Holaaa

Traigo un nuevo capitulo!

Que lo disfruten!


REPRESIÓN

Las mejillas me dolían de tanto sonreír aunque estaba dispuesta a soportar esa incomodidad punzante, dado que esa mueca disimulaba perfectamente mi nerviosismo. Traté de prestar atención a lo que me contaba la abuela Kaede aunque constantemente me perdía y tenía que recurrir al plantón sufrido; no estaba mintiendo del todo, realmente estaba a punto de un colapso. Las manos me vibraban suavemente y el estómago me hormigueaba incómodamente.

Le eché una mirada al reloj por enésima vez, ya era bastante tarde.

Me distrajo la estridente risa de la abuela Kaede, al volver los ojos a ella noté el gesto fastidiado de Hojo y supuse que mi primo había sido el centro de su diversión. Esa mujer era la única que podía atreverse a mandarlo callar o regañarlo luego de haberlo cuidado desde que era un niño, a partir de que sus padres murieran. Por ese entonces, según la abuela, Hojo era un niño dulce.

El golpe lo cambió drásticamente aunque la ancianita nunca desistió de la idea de hacer volver a su nieto, con el tiempo lo logró más o menos, aunque el chico ya era malhumorado. No creo que haya hecho tan mal trabajo.

Pasee la mirada a mi alrededor, el auditorio estaba semi vacío ahora que ya solamente estaban presentes mis familiares de la ciudad, amigos y por supuesto, mis sinodales. Shippo abrazaba por los hombros a Mizuki mientras charlaba con Hakkaku, la pobre estaba en medio de los dos desquitando su ansiedad con la mal anudada corbata de mi amigo. Más alejados, Eri y su novio permanecían juntos aunque más bien parecían un par de desconocidos pegados a sus respectivos teléfonos. La primera vez que vi a su novio debo admitir que pensé que era la persona más holgazana del mundo…y no me equivoqué, su tono parsimonioso al hablar y su desgana por la vida le daban un aspecto exageradamente despreocupado. ¿Quién diría que el desaliñado tipo era un genio de la física? O peor, que la intransigente Eri fuera a enredarse con él. Eran la clara evidencia de que los polos opuestos se atraen.

En el camino mis ojos se toparon por casualidad con Kohaku. Su porte estoico lucía muchísimo más elegante metido en ese traje oscuro, acentuaba a la perfección su palidez y le daba un aire sofisticado que no le había visto antes. Estaba de pie junto a sus padres aunque solamente ellos hablaban entre sí, manteniéndolo a él al margen.

El corazón me dio un vuelco con la bien conocida sensación de culpabilidad, al final de cuentas, ni examen ni boda precipitada. Fruncí los labios dando un paso hacia él cuando la abuela Kaede me detuvo.

-¿No crees que deberíamos desistir por hoy?—preguntó. Le sonreí ahora profundamente apenaba aunque en realidad no era culpa mía, sino del único sinodal que no se había presentado todavía.

Dentro de quince minutos se cumplirían dos horas de retraso y seguro tendríamos que abandonar el auditorio. Perdí mi fecha de examen evidentemente.

Inconscientemente volví la mirada hacia el único rincón que había estado evitando adrede, el doctor Jaken reía sobre algo que, seguramente, él mismo dijo; frente a él y con muchísima menos empatía por el lugar donde estaba, Sesshomaru lo miraba fijamente. Ambos habían sido preocupantemente puntuales a diferencia de mi tercer sinodal, el doctor Byakuya, quien no tuvo la delicadeza de avisarme si tenía planeado llegar en algún momento. En ese momento me sentí contrariada, por un lado estaba aliviada por poder retrasar un poco más el día en que se decidía si estaba capacitada para defenderme de tres eminencias de la medicina; y por otra parte, la frustración era inevitable.

-Muy bien creo que ha sido suficiente—la voz de mi primo Hakkaku me tomó por sorpresa justo antes de que apoyara un codo sobre mi hombro.

La abuela Kaede suspiró pesadamente antes de rebuscar en las mangas de su suéter y entregarle unas llaves.

Fruncí el ceño.

-Lo siento, prima—se encogió de hombros—Se supone que era una sorpresa para cuando terminaras el examen pero dado que ni siquiera has empezado…-dejó el comentario al vuelo y mi confusión se acentuó más.

Hojo chasqueó la lengua. Él era el más fastidiado de todos ahí, ni siquiera yo que era la directamente interesada o mis sinodales cuyas apretadas agendas habían sido flexibles, amablemente en el caso de Jaken y tediosa para Sesshomaru. Mi primo mayor odiaba firmemente que le hicieren esperar así que me sorprendía que siguiera ahí.

Pasé por alto ese hecho de nuevo y me enfoqué en Hakkaku, él me sonrió astutamente como si conociera un secreto que yo no…puede que tenga razón porque no me he enterado de absolutamente nada. Se pasó la mano por los despeinados cabellos blancos, se inclinó hacia mí ensanchando el gesto burlón.

-Tengo que recoger a Amari en el aeropuerto.

Estoy consciente de la honda de alegría que invadió mi cuerpo cuando lo dijo pese a que inmediatamente después me asaltara una nueva duda.

-Dijo que vendría un par de días antes de la boda—puntualicé.

-Pues ¡sorpresa!—se rio con ganas antes de empujarme la sien con dos dedos y apartarse hacia la salida, silbando y con las manos dentro de los bolsillos.

¡Un minuto! Eso significaba que conocería a la misteriosa novia que era capaz de aguantar los prolongados mutismos de Amari y sus miradas asesinas. Había imaginado mucho sobre esa chica, desde que fuera una especie de psicópata hasta una luchadora que lograse controlar sus arranques de violencia cuando se metía en problemas.

Al final me decanté por la segunda opción.

Un carraspeo a mi lado me hizo soltar un respingo, me di la vuelta dando unos pasos atrás cuando mis ojos se encontraron con los dorados de Sesshomaru, altivos y severos. Los labios me temblaron por un instante aunque logré prestarle mi atención a su acompañante, quien volvió a aclararse la garganta.

-¡Sesshomaru quita esa cara!—rió el doctor Jaken dándole una fuerte palmada en la espalda al interpelado que aunque retumbó en todo el auditorio no lo movió ni un ápice—Asustas a las personas cuando te ven.

Me ruboricé al instante, al bajar los ojos noté como los zapatos de Hojo se alejaban de nosotros.

Sesshomaru no dijo nada aunque su expresión siguió igual de gélida.

-En fin, eres un caso perdido, querido amigo—el doctor se encogió de hombros y luego se volvió a mí con una sonrisa amable—Rin, creo que hemos esperado suficiente por hoy.

Asentí rápidamente.

-Gracias por esperar.

-Es lo menos que puedo hacer por la estudiante favorita de mi mejor amigo—la forma con la que el doctor Jaken se refería a Sesshomaru siempre me hacía pensarlo como un jovencito. Vivaz y despreocupado.

No obstante la calidez que emanaba al hablar mi mente se quedó estancada en el calificativo; debía ser una broma. Sonreí de la mejor manera que pude al descubrir que no se me ocurría nada que responder a eso.

La abuela Kaede me dio un empujoncito discreto.

-Doctor—le detuve a punto de que se diera la vuelta—Ah…mi familia organizó una pequeña celebración para este día—aunque hubiese sido tan precipitado que la abuela hizo magia (a veces pensaba que podía mover una cosa diferente con cada dedo de las manos).

Jaken comprendió al vuelo pero su gesto se volvió una disculpa inmediata.

-Sé que puede ser malinterpretado por el Consejo estudiantil o mis compañeros—me apresuré a agregar.

-Ya todos saben de tu relación con Sesshomaru así que no cambiaría en nada.

Los colores se me fueron del rostro al mismo tiempo que el aliento, por su parte, el mencionado lo miró por primera vez, sepultándolo con su pétrea mirada. Si no fueran amigos creería que Sesshomaru ya ha planeado el asesinato y ocultamiento del cadáver del hombre a su lado.

-Tu boda con su sobrino dio mucho de qué hablar en el Consejo—informó con simpleza—Ambos nos aseguramos que eso quedara descartado dado que no afectará nuestro veredicto en el examen—volvió a palmearlo aunque con menos fuerza. No quería imaginar esa conversación…y sobre todo, estaba más ocupada recobrando el ritmo normal de mi corazón.

Trato de sonreír esperando que el rubor aplicado esta tarde sea suficiente para disimular mi palidez.

-¿Entonces? ¿Estos distinguidos caballeros van a acompañarnos?—interviene mi abuela dando un discreto codazo en la espalda baja. A punto estuve de chasquear la lengua groseramente como Hojo.

El doctor Jaken abre la boca para excusarse pero la anciana Kaede se le adelanta.

-No van a dejar a esta anciana sola con todo su licor y las ganas de jugar una buena partida de póquer.

Esta vez soy yo la que tiene que darle un empujoncito. Al galeno se le encienden los ojos con una chispa juguetona. Sesshomaru lo mira de refilón con los brazos cruzados, seguro está pensando lo mismo que yo.

Intento protestar cuando mi abuela enreda el brazo entorno al de Jaken y se alejan hablando sobre apuestas.

Y luego dicen que la inmadura soy yo.

Me tenso de inmediato porque quien se encarga de recordármelo todo el tiempo sigue frente a mí; asomo los ojos hacia Sesshomaru pero ninguna palabra parece adecuada en ese momento. Estoy molesta con él y realmente espero que niegue la invitación.

El silencio está matándome el sistema nervioso y tengo que recurrir a peinarme el cabello detrás de la oreja para sacar ansiedad.

-Rin.

Me recorre un escalofrío y al instante la mano fría de Kohaku se desliza por la mía, en un segundo lo tengo a mi lado.

-¿Ya nos vamos?—aunque estuvo destinada a ser una pregunta sonó más como una demanda. Carraspeo y asiento una sola ocasión-¿Vendrás?

No está preguntándome a mí y pese a que no quiero hacerlo, miro a Sesshomaru, él detiene su escrutinio sobre mí para volverse a mi prometido.

-Tengo pendientes que terminar—como siempre, como es él: no se disculpa. Le incomoda hacerlo porque no está acostumbrado, para Sesshomaru Taisho excusarse-hasta para situaciones protocolarias como esta-es muestra de debilidad, así que siempre argumenta lo que se le pase por la cabeza como una excusa soberbia.

Por primera vez desde que lo conozco no me molesta que lo haga.

Kohaku aprieta mi mano suavemente indicándome que es hora de irnos del auditorio, resiento su enfado contenido (que tendrá que salir en cualquier momento), empero decido dejarme remolcar con él hacia la salida.


La casa de la abuela Kaede nunca fue considerada, por ninguno de los primos, como un lugar precisamente común, la viejecita no era seguía los cánones de toda mujer entrada en bastantes años. Sus arrugas no eran impedimento para sus chistes negros sobre su muerte venidera o apostar considerables cantidades de dinero en una mesa de póquer que compró en sus tiempos mozos.

Hojo vive con ella así que su carácter frío balancea la vivaz fortaleza de nuestra abuela.

He de reconocer que cuando me enteré que mi tío, padre del trío de hermanos más extravagantes que se puedan imaginar, aceptó que su hijo menor siguiera estudiando en Corea y viviendo con él, me sorprendió. La relación familiar entre ellos siempre fue punzante dado que mi tía murió dando a luz. Por fortuna el tío de Amari, Totosai, cuidó de él mientras su propio padre superaba la decepción.

Esperaba sinceramente que las cosas hubieran mejorado para ellos…Y al parecer así era. Mi primo, el pequeño Amari-según Hakkaku-ya no tenía la misma mirada vacía con la que solía espantar a quien se le acercara.

Sus ojos negros lucían más relajados cuando lo sepulté en un abrazo apenas puso un pie dentro de la casa, por supuesto no me correspondió pero es debido a que siempre ha sido un tanto inútil en las relaciones interpersonales.

Y Tsuyu. ¡Santo cielo! No encajaba en mi preconcepción sobre la luchadora que imaginé que soportaría la falta de empatía de mi primo, de hecho, era una chica lindísima. A primera vista no parecía poseer ninguna característica especial o fuera de lo común, tenía el cabello largo castaño natural, ojos grandes y era menuda igual que Amari. Hablaba hasta por los codos, lo cual complementaba los prolongados silencios de mi primo moreno. Aunque lo que tanto a mis primos como a mí nos enterneció fue la forma con la que lo miraba: esa chica había perdido las pupilas y en su lugar ahora tenía un par de corazones palpitantes que se movían como satélite entorno a Amari.

Si Sango y Miroku me parecieron adorables desde la primera vez que los vi como pareja…ahora pienso que tienen competencia como la pareja enamorada del año. Sonreí sin pensar aunque me asaltó una punzada de envidia.

Sacudí los cabellos repitiéndome que pronto mi propio "final feliz" de cuento de hadas se consumaría. En mes y medio.

La casa de la abuela Kaede daba la impresión de estar atiborrada aunque en realidad era solo por su discreto tamaño. Kohaku permanecía con sus padres en el salón, Miroku había llegado retrasado debido a una cirugía programada y de inmediato me informó de los cariños que me enviaba Sango. Estaba en la última semana de internado y no pudo zafarse del hospital.

Mi abuela estaba entretenida con el doctor Jaken, bebiendo y apostando de una forma que ya estaba considerando seriamente que nos dejaría sin herencia. Shippo estaba sentada a la mesa de juegos haciendo migas con Jaken, era como ver al rubio en unos años: esos dos eran igual de animados e hiperactivos que costaba creer que el hombre mayor era un profesional de la medicina, famoso y exitoso.

Los padres de Shippo llegarían en cuanto Izumo terminara en la oficina.

Mis amigas parloteaban sin parar, personalmente esperaba que el tema no fuera mi boda porque apenas había logrado escapar para hablar por Skype con mi madre y mi padre. Luego de su animosidad exagerada prometieron estar en mi siguiente intento de examen profesional. Por más atolondrados que sean realmente amo a mis progenitores.

Vacilé un momento decidiendo si unirme al chismorreo alegre de mis amigas o acompañar a la familia Taisho en su sobria charla con Hakkaku, Eri y su novio.

Amari huyó de Hakkaku refugiándose con el aburrido Hojo aunque no le duró lo suficiente cuando llegó Jakotsu, me estampó al pecho lo que creía que era un obsequio y se fue con mi primo para seguir discutiendo algo que dejaron pendientes. Analicé el ave de madera al darme cuenta que era una miniatura de las que adornarían mi boda.

Por automático volé los ojos hasta Kohaku, su fijo perfil era tan apuesto como cuando lo conocí…Debía casarme con él. La punzada de indecisión volvió a revolverme las ideas, dejándome un mal sabor de boca. Me pregunté si mis pupilas eran un par de corazones como los de Tsuyu cuando miraba a Amari.

Me metí el palillo a la boca, saboreando el cuadrito de jamón. Meditando la posibilidad de preguntárselo a alguien. Me sentí triste pero no estuve segura del motivo.

Aspiré con una honda de alivio cuando Shippo le pasó el brazo por los hombros, desde detrás del sofá, colgándose a él mientras reía fuertemente. Kohaku le miró de mala manera sin encontrarle lo gracioso a su chiste, Kikyo rio junto con Miroku pero Naraku torció los labios.

Sonreí inconscientemente ante la alegre imagen de mis amigos.

Perdí el aliento al darme cuenta de la manera en qué pensé de ambos, Kohaku no era mi amigo, sino mi prometido.

De pronto no me sentía preparada para unirme con ellos en el salón así que me decanté por ir por Tsuyu, la llevaría con las chismosas de mis queridas amigas y luego le sacaríamos toda la información sobre su romance con Amari.

A mitad de camino oí a Aome.

-¡Rin!—llamó.—Tu cartera vibra—dijo comiéndose una galleta salada con queso encima.

Me apresuré a rescatar el bolso de su manicurada garra y saqué el móvil, tenía cinco llamadas perdidas en menos de diez minutos, fruncí los labios y antes de abrir el historial, mi celular vibró.

En cuanto leí el remitente me asaltó una mezcla de confusión con asombro. De todas las personas en el mundo que podrían hablarme él era el último.

Apreté el aparato mirando hacia Kohaku, él seguía hablando con Shippo así que logré escabullirme de vuelta a la habitación de Hojo. Si preguntaba alguien podría aducir una segunda video llamada de mis padres.

-Inuyasha—dije en cuanto atendí la llamada. Apenas terminé de decir su nombre el aliento se me escapó.

-¿Está contigo?—su voz sonaba tajante como siempre aunque ansiosa. No tuve que preguntarle a quién se refería.

-No—fruncí el ceño.

-¿Sabes dónde está?—cuestionó con algo parecido a acusación implícita.

-Dijo que tenía pendientes—repuse.

-No está en el hospital ni en su casa—avisó, el timbre exasperado se acentuó en sus palabras.

Tuve que sostenerme del marco de la puerta.

-Debe estar con…-Sara Asano, me dije—alguien. No te preocupes—no es un adolescente.

-No. Sesshomaru siempre atiende mis llamadas—Inuyasha estaba dándome demasiada información (en realidad esta es la conversación más larga que hemos tenido), ello demuestra que realmente está preocupado.

Me contagió el desasosiego inmediatamente y casi con la misma prontitud me asaltaron muchas ideas fatalistas sobre haberle ocurrido algo malo, con mucho trabajo me obligué a mantener el ritmo normal de respiración.

Al colgar la comunicación le cuestioné a mi sentido común por qué no le dije a Inuyasha que yo sabía dónde podía estar Sesshomaru. El único lugar que le servía como refugio (aunque no lo admitiera abiertamente).

Las manos me vibraron ligeramente, aspiré una gran bocanada de aire que estaba destinada a darme valor y luego, rebusqué entre los cajones de mi primo.

Cuando tuve las llaves de su audi en las manos abrí la puerta y di tres pasos por el pasillo.

-¡Rin!—Shippo se frenó al mismo tiempo que yo evitando que nos estrelláramos—Estoy buscando el baño—se rascó la nuca mirando las puertas a lo largo del estrecho corredor. Alcé la mano para señalarle la indicada.

-¿Estás bien?—preguntó de pronto. Sus ojos jade estaban fijos en mí llenos de preocupación—Te ves…asustada—enarcó una ceja.

-Yo…

-¿Vas a salir?—acentuó el gesto confundido mirando fijamente las llaves en mis manos. Al instante escondí la mano.

-Iré por un pastel—dije rápidamente asombrada por mi facilidad para mentir. Creo que ya es una costumbre.

Intenté seguirlo de largo.

-Rin.

-¿Sí?—me volví a medias tallando las manos en los muslos, ansiosa.

Shippo analizó mi rostro y comencé a sentirme más nerviosa.

-Te llevo—ofreció acercándose.

-¡No!—me alejé un paso. Mi amigo entrecerró los ojos, no estaba creyéndome—Tus padres llegarán pronto—dije rápidamente.

-Mizuki puede…

-En serio no es necesario, no tardaré mucho—sacudí los cabellos dedicándole la mejor expresión displicente posible—¿Podrías distraer a Kohaku hasta entonces?

Shippo me contempló en silencio mientras yo trataba de mantener la sonrisa, sintiendo las fuerzas írseme escapando con cada segundo que transcurría sin una respuesta. La adrenalina estaba venciéndome y supe que si no me iba en ese momento no podría hacerlo.

-Seguro, Rin. Te lo prometo—dijo al fin fingiendo una media sonrisa.

Apreté los labios ante su gesto preocupado pero sobre todo, esperanzado; podía ver el brillo en sus ojos: Shippo estaba esforzándose en creerme. Tragué pesado sintiendo el nudo en la garganta agradeciéndole con un murmullo.

La culpa me tensó sobre los hombros al mirar a Kohaku sonreírle a su hermano. Sentí ganas de llorar y decírselo ahí mismo, sin embargo, mis fuerzas solo alcanzaban para escapar.

Luego, salí.


Conduje saltándome un par de semáforos en rojo, a punto de ganarme una multa me obligué a debilitar mi fuerza contra el acelerador. Las manos me sudaban aunque esta vez no tenían nada que ver con el asfixiante calor encerrado dentro del auto ni la adrenalina que me palpitaba detrás de las orejas. El aire corría por las ventanillas delanteras pero ni así logré obtener el suficiente oxígeno para controlar mi respiración agitada y relajar mi corazón que me latía como si estuviera por llegar a mi ejecución.

Y por sobre toda esa ansiedad estaba el miedo. Un pánico intenso que reconocí de inmediato y cuyo origen era la posibilidad de que Sesshomaru no estuviera en la cabaña. Ya le había exigido a Inuyasha que llamara a emergencias y él había respondido con su usual recelo diciéndome que ya lo había buscado ahí.

Giré sobre la calle cincuenta y cinco. El puente Rainbow Brigde se hizo más grande conforme me acercaba, lo pasé de largo y seguí por la carretera siguiendo la dirección de la Bahía. Me detuve entre los árboles que franqueaban la avenida, estacionándome frente a la cabaña. Las luces estaban encendidas.

Apreté el volante percibiendo que me faltaba el aire, de pronto estaba demasiado asustada para moverme de mi asiento. Ver la casa, contemplar que seguía igual desde que le ayudé a elegirla me removió un montón de sensaciones que me harían llorar en cualquier momento. Boquee un par de veces dándome ánimos mentalmente.

Cuando me apee descubrí que las piernas me temblaban pero ni así me detuve, pese a que sabía que Sesshomaru estaba ahí dentro sano y salvo; bastaría con enviarle un mensaje a Inuyasha aunque seguro le arruinaría el regalo sorpresa dado que todavía no debía saber de la existencia del bungaló frente al río de Sacramento. A punto de llamar a la puerta descubrí mi mano vibrando todavía y decidí enviarle un texto a Inuyasha, él era mi pase de salida pronto para no permanecer allí dentro el tiempo necesario para que fuera peligroso.

Toqué el timbre.

Sesshomaru abrió luego de un momento, vestía la misma camisa de hace unas horas solo que sin corbata, desfajada de los pantalones negros y con las mangas arrugadas a la altura de los codos.

Sus ojos reflejaron que no esperaba mi presencia ahí aunque de inmediato se endurecieron con su típico gesto altanero.

Bueno, ya está, Rin. Ya viste al hombre, vivito, coleando, sano, salvo y…con un vaso de licor en la mano. ¡Date la vuelta y regresa con tu prometido!

Se hizo a un lado en silencio, mis piernas se movieron por automático y me llevaron al interior fresco del bungaló. La sala de muebles de mimbre reforzado estaba tal y como los recordaba, al igual que la contradicción entre la paz que irradiaba el interior beige de la cabaña y la presencia altiva de Sesshomaru. Olía a cítricos.

Y bueno, no sabía que decir.

-¿A qué estás jugando?—preguntó él tras cerrar la puerta. Me volví a Sesshomaru vivazmente sin poder emitir ninguna palabra; él dio un sorbo a su bebida al cubrir con su cuerpo la entrada.

Era una excelente pregunta aunque el calificativo usado distaba mucho de ser el correcto para mí, en un juego la persona se divierte en lugar de sentirse miserable.

-Inuyasha me llamó—dije, evitando seguir la conversación—Está preocupado por ti, deberías llamarlo—me dispuse a irme.

-No soy un adolescente. Responde, Rin—sentenció.

-No estoy jugando—admití encogiéndome. ¡Maldición!

Él aspiró, leí en su gesto que estaba conteniéndose nuevamente y luego, simplemente se apartó de la salida. No me moví.

-No voy a lastimarte—replicó fastidiado. Me hubiera soltado a reír con el comentario: Sesshomaru creía que tenía miedo a acercarme.

Y puede que una parte de él tenga razón, por eso la risa no llegó nunca.

Oí ruidos en la parte de arriba, el corazón se me encogió con una estocada de celos.

-Estás ocupado—susurré para mí—No quiero molestar—ahora sí caminé hacia la salida. Su fuerte mano me detuvo por el brazo apenas estuve a su alcance, el tacto me ardió y quise alejarme. Al instante me soltó.

-Solo te estaba mostrando qué es ser infantil—soltó de pronto, fiel a su renuencia para las disculpas—No tienes por qué tener miedo—agregó en tono frío alzando la mirada fuera de mi campo de visión—Y eres tú quien está aquí—remató con una insinuación malévola, recomponiendo el gesto autosuficiente.

Hubiera querido mantenerme lo suficientemente firme para decirle que no tenía miedo, pero sería hipócrita.

Además, todavía estaba molesta, dolida y profundamente confundida con su actitud. No se suponía que tenía que ser tan cruel, ya todo había acabado…en teoría dado que ahí estaba ¿no?

-Estás ocupado—musité llevando una mano a la perilla.

Soltó una carcajada gutural pasándome de largo.

-Y tú huiste de tu fiesta—dijo burlón, caminando hacia la botella sobre la mesa ratona—Si quieres que te diga que hay una mujer aquí, lo haré aunque no sea cierto—rellenó el vaso. Entonces no había ninguna mujer, por automático mis ojos se elevaron hacia las angostas escaleras. ¡Maldición, Rin!

—Si quieres que admita que me acosté con Sara, también lo haré—alzó los profundos ojos dorados dejando de lado la botella. Mi cuerpo entero se estremeció deseando dejar de escuchar, el corazón se me apretó tan fuerte que pudo haber sido un dolor físico.

Sesshomaru dio otro trago mirándome fijamente, sus orbes aunque seguían gélidos habían perdido todo atisbo de arrogancia.

—Y si lo que quieres es que te diga que cuando la estaba cogiendo tuve que imaginarme que eras tú para no sentirme asqueado, también lo haré.

Retrocedí un paso con los hombros tensos, los labios me temblaron y no me acordé como cerrar la boca, mis latidos se estrellaron contra el pecho y de pronto la explosión de calor ardía debajo de mi piel.

Y aunque en ese instante desee borrar lo ocurrido la última vez, incluso ir en sentido contrario al tiempo para deshacer los meses, me ganó la indignación que bullía dentro de mí, desatada por su actitud cruel, por su pose de cretino que le salía sin un solo esfuerzo.

-Deja de actuar como si yo te hubiera dejado a ti—espeté queriendo lanzarle algo, lo que fuera.

La expresión de Sesshomaru no sufrió cambio alguno, se mantuvo estoico pavoneando su autocontrol.

-Rin…-comenzó.

-¡No me digas que madure!—repliqué, interrumpiéndolo—No te atrevas porque me acuerdo muy bien cómo se dieron las cosas.

-También yo—repuso entre dientes, a punto de llevarse el vaso a los labios se detuvo, tensó la mandíbula y dejó de lado el trago.

Por algún motivo la forma en que lo dijo desarmó mis defensas recordándome porqué me había disculpado ya con él antes.

Transcurrió un largo momento de silencio mientras me mordía los labios, ahogando los sollozos que pugnaban contra mi control para salir. No quería llorar frente a él de nuevo.

-¿Qué haces aquí, Rin?—inquirió de pronto guardando las manos dentro de los bolsillos del pantalón. Estaba tenso.

-Estaba preocupada—reconocí, derrotada.

-No.

Alcé los ojos ante su tajante negativa.

-Vas a casarte—apuntó como si hablara con un retrasado mental, recuperó su trago y lo acercó a su boca—y vienes a mí esperando que me disculpe por eso.

-No—murmuré.

-¿Entonces qué es?—retó avanzando hacia mí aunque la palabra correcta era "acechar". Me miraba de esa forma feroz contenida que brillaba en sus orbes miel, traspasando su frialdad para convertir la mueca orgullosa en salvaje-¿Por qué vienes a mí una y otra vez?

Las piernas se me volvieron de goma conforme terminaba la distancia entre nosotros, fui incapaz de ordenarle a mi cerebro que las obligara a retroceder, escapar de la aura implacable de Sesshomaru.

Se detuvo a escasos centímetros atravesándome con la mirada. Me estremecí por completo odiando profundamente que el hormigueo se desatara en mi vientre y más pronto que tarde, humedeciera mi entrepierna.

Alzó la mano libre acariciándome con el brazo con el dorso, subiendo desde mi muñeca hasta el hombro, dejando una estela de pequeños choques eléctricos debajo de la piel.

No, Rin, me repetí hasta que me dolió la cabeza. Me obligué a pensar en Kohaku esperándome en casa de la abuela Kaede y luego, en el altar.

-No vine aquí para que me humillaras—musité dando un paso atrás. El cristal se rompió en pedacitos y el licor se desperdigó sobre nuestros zapatos cuando Sesshomaru dejó caer el vaso para sostenerme por los hombros con ambas manos.

Me encogí reconociendo el cosquilleo ir en aumento, trayendo el bochorno de urgencia. Sin embargo, estoy consciente que está a punto de insultarme.

-Solo dilo—pedí con un hilo de voz, si a única forma de salir de ahí era recibiendo otro trato cruel estaba dispuesta a escucharlo—Di que fui unos buenos polvos hasta que creí que nosotros…

-Soy yo quien se está humillando—musitó con media sonrisa amarga, interrumpiéndome—He tratado de mantenerme al margen pero sigues apareciendo una y otra vez, Rin. Vas a casarte con mi sobrino y solo puedo pensar que te ha tocado como yo ya no lo…-gruñó hincando los dedos en mi piel.

Al instante sentí la necesidad injustificada para desmentirlo.

-Él y yo…no…-me sentí avergonzada. ¡Vamos, Rin! El hombre que te sostiene no debe significar más nada.

Es un maldito, un cretino, un hijo de perra que se convirtió en el peor error de tu vida…y…te está besando.

Abrí los ojos al tiempo que mi cuerpo entero temblaba contra el firme pecho de Sesshomaru, luego me fui hundiendo en la oscuridad saboreando la suavidad de sus labios. Hacía mucho que no me besaba de esa forma.

Su palma subió hasta mi mejilla mientras que la otra se tallaba por mi cintura hasta rodearla y empujarme contra su torso, curvee la espalda colgándome de su cuello.

Todo lo demás desapareció en ese instante.

Mordió mi labio inferior, obligándome a abrir la boca introdujo su lengua, el sabor de su boca era al del whisky. Sentí la necesidad de pegarme a él hasta que nuestros cuerpos no tuvieran una sola separación entre ellos; la urgencia caliente desembocó en humedad entre mis piernas, un deseo que me apretaba en el busto y rogaba por sentirlo contra mí de nuevo.

Enredé los dedos en su cabello, aspirando de su hálito, respirando con él…resignada a la cruel verdad, al pecado cometido y a la traición. Pero sobre todo al sentimiento que ni siquiera su crueldad podía borrar.

Me apretó contra su cuerpo, percibí la erección en su entrepierna y todo se nubló.

Me separé cuando mis pulmones me lo exigieron, deslicé las palmas por sus hombros hasta los botones de la camisa, sacando uno a uno del ojal, descubriendo su piel suave, los firmes pectorales y luego su estrecho abdomen.

-No—musitó deteniéndome las manos a punto de sacarle la camisa.

Alcé los ojos descubriendo que los tenía húmedos, no había lágrimas por mis mejillas pero sí cristalizando mis pupilas.

Sujetó mis muñecas apartándolas de su cuerpo, pensé que me botaría empero se llevó mis manos a los labios, depositando un beso de esos que él es incapaz de dar, gentil. Sincero.

A punto de sentirme todavía peor y sumarle el rechazo a la tormentosa culpa, Sesshomaru pegó la nariz a mi cabello inhalando profundamente. Mi mente seguía turbada así que daba crédito a sus acciones lentamente.

-Tú me odias y no seduzco ni obligo niñas—dijo.

"Ebrias" articulé sin sonido, le dio gracia aunque sus ojos seguían ensombrecidos debajo de los cabellos claros.

No entendía muy bien: no había bebido nada. Y aunque su actitud madura era el reflejo de lo que debimos hacer desde mi compromiso con Kohaku, curiosamente estaba contrariada por esa moral equivocada.

-Tampoco arruino vidas—completó dando un paso atrás.

Muy tarde, le quise decir pero supe que tampoco estaba justificada esa réplica así que me limité a asentir.

-Kohaku…-murmuré.

-No—enarcó una ceja, altanero otra vez. Dios que guapo es Sesshomaru—Tú—llamó mi atención—Yo.

Comprendí al vuelo pese a que de todas formas era algo que ya habíamos hecho: arruinarnos.

Asentí de nuevo carraspeando de pronto fuera de lugar y hasta entonces reconocí los llamados a la puerta principal, me volví de golpe preguntándome si hacía mucho que tocaban. Porque ni el timbre escuché.

-¡Sesshomaru!—llamó Inuyasha desde afuera.

Me mordí los labios, incómoda, antes de alejarme de él otro tanto.

-Te traeré un abrigo—dijo guardando las manos dentro de los bolsillos y desapareciendo escaleras arriba.

Supe que sería todavía peor esperar a qué volviera así que preferí dirigirme a la puerta, odiando que el bungaló no tuviera puerta trasera. Inuyasha despegó el dedo del timbre cuando abrí la puerta.

Nos miramos un momento, sentía la sangre pintarme las mejillas todavía aunque seguro que mi aspecto era digno todavía; él cerró la boca de lo que iba a decir, me miró de forma que no sabría definir, entre la pena y la resignación. Al menos no con el desagrado usual.

-Está adentro—avisé.

Se hizo a un lado y yo salí taconeando hacia el audi de Hojo. Ignoré la mirada del hombre del taxi que había llevado a Inuyasha hasta ahí, no debía ser un buen espectáculo.

-Oye.

Me volví a medias. El hermano menor de Sesshomaru se sacó la chamarra y me la extendió. Negué con lo que creo que fue una sonrisa desganada, vaya que al menos al final Inuyasha se comportó educadamente. ¿Tanta lástima doy?

Él me miró con sus ojos ámbar, analizándome y hasta ese instante descubrí que me estaba abrazando a mí misma. Me avergoncé porque era una manía dramática que obtuve cuando descubrí lo frágil que se puede llegar una persona a sentir…como si te rompieras.

-No tengo frío.

No al menos de "ese" tipo de frío.

Sin dirigirle otra mirada seguí mi camino hacia el auto de Hojo.


Corrí el carrito del cierre de la última maleta del equipaje. Por la mañana saldría en ese viaje playero que mis amigas arreglaron como un viaje de despedida solo de chicas. Luego, sería la despedida de soltera que Aome se empeñaba en que fuera una sorpresa para mí y los desnudistas que seguro contrató. Terminar los preparativos y encargar el vestido apenas regresáramos de ese fin de semana.

Poco a poco se irían cumpliendo los pasos que me conducían hacia la boda.

Kohaku, pese a seguir molesto por mi desaparición de la reunión (ni Hojo se puso tan furioso y dicho sea de paso se me olvidó el pastel que se supone iba a comprar), estaba decidido en llevarme al punto de encuentro.

Alcé los ojos de mi maleta para mirarlo, veía la televisión con gesto abstraído. Hubiera querido saltar hacia su regazo pero lo único a lo que llegaron mis impulsos fueron a apretar el material duro de la petaca.

Shippo me había enviado un par de textos y luego Mizuki también, ambos preguntándome si estaba todo bien. Respondí lo que esperaban y luego me dispuse a seguir adelante.

Era más sencillo cuando Sesshomaru Taisho se comportaba como realmente es, un depredador altanero y cruel.

-Rin—habló Kohaku.

-Dime.

Me miró, afiló los ojos negros y luego dejó de prestarme atención. Suspiré derrotada, avanzando hacia él. Si quería arreglarlo, tenía que poner de mi parte. Me senté a su lado acurrucándome contra su pecho, no me abrazó pero así estaba bien.

Mientras trataba de comprender de qué iba el programa de televisión, me pregunté si yo también tendría que fingir en algún momento.

Alcé los ojos a Kohaku, él me miró de refilón y luego, su brazo bajó hasta mi cintura atrayéndome a él.


Bueno...Hemos llegado al mismo punto de partida jaja. Puede que este avanzando un poco lenta la historia pero ya vendrá lo bueno, se los prometo.

Dejenme sus comentarios si les gusto el cap y nos leemos en el proximo

Besos y abrazos!