Era de noche y la luna llena estaba en posición, ocupando el mismo lugar que ocuparía en los próximos tres días. Pero en una ciudad llamada Taflem, cede de la mayor escuela de magia y hechicería del continente de Keisalhima, un grupo de personas, se encontraban atravesando una difícil situación. Sus hijos, sus primogénitos, habían desaparecido de la faz de la tierra, hace más de un mes.

-¡Te lo preguntaré un vez más! ¡Hechicero!- se escuchó la voz del cazador por todo el lugar -¿¡Dónde se llevo tu hijo a Ivi!?- lo apuntó.

Ese hombre alto y castaño, seguía manteniendo esa misma vitalidad de hace veinte años atrás, solo que ahora, su porte, ya no era el de un joven veinteañero con ojos tan verdes y claros como dos lagos esmeraldas. Era el de un hombre con una gran fortaleza interna, capaz de destruirlo todo para proteger a los suyos.

Por otro lado, el hechicero frente a él que era unos años mayor, representaba la seriedad en persona, por donde se lo mirará. En especial, por sus ojos almendrados color fuego y su personalidad inquebrantable.

-¡Si lo supiera! ¿¡Tu crees que estaría aquí, cazador!?- exclamó igual que él -¡Demasiados problemas ya me ha traído Seth, como para permitir, que se escape con tu hija para vagabundear por el continente!-

-¡Cállate! ¡Mi hija no es una vagabunda!- vociferó sin importarle nada -¡Desde que te conozco, Orphen! ¡Lo único que has hecho, es arruinarme la vida!-

Se levantó de su sitio. Nadie lo detuvo, miraban la discusión frente a ellos, expectantes.

-¿Lo estas diciendo por Cleo?- se acercó a él con la misma actitud -Porque te recuerdo... Que es mi esposa, hace más de veinte años-

Él bajó la mirada y apretó su puño ¿Cómo se atrevía a decir algo así delante de la alquimista? Delante de su esposa, que era su gran amor, desde que la vió por primera vez.

-Por supuesto que no...- murmuró entre dientes, levantando sus ojos sombríos -Lo digo, porque desde que conociste a Gaia, te hiciste su amigo y confidente, maldito... Sólo para molestarme-

Levantó su puño dispuesto a golpearlo, pero otra mano, detuvo su acción.

-Basta, Keilot- intervino el vidente con su típico tono tranquilizador -No estamos aquí para esto...- miró al hechicero de cabellos oscuros -Krylancelo...deja de provocarlo- advirtió y esté, lo observó irónico, como siempre -No me hagas usar mi poder contigo... - sus ojos verdes robaban almas y controlaban mentes, ahora, mucho más que antes -Quedas advertido...- él no se inmutó, disfrutaba amargarle la vida a ese cazador -¿Qué puedes decir de todo esto, acero?-

Habló al alquimista que miraba la pelea de su mejor amigo con ese castaño de ojos bonitos, que él tampoco toleraba, sonriendo con sus manos apoyadas tras la nuca.

-Que me estaba divirtiendo mucho, hasta que tu, te entrometiste- respondió indiferente.

-No me refiero a eso, Edward y lo sabes- lo apuntó -Tu hijo, siempre estuvo interesado en Eyra desde que eran niños- comentó perdiendo un poco los estribos -Ahora, el único que puede ser cómplice en que ellos desaparezcan...eres tu, ya que también, te emociona la idea de que estén juntos, al igual que Dea- se acercó a él -Dimé, ¿Dónde están?-

-Eres un idiota- respondió sarcástico y sentándose mejor en su lugar -Se supone, que eres un vidente... Buscalos-

Lo miró desafiante con sus ojos dorados y él, perdió la poca cordura que le quedaba, levantándolo de su lugar de las solapas de su camisa y dispuesto a matarlo, si no cerraba su impertinente boca. Pero el alquimista, no le temía, estaba preparado para luchar. Ambos eran hombres fuertes y vivaces, parecía que el tiempo se había detenido en ellos, pero las pequeñas líneas alrededor de sus ojos, demostraban lo contrario. El cazador y el hechicero, se acercaron, para tratar de separarlos si la cosa pasaba a mayores o en todo caso, agarrarse a puños, como debieron hacerlo hace años.

La risa estridente de cuatro mujeres, se sintió por todo el recinto y ellos, voltearon a verlas, sin entender que era lo gracioso de todo lo que estaba pasando.

-¡Se los juro!- reía igual que las demás -Las personas de ese lugar, nos miraban como si fuéramos fenómenos. Parecía que nunca habían visto gemelas antes- pensó un momento -Creo que se sorprendieron, de que comiéramos y bebiéramos como marineros. Esos sandwiches, eran enormes- tocó su estómago -Ya me dio hambre de solo recordarlo-

-Si, estaban deliciosos y volveremos por más- asintió al unísono con su hermana -Además de eso chicas, no parpadeaban... Fue muy extraño verlos del otro lado del bar, viéndonos, fijamente- las carcajadas de ellas, fueron más grandes por los gestos de la hechicera -Pero después, rieron con nosotras cuando Gaia dijo que estaban buscando las siete diferencias- limpiaba sus lágrimas de risa -Nunca me cansare de eso- acotó.

Ellas eran las mismas de siempre, no habían cambiado en lo absoluto. Su cabello, sus expresiones y su forma tan particular de enfrentar los problemas, junto con ese extraño sentido del humor, seguían ahí, intactos, a pesar de los años. Las hijas del sol y de la luna, nunca cambian, al igual que esa aguerrida cazadora y esa loca mecánica de automail de largos cabellos rubios y grandes ojos azules.

-Gaia... Por favor- cubrió sus ojos exasperado -Seriedad-

Ella lo observó extraño, no sabía de que le estaba hablando su esposo.

-¿Qué?- preguntó desorientada.

-¡Olvídalo!-

Mencionó molesto, olvidando su pleito con el hechicero y sentándose, cruzado de brazos en el sofá.

-Dea... Ya hablamos de esto- la observo decepcionado -Dijiste que me apoyarías- mencionó dolido.

-¿De qué estas hablando?- reclamó con ese tono tan desdeñoso de siempre -Tu me obligaste a venir aquí, que haya venido, ya es una clase apoyo- él la miró molesto -Esta bien...- bufó -¡Winry! ¡Tu hijo se llevó a mi hija! ¿Tienes algo que decir al respecto?-

Reclamó seria a su amiga, guiñándole un ojo. La cazadora y la alquimista, hacían muecas con sus rostros y desviaban la mirada, para no reír.

-¡Que barbaridad, amiga!- contestó fingiendo preocupación -¡Estoy tan preocupada! ¡Que no puedo probar bocado!- tomó una galleta de un plato y la mojó en su té -Cuando regrese, prometo castigarlo- metió la galleta en su boca y masticó tranquila.

-¿Cómo pueden estar tan tranquilas?-

Reclamó el de ojos dorados a las mujeres frente a él.

-Es cierto, ¿Qué clase de madres son ustedes?- secundó su amigo.

-¡Dama del Caos! ¡Iluminalos!- la cazadora golpeó se frente, rogando a la diosa -¿Por qué hay que explicarles todo?- señaló a los hombres mirando a sus amigas y ellas, levantaron sus hombros, indiferentes -La respuesta es simple, muchachos... Son sus hijos, por eso estamos tan tranquilas-

-Esa no es una respuesta tranquilizadora... - formuló el hombre frente a ella -Ha pasado un mes sin saber nada de ellos, no, tres días-

-Chicas...- tomó asiento un poco más tranquilo -Esto es serio...- apoyó sus codos en las rodillas tocando sus labios con dos dedos -Nunca pude rastrear a Eyra y lo saben, pero a sus hijos y a Ivi, sí...- puntualizó -Pero ahora, han desaparecido de cualquier plano en este mundo-

-Lo sabemos, Lai...- la alquimista estaba preocupada, como todos, pero lo disimulaba bien, al igual que sus amigas -No es tu culpa que no puedas encontrarlos, has hecho hasta lo imposible y te lo agradecemos-

La hechicera sonrió a su hermana, agradecida. Como siempre, tenía las palabras justas para todos. Pero ella, no pudo evitar pensar en el viaje de los muchachos y atar cabos sobre lo que ocurrió, al llegar a destino.

-Orphen...- ambos eran iguales en ese sentido -Los antiguos dijeron, que fueron hacia Valtandhers, ¿Verdad?- él asintió, mirándola.

-Si, así es... Eyra y Seth, querían conocer las ruinas y las reliquias del lugar- pensó un momento -Es un viaje, que no lleva mas de una semana. No comprendo porque no han regresado-

-Tengo una teoría...- mencionó intranquila -Y no me gusta nada...- indicó a todos, mirando al hechicero.

-El transportador...- mencionó su hermana, iluminada -Ellos usaron el transportador de Valtandhers-

-Ese transportador estaba destruido, yo viaje hasta allí hace años y pude verlo- acotó el alquimista, pensativo y abrió sus ojos, al tener una revelación -¡Te mataré, Dante!- exclamó al universo apretando su puño.

-¿No habrán viajado al pasado? ¿O si?- cuestionó el vidente, observando al hechicero negro y a la cazadora -Como les pasó a ustedes- los señaló a ambos.

-Es probable- respondió él, extremadamente serio.

-Pero, ¿Donde?- indagó ella y miró a todos, dubitativa -El tiempo es infinito, pueden haber ido a cualquier lugar o época-

-Cleo tiene razón, de hecho, es posible, que ni siquiera estén juntos- ahora si, la mecánica, estaba preocupada -Es peor de lo que imagine- todos asintieron en total acuerdo.

-Creo que...- el cazador miró a su esposa, nervioso -Creo saber donde están- frotó su rostro -Gaia, tu sabes que tokijin guarda los recuerdos de mi antigua vida ¿Verdad?-

-Si, pero ¿Qué tiene que ver con todo esto?- entrecerro sus ojos -Ellos están allí...- murmuró -Son parte de nuestra antigua vida- él asintió.

-Solo hay una forma de saberlo...- indicó la heredera de la luna y se puso de pie -Vengan conmigo- se encaminaron hacía la biblioteca de la torre, en total silencio -Aquí esta-

Colocó el libro sobre la mesa y lo abrió, comenzando a leerlo al igual que los demás.

-Bien...- rompió la tensión del momento, la hiladora de vidas -Están allí- sonrió asintiendo -¡Mi hija es grandiosa!- exclamó y todos la miraron extraño -¿Qué?- preguntó al sentir la mirada de ellos.

-No has cambiado nada en ninguna de tus vidas, mi hermosa alquimista- su esposo la abrazó y besó en la sien -Lamentó lo que intento hacerte ese leñador- apoyó su cabeza en ella, que sonrió enternecida.

-Están en Valtandhers...- el vidente, era el único que había seguido leyendo. Los demás, no pudieron hacerlo por la impresión del momento -Si ellos están ahí...En tres días, se enfrentarán a Golum allí- levantó la mirada -La historia cambio por completo- miró la portada del libro -Además, ¿De donde salió ese dragón?- miró al hechicero.

-A mi no me miren- se excusó él y levantó sus manos a la defensiva -A penas sé de donde vengó yo y la relación familiar que tengo con esta bruja...- señaló a la hechicera que lo miró ofendida -Y contigo, Gaia- agregó feliz.

-Te encierro en mi castillo, alma en pena- pronunció ella mirándolo con sus ojos cambiantes y sellando su poder -Estúpido- murmuró molesta.

-Nunca me cansare de ver esto- el rubio reía como poseso y apretó el hombro de él - Admítelo, amigo... Ella es mejor que tu- él no respondió, estaba consternado -Te admiro Dea y lo sabes- ella sonrió cómplice con ese alquimista -En cambio, a ti no, monstruo-

Señaló a la otra gemela con desprecio. Ella junto sus manos, chasqueo los dedos y congeló los pies del descendiente de Xerxes, que la miró furioso, tratando de romper el hielo.

-Tu y yo...- mencionó la cazadora, señalando a la otra rubia con el libro que el vidente le había entregado -Eramos hermanas, Win- ella asintió.

-Y guerreras... Además- agregó esta -Por esa razón, nos parecemos tanto y nos llevamos tan bien, amiga- la abrazó -Siempre quise tener una hermana grande-

-¡Oye!- reclamó ofendida -¡Tenemos la misma edad!-

-Lo sé... Pero eras mi hermana mayor allí- rieron -Y estoy feliz por eso-

-Basta de charlas y discusiones- interrumpió el cazador, señalando a las hermanas y a los otros dos hombres, que discutían como siempre -Necesitamos traerlos de vuelta y lo saben- dirigió su mirada al vidente -Lai, ¿Ideas?-

-Si, pero es descabellado- tomó de la cintura a su esposa, apartándola del otro hechicero -Tenemos que viajar hacia Valtandhers-

-Eso tiene sentido, según el libro...- indicó su esposa y volvió a leerlo -Transcurre en el mismo tiempo que aquí, los días están sincronizados-

-Si, es cierto- indicó la alquimista, ojeando el libro sobre el hombro de su hermana -En tres días, se cumplirán veinte años desde que nos enfrentamos a Golum, chicos-

-Si, hace veinte años que nos conocemos y comenzó esta extraña amistad entre nosotros-

El hechicero, abrazó a su amiga por los hombros, sacudiendola y haciéndola reír. Ellos eran muy unidos. Él la ayudó mucho cuando dieron por muerto a su esposo.

-Es verdad- rió como siempre, la rubia cazadora -Somos muy extraños y eso me encanta-

Empujo a su castaño amigo, que asesinaba a su esposo con los ojos, mientras el vidente, se reía de él.

-No tanto...- miró a todos, aún forcejeando con el hielo en sus pies -Ninguno de nosotros es normal... No me resulta extraño que seamos amigos-

Su amiga hechicera, intentaba ayudarlo con pequeños hechizos para liberarlo, pero era imposible. Eran como hermanos, el alquimista la adoraba y admiraba, muchísimo. Además, el sentimiento era mutuo.

-Ustedes están equivocados...- mencionó la mecánica cerrando el libro de golpe -Nosotros no somos amigos...- señaló a cada uno de ellos -Somos mucho mas que eso... Somos familia-

Sus amigas se acercaron a ella y la abrazaron. Estaban conmovidas, la maternidad y todo lo vivido en esos años, había ablandado esa parte en ellas.

-Bien, muchachos...- indicó el cazador, tomando los hombros del vidente y el hechicero, apretandolos con fuerza -Esta decidido... Buscaremos a nuestros hijos en la isla Valtandhers-

Piso los hielos en los pies del alquimista, destruyéndolos.

-Gracias, cazador- tembló un poco -Me estaba congelando, es difícil tener una pierna de metal-

-Aguantate, Ed- su amigo lo palmeo en la espalda -Te dije millones de veces, que no provoques a esa pequeña alquimista- él asintió, dándole la razón.

-Ni modo, son las hijas del sol y de la luna- las miraron con pequeñas sonrisas en sus rostros -Nunca podremos ganarles-