All For You

Capítulo 21

"La Aparición de Romeo"

"Yo prometo que serán inmutables lágrimas inocentes"

(N/A, notas de la autora)

-dialogo-

"pensamientos"

"recuerdos (dialogo)"

Narración


Días antes, cuando su padre, el Duque de Grandchester llego a Nueva York y se encontró con él en el hospital después de su desmayo causada por aquella revelación que aún le costaba creer y asimilar. Le ofreció lo que parecía la solución a sus problemas y la llave de su felicidad que se le fue arrebatada aquella noche de invierno, las lágrimas derramadas, el dolor que sintió cuando la soltó mientras su corazón intentaba guardar su calor y el aroma de sus rizos dorados, al mismo tiempo que le pedía que fuera feliz, era una estupidez cuando era él quien deseaba ser parte y causante de su felicidad, pensó también que era un cobarde, como su padre, quien parecía compadecerse de él para que no repitiera el mismo error de dejar ir al amor de su vida como lo hizo él con Eleonor.

Cuando su padre le dijo que iría a ver a Susana y a su madre, este se ofreció ir solo, ya que eso le restaría tensión a la negociación. Al principio Terry quiso negarse y acompañarlo para evitar ser llamado cobarde, no obstante, su padre logro convencerlo de que probablemente su opinión sobre él no cambiaría si asistía a no. Cuando fue la tan esperada visita y después de su última función de aquel día, él se había quedado en el mismo hotel en donde se hospedaba el Duque para esperarlo, hasta que finalmente llego con un rostro impasible, que para el actor fue difícil descifrar si su padre había tenido éxito, causándole ansiedad.

-La señora Marlow acepto el trato-aquello logro sorprender al joven, sin embargo presentía que desde antes aquella señora le preocupaba su situación financiera ya que todas sus esperanzas estaban en el éxito y fama de Susana-La cantidad ofrecida se ajusta adecuadamente a sus necesidades y alguna que otra banalidad-dijo mientras tomaba asiento en uno de los sillones que se encontraba en esa suite-Sin embargo la señorita Susana pidió hablar contigo como única condición-Terry había sentido un hueco en su estómago al escuchar aquella petición, temía que la persona que había arriesgado su vida por él intentara retenerlo en medio de lágrimas, incluso atentar con su vida nuevamente.

-Está bien-acepto mientras intentaba recrear una infinidad de escenarios para lo que le tenía preparado Susana, no obstante, sentía culpa por verla como una amenaza.

Al día siguiente con el nerviosismo latente, se reunió finalmente con la ex actriz, siendo recibido cordialmente por la madre de esta, quien ni siquiera toco el tema de la visita del Duque, parecía conforme y hasta tranquila por aquel trato. Lo llevo hasta la habitación de la rubia para que finalmente pudieran hablar del compromiso que estaba por romperse.

-Hola Susana, buenos días-saludo el castaño al ver la joven en su silla de ruedas enfrente de una mesa.

-Por favor toma asiento Terry-sin contestarle el saludo sonrió levemente pero solo fue cuestión de segundos. El actor al acercarse más, noto el rostro de la joven, se veía seria, tranquila, pero en sus ojos había un vacío, el brillo que había cuando actuaban, ensayaban juntos e incluso cuando siempre lo veía, casi se desvanecía por completo.

-Susana-el remordimiento nuevamente se apoderaba de él, al no ser la joven actriz que él había conocido al entrar a la compañía.

-Solo, por favor, escúchame, sin interrumpir-la rubia respiro hondo para que su voz no saliera entrecortada-No te pedí que vinieras para intentar retenerte, no, sé que en un principio no debí haberlo hecho al haber atentado contra mi vida aquel día, debo de aceptar que estaba enojada, desesperada, asustada, mi vida había cambiado por completo-una lagrima comenzó a surcar su rostro, pero no dejaría que el llanto la interrumpiera-Cuando me cargaste ese día, sentía que eras lo único bueno que me quedaba en la vida, la actuación para mí se había terminado, pero entendí que tenerte a mi lado, de esta manera tan egoísta, nunca conseguiría que fueras feliz, nunca me mirarías como lo hacías con ella-apretó sus labios negándose a pronunciar aquel nombre-No me arrepiento de haberte salvado aquel día, sin embargo, Terry, al quedarte conmigo solo tendría tu lastima y es lo que menos deseo de ti, por eso, ahora no solo te estoy dejando ir, te pido, te suplico, que te vayas-había dicho finalmente y aunque las lágrimas siguieran fluyendo, ella rápidamente las retiro de su rostro-¡Por favor, vete!-dijo en voz alta, pero firme sin mostrarse alterada, logrando que el actor se retirara del lugar, incapaz de decir algo más.

-"Susana, lo siento, por favor, se feliz"-Terry sabía que decirlo en voz alta lastimaría a la rubia, por lo cual esperaba que ese deseo llegara al corazón de la ex actriz.


Pasaron varios días para que la noticia de que el compromiso de Terry y Susana se había roto saliera a la luz, siendo esparcido sobre todo por las revistas de chismes y de las damas que siempre acudían a las funciones de teatro aprovechando el intermedio para intercambiar información, incluso agregando detalles irrelevantes pero que para ellas era un sazonador más a la noticia. Casi la mayoría hablaban de lo aprovechada que había sido Susana en obligarlo en casarse con ella y que era una fortuna que se hubiera librado de ella, aunque hubiera dinero de por medio, la reputación del actor era presidida más por su actuación que por su vida personal, porque después de todo, no fue su culpa el que esa luces cayeran aquel trágico día, agregando que Terry estando soltero y disponible era más atractivo, animando a las jóvenes a asistir a todas sus funciones dejando excelentes ganancias a la compañía teatral. Como él se había prometido, su carrera se estaba levantando de los escombros, hasta que un día, en las oficinas de la compañía Straford un sobre dirigido a Terrence Graham Grandchester había llegado, al ser notificado de ello y al tener aquella invitación entre sus dedos, admirar la excelente y elegante caligrafía con la que estaba escrito su nombre y el sello de la familia conformada por una águila extendiendo sus alas, aquellas palabras resurgieron de sus recuerdos.

"-Si llegas a recibir una invitación y asistes, sabré que la has elegido-"

-"Después de todo decidiste enviarla"-pensó al recordar la foto de aquel periódico en donde vio a ambos rubios, descubrió su identidad e hizo que colapsara a media función.

Totalmente convencido de ir, pidió permiso a la compañía para pedir unos días libres, a pesar de que dudaban en darle aquel permiso en un principio, fue respaldado por los buenos resultados en las últimas funciones, además de que en esa ocasión estaba siendo más responsable al pedir permiso y no irse sin avisar, comprometiéndose a regresar en la fecha indicada. Al ser pocos días, decidieron que todos descansarían y así el Director, Robert Hathaway estudiaría y decidiría la próxima producción al terminar la temporada que le correspondía a Romeo y Julieta.

Llego justamente un día antes a la ciudad de Chicago, pudiendo descansar esa noche, pero despertar horrorizado a causa de aquella pesadilla. Se alisto con su smoking blanco contrastando con su corbata roja, se miró una última vez en el espejo, comprobar que no se veía nervioso, temeroso, si no decidido y determinado por saber lo que realmente estaba sucediendo con su pecosa y finalmente poder ofrecerle un futuro, juntos. Había rentado un automóvil y al darse cuenta en el hotel en el que se hospedaba que la familia Ardley era muy conocida en Chicago, previamente pidió información de cómo llegar a la mansión de Lakewood. Relativamente el camino era sencillo y el lugar sin duda era inconfundible, cuando llego pudo comprobarlo, desde el portal de rosas, hasta el camino en medio del majestuoso jardín y las esculturas que adornaban el camino principal hacia la mansión, la cual sin duda era digna de la burguesía americana.

-El jardinerito no lo hace tan mal-dijo para sí mismo al suponer que la belleza de aquel jardín era obra del joven que lo había invitado.

El personal además de solicitar su invitación se ofreció hacerse cargo de su vehículo como el de los demás invitados. Al entrar finalmente al recinto tuvo que admitir que era deslumbrante, no tenía nada que envidiarle a los castillos en los que él había estado, no había tomado en cuenta lo acaudalada y poderosa era la familia Ardley en Norteamérica. No pudo evitar apretar sus puños al recordar cómo era nombrado en ese entonces Anthony Brower, como el hombre más poderoso del país al ser el Director Ejecutivo del consorcio, aunque se tranquilizó al retomar la razón de aquella fiesta, el señor William Ardley tomaría su lugar nuevamente.

-Por eso dijo que estaba haciéndose cargo mientras su verdadero dueño tomaba el poder-susurro mientras burlonamente sonreía de lado, viendo que la multitud no se había percatado de sus murmuraciones, todos estaban metidos en sus propias conversaciones, pero expectantes a la espera del anfitrión.

-Oh miren, allí esta-alcanzo a escuchar de una dama que trato de hablar de manera moderada pero lo suficiente para que sus acompañantes la escucharan.

Vio como ambos bajaban las escaleras, ella tomada de su brazo mientras intercambiaban una sonrisa que parecía de nervios pero que su encanto natural logro opacar, mientras que él se mostraba orgulloso, honrado y afortunado de escoltarla, mostrando aquella mirada dulce que había visto cuando visitaron el hospital y la vieron de lejos.

-Su acompañante es preciosa, ¿alguien sabe quién es?-argumento otra dama, pero Terry no se quedó esperando la respuesta ya que intento acercarse al perderlos de vista cuando bajaron finalmente las escaleras.

-"Ni siquiera pude hacer eso cuando fui a Chicago"-ese pensamiento recurrió a su mente cuando fue a la ciudad junto a su compañía teatral y no fue posible encontrarse con ella, como le hubiera gustado llevarla de su brazo y proclamar que era ella quien lo inspiraba. Ahora, era él quien tomaba ese lugar, refiriéndose al rubio, quien junto con Candy estaban saludando a su amiga la tímida que iba acompañada de un hombre que no era Archie-"Vaya sorpresa"-no pudo evitar reír por lo hilarante que era ahora la situación amorosa del chico elegante. Cuando estuvo a punto de acercarse y finalmente interceptarlos, varias personas se cruzaron delante de él impidiendo la vista y el paso, cuando finalmente pudo apartarse, ellos se habían ido.

Pasó varios minutos tratando de buscarlos pero no tuvo mucho éxito ante la multitud, hasta que de nuevo los vio caminar, tomados de la mano, logrando paralizarlo y los celos comenzaran apoderarse de él manteniéndolo tenso. Trato de calmarse mientras escuchaba la odiosa voz de Anthony dirigirse a los invitados, finalmente presentaría a la persona a la que estaría a cargo de las empresas. De los celos, paso a la sorpresa al ver a su amigo, al que lo había ayudado en una pelea en las calles de Londres bajar de las escaleras. Intentaba no parpadear al ver que Albert se estaba presentando como el líder del clan, aquel trotamundos, quien había estado trabajando en un zoológico, en realidad era William Albert Ardley quien además era cercano al jardinerito, al ser hermano de su madre.

-"Por eso, me parecían tan parecidos"-recordó la primera impresión que tuvo en aquel bar y la forma en que luchaba contra él, con los puños y con el florete. Aunque de nuevo tuvo ese sentimiento de ser desplazado al notar el cariño que había entre tío y sobrino, había complicidad, orgullo, podría decir que hasta favoritismo, amistad, como la tuvo él con Albert.

Aun siendo presa del asombro y la conmoción fue incapaz de intentar un acercamiento, pensó que tal vez la única manera en que pudiera hacerlo, era primero hablar con Candy a solas, porque después de todo, era un asunto de dos y Anthony no tenía absolutamente nada que ver. Sin embargo no podía despegar su mirada de ellos, al verlos bailar, perdiéndose en la mirada del otro, compartiendo sonrisas.

Ahora, era él quien tomaba ese lugar...

Ver como ambos se sentaban juntos para la elegante y deliciosa cena que se había servido, alejado varias mesas de ellos, mientras veía como compartía algunas palabras con los hermanos Cornwell, quienes se veían contentos por estar a su alrededor, del mismo modo Patty O'Brian, quien estaba cómoda ante aquel circulo, a diferencia de él, que al principio le temía. Observar como Candy reía ante alguna ocurrencia que había dicho Anthony, ver como la hacía feliz, comenzaba cuestionarse la verdadera razón por la cual había sido invitado.

Ahora, era él quien tomaba ese lugar…

La música se hacía presente de nuevo, invitando a la gente a bailar, entre ellos, los rubios, sin embargo una figura conocida por él se hizo presente ante a ellos, abrazándolos como si los conociera.

-"¿Karen?, ¿Qué hace ella aquí y como los conoce?"-no recordaba si Candy alguna vez se lo menciono, en aquel entonces estaba ensimismado, preocupado por su situación con Susana que tal vez no había prestado atención a lo que había dicho su pecosa. Pero le sorprendió de sobremanera que conociera al jardinerito. Vio cómo su co protagonista se alejó de ellos para acercarse a otro joven, pero con una energía diferente e incluso con actitud seductora.

Regreso su vista hacia Candy y Anthony, viendo como el chico elegante se acercaba y de momento un hombre casi de la edad de su padre, el duque, se acercaba al rubio para fundirse en un abrazo y después presentarse ante la rubia. Aquel encuentro no duro mucho, porque se dirigieron a otra dirección y al parecer no tenían la intención de separase como era su idea para poder hablar con la rubia. No obstante trataría de aclarar alguna de sus tantas dudas. Se acercó a la actriz quien platicaba con aquel joven de cabello castaño medio, quien sonreía nervioso y un sonrojo cubría sus mejillas, pero sin duda había sido atrapado por la belleza de Karen, debía admitir que la intérprete de Julieta era hermosa aunque siempre llevaran una relación estrictamente profesional.

-¡Terry!, ¿Qué haces aquí?-cuestiono sorprendida la castaña al ser interceptada por el actor.

-Hola Karen, ¿podríamos hablar un momento?-solicito lamentando por un momento interrumpir el flirteo de la joven.

-De acuerdo, espérame aquí, no tardo-le pidió de forma melosa a Tom mientras le guiñaba el ojo, él asentía intentando mostrarse firme y ya no mostrarse tan cohibido cuando se le acerco minutos antes-Bien Terry, se breve-su actitud cambio al estar alejados de su conquista, además de que aún no estaba del todo contenta con su compañero, aun no le perdonaba que se hubiera escapado un tiempo y que decir de su desmayo, pensó que todos sus esfuerzos se irían a la basura por la inestabilidad del actor.

-¿Cómo es que conoces a Candy y a…?-le fue imposible pronunciar ese nombre cuando tiempo atrás pensaba que estaba muerto.

-¿Te refieres a Anthony?, ah sí, es mi amigo, nos conocimos en Escocia, mi tío lo atendía y fue su mentor, a Candy la conocí en Florida antes del estreno de Romeo y Julieta antes de que me llamaran para remplazar a…tú ya sabes esa historia-argumento lo suficiente pero sin dar muchos detalles.

-¿Lo atendía?-por el periódico sabía que también era médico, por lo cual la parte de que era su mentor lo entendía, pero lo primero, no estaba teniendo sentido-¿Esta, estaba enfermo?-

-Por Dios, no, él es muy sano y el por qué lo atendió, eso no me corresponde contártelo-dijo cruzándose de brazos, era un tema que por respeto al rubio prefería no mencionar por una cuestión de orgullo-Si eso es todo, tengo algo importante que hacer-estaba por irse nuevamente a encontrarse con el guapo joven de ojos castaños cuando su brazo fue detenido por su compañero-¿Ahora qué?-

-¿Por qué no puedes decirlo, acaso es muy importante?-cuestiono pensando que la decisión de ocultar esa información por parte de Karen le parecía ridícula, hasta vengativa.

-Bueno, si tanto quieres saberlo, ¿Por qué no vas y le preguntas?-decía mientras intentaba disimuladamente zafarse del agarre del actor y que nadie los notara-¿Es porque viste que esta con Candy?-fue drástica con la pregunta, pero con ello había logrado que él la soltara aunque se había ganado una mirada de desprecio, pero nunca le había tenido miedo, había respeto entre ellos, pero jamás hubo intimidación-Por los chismes que circulaban, sé la razón por la cual terminaron y sabes lo primero que pensé-lo miro fijamente, altiva y con una postura regia-Que eras un cobarde por no ser capaz de tomar una decisión por ti mismo-aquello fue duro para él actor, porque a final de cuentas, Candy fue quien lo decidió todo y él no había hecho nada para encontrar otra solución, por él mismo, se dejó llevar por las lágrimas y el amor posesivo de Susana, una obsesión que la llevaba a atentar contra su vida y que finalmente conmovió a la pecosa para dejarlo ir, él simplemente acepto, sin pensar que tal vez, solo tal vez Candy deseaba que fuera por ella y no le rompiera el corazón.

Karen lo dejo parado sin esperar que respondiera, había sido una verdad incómoda y cruel. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero cuando pudo aterrizar a la realidad, se mantuvo firme en buscar de nuevo a la pareja y con ello demostrarse a sí mismo que no era ningún cobarde. Cuando finalmente la encontró, vio que estaba por dirigirse a la pista junto con su amigo, divisando que finalmente aquel intruso no estaba cerca de ella, por lo cual debía aprovechar la oportunidad sin embargo tampoco quería involucrar a Albert, quería estar a solas, con ella. Se acercó a uno de los camareros que estaba repartiendo de bebidas a los invitados.

-Disculpa, ¿habrá un lugar en la mansión que me aleje un poco del ruido y pueda hablar más cómodamente?-cuestiono haciendo denotar las risas y el parloteo de la gente que estaba disfrutando de la velada.

-Claro señor, está el balcón principal de la mansión, está subiendo las escaleras y con vista al jardín y a la entrada-explico esperando que fuera el lugar adecuado que el joven deseaba.

-Me parece perfecto, ¿podría pedirte un favor más?-el sirviente asintió atento-¿Podrías pedirle a la señorita Candy White que venga a verme?-fue sacando un billete con una alta denominación como forma de gratificación, sin embargo el camarero se negó.

-Me ofende señor, no hay necesidad de ninguna retribución, yo con gusto le diré a la señorita-Terry no evito reírse, hasta tenía que admitir que el personal que manejaba aquel odioso rubio, era incorruptible-¿Me puede indicar quien es el caballero que la estará esperando?-cuestiono sin importarle el gesto de burla del castaño.

-Por favor no le diga nada, quiero que sea una sorpresa-dijo dándole un par de leves golpes en su hombro y retirarse de allí para dirigirse a aquel lugar donde estaría esperando a su pecosa.

Al llegar aquel lugar, admiro la grandiosa y esplendorosa vista que le regalaba mayormente el jardín, sin embargo, al recordar que el mantenimiento de las rosas lo hacia aquel arrogante intruso, se alejó de la barandilla y quedar arrinconado junto a la puerta, recargando su espalda en la pared. Respiro hondo y con su mano busco la cajetilla de cigarros que había guardado en alguno de los bolsillos, cuando finalmente lo encontró, saco uno, lo puso en sus labios, sin embargo, cuando estuvo a punto de prenderlo, escucho unos pasos. Era ella, saliendo al exterior acercándose a la barandilla, con la intención de esperar a la persona que la había citado. Admiro cada uno de los pasos que ella daba, lo hermosa y deslumbrante que lucía de cerca con ese vestido que hacia resaltar su figura, se percató de lo mucho que había cambiado desde la primera vez que se conocieron, apenas ella estaba dejando de ser una niña para convertirse en todo una señorita. Y ahora, era una preciosa dama que era capaz de robar las miradas, incluyendo la suya, ¿Cómo era posible que la haya dejado ir?. Se acercó lenta y sigilosamente hasta tocar la suave piel de su hombro desnudo provocando una reacción que le atravesó el pecho.

-Ant…-vio como ella se quedó callada en medio de ese nombre, ese nombre que le pidió que ella gritara cuando la obligo a montar ese caballo en Escocia para que finalmente lo superara y que ahora detestaba escucharla nombrarlo con ese tono.


Minutos antes, un rubio junto con sus primos regresaban a la fiesta satisfechos de haber resuelto el problema con los fuegos artificiales, mientras el personal le pedía a la gente que saliera al exterior o acercarse a los grandes ventanales de la mansión. Anthony y los hermanos Cornwell lograron encontrar a Albert quien estaba platicando junto con Patty y la tía Elroy mientras que no más lejos el Capitán Brower platicaba amenamente con el Señor Stevens. No obstante le extraño no ver a la dueña de los preciosos ojos verdes que lo tenían prendado.

-Albert, ¿Dónde está Candy?-pregunto mientras la gente iba saliendo y acercándose a las amplias ventanas de la mansión.

-Anthony, pensé que estaba contigo, ¿no eras tú quien mando un sirviente diciendo que la estaba esperando?-aquella respuesta dejo helado a su sobrino, notando la repentina palidez en su rostro, al igual que los hermanos Cornwell que tenían una mirada nerviosa.

-No, ¿acaso dijo en dónde estaría?-cuestiono rápidamente tratando de no dejarse llevar por ese sentimiento que lo invadió en esa tarde de verano en Escocia, en esta ocasión, seria valiente.

-Si, en el balcón principal-contesto Albert, sin perder un segundo más, Anthony emprendió la carrera sin importar que tanto Albert como la tía Elroy lo llamaran para pedirle una explicación-Chicos, ¿Qué es lo que sucede?-el líder del clan alcanzo a detener a los hermanos Cornwell que estaban a punto de dirigirse al mismo lugar para evitar el choque del gran temperamento que su primo y el arrogante inglés poseían.

-Lo que sucede es…-comenzó a decir dudoso el joven inventor.

-Anthony invito a Terry a la fiesta-sin embargo Archie decidió hablar al no querer perder más el tiempo, viendo como el rostro de su tío mostraba consternación y preocupación, ambos eran personas que apreciaba, sin embargo siendo Anthony su sobrino, el hijo de su adorada hermana, tenía un gran peso. Lo lamentaba por su amigo que conoció en las turbulentas calles de Londres. El grito de admiración de los invitados se hizo presente ante los fuegos artificiales.


Al llegar finalmente al balcón, y aclarar que había sido el culpable de que Terry estaba allí, se quedó atento a cada palabra que decía el actor hacia la rubia, abriendo de nuevo la posibilidad de que Candy pudiera elegir. Después de todo, ¿Cómo podía decir que ella lo había elegido si ni siquiera la posibilidad de estar con Terry era una opción?, cualquiera pensaría que estaba siendo inseguro, pero en realidad quería ser justo con su pecosa, después de todo pensaría en su felicidad pasara lo que pasara, sin importar el dolor que sufriría su corazón. No obstante las dudas y el miedo desaparecieron cuando Candy lo miraban únicamente a él, ella lo amaba sin importar las opciones que tuviera a su alcance. Extendió sus brazos a la espera de que ella llegara, pero al ver que el actor en un arrebato, la tomo del brazo, fue una sensación mil veces peor que cuando alguien arrancaba violentamente sus preciosas rosas. Candy era su rosa más hermosa y más valiosa en su vida, por eso él nunca trato de arrancarla, todo este tiempo la dejo florecer a su ritmo, sin obligarla a hacer algo que ella no quisiera. Por eso al ver como la retenían, fue poseído por la furia mientras se acercaba y finalmente puso mano sobre el brazo del actor, exigiéndole que la soltara, apretándolo fuertemente, sin importarle aquella mirada, llena de ira en un intento por intimidarlo, cuando tiempo atrás le había dejado en claro que no era un enemigo fácil de vencer. Terry finalmente dejo libre a la pecosa y logro que también Anthony lo soltara, teniendo como resultado lo mismo que había visto en sus sueños, ella lanzándose a los brazos del rubio, pero en lugar de una sonrisa, había lágrimas en sus ojos, haciendo que se sintiera terrible por su comportamiento. Los fuegos artificiales finalmente habían terminado.

-Tranquila, estoy contigo-dijo el rubio dulcemente mientras estrechaba a la ojiverde entre sus brazos. Candy poco a poco se tranquilizaba al sentir el calor y el aroma de Anthony invadirla, a pesar de que la confusión asaltaba sus pensamientos, seguía sin comprender porque Anthony había invitado a Terry.

-¿Qué clase de broma o juego es este?-cuestiono el actor al verlos abrazados después de que el mismo rubio le había pedido que viniera y que además supuestamente él no estaba vivo.

-Lo lamento Grandchester, este no es un juego, y anticipadamente me disculpo el que hayas hecho un largo viaje para decirte esto-sin dejar de abrazar a la pecosa se dirigió altivamente hacia el actor sin ningún atisbo de miedo, al contrario, el fuego seguía en su mirada al igual que su determinación-Yo la amo y la amare cada segundo, cada minuto, cada día aun si yo no estoy en este mundo-ambos tanto como el actor como el rubia quedaron atrapados por aquellas palabras, mientras que el corazón de Candy se aceleraba al defender su amor, se aferraba más al cuerpo del rubio, por otro lado Terry aún seguía sin querer aceptar aquello, era como si de nuevo estuviera en esa pesadilla.

-No puede ser, se supone que tú estabas muerto-recurrió a un desesperado argumento ya que el hecho de decirlo no podía afectar la realidad que se negaba a enfrentar.

-Créeme no eres la única persona que hubiera preferido que así fuera-recordó con una sonrisa contrariada, las miradas de odio de Sara y Neal Legan-Y aunque fuera Candy la única que deseara que yo esté vivo, luchare con todas mis fuerzas para que así sea-dijo cruzando su mirada con la rubia mientras le regalaba una sonrisa y secaba cualquier rastro de lágrimas en su rostro.

-¿Entonces porque me pediste que resolviera mi problema con Susana?, ¿Quién te dio el derecho de meterte en mis asuntos?-aquellas preguntas por parte de Terry lograron que Candy siguiera callada, el miedo y la confusión seguían invadiendo su corazón.

-"¿Por qué lo hizo?, ¿Qué era lo que pretendía hacer?, ¿Acaso…?"-no se atrevía a formular a aquella pregunta cuando las piezas comenzaban a encajar, su encuentro con el actor fue planeado por una sola razón. Otra lágrima descendió mientras aflojaba su abrazo del rubio, quien al darse cuenta de esa reacción, el dolor comenzó invadirlo-Anthony…¿Cómo, porque?-solo se sintió capaz de preguntar de nuevo separándose unos centímetros de él.

-Candy…yo-el rubio intento tomar uno de sus hombros pero inesperadamente un fuerte golpe en su rostro lo alejo más de ella dejándolo en el piso.

-¡Anthony!-grito la pecosa y a pesar de que aún estaba desconcertada a la espera de una explicación, se acercó al ojiazul, preocupada viendo como él se enderezaba con el labio sangrando.

-Que digno de tu parte atacar cuando estoy distraído-cuando finalmente estuvo de pie y se limpió la sangre con el pañuelo que tenía su traje, se quitó su saco y lo puso sobre los hombros de la rubia quien lo miraba preocupada.

-Por favor Anthony-suplicaba conociendo lo violento que era el actor cuando se enfadaba y su vasta experiencia con las peleas callejeras.

-No me pasara nada, lo prometo y tampoco pienso dejarlo moribundo-dijo con una leve sonrisa tratando de mantener el humor, desconcertando a la joven por la seguridad que tenía el rubio-Bien, seré benevolente contigo y no acabare con tu carrera de actor destrozándote la cara-decía mientras se arremangaba la camisa y Terry lo imitaba aunque dejando su saco en la barandilla.

-Estoy seguro que en esta ocasión no será tan sencillo como en aquel bar-menciono su primer encuentro en el Bob´s Saloon tomando en cuenta que en ese entonces él estaba en estado etílico.

-Ojala no seas tan patético como en ese entonces-respondió burlesco el joven como si el golpe anterior no le hubiera afectado en nada y asegurándose que fuera el único que recibirá del actor. Se puso en la posición principal que su padre le había enseñado, con la cual empezaba su entrenamiento y también había ganado varias peleas en la facultad.

Terry se acercó rápidamente extendiendo su puño izquierdo en un intento por sorprender el rubio pero él hábilmente lo esquivo, siguieron otros más pero todos y cada uno de ellos fueron esquivados con ágiles fintas, cuando estuvo a punto de reclamarle por un ataque, sintió una fuerte opresión en su estómago que hizo que se elevara ligeramente del piso dejándolo sin aire por unos segundos, mientras se recuperaba intentaba golpear nuevamente al ojiazul,pero a la falta de precisión recibió otro golpe, de nuevo un gancho en el hígado como esa primera vez, sin embargo, había mas fuerza en su golpe agregando más dolor del que ya tenía en su estómago haciendo que se arrodillara en el piso y aunque intentaba levantarse, el dolor hacia que perdiera el equilibrio, comenzando a toser y forzando a sus pulmones a tomar aire.

-Al menos aguantaste más de uno-dijo Anthony cerca de él, asegurándose que Terry fuera el único que lo escuchara.

-No cantes victoria-decía con dificultad, su orgullo también estaba siendo herido, al estar siendo vencido por él que alguna vez dijo que era débil y flaco. Candy lo retrataba demasiado noble, incluso delicado y frágil, cuando en realidad en su mirada y en la fuerza de sus puños había una tormenta.

-Me temo que mientras tú dedicabas tu tiempo en ensayos, yo entrenaba, así que no hagas esto más humillante para ti-Anthony menciono como si intentara detener la pelea por el bien del actor, sin embargo este nunca se había sentido más que humillado una vez más por esa mirada burlona y arrogante.

-Eres un…-cuando finalmente pudo levantarse y tenía la clara intención de lanzarse de nuevo a golpes hacia él, una fuerza en su espalda lo detuvo inmovilizando sus brazos.

-¡Terry, basta!-la voz de Albert se hizo presente en aquel balcón mientras sostenía fuertemente al actor.

-Suéltame, Albert, un mentiroso y mal amigo como tú no tiene derecho de meterse en esto, no tienes que defender a tu apreciado sobrino-decía mientras intentaba zafarse sin darse cuenta del público que habían atraído. Desde los hermanos Cornwell que se habían acercado a ver el estado de Anthony al igual que Candy, hasta la tía Elroy acompañada de Patty, el capitán Brower admirando que su hijo no se dejara llevar por la ira y estaba siendo mesurado, sabia lo peligroso que era que reprimiera aquellos sentimientos negativos y el enseñarle el boxeo le había ayudado a desahogar todos esos pensamientos. Los Stevens junto con Karen, viendo como su co-protagonista estaba siendo detenido, ella sabía que su estúpido temperamento no lo llevaría a ningún lado, se alegraba que su amigo fuera quien lo pusiera en su lugar.

-Bien sabes que él puede destrozarte si se lo propone, solo estoy evitando que lo provoques-Albert sabía de antemano de lo que era capaz su sobrino desde que vio como había dejado inconsciente a Terry en aquel bar, del entrenamiento que llevaba diariamente y de las enseñanzas de su cuñado, quien en su juventud también fue un excelente boxeador. El actor comenzó a calmarse al darse cuenta que estaba dando un espectáculo y él único que quedaba bien parado era el rubio, quien ya no lo miraba de forma burlesca, si no con una mirada seria y decisiva. Terry había perdido, aun antes de que él diera ese primer golpe y poco a poco comenzaba a aceptarlo-Ven conmigo-después de soltarlo Albert lo tomo del brazo para alejarlo del balcón a pesar de que eran seguidos por varias miradas.

-Siempre supe que no era rival para ti-comento en tono burlón Archie aunque el semblante de su primo permanecía igual.

-La fiesta está por terminar, nosotros nos encargaremos de los invitados-argumento Stear viendo que era necesario que la pareja de rubios se quedara a solas. Los espectadores que habían visto lo último de la pelea entendieron la petición de los hermanos Cornwell y también se retiraron.

-Anthony-la ojiverde lo llamo para que finalmente pudiera darle las respuestas a las constantes preguntas que había hecho y que el golpe de Terry había interrumpido.

-Sera mejor que vayamos a tu habitación-dijo tomando su mano y sin darle tiempo para que la rubia dijera algo más llegaron a la alcoba de la joven, haciendo que ambos se sentaran en uno de los sillones de su sala.

-Tu labio, ¿Cómo sigue, aun te duele?-pregunto al tenerlo de frente y tocarle su rostro a lo cual, Anthony cerro sus ojos tomando aquella mano para después besar su palma.

-Estoy bien, me aliviare pronto-con su mano aun tomada la bajo, mirándola por un momento antes de poder comenzar-Sé que aun te preguntas él porque lo invite y tengo dos razones. La primera fue porque yo no tenía idea de lo que sentías por mi hasta hace poco, esa vez en el hospital, cuando me contaste lo que realmente había pasado con Terry, el dolor de su despedida, la injusticia, las lágrimas, pensé que tenías sentimientos por él-Candy quería aclararle que era porque en ese entonces estaba confundida, pero no podía decirle que era porque él no la recordaba y el saber que esos hermosos recuerdos que para ella eran valiosos para él nunca existieron-Por eso, unos meses antes me encontré con él con el propósito de regresarlo a ti, si con eso te hacia feliz…-la ojiverde no dejo que terminara ya que se había lanzado a sus brazos con lágrimas en sus ojos.

-¡No! Es a ti a quien quiero, por favor nunca pienses lo contrario-se aferraba más al abrazo, haciendo que el corazón del ojiazul saltara de alegría, mientras él la estrechaba entre sus brazos.

-Perdóname, por dudar y por lo que aún me falta por decirte-dijo, siendo aquellas últimas palabras lo que causaron que Candy lo soltara para mirarse de nuevo frente a frente.

-¿Y qué es?-cuestiono mientras la incertidumbre la invadía.

-La segunda razón, sin embargo necesito que vayamos a un lugar para poder decírtelo-menciono dejando a la ojiverde aun con más dudas.

-¿A dónde?, ¿puede ser ahora?-pregunto ansiosa por querer saber qué era lo que ocultaba Anthony y que no le permitía que él quitara aquella mirada de tristeza a pesar de la sonrisa que contrastaba su semblante.

-Mañana, temprano-dijo mientras acariciaba el cabello cerca de su frente para después depositar un beso en el y otro en sus labios, delicado y cortó ya que aún le dolía la herida provocada por el actor.


Mientras los invitados se retiraban de la fiesta, Dorothy fue requerida para llevar algo de té a una de las habitaciones de huéspedes. Al llegar se encontró tanto con el recién presentado líder del clan y otro caballero de porte elegante, al escuchar que se trataba de Terry, el joven que anteriormente le había mencionado su amiga, tuvo que admitir que era apuesto, sin embargo su preferencia hacia el joven amo hizo que reafirmara su apoyo por la pareja de rubios.

-No tenía idea de que vendrías-menciono Albert cuando la joven mucama se retiró del lugar.

-Ni yo de que en realidad eras el líder de un clan tan poderoso, ¿Cómo debo llamarte ahora, Sr. William, Sr. Ardley?- pregunto con ironía pero denotando aun su molestia.

-Sigo y seguiré siendo el Albert que tú conoces, ¿Sabes porque me agradaste desde un principio?, porque éramos parecidos, no queríamos depender o que nos reconocieran por nuestros apellidos, un par de rebeldes-dijo con una sonrisa logrando que el castaño lo reconociera.

-Pero él es tu sobrino y es lógico que lo prefieras a él, que todos lo prefieran-dijo elevando su voz a modo de reproche, sabía que había perdido, aunque también pensaba que lo había hecho cuando tenía esa desventaja.

-Creo que aun te falta por conocerlo, pienso que en otra circunstancia te hubieras llevado muy bien con él-menciono Albert, pero lo único que logro fue que el actor se riera incrédulo-Te habrás dado cuenta, que él es diferente a los jóvenes de la alta sociedad, diferente a Neal, incluso diferente a Stear y a Archie-aquella observación había dado justo en la primera impresión que tuvo Terry al conocer al joven rubio y retomando aquella mirada que le dirigió minutos antes-Y también es diferente a ti-fueron esas palabras, lo que hicieron que reconociera algo que siempre estuvo enfrente y siempre se negaba aceptar, incluso intentar que Candy pensara de la misma forma.

-"Son aquellas diferencias lo que hacen que ella lo elija a él"-pensó, recordando la manera en que ella los comparaba siempre, prefiriendo más lo que pudo haber hecho el rubio, quien a pesar de que pensaba que estaba muerto, él seguía ganando una y otra vez. Por eso, ese primer beso forzado, para él era una victoria, que aunque siguiera mencionando a Anthony, ni él, ni nadie más le podía ganar.

-Mejor descansa y si aún soy merecedor de tu amistad, te contare toda mi historia mañana-argumento Albert al ver como Terry se había quedado pensativo, sabía que seguía con el dedo en renglón con respecto a Anthony, y conociéndolo, duraría un tiempo así.


Estaba a punto de amanecer y Candy no había podido dormir bien. Anthony no se había quedado con ella, porque tenía miedo de que alguna manera la tía abuela se enterara, y ella quería mantener las cosas en calma cuando parecía que estaba aceptando su relación. Atribuyo que esa era una de las cosas por la cual no pudo dormir además de la incertidumbre que le había dejado el rubio por aquello que le faltaba por decir, tenía miedo, pero una parte de ella quería confiar y aferrarse al amor que le tenía. Se imaginaba una infinidad de posibilidades, pero ninguna parecía encajar con su situación. Resignada se levantó de su cama y se puso un vestido sencillo color rosa pálido, con un cárdigan color crema, ya que la mañana era fresca pero no gélida. Al salir de su habitación fue invadida por la sorpresa al encontrarse con el dueño de aquellos ojos que la hacían delirar y perderse en ellos.

-Anthony, ¿Cuánto llevas aquí?-pregunto temiendo que llevara más tiempo él sin poder dormir y ansioso de esperarla a que ella en algún momento saliera.

-En realidad muy poco, algo me decía que saldrías pronto y aquí estoy-respondió mientras extendía sus brazos a lo cual ella rápidamente se estaciono en ellos, y aunque habían pasado horas, extrañaba mucho sentir su calor, el sonido de su corazón latiendo.

-Llévame, a ese lugar-argumento la rubia mientras lo soltaba, a lo cual él respondió asintiendo.

Al salir tomaron sus bicicletas y el rubio fue guiándola por un camino el cual los alejaba de la mansión por algunos kilómetros. El sol comenzaba hacer su aparición cuando en algunos metros reconoció un pequeño quiosco en donde ella fue presentada en la cacera anual de zorros. Con temor e intriga miro a Anthony esperando si él diría o explicaría algo, pero nada, siguieron alejándose un poco más hasta que se detuvieron, haciendo que ambos dejaran sus bicicletas cerca de un árbol. El rubio siguió caminando, mientras que la rubia reconocía a lo lejos aquella colina que era parecida a la que estaba en el hogar de Pony, comenzaba a sentir que el aire le faltaba y las lágrimas nublaban su vista, pero Anthony, seguía sin decir ninguna palabra. Hasta que se detuvo, justo en aquel lugar en donde lo llamo tantas veces y él nunca respondió, en donde sintió que algo afiliado atravesaba su corazón y que nada, ni nadie, nunca más podría sanar aquella herida.

-Anthony, aquí…-los labios de Candy comenzaron a temblar mientras una lagrima surcaba su rostro, el rubio seguía dándole la espalda.

-Es aquí donde todo parecía terminar, cuando en realidad es donde inicio todo-finalmente la miro de frente, tomando sus dos manos en un intento de que ella se tranquilizara y darle entender que él estaba allí-Candy, quiero que me escuches atentamente hasta el final-era su manera gentil de pedirle que no hubiera alguna interrupción además de que necesitaba explicarle con sus propias palabras todo lo que había estado guardando-Como te había dicho, cuando vi tus ojos, esa primera vez, me sentí atrapado, sin embargo escucharte llorar en el portal, hizo que un insoportable dolor naciera en mi pecho-la rubia al principio no entendió porque se refería a ese lugar.

Cuando de repente te calmas

Y te apoya en mí

Puedo sentir tú todo, todo

-Pero al escuchar tu risa, un gran alivio llego a mi corazón y aunque me tuve que ir, deseaba con todas mis fuerzas volverte a ver, fue cuando llegaste a la mansión cuando estaba totalmente decidido a estar a tu lado-Candy lo miraba sin poder creerlo y aunque tenía deseo de preguntarle, también lo tenía por seguir escuchando-Por primera vez creí en el destino, aunque me sentía impotente por la vida que llevabas en la mansión de los Legan, fue cuando quise además de traerte alegría a tu vida, que fueras aceptada en la familia Ardley, por eso le mande la carta al tío abuelo-las lágrimas y las sonrisas se hacían más abundantes en el rostro de la rubia, aunque por momentos temía que fuera un simple sueño.

Mis ojos están llenos de ti

Te haces aún más clara

Mientras lentamente te extiendes sobre mí

-Mis sentimientos por ti crecían día con día, hasta que de alguna manera pude expresarlo creando la Dulce Candy, pero cuando te iban a mandar a México me sentí un inútil, ¿de qué me servía pertenecer a una familia prestigiosa si no podía proteger a la persona que amaba?- Candy se emocionaba cada vez más con las palabras que salían de los labios del ojiazul, aunque seguía sin entender como y desde cuando tenía esos recuerdos-Pero tuve el propósito de irte a buscar, no importaba cuanto tiempo me llevaría hasta encontrarte-

Cuando llego la noche fría

En caso de que te alejaras

-Ese día que salí al portal con esa promesa en mi mente, el destino me hizo que recobrara la alegría, habías llegado sana y salva a Lakewood, ni siquiera quise preguntar cómo, ni porque, con el simple hecho de tenerte entre mis brazos fue suficiente y por si fuera poco, fuiste aceptada como miembro de los Ardley, ¿Qué otra cosa podría pedirle a la vida, si siempre te tendría cerca?, además de que fuiste lo suficiente valiente para decirme que te gustaba por ser Anthony-ambos compartieron una leve sonrisa.

Escondí mis sentimientos

Pero abrazaste mi corazón

Cuando te miro a los ojos

-Fui un cobarde, un tonto por no decirte lo que sentía, porque quería hacerlo de una manera especial, porque mi sueño ha sido compartir mi vida contigo y quería que cada momento que tuviéramos fuera especial-el joven soltó una de las manos de la joven, haciendo que ella se asustara por un momento, pero observo como él sacaba un objeto de su bolsillo, con su mano cerrada extendió su brazo hasta finalmente la abrió, dejando ver una moneda que de inmediato reconoció la joven e hizo que con su mano libre atrapar un leve sollozo.

Algún día, como ese momento

Que se sintió como una eternidad

Ven a mí como si fuera una coincidencia

-Gastar sin comprar nada, fue uno de los días más hermosos que pase a tu lado, deseaba con tantas fuerzas que fuera así, siempre, hasta que llego ese día, pensando que fue un castigo por codiciar algo tan bello, que fui un torpe, un arrogante por dejarlo escapar por una torpeza al caerme del caballo-Candy deseaba decirle que nunca fue su culpa, que como siempre se ha sabido fue un accidente, un accidente que no deseaba volver a repetir.

Quédate conmigo para siempre

Ven a mí como el destino y quédate conmigo

-Cuando caí, no podía moverme, pero si podía escucharte, tu voz hacia que me aferrara a seguir intentándolo, deseando ver tus ojos, escucharte reír, prometerle al cielo que lucharía sin descanso hasta que fueras feliz, mi corazón siguió latiendo con tal de poder cumplir esa promesa, sin importar si era yo o alguien más la persona con la que pasarías el resto de tu vida-

Mis ojos están llenos de ti

Entonces no te desvanecerás

Siento que todo tú eres yo

-Al despertar, me encontraba rumbo a Escocia con mi padre, ya no estaba tu lado y al parecer mi futuro ya estaba definido con mi supuesta muerte, mi propio padre tuvo que ver por mí antes de que los Ardley decidieran enclaustrarme en un hospital-

El calor se dispersa

Te estoy siguiendo como si estuviera soñando

-Candy, en ningún momento deje de pensar en ti-Anthony vio como el rostro de la rubia palidecía al escuchar finalmente aquel secreto que venía arrastrando desde su regreso-Pero no podía regresar por ti, no podía ni siquiera enviarte una carta, estando en el colegio en Londres te tenían vigilada y aunque ansiaba cada día ir hacia ti, no podía, no en el estado en el que estaba, primero tenía que recuperarme, pero cuando lo hice, entendí que era muy tarde para mí-el recuerdo de ese verano en Escocia se presentó de nuevo, cuando los vio junto al lago, sentados a un lado del otro.

En este lugar donde podemos tocar el mundo

Todavía sigo a tu lado

Cuando te miro a los ojos

-No tenía sentido que yo regresara a tu vida, estaba tan sumergido en esa idea, de que el recuerdo de mi partida no te atormentaba y que finalmente estabas por conseguir la felicidad, no me atrevía a irrumpir en ella, si tenía que mantenerme en las sombras para que fueras feliz, lo haría, aunque me dolería, el precio lo vale-Candy no podía entender porque Anthony pensaba de esa manera cuando ella seguía pensando en él desde que se fue hasta ese momento y sabía que lo haría toda su vida.

Algún día, como ese momento

Que se sintió como una eternidad

Ven a mí como si fuera una coincidencia

-Aunque debo de admitir que fue muy egoísta de mi parte alejarme, que trataría de sanarme estando lejos de ti, evitar que mis ojos te vieran con él y no tener que fingir que estaba bien, hay cosas en las que no puedo ser valiente, por eso me dedique de lleno a otras cosas, pero aun así, siempre pensaba en ti-Candy no podía creer hasta qué punto las cosas se habían torcido para evitar que ellos dos estuvieran juntos, quería culpar a los Ardley, a ella misma e incluso culpar a Anthony.

Así que quédate conmigo para siempre

Ven a mí como el destino y quédate conmigo

-Cuando pensé que ya no estaría ligado con los Ardley, que continuaría con mi camino como médico y que tú serias feliz al lado de Terry, fue cuando me pidieron que regresara, acepte con la posibilidad de que no te vería porque estarías en Nueva York y así no sabrías de mi regreso-la rubia sentía que ya no podía escuchar más, aparentemente todos habían planeado su vida y nada había resultado, lo que sentía en su corazón tampoco podía planearse.

Todos mis momentos dolorosos

Ahora están llenos de ti

Soportare esto solo

Mientras te espero

-Pero el destino de nuevo me dio una lección, cuando te vi en la enfermería de la estación de trenes, ver que ya no eras la niña que vi por primera vez en el portal y tampoco con la que di ese paseo, pero que aun así era la dueña de mi corazón, cuando te cargue, tenerte de nuevo entre mis brazos sentí que algo dentro de mí se llenaba, era una emoción tan grande que pensé que no podía controlarme, sin embargo, cuando delirabas repetías su nombre, fue por eso, que cuando abriste tus ojos y de la manera más cobarde, tomando la vía mas fácil te dije que no te recordaba-la rubia se soltó finalmente, reacción que Anthony esperaba, pero que aun así no soportaba.

Algún día, como ese momento

Que se sintió como una eternidad

Ven a mí como si fuera una coincidencia

-Todo este tiempo…tú-Candy no pudo soportar más y se quebró en llanto, ocultando su rostro con ambas manos, le dolía recordar aquel día en el que le dijeron de su supuesta muerte, su corazón hecho trizas, ahora al estar consciente de que todo fue una mentira y que además Anthony estaba dispuesto a mantenerla mientras que ella se ahogaba en un constante sufrimiento, regresar y decir que no la recordaba haciendo que se atormentara por ello, intentar unirla de nuevo con Terry. Cuando Anthony estuvo a punto de tomarla del hombro-No puedo estar…aquí…un segundo más-alterada, con la respiración agitada y lágrimas desbordando sus ojos fue dando un par de pasos hacia atrás-Por favor, no me sigas-dijo antes de caminar rápidamente para tomar su bicicleta y regresar a la mansión, con la intención de huir lo más lejos de allí y de Anthony.

Así que quédate conmigo para siempre

Ven a mí como el destino y quédate conmigo

Una lagrima surco el rostro del rubio, con un dolor insoportable en su corazón dejo que Candy se alejara de él, dejando que admitiera su error, su culpa y ahora sufrir por su castigo.


Annie estaba en la puerta principal de Lakewood despidiendo a Adam quien ya tenía un carruaje esperando para llevarlo de nuevo a la ciudad.

-Lamento no quedarme más tiempo, pero tengo programada una cirugía importante-decía mientras tomaba una de las delicadas manos de la pelinegra.

-Descuida, me alegro que hayas podido acompañarme-respondió ella habiendo disfrutado de su compañía la noche anterior y que pudieron aceptar quedarse esa noche hospedados en la mansión.

-Para mí siempre va ser un placer-dijo para después besar su mejilla y alejarse de ella para subirse al carruaje-¿Te parece si nos vemos pasado mañana para almorzar?-pregunto sonriente antes de abordar.

-Claro, te estaré esperando, que tengas buen viaje-se despidió agitando su mano mientras veía como se subía y respondía de la misma manera mientras se asomaba por la ventana hasta que le carruaje tomo rumbo hacia la salida.

-Parece un tipo agradable después de todo-aquella voz hizo que la pelinegra respingara, no solo porque esperaba que no hubiera nadie por ser tan temprano, sino que además se tratara de alguien con el que hace mucho no hablaba.

-Archie, buenos días-sin embargo ella respondió mostrándose cordial y serena.

-Annie, sabes, hay algo que quiero decirte…-no pudo terminar de hablar porque ambos escucharon como una bicicleta caía al piso y una joven de cabellos rubios subía las escaleras de la entrada velozmente y con los ojos enrojecidos.

-¡Candy!-la pelinegra fue la primera en hablarle, acercándose rápidamente a ella tomándola del brazo ya estando adentro de la mansión. La joven enfermera giro su rostro y al cruzar su mirada con ella, se lanzó a sus brazos en un mar de lágrimas-¿Qué sucede?-pregunto mientras Archie se acercaba para averiguar qué era lo causaba el llanto de la joven.

-¡Oh Annie!, ¿Por qué hizo que yo creyera todo eso, porque?-Annie la seguía abrazando, ella levanto su mirada y pudo ver que el menor de los Cornwell, él que siempre lo supo todo, estaba allí-Tú también lo sabias, ¿Por qué dejaste que pasara esto? ¿Por qué no me dijiste nada?-la voz de Candy había llamado la atención de la gente que se hospedaba en la mansión sobre todo el de la tía abuela.

-Candice-la voz de la tía Elroy resonó en el lugar logrando que la rubia la mirara, esperando una reprimenda-Por favor, espera en el estudio, señorita Britter, por favor acompáñela-la pelinegra asintió sin soltar a su amiga-William, creo que llego el momento que también estabas esperando-dijo la matriarca dirigiendo su mirada hacia su sobrino, quien lamentaba la situación pero sabía lo inevitable que era.

-Archie por favor trae contigo lo que te encargue-el chico elegante asintió determinado por lo que estaba a punto de suceder-Vincent, de igual forma tu por favor-se dirigió después con el capitán Brower, quien estaba también enterado del plan y por el cual también había accedido regresar a Lakewood.

Minutos más tarde Candy se sintió más tranquila mientras Annie intentaba confortarla, hasta que llegaron Albert, la tía Elroy, Archie, Stear y Vincent Brower al estudio.

-Por lo visto, Anthony ya te lo dijo-menciono Albert, logrando únicamente que Candy mostrara una mirada mezclada de indignación y tristeza al ver que eran varios que sabían ese secreto-Entonces llego nuestro turno-la última fase de su plan maestro estaba por iniciar.

-¿A qué se refieren?-se atrevió finalmente a preguntar la rubia, cuando vio que tanto Vincent como Archie se acercaban a ella, cada uno con una pila de cartas atadas en un listón.

-Respuestas-dijo finalmente el chico elegante, mientras ambos caballeros le extendía las cartas, observando que era la correspondencia que Archie y Anthony habían intercambiado esos últimos años-Como son cartas que recibí tienes mi permiso, y como las de Anthony las escribí yo, también tienes permiso-dijo en un intento por aligerar el ambiente y animar a la joven leer la primera que al parecer era de Archie dirigida hacia su primo-Ya te lo había dicho, hay historias que Anthony no se atreve a contarte-

CONTINUARA…


Hola.

De nuevo el drama invade sus pantallas. Me costo varias lagrimas escribir este capitulo y por lo que se, todavia derramare unas cuantas mas, pero por esto no se desanimen por favor, saben que esto es la esencia que tiene Candy Candy, pero a diferencia de la obra original les prometo un hermoso final feliz, así que por favor ¡no me abandonen! :(

Pero aun así, ¿que les pareció?, ¿se imaginaban esa reacción?, ¿humille demasiado a Terry o creen que fui justa? ¿Que esperan de las cartas?

Muchas gracias por sus comentarios, su apoyo y su paciencia. Les tengo ademas un pequeño incentivo, es Septiembre y ya saben quien cumple años este mes, asi es, asi que no puedo dejar a mi protagonista en este estado, así que me esforzare para darle un regalo a él y a ustedes, asi que esperenlo ansiosamente.

Songfic: But it's Destiny - 10cm

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Cuídense mucho y hasta la próxima.

#Quedateencasa

Besitos.