Disclaimer: BNHA y sus personajes, no me pertenecen.
Summary: Bakugo Katsuki iba en contra de los intereses de su familia y nunca estuvo verdaderamente interesado en heredar la empresa de su abuela, él hacia su vida a su modo. Pero cuando su cuenta es congelada y su departamento alquilado, necesitará la ayuda de la nueva inquilina para jugar fuego contra fuego contra su familia... Claro, si sobrevivía al infierno que implicaba convivir con él.
Aclaratoria: Ésta es una obra propia y todos los derechos son reservados.
Advertencia: Lemon explícito.
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CHAPTER XXIII: Paraíso.
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La taza de café frente a ella seguía levantando una ligera capa de vapor junto a un delicioso aroma a canela, de esos que la hacían cerrar los ojos y dedicarse un momento para contemplarlo así; eran esos pequeños placeres que la hacían sonreír. Llevó sus dedos hacia el aza de la misma y la levantó con cuidado hasta sus labios, saboreando su dulce sabor. El sabor del café ingresando a su sistema era otro de esos placeres que la llenaban de a poco, con sabor a canela o chocolate, endulzándole el paladar. Abrió los ojos entonces, para dirigir su atención al hombre de ojos con heterocromía frente a ella.
Todoroki Shoto, se encontraba frente a ella, llevaba su acostumbrado traje oscuro, resaltaba aún más la tonalidad dispar en sus cabellos, llamando la atención en más de una persona a su alrededor, quizá ya estaba acostumbrado, pensó Ochako. Lo vio dar un soplo continuo a su taza de té verde, elevando el vapor de éste para beber un sorbo de manera silenciosa.
Había cancelado su cita con el abogado hace varias semanas, cuando decidió que ya no necesitaba dejar el departamento. Cuando decidió que deseaba a Bakugo Katsuki en su vida de manera oficial. Lo extraño fue recibir un mensaje por parte de Todoroki el día anterior, apelando por encontrarse; alegaba tener que hablar con ella de algo importante y ella no podía negarse al encuentro.
―Así que… ¿Querías hablar conmigo? ―Preguntó entonces Ochako rompiendo el silencio entre ambos. Shoto dejó su taza sobre el pequeño plato de porcelana al tiempo en el que asintió a sus palabras.
―El día que me contactaste para pedir un traslado de departamento, deseaba hablarte de otro asunto, aunque debo decir que me sorprendió que me cancelaras aquella vez ―Respondió el abogado―. Supongo que las cosas con Bakugo mejoraron.
Ochako asintió sin borrar la sonrisa de sus labios. Pensar en el tiempo transcurrido desde aquel día, la hacía sonreír como una colegiala enamorada y en parte, era el modo en el que se sentía. Despertarse al lado de Katsuki, sentirlo a su lado, compartir con él y no sólo durante el horario laboral o poner de excusas ver maratones de superhéroes para poder recostarse junto al otro en el sofá.
Sin duda, había tomado la mejor decisión.
―Ya no planeo mudarme ―Explicó ella―. Katsuki y yo estamos tomando las cosas con más seriedad.
―Me alegra saberlo. ―Todoroki le dedicó una pequeña sonrisa sincera que ella correspondió.
―Entonces, ¿en qué puedo serte de ayuda, Todoroki-kun? ―Inquirió ella nuevamente.
―No nos conocemos demasiado pero puedo intuir que eres una persona que puede comprender mejor las disposiciones emocionales de una persona hacia otra.
El hombre era un diccionario andante, Ochako lo sabía; demasiado técnico o directo, incluso torpe si se trata de expresar o discernir emociones, era bueno para resolver problemas que implicaban su profesión o relacionados a About Life Coffee, pero cuando la cuestión cambiaba cuando se trataba de algo más… profundo.
Ochako lo miró con duda un momento. Shoto comenzó a tamborilear la taza entre sus dedos, sin saber muy bien cómo explicarse de manera coherente.
―Te refieres a… ¿los sentimientos? ―Todoroki asintió. Ochako sonrió a su acompañante, recordando las palabras que Jiro había mencionado sobre cómo era Todoroki Shoto cuando de discernir emociones se trataba―. ¿Es sobre Deku-kun?
Shoto volvió a asentir.
―Ahora entiendo por qué no deseabas vernos en Limerence ―Comentó Ochako apreciando la cafetería antigua en la que se hallaban; no estaba muy distante de donde Midoriya Izuku trabajaba pero al comprender la razón de la preocupación de su acompañante por encontrarse con el adorable mesero de bellos ojos verdes, no pensaba oponerse―. Tampoco soy una fuente de información, Todoroki-kun; después de todo, también fui un poco ignorante de los verdaderos sentimientos de Katsuki por un tiempo hasta que todo se esclareció en forma.
―Verla feliz al lado de Bakugo es razón suficiente para pedirle éste favor ―Insistió Shoto―, después de todo, estamos hablando de Bakugo Katsuki.
Ochako se encogió de hombros, divertida ante la imagen que su jefe y novio se había formado ante las personas.
Mayo había dado inicio y con él, la nueva disposición de horarios en Towers con mayor espacialidad de turnos y días libres, permitiéndose contratar a un par de personas más para flexibilizar al personal actual. Los días jueves volvieron a ser los días libres de Uraraka Ochako y aquel jueves en particular, aceptó la invitación de Todoroki Shoto para tomar un café y tratar "un tema en particular que lo inquietaba".
Esa tarde, ella dedicó su tarde a hablar con el abogado y tras algunos consejos, Ochako y Shoto pagaron su cuenta para dejar la cafetería en cuestión. Él se ofreció a acercarla a su departamento, algo que la mujer no se negó en absoluto, siguieron hablando un poco más. Para Ochako era curioso conocer aquella nueva faceta en el abogado, después de todo, ella tenía una imagen bastante intimidante de éste pero tras conversar un poco más y a profundidad, comprendió que, al igual que todas las personas, posee capas que lo protegen del mundo.
―¿Así que volverás a tu ciudad? ―Preguntó Shoto cuando iban a mitad de camino. Ochako le había hablado de su pequeño viaje, lo miró para responder.
―Sólo el fin de semana ―Explicó Ochako―. El domingo es el día de la madre y quería hacerle una visita a mi familia.
―¿Bakugo irá contigo? ―Ochako asintió con una sonrisa―. No me extraña; ésta clase de festividades dejaron de celebrarse en su familia hace mucho tiempo.
Uraraka asintió a sus palabras borrando un poco el entusiasmo en su mirada, consciente de la brecha familiar que aún existía entre los Bakugo. Katsuki le había hecho parte de su vida desde aquella noche en el parque al cual la había llevado, podía sentirlo un poco más abierto pero el tema de su familia seguía siendo una espina adoleciendo su corazón. Ochako no podía hacer más que comprender su silencio y acompañarlo, aguardando para cuando él decida volver a abrirse con ella sobre el asunto.
―Al principio no estaba muy convencido de ir. Tiene una adicción al trabajo que podría volver a dejarlo en cama si no se cuida en forma ―Continuó Uraraka intentando pasar del tema―. La idea de tomar días libres le sonaba horrible.
―Creo que tienes un don sobre las personas, Uraraka-san ―Comentó Shoto y ella sólo rio por lo bajo.
Él la dejó en su departamento y se despidió de ella deseándole un buen viaje. Ochako lo vio marcharse preguntándose si Todoroki Shoto podría llevar a cabo los consejos otorgados para con Midoriya; bueno, si Bakugo Katsuki, el que creía ser un ogro, era una persona melosa cuando se lo proponía, no podía bajar los brazos para con Shoto.
Ingresó al complejo y subió hasta su piso, cuando ingresó a su propio departamento, vio escuchó música desde el teléfono de Katsuki proviniendo desde su habitación, Cherry Pie sonaba con fuerza y ella sólo caminó hasta ingresar a su cuarto, hallándolo allí empacando ropa en su maleta, lucía inquieto, parecía que la idea de prepararse para viajar lo ponía ansioso.
―¿Tan emocionado que ya estás armando tu maleta? ―Preguntó Ochako viéndolo impasible en su habitación. Rodeó la cintura del hombre y éste se relajó un poco ante su tacto.
―Odio dejar las cosas para último momento. No quiero olvidar nada ―Respondió. Se giró a mirarla―. ¿Qué tanto tenía que decirte el idiota mitad-mitad? ―Preguntó molesto Katsuki, fruncía el ceño como un niño caprichoso. En parte lo era.
―Consejos de amor ―Respondió ella con una sonrisa―. No te vendría mal escuchar algunos.
―¿Ah, sí? ―Él la atrajo hacia sí para besarla―. ¿Implica estar vestidos? ―Ella rio mientras negaba―. Entonces, me interesa.
La maleta terminó olvidaba en una esquina del cuarto que ambos compartían para que los besos sean la principal preocupación de Katsuki en esos momentos, los besos y deshacerse cuanto antes de la ropa en su novia, la melodía de Cherry Pie se intensificaba al igual que las caricias en el cuerpo del otro.
Su viaje estaba programado para el sábado desde temprano, por ese motivo, el viernes después de culminar su jornada laboral, prepararon una cena rápida en su departamento, verificaron por quinta vez (por exigencia de Katsuki) sus maletas y fueron a dormir. Eran las siete y media de la mañana cuando dejaron el departamento con destino a la estación de trenes, el suyo partía a las ocho en punto.
No tardaron demasiado en subir sus pertenencias y acomodarse en los lugares asignados. Ochako traía un abrigo suyo, le quedaba gigante, él solía burlarse de ella y ella sólo hacía pucheros; se acomodó a su lado y ella apoyó su rostro contra su hombro, era la primera vez que viajaban juntos. De hecho, para ambos, muchas cosas eran "por primera vez" al lado del otro.
Apenas Ochako se acomodó mejor en el hombro de su novio, cayó profundamente dormida, él sólo se colocó los audífonos buscando una playlist idónea para el viaje, solía clasificarlas exhaustivamente, era muy meticuloso incluso con el orden de sus músicas. El viaje no duraría demasiado, a lo mucho, dos horas así que tenía el tiempo suficiente para relajarse. Cada tanto, la atención de Bakugo viajaba a su novia, la veía balbucear incoherencias, le resutlaba gracioso y en más de una ocasión a lo largo de ese viaje, capturó fotos suyas; comenzaba a encontrarle el cariño a las fotos espontáneas que Ochako insistía en hacerle.
Fueron dos horas de viaje que Ochako supo aprovechar durmiendo, no podía culparla, habían salido muy temprano del departamento para llegar cerca de las ocho de la mañana en la estación de tren con destino al barrio Minami de Nagoya; después de todo, la mujer no se caracterizaba por ser una persona diurna.
―Ochako ―Llamó Katsuki cuando se notificó que faltaba sólo cinco minutos para llegar. Ella tardó un poco en despabilar―. Ochako, ya llegamos.
―¿Tan rápido? ―Una pequeña baba resbalaba de su boca y Katsuki tocó con su índice la mejilla de su novia, despertándola del todo―. ¡Hey!
―Se te cae baba, tonta. ―La castaña se sonrojó violentamente, limpiándose inmediatamente su rostro.
El tren se detuvo y tras tomar sus pertenencias, bajaron hacia la estación, buscando a tientas a los Uraraka entre el mar de personas que iban y venían a su alrededor. Ochako tomó su mano para avanzar, él era alto, podía distinguir con facilidad el camino pero la mujer delante suyo era cuento aparte.
No tardaron en encontrar a los padres de Ochako, los dos con un cartel que sostenían en lo alto con la frase "Bienvenida a casa, Chako-Bebé". Uraraka se sonrojó ante el cartel, principalmente por las risas y sonrisas que algunos extraños dirigían ante el notorio cartel que la pareja exhibía animosamente. Katsuki no se contuvo en estironear una de sus mejillas, avergonzándola aún más.
―¡Katsuki!
―Vamos, Chako-bebé. ―Dijo Bakugo sin ocultar la gracia en su voz, molestándola.
―Es un verdadero halago que Bakugo-kun nos acompañe éste fin de semana ―Dijo Chieko al ver al novio de su hija―. Hemos acondicionado la habitación de huéspedes. No es muy grande pero de seguro dormirás en forma.
Katsuki agradeció las atenciones que los padres de su novia tenían con él, se sentía un poco extraño ya que la primera vez que los había conocido, fingía un noviazgo con su hija pero en la actualidad, las cosas dieron vueltas curiosas para ambos. Ochako tomó su mano para caminar hacia la salida del sitio, escuchando a Kiyoshi hablando sobre todo lo que Nagoya tenía para ofrecerles.
Dejaron la estación, subiéndose al vehículo familiar de los Uraraka con el cual, se dispusieron a ir a la casa de los mismos. Bakugo observaba en silencio todo lo que Nagoya era, que por más de ser una ciudad bastante conocida, no podía equipararse a Tokio en algunos sentidos, siendo para él algo digno de admirar puesto que sólo estaba acostumbrado a los asfixiantes edificios de la capital.
La casa de los Uraraka estaba ubicada no muy lejos de la estación, de hecho, tenía muchos sitios equidistantes que facilitaba la visibilidad de su tienda de ramen, en la que Ochako trabajó por bastante tiempo y en donde, la especialidad de la casa, se amplió a otros platillos más elaborados. La morada era sencilla, una casa de dos niveles en cuya planta baja se encontraba la tienda adicionándose un salón más a su lado mientras que la planta alta se encontraba la casa particular de la familia; poseía una fachada sencilla, tradicional incluso.
Subieron sus pertenencias a la habitación en la que él se quedaría y tal como se lo había dicho ya Chieko, no era muy grande pero tenía lo fundamental, espacio para una cama, un pequeño armario y una mesa de madera en donde destinó su maleta. La ventana de la misma era pequeña pero daba vista a la calle y gracias a la altura, permitía apreciar un poco más de lo que el barrio Minami ofrecía.
―No es lo que tenemos en Meraki's Place ―Habló Ochako a sus espaldas llamando su atención, la mujer aún tenía puesto su abrigo gigantesco―, pero es bastante cómodo.
―Es perfecto ―Respondió él acercándola a sí para abrazarla. Katsuki sonrió a la mujer para besar su frente con dulzura.
―Insistí en que duermas en mi habitación pero la frase "aún no están casados" me lo repitieron como un millón de veces ―Comentó ella, riendo por lo bajo―. Así que vendré clandestinamente por la noche a desearte dulces sueños.
Katsuki rodó los ojos y estironeó sus mejillas en respuesta. Él estaba lo suficientemente tenso intentando no generar incomodidad en sus suegros y su novia hablaba con tranquilidad sobre incursionar en su habitación por la noche. Era tentador, no lo negaba. Todo en ella lo llamaba a la tentación.
Tras dejar sus cosas en la habitación que le correspondía a Katsuki, descendieron por la escalera al área del restaurante y éste fue consciente de que estaban bien equipados, ya habían tres empleados trabajando activando desde temprano para preparar algunas cosas, para cuando el local abriera sus puertas al público, que según le había explicado Kiyoshi, sería a partir de las once y me día de la mañana.
―Con Kiyoshi pensamos en que quizá tengas curiosidad de conocer un poco lo que es Nagoya, Bakugo-kun. ―Dijo con emoción Chieko extendiéndole unos panfletos de esos que las cadenas de turismo ofrecían. Katsuki lo tomó con una pequeña sonrisa para ver los sitios mencionados en el papel.
―Conocemos algunos sitios turísticos de libre acceso que son magníficos ―Añadió su esposo con emoción―. Cuando eres oriundo de un lugar, te haces de conocidos. Es fácil ingresar cuando tienes contactos ―Finalizó Kiyoshi con un guiño coqueto.
―Claro que si estás agotado, podemos ir en la tarde ―Ochako habló, mirándolo con comprensión en sus ojos.
―¿De qué hablas, Cara de Ángel? ¿Quién está agotado aquí? ―Comentó él chasqueando la lengua, intentando ocultar su sonrojo. No estaba acostumbrado a tantas atenciones por parte de otras personas.
Seguido por aquella iniciativa muy suya, los Uraraka no pudieron sino sonreír y hacer un pequeño recorrido por la ciudad, circulando por los barrios aledaños al suyo, enseñando algunos sitios turísticos aunque la circulación de personas no era algo que acostumbraba a ver cuando la palabra "turístico" se mencionaba, al menos para Katsuki que solía toparse con una masividad agresiva de turistas en Tokio.
Otro buen punto para vivir en Nagoya, pensó.
El día transcurrió así, observando a su alrededor, imaginándose cómo sería vivir una vida tranquila en una ciudad como lo era aquella. Ochako le hablaba de sus años de estudiante, de sus cines favoritos, el sitio donde solía ir a comprar artículos de cocina con su padre o a pasear con sus amigos después del instituto.
Por un momento, Katsuki se perdió en la vida que le hubiese gustado tener, lejos de tutores, encierro mayor libertades. Ochako seguía hablando, él sólo podía observarla pensando en qué quizá el aire de su propia ciudad le dio a conocer otra faceta en su novia, una más libre. Le gustaba voltear a verla y darse cuenta que había más escenarios en donde ella circulaba, otros paisajes, recuerdos suyos; pensar que quizá le gustaba reconocer más cosas en ella de lo que ya sabía.
Las dos de la tarde llegó y regresaron a la casa de Ochako para almorzar por cortesía de la tienda de los Uraraka, arroz con curry con aquel toque picante que a Katsuki no pudo evitar sonreír al sentirlo; Ochako se lo habrá pedido a sus padres, pensó. Miró disimuladamente a su novia, ésta estaba muy ocupada hablando con sus padres, la mesa de los cuatro era un sitio de conversación continua, de risas y anécdotas, tanto ruido que por un momento olvidó que estaban almorzando. Sin duda, su vida era tan distinta a la de Ochako.
Terminado el almuerzo, Ochako le había dicho para continuar el recorrido por la ciudad, aunque claro, no le había dicho específicamente a donde, ella alegaba que se trataba de una sorpresa. "Quiero llevarte a conocer mi pequeño paraíso". No se negó ante tal invitación.
―Traten de llegar para antes de las ocho ―Dijo su madre desde la puerta del negocio, viéndolos subir al vehículo familiar. La mujer ya portaba el uniforme de su restaurante―. Los clientes querrán saludarte, Chako.
Su hija asintió a su madre desde la cabina del vehículo, despidiéndose de la mujer para encender el motor y manejar hacia la dirección que ella sabía. Katsuki tomó el control de la estéreo del vehículo bajo protestas de la conductora, subió el volumen a Born to Raise Hell de Motorhead y se mantuvo elevado cuando We're not gonna take it de Twisted Sister sonó a continuación, tomando venganza de las canciones de Taylor Swift o Ariana Grande que debía tolerar casi todos los días a su lado.
El trayecto no duró mucho, pero Katsuki fue consciente que de a poco, la urbanización comenzaba a aminorarse para ingresar a un sector con mayor presencia natural de altos árboles, el sonido de aves iba equiparando a la polución sonora que dejaban atrás, hasta minimizarla casi por completo. Fue como cambiar de página y de ambiente. Miró a Ochako y ella sólo le dedicó una sonrisa luminiscente.
Se detuvo un tramo más adelante subiendo una pendiente que los llevó hasta el escondrijo de vegetación y al final del trayecto apto para un vehículo como el suyo, vio a Ochako apagando el motor y la imitó cuando bajó del móvil. Ella lo miró con una sonrisa para tomar su mano y caminar subiendo un poco más la pendiente que los llevaba a un matorral de arbustos y árboles petizos.
―Solía venir aquí cuando las vacaciones de verano daban inicio ―Dijo caminando con cuidado por el caminero de sedimentos propios del lugar en donde estaban. El follaje cubría lo que tenía más adelante pero su novia se notaba confiada. No puso en tela de juicio aquello―. No es muy concurrido debido a que pocos suelen venir por aquí, así que se convirtió en mi lugar favorito para despejar un poco la mente.
El follaje de arbustos acabó y entonces una pequeña cascada se abría paso entre las rocas, acabando su ruidoso caudal en un estanque de pocas dimensiones; tal como se lo había dicho Ochako, no era muy concurrido, no había personas a los alrededores y le resultaba extraño, siendo un sitio tan hermoso.
―¿Qué te parece? ―Preguntó ella mirándolo con esos ojos cargados de brillo.
―Cuando dijiste paraíso, no mentías ―Ella sonrió y jaló de él para ir descendiendo al nivel del estanque que se encontraba al final del pequeño peñasco al que llegaron en un principio.
Las piedras eran los escalones que los hicieron llegar al suelo, él fue el primero en llegar y sin soltar su mano, ayudó a Ochako a bajar con cuidado; ella tomó asiento en una de las grandes rocas cercana a ella para aspirar profundo, cerrando los ojos y recibir toda aquella porción de naturaleza que tenían para ellos solos, hacía tiempo que no había hecho una visita a aquel magnífico lugar y se sentía tan bien el volver. Él se sentó a su lado y vio con fascinación cuanta paz hallaba allí.
―Es difícil encontrar éste tipo de oasis en Tokio ―Comentó Katsuki.
―Cuando me llevaste al parque en donde tu papá te halló, sólo podía desear traerte aquí ―Ella lo miró con dulzura―. Sé que ya es algo obvio, pero también quiero que formes parte de mi vida, Katsuki.
Él la miró un momento, estudiando su rostro, memorizando cada facción, cada curva, cada ángulo de ella; rompió la distancia entonces al acercarse a sus labios y besarla, primero dulce, despacio, luego con mayor pertenencia al llevar sus manos al rostro de la mujer y atraerla a él. Carajo, ella podía equilibrar tantas cosas, entre ellas ser malditamente adorable y una jodida seductora.
Se separó de ella y sin borrar su sonrisa, preguntó.
―¿Solías entrar a la estanque? ―Ella asintió―. Bien.
Él dejó la roca en donde se encontraba sentado para levantar su playera y quitársela, dejando al descubierto su ancha espalda y su fuerte abdomen, el aire fresco lo acarició, su piel se erizó ligeramente; miró a sus espaldas con una sonrisa socarrona, llevándose ambas manos a sus pantalones.
―¿Qué haces? ―Preguntó Ochako sonrojada sin poder dejar de verlo con el torso desnudo. No importaba cuantas veces vea a Katsuki desnudo, ella siempre se queda sin aliento.
―¿Qué? ¿Me traes aquí y no esperas que me meta dentro? ―Inquirió él para bajarse entonces sus pantalones con su ropa interior incluida, activando de inmediato el sonrojo en la mujer que no dejaba de observarlo como si fuese la octava maravilla del mundo. Él no disimuló el placer de sentir los ojos de su novia recorriendo su cuerpo desnudo―. ¿Te quedarás ahí, Chako Bebé?
―¡Hey, no me llames así! ―El sonrojo en ella aumento y él sólo respondió ingresando al agua de un salto.
El agua se disparó por todos lados, mojando los pies de la mujer y un poco su ropa. Katsuki salió a la superficie, el estanque era limpio y ciertamente profundo, el agua le llegaba hasta por un debajo de los hombros; tenía el cabello húmedo, se lo peinó hacia atrás, dejando su frente al descubierto. Ochako echó a reír, incapaz de creer que Katsuki estaba acercándose a la orilla, llamándola, de verdad no estaba segura que obligarle a tomar un fin de semana de vacaciones haya sido una buena idea.
―Oh, vamos, Cara de Ángel. ¿Acaso nunca nadaste desnuda? ―Preguntó apoyando sus brazos en la tierra, mirándola con una ceja enarcada.
―Tengo traje de baño para eso, pervertido ―Respondió ella fingiendo enojo, caminando hacia él y sentándose sobre sus pies, le dedicó una mirada divertida.
―¿Pervertido yo? No creas que no me di cuenta el modo que me veías, Cara de Ángel ―Y dicho esto tomó su mano para jalar de ella aunque sólo para molestarla, ella echó a reír con más fuerza.
―¡Está bien, está bien! No quiero volver aún más empapada a casa. ―Katsuki la soltó, Ochako se deshizo entonces del vestido que traía puesto, observó a su alrededor y continuó deshaciéndose de su ropa interior bajo la atenta mirada de su novio que no podía dejar de devorarla con los ojos―. Me las vas a pagar, Katsuki.
Ella entró al agua y pegó un gritillo al sentir el agua tan fría. Él echó a reír con ganas, ganándose chapoteos por parte de Uraraka, lanzándole agua al rostro, se acercó a ella y la rodeó con sus brazos, atrapándola e imposibilitando sus movimientos, ella no paraba de reír.
―¡Ríndete! ―Decía él entre risas.
―¡Rendirse no es una opción! ―Bramó divertida y él la besó después. Ella no se opuso al tacto.
Katsuki la sentía temblando contra él, el agua estaba helada pero con el pasar de los minutos allí, su cuerpo fue acostumbrándose aunque Ochako era otra historia. Katsuki fue bajando sus labios por su barbilla y el camino siguió hasta su cuello; Uraraka dejó de reír al sentir los labios del hombre sobre su piel y más cuando las manos de éste iban acariciando su espalda a un ritmo calmo, llamándola a rodear con sus brazos su cuello y abrazarse a él.
―Katsuki… ―Suspiró al sentir las manos del hombre sobre sus nalgas, apretándolas despacio, enviándole descargas en todo el cuerpo. Ella ocultó su rostro en el hueco de su cuello―. ¿De verdad estás enamorado de mí o sólo de mi trasero?
―Lo segundo. ―Ella rio por lo bajo.
―Eres un idiota.
Ochako envolvió con sus piernas, la cintura del hombre y con sus manos, acariciaba sus cabellos. Tanta paz, pensó Katsuki, cerró los ojos para sentirla mejor. Fue entonces que los dedos del hombre, trazaron un camino con la punta de sus yemas hacia la intimidad de la mujer, rozaba con cuidado sus labios inferiores al igual que su clítoris, despertando el calor en ella. La escuchaba suspirar y repetir su nombre contra la piel de su cuello.
―¿Qué haces? ―Preguntó Ochako, intentando contener sus gemidos. Podía sentir contra su vientre la erección de su novio, lo escuchó reír por lo bajo.
―¿No es obvio?
―Katsuki, aquí no ―Dijo ella pero los movimientos de sus dedos la hacían flaquear. La escuchó gemir, pidiéndole que se detenga pero su cuerpo parecía ignorar sus propios deseos―. Katsuki…
―¿Quieres que pare? ―Ella asintió pero sus gemidos se intensificaron, incluso el movimiento de su vientre, frotándose contra el miembro erecto de Katsuki, excitándolo aún más―. ¿Estás segura?
Él se alejó un poco de ella para verla a los ojos, los traía oscuros, cargados de placer, no lo veía con sonrisas inocentes, sino con deseo; la vio relamiéndose los labios enrojecidos por los besos, por el calor que iba ganando terreno en su cuerpo, por la pena de estar de ese modo en un sitio como aquel, pero ella no se detuvo.
―Si me dijeran que estaría contigo de éste modo el día que te conocí, no les hubiese creído ―Ella rodeó su cuello con sus brazos y acercó su frente a la de Bakugo―. ¿Quién diría que nuestro contrato terminaría así?
Katsuki la apretó con un poco más de fuerza, la levantó aún más hasta sentir los senos de Ochako contra su clavícula, el agua se escurría desde su cabello, bajaba por su cuello, sus hombros y hasta sus pezones, encontrándose con el pecho de Bakugo, muriendo en aquella fusión de pieles. El beso volvió a calentarles, ella lo volvía loco con facilidad y ella se dejaba abandonar en la locura que él despertaba en ella.
―No podemos hacerlo aquí, Katsuki ―Repitió ella separándose de sus labios, su sonrisa era la clara señal de que ella quería continuar pero su sentido común clamaba porque parara. Él la miró con una ceja enarcada.
―Estamos desnudos, no hay nadie ―Dijo él contra su cuello, la sentía estremecerse por su aliento―. Además, ¿nunca quisiste hacerlo en un lugar así?
Su voz era grave, un ronroneo contra su piel despertando hasta el último centímetro de piel en ella. Katsuki era fuego, se extendía con facilidad como un incendio en ella, empezaba por sus piernas, subía por ellas como el calor cuando bebía vino y se acunaba en sus mejillas; pero el calor que le producía Katsuki era distinto. Sí, su temperatura aumentaba pero en lugar de continuar, se concentraba en su femineidad, despertaba esa parte suya que la hacía hacer cosas que no se imaginaba con nadie más que con él.
―Katsuki… Nos van a descubrir…―Volvió a repetir en un suspiro, sentía sus dedos ingresando en ella, no lo detuvo, de hecho, el morbo de saber que estaba haciendo algo malo en un lugar inadecuado la movía, se sentía así de valiente a su lado; comenzó a moverse, instando a que sus dedos ingresaran aún más.
Ella abría los labios intentando contener sus gemidos, pero él quería que lo hiciera, quería que se dejara escuchar. A medida que introducía sus dedos, estimulaba su clítoris sin apartar sus ojos del rostro de la mujer, la sentía arquear su espalda y abrir la boca sin sacar sonido alguno.
―Carajo, eres hermosa… ―Susurró, la vio sonreír pero su rostro aún albergaba el placer de sentirlo masturbarla así. Adoraba verla retorcerse de placer y saber que sólo él la hacía llegar de ese modo.
Ella no podía aguantarlo más, lo besó con ganas, con esas mismas ganas que la hacían hacer ese tipo de cosas que en cualquier otra circunstancia, se negaría rotundamente. Ella se sentía libre a su lado y él encontraba el tipo de libertad que por tanto tiempo anhelaba a su lado.
Los besos y las caricias en sitios donde el agua actuaba de cortina continuaron, la celeridad en la respiración y en sus latidos al igual que el calor en ambos fue aumentando. El pene de Katsuki ingresó entonces en su interior, haciéndola gemir contra el cuello del hombre intentando no ser audible, él comenzó a embestirla mientras seguía sosteniendo su cuerpo con sus manos bajo sus muslos y ella se abrazaba aún más a él, moviéndose en ritmo contrario al suyo permitiéndole llegar más profundo; cada embestida, ella mordía el cuello del hombre para reprimir sus gemidos y él estrujaba sus nalgas, hincando sus uñas en ellas.
La idea de ser descubiertos en pleno acto, la belleza del sitio y las palabras que se decían mientras se amaban, fue el motor principal para que el lívido creciera descomunalmente, ahogándolos de placer, diciendo el hombre del otro, llevándolos al orgasmo un momento después. Ochako se abrazó a él al sentirlo acabar en su interior, apretando sus paredes, envolviendo el pene del hombre dentro suyo, lo escuchaba gemir con fuerza. Amaba sentir su orgasmo, amaba oírlo gemir, ella lo amaba.
―Ir a la cárcel por coger en un sitio como éste, ha de ser una de las mejores razones para acabar allí ―Susurró Katsuki entre jadeos contra su oído. Ella rio, intentando recuperar el aliento.
―Eres un… ―Sus palabras quedaron en el aire al escuchar un ruido extraño entre los arbustos no muy lejos de ellos. Ambos voltearon a ver, quietos para escuchar mejor pero nada parecía alentar tener a algún mirón por allí―. Carajo, por un momento temí que lo de la cárcel se convirtiera en realidad.
Katsuki la hizo mirarlo, besándola después para tranquilizarla. Dejaron el estanque un rato después, se vistieron entre miradas furtivas y toqueteos rápidos, ella echó a correr de regreso al auto y él la seguía de cerca, amaba verla por delante, amaba ver el vuelo de su falda y su cabello ondeándose al viento. Él la amaba.
Regresaron a la casa pasado la puesta de sol, el atardecer se veía precioso a la distancia, escuchaban Black Betty de Ram Jam y Dancing in the dark de Bruce Springsteen, ésta vez Ochako no parecía molestarle la selección, la veía cabeceando al ritmo de la música, se miraban cada tanto y sonreían como dos adolescentes enamorados. Un maldito paraíso.
Cuando llegaron a la casa de los Uraraka, éstos los aguardaban con un plato de Ramen para cada uno, Ochako saludó a algunos clientes que parecían ser asiduos al local, por la familiaridad con la que se referían a la mujer y ésta a ellos; de verdad tenía un encanto con las personas.
Su visita exprés a Nagoya había cumplido su misión: relajarlo. Por primera vez en mucho tiempo, no había pensado en su trabajo o los problemas familiares que lo atormentaban; esa noche cenó con Ochako, ayudaron a cerrar el local cuando el último cliente se marchó y subieron al piso de arriba para acomodarse a dormir.
Katsuki se recostó sobre la cama, observaba la noche desde la ventana junto a él, la luna se veía brillante. Era cerca de las once y media de la noche, faltaba media hora para que el diez de mayo, día de la madre, diera inicio. Pensó en su madre, pensó en el regalo que ella le había hecho con los planos de su padre por su cumpleaños y pensar que todos esos años, él evitaba acercarse ese día a ella, comenzaba a martillearle la consciencia. Deseó poder verla.
La puerta de su habitación sonó con un par de golpes casi inaudibles, sonrió para sí. Se levantó de la cama, abrió la puerta, vio a Ochako con una de sus camisetas que había robado de su armario antes de dejar el departamento, tenía una afición por robar playeras que le quedaran gigantescas. Ella le dedicó una sonrisa inocente en los labios, enseñando su almohada bajo su brazo.
―¿A tus padres no les molestará? ―Preguntó Katsuki dejándola pasar.
―No haremos nada malo ―Respondió ella acostándose en el cama y dando golpecitos a su lado, lo llamó―. Ya lo hicimos hace un rato. Ahora sólo quiero acurrucarme a tu lado.
―¿Hacer algo malo? ―Preguntó Katsuki con una ceja enarcada―. ¿Te refieres a coger?
―¿Vendrás o no? ―Preguntó ella sonrojada y su ceño fruncido. Por más de que solían hacer el amor casi todos los días, ella seguía llamándolo "hacer cositas" o "hacer cosas malas"; él no podía contra la ternura de la mujer.
Ochako infundada en su camiseta, mirándolo con esos ojos que lo desarmaban con facilidad era todo lo que necesitaba para encogerse de hombros y caminar hacia ella para recostarse a su lado, envolverla en sus brazos y apresarla como solía hacerlo. Se había acostumbrado a tenerla así; pensar en dormir sin ella al lado le resultaba impensable.
―Mañana es el día de la madre ―Comentó entonces Ochako, él sólo emitió un sonido profundo en respuesta―. Puedo hornear un pastel y se lo dejamos a tu madre. No es necesario tardar mucho si no quieres, pero…
―Estaremos en Tokio para la tarde ―Dijo entonces Katsuki llamando su atención, él prefirió enfocar su atención en la ventana junto a ambos―; me dará tiempo de visitar a mi madre por la noche.
Ochako sonrió al escucharlo.
―¿Aún quieres que prepare el pastel? ―Katsuki asintió. Ella se acomodó sobre su pecho y fue entregándose al sueño.
Bakugo seguía observando la luna tras la ventana, pensó en su madre un momento más antes de caer rendido.
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N/A:
El día de la madre en Japón, al igual que en muchas partes del mundo se celebra el 10 de mayo.
