Derek apagó la vitrocerámica con bastante mala leche.

La comida que había en el interior de la cacerola no tenía el aspecto que se suponía que debía tener. Sobre todo, no olía como se suponía que debía oler. Porque en vez de oler a carne y verduras, a ajo y a otros condimentos, olía a… quemado.

Y de acuerdo que no era un experto. Pero la receta que había bajado de Internet decía que era muy fácil de preparar. Que sólo había que seguir los pasos, muy detallados para que todo el mundo pudiera entenderlos, y que en cuestión de una hora conseguiría un guiso para chuparse los dedos.

Pero estaba claro que aquello no era un guiso, y que mucho menos era para chuparse los dedos.

El hombre se quedó un buen rato mirando con odio la comida, la ceja levantada hasta límites insospechados… hasta que comprendió que aquello no funcionaba con algo que no estaba vivo.

Pero todo eso dejó de tener importancia cuando captó algo en el otro extremo del loft.

Un latido acelerado y una respiración agitada procedente del chico que, hasta ahora, había estado durmiendo plácidamente.

Derek llegó junto a Stiles en el momento en que éste se despertaba y miraba a todos lados, confuso.

Reconoció en seguida la reacción. El mismo la había experimentado un millón de veces en el pasado, y no tuvo dudas de que Stiles acababa de tener una pesadilla.

Por eso Derek se movió con calma y apenas alzó la voz.

- Stiles – el chico le miró fijamente, como si hasta ahora no se hubiera dado cuenta de que le tenía frente a él – No pasa nada. Estoy aquí.

Y aquello pareció ser justo lo que tenía que decir. Porque en cuanto Derek habló, Stiles se tiró a él y le abrazó como si fuera una especie de salvavidas.

- Derek – murmuró, la respiración aún entrecortada - Estás bien. Dios mío. Oh, Dios. Derek.

- Tranquilo – respondió al abrazo con fuerza, disfrutando del contacto ahora que por fin podía hacerlo después de tantas horas, días de espera – Sólo ha sido una pesadilla. No te preocupes. Ya ha pasado todo. Ya estás a salvo.

Aquel último comentario, que había sido dicho con el único objetivo de terminar de tranquilizarle, sin embargo consiguió la reacción contraria.

Porque apenas lo dijo, Stiles se apartó de él y, aún sentado en la cama, le miró con los ojos muy abiertos.

- Ha ocurrido de verdad – susurró con lo que no podía ser descrito sino como pavor.

Derek no tuvo más remedio que asentir, sabiendo que eso era justo lo que Stiles no quería escuchar.

Porque sabía muy bien lo que el chico tenía que estar experimentando ahora. Pues no dejaba de ser lo mismo que él sintió la primera vez que tuvo la pesadilla en el que veía arder la casa de sus padres sin que pudiera hacer nada. Entonces Derek sintió que el mundo volvía a abrirse a sus pies, pues durante unos segundos quiso creer la posibilidad de que sólo hubiera sido una cruel pesadilla, y que sus padres, sus hermanas, sus primos, no estaban muertos por su culpa.

Pero en esos segundos en los que comprendía que aquella pesadilla no era sino el recuerdo de algo que había ocurrido de verdad, era como experimentar de nuevo todo el dolor. La rabia y la culpa.

- Oh, Dios – gimió Stiles, mirándole con los ojos tan abiertos que apenas parecían humanos - No puedo creerlo. No puedo creer que te hiciera aquello.

Y eso era justo lo último que Derek quería oírle decir.

Sin dudarlo, le atrajo de nuevo hacia él y le abrazó con fuerza.

- No pienses en eso.

- Pero…

- Hiciste lo correcto – se separó de él lo justo para poder mirarle a la cara mientras hablaba - ¿Me oyes? Hiciste lo correcto.

- Te hice gritar de dolor – la voz de Stiles se quebró de tal manera, que el hombre sintió un escalofrío. Porque no entendía cómo un chico tan vivo y alegre como era él, podía dar a su voz aquella tonalidad tan apagada y rota, y tan llena de culpabilidad. Por un instante se preguntó si así es cómo sonaba su voz cuando hablaban del incendio y de Kate, y no le extrañó que Stiles se enfureciera cada vez que lo hacía. Cuando le gritaba que dejara de hablar de ella porque ella estaba muerta, y el que seguía vivo era él.

- No… No. Olvídate de eso – Derek le cogió de las manos y las apretó con fuerza, obligándole a centrarse en el aquí y en el ahora. Y aunque lo último que Derek quería hacer ahora era hablar, porque verle así estaba logrando que su corazón se resquebrajara; sabía que si no lo hacía él, no lo haría nadie. Y necesitaba que Stiles entendiera que nada de aquello fue su culpa – Si hubieras dejado que atacara cuando llegué, incluso ayudándome tú, no habría funcionado. Lo sabes. Sabes que nos habría matado a todos.

Stiles sollozó y volvió a abrazar a Derek con fuerza. Pese a que no dejaban de ser las palabras que se había repetido un millón de veces, y pese a que sabía que eran la pura verdad, no resultaba tan fácil aceptarlas.

Porque por muy liberador que estuviera siendo oír de Derek que le entendía y le perdonaba, los errores cometidos seguían estando ahí.

- Lo siento… Siento haberte dicho todo lo que te dije. Haberte hecho daño y… Dios, Derek. Confié en ella… Jamás me lo voy a perdonar.

- No – Derek volvió a separarse de él. Soltó sus manos y las colocó sobre sus mejillas empapadas – Ni se te ocurra decir eso – le miró fijamente – Ni se te ocurra pensarlo siquiera. Piensa sólo en esto… Piensa que si no hubieras actuado como lo hiciste, ahora mismo tú estarías lejos de mi, atrapado de por vida junto a una psicópata que te obligaría a obedecerla y a matar… - paró unos segundos para respirar y recuperar fuerzas, porque decir aquello era como experimentar de nuevo todo el terror que sintió al creer que le había perdido para siempre - Y yo estaría aquí, solo, sabiendo que jamás podría volver a verte… - apretó los labios, sintiendo como las lágrimas se escapaban sin ningún tipo de filtro. Y aunque en el pasado siempre había odiado y evitado llorar, ahora estaba resultando liberador – Pero hemos evitado que ocurriera. Y ella está muerta. Y no volverá a hacernos daño… Porque ella ha sido la única culpable de todo esto. ¿Me oyes? Ella ha sido la única culpable… - pegó su frente a la de Stiles para notarle aún más cerca - Y eso es lo único en lo que debes pensar. Que se acabó. Que la pesadilla acabó y que ahora estás aquí.

- Derek… – Stiles se encontró con que no sabía que decir. Por eso optó por pegarse de nuevo a su cuerpo y pasar ambos brazos por su espalda, abrazándole con todas las fuerzas que pudo reunir. Y al notar el calor de ese cuerpo que se sabía de memoria, inspiró con fuerza para llenarse de un aroma que olía a hogar - Te quiero tantísimo – se apartó entonces, porque sentía que aquello debía decirlo mirándole a los ojos. Para que no hubiera ninguna duda de que decía la verdad – Te quiero más que a nada en el mundo.

- Y yo a ti – no pudo aguantarlo más y le besó con fuerza, casi con rabia, demasiado sobrecogido por todo lo que estaba ocurriendo. Por todo lo que estaban diciendo después de semanas llenas de dudas, acusaciones y silencios. Y sabía que tal vez debería mostrarse un poco más cariñoso, pues no dejaba de ser la primera vez que se besaban después de que su mundo hubiera estado a punto de estallar. Pero en esos momentos sólo podía pensar que Stiles estaba allí, con él. Que era real – Temí que no volvería a verte…

- No pienso alejarme de ti nunca más – respondió el chicos como pudo. Entre los sollozos y que no dejaban de darse brevísimos pero intensos besos, estaba resultando muy difícil hablar. Aunque en el fondo daba lo mismo incluso si el otro no entendía las palabras… Pues no dejaban de ser simples palabras - Tú eres lo más importante. Tú eres mi Alfa. Mi único Alfa.

- Stiles… – paró un instante, emocionado por aquellas palabras. Unas de las que ya no tenía ninguna duda, pero que oírselas decir era maravilloso. Derek cogió aire con fuerza, inspirando el aroma de Stiles y que poco a poco perdía el olor de Helena ahora que ella no existía, y le miró con seriedad – No voy a dejarte marchar jamás. No pienso permitir que algo así vuelva a ocurrir. Que venga alguien y te aleje de mí. Porque este tu sitio. Entre mis brazos. Y va a ser así siempre ¿Me oyes?

Stiles se quedó mudo durante unos segundos.

Dios. Para no gustarle hablar a Derek, el cabrón lo hacía de maravilla.

Tuvo que tragar saliva varias veces para recuperar la voz. Porque algo tendría que decir, ¿no?

- Me gusta el plan.

Derek sonrió y le abrazó de nuevo.

Esta vez, sin embargo, no lo hizo con fuerza ni con ese ímpetu de antes. Ya no era un abrazo que servía para demostrarse que todo era real y que Stiles estaba allí con él. Esta vez era un abrazo de serenidad. De querer sentir a su compañero cerca de él y saber que sería así por siempre.

Y entonces, justo entonces, una imagen se dibujó en su mente.

Y supo que era ahora o nunca.

Miró a Stiles en silencio durante unos segundos, llenándose de los miles de detalles que componían aquel chico que estaba hecho para él, y le dio un brevísimo beso en los labios.

- Espera un segundo – susurró, levantándose de la cama - No te muevas – sin decir nada más, se alejó de la cama y subió la escalera de caracol que daba acceso a la otra planta del loft.

Stiles se quedó quieto. Y mudo.

Aquello era más que extraño.

Pero tampoco le dio más vueltas. Incluso si Derek estaba sufriendo un ataque psicótico, en el fondo se lo perdonaba. Después de todo lo que había ocurrido, y pese a que los dos parecían estar bastante cuerdos, algún que otro brote de locura era hasta comprensible.

Cuando Derek regresó a la cama y se sentó a su lado, ya no había ningún rastro de lágrimas. Todo lo contrario. Su cara mostraba la sonrisa más grande y hermosa que había visto en su vida.

Justo la clase de sonrisa que hacía que Stiles, cada mísera vez que la veía, tuviera que pellizcarse en la mejilla y convencerse de que sí, que aquel hombre estaba con él y le quería.

Pero en esta ocasión, Stiles no sólo tuvo que pellizcarse para aceptar que Derek Hale, con su sonrisa de anuncio, su cuerpo de infarto, sus pantalones desgastados y sus cejas hiper sexys, estaba allí con él… También tuvo que hacerlo porque lo que estaba ocurriendo no era posible.

Y es que Derek había colocado una mano entre ellos, con la palma abierta hacia arriba, para mostrar algo en su interior.

Dos anillos sencillos de oro blanco, increíblemente perfectos.

- Oh, Dios mío…

- Antes de que digas nada – le interrumpió Derek, su voz increíblemente serena – Quiero que sepas que esto no es nada impulsivo. Que no cogí los anillos nada más llegar a casa y decidí hacer esto porque habíamos estado a punto de morir. Es algo que he querido pedirte desde hace muchísimo tiempo… Pero nunca he encontrado el momento adecuado.

- ¿Y este lo es? – preguntó Stiles con incredulidad, la voz más aguda de lo normal, mirando intermitentemente al hombre y a los anillos. Como si no terminara de creerse que estuviera ocurriendo de verdad – Estoy temblando y… y apesto… y no puedo dejar de llorar por todo y…

- Es perfecto así.

- Oh, Dios mío – miró a Derek a los ojos y rompió a llorar – Oh, Dios mío. Dios mío… - se llevó las manos a la cara – Por qué no puedo dejar de decir Dios mío…

- Tranquilo – rió ante el comportamiento del chico, y que era puro Stiles Stilinski - Ni siquiera hace falta que digas nada.

- ¡Qué! – miró a Derek como si se hubiera vuelto loco – No. No – se limpió las lágrimas con la mano, sonándose la nariz de forma escandalosa – Espera. Déjame sólo unos segundos, ¿vale? Necesito… Necesito concentrarme en todo esto y… – cerró los ojos e inspiró con fuerza un par de veces – Vale – abrió los ojos – Ya puedes hacerlo. Ya puedes soltar tu discurso…

Y entonces fue cuando le tocó el turno a Derek de quedarse en blanco.

- No tenía preparado ningún discurso.

- ¿En serio? – hizo un aspaviento con las manos - ¡Qué mierda de manera es esta de pedir matrimonio!

Derek no respondió en el acto. Se quedó mirando a Stiles con los labios muy apretados y la ceja levantada de tal manera que resultaba hasta cómico.

- Al menos tengo los anillos y se me entiende cuando hablo porque no estoy llorando.

- Eres un borde, ¿lo sabes? – se quejó, mas luego volvió a sollozar – Pero tienes razón en eso de llorar… - se limpió las lágrimas de nuevo – Dios, esto es ridículo… - soltó una carcajada ahogada - Lo que no entiendo es… ¿En serio no pensaste en qué ibas a decir? ¿Ni siquiera cuando compraste los anillos?

- Yo… - el hombre se sonrojó un poco, cerrando la mano donde aún tenía las alianzas – Lo cierto es que no los compré… Eran los de mis padres.

- Dios, Derek – se llevó una mano a la boca, conmovido por el gesto – Oh Dios, mío. Esto es increíble. Es… - se limpió las lágrimas con rabia, obligándose a dejar de llorar de una santa vez, tras lo que se tapó la cara con ambas manos y respiró profundamente.

Lo hizo unas cuantas veces seguidas, permaneciendo los dos en silencio durante casi un minuto.

Cuando creía que ya se había recuperado del todo, y que por fin había dejado de comportarse como una mujer con la regla viendo Ghost, miró a Derek a los ojos.

- Vale. Hagámoslo de una vez. Y esta vez en condiciones.

- ¿Seguro?

- ¿Qué? – Stiles se quedó unos segundos con la boca abierta - ¿Pero qué coño te pasa? ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿En serio me estás preguntando si estoy seguro si quiero que me pidas que me case contigo? ¿Por qué no iba a estarlo? ¿Acaso me estoy muriendo? ¿O me han trasplantado el cerebro mientras dormía? O…

- Vale. Vale, lo cojo – le interrumpió Derek con brusquedad, notando que le empezaba a doler la cabeza.

Dios mío. ¿En serio quería casarse con ese chico? ¿Tener ese constante torrente de palabras y pensamientos absurdos todo el día? ¿Todos los días de su vida?

Si. Por supuesto que sí.

Derek Hale cerró el puño que contenía los anillos y, tras mirar con dudas la cama donde estaban sentados, tuvo una idea.

Se puso en pie y, colocándose en el lado de la cama más cerca de donde estaba Stiles, puso una rodilla en el suelo.

- Oh, Dios mío… - musitó Stiles – Es muchísimo mejor de como me lo había imaginado.

El hombre se obligó a no echarse a reír. Trató de mantener la cara seria, sin llegar a ser demasiado seria, casi tirando a espeluznante… Aunque intuía que a estar alturas eso ya daba lo mismo.

- Stiles Stilinski – susurró, abriendo la mano para mostrarle las dos alianzas - ¿Quieres…

- ¡Sí! – gritó Stiles, tirándose a los brazos del hombre y besándole con tanta fuerza que los dientes chirriaron – Sí, claro que sí. Claro que quiero. Por supuesto que quiero. Mil veces sí.

Derek respondió al beso como si se estuviera defendiendo de un ataque, y cuando Stiles dejó de besarle, por fin pudo colocarle el anillo en el dedo anular.

- Me queda perfecto – susurró el chico, asombrado. Pero en seguida su cara era una llena de dudas – Espera un segundo. ¿Este era el anillo de tu madre? – el Alfa asintió, el rostro inexpresivo - ¿Significa eso que soy la mujer de esta relación?

Derek no lo aguantó más. Estalló en una carcajada al tiempo que cogía a Stiles por los brazos y le sacaba literalmente de la cama, pegándole a él hasta que los dos acabaron en el suelo.