Capítulo Veinticuatro

Trató de procesar la idea que le formulaba. Incluso pensó que estaba bromeando, porque de antemano él sabía que no se dedicaba a la organización de eventos. Eso era otro rubro, uno en el que necesitaba contactos para esclarecer de mejor modo precios, economizar y sacar una ganancia.

—Hao, no creo que pueda hacer eso.

—¿Por qué? —demandó él, algo irritado—¿Acaso no tienes tiempo? ¿Ya estás saturada de trabajo? ¿Alguien te quita tiempo?

Quiso responder esa última, aseverando que era su hermano quien ahora le consumía su tiempo.

—Tengo proyectos en marcha y la cosecha….

—Sí, sí, ya lo vi en la agenda—respondió hastiado—Pero la cosecha dura una semana, ¿o me equivoco? Podrás hacerlo después.

—¿Y cuándo es tu cumpleaños?

—Doce de Mayo.

Tenía cinco semanas y media. Tal vez se tendría que mover ese día para el fin de semana previo o el siguiente. Cinco o seis semanas.

—Creo que conozco a una amiga que se dedica a organizar eventos. Incluso los lleva a lugares especiales, la última vez….

—Hey, hey, hey! Momento, señorita Kyoyama, yo no solicité un contacto, te solicité a ti.

—Señor Asakura, usted sabe que no me dedico a esa clase de organización—enfatizó tomándose la frente.

—Señorita Kyoyama, ¿acaso soy una broma para ti? —dijo exasperado—Te pagaré muy bien, excelentemente bien.

Eso no lo dudaba ni un momento.

—Veré cómo está mi agenda…

—Es como organizar una fiesta para Maisie. ¿qué tan complicado puede ser organizarle la fiesta a un amigo?

Aquello último le había sonado bastante amargo. Sin embargo, era claro la categoría en la que la tenía en su estima.

—Supongo que la diferencia será en todas las modelos que tengo que llamar.

—Yo las llamaré, no te apures por eso.

—Sí, bueno, te dejo—dijo con un pequeño suspiro—Estoy algo ocupada y no sé cuándo encuentre tiempo.

—Confírmame entonces—contestó él, más serio—. Sólo quiero que sepas que te escogí a ti, porque tú eres de mi entera confianza. Estaré esperando tu respuesta

Colgó la llamada y encontró a Pilika platicando con su amigo en el extremo de la cama, mientras la enfermera acomodaba los platos de comida en la pequeña mesa. De inmediato entró al no ver rastro de Yoh.

—¿En dónde está? —le preguntó a su amiga, quien no dejó de verla curiosa.

—En el baño….

Ni siquiera le dio añadir algo más, cuando entró decidida al sanitario y lo vio bajo la regadera, sentado en un banco blanco sin ninguna prenda. Ambos se miraron, hasta que ella avanzó hasta él, que la miraba con un sonrojo muy notable en su rostro.

—¿Qué haces aquí? —preguntó avergonzado, dándose la vuelta sobre su eje.

—Me aseguro de que no te vayas a escapar—concluyó, cerrando la tapa del inodoro para sentarse.

—Es el quinto piso, no me puedo ir a ningún lado por la ventana con el pie lastimado—argumentó con obviedad—Aunque si no tuviera ninguna molestia, eso no sería problema. Sé parkour.

—¿Parkour? ¿Qué es eso? —cuestionó confundida—¿Estás tan loco que saltarías del edificio?

—No del edificio, es… es complicado de explicar—dijo enjabonando su cabello—Ya que estás aquí, ¿puedes pasarme la regadera?

Caminó al área de la regadera y cogió el instrumento de la pared. Entonces abrió el grifo del agua para deshacerse del jabón en su larga cabellera. Algo que había notado es que a él, a diferencia de su hermano, le surgían pequeñas ondulaciones en las puntas. El de Hao era totalmente liso, incluso juraría que usaba algún tratamiento de keratina cada tanto para conservar su sedosidad.

—¿Y quién te habló? —interrogó él.

—¿Estás atento a todo?

Él sonrió, pasándole la barra de jabón. Ella tomó la esponja y comenzó a tallar su espalda. Tenía bastantes marcas, incluida la de la mañana anterior.

—No me tengas lástima—dijo con dureza—Cada una me la gané.

—No la última—dijo tocándola con sus dedos—¿Arde?

—Un poco—reconoció con un pequeño suspiro—¿Y no me dirás quién te llamó? Te vi sonreír cuando te fuiste.

—Fue tu hermano—dijo enjabonando sus brazos—Me pidió que organizara su fiesta de cumpleaños.

—¡Eso suena genial! Cumplirá treinta y… ¿uno? Pensé que eran más.

—¡Cómo puedes no saber cuántos años cumplirán!

Él rio nervioso.

—Bueno, una de las curiosidades es que… él nació primero, yo tardé una hora en nacer, al parecer tenía el cordón enredado en el cuello—describió, tomando la esponja para enjabonar su pie—Tal vez el destino era que yo naciera muerto—comentó con gracia—Entonces él cumple el 12 y yo el 13 de Mayo. Tal vez me olvidé del número porque no lo festejo, sé que tengo treinta, pero a veces olvido detalles.

No pudo evitar sentir un poco de tristeza ante la descripción, era obvio que él no se tenía en un buen concepto.

—Entonces estarás muy ocupada estos días—siguió al no escuchar sonido de ella—Supongo que Hao sigue siendo tan meticuloso con los detalles.

—No acepté el trabajo.

—¿Por qué? ¿Qué no querías verlo de nuevo? —dijo tomando la regadera de su mano para enjuagar el resto de su cuerpo.

—Yo no dije eso—objetó de inmediato.

—No, no lo dijiste, pero me lo hiciste sentir muy bien—describió con una pequeña sonrisa—Fuiste muy amorosa e intensa.

¿Qué podía argumentar en su contra? Nada. Era cierto, que cuando él despertó en la madrugada buscando más agua, ella le ofreció algo más que solo líquido para beber. Aun así se sentía apenada de todo ese extenso e intenso despliegue amoroso que le demostró.

—Es obvio el modo en que lo quieres—continuó él—Sería un lindo detalle que organizaras su cumpleaños.

—No lo sé—se sinceró, pasando una toalla por su cabello—Así empiezan, primero son fiestas pequeñas. ¿Y luego qué? ¿También me llamará para organizar su boda? ¿Los cumpleaños de sus hijos?

Aunque él dijo que eso no sería posible, prueba de ello era el aborto de hace unos meses. Pero nadie tenía garantizado nada. Había escuchado muchos casos similares. Algunos hasta eran demasiado públicos, después de tanta negación, tocan los cuarenta, los cincuenta, encuentran a su chica ideal y realizan todo aquello que nunca se atrevieron con otras personas en su tiempo.

Llevaba semanas en ese proceso de aceptación. Tratando de frenar sus ilusiones. Aunque la mayoría del tiempo, eludía pensar en él. Una pequeña parte, de su corazón, aún le esperaba. Suponía que el siguiente encuentro que el tocara el tema, negociaría mejor los términos. El problema era que, pareciese que a la más mínima oportunidad, estaba dispuesta a ceder en sus ideales. Prueba de ello era todo lo que experimentó con Yoh en su primera noche. Y eso en cierto modo, la frenaba ahora. No quería caer en más ilusiones sin sentido.

—Tal vez esté arrepentido y no sabe cómo contactarte de nuevo—dijo devolviéndole la regadera—Tal vez encuentra en el trabajo un ambiente cómodo para hablar contigo.

—¿Por qué lo defiendes tanto? —dijo ella— Además no sabes en qué condiciones terminó todo.

Él se encogió de hombros y tomó la toalla con la que terminaba de secar su espalda.

—Le dijiste que lo amabas y salió corriendo—sugirió con gracia.

—De verdad tienes un sexto sentido para esto o conoces muy bien a tu hermano—resumió ella, pasándole la bata

—Sólo lo dije al azar, me cuesta creer que alguien se atreva a rechazarte, si eres la chica más hermosa que he visto en mi vida—dijo sorprendido, mientras ella le ayudaba a cerrar su vestimenta.

—Tal vez no has visto demasiadas chicas—contestó, ayudándole a pararse.

—Créeme, Anna, he caminado miles de kilómetros. Sé de lo que hablo—respondió apoyándose en su brazo.

La rubia le ayudó a salir, no sin antes mirarlo con escepticismo.

—Además, saliendo de aquí, bien puedes soltar al perro para que se pueda ir—dijo con una gran sonrisa—Porque al final de cuentas, no era el que tu novio buscaba.

Entonces sintió un golpe en sus costillas, que le hizo exclamar una señal de evidente dolor.

—¡Au!—se quejó mirándola mal— ¡Qué te pasa!

—Vuelves a llamarte perro y te aseguro, que eso será lo más blando que obtendrás de mí.

Se limitó a asentir, cuando ella tomó el picaporte para abrir la puerta. Pilika seguía conversando con la enfermera. Ambas cesaron en su charla al verlos cruzar hasta la cama. Su amiga corrió la mesa de alimentos, mientras su auxiliar sacaba las vendas nuevas y el desinfectante para la herida en el pie.

—¿Ésa era la ayuda que solicitaba, señor Huxley? —preguntó en un tono burlón Pilika.

Yoh se sonrojó sin poder evitar desviar su mirada. Anna no comprendió a qué se refería.

—Es que él dijo estrictamente que no quería que la enfermera lo ayudara a bañarse—le susurró su amiga al oído en un tono bajo—Pero a lo mejor necesitaba su enfermera particular.

A esas alturas, más de una vez se burló Pilika de ellos. Creía que en algún momento, Yoh devolvería la gelatina con tanto empeño en hacerlo avergonzarse.

—Por cierto, ésta es la cuenta, hay que cerrarla—dijo pasándole los papeles a Anna, un poco más apartada.

Al ver la cifra, supo que eso estaba bastante sustancioso. Entre medicamentos, atención y estudios, incluida la renta de un par de muletas. Nada que no le haya anticipado Pilika.

—¿Sabes?... dándole de comer bien y metiéndolo al gimnasio, igual queda como el otro—sugirió al verlo de reojo—Él se ve que tiene un mejor carácter.

—¿Qué estás sugiriendo? —interrogó Anna, firmando los papeles de alta a las seis de la tarde.

—Nada, solo lo decía, porque para ser tu cuñado lo cuidas como si fuera tu bebé.

Anna suspiró cansada.

—Haría lo mismo por tu hermano.

—¡Ay! Ambas sabemos que no darías un euro por mi hermano—dio con agrado su amiga.

Al menos no lo tomaba a mal.

—Tienes razón, Horokeu es otro paquete—dijo dándole el último documento y viendo al castaño conversar con la enfermera—Pero creo que él vale toda la inversión. Hao, necesita volver a conectar con su familia.

—¿Tanto amas a ese hombre?

—Esas cosas no se deciden por voluntad propia—aminoró Anna, sacando el móvil.

—Pues no, pero también hay cosas que no deberías de olvidar.

—Sí, lo sé y créeme, lo tengo muy presente—suspiró, acomodando su cabello.

Caminó de regreso a la cama, donde el castaño terminaba de comer una sopa.

—Guardé la fruta para ti—comentó él.

Sonrió con levedad, sentándose a su lado para comer. A medida que pasaban los minutos más dudas agolpaban su mente. Tenía claro que Hao no quería compartirle información de su familia por el ámbito en que se desenvolvían. Pero los conflictos internos, no estaban del todo claros aun. No importaba, tenía la firme creencia que acercarlos era el camino correcto, el único para devolverle a Hao un trozo de su vida.

Tocó un par de veces el timbre, antes de que Rutherford acudiera a abrir. Traía cargando a una dormida Alumi, mientras maniobraba para quitar la cadena de la puerta.

—¿Tú aquí? Silver no está.

—¿Sigues molesta? —cuestionó divertido, entrando a su hogar.

Ella soltó un pronunciado suspiro y regresó una vez que recostó a la niña en su cuna, mientras él esperaba en la cocina, sirviéndose un café. Aunque en cuanto lo probó no tuvo contemplaciones de tirarlo por el fregadero.

—¿Por qué diantres las mujeres post parto toman descafeinado? —replicó molesto.

—Porque al bebé le hace daño la cafeína—dijo sacando del refrigerados un par de gelatinas—¿Quieres?

—¿Crees que tengo cinco años? Tengo treinta, dame un whisky.

—Y yo soy madre, o tomas leche o tomas agua conmigo.

De buena manera aceptó el vaso de agua. Lo único decente fue que sacó de la lacena las galletas que tanto le gustaban. Una vez ahí, le contó su idea. Tampoco le extrañó que dijera que él no celebraba sus cumpleaños. Al parecer todos lo sabían, excepto Anna, aunque eso era súper natural.

—Necesito que me pases tus carpetas de salones, para escoger un lugar.

—¿No prefieres que te organice tu evento? —dijo aun más incrédula— Podría dejar a Alumi algunos días por la tarde con mi madre…

—No, ya tengo quién lo organice, solo necesito algunos contactos.

—Pues si ya tienes quién lo organice, por qué no te buscan ellos los lugares—dijo con obviedad—Por algo son organizadores de eventos.

Tomó una galleta más de la charola.

—Anna no organiza eventos, no tiene un catálogo de proveedores.

Rutherford permaneció callada un par de minutos, observándolo de manera analítica.

—Entonces… la contrataste para organizar una fiesta de cumpleaños.

—Sí.

—De mucha gente, modelos y actrices bonitas incluidas.

—Sí.

—Y tú le dijiste eso así de forma abierta.

—Sí—dijo ya fastidiado—¿Acaso no hablamos el mismo idioma?

Ella abrió la boca y después la cerró, como si eso pudiera frenar lo que sus gestos de por sí ya predicaban.

—Pensé que ya no hablas con ella.

—Fui a dejarle su agenda el otro día, no sé, me pareció muy madura con todo esto.

También algo fastidioso saber que estaba con otro hombre en su departamento y que tenían sexo.

—¡Ay, Hao! Sabes que te adoro—dijo tomando otra galleta—Pero qué ganas jodiendo a las personas así. ¡De verdad!

—No sé a qué te refieres, si son meros negocios.

—Entonces contrátame a mí, yo me dedico a eso.

¿Contra eso qué podía decir? No podía justificarlo diciendo que por la niña ella ya no trabajaba, porque justo en ese momento le había dejado claro que sí podía auxiliarlo.

—Ella… está saliendo con otro hombre.

—Es normal, ella es muy muy muy bonita.

Claro que eso ya lo sabía.

—¿Qué no las mujeres se toman un tiempo? ¿Cómo un año o algo así? ¿O es que el amor no les dura tanto?

—Cariño….—dijo tomándose su cabeza—Sabes que te adoro y que eres como un hermano para nosotros. Pero esto que haces son idioteces. Si no vas a ceder…

—¡Es que no quiero ceder! ¡No en eso que ella quiere, no puedo!

—¿Ves? Es exactamente el punto por lo que todo esto terminó—enfatizó ella—¿Sabes qué? Eres un idiota, tú la amas, pero tienes tanto miedo de ceder por amor, que preferiste huir. Ahora que está con otro tienes miedo que ella te supere, cuando tú lo único que has hecho es gritarle a los cuatro vientos que eres un hombre soltero, dispuesto a vivir la vida libremente. Aun así, llegas y armas todo este alboroto para volverla a traer a tu vida.

Él respiró agitado por todas esas palabras que ella pronunciaba con firmeza. Cómo si conociera cada uno de sus pensamientos. Mejor dicho, como si de verdad lo conociera. Porque mucho de eso era mentira.

—Son meros negocios, ella es práctica y conoce mis gustos.

—Quieres que pase tiempo contigo.

—Somos un gran equipo, es todo.

Suspiró, parándose del banco. Escuchó que se dirigía al estudio, donde sacaba de una gaveta algunos papeles. Cuando regresó le entregó una carpeta delgada.

—Los mejores lugares para organizar una fiesta masiva: elegantes, caros y que te proporcionan banquetes—dijo simple—Todo al alcance del millonario más cotizado de la ciudad.

—Gracias—dijo parándose para darle un beso en la mejilla.

Ella lo ahuyentó deprisa.

—En verdad no puedo creer que Anna haya aceptado trabajar para ti de nuevo.

—No lo ha hecho.

—¿Entonces cómo….?

De la nada el teléfono vibró y observó complacido la respuesta que tanto esperaba desde la mañana, mostrándole el mensaje.

—Hasta ahora.

Continuará


Hola, hola. Espero que estén muy bien. Trataré de dormirme antes, eso si puedo porque luego los cambios de horarios son difíciles de un día al otro. Veremos qué tal me va. Sobre el fic…. Es un poco curioso, ya que pienso qué tanto quise redondear la historia. Al final termine acordándome de esa película de 50 sombras, en donde al final se dejan y luego en la segunda luego luego quieren retomar el romance. Nada mas que aquí unos meses después. Siento que Anna ahora está un poco más incrédula de las acciones de Hao e Yoh, es chistoso como comparte cierto grado de intimidad con Anna. Eso me gusto mucho.

Gracias a todos por leer, en especial a Wino4ever, Annasak2, Allie Mcclure, ana1967castillo1967 y Clau Asakura K. Muchas gracias, sus comentarios alegran mi dia y son la fuente primaria de mi inspiración.