Instituto Ouran Academy
Fin de actividades
La campana anunciando el final de todas las actividades había sonado hace ya un par de minutos, por lo que en este momento me encontraba en los vestidores del Dojo del instituto preparandome para mi entrenamiento.
Y sí, esta tarde dejaré plantado a Isomu.
Toda la mañana se basó en más de lo mismo de ayer: estudios. Desde el inicio de la primera clase, tomando tambien los recesos, hasta que por fin fui salvada por la campana de la garra de esos libros del demonio que ya empezaba a pensar que estaban en otro idioma o alguna clase de código que yo no lograba descifrar ¿Con qué necesidad tienen que hacer las explicaciones tan complejas y abstractas?
Luego de eso, cumplí mi labor de Host dentro del club. Eso significa que durante todo el tiempo que ocupan las actividades tuve que hablar con las cinco clientas que me seleccionaron hoy. Creo que lo único destacable de todo ello es que comienzo a sentir que mi relación con Ayami, Mako e incluso con Rima está mejorando bastante.
Un escalofrío me recorrió la columna mientras terminaba de ponerme el traje de entrenamiento al recordar las palabras que Kyouya me dirigió antes de salir de la Tercer Sala de Música ¿A qué se habrá referido cuando dijo que mañana me quería temprano para debatir mi "papel" como Host? ¿Acaso planean alguna obra de teatro? Ruego a todos los cielos para que no.
Termino de atar mi cabello en una coleta alta, previniendo cualquier molestia que pudiese causar más adelante, y salgo lista para encarar a Honey quien me espera en el centro del lugar realizando estiramientos.
—¿Lista, Ai-chan? —Su cabello rubio baila cuando se levanta de su posición sobre el suelo de un solo salto.
—Hai, Honey-sensei.
Le oí reir ante el honorífico y el sonido que emitió se sintió como una agradable melodía capaz de estremecer cada célula de mi cuerpo.
—Comenzaremos con un poco de calentamiento —Avisó mirándome a la vez que apoyaba las manos sobre sus caderas.
Y sí que Mitsukuni era exigente cuando se lo proponía. Ese "un poco de calentamiento" terminó siendo una serie de vueltas alrededor del Dojo que no acabaron hasta dejarme rogando por aire en el suelo.
Sentía todos los músculos adormecidos, creo que nunca me había costado tanto el solo sentarme ¿Cómo esperaba que fuese capaz de hacer algo de entrenamiento en el estado en el que quedé? Palmee mis mejillas soplando aire buscando tranquilizar mi respiración cuando de repente una botella ocupo mi campo de visión.
—Gracias —Murmuré tomando la botella con ambas manos para darle unos cuantos tragos al agua.
Honey se agachó a mi altura mirándome con la atención que solía brindarme a través de esos ojos enormes. Estiró una de sus manos y acomodó algunas hebras de cabello que se habían escapado de la coleta sin notarlo, mi cuerpo se estremeció solo a la sensación del tacto de rozar sus dedos en mi piel.
No puedo creerlo ¿Cómo hacía para causar esas cosas con un acto tan simple como un mero roce? ¡Ya nos habíamos besado! ¡Incluso más que una sola vez! Está bien, Mitsukuni me gustaba muchísimo, con cada día soy aún mas conciente de ello ¿Pero por qué siento que todo esto sucede tan de imprevisto? ¿Acaso el sentirá lo mismo?
Sus labios se están moviendo, pero por alguna razón no logro oírlo. Creo que debería dejar de pensar demasiado.
—Perdón ¿Qué?
—Te decía que cuando estes preparada podemos comenzar con el entrenamiento —Sonrió entretenido.
¿Tan evidente era?
Jugué un poco con los dedos de mis pies, luego con mis piernas y por último probé con los brazos; creo que ya puedo ponerme de pie y no caer en el intento. Me ayudé a tomar impulso con mis manos y conseguí mantener el equilibrio al primer intento.
—Ya estoy lista —Asentí.
Y entonces lanzó un puñetazo directo a mi rostro obligándome a retroceder como pude, mi punto de equilibrio se fue al otro lado del mundo y cuando creí que caería su mano se apresuró a tomar mi brazo para volver a estabilizarme.
—Recuerda nunca bajar la guardia, Ai-chan.
Esta vez tomamos posición de combate, claramente tomé mi distancia preventiva de cualquier ataque repentino que se le volviese a ocurrir.
—Ataca tu primero —Me indicó con una seña de manos.
Lo primero que me vino a la cabeza fue dudar de aquello ¿Era alguna clase de trampa para volver a lanzarme un ataque inesperado?
Me acerqué lo suficiente para poder realizar una patada de costado, no era necesario comentar lo fácil que le fue detenerla en el aire. Rodeó mi tobillo con solo una mano y con un leve empuje volvió a desestabilizarme.
—No seas imprudente —Sentenció sosteniendome de la cintura.
¿En qué momento habíamos llegado a esta posición que no lo había notado hasta ahora? ¿Acaso estaba intentando hacerme caer solo para acercarme a su cuerpo? Aunque, si eso me facilita sentir su calor corporal y fragancia dulce tan característica de él no me molesta en lo más mínimo.
Volvimos a tomar posición una vez más. Otra vez él decidió decantarse por lanzar un puño directo a mi cara, a lo cual trate de reaccionar lo antes posible y conseguí desviar en ataque a tiempo y devolver el puñetazo. Su mano detuvo mi puño con facilidad y traté de pegarle una patada aprovechando su atención en mi mano. Pero vaya pedazo de error.
—Mala elección —Murmuró aprisionando mi pierna con su otra mano—. No subestimes a tu oponente.
Entonces elevó mi cuerpo como si mi peso no fuese nada para él, haciéndome ahogar un grito y mover mi mano libre rápidamente para tomar su hombro evitando caer hacia atrás. Movió mi anatomía en pleno aire y me dejó caer de espaldas contra el suelo pero sin provocarme ningún daño en el impacto. Él quedó apoyando en una de sus rodillas a un lado de mi cadera, aún sosteniendo mi mano y pierna entre sus manos en un apretón firme pero no doloroso.
¿Acaso hacía esto a propósito? Esto tenía que estar hecho a propósito ¡No creo que cada combate termine en alguna posición comprometedora! Mi pecho se movía con violencia por el cansancio que ya me estaba ganando, eso sin tener en cuenta como el rubio conseguía poner mi corazón como loco con solo una mirada, y deseaba con todas mis fuerzas que mi rubor de pura timidez se camuflase con una consecuencia del esfuerzo físico.
Pero esto no había terminado, no así.
Tragué en seco, preparándome para lo que pensaba hacer, y una vez logré conectar mis ojos verdes con el par marrones brillantes de él decidí poner en marcha mi plan. Apreté levemente la mano que seguía sujetando su hombro logrando estremecer su cuerpo antes de que cada uno de sus músculos se contraiga casi al instante. Sus ojos, que no habían abandonado los míos en ningún momento, se abrieron con sorpresa y cierta curiosidad destelló. Flexioné levemente mis brazos para atraerlo hacía mi con lentitud.
—¿Ai-chan? —Susurró dejándose guiar por mí.
Tuve que relamer mis labios cuando la boca se me secó de los nervios... mala decisión, sus ojos viajaron allí instantáneamente haciéndome estremecer bajo la intensidad de su mirada. Tuve que cerrar los ojos para no caer en mi propio juego y no deje de acercarlo hacia mí hasta sentir como la punta de mi nariz rozaba con la suya.
Y entonces giré con toda la rapidez y fuerza con la que contaba en ese momento, cambiando nuestros lugares. Cuando volví a abrir los ojos sentí mis latidos detenerse por unos segundos. Tenía contra el suelo, ejerciendo peso sobre su hombro y pecho con ambas manos, a un Mitsukuni de cabellos revueltos, ojos sorprendidos y mejillas cubiertas de un tierno tono rosado.
Pero una pequeña risa divertida escapar de sus labios me dejó atonita.
—Eso es jugar sucio, Ai-chan.
—No pusimos reglas —Acoté sin poder despegar mis ojos de él.
Su boca formó una enorme sonrisa y sus brazos tiraron de mí hacía abajo hasta aprisionarme entre ellos y su pecho.
—Admitiré que fue ingenioso —Rió sonrojándome aún más, si es que era posible—. Pero trata de dejar esos movimientos solo para mí.
Y no tardó ni un segundo luego de decir eso para atacar con besos todo mi rostro.
Si supieses todo lo que causas en mí, Honey, ni siquiera pensarías que puediese hacer eso...
Cita
La limusina se detuvo cuando, luego de un par de minutos de viaje, llegamos a nuestro destino. Y sí, el destino era nuestra primera cita.
—Déjame a mi primero —Pidió mi rubio acompañante bajando del vehículo.
Entonces, cuando estaba por salir, estiró su mano indicando que quería ayudarme en esa simple tarea. Acepté su ayuda, después de todo sentía el cuerpo cansado aún y debo admitir que no fue muy inteligente de mi parte elegir un vestido.
Miré el lugar que se alzaba ante nosotros. Pared en colores suaves, varios letreros acompañados de dibujos y varios ventanales dejando una linda vista del interior de establecimiento.
—¿Una pastelería? —Pregunté.
—No es una pastelería, Ai-chan —Negó antes de tomarme de la mano para llevarme a la entrada del lugar—. Es la mejor pastelería.
Reí enternecida por la emoción que evidentemente le causaba el estar allí, incluso sus ojos se veían más brillantes y alegres que lo normal. Una vez entramos al local una chica nos recibió y prosiguió guiandonos a la planta alta.
—Woah —Fue lo único que pude decir al recorrer el lugar con la mirada.
Estábamos al aire libre, el color del atardecer se reflejaba en las hojas de las plantas que ocupaban espacios estratégico. Una mesa se establecía en el centro, dos sillas enfrentadas me confirmaron que todo esto estaba bien planeado por parte de Mitsukuni.
Un pequeño tirón en mi mano, que aún seguía entrelazada a la de mi acompañante, me hizo volver a retomar el paso que había detenido para contemplar mi entorno.
—Aún no viste lo mejor, Ai-chan —Apresuró un poco el paso.
¿Lo mejor?
Nos volvimos a detener una vez llegamos a la mesa, donde la mesera nos avisó que enseguida nos llegaría nuestra orden. Mis ojos destellaron en curiosidad, pero Honey solo río un poco antes de separar una de las sillas esperando a que tome lugar.
—No necesitas hacer todo esto, Honey-senpai, puedo sentarme por mi cuenta —Señalé tomando lugar donde me había indicado.
—No lo necesito, solo quiero hacerlo —Sonrió ocupando la silla frente a mí—. Sé que fue un poco duro el entrenamiento, debes estar algo cansada.
—Mi Sensei es algo exigente cuando quiere —Bromeé jugando con una de las servilletas.
—Debes tener un Sensei sensacional —Siguió.
Reí como tonta por el simple hecho de ver su expresión inocente, como si no estuviese tirándose flores a sí mismo.
Planeé seguirle el juego, pero el inicio de una melodía suave y el leve chillido de un carro de bandejas siendo arrastrado en nuestra dirección llamó mi atención. Allí venía la mesera, quien dejo varios platos con diferentes tipos de pasteles sobre la mesa y se despidió en silencio para volver a dejarnos a solas una vez más.
—Woah, esto se ve delicioso —Opinó Honey tomando uno de los platos.
Sus ojos brillaban emocionados, luciendo aún más encantadores bajo los tenues rayos del atardecer que pronto desaparecería.
—¿A esto te referías con lo mejor? —Pregunté agarrando un plato al azar y probar el pastel. Delicioso.
—No —Respondió en cuanto trago el último bocado que había dado, ya casi terminaba con el pastel demostrando su habilidad para devorar dulces.
—¿Y qué es lo "mejor"?
—Hm —Sonrió con los labios cerrados, mirándome con cierta ansiedad—. Ya lo verás más tarde.
Lo miré con suspicacia, intentando leer sus expresiones corporales. Mitsukuni podía verse completamente inocente e ingenuo por fuera pero claramente sabía como ocultar cosas tras esa imágen infantil. Él me sostuvo la mirada, para nada retraído por la intensidad que le era dirigida, y como si fuese lo más normal del mundo se estiró sobre la mesa robando parte de mi propio pastel.
—¡Oye, era mío! —Inflé los mofletes ante su risa divertida.
Apoyé las manos sobre la mesa para darme el impulso necesario e intente hacer lo mismo. Sin embargo, antes de poder pinchar su pastel con mi tenedor, él reaccionó tomando mi muñeca y sin decir nada se acercó hasta plantar un beso rápido en mis labios.
Volví a caer en mi silla escuchando su risa divertida. No solo me había robado pastel, sino que me había robado un beso tambien.
Mitsukuni sabe jugar mejor que yo.
Seguimos así un buen rato más, donde las palabras no fueron necesarias para sacarnos alguna que otra sonrisa. Aunque debo admitir que he intentado golpearle con bolas hechas de servilleta que esquivó incluso sin mirarme.
Solo pocos minutos fueron necesarios para dar inicio al anochecer, donde el cielo se notaba cada vez más y más oscuro. Entonces, cuando las luces de la terraza se encendieron, Honey saltó de su silla viéndose nervioso al pasar sus manos sobre los pantalones.
—¿Me acompañas, Ai-chan? —Pidió estirando una de sus manos.
"A donde quiera que vayas" pensé, pero no diría aquello en voz alta solo para sentirme avergonzada todo lo que restaba de la velada.
Cuando tomé su mano poniéndome de pie entrelazó nuestros dedos y me guío por la terraza hasta detenernos en una de las esquinas donde teníamos una vista completa de la ciudad en su esplendor nocturno. Busqué su mirada, la cual ya estaba observandome, y mentiría si digo que no me pedí en ellos. Su mirada siempre me cautivaba de una forma que no podía entender.
—Te ves muy linda, Ai-chan —Aduló atento a mis expresiones. Su cabello se balanceaba levemente por la brisa que ya era presente.
—Tú también, Honey-senpai —Comenté a balbuceos sintiendo el calor en mis mejillas.
El sonrió enternecido por la forma en la que me ponía con sus halagos y prosiguió a buscar algo en uno de los bolsillos. Giró para entrentarme aún con nuestras manos entrelazadas, yo imité su acción para estar enfrentados.
—Me alegra mucho que hayas aceptado salir conmigo —Comentó dejando ver en su mano libre una caja mediana—. Llevaba un tiempo planeando ésto antes de pedirtelo que hasta me dí el lujo que comprarte un regalo aún sin saber si aceptarías.
Estaba atenta a cada palabra que salía de sus labios, su voz seguia siendo una melodía dulce que jamás me cansaría de oír.
Quería decirle que no era necesario que me diese algún regalo, pero las palabras no salían de mi boca y tampoco quería interrumpirle lo que planeaba decir.
—Así como en nuestro primer beso te dí una rosa, pensé en como recordar nuestra primer cita —Sus ojos chocaron con los mios mientras jugaba con la caja entre sus dedos con nervios—. Porque planeo que esta sea la primera de muchas.
Mi corazón latía como loco ante lo que estaba viviendo, sentía cada célula de mi organismo emocionada por las palabras de Mitsukuni. Entonces soltó mi mano para abrir la caja y sentí mi respiración trabarse en mi garganta de la sorpresa.
Una fina y delicada cadena, con pequeños detalles en oro, se lucía iluminada por las luces de la ciudad. Pero lo que más cautivó mi atención fue un dije en forma de rosa, su tamaño iba a la perfección con la cadena y se podía notar los pequeños diamantes rosas que daban forma a sus pétalos.
—Espero que sea de tu agrado —Murmuró con timidez viendo el collar en sus manos—. No estaba muy seguro de que te gustase.
—Me encanta, es hermoso —Confesé tomando el objeto entre mis manos—. Muchas gracias, no era necesario.
—Ya te dije que yo no hago las cosas por necesitarlo, sino por querer hacerlas —Comentó—. Déjame ayudarte.
Sacó el collar de mis manos con cuidado y me movió por los hombros para volver a mirar la ciudad. Mi piel se erizó por el roce de sus dedos en la piel de mi cuello y estoy segura que sintió como me estremecí de pies a cabeza. Al terminar de colocarme el collar me sorprendió abrazándome desde atrás y, aún sin darme tiempo a reaccionar al toque de sus brazos rodeando mi cintura, señaló el edificio frente a nosotros a la vez que susurraba en mi oído, mandando vibraciones a todas partes de mi cuerpo.
—Allí viene lo mejor.
Y entonces, comenzaron a encenderse varias luces en el edificio de enfrente. Una por una iban trazando letras, palabras y al final una oración. Mis ojos se humedecieron por la ola de emociones que generó esa sorpresa y voltee, aún entre sus brazos, para conectar miradas con el chico que me había hecho sentir algo que pensé no viviría nunca en este momento de mi vida donde me sentía vivir con mi enemigo.
—¿Aceptarías ser mi novia, Ai-chan? —Repitió las palabras que brillaban en el edificio.
—Sí, sí quiero ser tu novia, Honey-senpai —Acepté asintiendo varias veces. Retenía las lágrimas de emoción con todas mis fuerzas para no arruinar el romanticismo del momento.
Pasé ambas manos por sobre sus hombros y planté un beso dulce en sus labios. El correspondió sonriendo entre besos y me levanto unos centímetros del suelo para dar vueltas en el lugar.
Y allí, abrazados en la terraza bajo la noche reciente, nuestra relación comenzó. Lo abracé con fuerza, deseando que el momento perdure toda la vida y me prometí no dejar que Honey salga lastimado.
No importa quien trate de interponerse, haría todo lo posible para que su sonrisa, aquella que me hizo caer ante él, no desaparezca jamás.
Y es que eres único en este mundo, Mitsukuni.
