Yuri on ice no me pertenece es de Kubo, esta obra esta hecha por una fan para fans con el fin de entretener.
Capitulo 31. FEROMONAS FUERA DE CONTROL
—Esta faja es para la espalda baja y esta otra para la espalda alta. Ya estás entrando al tercer trimestre, debe dolerte aquí— me tocó la parte alta de la columna y sentí tan agradable. Chris se rió. –Todos los embarazados necesitan masajes, te voy derivar al área de terapia física. Vas a ir a que te consientan, no te preocupes por tu calentura, solo es cuestión de ponerte un desodorante adecuado, además pediré que te atienda una mujer beta ¿Más tranquilo?— preguntó.
—Sí, gracias.
—Además para tu descanso nocturno te recomiendo que empieces a usar una almohada para embarazados si es que aún no la tienes...
—No, no tengo. Vi una en el centro comercial pero es enorme y costosa.
—Yo vendo, tengo fajas como estas, almohadas para embarazo y lactancia.
—Y... ¿Cuestan mucho?— pregunté con miedo, tengo ahorros pero no quiero que se me agoten antes que nazca mi bebé. Eso me recuerda que tengo que hablar con la asistenta social para empezar un plan de abonos para el parto.
—No, aunque puedo dártela en partes. Esta fajas y el soporte para la espalda alta los traje para ti. Son muestras que me dejaron, así que no te los voy a cobrar si me prometes que cuando tengas a tu cachorro se lo pasarás a otros panzones que lo necesiten.
—Lo prometo— dije con una sonrisa.
—En cuanto a la almohada... cuestan 75 euros, la verdad no manejo todavía el cambio en yenes.
—Eso es... más de diez mil yenes...— suspiré triste. Es más de lo que tenía pensado gastar en mí, debo empezar a comprarle ropitas a mi cachorro en estas semanas, apenas tengo unas cositas... creo que casi todo va a ser de segunda mano.
—Aunque... tengo una que no es nueva. La usaba para demostraciones cuando empecé a venderlas, solo que para que no ocupe espacio le quité el relleno pero no he tenido el tiempo para ir a comprarlo. No sé dónde venden ese relleno antialérgico.
—Yo sé dónde lo venden, hago muñequitos de fieltro para mi trabajo— le sonreí. –A todo esto, no te imagino vendiendo almohadas para embarazo— me parecía que un beta seductor como él no es del tipo de hombre que se dedique a estas cosas.
—Mi vida es una larga lista de cosas inimaginables— suspiró. –Antes de estudiar medicina era psicólogo pero la carrera no me llenaba, quería aprender más cosas. En esa época vendía pruebas de psicología, tenía una consulta virtual en una página francesa. Luego me fui a Rusia y acabé viviendo cuatro años junto al alpha más loco del mundo. Y vendía ropa deportiva— soltó una carcajada. Quería preguntarle si ese alfa del que habla es Viktor pero me contuve. –Hace un año me alistaba para unirme a médicos sin fronteras pero todo cambió y aquí estoy. En un hospital pequeño de Japón, vendiendo fajas y almohadas para omegas embarazados. Y no es que lo necesite mucho pero es divertido. Me gusta conocer gente, hacer amigos y vender cosas, deberías probar, deja un buen dinero.
—¿En serio?
—Sobre todo las cosas ilegales— me guiñó un ojo y abrí la boca de la sorpresa, eso lo hizo reír más. –No te preocupes que de esas no te voy a ofrecer. ¿En qué trabajas Yuuri?
—Yo... yo no trabajo por el momento. Soy profesor de pre escolar, trabajaba en la guardería municipal pero después de una caída que tuve me mandaron a descanso indefinido y dejé mi empleo.
—Pero además de enseñar ¿Que sabes hacer?
—Bueno... pues muy poco. Tengo destreza manual... ¡Para hacer artesanías!— me corregí cuando empezó a mirarme raro. –Hago adornos, decorados... ornamentos para fiestas de todo tipo aunque nunca he cobrado por ello. Siempre lo hice para mis amigos o vecinos.
—Es un talento que puedes aprovechar. ¿Sabes cuánto cuestan las Candy bar? Una vez hice un luau en San Petersburgo y me costó 70 mil rublos... eso es...
—140 mil yenes— dije sin fijarme mucho pues pasar de rublos a yenes y viceversa era uno de mis pasatiempos.
—Pues creo que tienes más talento para calcular conversión de monedas— se rio. –Voy a hacer una fiesta pronto, es para el cumpleaños de un omega con el que estoy saliendo, nada formal pero creo que le va a gustar. Quiero llenar la casa, que no es mía, de esos pequeños detalles japoneses, sombrillas, abanicos, pantallas, muñequitas en yukata. Todas esas pequeñas cositas orientales tan bonitas. Me pregunto si... ¿Y si te cambio una de mis hermosas almohadas anatómicas Lullando de 2 metros de largo, con un cojín extra para lactancia, por una Candy bar japonesa? Igual pienso gastarme unos... 100 euros en esa decoración... ¿Qué dices?
—¿Es en serio?
—Totalmente, falta casi un mes para la fiesta ¿Me ayudas?
—Claro que sí— dije sonriendo. Voy a tener una de esas hermosas almohadas para poder dormir en las noches sin tener que meterme cojines entre las rodillas y acomodar mi dakimakura de Levi debajo de mi panza.
—Ahora vamos a que te den ese masaje que estás necesitando.
Fue relajante, me doy cuenta que necesito más de estos tratamientos, me hacen sentir tan bien.
Ya era de noche cuando los bochornos empezaron a sentirse con más intensidad, me coloqué una toalla sanitaria para que mi celo no me haga mojar la ropa interior. Llamé a Sala para que me ayude, me trajo todo un kit para omegas calenturientos. O eso me pareció.
En una bandeja había una botella con agua verde para beber, un pulverizador, cubos de hielo, un pote de algo y unas toallas. Salió y regresó minutos después con un ventilador grande.
—No puedo prender el aire acondicionado, lo lamento. Podría hacerle daño al cachorro por eso el ventilador. El agua contiene clorofila natural, procure tomarla en pocas cantidades pero debe mantenerla en su boca un buen rato y humedezca sus labios todo el tiempo. Hay que poner agua helada en el pulverizador y rociarlo cuando sienta demasiado calor. Los cubos de hielo son para que se los pase en la ingle y las axilas ¿Nunca antes pasó un celo sin supresores?— me preguntó muy curiosa.
—No. Siempre los usé, hasta antes del embarazo.
—Mis primeros celos los pasaba en la bañera— sonrió. —Vivía con mi madre y mi hermano en una pequeña ciudad Italiana llamada Liguria. Allá no se conocían los supresores— sonrió. –He usado muchas cosas para apaciguar mis celos durante años hasta que llegué a Japón, aquí con una inyección te quitan todos esos molestos síntomas.
—Pero yo no puedo usarla— dije con tristeza al sentir otro de esos temblores que me dejaron empapado.
—Siempre he dicho que demasiados fármacos hacen que un celo sin ellos sea el doble de intenso. Vamos a refrescarlo— me ayudó a llenar mi rociador mientras tomaba esa refrescante bebida verde, humedeció una toalla y me la puso sobre el cuello.
—No sé si podré dormir— dije angustiado.
—Tiene que intentarlo, el aire fresco lo mantendrá a temperatura de ambiente.
Luego de una hora ayudándome se marchó prometiendo volver a revisarme cada tanto. Para mi protección me avisó que cerraría con llave y la podría llamar por el intercomunicador.
—Le iré a avisar al doctor Giacometti pero se encuentra en etapa crítica, no creo que venga pronto, hoy se ha presentado una cesárea de emergencia— me comentó.
—¿Es alguien que se atiende aquí? Quizás algún compañero de la psicoprofilaxis— pregunté preocupado.
—No, al contrario, es una omega que trabaja en un templo budista y nunca se hizo control prenatal, sufrió un accidente... están demorando porque deben hacerle análisis y esas cosas, pobrecita— suspiró y se fue con el semblante triste. Me quedé pensando en tantas cosas, Sala de niña en un pueblito lejano donde no se conocen los supresores, aquella mujer que nunca se hizo un control pre natal. A pesar de todo tengo suerte de haber nacido en una familia amorosa y en una pequeña ciudad donde puedo vivir tranquilamente...
No sé si pasó mucho o poco tiempo en el que logré dormir, un porrazo en la puerta me despertó de golpe y asustado.
Me levanté con dificultad pues estaba en buena posición sin que me moleste la panza.
—¿Quién es?— pregunté sin encender la luz, desde la calle se filtraba algo de claridad por el alumbrado público.
Otro fuerte golpe me sobresaltó, retrocedí, esperando que quien sea que esté del otro lado de la puerta se fuera.
Deben ser mis feromonas, apesto terriblemente a omega en celo... quizás sea algún trabajador alfa que me ha olido. Llamaré a Sala...
El intercomunicador estaba muerto, otro golpe más fuerte me asustó tanto que tiré la lámpara de luz y se rompió. Busqué en la mesita de noche mi celular pero estaba apagado ¡Olvidé cargarlo!
Mi respiración se aceleró cuando la manija de la puerta empezó a ser violentada.
¿Qué hago? Por Kami-Sama ¿Qué hago?
Intenté abrir la ventana de la habitación pero apenas cedió y estoy en el segundo piso, no hay balcón ni algún saliente donde pueda caminar y con esta panza, si me atrevo a saltar seguro pierdo a mi cachorro.
Pegué un grito cuando la puerta fue rota de una fuerte patada, la cerradura cedió y no pude más que correr hacia delante para intentar impedir que entre el extraño...
