. Las largas horas de jornadas laborales para el personal era demasiado. Estaban agotados y las noticias se habían convertido en el desayuno, almuerzo y cena en todo el mundo y Brasil no había sido la excepción. Hecho que desesperó más a Albert. Conocía cómo era su Candy y sabía que su vida estaría en peligro y si estaba embarazada como él lo presentía. Su temor era aún más. Por lo que había tomado desiciones. Desiciones que sabía le causarían problemas con Candy. Pero estaba dispuesto a correr el riesgo por su mujer e hijo.
Por orden de Albert, Candy había sido obligada por el Dr. Leonard a mantenerse aislada de los pacientes con el virus.
Pero ella sentía que como parte del personal médico, su prioridad y deber estaba con los pacientes.
Tres días antes
_ Candice… el Dr. Leonard la necesita en su oficina de inmediato.
Por favor tome las medidas para desinfectarse y diríjase a su oficina _ La voz severa y cansada de Helen resonó los tímpanos de Candy.
Habían trabajado juntas por los últimos cuatro días.
Aunque Helen sentía celos de Candy. No podía negar que la rubia estaba haciendo su mejor esfuerzo para ayudar, atendiendo a los pacientes como una enfermera con mucha experiencia.
Candy se había ganado su respeto al trabajar hasta catorce horas sin parar junto a ella. Soportaba sus regaños y menosprecios que Helen le hacía. Pero eso no detenía a Candy, al contrario recibía cada regaño con una sonrisa y humildad.
Las veces que Helen le había llamado la atención con severidad era cuando Candy sentía las náuseas del embarazo.
Helen no sospechaba del embarazo de Candy. Creía que los malestares era porque Candy no soportaba la severidad de tos y resfriado de los pacientes. En varias ocasiones le había dicho que se había equivocado de profesión y que no tenía agallas para ser enfermera. Pero Candy siempre tenía una excusa para justificarlo.
Por otro lado tenía la ayuda de Patricia y Franny quienes sabían de su estado.
Al llegar a la oficina del director del hospital, Candy toco la puerta pidiendo permiso para entrar.
_ Adelante… _ respondió el hombre con voz serena.
_ ¿Me mando a llamar Director?
_ Siéntese señorita Ardlay. _ respondió el hombre haciendo señal que tomara asiento. Al escuchar el apellido Ardlay, Candy sintió una corriente de viento frío correr por su cuerpo.
Albert había dicho la verdad sobre ella al .
Candy halo la silla sentada frente al escritorio mientras el hombre hacía lo mismo.
_ Señorita Candy... quiero agradecerle su ardua labor en estos últimos días. La señorita Brussette está complacida con su desempeño a pesar de su corta experiencia.
— ¡Helen!... — dijo Candy sin poder creer lo que sus oídos escuchaban.
— Gracias director... pero no me ha mandado a llamar para felicitarme ¿cierto? — El hombre negó.
— El señor William me ha pedido que la mande a descansar a casa.
_ ¿El señor William?.. ¿Mi patrocinador... O Albert? _ Preguntó intrigada.
_ Candice… yo sé quién es el señor William. _ El director la observo directo a los ojos.
_ Usted y yo sabemos que es el Dr. Albert… pero quien me ha pedido que la envíe a descansar es el mayor patrocinador del hospital, el señor William.
Aunque debo de decir que también me lo pidió como Albert. Como el hombre enamorado quien está preocupado por la salud de la persona que ama... _ Candy sintió que la sangre se le bajo de golpe a los pies.
—Albert... ¿había confesado su amor y relación con ella al director del hospital? — Se preguntó.
_ Dr. Leonard... yo… _ Candy enmudeció, no sabía que decir.
_ No se preocupe Candice. Yo no diré nada… para ser sinceros. No fue nada nuevo para mí. Desde que le pedí que dejara el hospital por vivir con su paciente bajo el mismo techo y quebrar las normas del hospital. Sabía que él se había enamorado de su enfermera.
— ¿Usted sabía eso? — Preguntó la rubia mientras el hombre asintió con la cabeza.
— El joven William ha sido generoso con el hospital y con mi familia. Y no hablo monetariamente. Salvó la vida de mi hija cuando yo estaba de viaje fuera del país. Por eso tengo mucho que agradecerle.
Me pidió que no la tenga trabajando en estas condiciones… es muy peligroso para usted.
_ Pero Dr. yo soy enfermera...Mi deber es ayudar a los pacientes. Fue un juramento que hice cuando me gradué. Usted mejor que nadie lo sabe.
No importa... raza, color, nacionalidad o estatus social... eres bueno o malo, rico o pobre. Nuestro deber es brindarle ayuda y hacer hasta lo imposible por salvarles la vida.
Y... ¡Albert lo sabe!...
_ Pero me pone en una situación difícil Candy... No puedo desobedecer las órdenes de quien prácticamente mantiene esté hospital laborando.
_ ¡Dr. Leonard!...
¿Qué sería de este mundo si la fuerza armada no existiera? ¿Qué sería de América sin los jóvenes que una vez lucharon por la libertad de este país que voluntariamente se alistaron a la segunda guerra mundial?
¿Qué hubiera sido de Europa si los ingleses no se hubiesen aliado a los Estados Unidos y combatir los Nazis y Japón?
— Candy se puso de pie y, observando directamente a los ojos preguntó.
— ¿Qué sería de la humanidad… si los médicos y enfermeras corremos a escondernos por los virus y tantas enfermedades que descubrimos cada año? ¿ Acaso no lucharon contra la influenza Española? — Un silencio invadió la habitación. El Dr. Leonard se quedó en silencio… sin responder. Sabía que Candy tenia razón.
— El personal médico al igual que los militares tenemos un lema , un compromiso….Ayudar a la población... a nuestra gente sin importar si nuestras vidas están en peligro.
Me quedaré y yo me encargaré de hablar con Albert.
No se preocupe por él. — El director suspiró y tiró los brazos al aire en señal de rendición.
Brasil
— Señor Alves fue un placer hacer negocios con usted. — decía George cerrando y firmando el contrato de compra y venta del jet privado para Albert.
— El placer es mío. — respondió el hombre mientras recibía el portafolio con dólares.
— Me temo que no podrán regresar por el momento aunque tengan el Jet. Recibimos una notificación de su país que los aeropuertos están cerrados en la ciudad de New York.
El único estado que aún no lo hecho, es Texas y por lo que escuché lo harán en unos días. Si desean viajar tendrán que hacerlo a más tardar mañana. — George se puso de pie y salió de prisa hacia el hotel para dar las buenas y malas noticias a su joven jefe.
Continuará.
Hola chicas. Bendecido Domingo.
Quería subir este capítulo para el día de la enfermera pero no me fue posible. Dios les bendiga.
