Desde aquella noche no había dejado de pensar que tal vez Snape estuviera luchando con lo que sentía por él y de tener la esperanza de que Snape sintiera lo mismo por él que lo que él sentía por Snape. La montaña rusa que eso causaba en sus sentimientos a veces le causaba mareo, a veces ilusión.

Cada vez que recibía correo vía lechuza, y mientras leía los nombre de Hermione, Ron, Luna, Ginny y a veces el de Neville entre los pergaminos, buscaba algún mensaje de Snape. Cada día esperaba que el hombre le dejara saber que había encontrado sus respuestas, porque él la había tenido hacía años.

El día que por fin llegó su carta, dejó caer el libro que leía apresurándose, también, a detener al búho con el que Snape le había mandado cada mensaje. Apenas leyó la fecha, pasó los ojos por las formalidades de cada carta de Snape y por fin llegó a la parte en que le decía había llegado a una conclusión y le sugería que se vieran. Corrió al escritorio y escribió dos palabras: ¿Cuándo? ¿Dónde? Y envío al búho de regreso con su respuesta.

Con el corazón agitado por la emoción, releyó el mensaje de Snape dos veces antes de recordar su propia respuesta.

Se maldijo en voz alta y se sentó ante el escritorio con un nuevo trozo de pergamino y escribió:

"Estimado Sr. Snape.

"Debo disculparme, si ya ha recibido mi mensaje anterior, por lo abrupto de mi respuesta. Tanto me ha tomado por sorpresa el mensaje como me ha causado una gran emoción. Permítame replantear mi anterior respuesta: Estoy más que dispuesto a encontrarme con usted en el momento y en el lugar que mejor convenga a sus necesidades.

Y firmó con un "afectuosamente" en vez de con el "tuyo para siempre" que en verdad quería escribir antes de su nombre.

Llamó a Ashley con un grito y mandó el mensaje mejor redactado a Severus Snape.

Cuando, horas después, Ashley regresó con la respuesta de Snape, Harry casi la arrebata del pico del animal para comenzar a leerla. Un picotazo de su lechuza llevó de nuevo la atención de Harry al animal y pronto entendió que le exigía el premio que se merecía por la velocidad a la que había volado.

Cuando Ashley ya comía felizmente su premio, Harry se sentó en la sala a leer las palabras. Mientras más leía, más confuso se sentía. Sí, Snape le daba una hora y un lugar para encontrarse pero… la hora era a media mañana, el lugar era un parque de la parte muggle de Londres.

Conocía a la perfección el parque que Snape mencionaba. Era uno de los más conocidos y grandes en Londres, pero eso no le dejaba saber porqué Snape lo convocaría allí.

El parque era privado, al mismo tiempo que público. Lo suficientemente privado como para que pudieran hablar de magia entre los muggles, pero lo suficientemente público como para tener problemas con el Ministerio de Magia si comenzaban a lanzarse hechizos. ¿Sería así? ¿Snape estaría contemplando la posibilidad de que se lanzaran a la batalla? o era él quien estaba pensando demasiado; temiendo por anticipado.

No entendía la elección de lugar.

Por lo que entendía del hombre, lo sabía más bien reservado, privado hasta llegar a lo solitario. ¿Sería que Snape le daba una forma de huida, querría tener él la posibilidad de un escape? O era que… evitaba se repitiera lo que en su casa.

"¡Por las barbas de Merlín!" gritó Harry frustrado, ansioso y temiendo ahora lo peor, en vez de lo mejor. ¿Por qué le era tan difícil encontrarse con Snape en un lugar que no fuera Hogwarts? ¿Esperaba que algo malo sucediera? ¿Acaso no confiaba en Snape?

No: Le era difícil vivir en incertidumbre.

.

El día del encuentro llegó a su debido tiempo, no antes y no después, para desgracia de Harry. Había querido que el tiempo se adelantara para salir de la incertidumbre, pero también había querido que se retrasara para darle más tiempo a pensar en el pasado y en el futuro. En algún punto se sintió de vuelta en la escuela esperando ansiosamente presentar sus exámenes como si no hubiera estudiado para estos.

Bajo un cielo nublado, y una temperatura agradable, caminó hasta la estatua indicada como punto de reunión. Entre los senderos y el césped bien cortado del parque, se descubrió localizando la figura alta y oscura de Snape esperando formalmente de pie al lado de una banca. Su estómago se apretó en un puño y tuvo que sujetar su nerviosismo. Esta vez no estarían los fantasmas de sus seres queridos para calmarlo como en la batalla.

No pudo evitar preguntarse qué dirían sus padres, Sirius y Remus de la relación que deseaba tener con el hombre que todos ellos habían conocido. Las respuestas que imaginó no le agradaron. Con cada palabra imaginaria, sintió un dejo de rebeldía queriendo probar a esos fantasmas lo equivocados que habían estado con respecto a Snape.

Pero al final, no quería redención para Snape ante los ojos de los muertos. Quería a Snape, con él; por quién era o por lo que conocía de él. Y lo quería en su vida para conocer lo que aún desconocía.

—Señor Snape —saludó con la cortesía a la que se había acostumbrado por su correspondencia.

—Señor Potter —comenzó Snape formalmente y evitó el resto de las formalidades—. He estado pensando en todo, principalmente en la última conversación que tuvimos. No puedo cegarme a los puntos reales que no conocíamos el uno del otro y, aunque deseara hacerlo diferente, puedo conceder como una realidad mágica el que usted haya salvado mi vida negociando con la muerte. Pero eso no explica el porqué usted cayó en un coma mágico. No —lo detuvo en cuanto Harry trató de interrumpir—. Hay tantas posibilidades como echarle la culpa a su magia, a la muerte misma o a cualquier poción que haya sido mal mezclada… pero en todos los casos, no puedo cegarme ante la conexión que desarrollamos a partir de las convalecencias mutuas. Lo cual —siguió callando a Harry con un gesto—, me hace replantearme la veracidad de todo; incluso mis sensaciones o los sentimientos que usted me expresa. He concluido que, dado que esto que experimentamos es un hechizo, lo más prudente es que cese mi imposición en su vida y usted desista en sus expresiones de… interés.

—¿Qué? No entiendo —dijo Harry cuando por fin pudo hablar—. ¿Por qué? —retó—. No me estás forzando a nada… no te estás imponiendo. Quiero esto —dijo elevando un poco la voz—. No quiero aceptar esas palabras, no quiero la crueldad de lo que estás diciendo. ¿Para qué me llamaste esta vez?, ¿para convencerme de que lo que siento está mal?, ¿que no existe? Lo hace, existe —dijo ahora callándolo a él con un gesto—. No se impone en mi vida, y no voy a desistir en mi interés.

—Simplemente estoy abordando la situación de la manera más realista.

—No, Severus. Me estas pidiendo que yo te rechace, cuando es lo último que quiero hacer.

—Creí que ya habría madurado un poco, Potter —devolvió Snape torciendo el gesto con desprecio.

—Puedo decirle lo mismo a usted, Snape —espetó Harry—. Con tantos años más que yo de experiencia que tiene y sigue huyendo. No quiere darse cuenta que lo último que quiero es lastimarlo; está aterrado de que alguien se le acerque. Teme que lo lastime, porque eso es lo único que espera de mí. Como si años de intentar demostrar que no quiero hacer tal no hubieran servido de nada. Estoy enojado contigo —siguió al ver que Snape no hablaba—. Estoy enojado porque piensas eso incluso tras estar en mi mente. ¡Por Merlín, Snape! Conoces todos los abusos que viví en la infancia, los que soporté en los años de colegio y porque reaccionaba como lo hacía. ¡¿Por qué estuviste ahí cuando las pesadillas me ganaron?! —se le quebró la voz ante el recuerdo de esos días en lo que el hombre lo cuidó durante una crisis mental haciendo gala de preocupación, diligencia y, se atrevía a pensar, de afecto—. ¿Por qué lo hiciste si aún tienes tan mal concepto de mí? —retó—. ¿Por qué te acercaste cuando dejé Hogwarts? Estaba listo para darle la espalda a mis sentimientos, para alejarme de ti; y tú lo evitaste. Me llamaste primero, me invitaste primero. Tú me tocaste primero —atajó y carraspeó para devolver el tono calmado que lo había abandonado—. Usted me retuvo en esto que sucede entre nosotros.

—Así es —aceptó Snape con formalidad—. Y precisamente por eso. Sabía que no debía hacerlo pero no pude evitarlo. No fui "yo", fue el hechizo —explicó pareciendo calmado a pesar de la profundidad de su voz—. Yo no retengo a las personas; yo no busco compañía, no soy… afectuoso. Tengo mis propios problemas y pesadillas para combatir, suficientes como para querer aumentarles las de otros.

—Nunca te he pedido que cargues con mis problemas —espetó casi herido, casi indignado—. Yo tampoco puedo cargar con los tuyos. Pero mis problemas, mis pesadillas, mi pasado; me hacen comprenderte a ti de igual forma que, creo, los tuyos te ayudan a comprenderme a mí. Sufriste en tu infancia, como yo. Estuviste entre la obsesión de Voldemort y las maquinaciones de Dumbledore; así como yo lo estuve. ¿Quién más nos entendería como nos entendemos el uno al otro? —tomó una bocanada de aire para calmarse en cuanto se notó de nuevo subiendo la voz para evitar el nudo en su garganta y siguió más calmado—. No sé qué pasó esa noche en la enfermería salvo que actué de la única manera que pude para no perderte. Y si crees que fue el hechizo —lo detuvo de interrumpir; era su momento para hablar—, te equivocas; el hechizo fue después. Es complicado todo lo que siento por ti; y siendo justos, nunca hubieras sido mi primera elección para enamorarme, pero lo hice, tal vez incluso antes de ver por segunda vez que morías. Me enamoré no porque fuera a ser fácil, sino porque no podía dejar de enamorarme de la persona que descubrí eres. Y, en este punto, no querría estar enamorado de nadie más. Hechizo o no, he estado aquí, en esta espera por ti, por decisión propia. Porque no quiero darme por vencido y perderte una tercera vez —sentenció—. Pero también estoy dispuesto a hacerme a un lado si eso te hace feliz. El resto es tu elección, Severus. Hechizo o no, recházame o acéptame pero decide tú aquello con lo que puedas vivir por el resto de la vida.

—Cuando el hechizo se acabe…

—Cuando el hechizo se acabe, se acabará y sólo hasta entonces, no antes. Cuando suceda, si sucede —aclaró—, yo estaré consciente de haber entrado a una relación contigo por voluntad propia. Deseo lo mismo por tu parte. Y sólo tú eres capaz de decidir si puedes ofrecerlo o no.

—Potter, no sabes la oscuridad que… —advirtió Snape.

—Yo no puedo obligarte a que me aceptes —interrumpió de nuevo—, pero tú no puedes obligarme a que te rechace.

—Tengo la edad de sus padres. Es demasiado joven para mi, Potter; y yo demasiado viejo para usted.

—Cuando tengas cien años y yo ochenta eso no va a importar.

—No se trata únicamente de números, Potter.

—¿Crees que no lo sé? —espetó desacomodándose el cabello por frustración—. La vida no se mide en tiempo, Snape. Se mide en momentos. Y sabemos qué de momentos hemos vivido cada uno.

—Las cosas nunca van a ser fáciles conmigo.

—No quiero algo fácil, Snape. Quiero algo real.

—¿Qué quiere de mí, Potter? —suspiró como si estuviera cansado por la resistencia que él mismo había mantenido por tanto tiempo.

—Ya lo dije una vez, quiero momentos contigo; momentos como estos o diferentes, pero suficientes momentos contigo como para llamar "vida" al tiempo que aún tengamos… juntos.

—Para que conste —dijo Snape con un suspiro y acercándose hasta pegar su frente con la de Harry—, creo que está cometiendo un error bastante grave, Potter.

—Es "Harry" —rezongó, al mismo tiempo demandando la familiaridad que deseaba con el hombre.

—Es mío, Harry Potter. Y ahora que usted es mío, sepa que una serpiente no suelta a su presa hasta devorarla.

Jadeó ante las palabras y cerró los ojos con la promesa de ver esas palabras cumplidas.

—Voy a tener que exigirle que cumpla esa promesa, Severus Snape.

La respuesta de Snape la recibió en los labios. El beso que le dio no tenía comparación con los tentativos que habían compartido antes. Como había prometido con sus palabras, ese beso se sentía capturándolo por completo, desde su aliento hasta la fuerza en sus rodillas. Harry aprovechó el cuerpo de Snape para no caer en piernas endebles, lo abrazó por la cintura mientras pegaba cuerpo con cuerpo y dejaba que su temperatura aumentara con la ajena.

El grito de niños jugando en la proximidad los regresó al lugar en el que estaban. Jadeando, Harry pegó la frente en el torso de Snape.

—Sigamos esto en mi casa —sugirió con una sonrisa.

Y Snape fue más rápido que él para desaparecerlos.

.

Harry se estiró sobre la cama y buscó de inmediato el calor de la piel de… su amante. Lo encontró de inmediato y se pegó a su espalda pasando un brazo por la cintura de ¿Snape?, ¿Severus?

Cuando el hombre no se separó del contacto, besó su hombro y recargó el mentón sobre éste un segundo después.

—¿Por qué no hicimos esto antes? —preguntó Harry felizmente satisfecho.

—¿Se refiere a cuándo era estudiante o cuando se alejó de las personas, Potter? —devolvió con más provocación que sarcasmo.

—¿Desde Hogwarts querías hacer esto conmigo? —preguntó Harry escondiendo su sorpresa con un tono de picardía, dejando pasar el hecho de quién lo había alejado en esa época—. No creí que desde entonces… ¿Por qué no tomaste lo que querías entonces? —preguntó acariciando la piel bajo su mano—. Creí que era un rasgo característico de Slytherin.

—Para muchas cosas, es cierto. Pero en lo que respecta a las personas… Me parece que algo así es: indeseable.

—Sabías que yo estaba interesado —espetó suavemente.

—En todos los aspectos la situación era menos que… aceptable.

—Dumbledore tenía razón, me parece —ofreció abrazando más al hombre—. Deberían tomarse más tiempo para seleccionar la casa de los primeros estudiantes.

—¿De qué hablas? —preguntó Snape realmente confundido.

—Hubieras quedado bien en rojo y oro —dijo sencillamente.

—Esa es una ofensa que no tomo a la ligera —cortó sinceramente con algo de advertencia pero sin sarcasmo o acidez.

—No es eso. Es sólo que… Me pareces caballeroso y valiente como se supone es un Gryffindor. Aunque es indiscutible que tienes mucho de Slytherin —se apresuró a aumentar.

—¿Implica que sólo un "Gryffindor" puede ser valiente? —siguió secamente.

—Me rindo —dijo Harry conciliadoramente—. Sólo intentaba hacerte un cumplido —rezongó.

—Duérmase de nuevo, Potter —terminó con un atisbo de sonrisa.

—Acabo de despertar, es demasiado pronto para dormir de nuevo —arguyó con picardía mientras acariciaba la piel de su amante.

Snape volteó el cuerpo para verlo a los ojos, lo besó profundamente mientras lo dejaba en su espalda y Harry se acomodó para dejarlo hacer sobre su cuerpo lo que quisiera.

Snape salió de la cama.

Confundido hasta la médula, Harry vio al hombre alejándose y buscando la ropa que había quedado tirada en cualquier parte del suelo.

—¿Snape?

—Tengo que irme —avisó el hombre llanamente—. No planeaba… tardarme tanto —explicó ante el gesto de Harry.

El silencio pendió entre ellos sólo roto por el sonido de tela cubriendo piel. Cuando Snape estuvo completamente vestido de nuevo, volteó a Harry para encontrarlo con un gesto de profundo desasosiego. Se acercó a él sentándose sobre la cama y alcanzó la mejilla del joven con la mano. De inmediato Harry recargó su cabeza en la palma y un segundo después la apartó del contacto.

Snape suspiró.

—Sólo voy a excusarme de Hogwarts para que no me manden buscar… o algo peor: seguir la marca mágica de aparición y llegar de improvisto.

—Son vacaciones de Pascua, ¿no? —rezongó el más joven.

—Harry —llamó severamente—, ¿eso ha detenido a alguien alguna vez?

Poniendo una cara de resignación, Harry se dejó caer sobre el colchón y miró al techo.

—Usa mi lechuza —rezongó.

—¿Intentas enterar a Minerva y al resto de Hogwarts de esta relación? —retó Snape.

Eso hizo que Harry se incorporara en la cama, hizo un gesto de dolor que duró un segundo y que no logró quitar el brillo en esos ojos verdes.

—¡Ashley! —gritó Harry. Ni un segundo después la lechuza color negro y café apareció volando hasta posarse en el armario de la habitación—. Comienza a escribir —ordenó Harry tibiamente. Sus intenciones claras en cada acción.

Snape suspiró aunque ni él sabía si era por fastidio o por la avidez que describía ese brillo en los ojos que le miraban.

—Insufrible muchacho arrogante —soltó con la mitad del rencor habitual.

Harry detuvo el resto de su diatriba con un beso que casi lo devuelve a actividades pasadas.

—Sí, pero soy tu insufrible y arrogante lo que quieras que sea.

Snape torció el gesto y apartó a Harry para ponerse de pie una vez más.

—Voy y regreso, Harry. No está a discusión.

El gesto que antes había sido de desasosiego se convirtió en uno de desazón. La indignación ante ese gesto ajeno lo dejó al borde de un desplante completamente en forma. Se contuvo por poco y atrajo la mirada de Harry forzando ligeramente su quijada hacia él.

—Harry —llamó su atención lo más suavemente que pudo, aunque sabía que no hacía un gran trabajo—. Necesito un par de horas para estar solo. Necesito…

El dolor en la cara de Harry lo hizo detenerse.

—¿Te arrepientes? —susurró el más joven.

—Nunca —dijo vehementemente.

Harry sonrió como nunca antes lo había hecho.

Y es que, después del significado que Snape daba al "siempre", ese "nunca" le sonó como una promesa igual de poderosa.

Harry saltó hacia Snape y lo besó sin reticencia.

—Ve. Haz lo que tengas que hacer —dijo con lo que sólo podía definir como "amor" en el tono—. ¿Vuelve pronto?

Snape asintió una vez y se marchó. Harry suspiró y se dejó caer sobre la cama. Ashley ululó indignado, obligándolo a salir de la cama y premiar a la lechuza por acudir al llamado.

.

Un movimiento ajeno lo hizo abrir los ojos. Frente a él, sobre el ligero tostado de una espalda desnuda, vio las marcas dejadas la noche anterior combinando con una vieja cicatriz alargada. Sonrió mientras Snape se removía lentamente, como si buscara no despertarlo. Movió el brazo, con el que había sujetado a Snape pegado a su cuerpo, para permitirle moverse con libertad. El hombre giró la cabeza para verlo de reojo, de inmediato frunció el entrecejo y volteó la mirada a otro lado de la habitación.

Harry podía decir que Snape se veía incómodo despertando a su lado. El qué causaba la incomodidad, eso era imposible saberlo.

—Buenos días —aventuró siendo lo más cauteloso posible.

Quería preguntarle de nuevo si se arrepentía, pero temió que la pregunta ofendiera las palabras que se habían dicho entre ellos. Quería preguntarle si el hechizo se había terminado, pero temía la respuesta. Quería preguntarle…

—¿Cómo te sientes? —preguntó Snape apenas mirándolo, con un tono tan tentativo como el que lo había prevenido a él de hablar.

—Bien —dijo con una sonrisa ensanchándose en su cara—. Con el cuerpo pesado y ligeramente adolorido, pero bien como nunca antes.

—Entonces está bien —dijo Snape hacia las paredes de la habitación.

Harry tomó el silencio consiguiente como una mutua aceptación del despertar y con los dedos recorrió la piel desnuda que lo invitaba a ser tocada. Rozó los hombros frente a él deteniéndose en la curva que creaba el hueso y llevó su toque hacia la nuca expuesta. La temperatura de esa piel no dejaba de maravillarlo; se sentía exquisita, correcta: exacta. Sus dedos llegaron a la piel blanquecina de la vieja cicatriz abultada y la recorrieron tan abajo como sus cuerpos aún cercanos permitían. Acarició el camino ascendente que ésta marcaba hacia el hombro y, en un impulso extraño, llevó sus labios hasta la piel dañada. No podía decir que fuera una cicatriz "bonita", si es que alguna cicatriz pudiera ser llamada así. No; era una cicatriz que hablaba de algo salvaje y doloroso. Por la forma en que ciertas partes se desviaban de la línea diagonal, le daba la impresión de que lo que la hubiera provocado, había desgarrado carne. El tejido abultado, liso y extrañamente terso, le provocó un escalofrío como si quisiera contarle una historia más del dolor que el hombre había sobrevivido. Recorrió la marca con los labios y la besó al terminar en el hombro. Bajo la caricia sintió a Snape tensarse, pero no alejarse completamente del contacto. La recorrió entonces con la lengua y esa espalda se arqueó en respuesta. Sonrió al reconocer el placer en su pareja y se sintió orgulloso de él mismo por complacer a un hombre como Severus Snape.

—¿Dejo de hacerlo? —preguntó en un susurro.

Snape no respondió. Él no paró.

Besó de nuevo, lamió de nuevo y ésta vez apartó su cuerpo del calor de Snape para recorrerla completa hasta la cintura, donde acababa. Tanto escuchó, como sintió bajo los labios, el cambio de respiración de Snape y sus manos acariciaron lo que sus labios no habían favorecido. Pasó el borde de las uñas sobre las costillas de Snape y…

—Harry —demandó la voz aterciopelada de Snape, pero si demandaba que parara o que continuara, Harry no podía saberlo.

—¿Me detengo?

Cuando el silencio le respondió, se detuvo entonces. Apoyó la frente entre los omóplatos del hombre y respiró profundamente para tranquilizar su propio deseo. Ante la duda de que le estuviera deteniendo, siempre, siempre, se detendría. Lo acercó a su cuerpo en un fuerte abrazo, posesivo y restrictivo al mismo tiempo, y aflojó la fuerza de sus brazos un segundo después.

—¿Cómo te la hiciste? —preguntó para calmar la sangre en su cuerpo.

—No merece la pena compartir esa experiencia —respondió llanamente poniéndose tenso de inmediato.

—¿La hizo Voldemort? —insistió.

Snape suspiró fastidiado o resignado.

—No, señor Potter. No la hizo Voldemort.

—Harry —dijo Harry besándolo en la nuca—. Es "Harry".

—Es y será "señor Potter" cada vez que hagas una estupidez —advirtió secamente.

A Harry le tomó un segundo saber si debía reír por el comentario u ofenderse. Al final rió, fuerte y abiertamente.

—Muy bien —aceptó en vez de pelear el punto—, así será. Pero esta pregunta no amerita un "señor Potter".

—No dije "solamente cuando hagas una estupidez" —aclaró con un tinte de malsana diversión en el tono.

Dejando pasar el comentario, Harry se encontró disfrutando no sólo la provocación sino el calor de ese otro cuerpo junto a él, la incómoda comodidad de mantenerse por tanto tiempo en la misma posición.

—Quiero saber más de ti —dijo besándole el cuello.

Fuera por las palabras, por el beso o por el abrazo en el que aún lo mantenía, Snape pareció fastidiarse del contacto y se removió para alejarse de la proximidad. En un segundo buscaba sus pantalones en el piso. Cuando se los hubo puesto, tomó asiento al filo de la cama.

—Tiene la mala costumbre de pedir respuestas que no van a gustarle.

Harry alzó una ceja, muy al estilo Snape, al darse cuenta que no había agregado el "señor Potter". Después pensaría más en si eso era cierto o en cuántas veces era cierta esa frase; por el momento sólo quería escuchar la respuesta. Una cosa sí, se preparó mentalmente para escuchar algo desagradable.

—Cuando seguí a Lupin… aquella noche… —comenzó y se quedó callado como si eligiera con cuidado las palabras que iba a decir.

Harry no se había esperado que comenzara a hablar de Remus. En seguida se preguntó por qué lo sacaba a la conversación cuando era uno de los temas en los que más chocaban sus temperamentos. Se incorporó en la cama, como si aquello le ayudara a subir defensas mentales y prepararse para controlar el, definitivo, ataque verbal. Apretó la quijada esperando los insultos.

—Su padre, en efecto, me sacó de ese pasadizo; lo que, infiero, nunca supo es que a la salida nos esperaba Black. Peleamos, desde luego. Sus hechizos me dejaron… al alcance del sauce boxeador. Sobra decir que de esos cuatro ninguno acabó como sanador.

—¿Por qué… —comenzó sólo para detenerse. No sabía cómo preguntar lo que quería preguntar—. ¿Sirius quería que te convirtieras en… hombre lobo?

—Nunca me detuve a preguntarle —bufó con sarcasmo y luego suspiró para calmarse—. Eran un par de… Black y Potter se regodeaban en su… posición.

—¿Posición? —soltó la pregunta sin pensar—. Pero Sirius no tenía nada contra los mestizos o los muggles.

Ante eso Snape volteó a verlo, por un segundo temió el enojo del hombre y la ira que veía de nuevo en sus ojos.

—No contra ellos, no; pero definitivamente despreciaba la pureza de sangre —siguió con una mueca de desdén. Él debió haber puesto otra igual porque Snape siguió—. No haga esa cara, Potter. Sólo hace falta que recuerdes cómo hablaba de los miembros de su familia y cómo trataba al elfo doméstico ese.

Harry asintió concediendo el punto en cuanto recordó como Sirius trataba a Kreacher, o los insultos que lanzaba al retrato de su madre, o la forma en la que hablaba del resto de su familia. En esos años le había parecido "normal", incluso "lo correcto", tratar a los mortífagos y simpatizantes como si fueran basura; justificándose con el cómo aquellos trataban a muggles y nacidos de muggles como basura, los trataban igual. En verdad era hipócrita… o al menos un círculo vicioso estúpido y sin sentido: absurdo. Dos caras de la misma moneda. Se deslizó sobre la cama para alcanzar al hombre y abrazó fuerte a Snape por la espalda.

Se preguntaba si Snape había logrado ver eso antes que él.

—Tú… —retomó y se calló al no saber cómo preguntarlo.

—¿Yo no soy sangre pura? —completó Snape.

No era lo que iba a preguntar, pero Harry asintió sobre la piel de su hombro para que siguiera.

—Mi madre lo fue, y de una familia antigua.

—¿Snape? —soltó de inmediato.

Snape torció una sonrisa lo que hizo que Harry se diera cuenta de su error. Se sintió sonrojar por el error, pero Snape no lo mencionó.

—Prince —dijo simplemente—. Eileen Prince.

—¿Dónde he escuchado ese nombre? —se preguntó en voz alta.

—No lo sé, Potter —dijo con un ligero sarcasmo—. Probablemente mientras se entrometía en algo que no debería.

—Probablemente —aceptó sencillamente.

—¿Qué —preguntó Snape sonando confundido—, no hay un comentario arrogante?

—No esta vez —dijo con una gran sonrisa con tintes cínicos—. En verdad reconozco que me entrometo en muchas cosas que no me competen.

El hombre entre sus brazos volteó a verlo con ese gesto de sospecha. Cuando pareció haber llegado a una conclusión personal. Continuó donde se había quedado.

—Potter, padre, tenía dinero y venía de una familia con antepasados… reconocidos. Black venía de una larga línea de sangre pura, también con dinero. Supongo se llevaron bien por la compartida repugnancia que sentían a lo que viene con "tal linaje". Mi madre me enseñó suficiente de las responsabilidades del linaje; más de lo que esos dos jamás podrían haber sabido o querido aprender. Eso que me facilitó una amistad con Lucius, Bella, Narcisa y su círculo de linajes antiguos fue lo mismo que… ellos despreciaban. Fue, en gran parte, causa de nuestra... de nuestros conflictos.

—Y mi madre —completó Harry.

—Y el afecto de Lily, por supuesto —concedió sobriamente.

Por supuesto Harry sabía que había más: se habían llevado mal desde que cada uno había mencionado la casa opuesta del otro; las humillaciones, los pleitos. Acusaciones… lealtades. La historia de los merodeadores contra Snape (y viceversa) seguía recordándole en muchas cosas a su propia historia con Malfoy. Y, tal vez por primera vez, se preguntó si las Casas eran una excusa para discriminarse entre ellos o sólo fomentaban enemistades por separar en conjuntos las personalidades iguales que terminaban enfrentándose a personalidades opuestas. Aunque Hufflepuff y Ravenclaw no estaban especialmente enfrentadas con ninguna otra… de hecho, parecía que sólo Slytherin era el objeto de enfrentamiento.

Pensando un poco, ¿era la actitud déspota de algunos Slytherin lo que causaba la animadversión a esta casa? No. Ron le había explicado desde el principio que Slytherin era odiada —o temida— porque los magos oscuros y mortífagos solían salir de esa casa.

Teniendo a Snape aún entre sus brazos, no podía decir que el hombre no fuera un mago oscuro. No había lugar a duda que había sido un mortífago… pero era mucho más que sólo magia oscura, dominación y "pureza de sangre". Y debía recordarse que Draco, aún novato como mortífago y todo eso, no lo había delatado cuando pudo hacerlo en su mansión. Y Narcisa le había mentido a Voldemort en cuanto supo que su hijo seguía vivo, ultimadamente siendo lo que les dio la oportunidad de acabar con el mago y su serpiente.

—¿Harry? —la voz de Snape lo sacó de sus pensamientos junto al apretón que le dio en los brazos.

Snape volteó a él y lo besó ligeramente. Con eso tuvo para olvidar lo que había estado pensando y abrió los labios para él. Snape terminó el beso y detuvo el siguiente poniendo un dedo sobre los labios de Harry. Harry acarició la yema de ese dedo con la punta de su lengua incitando al hombre a que siguieran… o comenzaran de nuevo. Snape cerró los ojos y suspiró por la caricia. Presionó sus labios en los de Harry una vez pero se apartó del calor que le ofrecía.

—Es mi turno de hacer el desayuno —dijo levantándose de la cama.

—¿Turno? —preguntó Harry apenas saliendo de la bruma sexual que nublaba su cerebro cuando Snape respondía a su toque—. Lo hago yo, es lo mínimo que… —rezongó poniéndose de pie prontamente, la brusquedad del movimiento la resintió en su cadera y otras partes de su anatomía haciéndolo callar para no soltar un gemido.

Snape le sonrió de lado en una mueca de orgullosa conformidad.

—Quédate en la cama, Harry. Ambos sabemos que anoche no fui… delicado contigo.

Sin permitir que saliera de su asombro para responder cualquier cosa, Snape se marchó de la habitación dejando a un Harry boquiabierto. Cuando pudo reaccionar, sonrió antes de dejarse caer de espaldas al colchón. El dolor en la parte baja de su cuerpo lo sintió más como el recordatorio de cada maravillosa cosa que el hombre había hecho con su cuerpo y supo que Snape podía ser así de poco "delicado" con él cada vez.