Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.

Capitulo 30. PRIMERA NOCHE EN EL HOSPITAL


No me pidieron nada cuando llegué al hospital, Sala me llevó a mi habitación, subimos en el elevador y allá rellené los papeles que necesitaban para internarme. Me explicó las horas de guardia, el modo que puedo llamar por asistencia o emergencia. Y también me advirtió que mantendrían la puerta cerrada en caso de que el celo nuble mi conciencia y me ponga frenético.

—Confío en que estaré bien— le sonreí.

—No se preocupe Yuuri, los cuidaremos bien— me sonrió dándole una palmadita a mi pancita.

Bueno, ya estoy aquí, casi son las ocho de la noche, eso quiere decir que... puedo leer, ver televisión o husmear por allí. Me puse la pijama, comprobé que la cama era cómoda, acomodé mis pertenecías en la mesa de noche pero la puerta me llamaba.

No creo que haga daño dar una vueltita, sé que hay una máquina de dulces y refrescos en el pasillo de consultas externas, siempre me compro un chocolate cuando salgo de mis citas.

Salí despacio, miré en todas direcciones y no había nadie, escuché voces desde dentro de las habitaciones, parece que hay más gente internada. Una de las puertas se abrió y pude ver tres omegas varones dentro, dos de ellos con sus cachorros, el otro parecía recién operado. Rayos, estoy en maternidad.

Seguí caminando, giré a la derecha para encontrarme con un mapa. Neonatología también está en este piso y al fondo en la zona más alejada se encuentran los quirófanos. Gruesas puertas de vidrio separaban una zona de otra, localicé el elevador y bajé porque tenía antojo de un jugo.

Es divertido ver el hospital de noche, hay pocas enfermeras haciendo su guardia, se escucha sonidos lejanos de ambulancias y todo parece tan calmado.

—¿Qué hace este paciente fuera de su habitación?— me sorprendió una sensual voz detrás de mi oreja. Di un brinco.

—Yo... yo quería un jugo— me giré con las mejillas rojas. Era el obstetra amigo de Viktor.

—Christophe Giacometti y estoy a cargo de ti—me sonrió.

—Ho... hola

—Chris para los amigos. Vamos por tu jugo, tenemos que hablar un poco, debo explicarte que tratamiento te voy a dar, los síntomas que quizás tengas y todo ese rollo de los celos. Algo que yo nunca experimenté por mi privilegiada posición de beta— hablaba con tal frescura que casi me echo a reír. Sí que es divertido.

—Te doy la razón, ser beta debe ser... maravilloso.

—Ni te imaginas mi querido cerdito, sin esas hormonas gobernando mi cuerpo, puedo hacer lo que quiero y estar con quien me guste.

—Pero los omegas podemos hacer eso...

—No, ustedes se dejan llevar por las hormonas del amor— sonrió.

—¿Hormonas del amor?

—Ustedes segregan estrógenos y mucha oxitocina y eso les hace querer tener una sola pareja siempre. Relaciones a largo plazo, amor eterno y esas cursilerías.

—¿Nunca te has enamorado?— pregunté muy seriamente.

—Más veces de las que recuerdo, soy muy enamoradizo.

—¿Y los alfas que hormonas del amor poseen?— pregunté más curioso todavía.

—Se llama vasopresina, esa traviesa es el culpable de que los alfas quieran proteger a su omega, los hace responsables, sobreprotectores y asquerosamente celosos.

—Pareces un experto en la materia.

—Lo soy. Disfruto de la vida, he salido con alfas; hombres y mujeres; betas, hombres y mujeres y omegas...

—Hombres y mujeres— murmuré.

—No, sólo hombres. Pero tengo muchos años para completar los vacíos que me faltan ¿Cual jugo vas a querer?— preguntó.

—De cereza...— realmente este hombre me confundía, parece tan sinvergüenza y a la vez tan sabio.

—Buena elección, es uno de los mejores jugos en tu estado, aporta muchas vitaminas al cachorro. Y por cierto ¿Dónde está el orgulloso padre? ¿No vino contigo?

—No. Mi hijo no tiene padre— lo miré fijamente a la nuca mientras sacaba el jugo

—Y ese amigo tuyo ¿El rubio con mechita roja?

—Es mi mejor amigo pero no es el padre de mi hijo— tomé mi jugo de sus manos e intenté buscar el dinero pero Chris me hizo señas para que no le pague lo que gastó.

—Oh, creí que... bueno es mejor saberlo por ti mismo.

—Me decías que el celo...

—Pseudocelo. Es más una etapa sensitiva en los omegas, a veces con mucha intensidad. No podremos darte medicamentos así que vas a tener que cooperar, no temas, te mostraré el modo de satisfacerte...

—¿Perdón?— dije asustado. Casi se me sale el jugo por la nariz.

—En teoría katsudon. No pienso ponerte un solo dedo encima o puedo perder la cabeza y no la de arriba— soltó una suave carcajada como si se acordara de un chiste personal. Cada vez me tenía más confundido.

Una fuerte patada me anunció que bebe Katsuski estaba despierto y quería atención. Me incliné hacia un lado intentando proteger mi costilla.

—¿Qué pasa?— preguntó Chris.

—Patea muy fuerte— dije conteniendo la molestia.

—Es alfa— murmuró. –Vamos a tu habitación y te mostraré cómo hacer para ayudarte con eso.

Cuando estuvimos dentro me preguntó de qué lado me dolía y me ubicó muy derecho.

—Verás, el bebé está ya posicionado, su cabeza está aquí— me señaló mi bajo vientre. –Y eso deja a sus fuertes piernas libres para patear tu hígado y costillas flotantes. Obviamente encuentra divertido ejercitar las piernas, debes darle más espacio cuando empiece con su deporte favorito— me hizo cruzar mis manos detrás de mi cabeza y estirarme hacia arriba. –Este movimiento levanta tu diafragma y caja torácica para darle espacio.

Sentí un alivio tan grande que no quería abandonar esa posición, Chris me ayudó sosteniéndome cuando me cansé.

—¿Aliviado?— preguntó cuando volví a mi posición inicial.

—Mucho, estaba empezando a desesperarme.

—Pues es una solución temporal porque seguirá creciendo y pronto no le darás espacio ni estirándote así. Te enseñaré a masajear para lograr llamar su atención en otros puntos de tu panza— me sonrió.

Con mucha paciencia me explicó cómo moverme, tocar mi pancita, pasarme gel frio para aliviar el costado adolorido.

—Trata de dormir con más cojines y del lado derecho para que se acostumbre a patear el otro lado. Las duchas calientes ayudan, la natación también. ¿Practicas natación?

—No y con mi torpeza me da miedo intentarlo.

—Oh sí, tienes embarazo de alto riesgo, mejor olvídalo. Pronto vas a necesitar una buena faja para aliviar tus dolores de espalda, tengo algunas muestras que me dejaron, mañana te las traigo y te enseño a colocarlas.

—Gracias, eres tan bueno— le sonreí realmente agradecido.

—Lo que sea por el cerdito de... de Japón— me sonrió alegre.

—Gracias ¿Y tú eres de...?

—Soy suizo como el chocolate— me sonrío. —Algún día te invitaré a conocer mi casa en las montañas.

—Muchas gracias pero eso es algo lejos... además apenas nos conocemos.

—Corrección, tú apenas me conoces— se quedó pensando unos segundos como si recordara algo. —Descansa Yuuri, veo que aún estás bien, dejaré la puerta sin seguro, si necesitas algo estoy de guardia hasta las tres, espero que no se le ocurra a ningún cachorro nacer después de esa hora. Nos vemos mañana— me guiñó un ojo.

Cómo quisiera saber lo que este beta no me dice. A veces sonríe como recordando un chiste particular otras parece como si me conociera de toda la vida o supiera muchas cosas personales. ¿Qué tan amigo será de Viktor? ¿Y por qué es tan bueno y atento conmigo?

No importa, en cualquier caso me siento mucho mejor que sea él quien esté a cargo de mi estadía aquí y no esa... otra doctora. Chris es tan particular, en un inicio me escandalicé con su actitud ¡me nalgueó! ahora que lo voy conociendo mejor sigo pensando que es un descarado pero también un buen médico y por alguna extraña razón parece tenerme afecto.