La llovizna aún azotaba la ciudad de Konoha.
Bien dicen que, en este tipo de climas, los corazones rotos salen a alimentarse de la energía angustiosa que el tiempo les regala.
Por un motivo u otro, cada uno estaba inmerso en su propio conflicto amoroso.
Itachi manejaba el auto que su padre les había dado a él y a su hermano. Sasuke no solía utilizarlo, ya que su trabajo se encontraba a pocas cuadras de su hogar.
Necesitaba despejar su mente. De nada servía encerrarse en su habitación y pensar en lo sucedido en la residencia Uchiha.
Su padre siempre despreció a Sasuke, pero en esa última ocasión, su actitud traspasó cualquier límite.
Enfurecido, decidió no atender los llamados de su padre y evitar que su conflicto fuera más grande.
Las calles estaban algo inundadas. La gente parecía molesta y era comprensible para Itachi.
A él le molestaban los días lluviosos. Se sentía triste sin razón alguna y eso lo deprimía.
Suspiraba.
Encendió la radio y el reporte meteorológico no parecía mejorar, ya que continuaban anunciando tormentas incluso para el día siguiente.
Se detuvo ante el semáforo. Se recargó en el volante y se perdió en el sonido del parabrisas meciéndose lentamente, barriendo con la cortina de lluvia que obstaculizada su visión.
Pero eso no le impidió ver algo que sí le interesaba.
Levantó un poco su cabeza y se preparó para avanzar.
Cuando la luz verde le permitió el paso, Itachi llevó su vehículo hasta el cordón de la vereda, bajando notablemente la velocidad.
Tocó bocina y bajó el vidrio.
—No me gustaría verte en esa situación y no darte una mano, Temari—espetó en voz alta, esbozando una gran sonrisa.
La Sabaku No tenía un deplorable aspecto. Se sentía muy avergonzada y creía que no podría viajar así en el autobús.
—No puedo, Itachi. No quisiera ensuciarlo... —se observaba y notaba cómo el barro había cubierto gran parte de su ropa.
Un auto que había pasado antes que él, no tuvo un mínimo de consideración, embarrando y mojando a Temari cuando caminaba, rumbo a la parada del autobús.
—No te preocupes por el tapizado. Yo lo arreglaré —destrabó la puerta del lado del acompañante —. Por favor, Tem... —insistió.
La rubia pensó algunos segundos. Si bien, la última vez que vio a Itachi fue una noche desafortunada, no encontraba una solución inmediata en ese momento.
Su hermano Gaara estaba trabajando. Al igual que Sakura y Matsuri.
¿Habría una opción mejor?
—Está bien...—espetó, insegura pero sin alternativa.
Abrió la puerta y se sentó del lado del acompañante. Itachi había detenido el auto y esperó a que Temari se acomodara.
Ambos estaban en silencio, escuchando cómo los truenos hacían acto de presencia.
—No debiste molestarte, de verdad... —aclaró y suspiró.
Itachi giró su rostro y acarició la cabeza mojada y embarrada de Temari.
—No soy un insensible, Tem. Por supuesto que te ayudaré si te viera en una situación crítica... —susurró y esbozó una sutil sonrisa.
Una vez más, su mente le recordaba las crueles palabras que ella le había dicho antes de marcharse:
Sos una persona muy especial y no quisiera que te ilusiones conmigo por eso. Creo que lo sucedido fue un error y primero debería...
Suspiró con pesadez, captando la atención de la Sabaku No. Su expresión evidenciaba el cansancio mental y la angustia.
—¿Estás bien? —inquirió con preocupación, tocando el hombro del Uchiha.
Él asintió y encendió el vehículo, tomando unas de las calles que la llevaría a la casa de Sakura.
Su respuesta escueta no la dejó tranquila, así que lo observaba de soslayo e intentaba hipotetizar acerca de su estado anímico.
Itachi manejaba en silencio.
Tenía muchas preguntas en mente, pero prefería reservárselas para evitar incomodar a Temari.
—He decidido rendir las materias libres—espetó de repente, sorprendiendo al azabache.
Giró en la última calle y miró rápidamente, esperando la explicación por parte de la Sabaku No.
—¿Cómo tomaste esa decisión? —musitó mientras continuaba manejando.
—He tenido muchos problemas y creo que lo mejor es que me esfuerce trabajando para dejar la casa de Saku—Temari cerró sus ojos y suspiró con pesadez.
Ella realmente se sentía una carga para su mejor amiga. Deseaba vivir en otro lugar, lejos de los recuerdos con Shikamaru y un sitio diferente en donde volver a empezar.
—Pues, sinceramente me sorprende tu decisión y te apoyo. Aunque también te extrañaré... —susurró y la rubia oyó esto último.
—¿Hum? —al llegar, Itachi detuvo el vehículo.
El Uchiha giró hacia la Sabaku No y meditó unos segundos antes de confesarle lo que estaba en su mente.
Notaba la preocupación de Temari y agradecía que ella estuviera allí para escucharlo.
—En unas semanas, iré a establecerme en Kumo y lamento no poder estar acompañándote... —bajó la mirada y suspiró.
Por un momento, su lado vulnerable estaba saliendo a flote. Él sabía que no tenía oportunidad alguna con Temari.
Notaba que, en el fondo de su corazon, ella aún amaba a su esposo. Sentía rabia e impotencia...
—¿Te irás? —las orbes acuosas de Temari le daban un atisbo de esperanza.
Itachi, enmudecido, regresó la vista hacia el frente y se perdió en cada gota que mojaba el parabrisas.
No era momento de cargarle sus problemas. Él quería, simplemente, olvidarlos.
Al mirar de reojo a Temari, notó que ella parecía más angustiada que de costumbre. Él necesitaba estar cerca suyo.
Lamentablemente, no se puede mandar en un corazón enamorado.
—No debiste molestarte, pero agradezco mucho que me hayas traído—suspiró y quitó el seguro de la puerta.
El Uchiha pensó unos instantes antes que todo terminara.
—Tem... —espetó antes que bajara.
Ella lo miró con desconcierto. Él parecía un Itachi diferente al que conocía.
—Me gustaría invitarte a un lugar. Es decir, a un sitio muy significativo desde que fui muy pequeño —su mirada se perdió dentro de sus recuerdos.
Itachi, cuando estaba triste, era muy melancólico y sus sentimientos tendían a ser muy románticos. Su ideal respecto al amor, en general, solía ser mucho más fuerte en esos momentos.
—Te esperaré y te mostraré cuán hermoso es ese lugar...
Temari percibió la nostalgia y añoranza en las palabras de Itachi. No podía hacer caso omiso a esa pequeña demostración afectuosa.
Lo único que quería, era olvidar el último encuentro con Shikamaru.
Actuar con frialdad y serenidad, ya que su corazón podía ser delator en cuanto a sus sentimientos hacia Shikamaru.
—Tendré que bañarme y cambiarme. Eso llevará un tiempo... —intentaba persuadirlo—¿Estás seguro de esperarme?
—¡Por supuesto que lo haré! —expresó animado. Realmente sentía que debía enfatizar sus palabras y alcanzarla— Te esperaría toda una eternidad, si fuera posible...
Ambos conocían y sabían leer entre líneas. Temari tenía en mente un solo objetivo y ese era volver a empezar. No quería infidelidades de por medio, ni promesas vagas de amor.
Ella recuperaría el valor de salir con quien quisiera y descubriría lo mejor para sí misma.
—Está bien. No te haré esperar mucho... —sonrió y bajó del auto.
Ingresó corriendo al hogar de la Haruno. Itachi no quitó la vista de ella y luego, se perdió en sus pensamientos.
—Ambos necesitamos escucharnos, pero vos lo precisas más que yo. Si se trata de él, te escucharé y aconsejaré, aunque me resulte inalcanzable amarte... —susurró y cerró sus ojos.
Sakura se encontraba en su horario de descanso, comiendo un sandwich de queso, jamón y huevo. Tomó un poco de su jugo de manzana y preparó su valija para dirigirse al estudio.
Por lo que Kakashi le había comentado, una nueva modelo se presentaría para la campaña de lanzamiento de labiales matte.
Por algunas semanas, la empresa entrevistó a una larga lista de muchachas y sólo dos lograron cumplir con los requisitos.
A una ya la había conocido y era con la que había trabajado años atrás, en la empresa de Hiruzen Sarutobi.
No obstante, la siguiente modelo llegaría tarde y eso le dio el tiempo suficiente a la pelirrosa para almorzar.
Cuando hubo acabado con los preparativos de los elementos de trabajo, salió de su camarín y se dirigió al estudio.
En el camino, oyó risas proveniente al destino que debía ir.
Caminó lentamente y, antes de entrar, trató de escuchar lo que estaba sucediendo.
—¿A qué te referís? —La voz de Kakashi fue lo primero que reconoció —Supongo que mi jefe te sugirió exclusivamente por un motivo particular...
Sakura conocía ese tono y modo de hablar. Claramente, el peliplata estaba coqueteando.
—Pues... —una sensual voz femenina se encontraba junto al Hatake —podría mostrarte las maravillas del placer en menos de lo que canta un gallo.
Sakura realmente estaba molesta. Odiaba sentir celos y mucho más cuando se trataba de Kakashi.
Pero...
¿Por qué debía sentirse así cuando no tenían ningún tipo de relación?Sakura había elegido a Kakashi para ser su recreo en momentos claves. Él era su juguete y no podía considerarlo algo más que eso.
—¿Qué tal si hago esto? —escuchó y el silencio reinó el estudio.
La impotencia y la rabia le dieron los motivos para ingresar sin tocar la puerta.
Allí fue cuando lo vio y su ira se convirtió en cólera descontrolada.
—¡Sakura, en buena hora! —espetó el peliplata, esbozando una sutil sonrisa mientras la mujer que estaba con él lo sujetaba de la corbata, con claras intenciones de besarlo.
Impactada ante la presencia de su potencial rival, Sakura mantuvo su perfil lo más bajo posible.
—Kakashi, en horario laboral tratamos de mantener la intimidad fuera de aquí –espetó y subió la valija en el tocador.
Apretaba su mandíbula. Deseaba romper algo, pero se contenía demasiado.
—Lo siento, es mi culpa... —la voz chillona de la mujer la exasperaba aún más.
—Por favor, sentate aquí. Iré a buscar algunas cosas más... —Sakura se retiró hacia su camarín.
La excusa sería perfecta, ya que uno de los labiales que deseaba usar lo había olvidado.
Al llegar, buscó en el cajón del tocador y allí se encontraba.
De repente, cuando dio media vuelta, se topó nuevamente con Kakashi quien había dado un portazo.
Se abalanzó hacia la pelirrosa y la besó intensamente.
Sus manos la mantenían cautiva de su cuerpo, lo cual podía sentir claramente cuán exitado estaba el peliplata.
Sakura lo empujó y secó sus labios.
—¿Qué rayos te pasa? —exclamó con un notable enfado.
—Me encanta verte celosa. Me excita y me dan ganas de que sientas cómo podría quitártelo, demostrándote que todo lo que soy y tengo, es únicamente para vos... —respondió en un tono lascivo. El deseo ferviente lo rebasaba.
Cuando Kakashi notó los celos en Sakura, sintió que, por primera vez, ella demostraba algo por él mientras salía con Sasuke.
—¿Celosa? No entendés nada, Kakashi... —respondió con molestia, tratando de abandonar el camarín.
Cuando abrió la puerta, él la detuvo tomándola de la mano y la miró fijamente.
—¿Acaso vas a negarme que no sentiste nada al ver cómo esa mujer estaba coqueteando conmigo?
—No creas que todo gira en torno a vos, Kakashi—se soltó del peliplata y retornó al estudio.
Kakashi se quedó un momento en el camarín.
No quería que se notara su creciente erección después de besar a Sakura.
La pelirrosa ingresó al estudio y su nueva modelo aún la esperaba.
Sentía rabia, pero iba más allá de Kakashi.
—¿Será posible que pudieras hacerme algún cambio de look? —inquirió la chica.
Sakura la miraba de soslayo y suspiraba.
–¿Qué te gustaría? —preguntó de mala manera.
—Un corte que me haga ver más virginal. Supongo que a mi novio Sasuke le encantará, ya que siempre habla de los rostros angelicales y virginales...
Atónita, Sakura dejó caer el espejo de mano.
Allí recordó un pequeño detalle.
Esa mujer era la misma con la que había visto a Sasuke.
—¿Qu... Querés impresionarlo? —titubeaba mientras juntaba los grandes fragmentos.
—¡Por supuesto! Me encantaría sorprenderlo con algo que le gusta... —expresaba ilusionada.
Aquella mujer era, nada más y nada menos, que la amante de su novio.
—¿Empezamos? —Kakashi ingresó nuevamente al estudio. Estaba tranquilo y animado.
No obstante, el rostro de Sakura estaba transformado. Sus orbes estaban acuosas y el nudo en su garganta la asfixiaba.
—¡Lo siento...! —salió corriendo, dejando atónitos a Kakashi y Karin.
Sakura no lo soportaba. Era demasiada presión para su corazón.
Los celos y las dudas la invadían...
Matsuri había salido del trabajo y se dirigió directamente al hospital.
Estaba preocupada por Kankuro y quería saber cómo se encontraba.
En su bolso guardó una fotografía de ellos cuando eran niños y un pequeño mensaje.
Caminaba por los pasillos del hospital. La sala de espera estaba colmada de personas ansiosas por el estado de salud de sus familiares.
La angustia era moneda corriente.
Al llegar a la habitación de Kankuro, escucho voces.
—¿Entonces aceptarías mi cita, Tenten? —exclamó con euforia.
—¡Por supuesto! Realmente deseo devolverte el favor y haré lo que me propongas... —reía.
—Nunca le digas eso a un hombre o no tendrá piedad en pedirte lo que sea... —ironizó.
—¡Lo sé, lo sé! —argumentaba la castaña— Mañana vendré a verte. Espero que sigas cuidándote así, Kankuro.
—Pues, soy el Sabaku No más fuerte y guapo. No comprendo porqué deseas intentas tomar el puesto de Temari...
Matsuri chasqueó la lengua.
Ella quiere adueñarse de ustedes...
Segundos después, se topó con Tenten. Matsuri, nerviosa, saludó e ingresó rápidamente a la habitación.
Kankuro se mostraba más animado y sonriente que el día anterior.
—Matsu, creí que me habías abandonado... —bromeaba.
La castaña lo miraba de soslayo e inflaba sus mejillas.
—Por más que quiera abandonarte, no puedo. Siempre volvés... —se sentó junto a él y buscó la fotografía.
Se la entregó y desvió la mirada.
—Podrás quedártela... —espetó.
Kankuro, emocionado, se abrazó a ella y tomó la mano de la castaña, captando su atención.
Nerviosa, Matsuri volteó a verlo.
—Gracias por volver a ser esa chica bonita de la que me enamoré... —expresó en voz baja.
La castaña se ruborizó y quitó su mano.
—No he cambiado, en absoluto... —carraspeó.
—Sí, lo hiciste. Ayer, cuando Tenten estaba aquí—remató el Sabaku No.
Si, ella había huido. Se sentía incómoda y molesta ante la presencia de Tenten.
—Creí que lo mejor era dejarlos a solas...
—Ella no es mi novia, aclaro—los ojos de Kankuro se depositaron en el rostro nervioso de la chica.
—¿Eh? —intentaba desviar la situación.
—Tenten no es mi novia. Sólo eso. No confundas los tantos, Matsu—volvió a afirmar con seriedad.
La castaña no comprendía el afán de Kankuro por explicarle la situación con Tenten.
—Eso no me importa, Kanky —respondió con desinterés.
Kankuro se acomodó en la camilla y suspiró. Él conocía demasiado a Matsuri e intuía de modo acertado al observar las actitudes de las mujeres.
—¿Por qué estás celosa de ella? —inquirió directamente.
Matsuri no sabía cuál sería el concepto de celos. Nunca había experimentado algo semejante.
¿Cuál sería la respuesta correcta?
Shikamaru había regresado a su trabajo.
Su licencia había caducado y era tiempo de comenzar a llenar su vacío con trabajo.
—¿Estás seguro que te ocuparás de todo esto? —preguntó su jefe, asombrado por el cambio de actitud del Nara.
—¡Por supuesto! —tomó una pila de libros y se dirigió hasta su oficina.
Asuma lo observaba y suspiraba. Él estaba al tanto de su situación amorosa y no sabía de qué manera podía ayudarlo.
No obstante, que él mismo tomara la iniciativa para superar su depresión, era un punto a favor.
Shikamaru caminaba por el pasillo.
Los teléfonos no dejaban de sonar y sus tímpanos sufrían las consecuencias.
De repente, su cuerpo perdió el control de sí mismo, haciendo que cayera al suelo y golpeara su cabeza.
Todo se tornó oscuro.
El agudo sonido le indicó que algo no andaba nada bien...
Los empleados de ese piso corrieron a socorrerlo. Llamaron a la ambulancia de la obra social y les dijeron que el médico iría de inmediato.
Shikamaru se había desplomado y nadie entendía qué estaba sucediendo.
Asuma se había acercado a él y tomó su pulso. Era extrañamente acelerado y eso lo desconcertaba.
—Apenas llegue el médico, despejen el área—indicó y los empleados asintieron.
No despertaba. Shikamaru guardaba muchas cosas en su corazón y el cuerpo paga factura con un precio muy elevado.
Así comienza todo, Shikamaru...
