Disclaimer: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K Rowling.

Hola queridos lectores: Gracias a Yoe por betear el cap y gracias a cuqui. luna. 3 e invitado por sus comentarios en el capítulo anterior. ¡Besos!

OoOoO

Soda italiana de frambuesa

En cuanto abrí los ojos me encontré con la figura de Malfoy, quien se hallaba sentado en el sofá que estaba frente al mío; su postura era relajada, sus largas piernas descansaban sobre la mesa de cristal, cruzadas a la altura de los tobillos. Las alas de ángel habían desaparecido, ya no había rastro de arneses sobre su pecho, en cambio los dos primeros botones de su camisa estaban desabrochados, también se había arremangado la camisa sobre los codos y sus manos permanecían en su regazo. La visión tan atrayente de aquel rubio me dejó aturdido, en especial porque me miraba fijamente con el rostro muy serio. Trague saliva, sintiendo la boca repentinamente seca. Hablando de boca… un inesperado recuerdo se iluminó en mi mente.

—Hola —dijo el rubio.

Lo observé con detenimiento, mi compañero de trabajo, además de serio, parecía un tanto cauteloso, permanecí en silencio unos segundos más para ver si podía captar su estado de ánimo, pero, al darse cuenta de mi escrutinio, Draco se cerró completamente a mí, parecía tener experiencia en controlar sus gestos y emociones, retenerlos para que yo no pudiera notarlos. Esa era una faceta muy distinta a la encantadora, juguetona e incluso celosa, que me había mostrado en la tarde.

—Malfoy, lo siento, ¿cuánto tiempo dormí? —pregunté con nerviosismo por el reciente descubrimiento.

—Una hora y media, más o menos —contestó.

Le lancé una mirada al reloj de pared, ¡mierda!, eran casi las doce de la noche y, aunque Hogsmeade era un pueblito tranquilo, no me gustaba caminar solo tan tarde.

—Puedo llevarte a tu casa, si quieres —sugirió Draco, como leyéndome el pensamiento.

—Te lo agradezco, pero, ¿cómo regresaras a tu casa solo?

—Vinieron por mí, así que no te preocupes.

—Gracias.

—Date prisa, te espero afuera —dijo simplemente, levantándose del sofá sin dirigirme la mirada.

Malfoy salió de la sala de descanso, fue entonces cuando suspiré largamente, me toqué los labios en un gesto ausente; su sabor a menta y café aún permanecían latentes en mi lengua. Necesitaba hablar con Draco sobre eso, de inmediato, sabía muy bien que no lo había soñado ni mucho menos, no podía dejarlo pasar.

Me apresuré a quitarme las alas y los lentes de contacto para sustituirlos por mis gafas de montura negra, y ponerme una sudadera. El gerente ya había cerrado las puertas delanteras con llave, solamente faltaba la puerta trasera; afuera el rubio me esperaba con la llave en la mano, dispuesto a ponerle candado para poder largarnos de ahí. En el estacionamiento nos aguardaba un lujoso automóvil de color negro, no sabía de qué modelo era porque nunca me interesaron demasiado los carros.

—Sube —pidió Draco.

Pensando en que tal vez el rubio querría irse en el asiento del copiloto, me apresure a abrir la puerta trasera del auto e hice una señal con la mano hacia el interior.

—Tú primero —indiqué.

No iba a dejar que Malfoy se escapara de mí, tenía un asunto que tratar con él, mi acompañante asintió y se acomodó en el asiento de atrás, lo miré esperando que se hiciera a un lado, en cambio, tomó la manija de la puerta y la cerró, me tuve que subir por el lado contrario. Por supuesto que el señorito no iba a recorrerse para que me pudiera sentar, ni que este fuera un vulgar taxi, ¿verdad? Comencé a ponerme de mal humor con una rapidez exasperante.

—¿A dónde lo llevo, joven Malfoy? —preguntó el chofer.

—Dile tu dirección, Potter.

Le dije dónde vivía y el auto comenzó a moverse, en la radio sonaba, "Every breath you take", de The Police, lo suficientemente bajo como para permitirnos charlar, cosa que ninguno de los 2 hizo al inicio. Permanecimos en silencio por un largo rato, con la melodía y la tensión flotando a nuestro alrededor, Draco miraba por la ventana con los labios apretados, no parecía tener ganas de hablar conmigo; yo, en cambio, lo miraba a él intentando pensar en la mejor forma de abordar el tema.

—La próxima vez, podrías preguntarme antes de besarme —dije en voz baja, no queriendo que el chofer escuchara nuestra conversación.

Malfoy soltó un resoplido de burla y se giró para mirarme a la cara con una mirada intensa, la cual no supe interpretar.

—Por la forma en la que reaccionaste, no me pareció que te molestara en absoluto —contestó Draco burlón. Se estaba comportando como un cretino, y eso yo no lo iba a permitir.

Fruncí el ceño, enojado por el tono y la forma en la que me respondió. Eso, ligado a todo lo demás, me hizo estallar de rabia, tan rápidamente que incluso olvidé que no estábamos solos en el auto.

—¿Qué se supone que significa eso? —repliqué una octava más alto de mi volumen de voz normal.

La máscara de altanería que Malfoy se había puesto, se rompió de pronto, dejándome ver su frustración. Frunció nuevamente los labios, al mismo tiempo en que hacía lo mismo con su ceño, cruzó los brazos a la altura de su pecho y también estalló.

—¡Esto no tenía que ser así! Se suponía que hoy trabajaríamos juntos, caerías en mi juego de seducción y nos besaríamos al llegar la noche, pero llega el imbécil ese y arruina todos mis planes con solo su presencia —gritó Malfoy, su tono parecía el de un niño mimado al que le han quitado su juguete favorito.

En ese momento, una pieza que no sabía que estaba buscando encajo en su lugar, ¡Draco me había pedido trabajar ese día para intentar seducirme! Además, había tratado a Ron como la mierda porque estaba celoso de él, el juego había sido divertido al principio, pero ahora lo sentía un tanto ridículo, exagerado y absurdo. Estaba a punto de replicarle cuando el chofer detuvo el automóvil.

—Llegamos —anunció con tono formal.

—Te acompaño a la puerta —dijo Malfoy saliendo del vehículo, lo imité de inmediato.

Caminamos por el sendero de adoquín que iba de la banqueta hasta la entrada de mi casa, las luces del exterior se encendieron automáticamente cuando nos detuvimos frente a la puerta de madera, gracias a la luz pude apreciar el rostro de facciones angelicales que de nuevo se mostraban sombrías. Suspiré nuevamente para calmarme, el aroma de las flores del jardín delantero de mi madre, hicieron maravillas en mejorar mi humor. Si lo pensaba bien, yo también me había comportado irracional cuando le confesé mis sentimientos a Ron, movido por celos; y, antes de eso, Ron nos había arrastrado a conseguir un empleo solamente para estar cerca de Hermione, es verdad que el dinero extra nos vendría bien a ambos, pero nos quitaba el tiempo que necesitábamos para estudiar y entrenar. Draco se aclaró la garganta y murmuró:

—Lo siento.

Levanté las cejas sorprendido por sus palabras, luego sonreí enternecido al ver el tenue enrojecimiento de sus mejillas, además de la huida de su mirada, la cual la concentraba en sus zapatos de marca, ¡Dios! Era tan loco el hecho de que ese hombre estuviera interesado en mí, que aún me costaba creerlo.

—No tenías que trazar un plan para que me interesara en ti, yo ya lo estaba —dije un poco más calmado.

Draco hizo una mueca de incredulidad, aún sin verme y luego murmuró enfurruñado:

—Antes, cuando Weasley se quemó la mano…

—Estaba preocupado por él, es mi mejor amigo —interrumpí.

Solo entonces fue cuando poso su mirada gris sobre mí.

—Seguías viéndolo, él ya te rechazo, no tiene sentido que sigas preocupándote por él —dijo un poco enojado.

—¿Quién te lo dijo? —pregunté alarmado.

Las únicas que sabían todo el asunto eran Hermione y Pansy, también estaba Ron, pero era obvio que él no le había dicho nada. Me sentía un poco dolido de que alguna me hubiese delatado, pero era mi culpa por confiar en ellas.

—No seas tonto, nadie tuvo que decírmelo, eres demasiado obvio, solo tenía que poner un poco de atención.

Me sentí aliviado al descubrir que, sí podía confiar en las chicas, también me sentí inquieto por la intensidad que Draco desprendía en esos momentos.

—De todas formas, no tienes por qué estar enojado, nosotros no somos nada —dije encogiéndome de hombros, al tiempo en que miraba disimuladamente su reacción ante mis palabras.

Los ojos de Malfoy relampaguearon con ira, puso una mano sobre la puerta inclinándose hacia mí, de modo que estaba atrapado entre su cuerpo y la entrada de mi casa. Su olor corporal inundó mis fosas nasales dejándome atontado.

—Tienes razón, y me gustaría arreglar eso —dijo con vehemencia.

Se me quedo mirando con una pregunta implícita en sus ojos grises: "¿puedo?" cuando hice un leve asentimiento con la cabeza, Draco me beso por segunda vez esa noche, y esta vez me aferre a él como si mi vida dependiera del aliento que pudiera sacar de su cuerpo, sus labios aun eran suaves, el contacto aún era frio y su lengua todavía se sentía como terciopelo; lo que hizo a ese beso diferente del anterior, es que ahora estaba completamente despierto, además podía aferrarme a su cintura con mis manos para acercarlo más a mí. Un sonido gutural emergió de su garganta haciendo que me besara con más violencia, torturando mis labios con mordidas ocasionales que me provocaban escalofríos de placer, "¿no seré yo un masoquista?" Pensé al tiempo que Malfoy enterraba sus dedos en mi cabello y lo jalaba un poco hacia atrás, solté un gemido, aquel gesto solo había hecho que mi excitación aumentara, sin embargo, el rubio se separó de mis labios, solo para dirigirse hasta mi oído y susurrar:

—Vuelve a decir que no somos nada, Potter.

Draco me miró por última vez antes de darse la vuelta y marcharse, vi el lujoso auto alejarse por la calle, me quedé de pie frente a mi puerta con la respiración agitada y las piernas vueltas gelatina.