Capítulo 39
Golpe
—¿Dónde se cambiará esto?
Eran las 23:00 pm y Rachel aún permanecía en el sofá de su salón, con el cuento electrónico que Quinn le había regalado a su hija, tratando de cambiar la configuración de algunas de las opciones que no le gustaban demasiado de aquel juguete.
Un día cualquiera, a esa hora ya estaría dormida o metida en la cama. Pero aquella noche no iba a ser así.
Sabía que era absurdo, que no tenía nada que temer, pero saber que Brody y Quinn estaban compartiendo cena en algún restaurante de aquella ciudad no la dejaba estar tranquila. Y no por temor o por celos, lo que realmente le preocupaba era que el chico se las ingeniase para sacarle información sobre ellas. Lo conocía, sabía de lo que era capaz y por eso no iba a dormir hasta volver a verlo entrar en la casa, o al menos tener constancia de que Quinn ya se hallaba sana y salva en la suya, sin peligro alguno de hablar más de la cuenta por culpa de las intrépidas y traviesas preguntas de Brody.
Estaba tan equivocaba que no habría creído lo que había sucedido en aquella cena, ni, aunque hubiese sido testigo presencial de la misma.
—Tiene que ser uno de estos botones—volvía a susurrar con el cuento entre sus manos. Fue en ese instante cuando sintió el sonido que producían las llaves al introducirse en la cerradura, y supo que Brody ya estaba allí.
Pudo sentir como el aire volvía a llenar sus pulmones y aquella ardua tarea de cambiar las opciones del juguete, volvía a tener la importancia que tendría si no hubiese tenido aquella sensación de intranquilidad, o sea insignificante.
Solo fue la excusa perfecta para permanecer despierta y entretenida, en vez de despierta y loca.
—Hola—saludó al chico que se sorprendía al descubrirla en el salón.
—Hey… Hola ¿Qué haces ahí?
—Averiguando un par de cosas—respondía mostrándole el juguete—¿Y tú qué tal? ¿Cómo ha ido la cena? —se interesó tratando de no darle demasiada importancia— ¿Sigo teniendo amiga o has conseguido que se asuste de mí?
—La verdad es que lo he intentado—bromeaba acercándose al sofá—Pero se ve que esa chica se preocupa por ti. Enhorabuena, sigues teniendo amiga.
—Así me gusta—respondía sonriente—No me apetecía tener que colocarte grilletes en los pies y lanzarte al río Hudson desde el puente de Brooklyn.
—Uff, esa amenaza es nueva ¿No?
—No es una amenaza, Brody—le aclaró sin perder el tono de humor—Es realmente lo que te haría.
—¿Me matarías por alejarte de Quinn? —cuestionó divertido—Ok, menos mal que me porté bien, de hecho, más que bien.
—¿Ah sí? A ver cuéntame ¿Qué habéis hecho?
—Pues, hemos estado cenando en el Fontana Di Trevi que hay en Harlem, la verdad es que ha sido genial, sobre todo la cara de Quinn cuando la gente que había allí nos ha empezado a mirar—sonreía burlón—Creo que se ha llegado a ruborizar mínimo cuatro veces. Pero luego se ha acostumbrado y todo ha ido sobre ruedas. Hemos hablado de muchas cosas, y poco más. La acabo de dejar en su apartamento.
—Te lo agradezco. Quinn tiene la tendencia suicida de caminar a solas sin importarle la hora, y la verdad… Da un poco de miedo.
—Bueno, pero ella está preparada. Me ha dicho que practica boxeo. Yo la verdad, me lo pensaría antes de enfrentarme a ella.
—Yo también—murmuró sin poder evitar recordar su imagen en el gimnasio, golpeando con fuerzas el saco de arena. —¿Y ya está? ¿Solo habéis ido a cenar?
—Sí, bueno, también he conocido a Superman.
—¿A Superman? —cuestionó extrañada—¿Has entrado en su casa?
—Si. De hecho, he sido yo quien le ha pedido que me invitara a una última copa—dijo divertido—Tendrías que ver la cara que puso, estoy seguro de que pensaba que buscaba algo más.
—¡Brody! —exclamó dejando un pequeño golpe sobre el brazo del chico—¿Por qué la has puesto en esa situación?
—Hey, tranquila, Quinn tiene suficiente personalidad para haberme dado en la cara con la puerta si hubiese intentado algo.
—Quinn tiene personalidad y carácter. Te la has jugado, créeme.
—Lo sé, aunque te tengo que decir que luego le ha parecido genial que subiese—soltó provocando la curiosidad en Rachel—Y el muérdago en su casa funciona.
—¿Qué? —cuestionó cambiando radicalmente el gesto de su rostro—¿Qué dices? —añadió y Brody no pudo aguantar más la risa. —¿De qué te ríes? —le increpó tensándose—¿La has besado?
—¿Tú que crees?
—Brody, no tiene gracia ¿La has besado?
—¿Por qué te preocupa tanto? Quinn es libre y yo soy buen partido.
—Basta—interrumpía—Quinn es mi amiga y exijo saber lo que ha sucedido contigo esta noche ¿La has besado? —volvía a preguntarle molesta.
—No, idiota, claro que no la he besado, aunque ganas no me han faltado.
—¿Cómo? ¿Lo has intentado? —volvía a recriminarle—¿Pero de qué vas? Es mi amiga ¿Por qué tienes que hacerla sentir incomoda?
—Relájate, Rachel—respondía con una gran sonrisa—Estoy bromeando. No he intentado besarla ni Quinn ha estado incomoda, solo hemos hablado un rato de nuestras cosas, nada más. Tranquila, es toda tuya.
—¿Qué? ¿Qué dices?
—Estás celosa, admítelo.
—Yo no estoy celosa, solo me preocupo porque es mi amiga.
—Pues no te preocupes tanto—se levantó de su improvisado asiento en el reposabrazos del sofá—Quinn es una mujer adulta, y sabe lo que quiere. Me jode decirlo, pero no le he notado ni un mínimo interés en mí, aunque claro … Yo tampoco he sacado mi arsenal seductor con ella. No después de saber que practica boxeo.
—Algún día alguna chica te va a dar tu merecido, y ese día me reiré mucho de ti—bromeó tratando de calmarse. Sabía que su cuestionario había estado fuera de lugar, y que Brody no solo sospechaba acerca de lo que podía sentir hacia Quinn, sino que parecía saberlo a ciencia cierta.
Había conseguido sacarla de sus casillas con un par de respuestas y se lamentó pensando que eso mismo podría haberle hecho a Quinn.
—Si, si, lo que tú digas—murmuró—Oye ¿No vas a dormir?
—Sí, voy enseguida, pero antes quiero conseguir cambiar esto—volvía a mostrarle la pantalla del libro.
—¿Por qué? ¿Qué le sucede?
—Nada, quiero cambiarle la configuración y no tengo ni idea de cómo se hace ¿Tú lo sabes?
—¿Cambiarle la configuración? ¿Por qué? ¿Qué le pasa?
—A Em le gusta ver las ilustraciones de los cuentos, pero no consigo que salga en esta pantalla, solo sale el dibujo ese hablando en lenguaje de signos. —Le explicó y Brody frunció el ceño, acercándose de nuevo a ella.
—¿Qué problema hay con eso?
—A Em no le gusta—respondía con la vista fija en el juguete.
—Pues ésta mañana si le gustaba, de hecho, incluso empieza a imitar los signos. Le viene bien.
—No, no le viene bien, y no le gusta. Sé de lo que hablo.
—¿Qué pasa Rachel? —cuestionó molesto—A Em si le gusta eso.
—Te he dicho que no—respondía alzando la mirada—Es un estorbo para ella.
—Rachel, es educativo, ya va siendo hora de que aprenda algunas palabras, y de esa forma le puede resultar más sencillo.
—Emily no tiene que aprender a hablar de esa forma—sentenció volviendo la mirada hacia el libro.
—¿Cómo? —alzó la voz provocando la reacción de Rachel, que le pidió que bajase el volumen de su voz—¿Cómo qué no? Entonces ¿Cómo se va a comunicar cuando vaya a la guardería?
—¿Guardería? Em no va a ir a la guardería aún.
—Rachel—buscó la mirada de la chica—te recuerdo que llegamos a un acuerdo, Em irá a la guardería un par de meses antes de entrar en el colegio. Es bueno para ella que aprenda a hablar en lenguaje de signos.
—¿Qué parte del "Emily no tiene que aprender a hablar de esa forma" no has entendido?
—No—espetó enfadado—Mejor respóndeme tú que parte del "Emily tiene que aprender a comunicarse" no has entendido.
—No vuelvas a hablarme así ¿Ok? Y baja la voz, porque la vas a despertar.
—Rachel ¿Qué diablos te pasa? ¿Qué piensas? Emily tiene que aprender, no puedes marginarla del mundo.
—Emily hablará cuando pueda hablar—sentenció levantándose del sofá—ya lo hemos hablado, así que deja de ponerte así.
—¿Ponerme así? —se enfrentó a la morena—No tengo ni idea de cuándo tú y yo hemos llegado a ese trato. Emily tiene que aprender a comunicarse y lo hará en lenguaje de signos, porque no le queda otra opción.
—¡No! —exclamó furiosa. Esa vez fue ella quien alzó la voz—Deja de decir eso, ¿Ok? Mi hija no va a hablar con las manos porque ella va a hablar con su voz.
—Rachel, por favor—susurró.
—No, por favor nada—volvía a enfrentarse al chico—Escúchame, es mi hija y si digo que ella va a hablar, es porque lo va a hacer.
—¿En Londres? —cuestionó con sarcasmo.
—Sí, así es. Irá a esa clínica y será una niña como cualquier otra, y entonces te arrepentirás de todo lo que me estás diciendo ahora.
—¿Eres imbécil? —masculló —Emily ya es una niña como cualquier otra, Rachel. Métetelo en la jodida cabeza.
—Será una niña feliz y como cualquier otra cuando estemos en Londres—le replicó sacándolo de quicio.
—Basta, Rachel—interrumpía nervioso—Te recuerdo que ella también es mi hija y no voy a permitir que te la lleves a esa clínica.
—Se te olvida de nuevo que tenemos un contrato ¿No?
—Sí, y en ese contrato hay una cláusula que estaré dispuesto a llevar a cabo si sigues con esa idea—amenazó.
—¿Qué?
—Ese contrato dice que puedo hacerme cargo de Em si su madre no está en plenas facultades para cuidarla y tú, estás empezando a demostrar que no lo estás.
—¿Me estás amenazando con quitarme a Emily? —se encaró—¿Tú? ¿Tú me vas a quitar a Emily? —cuestionó con una sarcástica sonrisa en su rostro.
—No, pero te aseguro que no saldrá del país si intentas llevar a cabo ese despropósito.
—No eres nadie para evitar que trate de curar a mi hija ¿Me oyes? —espetó completamente fuera de sí. — ¡Es mi hija! Y voy a hacer todo lo que esté en mis manos para que se cure, te guste o no—sentenció y Brody se llevó las manos a la cara, mientras negaba continuamente preso de la rabia que sentía. —Me importa una mierda como te pongas.
—Oh dios, Quinn tiene razón—murmuró provocando aún más el desconcierto en la morena, que en ese instante lo miró confusa—Rachel, estás enferma, estás obsesionada y no puedes seguir así. O acabas con esta locura, o me encargo yo.
—¿Quinn? —cuestionó ignorando el resto del discurso. —¿Qué pinta Quinn en todo esto?
—Nada—se apartó de ella dándole la espalda—Sigue ahí, intentando cerrarle las puertas a tu hija. Yo me voy a dormir con ella—masculló alejándose hacia la escalera, dejando completamente enmudecida a Rachel.
Su mente no funcionaba como debía funcionar en un momento así. No tenía la razón ni coherencia necesaria para tranquilizarse y recapacitar sobre lo que había sucedido y menos aún si el eco de la mención a Quinn seguía resonando en su cabeza.
¿Qué había tenido que ver la rubia para que Brody la mencionase en aquella discusión? ¿Por qué dijo que ella tenía razón justo antes de decirle que estaba enferma y obsesionada?
No entendía nada y lo que era peor, su estado anímico estaba viéndose alterado mucho más que con la discusión. Sentía como las manos le sudaban y el temblor se apoderaba de su garganta, consiguiendo que incluso le costase tragar. ¿Le había dicho Quinn que estaba enferma y obsesionada? ¿Estaba incitando a Brody a que tratase de conseguir la custodia de su hija?
Las preguntas se amontonaban en la mente de la morena que comenzó a sentir como el colapso llegaba a su cuerpo, y solo un objetivo se adueñaba de ella en aquel instante.
Solo un sonido. Solo un aviso hizo que esa chispa que a punto estaba de encenderse, terminase prendiendo, y Rachel perdiera por completo la cabeza.
Un mensaje en su móvil justamente de ella, de Quinn.
Te devolví a Brody sano y salvo. Espero que no caigas en la tentación del muérdago con él.
Aquella sonrisa que Quinn plasmó en el mensaje fue como un puñal para Rachel, que ahora sí, reaccionaba y lo hacía de la peor forma, como si Quinn estuviese riéndose o jugando con ella.
Ni siquiera respondió.
Rachel tomó su abrigo y las llaves de su casa sin siquiera avisar a Brody de que iba a salir. No tenía pulso, o quizás era tan exagerado que no podía acertar a diferenciarlo con el sonido de los coches que transitaban por aquella avenida.
El frío no era tan frío en su piel que parecía arder en llamas, producto del monumental enfado. Probablemente olvidó incluso respirar. Solo sabía que tenía que llegar hasta aquel apartamento y dejarle claro que con Rachel Berry no se jugaba, y con su hija mucho menos.
Apenas tardó cinco o seis minutos en atravesar las dos avenidas y llegar hasta el edificio. Eran casi las doce de la madrugada cuando completamente fuera de sí, daba varios golpes en la puerta del apartamento.
Quinn, que en ese instante terminaba de cepillarse los dientes, se asustó al escuchar los golpes en la puerta, y no dudó en salir hacia la estancia principal.
Dos nuevos golpes volvían a sonar con más fuerza, y el temor se apoderó de ella. No tenía ni idea de quién podía ser a aquella hora y no iba a abrir la puerta sin más.
Silenciosamente, tras hacer acopio de su teléfono por si tenía que llamar a la policía, fue acercándose a la puerta para poder observar a través de la mirilla. No necesitó comprobarlo, la voz de Rachel sonó tras ella asustándola de nuevo.
—¡Abre Quinn, sé que estás ahí! —exclamó visiblemente exaltada. Igual que quedó Quinn tras reconocerla. No tardó en destruir el espacio que la separaba de la puerta y abrirla rápidamente.
—¡Rachel! ¿Qué sucede? —Fue lo único que pudo decir antes de sentir como un vendaval se abalanzaba sobre su cuerpo, y la obligaba a retroceder casi perdiendo el equilibrio—¡Rachel! ¿Qué diablos haces? —le recriminó al tercero de los empujones.
—¡No me digas lo que tengo que hacer, imbécil! —masculló con los ojos a punto de salir de sus orbitas.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —cuestionó asustada tratando de recuperar la compostura frente a ella.
—¡Escúchame estúpida! —le amenazó—¡no voy a permitir que me quiten a mi hija! ¿Me oyes? No voy a permitir que vengas aquí con tu vida perfecta a intentar joder la mía ¿Me escuchas?
—Rachel—replicó cuando lograba detener el cuarto de los empujones—¿Qué haces? ¿Qué diablos te pasa?
—¿Quién te crees que eres? —alzó la voz—¿Piensas que vas a venir a aquí y hacer con mi hija lo que no has podido hacer con la tuya? ¿Tan frustrada estás?
—¿Qué?
—¡No tuviste el valor de ser una buena madre y vienes a pretender que yo tampoco lo sea!
—Pero ¿qué estás diciendo?
—¡Basta!—le gritó encarándose con ella—¡basta de joderme, Quinn! A Em no la vas a tocar ni tú ni Brody. Es mía, es mi hija ¿Me oyes?
El quinto intento de la morena por volver a empujarla no surtió efecto. Quinn fue más rápida y consiguió sujetar ambas manos, y comenzar así un forcejeo que se presentaba imprescindible para tratar de calmar la situación. Una situación que se escapaba de sus manos, y que seguía sin entender por qué estaba sucediendo.
—¡Suéltame! —se quejó tratando de deshacerse de la presión que Quinn ejercía sobre ella.
—¿Qué diablos te pasa? Rachel ¿Qué sucede?
—¡Mi hija va a hablar! —exclamó con lágrimas en los ojos—¡Y ni tú ni Brody lo vais a evitar!
—Basta Rachel—le suplicóconsiguiendo detener por completo las embestidas que le regalaba. No supo cómo, pero había conseguido sujetarla por la espalda e inmovilizarla a pesar de los tirones que continuamente le daba—Basta, Rachel—Insistió— ¿Quieres que llame a la policía? —exclamó lanzando una mirada hacia el suelo, donde permanecía su teléfono tras el primero de los golpes que recibió.
—¡Déjame en paz! ¡suéltame, suéltame! —alzó la voz tratando de deshacerse del abrazo al que la tenía sometida, y Quinn, sin dudarlo, logró alcanzar su boca y taparla con fuerza con una de sus manos.
Ahora eran los gritos ahogados de la morena los que se dejaban oír en el apartamento y sus continuos forcejeos por tratar de soltarse del abrazo que la mantenía inmovilizada.
—Basta Rachel—susurró justo en el oído —Basta ¿O quieres que algún vecino llame a la policía y te encuentren aquí?
Las respuestas que recibían no eran más que inaudibles murmullos de Rachel tratando de deshacerse de la mano que cubría su boca.
—Escúchame—volvía a susurrar al tiempo que aprovechaba la cercanía de una de las paredes para apoyarse sobre ella, y sujetar mejor a Rachel entre sus brazos—Yo, yo no le he dicho nada a Brody, te lo juro Rachel. Estábamos hablando de Emily, de lo especial que es, de lo inteligente que es.
Un nuevo intento por parte de la morena de apartarse de ella estuvo a punto de hacerle perder la estabilidad, pero Quinn volvía a aferrarse con fuerzas al menudo cuerpo de la chica, y conseguía mantenerla presa entre sus brazos.
Rachel había comenzado a sollozar, pero era un llanto de rabia por no poder desprenderse.
—Rachel, yo no quiero hacerte daño, yo jamás os haría daño a ti y a Emily. Cálmate por favor, Brody y yo solo hablamos de Emily, pero no le dije que te quitase la custodia—trató de tranquilizarla, pero pronunciar aquella última palabra hizo el efecto contrario en Rachel, que volvía a removerse con fuerza y conseguía que Quinn sufriese algún que otro golpe contra la pared por culpa de las embestidas.
—¡Rachel! —exclamó volviendo a intentar tranquilizarla—Escúchame, vamos a hablar, pero tienes que calmarte ¿Ok? No, no puedes gritar. Si lo haces van a llamar a la policía y no es eso lo que quieres ¿Verdad? Por favor, te lo pido—le suplicó de nuevo, y esa vez creyó que su petición dio resultado.
Rachel parecía entrar momentáneamente en razón, y bajó la intensidad de sus embestidas.
—Escúchame—le susurró de nuevo—Voy, voy a quitar la mano de tu boca, pero no grites ¿Ok? Habla todo lo que quieras, pero nada de gritos ¿De acuerdo? —Añadió y Rachel asintió tratando de controlar su respiración. —Rachel, cielo, tienes que calmarte. Podemos solucionar esto como personas civilizadas ¿Ok?
—Suéltame, Quinn—le pidió con apenas un hilo de voz tras apartar la mano de su boca—suéltame.
—Rachel, cálmate por favor—le respondió manteniéndola entre sus brazos completamente inmovilizada—Déjame explicarte que es lo que ha sucedido ¿Ok?
—Te he dicho que me sueltes.
—Pero prométeme que vas a relajarte y que no te vas a volver… ¡Aww! joder Rachel—Esgrimió casi sin aire y dejándose caer de rodillas. Rachel aprovechó aquel momento de calma para escaparse de sus brazos dejándole una nueva embestida, que terminó provocándole un golpe seco y certero de su codo en el estómago.
No lo hizo queriendo, de hecho, no fue consciente de lo que había hecho hasta que logró deshacerse de ella, y la descubrió de rodillas en el suelo retorciéndose de dolor.
La miró durante varios segundos, pero ni siquiera así logró entrar en razón.
—¿Qué diablos te pasa? —Le increpó Quinn con apenas un hilo de voz, observándola desde el suelo.
—¿Qué te pasa a ti? —le respondió acercándose a ella amenazante—Escúchame, no vuelvas a acercarte a mi hija, ni a mí. No vuelvas a pisar mi casa ni a mirarme a los ojos, no vuelvas a mencionarme en tu vida ¿Me oyes? —esgrimió sin dejar de mirarla. Quinn no dudó en devolverle la mirada completamente horrorizada mientras el dolor punzante en su estómago, no la dejaba levantarse. —No eres nadie, no eres nadie en mi vida ¿Entiendes? no voy a permitir que tu frustración como madre joda la vida de mi hija—sentenció
—No te das cuenta que solo quiero ayudarte—le dijo tratando de recuperar el aire.
—No quiero tu ayuda, ni la de nadie. Mi hija es mía, recuérdalo, es mía—amenazó—Olvídate de mí—añadió segundos antes de alejarse de ella—Y no vuelvas a acercarte.
—Rachel—susurró al ver como la morena ya se disponía a abandonar la casa, y se detenía ante aquella última suplica—Yo, yo os quiero—espetó lanzando una última mirada hacia ella.
Una mirada que no sirvió más que para volver a provocar la ira en la morena, y dejase un sonoro portazo tras ella, consiguiendo que la pequeña rama de muérdago que había sobre el umbral cayese rápidamente al suelo.
Quinn lo vio. Vio como aquella ramita se desprendía de la pared y sentía que el dolor en su estómago se hacía más agudo. No conseguía comprender como había sucedido todo aquello en apenas unos minutos. Lo último que recordaba era estar limpiándose los dientes mientras le mandaba aquel mensaje a Rachel, tratando de regalarle una última sonrisa antes de dormir, y ahora, apenas 15 minutos después, estaba de rodillas en el suelo tratando de asimilar que Rachel le había pedido que se marchase de su vida, insultándola, sacando lo peor de sus recuerdos y con un intenso dolor en su estómago que podría equipararse al que sentía en su corazón.
