POV. Christian Grey.

No pude evitar imaginarme a Ana atada a una cama, joder, mi polla hasta se puso dura, últimamente Ana me ha dado muchas erecciones sin darse cuenta, y yo soy el que sufre las consecuencias ¡mierda!

Tengo que admitir que será muy difícil tenerla en mi apartamento, ¿por qué demonios se me ocurrió haberla invitado a vivir conmigo?

Ahora sufriré más, joder, hace mucho tiempo que no tengo sexo, y una chica muy hermosa llamada Ana se quedará en mi apartamento.

¿Podré controlarme?

—¿Entramos? —pregunta Ana sacándome de mis pensamientos.

—Eh... Sí, en-entremos —tartamudeo.

Vamos, Grey, ella no puede leer la mente.

Ana abre la puerta de su casa, digo mansión, y entramos, es muy grande y muy parecida a la casa de mis padres.

—Tengo que hacer las maletas, no llevaré mucha ropa, pero primero tengo que hablar con mis padres —murmura ella.

Tengo miedo a la reacción de sus padres cuando se enteren de que su hija se va a vivir conmigo, un sujeto que conoció hace unos días.

Viéndolo de esa manera si suena de locos, espero que no me maten y tiren mi cuerpo al río. O peor aún, que me corten a mi amigo, joder.

Mínimo me ganaré un puñetazo al decir, «Señor, señora Steele, soy Christian Grey, un sujeto al que Ana conoció en su despedida de soltera y nos hemos hecho muy buenos amigo, ah y ella se va a vivir conmigo a mi apartamento. Pero tranquilos, solo somos amigos, no pasará nada más», sí claro, no pasará nada.

Yo creo que un puñetazo es muy poco para lo que me harán.

—Está bien —susurro.

—Déjame buscar a mis padres —dice y comienza a caminar por la casa.

Mientras tanto yo me siento en un sofá.

A los minutos Ana regresa.

—No he conseguido a mis padres por ningún lado, iré a hacer las maletas ya después hablo con ellos —musita ella encogiéndose de hombros.

—Te acompaño.

Ana sube las escaleras y yo voy detrás de ella, pasamos por el frente de una puerta en donde se escucha claramente unos gemidos y gruñidos.

Ana me mira con los ojos como platos y se sonroja furiosamente.

Joder, ¿quiénes serán esos?

Ana me toma de la mano y me lleva a rastras hacia otra habitación que queda un poco apartada de esta. Cuando entramos puedo ver que es la habitación de ella, pensé que sería algo así de color rosado, pero no, las paredes son azules, y la cama tiene sábanas blancas, lo normal. Es muy grande.

—¿Quiénes eran? —le pregunto a Ana refiriéndome a las personas que se encuentran teniendo sexo al otro lado del pasillo.

—Mis padres —dice con una mueca de asco—. Joder, esto es tan perturbador. Definitivamente tengo muy mala suerte —confiesa tirándose en su cama mientras se tapa la cara con sus manos.

—Tranquila a todos nos ha pasado —murmuro.

El que no haya escuchado a sus padres teniendo sexo se merece un premio.

—Tal vez lo puedas utilizar a tu favor. —Me siento a su lado.

—¿Cómo así? —pregunta ella inquisitiva.

—Puedes decirle que te mudas porque no te gusta escucharlos tener sexo, créeme que te dejaran ir —digo y ella estalla en carcajadas.

¡Qué inteligente!, grita la vocecita interna.

¡Cállate y deja de molestarme!

—Sí, creo que eso servirá —dice limpiándose unas lágrimas.

—¿Siempre haces eso? —pregunto.

—¿Hacer el que? —pregunta ella confundida.

—Llorar mientras ríes.

—Oh, sí, siempre lo he hecho, no lo puedo evitar.

Pues, te ves hermosa. No, mejor no se lo digo, sería como echarle más leña al fuego. Necesito autocontrol, y ella no me lo está poniendo para nada fácil.

—Nunca me ha pasado —murmuro distraído.

—¿Empezamos a empacar? —pregunta levantándose de la cama.

—Oh, claro.

—Ven —exclama y camina hacia una puerta.

Entramos y veo que es un vestidor que está full de ropa.

Es una modelo, ¿qué esperaba?

—¿Te llevarás todo? —pregunto. Es mucha ropa.

—No, solo lo importante —dice encogiéndose de hombros.

Ana busca una maleta y comienza y guardar ropa en una maleta lo suficientemente grande.

Yo busco en algunos cajones, la verdad es que no sé qué estoy buscando, pero me alegro de ser curioso porque encontré el cajón de la ropa interior. Saco unas bragas color rojo sin entrepierna, de solo imaginar a Ana con ellas me da otra erección.

—¿Te llevarás esto? —pregunto levantando las bragas con un dedo.

Veo como Ana abre mucho los ojos y se sonroja, mientras yo la miro divertido.

—Sí —dice evitando mi mirada.

—¿Y esto? —pregunto sacando un sujetador blanco.

—También —dice y continúa guardando ropa.

Sé que está avergonzada, mejor dejo de hacerla sufrir.

—Creo que es todo.

—Qué bueno. Lo siento, pero ya no puedo contenerme más —murmuro y la acorralo contra la pared.

Mis labios chocan con los de ella y nuestras bocas se unen en un apasionado y desesperado beso, como extrañaba sentir esos labios tan suaves y rosados, mis manos viajan hacia su cintura y comienzan a acariciarla lentamente, nuestras lenguas se unen, y la tensión sexual es tan palpable que estoy sudando.

Sus manos van directamente a mi cabello y tiran de él haciéndome gruñir. Bajo mis manos por la parte interna de sus muslos y la levanto haciendo que enrolle sus piernas alrededor de mi cintura.

Nuestros labios siguen su beso, y nuestras lenguas siguen sus movimientos.

Mis manos vuelven a su cintura, y comienzan a subir la camiseta haciendo sentir su suave y cálida piel.

¡Joder, sí! Por lo menos ella no se ha negado, así que lo desea también.

Knock, knock. Knock, knock.

Se escucha como tocan la puerta del vestidor.

—Ana, ¿estás ahí? —pregunta una voz femenina.

—Esto tiene que ser una jodida broma —gruño en sus labios y ella ríe bajito mientras baja sus piernas.

—Sí, mamá, ya voy —dice Ana acomodando su cabello.

Por más que lo intente ocultar no puede, sus labios están hinchados y su respiración irregular.

Y yo, pues, tengo un problema en mis pantalones.

Ana da un suspiro profundo y abre la puerta del vestidor. Su madre entra y abre mucho los ojos al vernos, y los abre más al ver las maletas.

—¿Qué haces? —pregunta confundida.

—Empaco un poco de ropa —responde Ana encogiéndose de hombros.

—Cielo... ¿Dónde...? —habla un hombre entrando pero se calla casi de inmediato. Creo que es su padre.

Y repite el mismo proceso que la madre de Ana.

—¿Qué hacen? —pregunta aturdido.

—Empaco un poco de ropa porque me mudaré.

—¡¿Cómo?! —gritan los dos al unísono.

Ana me mira y aparece una sonrisa traviesa en su rostro. Mmm, ¿Qué estará pensando?

—Es que ya estoy cansada de escucharlos tener sexo.

Veo como la madre de Ana se sonroja, así que de ahí lo sacó a Ana. Y su padre, baja la cabeza avergonzado.

—Miren, sé que ustedes necesitan su espacio, yo también necesito el mío, ya tengo veinte años, y creo que estoy en la edad de irme de mi casa, no pueden tener aquí para siempre —dice Ana como si estuviera hablando con unos niños.

—¿Y a dónde irás? —pregunta su padre.

—Me iré a vivir con Christian —habla Ana y todos voltean a verme a mí. Oh, por favor.

—¿Por qué con él? —pregunta su madre mientras me repasa con la mirada.

—Porque él está buscando un compañero de habitación, así que me ha facilitado las cosas —miente Ana. ¡Descarda!

—Mucho gusto, soy Christian Grey —me presento levantando la mano en forma de saludo.

—Oh, verdad, Christian ellos son mis padres, Ray y Carla Steele —dice Ana tocándose la frente.

—¿Te encuentras bien? —pregunto.

—Creo que me voy a desmayar —susurra Ana.

—¿Cómo? —pregunto.

—Christian, llévame a la cama, por favor —dice con voz apagada.

Oh, santo Dios.

—Eh... Sí, vamos —digo cargando a Ana y luego la llevo a su cama y la recuesto.

—Papá, ¿puedes traerme una pastilla para el dolor de cabeza? —pregunta a su padre.

—Oh... Sí, ya vengo —habla Ray nerviosamente y sale de la habitación.

—Mmm, mamá se me olvidó pedirle a mi padre que me trajera un jugo naranja, ¿me lo puedes traer tú?

—Sí, cariño, ahora vuelvo —dice Carla y sale de la habitación.

Ana lanza un largo suspiro y se vuelve a acostar en la cama, y de la nada comienza a reír. A reír fuertemente.

—¿Qué te pasa? —pregunto confundido.

¿Será que tiene problemas mentales?

—¡Viste! Se la creyeron —dice riendo, pero ahora su rostro se vuelve serio—. Por lo menos todavía estás vivo, tal vez mis padres estén asimilando la situación todavía.

—Sí, sigo vivo, eres una tremenda mentirosa —digo y ella sonríe.

—Lo siento, me entró el pánico.

—Tranquila, ¿ahora qué hacemos?

—Bueno, les diré que me voy si o si —dice encogiéndose de hombros.

En ese momento se escuchan unos pasos afuera y Ana se hace la enferma. Y sus padres entran a la habitación.

—Cariño, aquí está —dice su madre pasándole una pastilla y el vaso de jugo.

—Gracias, mami —dice Ana sonriendo como una niña.

¡Adorable!

—¿Entonces te irás? —pregunta su madre triste.

—Sí —dice Ana entrelazando los dedos.

—Bueno, nosotros no pensamos oponernos, ya tu eres lo bastante mayorcita para tomar tus propias decisiones —dice el padre de Ana mirándome—. Espero que la cuides mientras esté bajo el mismo techo que tú. De todos modos Luke se irá contigo, Ana.

—¡Gracias, papi! —chilla Ana lanzándose a los brazos de Ray.

—Todo para mi princesa.

Yo suspiro profundo.

¡Sí!

Me siento como un niño de cinco años cuando le dan un caramelo.

¡Se irá a vivir conmigo!